«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 8
Por Tom.
-Hasta luego guapo… – me giré y le miré con una ceja alzada. Haciéndome el sorprendido, pero la verdad es que me encanta que me regalen el oído.
Ya estaba saliendo por la puerta para irme a mi habitación a por la maleta, teníamos que abandonar ese hotel, pero Bill me agarró de la sudadera y se puso a hacerme fiestas desde la puerta.
-Hasta luego – le dije con media sonrisa y me giré de nuevo dispuesto a irme pero me agarró del brazo y tiró de mí hacia atrás. Me volví apoyándome en el marco, un poco más y me hostio -¡Bill! – le recriminé.
-Dame un beso de hasta luego – y me puso morritos con los ojos cerrados.
Yo es que cada vez flipo más con este niño.
-Alguien nos podría ver – le dije pasándole el dedo por los morritos que me había sacado. Él abrió los ojos y sin hablar, movió los labios.
“Bésame”
Me acerqué poniendo ambas manos en el marco superior de la puerta. Bill me rodeó la cintura y girando la cabeza presionó nuestros labios.
Yo suspire, bajé los brazos y los enredé en su pelo. Era superior a mí, no podía con él, después de lo de anoche y esta mañana no… me tenía hipnotizado.
Me separé lentamente dejando un hilo de saliva en la boca de Bill, pasé mi mano por su barbilla y se lo limpié.
-Nos vemos abajo – dije en voz baja, el asintió. Me volví a dar la vuelta pero me llamó.
-Tom – me giré antes de que pudiese decir nada me agarró la visera de la gorra y tiró de ella hacia abajo, descolocándomela totalmente.
-¡La madre que te…
Rápidamente me cerró la puerta en las narices mientras se reía desde el otro lado.
Enano, cretino…
Me alejé por el pasillo y me adentré en mi habitación.
Por lo general yo no soy de esos que se comen la cabeza por nada. Mi vida es cojonuda. Soy el guitarrista de un grupo mundialmente conocido y famoso, como dicen “el nuevo fenómeno fan” y por consecuente tengo a miles, millones de tías loquitas por mi, las tengo a mogollón, si quiero marcha me basta con pulsar una tecla en mi móvil. Tengo dinero a rabiar, me compro todo lo que me sale de los cojones.
Tengo todo lo que quiero, todo lo que necesito y soy feliz…
Pero ahora ha pasado algo que ha dado la vuelta a mi forma de ver las cosas.
Me estoy acostando con mi hermano gemelo, Bill. Pensareis ¡eso es de enfermos! Y lo es, si lo reconozco, pero no puedo dejar de hacerlo ¿por qué? Pues porque me gusta. Así de simple.
No es que me guste mi hermano… o eso creo. Me gusta follar con él. Me pone. No es nada serio, nada sentimental esos rollos a mi no me van.
Todavía no le he preguntado, pero le iba a proponer que fuese mi chico, no en el sentido “¿quieres salir conmigo?” si no algo así como “follamigos” en este caso ¿Qué seria? “¿follaermanos?”
Que cosa más rara… yo que se, yo que se…
Da igual, en cualquier caso ahora Bill era mió, me daba igual lo que él pensase. Ahora estaba conmigo y a Tom Kaulitz no se los pone nadie, si estaba conmigo tenia que serme fiel, lo que no quiere decir que yo deba hacer lo mismo. Yo soy el que da ¿no? Pues aquí mando yo, hostia ya.
De todas formas no tengo en mente entretenerme con ninguna tía teniendo al insaciable de mi hermano como “novio” Bill es un pervertido de todas todas y se que si me pongo más tonto de la cuenta él no va a tener ningún problema en aliviar mi angustia, así que no tiene porque haber cuernos si no son necesarios, ahora más le vale no hacerme la pirula porque si no se va a enterar de quien soy yo, si no que no hubiese empezado con esto.
Bueno ya está que me ofusco y me sale el macho dominante que llevo dentro.
En fin, si nadie se entera no tiene que pasar nada.
No creo que esto dure eternamente, me acabaré…no, nos acabaremos cansando de este jueguecito, seguro. Porque estamos jugando con fuego, y como dicen por ahí, el que juega con fuego tarde o temprano se acaba quemando.
Bajé hasta la recepción con Tobbias arrastrando de mis maletas, ya estaban todos, excepto Bill. Georg tenía una cara que daba miedo, por el contrario Gustav sonreía resplandecientemente.
-¿Qué te pasa tío? Estás más feo que de costumbre – le dije dándole una hostia en la espalda.
-Esta resacoso – respondió Gustav por él.
-Pfff pringao – me burlé.
-Cierra ese picazo, ¿y tu que? Que te tuvo que traer Bill al hotel porque no te mantenías en pié – me atacó Georg.
-Nah, no tienes ni idea. – No le podía decir que fingí estar borracho para quedarme a solas con mi hermano ¿por qué?… No lo sé… no sabe no responde, impulsos interiores de esos, yo que sé, que le tenía ganas coño, ¿Qué si no?
-¿Entonces… hubo tema anoche? – se acercó Georg bajando la voz y dándome un codazo.
-Vaya si lo hubo – dije mientras me ponía las gafas de sol.
-¿Cuántas?
-¿Cuántas tías? – el asintió. Bueno no le llamaría tía, pero teniendo en cuenta esa cara de puta viciosa que me pone cuando me lo estoy… ejem, eso, podría mentir un poquito. – Solo una.
-¿Y estaba buena? – susurró alzando las cejas varias veces.
-Buuuf… de infarto. – dije mordiéndome el labio inferior.
-¿Rubia?
-Morena
-Me encantan las morenas – dijo mirando al techo. Yo me reí. – Pero venga, cuéntame más, ¿Cuántas veces te la tiraste?
-Eh… – me paré a pensar y conté con los dedos. – … creo que fueron ocho… si exacto, ocho.
Georg abrió los ojos a más no poder.
-¿Ocho polvos? Tío tu eres un campeón. – Yo asentí en plan “evidentemente”
Empezamos a reír cuando mi “morena de infarto” hizo acto de presencia en la recepción con el pobre de Saki tirando de sus tres enormes maletas.
Me bajé las gafas hasta la nariz y le guiñé un ojo, él sonrió tontamente mientras se encaminaba a la salida junto con todo el mundo.
Al salir, marabunta de fans a las que tuvimos que atender, no nos llevó mucho, un garabato en el papel, una sonrisita y quedaban tan contentas.
La verdad es que muchas ganas de entregarme a mis fans no tenía, estaba literalmente seco, no podía tirar de mi alma.
Al entrar en el Tour Bus me desplomé sobre los asientos de cuero y resoplé, nos esperaba un largo viaje hasta la siguiente cuidad alemana. En una semana teníamos otro concierto, así que tenía que descansar si o si, pero con Bill rondando por ahí no iba a ser fácil… no iba a ser nada fácil.
El día transcurrió sin “accidentes” en el Autobús no había ni un solo rincón para poder intimar con mi hermano, simplemente me echaba miraditas y me susurraba cosas cuando los demás no nos veían. Nada, cuatro tonterías. Y así pasó un día… y otro… y otro… y otro…
-Tooooom – eso me sonó más a un “cariño ya estoy en casaaaa”
Yo estaba en mi litera jugando a la playstation y por lo visto él acababa de llegar, había salido de compras con dos de nuestros guardaespaldas.
-¡Estoy arriba! – le grité con la mirada clavada en la pantalla.
Oí como subía las escaleras estruendosamente.
-¡Mira! – dijo plantándose frente a mi cama y extendiendo una cazadora negra y plateada. – ¡A que es lo más!
Yo solté el mando y cogí la prenda mirándola detenidamente.
-¿Cuánto? – le pregunté sin dejar de examinarla.
-Trescientos cuarenta euros.
Dejé caer mis manos y giré la cara para mirar a mi hermano, mi mandíbula llegaba al suelo.
-¡Trescientos cuarenta…! – repetí.
-Ya… pero es que es de firma – retorció ambas manos por delante suya mientras se balanceaba girándose a los lados y sonreía coqueto.
-Bill que derroche ¿eh? – volví a mirar la estúpida chaqueta. Tampoco tenia nada de especial – Hay cazadoras tuyas que te han costado la mitad y está más chulas que esta.
-¡Si! Porque no eran de firma – me recriminó poniéndose ambas manos en la cadera. Sonreí de lado.
-Eres un crío, eso es lo que eres.
-Si, un crió con mucha pasta – dijo quitándome la chaqueta de las manos. -¿Y que hacen los críos cuando tienen mucho dinero? Derrochar – yo puse los ojos en blanco.
-Pues no derroches tanto a ver si un día se nos va a acabar el éxito de un plumazo y no se de donde vas a sacar dinero para comprarte tus cosas de firma absolutamente totales o sea tía que fuerte – dije de carrerilla y con acentillo, él abrió la boca indignado.
-Que mala leche te gastas últimamente ¿eh? – me dijo con cara de enfurruñado, se puso la cazadora y se dio una vuelta – ¿Cómo me queda?
-Perfecta. – dije yo, y era cierto.
-En serio Tom, ¿porque estas de tan mala hostia? – yo torcí los labios, últimamente estaba de un humor de perros, a el que me tocase las narices más de la cuenta ya le saltaba, de hecho Gerog y yo estábamos mosqueados.
-No lo se – respondí con sinceridad. Vi como Bill se subía en mi cama, yo le hice sitio.
-¿No será que estás frustrado sexualmente hablando? – me susurró al oído. Le di un empujón y lo saqué de mi cama, casi se cae.
-¡Tom!
-Vete a tomar porculo. – le dije.
-Serás mamón… ¡Gilipollas! – me sacó el dedo y lo mantuvo ahí un rato, después se dio la vuelta y bajó las escaleras.
-… no, espera Bill… – pero ya había bajado y no me escuchó.
Me dejé caer en la cama hacia atrás, ahora además de con Georg, también con Bill. Vaya racha que llevaba y lo que más me jodía es que mi hermano había acertado… ese era exactamente el motivo de mi mal humor.
Frustración sexual.
Yo cuando no desfogo cada cierto tiempo tengo muy mala leche pues no me suelo pajear, pero últimamente había estado tentado varias veces a hacerlo, pero ya para que más, sería pegarle martillazos a mi ego masculino para hundirlo cada vez más en la tierra.
Necesitaba estar con Bill… le necesitaba a él.
Y así pasé la tarde…
Saqué mi móvil del bolsillo de mi pantalón, le di a cancelar las llamadas perdidas y los mensajes para poder ver la hora.
Las 11:26 PM
Bajé la mano dejándola caer muerta sobre el colchón. Me había pasado toda la tarde solo en mi litera, tirado viendo la televisión, mientras oía como los demás se reían en la planta de abajo.
Oí una estruendosa carcajada, esa era de mi hermano sin duda… no pude más. Me incorporé y le llamé.
-¡Bill! – grité, no me escuchó pues le seguía oyendo parlotear – ¡BILL! – Dije más fuerte con tono grave y firme. Hasta a mí mismo me sorprendió la voz de camionero que tenía cuando gritaba. Le oí desde abajo.
-¿¡Que quieres!? – sonreí al escucharle.
-¡Sube!
-¿¡Para qué!? – sonreí aun más.
-¡He dicho que subas!
Dejé de oírle, los chicos siguieron hablando pero a Bill no le escuché más. Al cabo de unos segundos retumbaron las escaleras.
Apareció con unos pantalones de chándal azules y una sudadera negra cerrada hasta arriba. Su pelo estaba liso y su cara sin maquillaje.
-¿Qué quieres? – dijo hablándome desde una distancia prudencial, se notaba que seguía molesto.
-Ven aquí – le llamé haciéndole el gesto con el dedo para que se acercase. Él vaciló un momento, finalmente se acercó hasta el borde de mi cama.
Yo me puse de rodillas sobre ella y le agarré de ambas manos.
-Te echo de menos… -susurré, mi voz era como un suspiro.
El respiró profundamente haciendo subir y bajar sus hombros, luego me miró y se adentró en mi cama poniéndose de rodillas frente a mí.
-¿Qué es? ¿por qué no hemos tenido sexo? – dijo el también en voz bajísima, pero lo dijo tan secamente… me sentó un poco mal, ¿pero acaso no era eso lo que me pasaba?
-No estoy hablando de eso, solo quiero que estés conmigo, si tu no me hablas me siento solo. Te necesito Bill…
Él abrió mucho los ojos antes de morderse el labio inferior con expresión dolida y abalanzarse sobre mí.
Se tiró encima tumbándome en la cama, él cayó sobre mí y se acomodó a cuatro patas mientras movía sus labios contra los míos.
Yo no pude evitar cerrar los ojos de gusto, cuando caí en la cuenta de que la cortina estaba abierta los abrí y lo separé un poco de mí.
Estaba perfectamente echada, le miré y me sonrió.
-Rápido, antes de que suban – susurró con un suspiro que solamente yo pude oír.
El corazón empezó a latirme más rápido de lo normal.
¿Me estaba proponiendo hacerlo aquí y ahora? Respondió a todas mis preguntas cuando le vi agachado sobre mí mientras me desabrochaba el cinturón. Yo ahogué un gemido.
Él bulto en mi entrepierna era considerable, mientras me desabrochaba la hebilla bajó la cabeza y me empezó a morder por encima de los pantalones.
Ufffff… madre mía, madre mía…
Yo me incorporé en mis codos y me relamí los labios con ansia mientras observaba como me pegaba un tirón de los pantalones dejándomelos hasta las rodillas. Me miró como buscando mi aprobación cuando iba a bajarme los boxers.
Yo asentí frenéticamente varias veces.
Cuando ya tenía toda mi virilidad al descubierto Bill se encorvó y empezó a darme lametones en la punta. La vista se me nubló por unos instantes, solo con esos roces me estaba haciendo ver las estrellas.
Se recogió el pelo con una mano y se lo echó todo hacia un lado de modo que yo podía ver su perfil perfectamente, me miró una vez más y se la metió en la boca.
-Uhhhm… – no pude evitarlo, Bill me miró regañándome con la mirada mientras subía y bajaba.
Yo sentía que me iba a desmayar, me quedé incorporado apoyando los codos en el colchón para no perderme detalle.
Eso cada vez tenía mejor pinta, Bill incluso me escupía para que estuviese más lubricada y resbalase más… entonces entendí porque estaba haciendo eso.
Se levantó y se sacó una pernera del pantalón, hizo lo mismo con la del boxer. Bajo mi atenta mirada se puso encima.
Oh Dios… encima no… no te pongas encima, que es la postura que a mí más me gusta.
Se colocó poniendo ambas manos en mis hombros empujándome para que quedase recostado de nuevo, su respiración era irregular, la mía era la leche de ruidosa, estaba que me iba a subir por las paredes.
En cuanto se puso a cuatro patas sobre mi yo le agarré el trasero exprimiéndoselo con ganas, él se mordió el labio inferior y buscó con su mano mi pene.
Cuando lo agarró lo guió y colocó donde él quería.
Ambos tragamos saliva cuando Bill empezó a descender y empujó hasta que entró.
-Hmmm… – medio gemí cuando me sentí totalmente rodeado por Bill. El apretó mucho los ojos con la cabeza echada hacia atrás. Cuando estuvo totalmente dentro la bajó y expulsó todo el aire que había contenido.
Nos quedamos un rato así, mirándonos, totalmente unidos, perfectamente encajados.
-Muévete – le susurré entre jadeos. El se relamió los labios secos y asintió.
Con ambas manos apoyadas en mis hombros empezó a moverse de adelante hacia atrás. Yo noté perfectamente como mi polla salía y entraba de su agujero, la sentía bombear. Lo estrecho que era Bill me sacaba de mis jodidas casillas.
Bill estaba sabiendo mantener el control mejor que yo pues mis jadeos retumbaban en las paredes.
-Shhhh… – me dijo en más de una ocasión, pero yo no podía contenerme… no podía.
Observé como se incorporaba totalmente y se desabrochaba la sudadera quitándosela rápidamente, se quedó con una camiseta negra de manga corta, estaba sudando muchísimo.
Siguió ahí arriba y con sus manos apoyadas en mi abdomen se seguía moviendo.
Era tan… increíble. Le deseaba tantísimo. Era como un ángel… era hermoso, realmente hermoso y sensual.
Bajó de nuevo haciendo una mueca con la cara y ahogando todos sus gemidos.
No sé como podía contenerse, mis propios jadeos casi rozaban los gemidos, levantó la cabeza y buscó mis labios yo le correspondí sin soltar mis manos de su lindo trasero.
Empezó a juguetear con su piercing dentro de mi boca, yo rodé los ojos de gusto, entonces el placer empezó a hacerse más intenso, estaba llegando…
Le rodeé la cintura con ambos brazos dejándole totalmente pegado a mí y empecé a mover mis caderas hacia arriba embistiéndole fuertemente.
-¡Aaah… no no no Tom, joder! – el no pudo evitar gemir alto ante el cambio brusco de la situación.
Ahora era algo desesperado, Bill enterró la cara en mi cuello y me mordió el hombro para no gritar, le estaba embistiendo quizá más fuerte de lo que debería… tenía que aguantar, por Bill, hasta que él llegase… tenía que aguantar…
Tras unas embestidas más noté como Bill temblaba y me agarraba de las rastas fuertemente ahogando su grito de éxtasis en mi hombro. Al oírle no me aguanté más y le estrujé fuertemente entre mis brazos mientras alcanzaba el cielo con él.
Jadeando derrotados, temblando y sudando como pollos es como permanecimos unos instantes antes de separarnos y comenzar a recolocarnos la ropa.
-Voy… a la ducha.. – me dijo Bill entre jadeos, todavía no se había repuesto.
-OK… yo voy después – me derrumbé en la cama otra vez mientras Bill desaparecía escaleras abajo.
Había sido increíble… no tenía otra palabra, increíble…
Continúa…