Jóvenes Rebeldes 7

Fanfic TWC / TOLL de lyra

Capítulo 7

La noticia corrió como la pólvora, Jörg y Simone Kaulitz habían tenido un accidente de coche cuando se dirigían a Hillerska a visitar a su único hijo que cursaba allí sus estudios. Simone había salido ilesa con algún que otro rasguño, pero Jörg se había llevado la peor parte. Estaba en coma con un traumatismo grave, si recobraba la consciencia en los próximos días podría salir adelante aunque quizás nunca volvería a caminar.

En su casa, Bill veía las noticias con el corazón encogido. Salían imágenes de archivo de la familia, y también de Thomas. En una de ellas se le veía entrando en el hospital a ver a su padres, roto de dolor cubriendo sus ojos tras unas gafas de sol. Le había mandado varios mensajes de ánimo, sabía que no estaba en condiciones de responderle pero quería que supiera que estaba allí para lo que le necesitara.

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Una semana después Thomas regresaba a Hillerska, por suerte su padre había salido del coma y solo quedaba recuperarse en casa. Allí estaría en las manos de los mejores médicos en su rehabilitación, estaban covencidos que con esfuerzo volvería a caminar.

La noche antes de regresar al internado, Jörg había hablado firmemente con su hijo.

—Tienes que estudiar ahora más que nunca—había dicho Jörg—Yo ahora no puedo hacerme cargo de la empresa, delegaré en David hasta que termines tus estudios y puedas ser tú quien la gestiones. Sabes lo importante que es para mi, ha pasado de generación en generación y con el paso de los años serán tus hijos quienes la hereden. Ahora más que nunca todas las miradas estarán centradas en ti. Tu comportamiento debe ser modélico Thomas, no puedes cometer más errores.

Lo último que quería Tom en esos momentos era darle otro disgusto a su padre, sabía que solo había una cosa que hacer nada más llegar a Hillerska.

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Su primer día de clase fue como un zombie a ella, no podía dejar de pensar en lo cerca que había estado de perder a sus dos padres. Por suerte los tenía de nuevo a su lado, y ese accidente le había servido para abrir los ojos. No era ya un niño, tenía que afrontar su destino.

Esa tarde después de comer fue a la biblioteca. No había pasado por alto las suplicantes miradas de Bill. Tenían que hablar, y aunque en la biblioteca era algo complicado, estaba poco transitada a esas horas.

Buscó una mesa de estudio alejada y allí esperó a que Bill se reuniera con él.

Minutos después, Bill se sentaba a su lado.

— ¿Cómo estás?—preguntó, sin atrever a coger su mano.

—Estoy bien—contestó Tom con la mirada fija en la ventana.

Bill se moría de ganas por abrazarle, pero podían ser vistos y además notaba muy tenso a Tom.

— ¿Recibiste mis mensajes?—quiso saber, aunque sabía de sobra que sí.

—Si, siento mucho no haberlos contestado—murmuró Tom bajando la mirada—Lo iba a hacer pero…

—Lo entiendo, tranquilo—susurró Bill sonriendo.

—Quiero que borres todos nuestros mensajes—dijo con firmeza Tom

— ¿Qué?—susurró Bill sin entender.

Tom se puso en pie, siendo la primera vez que le miraba fijamente a los ojos.

—Ya no puedo seguir con esto—dijo muy serio.

Pasó por su lado y salió de la biblioteca, sentía mucho dejar a Bill en ese estado. Pero era lo mejor para ambos, su relación no iba a ningún lado. ¿Qué futuro iban a tener viéndose a escondidas el resto de sus vidas?

El tenía obligaciones, tenía que ser un hijo ejemplar y mostrarse impoluto allá donde fuera. Y con un novio a su lado, lo único que iba a llevar a su familia sería la vergüenza.

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Los días pasaron y Tom se concentró en sus estudios. Y no solo los de Hillerska, tras sus clases David le ponía al día de las actividades y reuniones que habían tenido en la empresa. Cuando el trabajo se lo permitía acudía en persona a Hillerska para que Tom revisara y firmara algunos documentos, familiarizándose así con el trabajo que iba a tener que hacer él solo algún día.

Los fines de semana que podía iba a casa a ver a sus padres. Le habían disculpado de sus tareas en el internado para que pudiera pasar más tiempo con su familia ahora que tanto lo necesitaban.

Jörg estaba muy orgulloso del cambio que había experimentado, muy aplicado como siempre en sus estudios y según le iba contando David el interés de su hijo por la empresa iba en aumento y no podía estar más satisfecho de las decisiones que iba tomando ya sin que David tuviera que explicárselas.

Y cuando tuvo las fuerzas necesarias para dejarse ver en público, Jörg en persona fue a Hillerska a visitar a su hijo. El director había tenido el detalle de cambiarle la habitación por otra un poco más amplia para él solo y en la planta baja, para que a Jörg le resultara más fácil poder visitar a su hijo en su silla de ruedas.

Y mientras Bill se consumía por la pena. Era muy doloroso verle cada día sin poder dedicarse una mirada o sonrisa. Cada vez que sus caminos se cruzaban Thomas desviaba la mirada como si no existiera, como si lo que habían compartido hubiera sido solo un mal sueño destinado al olvido.

Y sus notas se resintieron, sin la ayuda de Thomas y por la situación que estaba pasando bajaron lo justo para que le llamaran la atención.

—Ibas por buen camino Bill, no sé que te pasa—dijo Nolan muy serio.

Sentado en su despacho Bill no sabía qué excusa darle.

—Todavía siguen siendo buenas, pero aquí en Hillerska las queremos excelentes—exigió Nolan—Y tú puedes conseguirlo, no tires a la basura todo lo que has conseguido. Trabaja duro, con un poco más de esfuerzo sé que podrás lograrlo.

Bill se le quedó mirando sin saber qué decir, sus palabras eran de ánimo y jamás se lo habría esperado. Para un alumno becado, sin más dinero que el justo que llegaba a casa que el director de Hillerska le dedicara esas palabras le hacía pensar que en el fondo se preocupaba de todos sus alumnos por igual.

— ¿Me prometes que tus próximas notas serán mejores?—preguntó Nolan sonriéndole por primera vez.

—Lo prometo—dijo Bill con firmeza—Siento mucho haberme relajado, no volverá a pasar.

—Eso quería oír—dijo sonriendo Nolan—Ahora vuelve a tus estudios, sabes que la biblioteca de Hillerska está abierta a todos y puedes pasar todo el tiempo que necesites en ella. Y todos los profesores estamos a tu disposición, si necesitas alguna clase extra se puede hablar.

Bill asintió con la cabeza, aunque no sabía si su padre podía permitirse el lujo de pagarle clases de repaso.

Salió del despacho mucho más animado, fue en busca de Alex que había dejado ayudando en cocina tras la comida. Iba a entrar cuando se quedó quieto, una vez más parecía discutir con Andreas.

—Sé que para ti sólo es calderilla, pero necesito el dinero que me sigues debiendo—dijo con firmeza Alex.

—Mira, te voy a ser sincero—murmuró con cansancio Andreas—Ahora mismo no puedo pagarte, tengo unas acciones que voy a vender pero no puedo hasta final de mes. Dame ese tiempo, solo dos semanas y puedo pagarte el doble.

— ¿El doble?—repitió Alex sin entender.

—Sí, si me haces un pequeño favor—explicó en voz baja Andreas.

— ¿Qué clase de favor?—preguntó Alex.

—Verás, necesito mi medicación—empezó a decir Andreas—Tengo TDAH, no me avergüenza admitirlo y últimamente he necesitado más medicación de lo normal y me estoy quedando sin ella.

— ¿Quieres que vaya a la farmacia del pueblo por ti?—preguntó Alex, pensando que le daba vergüenza que se supiera en el internado.

—No, no es eso…No tengo receta y no puedo pedirle otra a mi médico hasta el próximo mes—explicó Andreas—Tengo un contacto que me la puede conseguir sin hacer preguntas. Pero tendría que ir al pueblo a recogerla y no voy a poder, si tú me hicieras este pequeño favor yo te estaría muy agradecido…

Alex se le quedó mirando sin saber que hacer, por un lado el dinero extra le vendría bien. Pero por otro, no era idiota. Esa medicación que le pedía Andreas sin receta era ilegal, y si le pillaban en Hillerska las consecuencias podían ser ya no solo la expulsión inmediata, sería denunciado a la policía.

—No te va a pasar nada, es todo muy seguro—insistió Andreas al ver sus dudas—Lo llevo haciendo desde el año pasado y nunca me han pillado, pero mi contacto solo puede quedar el viernes y ese día me es imposible acercarme al pueblo. Y te juro que te pagaré el doble de lo que te debo, y si hacemos otra fiesta date por invitado.

Alex resopló y asintió con la cabeza, esperando no meterse en ningún problema por culpa de Andreas.

—Perfecto, tienes que ir a la salida del pueblo—explicó Andreas—El viernes a las 9, en la parada del autobús. Le diré que mando un amigo, tú dile que vas de mi parte.

Y una vez solucionado el problema, Andreas salió de la cocina. Bill se había escondido tras unas mesas, no quería que supiera que había estado escuchando aunque la verdad era que hablaban en voz bajas y no se había enterado de nada. Pero sabía que Alex se lo contaría en cuanto le preguntara.

— ¿Qué quería Andreas?—preguntó entrando en la cocina.

—Nada, me estaba pidiendo que limpiara bien los platos—murmuró Alex, con la primera excusa tonta que se le vino a la cabeza.

—Pues parecía que estabais discutiendo—insistió Bill.

—Porque no tiene por qué meterse en mi trabajo—dijo Alex con rabia—Si quiere los platos más limpios, que los friegue él. Le gusta mucho dar órdenes.

Ahí Bill tuvo que darle la razón, normal que Alex se hubiera alterado si Andreas entraba solo para molestarle.

— ¿Y tú qué tal con Nolan?—preguntó Alex, cambiando de tema.

—Mejor de lo que me lo esperaba, la verdad—contestó Bill sonriendo—Me ha echado una regañina por mis notas y luego me ha dado ánimos. Confía en mi y gracias a sus palabras voy a dejar a un lado mis problemas y centrarme en los estudios. Hasta me ha dado permiso para que use la biblioteca siempre que quiera tras las clases, hasta me ha recomendado clases de repaso.

—Son muy caras, tu padre no va a poder pagarlas—comentó con sinceridad Alex.

—Lo sé, pero si le explico que el mismo director de Hillerska me lo ha sugerido porque confía en mis posibilidades, estoy seguro de que podremos hacer un esfuerzo—dijo con firmeza Bill—Es lo que quiere mi padre, que sea alguien en la vida y no podrá negarse.

Y él también pondría de su parte, quizás buscando un trabajo para su escaso tiempo libre. Pagaría de su bolsillo sus estudios si fuera necesario, no había tenido la suerte de nacer en el seno de una familia donde su única preocupación era en qué gastarse su inmensa fortuna.

Pero él no necesitaba dinero para ser feliz, ni amor…No necesitaba a Thomas para que su vida fuera completa…

&

Esa semana se aplicó más que nunca en sus estudios, tras las clases se quedaba estudiando en la biblioteca hasta casi la noche. Nadie le puso pega alguna al verle a deshoras en el internado, incluso en alguna ocasión uno de sus profesores le fue a echar una mano con unas dudas que le surgieron.

Fruto de ellos fue el sobresaliente que sacó en uno de sus exámenes cuando antes no pasaba de un bien. Fue felicitado por el profesor delante de toda la clase y Bill sonreía orgullos de su logro, viendo de reojo como Thomas mantenía la mirada clavada en la pizarra. ¿No podía alegrarse de que le fueran las cosas bien?

El viernes se quedó hasta las 9 estudiando, cuando salió del internado estaba lloviendo y corrió a la parada del autobús. Había quedado con Clarisse que pasaría a recogerlo en media hora y aprovechó el tiempo que tenía que esperar estudiando. Sacó sus apuntes y tan concentrados estaba en ellos que no vio el coche que paraba y bajaba la ventanilla.

— ¿Quieres que te lleve a casa?

Alzó la mirada de sus apuntes, encontrándose con la de Tom Sentado en una elegante limusina negra, una vez más le restregaban por la cara que era lo más cerca que él iba a estar de un lujo así.

—No gracias—murmuró Bill volviendo a centrarse en sus apuntes.

—Es muy tarde, y está lloviendo—insistió Tom.

—Clarisse viene a recogerme en media hora—insistió a su vez Bill.

Sintió que le sonaba el móvil y se apresuró a cogerlo, leyendo un mensaje de Clarisse.

«Bill, lo siento mucho. Voy a retrasarme, tengo problemas en el trabajo. Quizás una hora, no sé…de verdad, lo siento mucho»

«No pasa nada, te espero estudiando en la parada»—contestó Bill resoplando.

— ¿Problemas?—preguntó Tom.

—Se va a retrasar—contestó Bill suspirando.

—No seas cabezota, sube al coche—insistió de nuevo Tom—Así llegarás a casa y podrá seguir estudiando más cómodamente.

Bill aceptó a regañadientes, le mandó un mensaje a Clarisse explicando que le llevaba un compañero a casa y guardando los apuntes en su mochila entró en la limusina. El chófer arrancó de nuevo y Bill se acomodó en el asiento, echando una mirada. Nunca antes había estado en un coche así, con sus asientos de cuero blanco y un minibar del que Tom le invitó a que cogiera algo.

—Gracias—dijo Bill aceptando un bombón.

Se lo metió en la boca y entonces reparó en la ropa de Tom. Vestía un smoking negro, y se había echado perfume.

—Vas muy elegante—no pudo evitar comentar.

—Tengo una cena de gala—explicó por encima Tom—No he podido negarme, mi padre estaba invitado hacía semanas y voy en su lugar.

Nombrar a su padre le hizo recordar a Bill que no sabía nada de su estado, nada que no hubiera salido en las noticias.

— ¿Qué tal está?—preguntó con mucho interés.

—Mejor, pero todavía va a necesitar mucho tiempo—explicó suspirando Tom—Hace todos los días rehabilitación en casa, y le va muy bien. Ya ha logrado mantenerse en pie y lo siguiente será dar pequeños pasos.

—Me alegro mucho Tom—dijo Bill.

—Y mientras yo he tomado las riendas de la empresa—siguió diciendo Tom—Es más trabajo de lo que me pensaba, no sé como mi padre ha podido hacerlo él solo.

—Tú también podrás, es cuestión de tiempo—le animó Bill sonriendo.

—Y mucho esfuerzo—apuntó Tom devolviéndole la sonrisa—Como el que tú estás haciendo. No te lo he dicho antes, pero felicidades por tu último examen.

—Gracias—susurró Bill sintiendo que se sonrojaba.

—Siento mucho haberte dejado colgado, dije que te iba a ayudar con lo que necesitaras y me he portado como un cabrón—soltó de repente Tom.

—Tienes muchas cosas en la cabeza Tom, el accidente de tus padres y ahora hacerte cargo de la empresa—dijo Bill quitándole importancia—No tienes que disculparte de nada, entiendo como te sientes.

—Dije que podíamos seguir siendo amigos—murmuró Tom sorprendiéndole por su confesión—Pero la verdad es que no puedo estar cerca de ti sin recordarlo todo. Y echarlo de menos, pero…no puede ser. No en estos momentos. Por eso actúo en clase como si no existieras, así se me hace más fácil aunque para ti sea más doloroso.

Bill se quedó en silencio sin saber qué decir, había empezado a superarlo todo y esos minutos a solas con Tom y tan cerca de él escuchando sus palabras le daban de nuevo esperanzas.

Entraron en el pueblo y el chófer bajó el cristal que los separaba, ajeno del todo a la conversación que habían mantenido.

— ¿Cuál es la dirección, señor Kaulitz?—preguntó con educación.

Bill se la dio y minutos después la limusina aparcó delante del jardín de su casa. El chófer salió y rodeó el coche, abriéndole la puerta.

—Gracias por traerme—dijo Bill quitándose el cinturón de seguridad.

—Gracias a ti por escucharme—susurró Tom.

Bill salió del coche y se quedó observando hasta que arrancó de nuevo desapareciendo de su vista. Entró en casa y se fue a la habitación, no podía evitar sonreír por el camino. Había tenido un acercamiento con Tom, le había confesado que le echaba de menos. Quizás, con el tiempo se daría cuenta de que lo suyo si podía tener futuro.

Y con esa idea en la cabeza se fue a dormir. A la mañana siguiente desayunaba viendo la tele, donde la cena de gala de la noche anterior fue noticia de primera plana. Y ahí estaba Tom, más elegante y sexy que nunca. Posaba ante las cámaras con una amplia sonrisa…y de la mano llevaba una morena con un vestido muy elegante, que sin dejar de mirar a las cámaras se acercó a Tom y besó con suavidad su mejilla.

Bill sintió que el mundo se le abría a sus pies, todas sus ilusiones se habían vuelto a esfumar. Una vez más, Tom le había dado esperanzas para luego volver a aplastarlas sin importarle que él sintiera su corazón latir con fuerza en su pecho…

Continuará…

*la conversación en la biblioteca, Tom rompiendo de nuevo con Bill, está sacada de la serie.

por lyra

Escritora del fandom

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