6: ¿Podrían encontrar la Felicidad?

Gracias por seguir aumentando las lecturas y muchas más gracias a quienes dejan sus hermosos comentarios. Este es un regalo para el fic, que en su momento nos dio GOXI

Wir Schliessen uns Ein”

Capítulo 6: ¿Podrían encontrar la Felicidad?

¡Bill!

Tom se abalanzó contra el rubio. Quería desahogarse, sacar todo el sufrimiento por el que pasó en aquella visión. Bill correspondió el abrazo, trataba de calmarlo, pero por más que intentaba, no lo lograba. No quería verlo sufrir, la idea de que él también viera sus vidas pasadas, había sido un error. Un completo error.

Hey, tranquilo, no pasa nada —Bill acarició la espalda de su gemelo, haciendo pequeños sonidos con su boca para arrullarlo—. Lo siento, Tomy. Siento tanto haberte hecho pasar por esto también…

Tom lloraba en su pecho, sorbiendo su nariz de vez en cuando. Seguía sin poder creer lo que había soñado —o visto más bien— esa noche. ¿Cómo podía ser que él y Bill hubieran sufrido tanto en sus vidas pasadas? Había tantas cosas que quería decir, pero no podía…

Tenemos que hacer que esto pare, Bill —comentó el gemelo mayor, alejándose un poco de su hermano para poder mirarlo mejor.

Lo haremos, te lo prometo —Bill asintió, con lágrimas también en sus ojos. La sola idea de pensar que Tom odiaba ver cómo ellos habían sido amantes lo ponía demasiado triste.

No era como si él se regocijara en todo eso, pero también tenía deseos de seguir viendo todas y cada una de las vidas que había compartido con su hermano. Sabía que no todo tenía que ser dolor y sufrimiento. Tenía que haber partes, o momentos en lo que ambos se mostraran felices, contentos de poder disfrutar su amor el uno por el otro.

¿Qué soñaste? —preguntó Bill, acariciando el cabello de Tom. Lo miraba con ternura, esperando la respuesta de su hermano.

Tom ya no lloraba tanto. Su pecho subía y bajaba con frenesí, pero comenzaba a calmarse mientras sentía los dedos de Bill entre su cabello. Miró a su gemelo a los ojos y luego miró sus labios.

Sacudió su cabeza, tratando de olvidar el beso que se habían dado anteriormente. Sí, que se habían dado; porque aunque Bill había incitado eso, él había continuado y además… le había gustado. Tanto, que tuvo que despegarse de su gemelo y casi correr hasta su habitación, gracias a las emociones —y reacciones en su entrepierna— que comenzaba a experimentar.

No lo recuerdo —mintió, esperando que Bill le creyera, pero como era de esperarse el rubio lo miró con una ceja alzada, al mismo tiempo que se cruzaba de brazos.

Vamos, Tom, no me mientas —Suspiró—. Sabes que puedes decirme todo lo que…

No creo que de verdad quieras escucharlo, Bill —Tom movió la cabeza de un lado para otro. Se enjugó las lágrimas y trató de componerse ante la atenta mirada de su alma gemela.

Quiero saberlo. Ahora —dictaminó Bill, mirándolo directamente a los ojos.

Eran pocas las veces en las que Tom miraba así a su hermano, así que decidió dejar de pelear y contarle, aunque no fuera realmente bonito…

Era el año de 1853. Una hermosa mujer había dado a luz a dos hermosos gemelos varones, a los cuales había nombrado William y Anthony. Su esposo lamentablemente había fallecido pocos meses atrás gracias a una extraña enfermedad, y ella había quedado viuda. Su suegra sabía perfectamente que ella no sería capaz de cuidarlos sola y le ofreció quedarse con uno de ellos, pero Becca se negó rotundamente, diciendo que no tenía el corazón para poder separar a esas hermosas criaturitas que la vida le había dado. Eran un regalo, una bendición y ella no iba a permitir que le quitaran eso.

Su suegra, la cual era una poderosa bruja, enfureció. Había perdido a su único hijo y ahora que veía la oportunidad de poder criar a un nieto, Rebecca le arrebataba ese deseo de las manos. Majora, la malvada bruja, decidió lanzar un hechizo sobre los gemelos, declarando así, que cuando cumplieran la mayoría de edad, si permanecían juntos, ellos morirían. Así su madre no tendría más elección que darle en sus brazos a uno de ellos.

Pero al contrario de sus suposiciones, una noche, en la que Rebecca entregaría a uno de sus bebés, salió huyendo para no regresar jamás y que su malvada suegra no pudiera tenerlos nunca.

Becca quedó destrozada. Sabía que cuando ese lapso se cumpliera tendría que separar a sus hijos, alejarlos el uno del otro para no verse más y así poder protegerlos del malvado hechizo de su abuela.

A pesar de las dificultades y sacrificios que tuvo que hacer para poder mantener a sus hijos, ellos crecieron sanos, fuertes, llenos de alegría y entusiasmo; además de agregar claro lo guapos que eran. Todos los vecinos los admiraban, las chicas desfilaban detrás de ellos tratando de conquistar a alguno, y por supuesto su madre se sentía muy orgullosa de ambos.

Todo era felicidad cuando ellos estaban cerca y más, cuando estaban juntos. Eran como una sola persona; ellos siempre se clasificaban así. Cuando Will pasaba por algún peligro, por más mínimo que fuera, Tony podía sentirlo y así proteger a su hermano. Y lo mismo sucedía al revés. Eran el complemento perfecto y necesario del contrario. Cada día los gemelos forjaban un lazo mucho más fuerte y su madre sabía que sería difícil para ellos separarse, así que decidió ocultar el secreto hasta que la fecha de su cumpleaños número dieciocho estuviese cerca.

Así, los años pasaron, y el lapso de tiempo se cumpliría en unos cuantos días. Rebecca sabía que sus hijos preferirían morir antes de separarse, pero ella no iba a permitir eso, así que decidió ocultarles el terrible hechizo que los envolvía y sacrificarse ella misma. Sabía que si provocaba a Majora y le hacía saber donde se escondían, ella vendría y la mataría. Pero nada le importaba más que sus hermosos gemelos.

Los gemelos dormían plácidamente, cuando escucharon fuertes sonidos y gritos provenir desde afuera. Se levantaron rápidamente alarmados y se vistieron con las ropas que la noche anterior había dejado desperdigadas por toda la recámara. No era un secreto que ellos se amaban, aunque sí lo era que lo hacían de una forma más allá de lo fraternal. Nadie sabía que todas las noches se entregaban el uno al otro en cuerpo y alma y se declaraban amor hasta que sus ojos se cerraban.

Anthony tomó con fuerzas a su hermano, abrazándolo y así salieron por la puerta de atrás, para vislumbrar lo que pasaba en el pueblo. Divisaron a su madre, con lágrimas en los ojos, siendo casi torturada por unos hombres altos, furiosos y con una vibra que no parecía nada normal. Sus ojos irradiaban fuego y sus dientes chorreaban un extraño líquido que no supieron clasificar.

¡Mam…!

Shh, pueden escucharte —calló Tony a su hermano, apegándolo contra una pared cerca de ahí—. Quédate aquí, Will, ¿entendiste? Yo iré…

No, no por favor. No me dejes… —suplicó el hermano menor, aferrándose al brazo del contrario.

Anthony se estiró hasta sus labios y lo besó profundamente, acariciando ambas mejillas de William.

Estaré bien. Mamá me necesita.

Pero yo puedo ir también…

No. No puedo arriesgarte. Por favor, prométeme que te quedarás aquí.

William asintió, dejando que el agua salada cayera por sus pómulos, creando charcos debajo de sus pies. Tony le dio un beso por última vez y salió del escondite, directo hasta su madre.

En cuanto el chico se dejó ver, una horrenda anciana, con capa negra que caía hasta sus pies y ojos que también parecía irradiar fuego se aproximó hasta su madre, sosteniéndola por el cuello. El joven de casi dieciocho años palideció al ver como su madre cerraba los ojos poco a poco, al borde la muerte.

¡¡Noooo!! —gritó fúrico, abalanzándose contra ella, pero dos grandes hechiceros le impidieron el camino.

Ahora verás el castigo que reciben aquellas personas que me desobedecen —exclamó la malvada bruja y terminó por cortarle la cabeza a Rebecca.

Los ojos y boca de Anthony cayeron al suelo. No sabía por qué ni cómo había llegado a pasar todo esto. ¿Quién era esa bruja y por qué le había hecho eso a su madre?

Oh, y ahí está el otro… —escuchó decir a la anciana e inmediatamente volteó hacia atrás, mirando ahora a su hermano siendo atraído por otros dos hechiceros.

Sus lágrimas provocaban espasmos en su cuerpo y un dolor que jamás había sentido. Había perdido a su madre y ahora estaba a punto de perder al amor de su vida.

¿¡Qué quieres!? —chilló, desatándose del agarre de los dos fuertes hombres que lo sostenían, mirando directamente a los ojos a Majora, sin saber que era su abuela la que le causaba tanto dolor.

La bruja se echó a reír y miró a William, haciendo una señal para que lo soltaran. Luego miró a Anthony y entendió que el fuerte, el líder era él, así que tomó una decisión.

A ti. —Sus ojos centellaron como dos soles y Tony sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. ¿A él? ¿Lo quería a él?

William se echó a llorar, corriendo rápidamente hasta lograr llegar con su hermano y poder abrazarlo. No podía aceptar la idea de que ellos se separaran.

Primero muerto —contestó Anthony, apegando a William a su cuerpo.

La bruja volvió a reír, mientras sus secuaces prendían fuego a todo su alrededor y las pequeñas y grandes casas comenzaron a convertirse en escombros y cenizas.

Los gemelos lloraban al ver como su hogar se iba desmoronando poco a poco. Miraron a su madre sin vida tendida en el suelo y luego se miraron ellos, transmitiéndose todo el amor y la tranquilidad que podían para no sentirse completamente abatidos.

Es tu decisión entonces, querido —volvió a hablar Majora, sonriendo ampliamente. Miró a sus dos nietos y extendió una mano en la que poseía un gran cetro, con una bola adornando la cima—. Vienes conmigo o te quedas en este pueblo, siendo consumido por las llamas —Miró luego a su alrededor y continuó—: Su madre no les contó nada, ¿cierto? —Rió una vez más ante la estupefacta mirada de los hermanos. Apuntó con el cetro a William y miró ferozmente a Anthony—. Tengo una mejor propuesta. Vienes conmigo o tú hermano se encontrará con tu madre muy pronto…

¡No! —gritó Tony, protegiendo con todo su cuerpo a Will. Lo abrazó tanto que la bruja entendió cuál sería su decisión y volvió a sonreír con maldad, regresando el cetro a su lugar. En vez de eso, extendió la otra mano libre hacia el gemelo mayor, esperando que este se levantara y la tomara.

Anthony miró a William por última vez a los ojos. Depositó un largo beso en sus labios, sin importarle realmente lo que los demás testigos pensaran y se levantó, soltándolo poco a poco.

Tony, no… —suplicó en un susurro William, sosteniéndolo fuerte por su brazo— Por favor, no… No me dejes…

Sus manos entrelazadas se despegaban cada vez más. Dos hechiceros se sumaron a la escena y tomaron por los hombros a William, mientras Tony lloraba y lo soltaba con delicadeza.

¡No! ¡Tony, no! ¡Por favor, por favor, no! —gritaba el menor, siendo casi arrastrado por los hombres.

Estaré bien —le prometió Anthony—. Y tú también. Te lo prometo, Will… Estaremos juntos, en esta vida o en otra, te prometo que volveremos a estar juntos…

Sus manos se soltaron, sacando estruendosos llantos de ambos hermanos. Se miraron una última vez a los ojos, recordando, tatuando esa promesa, esas últimas palabras que habían podido compartir.

Las lágrimas de Bill descendían por sus mejillas, mientras escuchaba la historia que su hermano había visto en sus sueños. Le dolía de sobremanera escuchar todo eso y saber que ellos habían sufrido tanto anteriormente, aunque no pudiesen recordar todo aquello. No había podido ver lo que Tom sí, pero ahora lo sentía, todo lo que su gemelo sentía en ese momento, él también podía, podía canalizar sus emociones con las de él, como si fueran una sola persona, una sola alma. Y es que en realidad así era, ellos eran una sola alma dividida en dos cuerpos. Un alma que vida con vida, buscaba la felicidad con su otra mitad y Bill no sabía si algún día podrían encontrarla de verdad.

 

& Continuará & 

Oh, qué triste la vida que recordó Tom. ¿Quién creen ustedes que escribió este episodio? Para ayudarles más, les dejaré escritos los nombres de las escritoras que están participando en esta primera parte de la historia: Angie Kout / Luzbell / Scarlett Engel / Lenz Schwraz / Shugaresugaru / MizukyChan. Besotes y gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «6: ¿Podrían encontrar la Felicidad?»
  1. En todas las vidas Bill y Tom son separados por gente que no quiere que estén juntos de una manera u otra… Ahora tengo miedo que en la vida actual tampoco los dejen. SABDJKASNKDN

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