«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 12: La magia de estar juntos
En el cielo, en las nubes. Así se sintió Bill al abrir paso con sus labios y dejar que se unieran con los del de trenzas dándole vida nuevamente a su corazón. La fuerte lluvia caía sobre ellos en la helada noche. Tom tenía sus manos rodeándolo por la cintura aferrándolo a él mientras mordía dulcemente el labio inferior del de rastas. Se separó lentamente mirándolo fijamente a los ojos. Su maquillaje estaba corriéndose por las gruesas gotas provenientes del cielo y sus mejillas notoriamente ruborizadas.
-¿Te quedaras? – Murmuró finalmente el fotógrafo – te amo Bill, quédate.
-No sabes cuan feliz estás haciéndome en este momento, te amo tanto – suspiró enamorado buscando sus labios desesperadamente para volver a unirlos, esta vez en un beso menos tímido. Dejó pasar a la lengua del de ropas anchas dejando que acaricie por detrás de sus labios y una eléctrica sensación lo recorrió entero. Nunca nadie lo había echo sentir de esa manera con tan solo un beso. Se presionó más contra él tomándolo del cuello alimentándose de sus labios mientras unas burbujas invadían su estómago, hasta que se le agotó la respiración.
-Tengo frío – respiró agitado – ¿Viniste con el coche?
-No, se me quedó cerca de tu casa –respondió acercándose nuevamente dejándole un fugaz beso en su mejilla bajando hasta su cuello y dejar otro en esa zona– vine corriendo hasta aquí.
-¡¿Qué?! Gritó Bill impresionado tomándolo por los hombros– ¿Corriendo desde mi casa? ¿Estás loco? ¿Estás bien?
-No – respondió fingiendo un gesto de preocupación – estoy completamente loco, pero es tu culpa.
-Tarado – suspiró volviendo a sonrojarse – vamos a mi auto entonces o nos enfermaremos.
Tom lo tomó de la mano entrelazando sus dedos, provocando que el de rastas lo mirara mordiéndose el labio para volver a besarlo una vez más.
Bill abrió la puerta del conductor ingresando de inmediato encendiendo la calefacción justo cuando su cuerpo comenzaba a titiritar. Acto seguido abrió la puerta del acompañante dejando que el fotógrafo se sentara a su lado mojando los asientos.
– A dónde lo llevo señor? – bromeó Bill impostando la voz.
– Mmm señor taxista – rió el de trenzas – a su casa.
Bill arqueó una ceja sonriendo embobado mientras se inclinaba hacia el costado volviendo a besarlo con esa ternura particular.
-¿Por qué a la mía? – preguntó susurrando contra sus labios con la mirada fija en ellos.
– En la mía están mis padres y Melisa – murmuró tomándolo de su mojado cabello con un tono apenado volviendo a fusionar sus bocas.
– Okay – suspiró agitado llevando las manos al volante – abróchese el cinturón señor pasajero y no me desconcentre o iremos pero al cementerio.
Tom le obedeció entre risas mirándolo arrobado. Por primera vez sentía en su interior que no había echo lo que debía, sino lo que sentía. Ambos permanecieron en silencio sumergidos en sus pensamientos mientras el sonido de la lluvia se volvía cada vez más fuerte e impactaba contra el automóvil. El de trenzas no dejó de mirarlo durante todo el trayecto, admirando como aún pequeñas gotas permanecían en su rostro bañando sus delicados rasgos. Una pequeña gotita bajó desde su frente, se deslizó por su mejilla perdiéndose hasta sus labios justo cuando Bill la atrapó con su lengua y lo miró sonriendo.
-Llegamos señor pasajero – susurró sensualmente con su labio inferior temblándole por el frío que le proporcionaba su ropa mojada– puede bajar.
Departamento de Bill.
Jane había preparado un pequeño bolso para pasar unos días en casa de una amiga y compañera de trabajo ya que no toleraría estar en la casa sola, sin Bill bromeando y riendo con ella. Había dejado sus cosas sobre el sofá esperando a que la lluvia cesara para salir. Apagó la luz mientras se recostó en el sillón y sin darse cuenta se quedó dormida. Hasta que unos susurros y unos sonidos particulares la despertaron.
Supo de inmediato que esos pequeños ‘ruidos’ provenían de unos cortos besos, cerró los ojos con fuerza sabiendo lo que vendría y se levantó sobresaltando al par de enamorados que sonreían a oscuras en el umbral.
-¿Bill? – preguntó sonriente corriendo hasta él abrazándolo con fuerza– ¿Te quedas? ¡Te convenció!
-Si – suspiró mirando al fotógrafo – me quedo.
Los tres permanecieron callados, hasta que ella se dio cuenta que sería una molestia, tomó su bolso y los saludó.
-¿Te importa si uso tu auto? Está lloviendo horriblemente –agregó la morena y el de rastas negó con la cabeza. Jane saludó a Thomas con un beso en la mejilla y cerró la puerta.
-Bien – suspiró Bill con una sonrisa de oreja a oreja – sácate la ropa.
-Qué? – Rió el de trenzas – tan rápido?
– Mal pensado – murmuró el de rastas sonrojándose – sácate la ropa, te traeré algo seco y meteré tus cosas en el centrifugador para que mañana estén secas. Me pondré la ropa de dormir y te traeré alguna cosa, podes preparar algo de comer si quieres
Bill giró caminando hasta la puerta dejando sus botas por el camino y al llegar al umbral volvió a mirar al fotógrafo justo cuando bajaba sus pantalones con la mirada fija en su trasero.
-Tom Trümper te quiero a diez metros de la puerta – sonrió divertido metiéndose hasta su habitación.
Mientras tanto, Tom paseaba en boxers por toda la cocina buscando los ingredientes para preparar lo que deseaba. Harina, manteca, sal, azúcar, huevos y leche. Revolvió la alacena de Bill intentando buscar recipientes y después de tanto explorar encontró uno pequeño.
-¿Este hombre come en el piso? – rió para sus adentros. Fue hasta la heladera y bajó desde lo alto la licuadora justo cuando el de rastas sobresaltado por el sonido salió de la habitación.
-¿Qué estás haciendo? –preguntó mirando la sustancia gomosa que el fotógrafo vertía en el recipiente. Tom caminó hasta la heladera y ahí notó que estaba prácticamente desnudo.
– Bill tengo…ya sabes, allí abajo también mojado – sonrió con picardía y el director revoleó los ojos extendiéndole un boxer suelto y una remera gastada– esta remera es súper pequeña!
-Yo no me visto con costales de papas – se quejó el de rastas oscuras – así que póntelo o quédate desnudo.
– Me gusta más la segunda opción – bromeó Tom – pero no podrías resistirte, así que mejor me visto.
Al cabo de un rato estaban sentados sobre el sofá cama con las mantas cubriendo sus piernas y una bandeja con un poco de leche caliente y waffles, mientras veían un poco de televisión.
-Saben riquísimo – susurró Bill mientras descansaba su cabeza sobre el hombro del fotógrafo- Tom ¿Cómo te diste cuenta que querías que me quedara?
-Melisa me hizo ver que no podía dejarte ir, te amo desde el primer momento hasta cuando te insulté en la avenida –rió el de trenzas– pero no quería aceptarlo, jamás me había pasado algo como esto…y bueno verás, tenía miedo porque somos…bueno, los dos hombres.
-Entiendo –suspiró– porque yo también los tengo, pero siento que por estar contigo afronto cualquier miedo que me quiera atrapar.
Tom lo tomó del mentón para mirarlo feliz, en seguida apartó la bandeja y apagó el televisor. Fusionó sus labios mientras acariciaba el costado de su cadera suavemente hasta hacerlo estremecer, hasta llegar a su espalda. Lo abrazó contra él juntando sus pechos, entrelazando sus piernas, con su rostro mirando hacia el suyo, para poder alcanzar sus labios abrazados devorandose a besos hasta caer en sueños. Por la mañana había cesado la lluvia, el cielo continuaba gris. Abrió los ojos con dificultad encontrándose con la mirada del fotógrafo y su sonrisa levemente marcada.
– No me mires – murmuró quejándose – me veo horrible por las mañanas sin maquillaje.
– Mentira – añadió el de trenzas apartándole la mano de su rostro – te ves…indescriptiblemente hermoso.
Se dieron un corto beso de buenos días cuando el timbre los sobresaltó.
-¿Quién será a estas hora de la mañana? – se quejó Bill poniéndose de pie acercándose hasta la puerta. Miró el reloj: 8 a.m. Resopló mirando con un ojo a través del visor de la puerta y su corazón se detuvo. Miró a Tom atemorizado.
-Hijo abre la puerta, soy yo mamá –gritó Caroline del otro lado- se que estás ahi Bill!
El de trenzas abrió los ojos como platos mientras Bill comenzaba a desesperarse.
Continuará…