Waiting for you 34. Parte 3

CAPÍTULO 34 (Tercera Parte)

—¡Hey! —fue el breve saludo del chico que se apegó al cuerpo del pelinegro y lo besó con fuerza y pasión.

Luego sin dejar de mirarse se separaron levemente —Quiero que veas algo. Espera un poco —y Bill silbó hacia la oscuridad. Esperaron unos segundos hasta que el retumbar apagado de los cascos de las pezuñas de su caballo anticipó su llegada. Una vez allí se montaron sobre él como lo hicieran antes.

Tom recordando su sueño se atrevió salir de algunas dudas —Bill ¿las xanas?

—Sí, ¿qué hay con ellas?

—¿Las conoces?, ¿las has visto?

—Sí, las he visto. Algún día te las voy a mostrar ¿ok?

—Ok… —silencio. Ambos chicos se adentraban en el bosque en completa oscuridad. Esta vez no había luna y tampoco había esferas luminosas —¿A dónde vamos? Me preocupa que no veamos nada.

El mago se rió, y Tom puso mala cara ante su risa —Tom, el caballo sabe por dónde debe ir, confía más en él. Hemos recorrido este bosque tantas veces, durante tantos años. Ya verás… aunque ahora no importa tanto lo que veas. Es más trascendental lo que vas a oír. Y es curioso que ahora me preguntes por las Xanas ¿estuviste averiguando en internet?

—No, no. Alguien las nombró —Tom había decidido no relatarle su sueño a Bill— sólo sé que viven en el agua.

—Exacto, lo extraño es que lo que te quiero mostrar tiene que ver con ese elemento… —mientras tanto Tom estaba más preocupado por los sonidos que efectivamente salían de entre los árboles. Un canto agudo lo hizo sobresaltarse.

—¿Qué es eso?

—Una lechuza Tom.

—¿No crees que hay demasiado movimiento en el bosque para ser de noche?

—No. Amor, el bosque está más vivo en la noche que en el día. Muchos aprovechan la oscuridad para alimentarse, para beber, para aparearse, y para cazar…

—Digamos que eso de salir a cazar no me ha tranquilizado mucho —y el pelinegro se rió ante las palabras de su novio.

—Ya llegamos —dijo y se bajaron.

—¿Quiénes salen a cazar dijiste?

—Principalmente roedores, o insectos…

—Me alegra ser más grande que ellos.

Y Bill volvió a reír —créeme que en este caso el tamaño es lo de menos. —Tom supuso que estaban junto a una laguna o río, tal vez con pequeñas cascadas o caídas de agua, pues se escuchaba el repiqueteo del líquido al chocar contra piedras y rocas —ven, sentémonos acá —el mago tomó de la mano al estudiante, quien sumiso se dejó guiar. —quiero que guardes silencio, nos vamos a sentar con las piernas cruzadas…

—Ya, como los indios.

—En posición de flor de loto.

—Whatever.

—Tom, aquieta tu mente.

—Me preocupan los insectos.

—¡No te harán nada hombre!

—¡Dijiste que el hecho de que yo sea más grande no importaba!

—Tom, ahora los insectos no están preocupados por ti, así que tú no te concentres en ellos.

—Ok…. ¿y en qué me concentro?

—En el agua.

—Ok… en el agua —y Tom escuchó los sonidos del agua, más allá de su respiración.

—Cierra los ojos Tom.

El de melena irguió su espalda, cerró los ojos por un instante, pero el murmullo de algo moviéndose entre las hojas le hizo abrir un ojo. Por si acaso, pensó.

—Tom, cierra los ojos.

—Es que algo se movió entre las hojas.

—Bueno, quizás fue un troll o el chupacabras.

—Ay, tú no tomas en serio mis percepciones extrasensoriales.

—Relájate. Respira y cierra los ojos.

—Ya, ya, ya los tengo cerrados. —Y el chico de melena rubia dejó de pensar en ese montón de ruiditos extraños y se dejó llevar por ese sonido. Primero era agua, sólo agua, que chocaba, que rebotaba, que se desperdigaba entre las piedras y entre las curvas de la tierra, agua que se escabullía entre las hojas marchitas que los árboles habían dejado caer, agua, agua… luego parecía canto, ¿quién cantaba?… ¿el agua cantaba?, ¿qué cantaba? Más allá del canto parecían voces, como de multitudes. Voces infinitas que se hablaban entre ellas y cantaban, otras se reían. ¡Tom ven!, ¡ven a jugar con nosotros! ¡Tom lánzate al amor! ¡Toooommm!, era el llamado de cientos de voces cantarinas. Tom hipnotizado por esas voces se dejó llevar y fue a su encuentro. Simplemente caminó hasta caer al agua.

—¡Tom!, ¡mierda, que no puedas hacer nada sin que se te apaguen los transistores!

—¡Ah, ah, ah! —el de melena tomaba bocanadas de aire. El contacto con el agua fría lo había sacado de su trance volviéndolo a la realidad. Arrastrándose por el césped salió del agua, totalmente empapado. Y sintiéndose ridículo y estúpido intentó justificarse ante Bill —¡lo siento, lo siento! Es que me llamaban.

—¿Será que ahora deberé ponerme celoso de las ondinas y las xanas?

—¿De quiénes?

—Son los elementales del agua, como las sirenas, y eso… mira, estás empapado —dijo el mago sintiendo el agua que escurría por el brazo de Tom.

—Una sirena no estaría nada mal, ¿me presentas a una?

—Sí, claro. Espérate sentado. Ya, vamos para que te seques y te cambies de ropa.

—Bill ¿estás enojado?

—No, amor. Ven, dame tu mano para que subas. —Tom estando húmedo se sentía algo resbaloso, y tomándose con fuerzas de la mano de Bill y apoyando su pie en el estribo le dio tal impulso a su movimiento —¡No vayas a pasar de laaaar…! —que salió disparado hacia el otro lado llevándose al mago junto con él. El caballo relinchó mientras el suelo los recibía con toda su dureza. Y dolió. Tom cayó con las piernas encima de Bill y un quejumbroso —¡ay! —del mago, le señaló que estaba vivo —¡Tom! —y ahora sí que se oía enojado —¡tenías… tenías…! —pero luego se puso a reír a todo pulmón.

—¡Auch… auch! —se quejaba el de melena. Le dolía el trasero, y la espalda, pero no sentía que se hubiera roto nada —¿estás bien Bill?

El mago aún se reía. Tom se sentía más estúpido que hacía un momento —mejor, mejor vamos —dijo el mago con el aliento entrecortado por las carcajadas.

—¡Ya deja de reírte! —masculló Tom mientras se ponía de pie, notando que al caminar, sus zapatillas deportivas hacían un humillante clac- clac cada vez que daba un paso —esto es el colmo.

&

Esa noche cuando todos dormían los amantes se dieron al placer una vez más. Esta vez Bill se dejó penetrar mientras su amado jadeaba de gusto a su espalda. Los dos tumbados en la cama sobre sus costados, movían sus caderas de manera sincronizada mientras sus cuerpos sudaban. Tom sentía las entrañas del mago envolver su miembro, y ese sólo pensamiento le hacía estar consciente del hecho trascendental y hermoso de estar así unido con la persona que más amaba en este mundo. Bill suyo, todo suyo. Tom agarró el miembro de Bill para masturbarlo pasando su pulgar por sobre el glande haciendo gemir al pelinegro excitando aún más al de melena. Le lamió la oreja a Bill, y éste levantó su cuello y giró su cabeza para besarlo. Bill llegó al clímax entre gemidos y palabras incoherentes y un par de segundos después lo hizo Tom. Luego sin limpiarse, dejaron que el sueño se los llevara a su reino, pero antes de dormir Tom supo que debería mover sus piezas con inteligencia si quería que todo saliera tal como deseaba.

Lo primero sería llamar al señor Frederick.

El muchacho comenzó a cerrar sus ojos y con un callado —quédate conmigo —que el mago susurró en su oído, Tom se dejó llevar al mundo onírico. El silencio se apoderó de la habitación dejando sólo el sonido leve de sus respiraciones pausadas.

—¡Bill! ¡Bill! —el de melena rubia se sentó en la cama desorientado moviendo sus pies y manos —¡Biiiiiill!

El pelinegro con el corazón en la garganta se levantó de bruces. Esto se ha vuelto una costumbre, pensó. De pronto uno de los movimientos de Tom lo botó de la cama arrastrando con él las cosas que estaban sobre la mesita de noche, entre esas la lámpara. Bill estaba muy confundido, miró hacia la ventana y aún estaba oscuro, no habían señales de que amanecería luego —¿Tom cariño? ¡Qué pasa! —escuchó el balbuceo de Tom y con dificultad en medio de la penumbra recogió la lámpara, y la conectó para encenderla. Se sentó junto a su novio y lo abrazó —estoy aquí —le susurró y sólo ahí Tom enfocó su mirada en Bill —¿soñaste?, ¿viste algo desagradable?

—La carta Bill.

—¿Qué carta cariño?

—La de Tom y Bill Kaulitz —el pelinegro seguía sin comprender —en la cabaña… en el jardín secreto.

Y Bill recordó —oh sí, me acuerdo…

—Acuérdate lo que decía sobre los fraters que viajaron en el tiempo… ¿dónde está esa carta ahora?

—Con los otros documentos en la caja fuerte del banco —Tom asintió —¿los que viajaron en el tiempo me dices?

El de melena rubia pasó sus manos por la cara y suspiró —recuerda que hablaba de tres fraters que viajaron en el tiempo, dos de ellos lo hicieron más de una vez y se volvieron locos…

—Sí, sí… y el tercero…

—Ese no, porque sólo viajó una vez, y de allí es que concluyeron que era peligroso viajar varias veces. Pero…

—Pero —Bill miró a Tom —no me gusta ese pero.

—Sabemos que uno de esos que se volvió loco fue el abuelo de Storm —Bill asintió —y que el otro que se volvió loco debe ser… probablemente sea el que murió en Schiff encerrado en ese lugar.

—Ajam ¿pero?

—El tercero es el que me preocupa Bill. Según Bill y Tom, ese viajó una vez, pero luego Tom murió y no sabemos si de verdad no viajaron otros, no sabemos si ese, el tercero, no viajó otra vez sin que lo supieran ellos.

—Ya sabía yo que no me gustaría ese pero. —el mago recogió el reloj, y éste marcaba las tres con cuarenta minutos —aún queda mucha noche, tenemos que dormir. Trata de hacerlo sin soñar.

—Se me ha revuelto el estómago. Y ¿si hay más por aquí entre nosotros?

—¿Estás asustado?

—¿Tú no? —el mago asintió.

—Pero por ahora necesitamos dormir, amor.

—Sí, dormir —dijo Tom. Pero no durmió, no pudo volver a dormir. Bill se durmió al fin, y no supo que Tom se quedó despierto vigilando la puerta y la ventana en la penumbra.

&

La mañana ya estaba bastante avanzada, sin embargo Bill prefirió pensar que aún dormía cobijado por el calor del cuerpo de su amado, quería imaginar que aún era de noche y a pesar de que una parte de su cerebro consideró que ya era hora que diera paso a la vigilia, se negaba a abrir los ojos y admitir que había comenzado el nuevo día. Un día más para todos los demás, un día menos para él y para Tom. Extendió su brazo intentando alcanzar el espacio que ocupaba el de melena, pero mientras más recorrían las sábanas sus manos, más frío se ponía la superficie de éstas al contacto con sus dedos. Tom no estaba, y eso lo puso en alerta.

Se levantó rápido y se ató el cabello en una coleta. Antes de hacer nada, debía averiguar dónde estaba Tom. Bajó hasta la cocina y hasta le pareció normal ver a las parejas ordenando y aseando la cocina.

—Buenos días Bill, ¿vas a desayunar? —Andreas le sonreía, extrañamente amistoso.

—¿Dónde está Tom?

El rubio tragó saliva, y sonrió nuevamente —creo que fue al pueblo…

—¿A Schönau?

—Sí —fue la lacónica respuesta de Andreas esta vez.

—¿A qué?

Georg detuvo su incesante movimiento de ordenar y limpiar cosas y miró dubitativo al rubio —fue… fue… ¿a qué fue?

Gustav bufó y dejó unos platos sobre la mesa, luego se cruzó de brazos y miró al pelinegro con una expresión que Bill no supo definir —Lo que estos par de imbéciles te intentan decir, es que Tom salió rumbo al pueblo a resolver asuntos de la propiedad, y fue con sus padres —aclaró el de gafas muy seriamente.

—Ok —dijo el mago pensativo —pero por qué no me avisó —definitivamente algo no le estaba gustando del asunto, pero no diría nada más. Haría como si estuviera conforme con la respuesta que le dieran

El de gafas se subió de hombros e hizo una mueca con su boca—tal vez no te quiso despertar.

—Sí, es lo más probable —agregó el mago con una sonrisa fingida que los demás se creyeron y le correspondieron. Para parecer más convincente aceptaría el desayuno, y aunque moría por salir corriendo y partir en el Land Rover hacia Schönau, esta vez haría todo lo contrario —¿y qué hay para desayunar?

—¿Omelette? —le ofreció Alexa que como pocas veces permanecía silenciosa.

—Perfecto, se me antoja la omelette, y un café bien cargado.

—¿Te parece que mientras tú te preparas el café yo te hago la omelette?

—Eres muy amable, Alexa —respondió con su todavía sonrisa falsa. Si estas mierdas piensan que me pueden engañar, dejaré que se lo crean, pensó. Definitivamente algo estaban ocultando. ¿Acaso era tan difícil decirle que Tom se marcharía ya? Seguramente pensaban que se echaría a llorar, y todos sentían lástima por él. Pensar en aquello hacía que la furia subiera desde su estómago hasta la garganta, pero allí la contenía. Intentando mitigar esa molesta sensación dio un sorbo a su café caliente, se quemó, pero prefirió eso a seguir sintiendo el doloroso espasmo que se había alojado en su pecho —¿ Markus y Anton? —preguntó a Gustav que parecía dudar menos a la hora de responder.

—Creo que ellos también salieron a resolver ciertos asuntos, porque además hoy comienzan a llegar los empleados del Museo…

Alexa le acercó la omelette y se sentó a su lado —al parecer habrá una reunión ya que las condiciones de trabajo van a cambiar, y va a haber problemas ¿sabes? —Bill levantó una ceja.

—Sí yo algo escuché que van a redistribuir a la gente porque dicen que —Andreas se calló por un instante, pero al ver que no tenía resistencia de los demás, continuó —dicen que debido a todos los estudios arqueológicos que deben hacer, más el cambio de dueño, va a implicar necesariamente que éste dejará de ser un museo. Volvería a ser sólo una mansión. Yo creo que a eso fue Tom… y los otros.

—Ok —dijo Bill pretendiendo estar tranquilo —yo terminaré mi desayuno, iré a mi cabaña, tengo todo abandonado allá y no puedo esperar que Marie haga los quehaceres, y después iré al hospital a ver a mi madre.

—Sí, Laura está allá —le confirmó la Dama del Lago. Bill asintió, y tal como dijo al terminar el desayuno subió al cuarto para darse una ducha. Nada de lo que había dicho era mentira, haría exactamente como dijo, pero…

&

Tom dejó su celular a un lado —ya está hecho —le dijo a su madre adoptiva.

—¿Estás seguro de lo que estás haciendo?

El chico asintió —por ahora lo que necesito es que Bill no me vea. No quiero sus preguntas, no quiero interrogatorios. Ya suficiente es con ustedes dos —la madre hizo un puchero y el rubio sonrió —lo siento mamá, no quiero parecer frío o egoísta, pero si me siento presionado me sentiré más incómodo. No quiero que me hagan sentir culpable de las decisiones que tome, y esta vez mantendré a Bill al margen de toda esta batahola. Quiero que él sepa todo cuando ya no haya posibilidad de dar un paso atrás.

—Yo te amo hijo —y lo abrazó. Ambos estaban sentados en una de las tranquilas plazas de Schönau, desde allí se contemplaban majestuosas las montañas alpinas. Algunas cimas y picos más altos estaban abarrotados de nubes negras —sabes que siempre he querido lo mejor para ti, y estoy convencida de que le diste la respuesta correcta al señor Frederick.

—Bueno, fue demasiado informal hacerlo por teléfono… pero lo preferí así para que no perdamos tiempo y ustedes conozcan la zona antes de partir.

—Pero nos debemos regresar este fin de semana a Berlín. Tenemos asuntos que ver, lo sabes —Tom asintió con un suspiro.

—Mira allá vienen papá y el señor Frank —el de coleta rubia señaló hacia el otro extremo de la plaza —¿vamos a almorzar? Hay unos excelentes restoranes junto al lago.

—Sí, ya tengo hambre. Más tarde iremos a ver a tu otra madre —sonrió la mujer.

Tom sonrió, la abrazó y la besó en la frente —te quiero mamá, ¿crees que llueva?

—No lo sé, hijo. No conozco está región, ni su clima.

—Puede que llueva —señaló el chico resignado arriscando la nariz.

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—¿Vienes del hospital? —el joven asintió —¿estaba Tom allá?

Negó con su cabeza —no lo vi.

—¿Por qué no lo llamas?

El mago se subió de hombros —¿y qué lograría con eso? Presionarlo, y sentirme más ansioso yo.

—¿Dejarás que se vaya?

—¡Marie, no puedo tenerlo atado a mí! Yo lo amo —y las lágrimas rodaron por su mejillas —yo lo amo —dijo con voz temblorosa —pero no por eso puedo obligarlo a que se quede conmigo. Ya se lo he dicho de todas las formas que he podido. El amor no se obliga… lo siento, hoy estoy muy emocional.

—Él te ama —y el chico comenzó a caminar hacia su cuarto —estoy segura, él te ama Bill —el pelinegro batió una de sus manos en el aire sin volverse a la mujer y luego se desplomó sobre su cama boca abajo. Marie salió de la cabaña con su corazón apretado mientras escuchaba los sollozos del chico.

—Todo esto me parece muy cruel —Dark miraba a la mujer desde su caballo —no me gusta para nada… ya no tiene gracia.

—Hablas desde tus celos Michel.

—Yo lo amo sí, pero él nunca sería mío, lo supe desde siempre. Por eso te digo que no estoy celoso, no de la forma que crees. Sabía que Bill tenía una fijación por ese muchacho…. y por lo mismo no quiero que sufra. Bill no merece sufrir.

—No creo que Tom merezca sufrir tampoco.

—Eso es obvio, pero a veces creo que no lo ama lo suficiente, no como Bill lo ama.

—Pero a pesar de eso, cumplirás tu promesa y me vas a ayudar. —Dark suspiró y asintió. Movió las riendas del caballo y partió luego hacia el bosque sin decir nada más.

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Bill se había quedado dormido, y despertó de pronto sobresaltado. Miró el reloj sobre la mesita de noche, indicaba las seis de la tarde. Se dirigió al baño, sentía que la cabeza se le partiría y una ducha con agua fría le quitaría esa modorra, y el sudor del sueño.

Luego tomó su caballo y partió al pueblo…

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—¿Han visto a Bill? —Tom se giró para contemplar estupefacto al dueño de aquella voz.

—¿Y no se supone que tú deberías saber eso?

—Si vengo a preguntar es precisamente porque no sé. —el mago movió su cabeza de manera burlesca —¿O acaso te habías hecho ilusión de que yo anduviera buscando una excusa para poder ver tu linda carita?

—Eres muy desagradable, Dark, cuando quieres serlo de verdad. Yo que tú, mejor intentaría resolver aquello que me encomendaron, en vez de hacerte el listo aquí conmigo.

—Muérete.

—Gracias.

—De nada.

El mago salió de la mansión y subió a su caballo.

—¿Qué quería ese? —preguntó el castaño.

—Se le perdió Bill.

—¿Y lo dices así tan tranquilo?

—Lo que menos necesito ahora es preocuparme por él. Dark lo encontrará si está perdido. Además no tengo intenciones de verlo todavía —el castaño resopló ante las palabras de su amigo, pero Tom tenía razón —mejor sigamos en lo que estábamos Georg que si no, no alcanzaremos a hacer nada.

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Unas horas más tarde, en Schönau.

—Te ves muy bien —le dijo Marie regalándole un beso a su hijo adoptivo —no sé por qué lo hiciste, pero a Tom le va a gustar.

—Ni que lo hubiera hecho por él.

La mujer se puso a reír —¡Claro! ¿Cómo se me pudo ocurrir?

—¿Por qué has venido? Verte acá en el pueblo es… raro —Bill frunció su ceño.

—Te necesitamos Gran Maestre.

—Aún no he sido ordenado.

—Pero lo estarás, y aunque no sea formal todavía, eres nuestro Gran Maestre. Y hoy te necesitamos.

—Ok dime.

—Bueno, primero contarte que Dark ha andado como un loco buscándote, estaba histérico, sintiéndose inútil…

—Todo por no encontrarme —rió el mago.

—Jamás imaginó que estarías en un lugar como éste. Siempre fuiste… cómo decirlo… tan salvaje con tu aspecto, y ahora…

—Lo hago con la esperanza de darle confianza a la familia de él.

—¿Ves? Lo hiciste por él —Bill se rió rendido y asintió —te necesitamos mago, pero necesito que vayas a la cabaña ahora, saques tu capa blanca, tu espada…

—¿Mi capa blanca?

—¡No me hagas preguntas! Los Grandes Sacerdotes y fraters de la Orden te necesitan para una reunión importante que será cerca del monte St. Bartholome.

—¿En el círculo junto al lago Köningssee? —la mujer asintió —¿cuándo, hoy? —esta vez Marie lo miró en silencio. Bill bufó —yo tenía la esperanza de estar con Tom, no lo he visto… lo extraño.

—Si terminamos luego, podrás volver a la mansión y dormir en su cama como tanto deseas.

—Oye, haces que suene como si yo estuviera algo desesperado por estar en esas con Tom.

—¿Ah no?

Bill la miró con cara de ofendido —¡obvio que no! —Marie se iba a subir ya a su deportivo —en todo caso no entiendo por qué con capa blanca, podría usar la negra que no se ve de noche. ¡Marie!

—¡Apúrate muchacho que vas a llegar tarde! —Bill meneó la cabeza y se subió por fin a su caballo mientras veía el todoterreno de la mujer alejarse.

&

Había en el aire un sonido extraño, sin embargo éste no venía de algo físico, era el éter que se movía, que se insinuaba. El corazón del mago palpitaba fuerte, y aunque la noche oscura le hacía difícil avanzar con su caballo, el pensar en Tom le devolvía la alegría y la luminosidad que su alma buscaba.

La noche estaba húmeda, y esta vez sin luna no había esperanza de que al menos una tenue luz le diera claridad al bosque, así que llegó mucho después de lo esperado. Maldijo por lo bajo al no ver el deportivo de Marie. Había creído que ella le esperaría, pero por lo visto debería forzar su caballo un poco más. Les esperaba un largo camino por el bosque hasta llegar al punto de encuentro.

Bill entró a su cabaña y fue en busca de su capa y su espada. Eran casi las nueve de la noche ya, más una hora de camino. Sacando la cuenta, supo que con suerte estaría de regreso en la mansión cerca del amanecer. Cogió su espada y su capa blanca, se puso ambas, agregó a su indumentaria un par de guantes blancos y salió cerrando con candado.

—¿Necesitas compañía? —la voz venía de una silueta que apenas se distinguía entre las sombras de los árboles. El murmullo del respirar de su caballo y el movimiento de la capa del jinete, le permitió adivinar su ubicación.

—Dark ¿qué haces aquí? Yo pensé que estarías allá con los otros.

—No, he preferido irme contigo, así el camino no se hará tedioso.

—Y es más difícil que me arrepienta de ir estando contigo… me parece buena idea —Bill se subió a su caballo y miró hacia el cielo —está nublado ¿lloverá?

—Eso creo. —Bill volvió a mirar el cielo y las nubes se abrieron por un momento y el mago pudo ver algunas estrellas con sus constelaciones —¿has sabido algo de Tom?

Bill suspiró —no, y esperaba verlo ahora. Lo extraño mucho.

—Pues vayamos ya, y así regresarás luego.

La cabalgata comenzó por entre caminos indescifrables en medio de abetos y la oscuridad. Bill exhaló suavemente al recordar al quejoso novio que tenía, y la noche anterior con el aparente fiasco que había resultado junto a la pequeña fuente, pero la verdad es que cada instante juntos era un regalo para Bill. —¿Crees que hoy hablemos sobre mi ordenación?

—Es probable.

—Pero no puede ser hoy, porque no es Luna Azul.

—Es posible.

—Vamos Dark, ¿para qué más nos habrían citado a todos? Y a mí con la capa blanca.

—Sí, es verdad —el mago oscuro chasqueó su lengua —no se me ocurre otra cosa.

—A veces pienso que se han equivocado.

—¿Por qué?

—¡Dark! Soy demasiado joven. Podrían haber elegido a otro, uno mayor, que tenga toda la sabiduría y el conocimiento.

—Tú serás un perfecto Gran Maestre.

—¿Y si no acepto?

—Nos dejarás sin líder.

—¡Ay por favor! Hay otros con más capacidad para eso, incluso tú…

—¡Ni se te ocurra insinuarlo!

Bill resopló —al final seré elegido por descarte, porque nadie más quiere ese “tan grande honor”… —terminó diciendo con sarcasmo.

—Digamos que fuiste el premiado —y se rieron —en serio Bill, a nadie más se le podría ocurrir un mejor hombre para ese cargo. No existe alguien que pueda igualarte en honestidad, sabiduría, temple, coraje entre todos los magos que existen en la Orden.

—Gracias Michel.

—Y recuerda que tú pudiste enfrentarte a Storm, ¿quién más vivió para contarlo?

—Tom.

—Sí, tu Tom.

—Mi Tom —repitió el mago, saboreando las palabras, recordando todos los incontables detalles del chico de melena que lo hacían suyo. —Mi gemelo —dijo luego. Y continuaron su camino en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.

El aleteo suave de las hojas de los árboles que caían junto a ellos, sobre sus cabezas y capas le daba un aire melancólico a la noche. La humedad de la lluvia que se anunciaba desde las cumbres montañosas y el canturrear de la brisa soplando por entre las ramas y los árboles del bosque, elevando las capas de los magos y haciéndolas flamear cada cierto intervalo, provocaba una sensación extraña en el corazón de Phantom. Era nostalgia de Tom, era como estar sumido en un sueño donde el recuerdo de Tom fuera una imagen de otro sueño. Un sueño dentro de otro sueño, pensó. Así de lejano le parecía Tom ahora, y Bill no quería sentirse así. Aspiró con fuerza y dejó que el aroma de los abetos, los arces, y los fresnos le llenara las fosas nasales y sus pulmones. Nostalgia de Tom. A eso se resumía todo.

Al cabo de una hora de camino casi, los jinetes habían retomado la conversación, pero esta vez sin tocar temas importantes. Así que los comentarios habían estado ligados a hechos anecdóticos. Bill había agradecido este gesto de Dark, ya que le permitía bajar la ansiedad y el fastidio que le causaba estar lejos de Tom.

—Ya se ven las luces —dijo Dark entusiasmado.

—Vaya, esto te alegra bastante. ¿Ves? Yo digo que tú deberías ser el Gran Maestre.

—Se escucha mucha gente —continuó el mago ignorando a Bill.

—Por lo visto no estaremos sólo nosotros.

—Obvio, seremos tú, yo y Marie.

—Sí, qué gracioso —ironizó Bill.

El resplandor de la fogata iluminaba el cielo por sobre las copas de los árboles y a lo lejos se escuchaba el suave vaivén de las olas en el lago, más acá el murmullo de voces, y por el camino acercándose a ellos la luz suave de una antorcha al ritmo del paso de alguien. Bill se detuvo esperando a su anfitrión. Tenía la expectativa que fuera la persona que estaba esperando. Dark también bajó de su caballo y esperó.

Por entre los árboles apareció un hombre mayor, de cabellos canos y rostro amable. Era alto como Bill y delgado, vestía de negro y su capa era blanca como la del pelinegro. Junto a él venía el grandulón de Hamster que cargaba una antorcha. Cuando Bill los vio aparecer su cara se lleno de risa —¡Sommer! —exclamó y olvidando todo protocolo se abalanzó hacia el mayor quien extendió los brazos —¿cuándo llegaste?

—Hoy —y rió lleno de alegría —qué gusto de verte Phantom —y se abrazaron.

—¿Por qué no me avisaste? Nadie me dijo que…

—Es que estaban todos ocupados, y ha sido una hermosa coincidencia que llegara hoy…

Y Bill deshizo el abrazo sin perder la sonrisa —es una maravillosa sorpresa.

—Me alegro de verte bien y a salvo. Siento no haber estado contigo en los momentos duros que has pasado.

Bill meneó la cabeza sin terminar la sonrisa —no hablemos de eso. Mi vida es tan distinta ahora, en todos los aspectos posibles. No lamento nada. Cada cosa ocurre cuando debe suceder.

El viejo asintió dándole la razón —no hay más. Anda toma las riendas de tu caballo y sígueme —el hombre inclinó su cabeza en un saludo breve para Dark, sin abandonar la sonrisa. El muchacho le correspondió si acortar la distancia. Detalle que a Bill no se le pasó por alto. Supuestamente Dark se sentía tan cercano a Sommer como él mismo, ambos habían sido sus aprendices. Lo normal hubiera sido que Dark acudiera al encuentro con el viejo mago en medio de efusivos abrazos.

Sin hacer preguntas, Bill obedeció y tomó las riendas del animal, caminó detrás de Sommer y de Hámster. Los dos magos jóvenes intercambiaron una breve mirada y continuaron su marcha en silencio. Definitivamente aquello no era una reunión social. Todo en el aire destilaba a ritual normado y protocolizado, siguiendo una tradición tan antigua como la civilización humana, con conocimientos y tradiciones surgidas posiblemente en la antigua Sumeria. Mucho antes de que surgieran los egipcios. Demasiado antigua para la memoria humana.

Bill con su mano derecha sostenía las riendas, y su mano izquierda iba apoyada en la empuñadura de su espada. Aunque se sentía ansioso, siguió a su Maestro sin formular preguntas. Así había sido enseñado.

Los danzarines reflejos de las fogatas y de las antorchas bailaban en miles de sombras sobre las copas de los árboles. Los contornos difusos de figuras humanas se reflejaban en las ramas que reflectaban la luz rojiza proveniente de las llamas. Después de todo serían muchos más que él, Dark y Marie.

El bosque dio paso a la playa, apareciendo ante los ojos del chico el gran círculo junto al lago rodeado de antorchas, dentro de él había muchas personas vueltas hacia el centro, dando la espalda al exterior. Los tres magos se adelantaron mientras Bill ataba los caballos a cierta distancia. Luego siguió la senda hasta llegar al punto que señalaba al Este, que tal como indicaba la tradición, allí debía estar el portal para ingresar al círculo. Mientras avanzaba hasta ese lugar, Bill miró hacia el grupo de personas, mucho más numeroso de lo que pudiera predecir. Todos tenían capas, distinguía a algunos con capa clara pero todos con sus capuchas puestas eran irreconocibles. El pelinegro arregló su capucha y la ubicó con cuidado sobre su cabeza cubriéndola completamente. Alcanzó a divisar entre la gente una gran fogata puesta hacia el sur del círculo, y otra más pequeña hacia el centro. Había sendos arreglos florales. El círculo estaba rodeado no sólo por antorchas sino también por pequeños ramos de flores blancas colocadas sobre jarrones blancos, ubicadas justo detrás de las personas.

Cuando Bill llegó hasta el portal, Sommer lo estaba esperando. Divisó a Markus Frank que estaba ubicado entre la Torre Sur y la Torre Oeste, sin comprender qué hacía allí. Junto a él los padres de Tom, y en ese momento su corazón dio un vuelco en el pecho, sus ojos buscaron entre las luces rojas que daba el fuego y las sombras el rostro amado de su Tom. Sintió la emoción subirle desde el pecho hasta su garganta, sus ojos picaban, llenándose de una capa cristalina que le impedía fijar su vista. Contuvo su respiración y la emoción. Recorrió los rostros, todos conocidos. Georg, Gustav, Andreas, Alexa, Deva de los Bosques, Marie hacia el Norte. Bill se distrajo por un momento con un hermoso arco adornado con cintas blancas y flores del mismo tono que estaba ubicado hacia ese lado. Se parecía tanto…, y antes de poder siquiera pensar que aquel hermoso detalle se asemejaba demasiado al que pretendía usar unos días atrás, sus ojos se posaron en la persona que le miraba desde ese punto. Y allí estaba Tom con sus ojos llenos de esperanza observándole, Bill le sonrió. Tom se quitó su capucha dejando ver cientos de trenzas finas que caían sueltas desde la piel, cada una adornada con una pequeña piedrita blanca. A Bill se le escapó el aliento cuando al terminar de colocar la capucha sobre su espalda Tom le sonrió.

—Bill, entra al círculo —le dijo Sommer, y Bill dio el paso, pero incapaz de moverse más se quedó allí estático, esperando una señal de lo que debía hacer, el viejo mago presintiendo la turbación del pelinegro, dijo en un susurro —necesito que te acerques a Tom. Él desea hacerte una pregunta —el corazón de Bill dio saltitos en su pecho e intentó controlar los músculos de su cara, hacía esfuerzos para no reír ni llorar, sus emociones eran tan fuertes que cualquiera de esas dos acciones podría dominarlo en cualquier momento. Pero tenía miedo de parecer estúpido en una situación demasiado ceremoniosa. Así que dominando lo mejor que pudo su cuerpo, simplemente avanzó una vez más siguiendo la tradición, es decir en el sentido de las manecillas del reloj. En vez de ir directamente a Tom debió caminar por todo el círculo hacia el sur, luego hacia el Oeste, hasta llegar al Norte, donde estaba el de trenzas. Mientras avanzaba las sonrisas de todas las personas le daban fuerza para no desplomarse. Sentía que sus rodillas temblaban, sus manos estaban sudando, y la humedad de sus ojos acusaba las lágrimas que imploraban ser liberadas.

Cuando estuvo al frente de Tom no pudo hablar. Tom miró a Marie y a Sommer. Éste asintió con su cabeza, y Tom aspiró con fuerza conteniendo el aire, luego lo soltó y sonrió —Yo, yo quería saber… he sido a veces tan infantil, y me ha costado hacerme cargo de mis sentimientos, y aceptar las consecuencias que vienen de amarte tanto. No sé si ahora te parezco alguien confiable para ti, alguien en quien tú puedas creer. Yo te digo que sí, que puedes creerme. Estoy tan seguro de que existo y que respiro como estoy seguro de mi amor por ti —las lágrimas tibias comenzaron a correr por las mejillas de Bill —no llores mi amor que si tú lo haces yo también voy a llorar y no podré decir lo que quiero… —el pelinegro asintió y se secó las lágrimas —bien, ahora sé que no quiero, no puedo, no sé vivir sin ti, y sólo te pido que me dejes estar a tu lado perteneciéndote de todas las formas posibles que pueda hacerlo un ser humano a otro —Bill no pudo detener las lágrimas esta vez y con una sonrisa asintió incapaz de formular sonido y luego se mordió los labios —Bill ¿quieres casarte conmigo y perdonarme el hecho de haberte traído bajo engaño? —el mago se rió —no necesitas decirme que sí a las dos, me conformo con que digas sí a la primera.

Todos rieron y el mago tragó saliva intentando relajar su garganta, luego sin dejar de sonreír respondió con voz quejumbrosa —Tom, eres el amor de mi vida y sería el hombre más feliz… claro que quiero. Deseo con toda mi alma estar contigo.

—¿Quieres que nos casemos ahora?

—Sí. —rió Bill entre lágrimas.

Tom extendió su mano, el mago se sacó el guante y entrelazó sus dedos con los de Tom.

Sommer se ubicó delante de ellos, hacia un costado había una pequeña mesa dispuesta como altar.

—Bill ¿aceptas estar con este hombre hasta la próxima cosecha y renovar tus votos en el próximo Beltaine?

—Sí acepto.

—Tom ¿aceptas estar con este hombre hasta la próxima cosecha y renovar tus votos en el próximo Beltaine?

El de trenzas sonrió a Bill y luego dijo seguro —Sí acepto.

—¿Están conscientes que para el próximo Beltaine podrán decidir separar sus caminos si así lo desean?

—Sí —respondieron los dos jóvenes.

—Bien, esto le fue explicado a Tom y él entendió lo que dicta la tradición. Una cosa son las leyes del hombre, otra cosa es la promesa que se hace ante los Dioses ¿Están conscientes que si al llegar el próximo Beltaine y deciden permanecer juntos, pueden renovar su votos y promesas ante este mismo altar?

—Sí.

—Tom ¿tienes algo que decirle a Bill como parte de tus promesas?

El chico asintió, se giró hacia Bill sin soltar su mano, y le sonrió —te prometo Bill estar junto a ti en toda circunstancia. Prometo amarte y serte fiel. Prometo estar dispuesto a renovar estos votos en cada Beltaine hasta que sea viejo y arrugado— todos rieron — Prometo estar contigo toda mi vida.

Sommer le pasó una corona de flores a Bill —coloca esto en su cabeza como señal de alianza y pacto que están haciendo, como señal de que aceptas su promesa —el mago tomó la corona y la colocó sobre la cabeza de Tom. Bill pensó que jamás había visto tan bello a su amado. Sus ojos estaban húmedos y sus mejillas sonrosadas, podía ver todas las emociones en su mirada. Su amor era tan transparente.

—Bien, Bill. Ahora tú.

El pelinegro acarició la mejilla de Tom —Primero debo decirte que te amo, y que lo haré más allá de mi muerte. Prometo serte fiel, amarte, cuidarte, acompañarte en todas las circunstancias que nos ponga la vida, hasta mi último aliento. Prometo encontrarme aquí para el próximo Beltaine para renovar mis promesas, y hacerlo así hasta que sea un anciano.

—La corona para Bill —dijo Sommer y se la pasó a Tom.

Tom tomó la corona, mientras Bill se bajaba la capucha. Cuando Tom levantó sus ojos y vio a su amado sintió estremecerse completo y estuvo a punto de desmayarse, pero contuvo su respiración y realizando un gran esfuerzo pudo controlarse, pero sin poner la corona en la cabeza de Bill dijo en un hilillo de voz —te cortaste el cabello.

Bill se sintió triste. Al parecer a su esposo no le había gustado —¿No te agradó?

—No, no es eso. Me gusta y mucho. Te ves hermoso como siempre —Tom colocó la corona en la cabeza de Bill sintiendo su estómago apretado. No todo podía ser perfecto. Sintió que aquel sueño suyo se hacía cada vez más real y se odió por eso. Odió su don, preferiría estar ignorante de todo y no con ese sabor amargo que ahora tenía en la boca, con el miedo traspasando sus entrañas.

—¿Estás bien? —Bill advirtió el estremecimiento de Tom.

—Estoy bien cariño —y se besaron en medio de los aplausos de todos.

Sommer alzó una daga hacia el cielo, mientras Marie tomaba un cáliz —Como señal de esta alianza que rememora la continua cópula entre el Dios y la Diosa —el mago hundió la daga en el cáliz lleno de vino —los declaro esposos —Sommer tomó una cinta roja y entrelazó las manos de los nuevos esposos.

—Esta es otra señal de su unión. Beban —dijo Marie y les pasó el cáliz del cual bebieron.

—¡Bien! Que comience la música. —exclamó Sommer y las flautas junto a los tambores irrumpieron en el aire y todos comenzaron a hacer palmas —los recién casados deben sellar su pacto saltando la fogata. No la grande por supuesto —rieron todos —la más pequeña.

Los novios riendo y tomados de la mano corrieron hacia la fogata y la saltaron gritando todos luego de júbilo. La música siguió, y todo el mundo hacía palmas. Bill sin soltar la mano de Tom invitó a que todos se unieran de las manos, así que vino la madre de Tom y le tomó la suya, y así siguieron casi todos hasta hacer una fila larga. Bill guiaba el recorrido serpenteando, y luego pasado por debajo de los brazos de otros, formando figuras al compás de la música y de las palmas de algunos que no se unieron a la fila.

Dark repartió frutas y trozos de pan de trigo, junto con el vino. Todos compartieron felices.

Todos disfrutaban de ese momento de paz y alegría.

—¡Atención un momento! Acá tenemos al señor Peters. Uno de nuestros invitados. Él será el encargado de darle la legalidad requerida a esta unión conyugal. —Bill y Tom se acercaron felices al hombre que extendió un libro y comenzó a recitar los decretos Municipales que le daban la autoridad de ungir aquella unión con la legalidad que esperaban todos. Luego vinieron las firmas y los abrazos.

Una vez deshecho el círculo, todos partieron hacia un sector de la playa, donde habían sendas fuentes con distintas comidas. Sentados en la arena negruzca conversaban alegres.

Bill se sentó y Tom se acomodó entre sus piernas apegando su espalda al pecho del pelinegro, mientras éste acariciaba sus vientre con ternura —¿por qué te cortaste el cabello?

—¡Vaya! Parece que eso te ha conmocionado más que la propia boda.

—Si acaso crees que me molesta estás equivocado. De cualquier forma mi esposo se ve hermoso.

—Pero algo te perturba Tom.

—Es sólo un estúpido sueño.

—¿Soñaste hoy?

—No. Uno que tuve justo antes de partir hacia acá.

—¿Quieres contarlo?

Tom se giró y acercó sus labios a los de Bill. Era realmente una delicia poder besarlo después de tantas horas de privarse de ese placer, todo por organizar una boda express —no quiero contarlo ahora. Esta es una noche tan feliz. No quiero empañarla con cosas tristes.

Bill acarició los párpados de Tom quien suspiró —Si tú estás triste, yo no puedo estar feliz.

—Pero ahora soy feliz —y acomodó su rostro en el pecho de Bill —completamente feliz.

—¿Mañana me contarás?

—Mañana.

—¿Y la universidad?

—Estudiaré en horario extraordinario. No necesitaré estar allí todos los días. Es un programa especial para gente que trabaja y esas cosas.

—¿Y el ofrecimiento del señor Frederick?

—Lo rechacé… hoy —y miró su reloj que indicaban ya la una con quince minutos de la noche —ayer —corrigió —lo llamé y decliné su ofrecimiento. Le dije que me iba a casar, pero que no dejaría mis estudios. Él no estuvo muy feliz, pero me deseó a mí toda la felicidad del mundo, a mí y a la afortunada novia —y se pusieron a reír.

—¿Viviremos en mi cabaña o en tu mansión? —y Tom se echó a reír.

—Creo que me seguirá gustando repartirme entre las dos. Así tendremos a dónde ir cuando uno de los dos se enoje.

—Es demasiado perfecto todo esto —dijo Bill y a Tom se le encogió el corazón.

El de trenzas dudó por un instante y luego afirmó —todo perfecto —se quedaron en silencio un momento y Bill lo besó otra vez. El beso era cálido, suave y húmedo. Tom sintió un torbellino arremolinarse en su vientre. No podía amar más de lo que amaba —¿crees que lloverá?

—No, la lluvia se ha arrepentido.

—¡Uff! Temí todo el día que lloviera y echara a perder mis planes

Bill rió —¿Tuviste muchos problemas organizando la boda?

—De verdad, sin la ayuda de todos no habría podido hacer nada. Y ahora siento como puñaladas el dolor que debí causarte cuando te rechacé hace unos días…

—Shh, shh. Mi amor. Ya no importa. Ahora estamos juntos, para siempre —le interrumpió el mago y Tom sonrió dejando escapar un suspiro.

Horas más tarde cuando los asistentes a la boda ya habían comenzado a marcharse, la pareja de enamorados seguía abrazada, esperando el amanecer.

Los rayos dorados se asomaron por entre las cimas de las montañas, intensificando el azul del cielo y el azul del lago, que seguía en su incesante vaivén. Las nubes que aún permanecían pegadas a los picos de las montañas se tornaban rojizas y luego amarillas y doradas. Los dos enamorados conversaban de todo, de lo que harían, de sus planes y sus sueños, y siguieron allí frente al lago hasta que el sol apareció en toda su majestuosidad.

Desde una quebrada, de cara a la playa, un hombre los miraba, escondido entre los árboles.

FIN

Nunca se escribió la segunda temporada. Lo siento.

por administrador

Publico con autorización del autor

2 comentario en “Waiting for you 34. Parte 3”

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