18: Amir, ¿testigo o cómplice?

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 18: Amir, ¿testigo o cómplice?

La fría noche, además de Derek y Jörg era la única testigo de aquel homicidio atroz que segundo a segundo anunciaba la llegada de la serie consecutiva de problemas. O al menos eso creían los asesinos hasta ahora. Mientras tanto, los demás descansaban en sus respectivas camas ajenos a toda la tragedia. Tom y Bill se habían devorado a besos y luego, el de trenzas se encargó de mecerlo en sus brazos hasta que cayó en profundos y dulces sueños inconciente de lo que le sucedía a su madre. En cambio, el fotógrafo no podía conciliar el sueño. Sentado frente a la ventana dejaba que la débil luz de la luna diera en su cuerpo proyectando esa sombra en la penumbra de la sala, mientras uno que otro presentimiento penetraba en sus pensamientos debido a lo ocurrido esa noche con Caroline. Lo reconocía: se había pasado con la amenaza.

Mansión Kaulitz.
-¿Qué hago con el cuerpo señor? –preguntó el subdirector de la editorial quitándose los guantes negros– tenemos que limpiar los rastros antes de dar la noticia ¿verdad?
-Tírala –contestó sin piedad alguna– desásete de ella, me encargaré de limpiar la habitación…realmente temo que se despierten la sirvienta o el chofer.
-De acuerdo –añadió abriendo un pequeño bolso color gris, el cual estaba marcado por pequeñas gotas de sangre – la dejaré en el baúl.
Jörg asintió. Con un nudo sujeto a su pecho subió las escaleras sin emitir sonido alguno. Al abrir la puerta de la habitación se encontró con el pálido cuerpo de su fallecida mujer y una enorme mancha de sangre bañando la cara y fina alfombra.
– Esta es la mejor idea que pude haber tenido en siglos – sonrió con frialdad aún desde el umbral con ambos brazos sujetándose del marco– no servías para nada Caro querida, simplemente para derrochar tu dinero. Como madre eras pésima, como mujer también ¿Para qué tener una sobra humana en esta casa? Te hicimos un favor, un enorme favor.
Pocos minutos más tarde, Amir el chofer sentado en las hamacas del fondo de la mansión en las que Bill pasó su infancia hablaba por su móvil con su novia, la cual vivía lejos y veía poco justo cuando pudo observar a lo lejos la figura de un hombre arrastrando algo. A modo de alerta fue acercándose poco a poco, intentando no llamar la atención de ‘ese hombre’ vestido de negro. Acto seguido capturó la imagen desde su celular y Derek cerró el baúl caminando nuevamente hasta la casa.
-¿Quién es? ¿Qué esconde? ¿Por qué entra así como así? –se cuestionó el joven chofer acercándose hasta el oscuro vehículo. Con fuerza levantó la tapa de la cajuela que para su suerte el misterioso hombre había dejado abierta. Notó una bolsa plástica y la corrió lentamente. Sus ojos no le permitían ver con claridad y a tientas pudo notar… ¿cabello? Alumbró con su teléfono celular y notó un collar muy familiar, subió la iluminación y un poco más y el rostro ensangrentado de la señora de la casa lo paralizó. Lágrimas de desesperación se acumularon en sus ojos y no hizo más que correr hacia el interior de la mansión donde Derek y Jörg festejaban el buen resultado de su plan.
-Te felicito – sonrió el padre de Bill – juraría que eras un estúpido bueno para nada pero estoy realmente sorprendido.
-Felicite a su nuevo gerente general – añadió Derek chocando sus copas – y bien ¿qué sigue ahora?
-Tengo la carta de mi mujer, no la he tocado para no arruinar nada – respondió feliz – luego al dar parte a la policía arrestaran a Trümper y fin de la historia.
-Lo admiro – agregó el nuevo gerente general alimentándole el ego al señor Kaulitz.
-Perfecto Zac – rió – considérate un amigo.
Pero su ‘afectuosa’ charla fue interrumpida por el chofer quien entró desesperado, con su rostro pálido y sus ojos azules desbordando lágrimas.
-¡Una tragedia señor! ¡Una tragedia! – Gritó sobresaltándolos – la señora, la señora, la señora ha muerto…
-¡Cállate! – Ordenó atemorizado – ¡no grites! ¡Baja la voz imbécil!
-A la señora la han matado – intervino Derek intentando disimular, pero Amir observó su vestimenta. Jörg miró a su nuevo colega y el joven comenzó a retroceder atemorizado. De inmediato se vio acorralado por su jefe y el otro individuo.
-Ni una palabra de esto a nadie ¿de acuerdo? –susurró el padre del director, mientras el pelinegro de cabello corto le apuntaba con su revólver– cuando la policía pregunte dirás que dormías y no oíste nada.
– Y a mi no me conoces – dijo Derek intentando defenderse- ¿entendido?
Amir asintió desesperado, echando a correr hasta su habitación. Su jefe era un monstruo y su acompañante el peor de los asesinos. Ahora los inocentes dependían de su palabra.

Departamento de Bill.
Una oscuridad absoluta nos invadía. Un vacío existencial, ese vacío al que puedes llamar infinito aunque no sepas cuanto realmente existe en él. Tomé la mano de Tom y besé profundamente sus labios hasta que una especie de fuerza superior intentó alejarlo de mí. Algo sobrenatural, de esas cosas que sabes que son inexistentes. Presioné su mano e intenté atraerlo hacia mí pero fue inútil. Poco a poco se alejaba hasta que se convirtió en un pequeño punto y se perdió de mi vista. Por primera vez me sentí realmente solo, lloré y lloré. Le pedí a esa espantosa cosa que me llevara pero era demasiado tarde. Estaba muerto.

– Aaaaaaaaaa –gritó con su rostro sudado despertando al de trenzas, quien dormía placidamente sobre el sofá cama justo a su lado– Tomy, Tomy ¡despierta! Mi amor ¿estás bien? Sí… que susto.
-Mmm –se quejó el fotógrafo abriendo los ojos. Los primeros rayos de la mañana dieron justo en sus ojos cegándolo intensamente– ¿qué sucede? ¿Qué hora es?
-Una pesadilla Tomy, una pesadilla –repitió con sus ojos nublosos y se aferró a su pecho dejando que la suave y masculina mano del fotógrafo acariciara su cabeza– te querían llevar mi amor y no pude hacer nada. Yo quise pero no pude.
-Shh, tranquilo –le susurró cargándolo en sus brazos hasta subirlo con delicadeza sobre su cuerpo dejando una de las delicadas piernas del director a ambos lados de su cuerpo.

Lo miró con ternura y tomándolo de la nuca acercó su rostro y fusionó sus labios. Que bella forma de despertar. Suspiró aún con un malestar en su vista por la típica luz de la mañana mientras se mordían suavemente. Tom llevó sus manos hasta la camiseta del de rastas y dudando si avanzar o no, deslizó sus manos por debajo de ésta acariciando la tibieza de su piel justo encontrando uno de los puntos débiles: su fina y blanca espalda. Bill se estremeció ante el contacto y sintió como sus mejillas ardían. Sin abrir sus ojos acarició desde arriba hacia abajo el pecho bien formado del fotógrafo animándose a quitarle su camiseta. El de trenzas se removió lentamente mientras la ropa comenzaba a molestar.
-Hazme el amor –susurró Bill totalmente excitado– por favor.
El corazón del fotógrafo bombeó con fuerza y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro. Pero nuevamente el timbre del departamento los interrumpió.
-Tiene que ser broma –resopló Tom– ¡mierda pero si todos se ponen de acuerdo para interrumpir!
Otro molesto llamado a la puerta los sacó de sus casillas y un par de jóvenes furiosos y enamorados, nada más que en ropa interior abrieron la puerta.
-¡¿Qué?! – gritaron al mismo tiempo, pero sus nervios se apagaron al ver dos policías.
-¿Qué sucedió? – murmuró tenso el joven de rastas.

-¿Tom Trümper? – dijo el policía de más avanzada edad.
-Yo… – respondió nervioso.
-Queda detenido como el sospechoso del homicidio de Caroline Kaulitz –advirtió tomándole las muñecas. Bill sintió una parte de su corazón romperse al descubrir que su madre estaba muerte… y que ahora el amor de su vida se veía implicado en ese crimen.

Continuará…

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