«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 12: Alemania

By Bill

El día siguiente fue en extremo cansado.

Desperté a causa de los fuertes golpes de un puño en mi puerta, me quité las piernas de Tom del pecho y lo fulminé con la mirada, a pesar de que la cama era gigantesca mi hermanito me había estado pateando toda la noche y había amanecido casi sobre mí.

—¡¡Vamos Bill!! Tenemos que encontrar a Tom, no durmió en su habitación ¿sabes dónde se metió? — alguien estaba gritando desde afuera.

Me levanté con pesar y abrí la puerta de un tirón, David pegó un saltito hacia atrás, al parecer estaba resignado a seguir tocando varios minutos más y lo sorprendí.

—Tom está aquí, durmió conmigo— le dije bostezando y frotándome un ojo —danos unos minutos y estaremos listos— le pedí.

—Ah, muy bien, entonces dense prisa, tendrán una conferencia de prensa en el salón del primer piso, además la entrada del hotel está llena de fans, prepárense para firmar algunos autógrafos— dicho esto sonrió y se fue en dirección a las habitaciones de los G’s.

Lo miré alejarse con pánico en la garganta. Nunca me había gustado dar conferencias y menos una aquí. Ya podía ver hacia donde se dirigirían las maliciosas preguntas. Bueno al menos podríamos convivir un poco con las fans, era motivante verlas esperándonos siempre con tanta emoción.

Suspiré y caminé hacia el baño arrojándole una almohada a Tom en el camino. Este abrió un poco los ojos y sonrió mientras yo me metía cerrando suavemente la puerta.

***

Después de casi tres horas por fin estábamos instalados en los cómodos asientos de primera clase del vuelo rumbo a Alemania.

El viaje era relativamente corto, pero desgraciadamente era suficiente tiempo para que mi mente pudiera divagar.

La firma de autógrafos había sido emocionante y un poco violenta, las fans italianas eran apasionadas, de no haber sido por Sakí, Dirk y más personal de seguridad del hotel, esas niñas nos habrían dejado en pelotas en medio del lobby.

Por otro lado, la conferencia no había estado tan terrorífica como lo había pensado, haciendo a un lado los molestos y cegadores flashes de las cámaras, sólo habían sido las mismas preguntas bobas que siempre habíamos respondido: ¿Qué nos había parecido Italia? Maravillosa. ¿Qué opinamos de las fans? Maravillosas ¿Tenemos algún proyecto en puerta? Morirnos supongo. ¿Vale la pena volver?…

En esa última pregunta me mordí con saña la lengua para no terminar vociferando ante las cámaras el nombre de cierta persona a la que me moría de ganas por ver, hubiera sido un error.

Me recliné en mi asiento, hundiéndome en el mullido cuero beige.

Nunca, nunca me había puesto a pensar en alguien de esta forma, todos dirían que sólo era un capricho más, pues yo estaba acostumbrado a salirme siempre con la mía, de una u otra forma siempre salía yo ganando, pero ahora era diferente. Y sabía que ella era diferente también, no era la clásica nena rica, mimada, caprichosa y superficial hija de papi, algo me decía que bajo ese aspecto frágil y delicado que tenía, se escondía una personalidad férrea, mágica, intensa y alucinante, el problema es que con tanta seguridad quizá nadie nunca lo descubriría.

Pero nadie contaba con que habría un loco, rockero y estúpido chico alemán dispuesto a jugarse la vida para descubrirla.

Mierda la extraño…

En mi cansada mente revoloteaban toda clase de preguntas: ¿Dónde estará? ¿Qué está haciendo ahora? ¿Me extrañará tanto como yo a ella?… ¿Siente ese mismo amor desesperado que siento yo y que me deja sin suficiente aliento…?

—¡¡¡BIIIILLL!!!

El furioso chillido de Georg me sacó de mis lagunas mentales y me hizo pegar un salto. Le dirigí una mirada irritada, pero él no me miraba, estaba viendo a la azafata quien me estaba ofreciendo una copa de helada y burbujeante champaña.

— ¿Qué es esto? — inquirí.

—Es veneno, te vamos a matar para quedarnos con tu linda chica italiana— se burló Georg.

Un relámpago de celos me atravesó el pecho y lo miré con dagas en los ojos, pero todos reían tranquilos.

—No tiene gracia— resoplé.

—Es para brindar por nuestro éxito italiano, tarado— dijo sonriendo Tom con malicia.

— ¿Pero a las once de la mañana? — chillé

—Cállate y tómala Bill— suspiró Gus cerrando los ojos, al parecer él no se sorprendía de mi humor de perros. Me encogí de hombros y tomé la copa sin dirigirle la mirada a la azafata. Sonreí y brindé con ellos, pero no tenía realmente ganas de nada.

Durante todo el viaje reprimí las ganas de ir a la bodega a robarme un paracaídas y tirarme del avión, si había un Dios seguramente sentiría mi dolor y me haría caer en el lugar preciso donde estuviese Dom…

Pero antes de que lo hiciera, finalmente los altoparlantes del avión comenzaron a dar la instrucción de ajustar los cinturones, primero en inglés y después en alemán.

Miré por la ventana al sol, que comenzaba a volverse rojizo a causa del atardecer y suspiré. Estábamos en casa. En mi fría, brumosa y amada Alemania.

***

—¡¡¡MIS NIÑOOOS!!! —gritó nuestra madre cuando aún no habíamos terminado de bajar de la camioneta. Su furor era algo que a Tom y a mí nos encantaba, ella era la persona más buena, noble y hermosa del mundo, desde que empezamos a practicar música con 7 años de edad y sacábamos mala nota en la escuela ella nos apoyó, cuando creamos Devilish, y posteriormente Tokio Hotel, ella estuvo cada momento alentándonos, animándonos y gozando con nuestros triunfos. La mire con adoración.

Una vez adentro de la seguridad de nuestra casa nos abrazamos con fuerza, nos sentamos en la sala y ante su mirada de expectación le relatamos todo nuestro viaje, el único detalle omitido fue la momentánea pérdida de control de Tom, esa acción que me valió el enamoramiento más fuerte que un corazón puede soportar…

— ¿Y Gordon? — preguntó Tom.

—Lo siento, tuvo que salir de urgencia por el trabajo, me pidió que lo disculpara con ustedes, no tardara en volver.

—Ah vale, no hay problema, creo que yo me iré a descansar un poco —les anuncié mientras me levantaba — anoche dormí con Tom y no dejó de patearme a cada momento— dije ante las carcajadas apagadas de mi madre.

Estaba por subir el primer escalón rumbo a mi cuarto cuando la mirada de censura en los ojos de mi madre me alarmó.

Al parecer el tan anhelado descanso que deseaba, -en mi propia cómoda y calientita cama, sin las patadas de Tom en mi pecho o el puño furioso de David aporreando mi puerta- iba a tener que esperar.

— ¿Qué pasa mamá? — al parecer Tom también lo había notado ya que de repente se había puesto nervioso.

—Bueno chicos… es que hoy por la mañana… les llegó algo, a ambos, aquí.

— ¿Nos llegó qué? — inquirió Tom.

Me acerqué a ella inquieto.

— ¿Qué fue eso que nos llegó mamá? Todo lo que nos envían siempre llega al estudio.

Esto estaba cada vez más raro, primero lo del hotel, y ahora en nuestra propia casa.

— ¿Por qué no lo ven por ustedes mismos? — preguntó. Su mirada era fiera y con una inclinación de cabeza señaló la puerta que estaba al extremo del pasillo principal.

Miré a Tom salir disparado hacia el pasillo y abrir la puerta de un tirón, pude ver un tenue resplandor cuando encendió la luz del garaje y llegué de un salto hacia allá cuando escuché un sonoro grito de júbilo.

Mi mandíbula se fue hasta el piso en cuanto atravesé el umbral con mi madre detrás de mí.

Ahí en nuestro amplio garaje, entre el blanco Audi R8 de Tom y mi confortable camioneta negra, se exhibían descaradamente dos rutilantes maquinas deportivas, con brillosos y alucinantes acabados en la carrocería. Uno era negro, y el otro de un tono gris plomo.

Aquellos dos monstruos de la velocidad parecían empequeñecer a nuestros queridos Audi.

Me acerqué con paso lento, como si se tratara de un espejismo…

¿En verdad había en nuestro garaje dos autos Ferrari 458 Italia? ¡Ni siquiera estaban a la venta aún!

Miré a mi gemelo y vi mi duda reflejada en sus claros ojos, después como si nada, se encogió de hombros y se alejó.

—Hey Bill— llamó Tom quien se había colocado entre ambos autos —me parece que este bebé negro de aquí es el tuyo —dijo, señalando el auto negro.

Dicho esto, abrió la puerta del piloto del auto plomizo y se metió rápidamente en él.

— ¿El mío? — susurré.

Abrí la puerta del automóvil negro suavemente (no estaba asegurada) y con la boca más abierta aún, noté que en la suave tapicería de cuero negro de cada asiento estaban las iníciales de mi nombre grabadas a bajo relieve, las acaricié con la punta de mis dedos.

Aun no podía articular palabra alguna, me sentí mareado e inestable así que me dejé caer sobre el asiento, este se amoldaba perfectamente a mi cuerpo, era muy suave y el olor a nuevo impregnó mis ropas. A mi lado, sobre el asiento del copiloto estaba una bolsa de tela roja de terciopelo con el caballo negro bordado, adentro estaban todos los papeles del auto, la factura, las pólizas de seguro, el carnet de identificación, todo estaba registrado a mi nombre.

Esto sin duda había sido obra de Dominique, lo tenía por sentado, pero, ¿cómo logro que en menos de dos días trajeran hasta Alemania, y hasta mi casa dos autos deportivos de súper lujo, personalizados y perfectamente registrados?

Esto solo incrementaba más mis ganas de verla, o al menos de hablar con ella, pero ni siquiera tenía su número telefónico, y mi fama e influencias no podían comprar esa información…

Tenía la mano sobre el volante distraídamente y vi que las llaves del auto estaban en el switch de encendido, tal vez…

—Bill ¿te gustaría decirme que significa esto? — dijo mi madre, que estaba de pie al lado de mi auto.

Quité las llaves y me bajé del auto de un salto, cerrándolo suavemente y activando la alarma.

—¿Esto? — dije con voz chiquita.

—Si, esto— tenía los brazos cruzados y me miraba fijamente sin parpadear, aunque ahora yo era mucho más alto que ella, me sentí como un niño pequeño pillado en medio de una travesura.

—Pues… son un…obsequio— le dije.

— ¿Ah sí? No me digas— tronó — ¿Y dime, que clase de persona, fan, amiga, conocida o lo que sea. se toma la molestia de enviarles un regalo de más de un millón de euros e incluso personalizado? — remarcó la última palabra con enojo.

—Ah mami, no es cualquier persona— Tom ya estaba a mi lado, con su brazo sobre mis hombros y sonreía —es la novia italiana de Bill jijiji— mi madre y yo lo miramos boquiabiertos.

Serás idiota Tom, me quejé mentalmente.

— ¿Su novia? — mi madre volvió a mirarme — ¿Tienes novia Bill?

—No, no tengo— fue mi apagada respuesta.

—No entiendo nada, hijo.

—Vamos mami yo te contaré —dijo Tom, dándome un empujón y abrazando ahora a su madre.

—Perfecto entonces, y si no les molesta, quiero ir a descansar— dije fingiendo una voz somnolienta.

—Vale hijo.

—Te veo en un rato hermanito.

No seguí prestando más atención y subí las escaleras de tres en tres hasta estar en la intimidad de mi habitación, la cual estaba en penumbras así que encendí una lámpara y ajusté la luz para que no fuera tan intensa, solo un resplandor suave.

Mi mente daba vueltas enloquecidas, tenía varios puntos en los que meditar.

La carta en el hotel.

Mi nuevo súper deportivo.

Su silencio.

Gruñí y me quité la ropa a jalones para cambiarla por algo más cómodo, una playera negra con un estampado de los rolling Stones y unos pantalones deportivos negros. Las llaves de mi nuevo auto tintinearon y cayeron al piso en cuanto me quité la ropa así que las recogí y las coloque sobre mi buró junto con las de mi camioneta negra.

Me recosté sobre mi cama pensando intensamente en Dominique, si la intensidad se pudiera medir, las paredes de mi habitación estarían grabadas con su nombre al rojo vivo.

¿Porque hacía todo esto?

Me estiré hasta el buró para alcanzar mi bolso y saqué la carta que me había dejado un día antes.

El papel estaba maltratado de tantas veces que había leído esa carta, y aun no quedaba del todo claro.

Acaricié la hoja repitiendo mentalmente las palabras escritas: “lamento que tenga que irme sin despedirme de ti como me gustaría, pero en verdad creo que es mejor así

Si no había querido despedirse de mí, entonces ¿porque hacia cosas que sabía me tendrían pensando en ella de día y de noche?

No me quedaba claro, aunque quizá le esté sucediendo lo mismo y desea verme con todas sus fuerzas…

Mi móvil comenzó a sonar y vibrar haciéndome pegar un salto sobre mi cama, maldije por lo bajo, subí la intensidad de la lámpara y lo tomé de encima del buró al lado de mi cama, pero ya había dejado de timbrar.

Una llamada perdida de Gus. Estaba por llamarlo para ver que necesitaba, pero mis dedos se congelaron sobre la pantalla táctil.

Con la luz tan tenue como había estado, no había notado que sobre mi buró había una pequeña caja aterciopelada de color rojo, la tomé lentamente y casi no me sorprendió ver al conocido caballo negro estampado en la tapa de la caja.

¡Oh por el amor a todo lo que es sagrado!

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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