
«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 40
Pov Bill
-¡Ajajajajaja! No puedo… Jujuju – me retorcí hacia delante al ver la cara que se le quedó a Kat cuando le estampé toda la mano llena de nata en la cara.
-Serás… – rió él limpiándose la cara con un paño de cocina.
Estábamos aburridos y no se me ocurrió otra cosa que ponernos a hacer una tarta de nata y chocolate.
Cuando mi ataque de risa se cortó caminé hacia él y le pasé un dedo por la cara, chupándomelo después. Kat sonrió coqueto.
-Estás super guapo con ese delantal Bill.
-Claro que sí, yo estoy guapo con cualquier cosa – dije en tono diva alzando la cabeza y sacudiéndome el pelo hacia atrás.
-Si, pero cocinas de pena, si esto es un pastel yo soy hetero y virgen porque vamos…
Miré hacia la tarta y torcí la boca.
-Bueno, está en proceso – me defendí yo, muy digno.
-¡Jajaja! Ya claro, pues creo que no quiero ver el resultado final ¿eh?
Me giré y le miré entornando la mirada, él juguetón retrocedió intentando esquivarme pero avancé y lo atrapé entre mis brazos haciéndole jadear.
-A ver si te atreves a repetir eso ahora.. – susurré con mis labios pegados a su oído, acariciándolo con ellos suavemente, mientras mis manos se colaban por debajo de su camiseta por la espalda.
Oí un ronroneo salir de sus labios.
Sonreí y le apoyé en la encimera mientras mis labios danzaban sobre su cuello, él acariciaba mi espalada extasiado.
-Hmm Bill… – fui bajando mi mano por su cuerpo pero el sonido de mi móvil nos hizo separarnos. -no lo cojas.. – me dijo agarrándome del cuello de la camiseta tirando de mí hacia él de nuevo.
-Espera Kat, puede ser importante, quizá son los del estudio, no puedo ignorar las llamadas. – Puso morritos y me soltó, me reí dándole un suave piquito que le hizo sonreír, esa sonrisa tan bonita que tenía me subía la moral.
Estaba terriblemente adorable esta mañana, desde que se me ocurrió ponerle la felpa con las orejitas de gaitito, porque cuando se ponía meloso parecía uno, todavía no se las ha quitado, dando lugar a más de un “aquí te pillo, aquí te mato”… Ha sido una mañana productiva, de alguna manera.
Salí de la cocina buscando el móvil.
Revolví todo lo que había sobre la mesa, buscándolo, lo encontré debajo de las cajas de pizza que nos pedimos ayer para cenar.
Miré la pantalla.
“Gustav”
Extrañado, descolgué.
-Si, dime Gustav.
-Por fin, llevo llamándote toda la mañana, ¿donde te metes? – me rasqué el cogote y torcí la boca.
-Perdona tío, no he oído nada, llevo sin mirar el móvil desde anoche y…
-Bueno eso es lo de menos – me cortó, yo parpadeé incrédulo, parecía nervioso… – te llamaron a ti primero pero como no lo cogías me llamaron a mi y…
-Espera, espera Gustav – le interrumpí ahora yo a él. -¿de que estás hablando? -Oí como suspiraba fuertemente al otro lado de la línea.
-Es Tom…
Mi pulso se aceleró al instante, noté como un fuerte nudo se me ataba en mi garganta, impidiéndome respirar con libertad. No… No por favor…
-¿Qu… Que..? – fui capaz de articular.
-Bill dime donde estás y voy a recogerte, no creo que estés en condiciones de conducir.
-Gustav dime que no le ha pasado nada, por Dios dime que no… – angustiado me dejé caer en el sofá con una mano tapando mi boca. Noté la presencia de Kat a mi lado pero no le presté atención.
-No se exactamente lo que ha pasado, yo estoy aquí y todavía no me han dicho nada.
-¿Donde? ¿donde estás? ¿donde está Tom? – pregunté con la voz afónica, intentando contener el llanto.
-Calmate Bill, estamos en el hospital…
-¡¿COMO?! – grité levantándome, mientras me quitaba el puto delantal y empecé a recoger todas mis cosas y guardarlas en el bolso – ¡Ahora mismo voy para allá, dime la dirección! – caminé como un histérico hasta recoger mis botas del suelo y sujetando el móvil con mi hombro me las puse lo más rápido que pude mientras Gustav me daba las indicaciones.
-¿Seguro que no quieres que vaya a recogerte, Bill?
-¡Nononono!, sería una perdida de tiempo, estoy allí en menos de diez minutos.
-Vale, aquí te esperamos, y tranquilo ¿eh? – me pasé la mano por la cara limpiando apurado las lágrimas que me manchaban la mejilla mientras recogía el bolso y la cazadora.
Guardé le móvil y corrí hacia la entrada.
-¡Bill! – me giré un con el pomo de la puerta ya en la mano y reparé en Katriel, que me miraba preocupado, plantado delante de mí.
-No tengo tiempo Kat – me giré y abrí, pero sentí como me sujetaba por la camiseta un momento.
-¿Que ha pasado? – Me giré y le miré dolido, sin poder contener mis lágrimas de nuevo.
-Es… Mi hermano… – sollocé. Él abrió mucho los ojos y me soltó.
Sin más explicaciones eché a correr escaleras abajo, no podía pararme a esperar el ascensor, tenía que correr, correr y correr.
Dios mío Tom… ¿que has hecho..?
&
Conduje a toda velocidad sin importarme una mierda nada más, me salté semáforos en rojo y casi atropello a un peatón, pero ahora mismo me daba todo igual, lo único que hacia eco en mi cabeza era Tom…
Aparqué de cualquier forma en el parking del hospital y dejándome el bolso y la cazadora en el coche salí disparado hacia la entrada. Derrapé en el recibidor pues el suelo resbalaba demasiado y casi me estampo contra el mostrador.
Me quedé apoyado en este, jadeando, intentando recuperar el aire.
-Emm.. ¿que desea? – me preguntó la anciana recepcionista.
-Tom… Tom Kaulitz… ¿en que habitación…? – dije a trompicones, intentando no ahogarme.
-¿Como es el apellido? – me volvió a preguntar adelantando la cabeza y entornando la mirada. Coño, joder, anciana y sorda tenía que ser.
-Kaulitz, Tom Kaulitz. – dije en mal tono, angustiándome más por momentos.
-Un momento por favor. – volviendo a achinar la mirada y recolocandose las gafas se puso a mirar en el ordenador.
Me revolví desesperado, vengo coño…
-Deprisa por favor.. – dije adelantándome y me asomé a mirar la pantalla.
-Un momento joven, que esto no sale… – Sin poder aguantar más me eché sobre el mostrador, dejando medio cuerpo casi por el otro lado, la mujer se echó para atrás de la impresión.
Giré la pantalla y alcancé el ratón, no había escrito bien Kaulitz y por eso no lo encontraba.
-Hay que joderse. – susurré echándole una mirada helada y aun recostado, hincándome todo el borde en el estómago, tecleé el apellido y le dí a enter, me apareció enseguida. – Planta 9, habitación 920 – dije en voz alta para acordarme y me bajé de un salto -Gracias por nada. – le dije a la señora sin poder evitarlo.
Odiaba a la gente incompetente y más en estos casos.
Mientras esperaba el ascensor no paraba quieto. Estaba demasiado atacado. Las manos me sudaban, y tenía un fuerte dolor instalado en el estómago, no se si eran nervios, pero cada vez estaba más desesperado.
Cuando llegó tuve que esperar a que sacasen a un hombre en silla de ruedas. Me colé rápidamente y antes de esperar a que se metiese todo el mundo le di al botón del 9, dando lugar a protestas pues las puertas se cerraron en sus narices.
-Venga, venga, venga… – no paraba de repetir mientras que la gente que había conseguido meterse conmigo me miraba extrañada.
Nada más llegar a la planta salí disparado.
En el hall, o sala de espera o como se llame, no encontré a nadie conocido así que me adentré en los pasillos buscando yo la habitación.
-916, 918… ¡920, aquí es! – casi grité al encontrarla.
Abrí la puerta precipitadamente, sin llamar ni nada.
Entré y me giré sobre mi mismo varias veces, era una habitación doble, pequeñita, había dos camas, las dos desechas y las dos vacías.
No había nadie, no supe relacionar cual podría ser la de Tom, ¿y donde diablos estaba..? Me temí lo peor..
Busqué mi móvil con las manos temblorosas, pero al no encontrarlo en los bolsillos de mis pitillos negros, caí en que me dejé el bolso en el coche, ahora no podía llamar a Gustav.
Entonces oí unas risotadas a mi espalda, unas risas que conocía muy bien. Me giré inmediatamente y le vi parado fuera, en el pasillo, en frente de la puerta, no reparó en mí, estaba con la cara girada y hablaba con alguien.
Al verle no pude evitar empezar a jadear en un principio de ir a echarme a llorar.
No llevaba ni su ropa ni su gorra, si no un camisón de esos que te dan en el hospital, en color blanco, se agarraba a la barra de hierro con ruedas que sujetaba el suero que llevaba inyectado en la muñeca. También pude percibir que tenía entubada la nariz con dos pequeños tubitos transparentes.
Él, enseguida giró la cara dispuesto a entrar y me vio, desapareciendo su sonrisa al instante.
Sin poder aguantarme más eché a correr hacia él, acortando la poca distancia que nos separaba y le abracé con fuerza.
-Tom… Oh Dios… Que mal lo he pasado… – sollocé en su cuello, rodeándoselo con mis brazos fuertemente.
-Que susto coño, si es Bill – oí la voz de Georg a mi lado, abrí los ojos y les vi a ambos, a él y a Gustav. Pero enseguida, como si me hubiese leído el pensamiento, Gus cogió a Georg del brazo y le dio un tirón en señal de dejarnos solos. Y así lo hicieron.
Pude percibir como Tom quería avanzar para no estar en el pasillo así que le solté sin ser capaz de alzar la mirada, retrocedí adentrándome en la habitación y él hizo lo mismo, cerrando la puerta a su espalda.
(Nota de la autora: Aquí pongo banda sonora, es más, es necesario escucharla para esta parte, si veis el video vereis que está traducida, y lo que dice la letra es importante, poned en el youtube: Incomplete – Backstreet Boys (Traducida))
Nos quedamos parados uno en frente del otro, yo lloraba sin apartar la vista del suelo, él no hacía nada.
Me atreví y le miré a la cara, no pudiendo evitar torvarla en una mueca de tristeza haciendo que mis lágrimas se desbordasen de nuevo.
Estaba tan pálido, me miraba impasible, sin ningún tipo de brillo en los ojos, yo no pude seguir soportando esa indiferencia y volví a alzar mis brazos, enrollándolos a su cuello y quedándome muy pegado a su rostro, frotando mi nariz con la suya muy suavemente, sintiéndome tremendamente reconfortado con su presencia a mi lado, aliviado al ver que no le había pasado nada.
-Tom… – susurré su nombre en un suspiro. Vi como él cerraba los ojos lentamente y también suspiró, notando yo todo su caliente aliento en mi boca. – ¿Que has hecho Tom…? ¿que has hecho? – le pregunté susurrando, muy bajito.
Él abrió los ojos muy despacio y separó los labios.
-Había tantos… Espacios vacíos – abrí mucho los ojos al oírle, su voz era muy ronca, demasiado. – Veía caras… Distintas, pero ninguna era la tuya…
Fruncí el entrecejo extrañado.
-Tom… ¿que… Que estas diciendo..?
-Sin ti, dentro de mí… No podía encontrar un momento de paz conmigo mismo… Y… No pude… No encontré otra manera de olvidar ese dolor que me hacia retorcer por dentro.
Fruncí los labios y apreté el agarre que tenía a su cuello, juntando nuestras frentes.
-Tom… Yo.. – él alzó las manos y me agarró la cara, reteniéndola entre sus manos, mirándome muy fijamente.
-He tratado… De seguir como si nunca hubiese pasado nada entre nosotros, estoy despierto, pero mi mundo sigue medio dormido. He intentado que mi corazón no se rompa en mil pedazos… – me agarró de la cara más fuerte, y ví como se le aguaban los ojos – …pero sin ti lo único que voy a estar es… Incompleto.
Sus palabras taladraron hasta lo más profundo de mi ser. No se explicar como me sentí en aquél momento, no sabría… Simplemente, le sentía, a él, le sentía después de tanto tiempo sin hacerlo…
Apartó las manos de mis mejillas pero yo se las sujeté con fuerza conduciéndolas hasta mi cintura, terminando de ponerlas sobre mi piel, apretando fuerte y cuando las solté para llevarlas de nuevo a su cuello él apretó aún más subiéndolas por mi espalda, cerrándolas, rodeándome con ellas, abrazándome por fin, empujando mi cuerpo contra el suyo, haciendo que, irremediablemente, nuestros labios se juntasen.
-Hmmm… -gemimos al unísono.
Volver a sentirnos después de tanto tiempo, como nuestros corazones se aceleraban ante ese simple roce, viéndonos incapaces de separar nuestros labios, nuestros cuerpos. Mis brazos se mantenían fuertemente enrollados a su cuello, sintiendo el áspero tacto de sus rastas sobre ellos. Los suyos, me apretaban, rodeando todo mi talle, cerrando los puños en torno a mi camiseta.
Romper ese momento hubiese sido un pecado…
Despegamos nuestras bocas unos centímetros, los suficientes como para poder mirarnos a los ojos, nuestros ojos iguales, los míos acuosos, los suyos brillantes por fin…
Tomé una bocanada de aire por la boca y lo expulsé por la nariz, tranquilizándome, para acto seguido poder hablar.
-Perdóname Tom… – susurré sin dejar de pasar alternativamente de uno de sus ojos al otro, moviendo mis pupilas con rapidez, como si tuviese que memorizarlos.
-No puedo, no tienes perdón… – fue su contestación. Yo no pude evitar echarme a llorar otra vez.
-Tom… Que sepas que… A pesar de todo yo… – No me dejó terminar, volví a notar sus labios acariciando los míos, cerré los ojos esta vez, solo me arrimé más a su cuerpo y le sentí. Sentí como empezó a mover su boca contra la mía, intentando darle intensidad al beso, yo sin dudar correspondí, abriendo la mía, dándole paso, permitiendo que acariciase mi lengua con la suya.
Gemí de puro gusto, hacía tanto tiempo que no probaba algo tan delicioso… Había soñado tantas veces con volver a besarle… ¿de verdad que no era un sueño..?
Se separó de repente sin darme tiempo a reaccionar, entorné la mirada con los labios entreabiertos y vi como se quitaba de un tirón la entubación de la nariz. Volviendo a besarme, ansioso, una vez se deshizo de ella.
Yo le recibí de nuevo, y correspondí al beso. Abría y cerraba su boca contra la mía, humedeciendo mis labios con su lengua que se colaba en mi boca y buscaba la mía que en un momento dado saqué para introducirla yo en la suya.
Oí como gruñó y yo me dejé llevar por él sin abrir los ojos, sin dejar de disfrutarle, sin dejar de curar sus heridas internas, sabiendo que esto es lo que él necesitaba para volver a estar bien…
Cuando por fin nos separamos, jadeantes, sonrojados, con el corazón a mil…. Fue entonces cuando Tom curvó poco a poco su boca en una leve y sincera sonrisa… Y como yo estallaba de gozo por dentro al verla.
Era tan fácil… Era tan sencillo como estar aquí, estar con él, no separarme de su lado, eso era lo único que Tom necesitaba para no sufrir…
¿De verdad me costaba tanto dárselo?
Nos separamos despacio, sin querer hacerlo, sin dejar de mirarnos, viendo claramente como la palidez de su rostro había desaparecido, dando lugar a un leve rubor en sus mejillas que le hacía parecer más guapo de lo que ya era.
Una vez nos soltamos yo alcé la mano y acaricié su sonrosada mejilla, él alzó la suya y la puso sobre la mía cerrando los ojos, yo observé dolido como tenía la muñeca vendada y el tubo del suero salía de ella…
Me dolía tanto verle así…
Tom abrió los ojos despacio y apartó mi mano de su mejilla con la misma lentitud.
-Lo veo… Está escrito en tu cara Bill… – Me mordí el labio y le miré dolido.
-Que, ¿que es lo que ves Tom..?
-Sigues preguntándote…. Si cometimos un gran error… ¿verdad?
Abrí la boca para contestarle pero unos golpes de nudillos en la puerta interrumpieron mi propósito.
-¡Adelante! – gritó Tom dando paso, sin dejar de mirarme.
Quien entró fue un doctor, que al reparar en mí alzó una ceja, Tom se separó de mí y se fue a sentarse en una de las dos camas que supuse yo que era la suya.
-Vaya, ya has llegado, buenas tardes Bill. – me saludó, yo parpadeé intentando volver de mi burbuja y le estreché la mano, o le habían hablando ya de mi o nos conocía por ser famosos.
-Buenas tardes – le devolví el saludo algo desconcertado todavía por lo que había pasado.
Caminó hasta estar frente a Tom en la cama y miró el suero que colgaba de la barra metálica. Yo me acerqué hasta estar al lado de ambos.
-Supongo que… – dijo terminando de revisar el suero y se giró a mirame – … Tom ya te habrá contado la situación ¿no?
Fruncí en entrecejo y miré a Tom, que permanecía sentado mientras se toqueteaba la aguja que tenía inyectada en la muñeca.
-Pues no, acabo de llegar y todavía no se nada.
-Ah, entiendo – revisó algo en la carpeta que tenía entre manos y me volvió a mirar. – lo que ocurre es lo siguiente. Tom ingirió anoche una alta cantidad de cocaína y su organismo no pudo soportar semejante invasión, ya que al no estar acostumbrado a ello, sufrió un colapso del sistema nervioso. Una intoxicación, lo que se conoce claramente como una sobredosis.
Mi boca llegó al suelo, sin ni siquiera parpadear miré a Tom que mantenía la cabeza gacha, sin atreverse a mirarme.
-No me lo puedo creer… – sentencié poniéndome una mano en la frente.
-Bueno, por suerte, los chicos que acompañaban a Tom llamaron a la ambulancia y conseguimos reanimarle a tiempo.
-¿Reanimarle? – pregunté.
-Sí, sufrió un paro cardíaco.
Caminé por la habitación con la mano en la frente, intentando no perder los estribos… ¿o sea que un poco más y se muere..? Dios… Empezó a dolerme el estómago…
-Es raro, ya que esta era la primera vez que Tom ingería drogas, el análisis lo ha mostrado claramente. Lo que a ocurrido es que Tom ha ingerido cocaína adulterada.
-¿Que… Que significa eso? – pregunté al borde de la histeria.
-Significa que la cocaína tenía otras sustancias perjudiciales.
-¿Quiere decir que tenía más mierdas mezcladas? – supuse apoyandome en el borde de la ventana, abriendola, para que me diese el aire.
-Si, encontramos restos de tiza, normalmente se hace para aumentar la cantidad, no era pura, eso a dado lugar a lo que le ha pasado a Tom.
Suspiré fuertemente otra vez y volví a mirar a Tom, que no había levantado la cabeza.
-Bueno, os dejo, dentro de un rato volveré a darte el alta, Tom. – dijo el doctor de repente y salió de la habitación.
En cuanto lo hizo me planté frente a él. Al verme alzó la cabeza y me miró, y yo, sin más, le dí un fuerte bofetón he le hizo girar la cara.
-Estúpido, insensato, inconsciente… ¡¿Quieres matarte?! – dije con una furia que no pude reprimir al saber toda la verdad. – ¡¿que coño hacías esnifando coca?! ¡¿EN QUE COÑO ESTABAS PENSANDO TOM!?! – le grité desgarrándome la garganta.
Él no me dijo nada, volvió a agachar la cabeza, avergonzado.
No me podía creer a lo que llegó Tom… Ahora me daba miedo dejarle solo, me daba miedo, no quiero que le pase nada, me acabo de dar cuenta de que es como un crío, que sin mí está perdido…
¿Ahora que se supone que debo hacer..?
Continúa…
Np sé, Bill, pero tú sabes perfectamente que es tu culpa.