«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 6: Respuestas

By Bill

Me encontraba de nuevo en esa jodida fiesta aburrida y con gente vieja, la mayoría del año de la pera. Sentado en la barra con el tal Andy a mi lado me sentí más relajado, pero igual de intranquilo. Ambos teníamos una cerveza enfrente y él bebía alegremente de la suya. Quise imitarlo, pero me sentía como si hubiera estado masticando vidrio.

El coraje me recorrió cuando vi entrar al tal Gioaccino de los huevos como si nada, quise levantarme y deformarle a golpes su fina cara italiana pero Andy me miró advirtiéndome con los ojos que no lo hiciera. Me frustré más.

—A ver Bill— por fin habló mirándome directo a los ojos; le sostuve la mirada —antes que nada, quisiera saber porque tu hermano trató con tan poca delicadeza a Dom aquel día.

—No fue su culpa— salté en defensa de mi hermano casi de forma instantánea —hace unos meses unas chicas francesas nos siguieron día y noche, acosándonos y hasta agredieron a nuestra madre, el asunto llegó a las autoridades; sólo nos dejaron tranquilos cuando les dieron una orden de alejamiento —expliqué tranquilamente— pero una de ellas fastidió a Tom y bueno… él la golpeó y por poco va a prisión.

La comprensión relució en los azules ojos de Andy, quien comentó:

—Ahora entiendo— sonreía —y él pensó que Dom era una de ellas.

—No tengo idea de que pensó, a veces no piensa una mierda — sonreí al escuchar el diminutivo con el que se refería a ella. —No teníamos ni idea de quién era— añadí. Al parecer se convenció por la sinceridad que había en mis palabras, o en mis ojos. No lo sé.

—Y a que nunca pensaste volver a verla, y mucho menos aquí— comentó él, aun sonriendo, burlándose. Volví a asentir.

—Entonces, que quieres saber Bill—. ¿Yo? Pero si era él quien se había ofrecido. Aunque en verdad me quemaba la curiosidad.

­— ¿Cuántos años tiene ella? — demandé casi inmediatamente.

—Diecisiete— respondió repentinamente tenso.

— ¿Estás bien? — pregunté preocupado. ¿Qué mosca le picaría ahora? Quizá había recapacitado y me enviaría al piso de un buen puñetazo en la mandíbula.

—No… no lo sé— dijo serio, se le notaba incómodo y no volvió a hablar. Miraba su cerveza y yo esperaba mirándolo a él, casi al borde de un ataque de nervios.

—Veras, Bill yo no tengo mucho de ser guardia de Dom, en realidad me contrataron para sustituir a Leonardo, otro de sus guardias— habló rápidamente, yo prestaba mi máxima atención.

—¿Que le paso a ese Leonardo? —inquirí casi sin querer saber la respuesta.

—Lo mataron— dijo, encogiéndose de hombros. Me miró con ojos duros como zafiros —fue en su cumpleaños número quince. La mafia trató de secuestrarla como siempre y empezó un tiroteo; Leonardo se lanzó sobre ella para protegerla y recibió más de veinte tiros.

— ¿Secuestrarla… por qué? — pregunté perplejo. Andy me miró con una expresión que daba a entender lo lógico del asunto.

—Los mafiosos Bill— dijo —los mafiosos buscan y viven del dinero fácil y para ellos alguien como Dom es un precioso trofeo… como una mina de oro por ser hija de quien es, esa es su desgracia. En el tiroteo murieron seis guardias más, varios invitados y… Dominique resulto herida, una bala le rozó el hombro derecho y todo frente a los ojos de Piero. —Yo lo miraba aterrorizado— Hubo muchas bajas también por parte de los secuestradores, Piero sólo contrata a los mejores, así que después del intento fallido de secuestro, se fueron. Dom tardó algunos meses en recuperarse y no quiso volver a tener una sola fiesta de cumpleaños— le di un sorbo a la cerveza para intentar bajar el vómito que se había trepado hasta mi garganta— y ella adoraba a Leonardo.

Andy me miró de pronto, sorprendido. Yo estaba seguro de que había notado que me había puesto verde de puro mareo. Carraspeé la garganta un par de veces para aclararme.

—Entonces es por eso que tiene tanto guardaespaldas— deduje hablando más para mí mismo que para Andy.

—Exacto. Desde aquella ocasión Piero reforzó la protección para ella, es lo único que le queda y la cuida de un modo obsesivo.

— ¿Es lo único que le queda?

—Si— Andy parecía renuente a hablar, pero después de unos segundos se inclinó hacia mi —bueno mira, los Ferrari por muy sangre azul que puedan tener, siempre han sido una raza débil.

— ¿Raza débil? ¿a qué te refieres? — pregunté con voz apagada. Me sentía peor que una comadrona de vecindad.

—Dom tenía dos hermanos mayores— confesó Andy. Lo miré fijamente con los ojos como platos.

— ¿Tenía? — chillé con voz aguda.

—Shh— me chistó para que cerrara el pico— Si, dos hermanos, Dino y Bruno. Dino fue el primero en morir a pesar de que lo atendieron en los mejores hospitales del mundo; distrofia muscular— explicó —y Bruno, cáncer en la sangre. Aun vivían ambos cuando llegó Dom en medio de un violento nacimiento antes de término que se cargó la vida de su madre— Andy hablaba con los ojos clavados en el cristal de la barra y daba vueltas distraídamente a su cerveza. —Todos pensaban que la primera en morir sería ella—añadió en un susurro —era muy delicada. Aun así, Dino murió cuando ella tenía dos meses, y Bruno seis meses después de Dino.

Un estremecimiento de pánico me atravesó el cuerpo al oír sus palabras, me había quedado sin voz.

—Pero ya lo vez— Andy me miró —ella sigue aquí. Desde de la muerte de sus hermanos su padre la vigila como un halcón, como te pudiste dar cuenta, ella no se presentó a este evento porque Piero no quiso y si subieras ahora mismo al pent house te matarían sin preguntarlo siquiera, esas son las órdenes— Andy me miraba preocupado — ¿te asusté?

—Estoy bien— mentí —porque pensaban que ella…ya sabes que ella— no pude ni pronunciarlo, por supersticioso no quería incluir las palabras “Dominique” y “muerte” en la misma oración, pero Andy me entendió.

—Dom es una chica frágil, pero al mismo tiempo es resistente— se encogió de hombros.

—Parece tan pequeña— respondí.

—Lo es, y pensar que algún día todo esto será de ella— comentó Andy mirando hacia todos lados. Temblé.

— ¿Y ese Gioaccino también es nuevo? —pregunté.

—No, él ha estado con ellos hace mucho tiempo— comentó Andy.

— ¿Cuánto tiempo? —quise saber.

—No sé exactamente cuando llegó con ellos, pero puedo decirte que él conoce a Dominique desde que nació. Cuando murieron su madre y sus hermanos, uno después de otro, Piero casi enloqueció y Gioaccino se encargó de Dominique como si fuera su propia hija, pero ella siempre le ha tenido miedo— comentó pensativo —por suerte Piero reaccionó y se enfocó en la única hija viva que le queda.

Sentí un espasmo de náuseas al recordar la escena en el pasillo de los ascensores, ella le temía; si él le había hecho algo…

—Hace rato cuando me detuviste en el pasillo de los ascensores, me enojé así porque ese jodido de mierda estaba acosándola—le dije de forma feroz.

La expresión calmada de Andy se esfumó.

— ¿¡Como que estaba acosándola!? ¡¿Qué estaba haciendo!?

Andy casi gritó, pero logró reponerse cuando atrajo varias miradas con sus gritos.

—Ella estaba encogida de terror y él le cogió un mechón de cabellos y los… olisqueó— le dije a Andy con la voz turbada.

—Todos sabemos que ella está prohibida, ¿Por qué rayos hizo eso? — se lamentaba Andy —tendré que hacer algo.

— ¿Prohibida? —Pregunté— ¿hacer algo de qué? — mi curiosidad en lugar de ser saciada se incrementaba más.

—No puedo decírtelo— respondió cortante. Me frustré y supe que, aunque me arrastrara por toda la alfombra, no diría más.

— ¿Cómo es que sabes tanto de la familia Ferrari? — pregunté deseando que respondiera.

—Después de todas las pruebas que tuve que pasar para demostrar que soy capaz de cuidarla, me entregaron una copia de su expediente, todos sus guardaespaldas sabemos esto— dijo tranquilamente.

La duda me asaltó.

— ¿Y porque me dices todo esto?

—No lo sé, pero confío en ti, sé que no dirás nada— parecía contrariado pero sincero. Se levantó tomando su saco negro del respaldo de la silla alta. No había notado lo tarde que era, el salón estaba casi vacío y no veía a mi hermano y a los chicos por ningún lado; me puse en pie de un salto.

—Fue un placer hablar contigo Bill— comentó Andy. Quise decirle lo mismo, pero para mí no había sido un placer así que me limité a despedirme. Él se había dado la media vuelta cuando lo llame.

— ¡Andy! — le grité.

— ¿Sí? —volvió la cabeza ligeramente.

— ¿Tu darías tu vida por la de ella? —pregunté.

—Sin pensarlo dos veces— respondió sonriendo y marchándose con paso cansado.

—Si sigo así, seguramente también lo haría yo— dije con voz apenas audible y me encaminé en busca de los chicos.

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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