Fanfic TWC / TOLL de lyra
«Jóvenes Rebeldes: 2 Temporada»
Capítulo 8
No tuvo que esperar mucho, dos días después tuvo una respuesta.
—Mi padre me deja ir—le contó un emocionado Bill.
Tom no pudo contenerse y le besó en los labios para celebrarlo. Se encontraban dando un paseo tras las clases por los jardines de Hillerska, algunos alumnos paseaban también por allí pero ya nadie se escandalizaba por verlos paseando cogidos de la mano o dándose un beso. Ya se habían acostumbrado a alguna que otra muestra de cariño en publico.
Eran la pareja de moda de Hillerska, y poco a poco todos los que les había criticado dejaron a un lado sus prejuicios y cambiaron su actitud con ellos. Dejaron de ser los raros de la clase para convertirse en 2 compañeros más.
Habían formado un pequeño grupo de amigos, y los fines de semana solían salir de Hillerska a dar una vuelta por el pueblo o tomar algo en la única cafetería decente que había.
Gordon trabajaba en ella y pudo comprobar como su hijo era feliz al lado de Tom. También que había hecho amigos nuevos y con ellos clientes fijos para el negocio. Con el tiempo el local se era sitio de reunión para los alumnos de Hillerska, llegando incluso a usarlo para celebrar algún que otro cumpleaños.
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Llegadas las vacaciones de Pascua y tras unos interminables exámenes Tom hacía la maleta con una amplia sonrisa en los labios. La mayoría de sus compañeros se iban también a sus casa o de viaje.
Se despidió de ellos y maleta en mano salió de Hillerska. Subió al coche y fue a recoger a Bill a su casa.
—No tienes por qué estar nervioso—dijo Tom emprendiendo el viaje a su casa—Mis padres no te van a comer.
Pero Bill no podía evitar estarlo. Más sabiendo que Tom vivía en una mansión que era el triple de su modesta casa. Por no hablar de sus ropas, elegantes y de marca. No había querido quedarse atrás y tras saber que pasaría unos días en su casa había estado mirando por Internet unos conjuntos para al menos los dos primeros días que compartiría con los padres.
No querían que vieran que al lado de su hijo vestía como un harapiento.
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Disfrutó mucho del viaje, Tom le iba contando por los pueblos que iban pasando parando a tomar un apertitivo en uno de ellos. Cuando quisieron llegar era casi la hora de comer. Por el camino Bill no pudo evitar pensar que se hallaba fuera de lugar. Tomaron un camino que les llevó a un elegante barrio residencial parecido a los que salían en algunas películas.
Constaba de una calle principal y a ambos lados de ellas se alzaban majestuosas mansiones con jardines bien cuidados. A Bill le recordaba mucho a Bel-Air, un barrio residencial lujoso de Los Ángeles.
Recorrieron un buen tramo y entonces Tom giró a la derecha. Bill se quedó observando la mansión que tenía ante sus ojos, de piedra blanca y amplios ventanales oscuros. Era impresionante, constaba de 3 plantas y por lo que Tom le había estado contando por el camino contaba con una piscina cubierta y gimnasio incluso. No habían escatimado en lujos o detalles.
Tom aparcó delante de la puerta y al momento salió el mayordomo a recibirlos. Salió del coche y corrió a abrirle a Bill al puerta. Le tendió la mano, notando que la suya temblaba un poco.
—Tranquilo—susurró Tom sonriéndole—No dejaré que te pase nada.
Bill cogió aire y esbozó con esfuerzo una sonrisa.
—Bienvenido, señorito Thomas. ¿Ha tenido buen viaje?
—Ha sido perfecto, gracias Robert—dijo Tom con educación— ¿Están mis padres ya en el comedor?
Robert asintió y como buen mayordomo se encargó del equipaje y guardar el coche en el garaje.
Tom entró en la casa de la mano de Bill y le ayudó a quitarse el abrigo, que dejó junto con el suyo en un armario que había en el vestíbulo. Le cogió de nuevo de la mano y sonriendo le llevó a conocer a sus padres. Recorrieron el amplio vestíbulo y giraron a la derecha donde tras unas puertas correderas estaba el comedor.
Antes de abrirlas Tom llamó por educación. Esperó hasta que su madre le dio permiso para entrar y entonces abrió las puertas.
— ¡Thomas!—exclamó Simone levantándose.
Fue a su encuentro con los brazos abiertos y Tom le dio un fuerte abrazo.
—Pensé que llegaríais antes—comentó Simone sonriendo a Bill—Encantada de verte de nuevo.
—Lo mismo digo, señora Kaulitz—dijo Bill con timidez.
—Llámame Simone cariño—pidió Simone sin perder la sonrisa—Debéis estar hambrientos. Nora ha hecho tu plato favorito Thomas.
—Siento mucho el retraso, paramos a tomar un aperitivo de camino—explicó Tom cogiendo de nuevo la mano de Bill.
Se acercaron a la mesa y solo entonces se levantó Jörg con cierta dificultad.
—Papá, te presento a Bill—dijo Tom mirando a su padre.
Jörg había estado muy serio mientras su mujer recibía a su hijo e invitado, estudiándole de arriba abajo. No podía negar que el aspecto de Bill no era como se lo había imaginado, solo le había visto en aquel maldito video y no se apreciaba su cara tan bien. Tuvo que admitir que era muy atractivo, normal que se hubiera fijado en él su hijo.
—Jörg Kaulitz—se presentó tendiendo su mano—Encantado de conocerte Bill.
—Lo mismo digo, señor—dijo Bill estrechando su mano.
—Sentaos, que se enfría la comida—pidió Jörg apoyándose en la mesa.
Tom vio el gesto y corrió a ayudarle, recibiendo una sonrisa de su padre.
— ¿Estás en condiciones de viajar?—preguntó Tom en voz baja.
—Si, es por el frío que se me agarra a los huesos—explicó Jörg—Ya me he tomado la medicación, pero todavía no me ha hecho efecto.
Tom ocupó su asiento al lado de Bill y pudieron disfrutar de una agradable velada. Era más Simone quien hablaba, pero Bill comprendía que el padre de Tom no se encontraba bien y por eso estaba callado y serio.
Tras la comida Tom acompañó a su padre para que descansara y Simone se quedó a solas con Bill tomando un té con un trozo de tarta de manzanas en uno de los salones que había.
—Nora es una excelente cocinera—explicó Simone—La tarta la ha hecho ella, y ya tiene las comidas organizadas para estos días. Espero que te gusten los dulces, sus postres son su especialidad.
—Mucho, gracias—dijo Bill sonriendo.
Había probado la tarta y tenía que admitir que era deliciosa.
—Quiero aprovechar que estemos a solas para pedirte perdón por mi comportamiento—soltó Simone de repente—Por obligar a mi hijo a desmentir que no era quien aparecía en el video. En esos momentos, no sabía por lo que había pasado tratando de aceptar su sexualidad, yo solo veía un escándalo más que salpicaba nuestra familia y no lo podía permitir estando mi marido en su estado.
—Lo comprendo—dijo Bill con sinceridad—Y no tiene por qué disculparse, en esos momentos nadie sabía cómo actuar.
—Te pediría perdón también en nombre de mi sobrino, pero no puedo hablar por él—dijo suspirando Simone—Es él quien te lo tiene que pedir en persona.
—Andreas no se rebajará a disculparse—se le escapó a Bill sin querer—Lo siento, no quise decirlo.
—No tienes por qué disculparte, mi sobrino es muy difícil de tratar a veces—murmuró Simone dándole la razón.
Tomó un sorbo de su té, notando que Bill estaba aún algo nervioso por encontrarse con ella a solas. Decidió cambiar de tema, preguntarle como le iba en Hillerska aunque por boca de Tom sabía que sus notas habían subido gracias a su ayuda.
—Thomas me ha comentado que cantas en el coro de Hillerska—empezó a decir Simone.
Bill asintió con la cabeza al tiempo que sonreía.
—Y que eres uno de los solistas—siguio diciendo Simone—Quisiera poder escucharte algún día.
—Ahora me sería imposible entonar una nota, ando algo resfriado—murmuró Bill carraspeando—Debo cuidar mi voz.
—Claro, es importante—dijo Simone sonriendo— ¿De dónde viene tu afición al canto? ¿De alguno de tus padre quizás?
Bill no pudo evitar sonrojarse, era algo que nunca le había contado a nadie. Ni siquiera a Tom.
—Lo he heredado de mi madre—confesó en voz baja—Yo apenas la recuerdo, pero mi padre me ha contado que tenía una voz muy bonita casi como la mía, y que de bebé me dormía cantándome nanas.
—Debes echarla mucho de menos—dijo Simone, sintiendo mucha pena por él en esos momentos.
Bill asintió con la cabeza, era normal que hubiera querido saber de él y preguntado a Tom sobre su familia. Le habría contado que perdió a su madre en un accidente de coche y Simone aunque lo supiera no se le preguntaría directamente para que no se pusiera triste.
Aunque mencionar a su madre ya hacía que los ojos se le llenasen de lágrimas.
—Gracias a mi voz logré una beca para Hillerska—comentó Bill carraspeando de nuevo.
—Estoy segura que con tus notas, el próximo año te la renuevan—dijo Simone asintiendo con la cabeza—Tom me ha contado que sois de los mejores alumnos de vuestra clase.
—Gracias a él, le debo mucho—confesó Bill sonriendo—Incluso le superé en un examen de matemáticas, se ha picado y dice que no va a parar hasta superar mi nota.
Simone sonrió al escucharlo, nunca había tenido problemas con que su hijo estudiara. Desde niño había sido muy aplicado en sus estudios y además tenía un gran corazón, desde el primer día se fijó en Bill no solo por lo evidente. Vio que era alguien con talento y le echó una mano encantado para que sus notas mejorasen.
Siguieron conversando animadamente y tomando otro trozo de tarta y Tom se reunió con ellos, sonriendo al verlos tan cordiales.
—Coge un trozo de tarta Thomas—pidió Simone—Siempre que estás en casa Nora se esmera en hacer tus platos favoritos, postre incluido.
Tom obedeció a su madre y se sentó al lado de Bill, saboreando la tarta de Nora.
—Nora debería ir a Hillerska, la comida de allí deja mucho que desear—comentó Tom intercambiando una mirada con Bill.
—Con postres como este enseguida se nos quedaría la ropa pequeña—dijo Bill entre risas.
Tom sonrió, levantando una mano con naturalidad y recogiendo de su barbilla una miga de tarta que se llevó a su boca como si nada.
Simone advirtió ese gesto, viendo como Bill se ruborizaba y Tom simplemente se pasaba la lengua por los labios sonriendo. Se les veía muy enamorados, y a Bill algo cortado por su presencia.
—Si me disculpáis, subiré a ver que tu padre no necesita nada—dijo Simone poniéndose en pie—Vosotros terminad la tarta y luego id a descansar hasta la hora de la cena. Seguro que estáis cansados por el viaje.
Salió del salón y dejó a la pareja a solas.
—Has echado a tu madre—comentó Bill en voz baja.
—Vamos Bill, solo ha sido una caricia—murmuró Tom siguiendo comiendo como si nada.
—Pero le has hecho sentir incómoda y querer irse para que estemos a solas—siguió Bill con su regañina.
—No pasa nada, tranquilo—dijo Tom tendiéndole un trozo de tarta—Mi madre no se ha ofendido, solo ha visto cuánto nos queremos. No va a poner el grito en el cielo porque te haya acariciado la barbilla.
Bill resopló, era imposible hacerle entrar en razón. Separó los labios dispuesto a comerse el trozo de tarta que Tom le ofrecía. Pero cuando fue a cogerlo Tom movió la mano haciendo que varias migas resbalasen por su barbilla.
Entonces se movió con rapidez, apoderándose de los labios de Bill y recogiendo con su lengua las dichosas migas.
— ¡Tom!—susurró Bill procurando no gritar.
—Ves, así sí se hubiera ofendido mi madre—dijo Tom entre risas—Da gracias que no lo he hecho delante de ella. Una cosa es que nos vea darnos algún beso que otro, y otra que me apodere salvajemente de tus labios sobre el sofá.
—Eres incorregible—murmuró Bill entre risas—Mira, me has manchado de tarta la camisa.
Tom sonrió al verlo, se le había resbalado el trozo de las manos cuando se lanzó a besarle y una mancha de almíbar había caído en la camisa de Bill.
—Vamos, te acompaño a que te cambies—dijo Tom poniéndose en pie.
Recogió el trozo de tarta y lo dejó sobre uno de los platos, viendo como Bill también se había levantado y empezaba a recoger de la mesa las tazas y platos usados.
—Bill, eso es trabajo de Nora—murmuró Tom carraspeando.
Bill soltó lo que tenía en las manos y no pudo evitar ruborizarse.
—Lo siento, es la costumbre—se disculpó en un susurro.
—No tienes que disculparte, no ha pasado nada—dijo Tom con firmeza—Vamos, que tienes que cambiarte.
Le tendió la mano y Bill se cogió de ella. Salieron del salón y subieron por unas escaleras de mármol blanco que daban a la segunda planta.
— ¿Quieres que te enseñe la casa?—dijo Tom parándose ante una puerta— ¿Empezamos por mi habitación?
Abrió la puerta y le dejó pasar primero. Una vez más Bill se quedó sin aliento al ver lo grande y lujosa que era. Tenía incluso una chimenea de piedra a los pies de la gran cama matrimonial que había en medio de la estancia. El fuego ardía en ella y sentía un agradable calor.
Se fijó entonces en que su maleta estaba colocada a los pies de la cama al lado de la de Tom. Eso solo quería decir una cosa…
—Creía que dormiría en una habitación de invitados o algo así—no pudo evitar comentar.
— ¿Y perderme la oportunidad de dormir cada noche abrazado a tu cuerpo?—preguntó Tom negando con la cabeza.
—Pero… ¿no se ofenderán tus padres?—insistió Bill—Ya viste como se puso mi padre al pensar que habíamos compartido mi cama ese día.
—Ha sido idea de mi madre, en serio—dijo Tom sonriendo—Dijo que es lo que suelen hacer todas las parejas, que no se iba a escandalizar sabiendo que íbamos a compartir la misma cama días después en su ausencia. Además, que estarías más cómodo conmigo…y yo también lo pienso…
Mientras hablaba se le había acercado y abrazado por la espalda repitiendo el mismo gesto que aquella vez que Bill le enseñó su habitación. Le besó con suavidad en el cuello sintiéndole estremecerse en sus brazos.
— ¿Quieres comprobar si la cama es de tu agrado?—susurró Tom en su oído.
—No pienso hacer nada con tus padres en casa—dijo Bill con firmeza—No me sentiría cómodo.
Tom suspiró sin dejar de besar su piel, le gustaba sentir las reacciones que le provocaban. Bill se dejaba besar inclinando la cabeza a un lado para darle mejor acceso a su cuello, soltando pequeños gemidos y llevando una mano a su mejilla para acariciársela con ternura.
—Entonces…¿qué quieres hacer?—preguntó Tom dándole un último beso— ¿Estudiamos un poco?
Bill soltó una carcajada como respuesta. Era verdad que les habían mandado deberes para esas vacaciones y habían quedado en dedicarles todas las mañanas para poder disfrutar de las tardes libres para ellos. Pero en esos momentos estudiar era lo último que deseaba hacer.
—Podemos deshacer las maletas, y me enseñas tu habitación—dijo Bill separándose.
Echó un vistazo a su alrededor, no viendo ningún detalle personal de Tom a la vista. No era como su habitación, con sus libros a la vista y varios recuerdos y fotografías. La habitación de Tom estaba demasiado ordenada para su gusto, con muebles de un gusto exquisito y fijo que de gran valor.
Entonces se fijó en la mesilla, una foto enmarcada de Tom de niño con sus padres hecha en las escaleras de esa misma casa. Se acercó a observarla, notando que Tom ya era muy guapo de pequeño.
—En esa época mi padre no era tan estricto como lo es ahora—confesó Tom notando que se había fijado en el retrato—El trabajo le ha cambiado el carácter, quiere que no nos falte de nada a mí y a mi madre, pero a veces se le olvida que es él quien nos falta muchas veces.
Bill le comprendía, él también echaba de menos a su padre como tal. Siempre estaba trabajando y el poco tiempo que tenían para estar juntos nunca habían hecho nada como ir a comer a un sitio especial o realizar un viaje.
Se pusieron a deshacer las maletas, Tom le hizo hueco en su armario y Bill colocó la ropa que había llevado. En sus manos tenía un neceser con sus útiles de aseo personal, además de algo de maquillaje que se había llevado. Quería estar arreglado esos días que iban a pasar juntos.
—Ven, que te enseño el baño—dijo Tom sonriéndole.
Bill notó que había una puerta medio camuflada con la decoración de la habitación. Tom la abrió y se quedó sin habla al ver el espacioso baño que contaba Tom en su propia habitación.
Entró en el sin dejar de admirarlo. Un gran lavabo ocupaba casi toda una pared, tenía también una amplia ducha en un rincón y bajo la ventana una bañera con jacuzzi instalado.
—Ya te imagino compartiéndolo conmigo—susurró Tom sonriéndole ampliamente.
Bill tuvo que darle la razón, pues también se le había pasado por la imaginación pasar una agradable velada tomando champán mientras se daba un baño de espuma junto a Tom sin preocupación alguna.
Dejó el neceser que llevaba sobre el lavabo, mientras que Tom le explicaba donde había toallas limpias y un cesto para la ropa usada.
—Puedes dejar la camisa que te has manchado, mañana la tendrás limpia y planchada—explicó Tom.
—Que conste que eres tú quien me la ha manchado—apuntó sonriendo Bill.
Se despojó de ella y la dejó en el cesto suspirando, no se acostumbraba a que le hicieran las cosas. El mismo se habría encargado de lavarla a mano, era una pequeña mancha. Pero no quería volver a meter la pata como cuando quiso recoger la mesa, habría quedado como un pardillo ante Tom.
Regresaron a la habitación y abriendo el armario cogió una camisa nueva que se puso ante la mirada de Tom. Le había pillado observándole como poco a poco se iba desabrochando cada botón de su camisa y se quedaba desnudo de cintura para arriba.
Tantas eran las ganas de estar al fin juntos que no sabía si iban a poder a esperar a estar a solas en casa para dar rienda a su pasión…
Continuará…
Gracias por leer.