IX: Tom es el culpable

Y ha llegado el final.

Me da un poquito de tristeza, como todas las despedidas.

Sé que se han de estar preguntando ¡¿Cómo, aquí acaba?!

La verdad es que cuando se me ocurrió esta historia era muy difrente, un ligero fluff centrado en Val y Nick, que se iba a contar en un solo shot. Pues bien, había mucho más que contar, tanto así que decidí hacer un alto en este punto para separar la historia (y de paso tomar aire y poder regresar con mas energías, pronto).

Así que, como ven, esta no es una despedida, sino sólo un «hasta pronto».

Besos, Haru.

Les dejo el final de esta aventura, que no será la última de estas dos parejas de hermanos.

«Blame it Tom Kaulitz» Fic de Haruxita

IX: Tom es el culpable

Sus planes de irse a la cama tras el baño debieron posponerse por causa de Andreas, quien en esos momentos sostenía una acalorada discusión con su hermano en la sala.

Sabía que no debería alegrarse de que la relación atravesara por turbulencias; mal que mal, su hermano sufría con ello, aunque se empeñara en ocultarlo. Pero la ojeriza que sentía por el empresario era mas fuerte.

Por regla general Bill jamás aprobaba los ligues de su hermano, de hecho se encargaba de espantarlos de forma sistemática e implacable.

Bill tenía perfecta consciencia de que estaba actuando de forma egoísta al sabotear todas las relaciones del adulto con la excusa de «no quiero que te vuelvan a lastimar». Cierto que aún había algo de ello, pero la verdad descarnada era que no deseaba compartirlo. Temía que un día este se enamorara de verdad y él pasara a segundo plano en su vida.

Bastante terreno había perdido con la llegada de Pumba (pero ese gordo patoso era demasiado adorable y Bill no podía odiarlo).

*

Andy se había comportado de forma irracional toda la tarde, concretamente desde que fue a por él a la secundaria.

El carácter de su novio podría resultar algo difícil y molesto para la gente que —a diferencia de él— no lo conocía lo suficiente, pero nunca antes había mostrado ese aspecto posesivo y controlador.

La suya era una relación abierta, a condición de tomar los resguardos pertinentes para evitar un escándalo en la prensa, por lo mismo su reacción desproporcionada – y totalmente fuera de lugar – lo descolocó. ¿Acaso Andreas había cambiado las reglas de juego unilateralmente?

Si bien no desconocía haber coqueteado con Nick, desde que tuvo la certeza de que su amistad había retomado su cauce natural, aquella era una actitud innata en él. Sus coquetos cotidianos carecían de malicia y se diferenciaban de los que empleaba al ligar — o “ir de cacería”, como su hermanito lo llamaba con sarcasmo— por el énfasis que ellos poseían. Los primeros eran juguetones, inocentes; los segundos más agresivos y e iban directo al grano.

Mucha gente solía confundirse — el mismísimo Nick lo hizo una vez, con nefastas consecuencias— empero si alguien debía ser capaz de reconocer la diferencia, ese era Andreas.

*

Ya comenzaba a aburrirse de esperar a que su hermano se metiera a la cama cuando recibió un mensaje.

¿Estas bien?”

Su corazón casi escapó por la boca ante su jadeo de sorpresa. Markus rara vez usaba Whatsapp para comunicarse con él.

No quería hablarle, razón por la cual lo evitó deliberadamente desde que llegaron a casa, esa tarde. Aún estaban fresco en su memoria el rechazo, el ultimútum y la consiguiente promesa que el ruso le arrancó de mala gana.

Metió el teléfono bajo la almohada, determinado a ignorarlo.

Pero los mensajes se sucedieron, hasta que su curiosidad se desbordó.

¿Te hicieron daño?”

¿Aún resentido por lo de ayer?”

Sé que estás leyendo esto”—Bill bufó, odiando más que nunca al infame doble check.

Sólo quiero que sepas que me alegra que estés de regreso”.

El chico no se pudo contener más, sus dedos se movieron por la pantalla con agilidad.

Gracias a ti”

La respuesta no tardó.

No comprendo”

Tu entrenamiento nos salvó la vida”

¿Nos? Me pareció oír que tú y tus amigos se habían separado antes del tiroteo”

Bill acomodó las almohadas, sin decidir qué tanto podía contarle de una situación tan enrevesada que ni él mismo acababa de comprender.

Finalmente optó por lo menos complicado.

No estaba solo en el escond…”

Pero la explicación tuvo que quedar para otro día, Val entró al cuarto con cara de quien libró una fiera batalla y fue derrotado. Su maltrecho outfit —el cual había perdido buena parte de sus plumas ese día— ayudaba a realzar ese efecto.

El chico finalizó apresuradamente su respuesta y dejó el móvil sobre la mesita.

Bastó un leve vistazo para darse cuenta de que Val no estaba de humor. Bill quiso decirle unas cuantas verdades sobre Andy, pero aquello acabaría sin duda en una pelea cosa que, ahora que por fin quedaron a solas, era lo último que deseaba. Sólo quería acurrucarse contra su pecho, que Val dibujara arabescos en su cabeza con sus largos dedos, y que le cantara suavemente hasta dormirse.

El apretado abrazo con que su hermano lo recibió en la estación se replicó esta vez en la privacidad de su habitación. Ahora, con mas detenimiento y su corazón algo mas calmo, notó detalles en los que mas temprano no reparó: sus ojos iban sin su maquillaje usual, lo que aunado a su enrojecimiento y ligera inflamación delataban las lagrimas que vertió por su causa.

Respondió el abrazo con fuerza y, muy bajito, le repitió cuanto lo amaba.

Bill a menudo se burlaba de la obsesión de su hermano por su seguridad, (al punto de acabar convirtiendo a su propio guardaespaldas en una suerte de niñero a todo evento). Con la imprudencia que le daban sus cortos años, se creía invulnerable.

Ya no mas.

Mientras pensaba en los compañeros que esa noche no regresaron con sus familias, se supo infinitamente afortunado.

Esa fue la lección mas costosa y dura de su vida, pero jamás la olvidaría.

*

Con su bebé por fin a salvo en sus brazos, Val pudo liberar ese ingente cargamento de stress que lo acompañó desde temprano esa mañana.

Cuando lo vio salir de la salita de interrogatorios —sucio y despeinado, pero en una pieza—, los pedazos de su alma se recompusieron en uno solo. Los rumores de esa infame lista lo tuvieron con el alma en vilo todo el día. No comprendía cómo alguien podía estar tan desquiciado, al punto de querer asesinar a su pequeño.

No hablaron mucho sobre el tema, Bill sólo quería dejar la pesadilla atrás y él acató su decisión. Aun no sabía que sucedería con su hermano a partir del siguiente día, si el chico finalmente aceptaría sus sempiternos ruegos de radicarse en París, lejos de aquellos horribles recuerdos. Ahora, mas que nunca, Berlín era sinónimo de muerte para Val.

La decisión ultima estaba en manos del chico; tras semejante trauma Val estaba dispuesto a ir hasta la China con tal de que su pequeño ‘Frijolito’ pudiera olvidar y seguir adelante.

***

Luego de que Tom llorara en sus brazos, como no lo hacía desde que era pequeño, este no volvió a abrir la boca. El trayecto lo realizó en hermético silencio y al llegar a su casa corrió a encerrarse en el que nunca dejó de ser cuarto, pese a la dura pelea de diciembre pasado.

Nick lo dejó a solas por consejo de Natalie, si necesitaba espacio y tiempo para poner sus ideas en orden él se lo daría. Pero, luego de más de una hora sin que el chico asomara la nariz fuera de su habitación, comenzó a preocuparse. No pretendía forzarlo a desahogarse ni imponer su presencia, pero tampoco deseaba que su hermano se sintiera abandonado a su suerte, por lo que llevó un as bajo la manga.

—Bro, te agradezco la preocupación, en serio —aseguró el chico desde la cama en que estaba recostado— . Pero no quiero hablar de lo que pasó, bastante tuve con ese jodido interrogatorio. Tampoco voy a bajar a cenar.

Nick suspiró, suerte que iba preparado para la eventualidad.

—Te traje…

—No tengo hambre —agregó con voz plana y la mirada perdida en algún punto del techo, dejándolo con la bandeja con comida a medio camino de su escritorio.

Derrotado, Nick se retiró, no sin antes abrir la puerta de par en par.

—Espero que no te moleste la compañía —comentó, haciéndose a un lado para que el labrador entrara al cuarto— . Te extraña mucho.

Satisfecho porque su intuición está vez no le hubiera fallado, el adulto se marchó algo más tranquilo. Lo último que vio antes de cerrar la puerta fue a Tom abrazando a Scotty como si se tratara de una tabla de salvación.

*

En la sala lo esperaba su cita de esa noche, junto a un par de humeantes tazones de ramen.

—No soy buena cocinando — se excusó la mujer, bebiendo un sorbo de su copa que ya iba a la mitad—. Es lo único que pude preparar sin temor a incendiar tu cocina.

Sin duda, aquella era una muestra del humor negro al que la mujer se había tornado afecta el último tiempo, pero Nick se sintió fatal. Había planeado esa cita por más de un mes obsesionándose por cada detalle para que todo saliera perfecto, pero el hombre no contó con los imponderables.

—Estoy en deuda contigo, dame media hora y te cocino lo que desees.

—Acabas de despreciar mis fideos instantáneos. Debes saber que yo no hiervo agua por cualquiera.

Con una sonrisa cálida la mujer lo cogió de la mano, lo llevó hasta el sillón y le sirvió una copa.

—Has tenido un día de mierda y sin embargo no dejas de preocuparte por mí. Si hubiera más gente como tú este mundo no estaría tan jodido.

—Te prometí que esta noche la pasaríamos bien y acabé arrastrándote a la estación de policía. Lo menos que puedo hacer para resarcirme es preparar la cena.

—En primer lugar, borra esa idea de tu cabeza, nada de lo que sucedió hoy fue tu culpa. En segundo lugar, nadie me “arrastra” a ninguna parte, estoy bastante crecidita para decidir dónde ir y con quién quiero estar. Y por último, sabes muy bien que lo de la cena solo era una excusa para estar juntos esta noche.

Nick respondió su sonrisa con otra algo más tímida.

—Mi intención era subirte el ánimo pero siempre acabas invirtiendo los papeles.

—Lo sé, tengo una severa obsesión por el control — esa reflexión fue acompañada por un suspiro algo triste —. Y pagué un alto precio por ello.

El veterinario le cogió la mano a su amiga y la frotó con cariño con su pulgar. El anillo había desaparecido de su dedo cordial dejando una aureola blanca; a él le constaba que ese matrimonio fallido dejó marcas mucho más grandes y dolorosas que no estaban a la vista.

—Eres un buen chico, Nick —agregó la mujer— . Lo supe en cuanto te conocí.

—Por favor, no me recuerdes ese día.

—¡Fue memorable! —arremetió la mujer, consiguiendo que su anfitrión se cubriera el rostro con ambas manos, visiblemente compungido.

—¡Dios, fue tan vergonzoso! La gente no dejó de murmurar a mis espaldas durante semanas.

—Te veías muy tierno, hasta que te desmayaste.

—Hacían como cincuenta grados dentro de ese condenado traje, suerte tuve de no vaporizarme.

—¿Alguna vez te dije que fui yo quien te quitó el disfraz?

—Todos estos años tuve el vano consuelo de que pudo ser peor, y mira.

—De hecho, pudo ser aun peor. Tuve que intervenir cuando las enfermeras se peleaban por ser quien te quitara los calzoncillos.

Había pasado casi una década de aquel incidente, pero Nick rememoró el vergonzoso hecho como si hubiera sucedido esa misma mañana.

*

Estaba recién ingresado a la facultad, era la época de novatadas y a él le tocó una más bien «inocente», al menos en apariencia. Debió recorrer el campus y hacer maromas vestido de cachorro, expuesto a las burlas y las patadas de los demás estudiantes, pero esa no fue la peor parte.

Aquél fue el septiembre más caluroso en veinte años, bastó media hora dentro del pesado traje para desvanecerse.

De lo que ocurrió después conserva vagos recuerdos: su despertar desorientado y semidesnudo en la enfermería, y a la hermosa chica sentada junto a la camilla que lo llamaba por su nombre con un semblante preocupado.

Parecía una escena sacada de una película de John Huges, aunque la verdad fue bastante decepcionante.

Se encontraba en ese lugar y en tales condiciones porque había sufrido un shock térmico. La chica era la presidenta del centro de alumnos y no estaba allí para cuidarlo sino para asegurarse de que sobreviviera y no demandara a los responsables.

A pesar de ello —y de la negativa de Natalie a su tímida y balbuceante invitación a salir— se hicieron grandes amigos.

*

Se dio la enésima vuelta en su cama, tratando de no despertar a Scotty que roncaba a su lado. Su cuerpo estaba extenuado, pero su corazón no podía dormir. Tenía mucho en que pensar.

Aunque él no hubiera jalado el gatillo que asesinó a Samira, su muerte pesaba sobre su consciencia como una pesada losa.

No había dejado de oír sus gritos, en el interior de su cabeza. Temía que ellos nunca se silenciaran.

Se sentía culpable por estar en casa de su hermano, cálido y a salvo, mientras Samira aguardaba en una fría camilla a que se practicara la autopsia.

La chica no estaba sola, la acompañaban cerca de una treintena de estudiantes, unos cuantos profesores y los demás integrantes de «la familia».

Pese a su insistencia Tom no pudo ver los cuerpos de los chicos, Nick se negó en redondo. Su situación era precaria, los investigadores se asirían al menor atisbo que pudiera ligarlo a la matanza. Ya bastante implicado estaba por el mero hecho de ser su amigo. La ausencia de un arma y de pólvora en manos y ropas fue la prueba decidora al momento de conseguir la libertad, pero su nombre aun encabezaba el listado de sospechosos.

Tanteó su piercing con la lengua, como hacía en ocasiones que estaba nervioso. Algo de lo que se arrepintió casi de inmediato, el fantasma del beso cruzó nuevamente por su cabeza.

Tom se sintió objeto de la más cruel de las ironías.

Él se había enredado en aquella locura con el único objetivo de arrancar al otro chico de su vida, de su corazón y de sus pensamientos.

Ahora no sólo llevaba su aroma impregnado en su piel, su sabor omnipresente en su lengua y su tacto quemando en sus labios, sino que para másinrile debía nada menos que su libertad.

Rodó una vez mas sobre su estómago, que gruñó sonoramente. Recién en ese momento cayó en cuenta de que no había comido en todo el día y le bajó un hambre descomunal. Quizás era un mecanismo de defensa de su cuerpo, comer para mantenerse ocupado y dejar de pensar.

*

Iba camino a la cocina cuando a mitad de la escalera oyó voces, terminó de bajar a hurtadillas y espió por entre los barrotes del barandal.

Le llamó la atención que su hermano siguiera en pie a esa hora —máxime considerando el día infernal que todos habían tenido—, pero más le sorprendió ver a Natalie aun en casa, sus visitas eran esporádicas y nunca se quedaba mucho rato. Siempre aparentaba estar demasiado enfrascada en su trabajo como para vivir.

Pero no parecían estar hablando de trabajo en ese momento.

No estaban hablando en lo absoluto.

Lo que vio le permitió albergar la pequeña esperanza de que no todo estaba perdido. Si su hermano había conseguido olvidar a la mayor delas putas Trumper, él también podría arrancar de su vida a su tormento.

*

Natalie terminó el beso y lo apartó con suavidad, acariciándole el cabello que Nick se había soltado para paliar el dolor de cabeza.

—Sé que a primera vista esto parece una buena idea, y de verdad me encantaría que lo fuera, pero ambos sabemos que jamás resultaría.

—¡Auch! Creo que he instaurado un nuevo récord, ser cortado antes de la primera cita. ¿Siempre eres tan diplomática cuando rechazas a un ligue?

—Sólo cuando los quiero demasiado para hacerlos pasar por toda esa mierda. Sabes que te amo, pero no de esa forma. Yo quiero estar sola por un largo tiempo y tu necesitas aclarar tus sentimiento por el chico león.

—¿El chico león?

—Tu amiguito, el modelo.

—Es un tigre —aclaró, comprendiendo la alusión al cartel en su oficina—. Y nosotros sólo somos amigos.

—Nick, cariño. Desearía que alguien me mirara alguna vez como tu lo mirabas a él esta tarde. Ignoro qué historia hay detrás y no pediré que me la cuentes, pero creo que deberías darte una segunda oportunidad. No todo el mundo es como Isobel, gracias al cielo.

Su rostró enrojeció hasta las raices de su cabello, rogó para que Val no se hubiera dado cuenta de su pertinaz observacion. Lo cierto era que no le había podido sacar los ojos de encima, a él y a su apuesto y perfecto novio. Pero en algo se equivocaba Natalie.

—Mis sentimientos están muy claros… y los de él también—explicó pausadamente—. Aunque Val no tuviera novio, seguiría estando fuera de mi alcance. Recuperé su amistad y soy feliz con eso

—¿Y te basta?

—Es bastante más de lo que esperaba conseguir,

—Pues tu querido chico-tigre es un tonto.

Nick suspiró, no podía enfadarse con él por no corresponderle, ambos pertenecían a universos tan disímiles que jamás se hubieran conocido de no mediar un hecho fortuito.

El comportamiento matonezco de Tom le provocó grandes dolores de cabeza en el pasado, pero conocer a Valentino Trumper era quiza lo mas hermoso, por lo que podía culparlo.

*Fin*

El miedo es una emoción poderosa que bien puede paralizarnos, como orillarnos a cometer la mayor de las atrocidades, la diferencia esta determinada por el cariz de nuestros corazones.

La mala decisión de una sola persona, aconsejada por el miedo, cambió para siempre el rumbo de decenas de vidas.

¿Qué sucedería si esa persona enfrentara su mayor miedo desde otra perspectiva?

Eso es algo que veremos en la segunda temporada.

por Haruxita

Escritora del Fandom

Un comentario en «IX: Tom es el culpable»
  1. Amo está historia, la escribes de forma maravillosa, una vez que empiezas a leer, solo quieres seguir y seguir. Gracias, vor por la siguiente.
    Creo q es la cuarta o quinta vez que la leo, en esta página la primera vez. Gracias por subirla aquí. 🥲💯💯💯💯💯💯💯

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