Obsesión sexual 27

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Capítulo 27

Pov Bill

-¡Hola mami!
-¡Ay mi niño! – nada más verme al otro lado de la puerta mi madre no tardó nada en echarse sobre mi y estrujarme entre sus brazos. – Mi Billy – me susurraba meciéndome hacia los lados.
Yo le acariciaba la espalda de arriba abajo intentando reconfortarla pero la que me reconfortaba era ella a mí. Mi mamá, Simone, una de mis musas, mi diosa, mi otro amor…. Es la segunda persona más importante en mi vida.
Cuando me soltó para mirarme bien yo me limpié las lágrimas que bajaban por mis mejillas, ella hizo lo mismo con las suyas mientras me sonreía con toda la dulzura del mundo e inmediatamente sus ojos se desviaron detrás de mi y sonrió todavía más.
-Tom… cariño… – su voz se quebró en un llanto mientras avanzaba hacia mi hermano, Tom abrió los brazos y la recibió con un cálido abrazo mientras apretaba los labios y sonreía después.
Me acerqué y me uní al abrazo estrujando a mi madre entre nuestros cuerpos.

-¿Dónde está papá? – pregunté a la vez que nos adentrábamos en el recibidor.
-Está en el estudio tocando y con su música, ya sabes – me sonrió mientras me acariciaba la espalda suavemente. –Tom, cielo, cada día estás más guapo. – añadió dirigiéndose a mi hermano a lo que él se rió escandalosamente.
-Sí, me viene de familia. – mi madre sonrió ante el alago.
Caminé hasta el salón, no pude evitar que los recuerdos y la nostalgia se apoderarán de mí, paseé la vista por la estancia observando lo bonito que lo había puesto todo mamá, decorado con adornos navideños.
Sin demorarme mucho más fui hasta el estudió de mi padre.
Abrí la puerta y ahí estaba, con los cascos puestos y una guitarra sobre su regazo, estaba tocando unos sencillos acordes mientras hacia el ritmo con el pié.
-¡Papá! – grité.
Él giró la cara y al verme alzó mucho las cejas dejando enseguida la guitarra a un lado y levantándose.
-Bill, hijo… – Yo eché a correr y pegué un bote haciendo que él me cogiese en brazos. Se tambaleó hacia atrás un momento por el impulso mientras se reía, yo me enganché como un mono mientras le estrujaba fuertemente. –que grande estás cabrón… – se separó un momento para mirarme a la cara pero sin soltarme.
Yo sonreí y le volví a abrazar con ganas.
-¡Padre! – oí la voz de Tom, giré la cara aún sin bajarme y vi como mi hermano avanzaba casi corriendo también hacia nosotros.
-¡Nonononono! – gritó mi padre al ver como Tom se acercaba en plan placaje.
Demasiado tarde, nos encontramos los tres en el suelo sin parar de reír a carcajadas mientras ambos abrazábamos a papá en el suelo.
Mamá observaba el panorama desde la puerta sin dejar de sonreír.

Por fin en casa…

&

-No me desafíes, sebes que conmigo no puedes.
-Vamos malvado monstruo fregona, intenta algo contra mí que vas a salir escaldado. – yo sujetaba el palo del cepillo en alto en posición de combate mientras Tom me amenazaba con el de la fregona.
-Ja, me gustaría ver eso.
Avancé con el palo por delante pillándole por sorpresa, él dio un sobresalto y le dio tiempo a esquivarme echándose sobre la mesa de madera y rodando por ella hasta el otro lado de la cocina.
-Cobarde, ven aquí… – empecé a perseguirle como un poseso corriendo alrededor de la mesa.
-Oh dios mío, estás loco, el demente de pelos tiesos nos ataca compañera – le habló a la fregona mientras se movía alrededor de la mesa siéndome imposible pillarle.
-Maldita sea, deja de huir y pelea como un hombre – sentencié señalándole totalmente teatrero.
De repente sentí un golpe en la nuca, me volví poniéndome la mano ahí y me encontré con mi madre mirándome con los ojos entornados y los brazos en jarra.
Tom empezó a carcajearse.
-Au… – me quejé en tono lastimero poniéndole morritos a mamá.
-Y tu a callar también – dijo mi madre señalando a Tom que paró de reírse pero esa cara de estar aguantándose la risa no desapareció mientras me miraba .A veces le mataría… – dejad de hacer el ganso, como os manchéis no me vais a querer escuchar.
Yo me miré la ropa para ver si estaba bien, después miré la de Tom.
Hoy era la cena de Navidad y mamá nos obligó a ponernos “elegantes” bueno, más bien obligó a Tom porque yo no tuve ningún problema.
Mi hermano llevaba una camisa de seda en azul marino, tenía varios botones de arriba desabrochados y el cuello mal colocado para variar. Se puso unos pantalones vaqueros oscuros en contra de los deseos de mi madre, eran anchos, pero no demasiado, eran muy poco propios de él. Las rastas las tenía cogidas en una cola alta, sin absolutamente nada más en la cabeza.
Yo llevaba una camisa de seda como él pero la mía era negra. Me puse mis pantalones blancos con unos tirantes del mismo color, mis botas altas por encima de los vaqueros y el pelo de punta.

Mamá me arrebató la escoba de las manos, Tom se acercó y le tendió la fregona sin borrar esa estúpida sonrisita de la cara.
-Te ha pegado.. – me susurró al oído burlándose de mí. Enseguida echó a correr pues me abalancé sobre él pero consiguió zafarse y salió pitando fuera de la cocina.
-¡Bill, Tom! – nos regañó mientras nosotros corríamos por la casa, bueno más bien Tom huía y yo le perseguía.
Dimos unas cuantas vueltas al sofá mientras papá resoplaba pues pasábamos por delante de él tapándole la vista del televisor.
-¡Ya vale! – gritó papá pero sin poder evitar reírse.
-Cobarde, más que cobarde ¡no huyas! – grité mientras Tom se reía en agudas carcajadas y se me escurrió echando a correr escaleras arriba. –maldita sea… ¡Thomas! ¡ven aquí! – se oyeron los estruendosos golpes de sus zapatillas y mis botas detrás subir los peldaños a pisotones y corriendo.
-Por dios, pero que dos… – oí a mamá desde la cocina.

Al llegar al piso de arriba Tom casi se escuerna contra el suelo pues se tropezó con el último escalón y perdió el equilibrio un momento.
-Ahg… mierda. – dijo mientras apoyaba la mano en el suelo y se levantaba enseguida para volver a echar a correr por el pasillo de arriba.
Al llegar al final se chocó contra la puerta que cerraba este, la del cuarto de nuestros padres, llevaba tales velocidades que sonó el golpe seco de su cuerpo chocar contra la madera, seguidamente abrió la puerta y entró cerrándomela a mí.
Yo impacté también contra ella con las manos por delante, agarré el pomo intentando girarlo pero Tom estaba haciendo presión desde el otro lado.
Le di una patada a la puerta.
-¡Sal de ahí maricón!
-¡No! Me das miedo…. ¡La malvada Cruela de “Bill” me persigue!
-¡¿Cómo me has llamado?! – grité ofuscado mientras empujaba y daba golpes con mi hombro haciendo que la puerta se abriese a ratos pero Tom la cerraba enseguida empujando desde el otro lado.
-¡Aaagh socorroooo! – gritó él teatrero.
De repente llamaron al timbre. Yo bajé un momento la guardia, ya empezaba a llegar la gente. Algunos tíos y primos que venían de la ciudad y amigos de mis padres, iba a ser en plan cena familiar.
Oí como mi madre abría la puerta y un gran escándalo después, murmullos de gente entrando en casa y risas.

Como paré de empujar Tom entornó la puerta y se asomó.
Aproveché entonces para llevármelo por delante.
-¡Mierda!
-Ya eres mío… – susurré perversamente mientras entraba y cerraba la puerta a mis espaldas.
-No te acerques ¡Bruja!
-Thomas te la estás ganando…
Mi hermano retrocedió hasta que se topó con la cama. Se subió pisoneando el edredón con sus zapatillas y se movió hasta el cabecero con cara de niño asustado, totalmente sobreactuado pues esa sonrisita pícara no desaparecía de su rostro.
Llegué hasta los pies de la cama y me subí lentamente gateando hasta llegar a él, sentado con la espalda apoyada en el cabecero y totalmente espatarrado con las rodillas flexionadas.
Me coloqué de rodillas delante de él, entre sus piernas y le miré autosuficiente desde arriba, el jadeaba por la carrerita pero no hacía nada más.
Elevé mis manos haciendo que mis pulseras se chocaran entre sí haciendo un ruido metálico y empecé a desabrocharme los botones de la camisa despacio, de arriba abajo.
Tom abrió la boca y jadeó rudamente, sus manos de posaron enseguida en mis muslos agarrándolos desde detrás.
Se las aparté en un gesto seco.
-Estate quieto, mando yo. – El gruñó desconforme pero se aguantó.
Terminé de desabrochármela dejando ver todo mi torso. Tom no apartaba los ojos de ahí y respiraba entre dientes, totalmente encendido.
Sonreí y me la empecé a quitar descendiéndola por mis hombros despacio, teniendo cuidado de no bajarme los tirantes.
Una vez me la quité la deje con cuidado a un lado de la cama, Tom me hizo un escáner de arriba abajo sin dejar de pasar su lengua por su labio inferior.
Esta vez cogí sus manos y las posé en mi pecho, el cerró los puños atrapando mis tirantes entre ellos y tiró de mí hacia él.
-Ven aquí preciosidad… – gruñó mientras me daba bocados en la barbilla yo me senté a horcajadas sobre sus piernas. -Hmmm… ya me la has puesto dura cariño.
Sonreí provocador y empecé a moverme encima de él.
-Tom..
-¿Qué? – jadeó mientras me acariciaba con ansia apretándome más contra su cuerpo a la vez que besaba mis labios varias veces.
-¿Qué parte de mi cuerpo te gusta más?
-¿Eh? – levantó la cara despegando los labios de mi cuello y me miró, yo dejé de moverme.
-¿Qué parte es la que te gusta más? – repetí
-Me gusta todo
-Bueno pero habrá algunas más que otras… – él torció la boca un momento como pensativo.
-No se… tienes una carita preciosa, en eso has salido a mí – yo rodé los ojos.
-Ajá
-Me gusta todo tu cuerpo Bill, blanquito, delgado, suave… no sabría elegir. Tu cinturita y tu culo, quizá.
Yo me eché a reír.
-Mi culo… ya.
-Que le hago, esa parte es mi perdición.
-No me ayudas ¿eh? – me crucé de brazos.
-Pero ¿Por qué? ¿para que quieres saberlo? – yo sonreí y me bajé los tirantes, me giré un poco quedándome de lado a él, alcé mi mano derecha y empecé a delinear mi costado hacia abajo con el dedo, de la axila a la cadera. Tom me observó sin entender.
-Nunca dejamos de gritar, volvemos a nuestros orígenes. – terminé de delinear mi piel con mi dedo cuando llegué a mi cadera.
-¿Otro tatuaje? – Yo asentí mordiéndome el labio inferior.
-¿Qué te parecería?
-No se… ¿eso es lo que te vas a poner?
-Si.
-Me gusta. – Yo sonreí.
-¿De verdad? Eso si lo tengo claro, lo que no sé es si hacérmelo aquí o no – dije señalando mi costado de nuevo.
-Pero ¿de aquí aquí? ¿tan grande? – señaló el también la trayectoria que yo había marcado.
-Si, cuanto más grande mejor, es como algo que tengo que recordarme a mi mismo siempre para que no se me olvide, quiero poder vérmelo bien. ¿entiendes?
Tom sonrió y me abrazó con fuerza.
-Quiero ir contigo cuando te lo hagas.
-No lo dudes… – susurré y le besé lenta y dulcemente.

Me quité un gran peso de encima la verdad….
Pensé que estaría en desacuerdo, casi me come cuando le dije el del brazo, también vino conmigo a ver que me hacía. Cuando mi tatuador lo dibujó antes de empezar a pinchar con la aguja a Tom casi le da algo.
“-¿Estas loco? Es demasiado grande, te va a doler muchísimo” – me regañó
Por eso pensé que éste, que era como el cuádruple de grande, no lo aceptaría.
Esta tolerancia me ha sorprendido.
Pero más que nada me ha encantado…

A Tom no le molan nada los tatuajes, me dijo que no a cada uno de los que he hecho, pero aun así yo me los hacía, es mi cuerpo puedo hacer lo que me dé la gana con él, sin embargo siempre se lo preguntaba antes. El de la cadera fue el que más le sorprendió en un principio, le pillé varias (muchas) veces mirándome de reojo ahí cuando me ponía camisetas cortas para enseñarla, nunca supe el porqué al principio pensé que era porque no le gustaba que la enseñase, pero ahora creo que empiezo a entender un poco mejor cual era la razón de esas miradas furtivas.

——-

Abrí un poco la puerta de la habitación de mamá y me asomé, pude oír a la gente abajo, habían pasado unos 20 minutos, decidí no demorarnos más para que mamá no se desesperase y subiese ella encontrándose con algo que no le iba a gustar nada.
-¿Ya? – giré la cara mirando como Tom se abrochaba los pantalones.
-Espera coño…- susurró apurado. – Vale, ya. – avanzó una vez se terminó de recolocar la camisa por fuera.
Abrí la puerta y ambos avanzamos por el pasillo sin poder evitar agarrarnos de la mano un momento y apretarnos fuerte, mostrando nuestra complicidad y sobre todo la presencia del otro.

Cada vez era algo más sólido, cada vez sentía más cosas cuando Tom me hacía el amor, era cada vez más intenso. Por lo menos para mí.

No quería perder la cabeza por Tom…. Pero creo que ya es demasiado tarde.

Continúa…

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