«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 34: Decisiones
Bill no podía evitarlo. La mezcla de emociones, cerraba y oprimía su pecho. Felicidad porque no tendría un bebé, no tendría un lazo que lo atase a Natalie, no tendría algún impedimento para estar con el fotógrafo. Pero ahora no tenía dinero, no tenía padre. Sí, Jörg para él estaba muerto. Con la mirada fija en la ventana intentaba procesar esas palabras. “Yo fui amante de tu padre”. Charly y su padre. Su padre con un hombre y entonces ¿Él no podía estar con uno también? ¿Por qué se empeñaba en prohibírselo?
– Charly – dijo por fin rompiendo el silencio – Te daré lo último que tengo de dinero en mi casa, mi último efectivo. Con eso tómate un vuelo donde sea. Vete un tiempo hasta calmar esto.
– Gracias – fue lo único que pudo contestar. Mientras tanto por la cabeza de Tom solo pasaba una inmensa tranquilidad, un alivio de saber que ese bebé no era del director. Si bien sabía que aún quedaban aguas turbias por llegar, se sentía más firme y fuerte. La mente de Charly estaba agobiada, su mano derecha presionaba su herida muñeca y el dolor en su alma no cesaría jamás. Dos veces había fallado, dos amores lo habían destruido. Uno no correspondido, y otro asesino. El amor no era un diseño hecho para él, no estaba a su talla ni a su textura.
– Bueno, llegamos – murmuró el muchacho de trenzas deteniéndose junto al dúplex. Los tres bajaron apresuradamente.
Entraron y encontraron a Jane subida a una silla haciéndola tambalear del susto. Ella bajó rápidamente comunicándoles que recién llegaba y los muchachos le resumieron lo sucedido. Para la morena también era un alivio y hasta esperanzador saber que el niño que Natalie llevaba en su vientre no pertenecía a Bill, y no pudo disimular su felicidad y su amplia sonrisa abrazándolo emocionada. El director, fue hasta su habitación y de entre su ropa interior sacó otra cantidad de dinero, menor a la robada pero importante y se la extendió en las manos de Charly.
-Realmente gracias – lloriqueó el muchacho – no sabré como devolvértelo, a todo. Al dinero, al haberme sacado de allí. Gracias a ti también Tom.
-Tomi lleva a Charly al hospital, luego a su casa y después al aeropuerto – pidió Bill – por favor, por seguridad. Yo llamaré a la empresa comunicando que ha renunciado y que nosotros no iremos. Me ducharé e iré a ver a mi padre.
-¿No quieres esperarme? – Preguntó inseguro el fotógrafo – no me agrada la idea que vayas solo a ver a ese monstruo.
-Tranquilo mi amor, es mejor que yo arregle esto con él – contestó con una sonrisa, dudosa pero convencedora.
-Está bien – suspiró – andando flaquito.
El joven de trenzas tomó nuevamente las llaves, fusionó sus labios con fuerza hasta hacerle sentir arder sus mejillas y salió junto con Charly que no paró de darles las gracias. Bill se dejó caer en el sofá boca abajo, aún con su corazón latiendo desesperado y sus rastas colgaron casi tocando el suelo.
-Billy – dijo Jane sentándose en el extremo del sillón.
– Hmmm – un murmuro a modo de respuesta.
-Tú y yo tenemos una conversación pendiente –apenas lo dijo, el arrepentimiento la invadió, quiso desaparecer, deseó que no la haya oído, quería hundirse entre las almohadas. ¡Mierda! Estaba completamente roja ¿Por qué tuvo que abrir la boca?
-Ajam – giró mirándola a los ojos – es cierto, tú y yo tenemos una conversación pendiente.
Galpón, suburbios de la ciudad
– ¿¡Cómo mierda se te ocurre infeliz?! Salir a tomar algo já, eres un idiota Blacky –gritó furioso Jörg, pateando con fuerza la silla en la que había estado sentado Charly.
– ¿Cómo iba a saberlo señor? Yo no vi a nadie cuando salí – agregó el moreno.
– Tu hijo – acotó Natalie – tu hijo y la nenaza.
– Deja de decirle nenaza a Thomas – resopló el hombre sentándose sobre la mesa – y pensemos.
– ¿Por qué? ¿Te gusta la nenaza? – rió la rubia y él se levantó abruptamente con una mirada llena de odio.
– ¡Porque no! – se excusó. Nenaza… ¿Quién iba a decir que así lo llamaba ese mismo muchacho al que le había jurado amor, ese mismo que ahora se alejaba de todo y todos con el corazón hecho añicos por su culpa?
-Okay, okay – sonrió – no le diré nenaza a la nenaza. ¿Pero qué harás? El imbécil se escapó, seguramente para decirle la verdad a tu hijo…
-Si te callas y me dejas pensar te lo agradecería – interrumpió furioso. Ella comenzando a hartarse, salió de allí.
-Maldito maricón – añadió entre dientes – déjame solo Black, déjame pensar.
Departamento de Bill
Frente a frente. Jamás pensó que llegaría el momento o más bien la respuesta por parte de su mejor amigo. Tenía miedo, miedo a que le pidiera que se alejara para siempre, miedo a que le dijese que lo mejor era que se vuelva a su pueblo. Pero… ella no lo haría, no le dejaría solo nunca. Se lo había prometido a los diez años.
Flashbacks, noviembre 1999.
– No mientas – dijo el pequeño – tú cuando seas grande te casarás, te irás a vivir a otra casita con tu marido y no volverás a verme.
– No lo haré – interrumpió meciéndose sobre la rueda que colgaba de aquel viejo ombú. Bill estaba sentado aferrado a la cuerda, mientras que ella cruzaba sus piernas por el hueco de la rueda de camión y su vestido floreado se movía gracias al viento – Mírame idiota, ¿crees que te dejaré solo? Tú serás el que tendrás marida y me dejarás solita.
-Yo no lo haré – moviendo sus piernas impulsó fuerza hacia delante, meciéndose con más rapidez – siempre cuidaré de ti.
-¿Siempre? – preguntó con su estómago lleno de burbujas.
-Siempre Jane, siempre.
Fin del flashbacks.
-Estoy hablándote – repitió Bill, moviendo su mano frente a sus ojos hasta que volvió a la realidad – ¿Me oyes?
-Siempre – contestó con sus ojos llenos de lágrimas – perdón, dime.
-Que yo no quiero lastimarte…verás – suspiró. Sería sincero sin lastimarla – sabes que yo estoy enamorado, y que para mí siempre serás mi…
-Mejor amiga, hermana menor – interrumpió, y una lágrima traicionera bañó su mejilla. Él apenado se apresuró y borró rastro de ella.
-Sí… -agregó– pero mira. No quiero esperanzarte, ni hacerte perder tu tiempo. Quiero que seas feliz ¿Comprendes? Tú eres una mujer muy preciosa, muy buena, con un alma noble y una pureza inigualable. Espera tu príncipe azul, llegará bonita llegará.
– No existe otro que no seas tú. Aunque no seas el mío – lloró. No quedó más remedio la abrazó dejando que su cabeza descansará sobre su pecho mojando su remera con sus lágrimas – lo intentaré, te prometo que lo intentaré. Pero siempre serás mi amor, siempre serás el amor de mi infancia, de mi vida. Siempre.
Bill esperó a que dejara de llorar. Hipaba contra él, cuando la separó con cuidado borrándole el rastro del llanto.
-Debo irme a lo de mi padre – susurró sin dejar de mirarla. Un pequeño silencio, sentía en el alma destruirla así. Acortó la distancia entre sus rostros, y con sumo cuidado presionó sus labios contra los de la morena, sin profundizar el beso. Un pequeño roce de disculpas– serás feliz.
Sin decir más, se levantó pesadamente del sofá. Tomó sus cosas y se marchó. Jane se tocó los labios mientras sus ojos volvían a aguarse.
-o intentaré –susurró oyendo el motor del coche arrancar– lo intentaré.
Se levantó en un suspiro cuando el celular sonó. Un momento, ese no era el suyo. ¡Bill lo había olvidado! ¿Debía atender? No…quedaría de metiche. Miró de reojo la pantalla. Gustav. ¿Gustav? ¿Y si era urgente? La melodía dejó de sonar. Levantó los hombros y al girar comenzó nuevamente.
– Hola –murmuró nerviosa. Una voz del otro lado la movilizó, tan dulce y ronca al mismo tiempo– diga.
Mansión Kaulitz
El atardecer estaba cayendo. Sentado en el amplio sofá de la sala esperaba al monstruo de su padre. No quería explicaciones, simplemente descargar su furia en su cara por hacerlo sufrir tanto. La penumbra de la sala lo calmaba, ya que comenzaba a tensarse al darse cuenta que Jörg no llegaba y Tom no llamaba. ¿Su celular? ¡Qué estúpido lo había olvidado! Se levantó pensativo y tomó el teléfono que estaba sobre aquel caro y fino mueble, discó el número de su celular y lo llevó hasta su oído. ¡Genial, ocupado!.
-¿Qué haces tú aquí? – dijo una voz a sus espaldas. Al parecer el hombre había ingresado como él, por la puerta trasera – vi tu coche y no comprendí que hacías aquí.
-¿No sabes que hago aquí? – Preguntó con cierta ironía – vengo a ver al marica de mi padre.
-Ese eres tú – rió nervioso – ¿A qué demonios vienes?
-A que me des una puta explicación – contestó. Estaba nervioso y asustado – ya no se que pensar con todo esto ¿Tú mataste a mamá verdad?
-Deja descanzar a tu madre – resopló quitándose el saco, un inexplicable calor subía por su cuerpo, un calor incontrolable llamado nerviosismo- ¿Que mierdas dices…?
– ¿¡Qué mierda digo?! – Gritó a toda voz – ¡Que tú mataste a mamá! Para quedarte con Natalie o… a ver tal vez con… ¿Charly?
-¿Te oyes? – Rió nuevamente – es una estupidez ¿Yo con un hombre?
-No seas hipócrita – murmuró mirándolo con odio, una mirada llena de dolor y furia – él lo ha confesado todo. ¡Todo!
-No soy un maldito maricón como tú – se excusó.
-¡¿Tienes los huevos para negármelo?! – le gritó furioso – ¡¿Tienes la cara de llamarme marica tú a mí?! Pues siento decirte que eres tan marica como yo.
-¡Cállate! – gritó Jörg perdiendo los estribos.
-¡No me harás callar! No tienes compasión por nadie – se acercó a él reuniendo valor – Me das asco, tú no eres mi padre ¡Tú seguramente mataste a mamá! Por ir a follarte a un hombre y luego ¿qué? ¡Me impides ser feliz!
– Cállate – repitió en un murmuro.
– Oigan oigan, mi padre es tan poco hombre – rió irónicamente- Jörg Kaulitz es un puto interesado tan infeliz, tan imbécil que le desea lo peor a su hijo, Oigan no es más que una…
– ¡Que te calles! – volvió a decir, perdiendo el control proporcionándole una trompada que dio directo en su rostro dejándolo caer contra el suelo. Bill con un quejido de dolor llevó inmediatamente una de sus manos a sus labios, notando como entre sus dedos se escurría un hilo de sangre. Levantó la mirada, ahora se mostraba como un cachorro indefenso. Su labio inferior comenzaba a temblar, pero no quería llorar. No delante de él– tu madre no te ha dejado nada por ser un maldito maricón y yo no pienso dejarte nada tampoco.
– ¿Crees que me importa el dinero? – murmuró aún sin levantarse del suelo – ¿¡Crees que lo único que importa es la herencia de la familia de mamá?! Me decepcionas papá, cuando era pequeño decía que tú eras mi ídolo. Cuanto me arrepiento, cuanto asco me das.
-No te quiero más en la empresa – interrumpió Jörg – olvídate del dinero que te aportábamos Billy Future y nuestros negocios.
-¡Por supuesto! – Gritó poniéndose de pie con una lágrima desprendiendo viaje. Adiós a sus diseños, adiós a su revista, adiós a sus putos sueños, adiós a su fama, adiós a lo que más amaba hacer– ¡Trágate la empresa, fúndete! Porque yo me iré y no volveré a poner un pie allí jamás. ¡Renuncio a todo lo que provenga de ti!
Continuará…