«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 9: El concierto  (Parte II)

By Bill

— ¡¿Estas de coña?! — chilló Tom cuando llegamos a mi habitación, suspiré y cerré suave la puerta mirando a Sakí y a Dirk marcharse.

—Respira Tom— le dije, pasando de largo hacia el baño — ¿Qué tiene de malo?

—¿Cómo vas a llevar a esa chica al concierto? Nunca hemos llevado a nadie— seguía despotricando.

—Bueno a mí me dieron ganas de invitarla, espero que no te moleste— defendí mientras buscaba mi móvil sobre el buró, lo encontré y marqué el numero de la maquillista, Alexandra. Tom bufó —bueno como sea— y se sentó sobre la cama apoderándose del mando de la tv.

—¿Hallo? ¿Alexandra? Habla Bill, te veo en mi habitación en una hora…sí…sí, ¿para qué otra cosa si no? adiós— corté y arrojé el móvil al tocador metiéndome en el baño para ducharme nuevamente, mierda voy a estar jodidamente limpio.

Mientras disfrutaba del agua caliente que recorría mi cuerpo mi mente revivía para mí todos los detalles ocurridos hace tan poco tiempo. La delgadez de su cuerpo, el aroma de su piel y cómo cuando la deje de abrazar todo mi cuerpo se volvió frío igual que un témpano, como si necesitara estar cerca del de ella para recuperar el calor.

Además, había una cuestión de vital importancia que requería mi atención, así que me obligué a pensar en ello, aunque lo hice a regañadientes.

¿Qué pasaría después de hoy?

Mi banda y yo teníamos nuestro último concierto esta noche y después teníamos que regresar a Alemania para preparar nuestro nuevo material discográfico… ¿Y cuándo volvería a verla?

Era estúpido e ilógico de mi parte pensar que no hubiera por ahí algún idiota pijo y superficial que estuviera pretendiéndola. Una intensa furia hizo que mis manos se cerraran en un puño.

Hice una mueca de dolor al pensar en eso mientras salía a trompicones de la bañera y me envolvía la cintura en una toalla. Me paré frente al espejo y el rostro que me observaba me parecía desconocido, con los ojos demasiado brillantes y una sonrisa jugueteando en la comisura de los labios. Bufé molesto y salí del cuarto de baño a buscar mi ropa, en la recámara, Tom ya completamente arreglado se dejaba acicalar por Alexandra. ¡¿Mierda, pero qué hora era?! Mire el reloj sobre mi buró, ya había pasado más de una hora y yo estaba completamente desnudo sólo cubierto por una jodida toalla.

Alexandra levantó la vista y me observó de arriba abajo, me sentí cohibido y tomando mí ropa de encima de la cama regresé al enorme baño para vestirme ahí.

Cuando estuve listo salí del baño y me senté en la silla frente al tocador mientras Alexandra se acercaba y poniendo sus cosas sobre la mesita se volteaba a mirarme.

—No dormiste nada bien Bill, tienes unas ojeras…— decía mientras sacaba los cosméticos. Suspiré con cansancio y cerré los ojos.

—No a decir verdad que no dormí nada— y ya no supe que contestó porque me coloqué los audífonos de mi iPod al máximo volumen.

***

—¿Tom, que hora es? — pregunté mirando a Tom quien me miró de vuelta, luciendo fastidiado.

—Por todos los santos Bill, me has preguntado lo mismo cuarenta veces desde las siete— miró su reloj —son las ocho menos cinco— y suspiró.

Gus y Geo estaban ya afuera del hotel fumando cerca de las camionetas que nos llevarían al estadio donde haríamos nuestro show. En el lobby sólo estábamos Tom, Alexandra, Sakí, Dirk, y yo. Únicamente Tom y yo sabíamos quien estaba a punto de llegar, nuestros guardaespaldas no decían ni preguntaban nada, pero Alexandra se quejaba una y otra vez, haciéndome enojar.

—Tom ¿y si no viene? — pregunté, contrariado.

—¿Quieres calmarte Bill? — Tom se recargó contra el brazo de un sofá mirándome entre divertido y molesto —seguro no tarda, ya estate tranquilo.

— ¿A quién se supone que esperamos? — preguntó Alexandra con su voz chillona y estridente, nadie respondió. — ¿Por qué no nos podemos ir ya? — refunfuñó.

—Si quieres adelántate Alexandra— le dije con voz fría y sin mirarla —Nadie te pidió que te quedaras aquí.

Ella ignoró mi venenoso comentario, pero se calló.

Sonreí y me volví hacia Tom para preguntarle la hora nuevamente. El me miró con furia, pero antes de que pudiera empezar a vociferar, la campana del ascensor sonó y las puertas se abrieron lentamente dejando entrever a cuatro tipos gigantes de pecho cuadrado y fuertes manos, inmediatamente reconocí a Andy, salieron del ascensor y entre ellos caminaba una frágil y pequeña criatura que yo esperaba. Al fin ella estaba aquí.

El pequeño grupo caminó hacia nosotros lentamente ya que ella falseaba un poco un pie, su pie herido, pero me miraba y sonreía al igual que yo, más en cuanto vio a Tom se plantó. Los hombres a sus espaldas revolotearon tensos a su alrededor. Me sentí muy nervioso por un momento, pero ella se recompuso luego de encogerse de hombros y terminaron de acercarse y mientras lo hacían yo la escaneaba de arriba abajo.

Se veía muy linda, iba vestida completamente de negro desde las zapatillas hasta la chaqueta, pero todo quedó en el olvido en cuanto vi su rostro, se había remarcado los enormes ojos haciéndolos ver más grandes y oscuros, ribeteados por unas espesas pestañas imposiblemente largas, en sus mejillas ardían dos tenues círculos de color y sus rizos estaban peinados hacia atrás en una coleta y descansaban rebeldes hasta la mitad de su espalda. Entre sus brazos reposaba tranquilo el pequeño Jockey, el causante de que ella estuviese aquí. Estaba tan embobado mirándola que el siseo furioso de Alexandra me sobresaltó, la miré arqueando una ceja, pero ella no me miraba, su furiosa mirada estaba clavada en Dominique, quien la miraba con cara de espanto.

— ¿Ay bueno, ya nos podemos ir? — preguntó Tom medio desesperado, y yo le agradecí, ya que no me apetecía tener que gritarle a Alexandra y de paso decirle a Sakí que la matara, ella salió rápidamente del hotel ¿Qué rayos le sucedía?

Una vez afuera, miré como Alexandra se subía con los del staff en una de las camionetas y no despegaba la mirada de nosotros, resentida, la ignoré y me concentré en Dominique.

—Vendrás con nosotros ¿No? — le pregunté.

Ella me miró indecisa y después de un momento de vacilación preguntó, recelosa.

— ¿Cabemos? —me reí y Tom, Geo y Gus me corearon haciendo que ella se sonrojara adorablemente.

—Claro que cabemos chica— dijo tranquilo Geo caminando hacia la camioneta.

—Está bien— respondió ella sonriendo.

—Sígannos— le dije a Andy quien asintió.

Nos acomodamos rápidamente en la camioneta —en el asiento trasero íbamos Geo, Dom y yo, en el del medio estaban Tom y Gus, el chofer era Sakí y el copiloto Dirk— en cuanto la puerta corrediza se cerró se hizo un incómodo silencio hasta que Tom lo rompió, estirando las manos hacia Dom, ella se hizo hacia atrás involuntariamente.

— ¿Puedo? — preguntó Tom con los ojos clavados en el perro. Ella lo miró en blanco y después de un momento se lo entregó encogiendo los hombros y sonriendo.

—Por cierto… disculpa lo de aquel día— soltó Tom.

—Supongo que no hay problema— añadió ella tranquila. Yo sonreí al verla relajarse un poco.

—Ya nos ha contado Tom lo que hizo, vaya cagada — sopló Geo entre risas. La anécdota que les contase Tom los había tenido doblados de risa, y entonces entendieron el extraño intercambio que tuvimos con el mierda ese de Piero y su jodida comitiva de los huevos.

—¿Y tu padre? — le pregunté a Dom.

—Está en sus negocios con los de Fiat Group— respondió. —Son socios.

—Así que la fábrica no es cien por ciento de tu padre— añadí.

—No— dijo ella hundiéndose en el asiento entre Geo y yo.

—Tu cabello es muy bonito— le dijo Georg tomando un rizo que revoloteaba sobre su hombro. Ella se ruborizó y yo le lance una mirada envenenada.

—Gracias…Georg— ella dijo. Geo al ver mi mirada de advertencia decidió concentrarse en el paisaje.

En los asientos del medio Tom miraba por la ventana y Gus leía el programa del concierto.

— ¿Nos has escuchado? — le pregunté y todos la miramos.

—No mucho— admitió apenada — sé que son muy famosos porque los he visto por televisión, pero…

— Pero ¿qué? — presioné. Ella frunció el ceño arrugando su frente de mármol.

—Es que son alemanes— dijo tan bajito que pensé no haber escuchado bien. Tom se indignó.

— ¿Y no te gustan los alemanes? — tronó ofendido, creo que todos lo estábamos. La chica bajo la mirada escondiéndose en la espesa cortina de su cabello.

—No es eso…es por mi papá…— dijo con un hilo de voz

— ¿Por qué por tu padre? — pregunté.

—Tiene prejuicios contra cualquier alemán, mi abuela, su madre, murió en un campo de concentración en la segunda guerra mundial…ella era judía, mi padre y mi abuelo se salvaron por la parte italiana— continuó con su delgada voz.

—Lo siento mucho. Nuestros antepasados no son cosa que nos enorgullezca, es difícil cargar con esa sombra, pero has de saber que de diez alemanes ocho nos sentimos avergonzados de eso— le dije repentinamente ansioso porque ella no había levantado la mirada ni una sola vez. Lo que yo había dicho era una vil mentira. Pero me avergonzaría mucho confesarle que en Alemania, aun había muchísimos neo nazis con mierda en el cerebro.

—Yo lo sé Bill, no tengo nada contra nadie, pero a papa es difícil convencerlo— suspiró.

—Entonces ¿si tanto detesta a los alemanes porque quiso que te conociéramos?

—No lo sé— dijo ella sincera. —Nunca me lleva a ese tipo de reuniones, me sorprendió tanto como a ustedes.

—No creo que te sorprendieras tanto como nosotros — le dijo Tom sonriendo —Pensamos que iban a hacernos picadillo tus guardias.

—No si yo me niego— contestó ella. Tom decidió que era mejor no saber más y se quedó calladito.

—¿Así que Ferrari eh? — dijo Gus levantando la vista del programa y enfatizando la palabra.

—Lo sé— dijo ella, imitando el tono de Gus y haciendo que sonara casi como una palabrota.

—¿Y qué se siente? — añadió Geo. —Quiero decir, debe ser un poco espeluznante ¿no?

—Ni te imaginas— contestó la chica con amargura, pero después sonrió.

—Y hablando de los autos de mi padre, ¿Cuál les gusta?

—¡Fiorano! — dijo sin pensar Gus.

—¡ENZO! — casi gritó Geo, ella sonrió y miró interrogante a Tom.

—458 Italia, sin duda alguna— dijo éste, con la calma de quien sabe que jamás tendría una de aquellas máquinas.

—¿Y tú, Bill? —Dom levantó sus ojos hacia mí por lo que tuve su diminuto rostro a unos centímetros del mío, su aliento perfumado a vainilla rasguñaba mi cara, tuve que concentrarme y disimulando respondí.

—Creo que también el 458 Italia— respondí, aturdido.

Ella sonrió, asintiendo.

La camioneta no se había detenido ni una sola vez, parecía pasarse las luces rojas, pero entonces me di cuenta que teníamos un auto negro adelante y otro atrás…la escolta. Gire mi cabeza hacia Dom.

— ¿No te agobia todo esto? — dije señalando los autos negros.

—Como no tienes idea…— casi gimió mirando con mala cara a su escolta. —Nunca puedo ir a ningún sitio sin ellos y lo odio— se quejaba. —Pero siempre hay gente que quiere hacerme daño así que los necesito— dijo casi en un sollozo. Me sentí inestable y sin pensarlo la envolví en un abrazo protector. Pensé que se alejaría, pero no lo hizo, su cuerpo encajaba perfectamente en círculo de mis brazos y parecía necesitar ese contacto desesperadamente. Me devané los sesos pensando en algo que decirle, pero no encontraba que, por desgracia ella estaba condenada de por vida. Estaba a punto de hablar cuando la camioneta se detuvo, habíamos llegado, lo supe porque un coro que parecía un rugido se escuchaba desde afuera de la camioneta. Dejé de abrazar a Dom y me dirigí a los chicos mientras Tom le regresaba a su cachorro.

—Hey, ya sabemos cómo son nuestras fans de… apasionadas y estoy un poco preocupado— y mire de reojo a Dom quien a su vez miraba hacia afuera con ojos asustados, carajo es tan pequeña.

—No te preocupes Bill— dijo Gus — saldremos Tom y yo primero y después salen ustedes tres, ya sabes que en cuanto entramos a los pasillos del estadio ya estaremos solos otra vez.

—¿Y los autógrafos? — añadí. Gus hizo una mueca, pero antes de que pudiera decir algo más, la puerta corrediza de la camioneta se abrió de un tirón y los fuertes brazos de Andy ayudaron a bajar a la chica, llevándosela sin más ceremonia.

— Nos vemos adentro— dijo y se fueron.

—Bueno, asunto arreglado — suspiró Geo agitando un rotulador permanente frente a mi cara — es nuestro turno— y salimos hacia la marea de flashes.

***

Estábamos de pie en el escenario interpretando nuestra última canción y sonriendo ante la ensordecedora cacofonía de gritos de nuestros fanáticos, el lugar estaba más lleno que en el anterior concierto y nos lucíamos, sobre todo yo, que durante todo el concierto sentí la penetrante mirada de Dominique clavada en mi desde su posición, escondida de la gente, a un costado del escenario, sentada en la caja del amplificador de la guitarra de Tom y rodeada de su escolta. De acuerdo al programa del concierto teníamos que cerrar con “Sacred” así que la canté con pasión, y la dirigí envuelta en un especial secreto a la niña de los rizos de bronce, pensando en que, a partir de mañana, ella estaría muy lejos de mí.

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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