Once in a lifetime. Alternativo 51

«Once in a Lifetime» Fic de lyra

Capítulo 51

Edimburgo, año 1764

Las horas pasaron y seguían en la cama. Se sentía cómodos, hablando sobre los acontecimientos que habían pasado tanto en el futuro como en el pasado.

Y mientras hablaban, no podían dejar de acariciarse. Era como si aún creyeran que estaban en un sueño y quisieran comprobar que era real.

—*No puedo explicarte…lo que sentí antes al tocarte*—susurró Thomas apoderándose de sus labios—*Comprobar que eras tú, encontrarte otra vez, perderte…*

—*No me perderás nunca más*—susurró Bill a su vez—*No, a no ser que hagas algo inmoral…*

Thomas dejó de besarle y se puso tenso, gesto que Bill notó de inmediato.

— *¿Hay algo que no me hayas contado?*—quiso saber.

—Bueno…no me gano la vida de una forma adecuada—contestó Thomas carraspeando.

— ¿Te refieres al contrabando de whisky?—preguntó Bill acomodándose en la cama.

—Y vino francés que mi primo Jared trae en sus barcos—explicó sonriendo Thomas.

—*Deduzco que a eso te referías cuando decías que Madame Jeanne es tu clienta*—murmuró Bill.

—*Exacto, cuando el licor llega de Francia lo almacenamos en un sótano de esta casa. Parte se lo vendemos a Madame Jeanne y nos guarda el resto hasta que logramos venderlo*—explicó por encima Thomas.

—*Y como parte del acuerdo, tú…*—empezó a decir Bill.

—*La respuesta a lo que estás pensando sassenach es no*—terminó la frase por él Thomas.

— *¿Ahora lees la mente?*—preguntó Bill sonriendo.

Thomas se había inclinado sobre él, empezando a acariciar su sexo para que se fuera preparando. Quería hacer el amor otra vez, y Bill también lo estaba deseando.

—*Estás pensando si a veces cobro en especias, ¿verdad?*—quiso saber Thomas.

—*Eso no es asunto mío*—susurró Bill acomodándose bajo su cuerpo.

Thomas se apoderó de sus labios, besándolo con suavidad en ellos al tiempo que se hacía hueco en las piernas que Bill separaba.

— *¿Entonces…tú nunca y Madame Jeanne…?*—siguió interrogando Bill.

—Nunca—contestó con firmeza Thomas.

Volvió a apoderarse de sus labios y tras prepararle con un par de dedos entró en su cuerpo de nuevo. Bill suspiró al sentirle dentro y empezó a mover sus caderas contra él.

Se movían a un ritmo lento, la vez anterior todo sucedió con demasiada rapidez y querían ir más despacio, poder observar mejor la reacción de su contrario cuando llegara al placer.

Bill fue más allá, cogiéndose a la espalda de Thomas le hizo rodar en la cama y le dejó bajo su cuerpo. Se quedó a horcajadas sobre su cuerpo, moviendo lentamente las caderas de atrás adelante sintiendo como su miembro entraba y salía con facilidad de su cuerpo.

Thomas puso ambas manos en sus caderas guiando sus movimientos, haciendo que su ritmo fuera lento pues quería disfrutar cada segundo de ese placer que estaba sintiendo.

Bill sonrió mordiéndose el labio, le costaba contener las ganas que tenía de derramarse sobre su estómago, su erección rozaba la piel de Thomas dejando gotas sobre ella de su líquido preseminal.

Thomas lo vio y entonces supo que era hora de que disfrutaran los dos. Se incorporó en la cama con Bill aún sobre su regazo, puso una mano tras su cuello y aumentó las embestidas escuchándole jadear desesperado.

Se apoderó de sus labios y contra ellos gimió cuando se derramó en su interior a la vez que la semilla de Bill resbalaba por su piel y se perdía entre las sábanas…

.

Una vez ambos saciados, se acomodaron en la cama de nuevo con la respiración agitada. Bill se recostó sobre su pecho y Thomas le acariciaba su desnuda espalda, la sábana se había caído y ambos se mostraban desnudos sin pudor alguno.

Gracias a la chimenea aún encendida y que era la única iluminación que tenían, los ojos de Bill recorrieron la desnudez de Thomas, fijándose en su muslo. Una larga cicatriz se lo recorría de arriba abajo y no pudo evitar pasar con suavidad un dedo por ella.

— *¿Cómo…?*—quiso saber.

—*Cullodem*—susurró Thomas como respuesta.

No hacía falta que explicara más, era un doloroso recuerdo que quería dejar en el pasado. Todo lo que sufrió en el campo de batalla, lo que se esforzó para morir porque sin Bill a su lado su vida no tenía sentido…y esa cicatriz era un recuerdo imborrable. Si hubiera muerto en la batalla, no hubiera podido reunirse con él de nuevo…

Sacudió la cabeza, no quería pensar en lo que podía haber sido. Quería vivir el presente, y era al lado de Bill.

—*Jamás volveré a dejarte*—dijo Bill con firmeza.

—*Hiciste bien en irte, lo hiciste por Jamie*—murmuró Thomas—*Has sido un padre maravilloso Bill, lo sé. Me diste un hijo, está vivo y a salvo. Gracias a él viviremos para siempre…tu y yo…*

—*Estuve enfadado contigo durante mucho tiempo—dijo Bill de repente—Me obligaste a volver y vivir una vida que ya no quería vivir…pero tenías razón*. Jamie está vivo y a salvo, y sé que estará bien cuidado.

Thomas asintió con la cabeza y le sintió acomodarse sobre su pecho dispuesto a dormir. El también se sentía realmente cansado por los acontecimientos vividos. Demasiadas emociones para un solo día…

Ambos cerraron los ojos y cayeron en un profundo sueño…

&

Al día siguiente Thomas fue el primero en despertar, sentía a Bill acurrucado a su espalda y se volvió con cuidado de no despertarlo. Sonrió al verle dormir plácidamente, hacía años que no disfrutaba de ese momento de intimidad, de observar el bello rostro de su esposo durmiendo sin preocupación alguna…

Porque había vuelto a su lado y no se iba a volver a marchar, ya no había una guerra que se interpusiera entre ellos y con su hijo a salvo en el futuro a ellos solo les quedaba pensar en el presente.

Y Thomas lo supo, tenían que buscar un hogar. Dejaría atrás sus negocios de contrabando, cogería a Bill y se irían a otra parte donde construir una pequeña casa y conseguirían unas tierras para poder trabajarlas. Y Bill podía dedicarse a sus dotes de sanador, conocía algunos que se ganaban bien la vida así y seguro que con los conocimientos de Bill salvaría muchas más vidas.

— ¿En qué estás pensando?

La voz de Bill le sacó de sus pensamientos. Sonrió y moviéndose sobre él se apoderó de sus labios antes de que pudiera decir nada más.

No sabía que le pasaba, desde que se habían reencontrado no podía dejar de tocarle o besarle, y siempre tenía ganas de hacerle disfrutar.

Y así lo decidió, dejó sus temblorosos labios y empezó a bajar por su cuerpo sin dejar de besar su desnuda piel en ningún momento.

Hasta que unos golpes en la puerta les interrumpió, lo que hizo que Thomas maldijera por lo bajo.

—*El desayuno, Monsieur Alexander*—anunció Bernardette al otro lado de la puerta.

—Ahora no….más tarde…—pidió Thomas negándose a dejar a Bill en esos momentos.

— ¿No estás hambriento?—preguntó Bill entre jadeos.

Sentir los ardientes labios de Thomas en su piel le hacía respirar con dificultad, más sabiendo hacia donde se dirigía…

—Lo estoy…y mucho…—contestó Thomas siguiendo con lo que estaba.

Bajó por su estómago y Bill arqueó la espalda al sentirle tan cerca ya de su objetivo. Se mordió los labios para no gritar al sentir como la boca de Thomas recibía su miembro en ella, y poco a poco empezó a ponerse duro sin poder evitarlo, más cuando la lengua de Thomas empezó a jugar lamiendo de arriba abajo mientras que él se retorcía en la cama gimiendo y jadeando.

No podía evitar retorcerse de de placer al sentir su miembro encerrado en la boca de Thomas siendo engullido hasta lo más hondo. Alzando las caderas su mente pedía a gritos que no parara, sentía que flotaba por la habitación y segundos después un orgasmo le hizo separar los labios y emitir un gemido incontrolado.

Se había derramado en los labios de Thomas, quien no pareció importarle. Le había liberado en el último segundo pero aún algo había ido a parar a sus labios. Bill se le quedó mirando con la respiración entrecortada, avergonzado de lo que acababa de pasar.

Thomas no le dio más importancia, se pasó la lengua por los labios saboreándolo y se tumbó de nuevo a su lado, atrayéndolo a sus brazos y apoderándose de sus labios.

Bill se dejó besar, sintiendo su propio sabor en los labios de Thomas. Estaba exhausto, apenas podía responder al beso y sintiéndolo mucho cerró los ojos de nuevo y se dejó llevar por la oscuridad…

.

Cuando volvió a abrir los ojos, Bill estaba solo en la cama. Se volvió con rapidez, viendo a Thomas terminándose de vestir.

— ¿Vas a algún sitio sin mi?—preguntó ahogando un bostezo.

—Tengo unos asuntos que arreglar, sassenach—dijo Thomas ajustándose sus altas botas—Tú…quédate en la habitación, pediré que te suban algo de comer.

Bill asintió con la cabeza, estaba claro que no quería que le acompañara y no quiso hacer ninguna pregunta. Thomas tenía una vida que él aún desconocía y no podía interferir en sus planes de la noche a la mañana.

—No me moveré de la cama—prometió Bill suspirando—Tampoco podría…me tiemblan aún las piernas.

Thomas sonrió al escucharlo. Terminó de atarse las botas y acercándose a la cama se despidió de su esposo con un profundo beso.

—Te prometo que vendré para comer juntos—dijo Thomas contra sus labios—Y haremos planes, he pensado una cosa y quisiera saber tu opinión.

Bill asintió de nuevo y recibió otro largo y profundo beso. Le vio salir de la habitación y se acomodó en la cama suspirando, no tenía ni idea de la hora que era y de todos modos, tras la noche pasada con Thomas necesitaba recuperar las energías.

Sonrió y cerró los ojos dispuesto a volver a dormirse, pensando que le era raro el no tener nada que hacer. Si estuviera en su época, estaría pensando en los pacientes que estaba atendiendo y en futuras operaciones…o en los estudios de Jamie que tan importantes eran…

Sacudió la cabeza, no debía pensar en su hijo con tristeza pues había tomado una dura decisión y tenía que asumir las consecuencias. Volver con Thomas le había costado separarse de su hijo, al que no iba a volver a ver…

.

Despertó de nuevo cuando su estómago protestó, no podía pasarse todo el día en la cama y decidió levantarse. Recordaba que Thomas le había dicho que Bernardette le subiría el desayuno pero no había sido así.

No pasaba nada, se vistió y decidió bajar a la cocina él mismo. Salió de la habitación y recordando que además de la escalera principal había otra al final del pasillo que iba a la cocina bajó por ella.

Por el camino podía oler el rico aroma de la comida recién hecha y su estómago protestó de nuevo. Se dio prisa en bajar las escaleras y entró en la cocina, donde Bernardette no estaba pero sí algunas de las chicas que trabajaban en el burdel desayunaban entre risas.

Se quedó paralizado al verlas, no sabía si volver a la habitación de Thomas o sentarse como si nada con ellas.

— *No seas tímido, siéntate con nosotras*—invitó una de las chicas.

Bill sonrió y así lo hizo. Tomó asiento al lado de una de las chicas que comía con ganas.

—Eres nuevo, ¿verdad?—preguntó una de las chicas.

—Pues claro que es nuevo Megan, ¿o es que has visto algún chico trabajando en el burdel?—rió otra chica—Madame Jeanne habrá cambiado de opinión…Vamos, come algo y nos vamos conociendo. Yo soy Molly. ¿Cómo te llamas tú?

—Bill—murmuró Bill cogiendo un trozo de pan.

No sabía como hacerles entender que él no se dedicaba a lo mismo que ellas sin ofenderlas.

— *Te tocó empezar con un bruto, ¿verdad?*—preguntó Megan—*Tu cuello…está rojo*

Bill se llevó la mano al cuello, donde Thomas le había besado apasionadamente una y otra vez dejándolo unas visibles marcas por lo visto.

—*Y por como has entrado debes estar dolorido en tu retaguardia*—rió Molly.

Bill se sonrojó hasta las orejas al escucharlo, las chicas no se cortaban nada hablando de esos temas. No se lo esperaba…

—*Oh, se ha ruborizado. Eres novato, ¿verdad?*—quiso saber Megan—*Luego te enseñaremos donde están las tinas para que te mojes tus partes, esta noche estarás como nuevo*

—*Y un baño caliente previene la llegada de un bebé*—explicó Molly.

—*La verdad es que la artemisa es muy eficaz para prevenir embarazos*—murmuró Bill.

—Vaya, eso no lo sabíamos—dijo Megan sonriendo.

—Hablas como Monsieur Alexander—comentó de repente Molly— ¿Le conoces?

Bill asintió con la cabeza, intrigado por saber de qué le conocían esas chicas a su esposo.

—Es un invitado especial de Madame Jeanne—explicó Molly—Y es curandero, aunque no se dedica profesionalmente. Le gusta los caballos y tiene una herrería en el pueblo. Pero muchas veces que una de nosotras cae enferma es él quien nos ayuda con sus remedios naturales. Dice que lo ha heredado de su madre, y de una persona especial que era la mejor en su trabajo.

Bill sonrió al escucharlo, Thomas hablaba de él con mucho cariño, su recuerdo había seguido presente a pesar de los años transcurridos. Y a él le había pasado lo mismo, nunca había podido dejar atrás el pasado. Y quizás ese fue su mayor error cometido, jamás debió aceptar la proposición de Andreas porque Thomas estaría siempre presente en su memoria y por más que quiso intentarlo, ser feliz al lado de Andreas fue imposible y procurar olvidar a Thomas fue difícil de lograr.

Siguieron comiendo hasta que escucharon unas voces al otro lado de la puerta.

—Vaya, un cliente tan temprano…—murmuró Molly.

—*Bill se ocupará*—apuntó con rapidez Megan—*A los nuevos les toca los que no quiere nadie*

Bill no sabía como salir de allí, no quería ofender a sus nuevas amigas ni tampoco tener que irse con ese cliente que al parecer no podía esperar a saciar sus instintos.

Antes de que pudiera decir nada, la puerta se abrió y apareció Madame Jeanne, quien nada más verlo sentado con sus chicas se puso rígida.

—Monsieur William, ¿qué hace aquí?—preguntó con cierta frialdad.

—Desayunar—contestó Bill, como si fuera de lo más normal.

—Bernardette debía subirle el desayuno a usted y su esposo…—murmuró Madame Jeanne resoplando—El día menos pensado despido a esa cocinera despistada.

—No por favor, ha sido culpa mía—se excusó Bill poniéndose en pie—Me quedé dormido y cuando desperté hambriento bajé sin pensar en las consecuencias. Molly y Megan han sido muy amables de invitarme a desayunar con ellas.

Las chicas le miraban asombradas, por el tono de Madame Jeanne se notaba que Bill no era un trabajador más. Además, había dicho esposo y la única persona que se alojaba en el burdel era Monsieur Alexander, con lo que Bill no era un trabajador sexual más como ellas tontamente habían pensado…

—Molly, atiende tú al cliente—ordenó Madame Jeanne—Y usted regrese a su habitación. Bernadertte le subirá un desayuno en condiciones y preparará un baño caliente.

Bill se apresuró en obedecerla, al igual que a las chicas Madame Jeanne le inspiraba algo de miedo, de que si no se obedecía a la primera sus órdenes tendría sus consecuencias. Y lo último que quería era que despidiera a la persona que le había salvado la noche anterior, y gracias a la cual había recuperado a su esposo al que creía perdido.

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

2 comentario en “Once in a lifetime. Alternativo 51”
  1. Me encantan estos momentos tan íntimos y hot entre ellos. Tom esta planeando buscar un mejor lugar para vivir con Bill y estar tranquilos.
    Pobre Bill el rato que paso con las chicas del burdel, paso por todas las tonalidades dd rojo que pueden existir jajaja.
    Nos leemos en el próximo, bonito domingo

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