«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 41
Pov Tom
Hacía muchísimo rato desde que Bill se fue, supuestamente, a casa para traerme algo de ropa, porque estaba tardando demasiado. Pilló un cabreo de la hostia cuando supo porque me habían ingresado y no quiso hablar más conmigo.
Yo mientras estaba sentado en mi cama de hospital y miraba mi camiseta azul marino, la camiseta que llevé ayer… Y antes de ayer… Y antes de ante ayer… Joder, ¿tanto tiempo llevaba sin cambiarme? Ni me había dado cuenta.
Arrugué la nariz y me la aparté un poco, era mi camiseta favorita pero estaba rota y potada. Olía fatal. La sostenía entre mis manos sin ser capaz de tirarla. Pero si no lo hacía yo, en cuanto llegase Bill lo haría él así que….
La metí en la bolsa de plástico sin pensármelo más y suspiré.
Me levanté y cogí lo único que quedaba mío en ese armario, mi gorra de New Era. No… Esto si que no. Ya haría algo con ella, esta no la tiro se ponga Bill como se ponga.
La puse sobre la cama y me volví a sentar. Que aburrimiento, ¿que coño hacia Bill que no venía?
Georg y Gustav me abandonaron y solo tenía como compañía a ese niño tan siniestro con el que compartía habitación y no paraba de mirarme con cara de empanado.
Había sido todo tan raro. No recuerdo como llegué a aquel lugar, con quien estaba ni lo que hice. O sea que me metí una buena raya de cocaína adulterada, llena de mierda.
Me cago en su puta madre, porque no recuerdo quien fue el cabrón que me la vendió que si no….
Suspiré y me recosté en la cama. No sabia que hora era, mi móvil había desaparecido, cuando me desperté aquí y lo busqué entre mi ropa no estaba. Tendré que comprarme otro.
-Oye – le dije al chico de enfrente, como no me hizo caso le chiflé fuerte. Quito la vista de la televisión y me miró con esa cara de empane total. – ¿Sabes que hora es?
Él negó con la cabeza y volvió a mirar el televisor.
Que bien, estupendo, me cago en todo ya… Yo me quiero ir de aquí, los hospitales me dan mucho yuyu, no me gustan nada, Bill ven de una vez.
Torcí la boca y me levanté para asomarme a la ventana. Era casi de noche, estaba en la planta nueve, esto estaba altísimo aun así me pareció verle. Me encorvé achinando la mirada y vi a mi hermano caminando hacia la entrada del hospital. Joder bien, por fin.
-¿Como estas Tom? – me giré y vi a una de las enfermeras que me estuvo atendiendo hoy. Era simpática, me caía bien, pero era muy fea, me podía haber tocado una chica joven y sexy… O un chico, ya que más me da, lo tengo asumido…
-Bien, deseando irme ya. – ella sonrió y se me acercó.
-Bueno, dejame ver eso que hay que quitártelo. – dijo refiriéndose al suero que tenía inyectado en la muñeca.
-Oh si por favor, sacame ya esa aguja de la piel, me da un repelús mirármela…. – ella se volvió a reír, me hizo sentarme en la cama mientras me la quitaba, yo miraba atento, aunque me diese tirria me daba más curiosidad.
Tocaron a la puerta a pesar de que estaba abierta, ambos miramos hacia allí, era Bill, estaba parado en el umbral, con una de mis mochilas colgada a su hombro, apartó la mano de la puerta y se quitó las gafas de sol.
-¿Se puede ahora..?
-Oh si, si, solo le estaba quitando a Tom el suero – dijo la enfermera con su tono alegre.
-Ah, vale – sonrió Bill enseñando su blanca y perfecta dentadura y entró. Yo curvé mis labios en una leve sonrisa, sin despegarlos, me salió sola al verle.
A pesar de lo cabrón que había sido yo le seguía queriendo, creo que le quería más y más por momentos…
-Bueno, esto ya está Tom, luego vendrá el doctor con el alta para que la firmes ¿vale?
-Vale, gracias por todo – le dije.
-De nada cielo, procura tener más cuidado la próxima vez. – Yo asentí y ella salió cerrando la puerta.
Me sobé la muñeca, pues me picaba de haberla tenido tanto tiempo vendada y miré a Bill, que se había sentado en el sofá de al lado de mi cama.
Llevaba una ropa diferente a la que le vi cuando vino este medio día, ahí encontré la respuesta a porqué había tardado tanto.
-Has tardado la vida. – le dije cogiendo la mochila para ver que ropa me había traído.
-Ya
-Pues que bien.
-¿Has visto? – Le miré entornando los ojos, esos aires no me gustaban un pelo. Se cruzó de piernas y mordisqueó la patilla de sus gafas de sol mientras miraba al chico que compartía habitación conmigo. – ¿Que le pasa a ese?
-Que está empanado. – contesté sacando la camiseta negra que Bill había elegido y la extendí en el aire, para que se le quitasen los pliegues.
-Jujujuju… Ya veo, ya – se burló.
-Bill esta camiseta es nueva, es la que me pongo para los conciertos, ¿no había otra? – le regañé una vez distinguí cual era.
-Yo las veo todas iguales.
-Pues no, esta es nueva, N-u-e-v-a.
-Pero me gusta esa, me gusta como te queda.
Yo, sin poder evitarlo hice un amago de sonrisa apretando los labios y remojándomelos después, para disimularlo. Él no se cortó, él sonrió de nuevo, sin dejar de mordisquear la patilla.
¿Eran imaginaciones mías? ¿que era esa cara? ¿esa sonrisita? ¿Me estaba coqueteando..? ¿o es que ya me estoy volviendo loco?
Bueno… Supongo que por algo se empieza, y si quiero recuperar a Bill tendré que incorporarme al juego, no se quien es su novio, no se porqué me dejó, no se nada. Solo sé que estuve bien jodido por su culpa. Supongo que me rendí demasiado pronto, tiré la toalla sin ni siquiera saber los porqués…
La única verdad es que le quiero solo para mí. Así que en vez de estar lamentándome por las esquinas y metiéndome la primera mierda que me ofrecen, voy a ponerme serio, voy a hacerle saber que con Tom Kaulitz no se juega, que a Tom Kaulitz no se le deja jodido sin esperar que no haya ninguna consecuencia.
Yo me he equivocado, lo reconozco, hice una estupidez como un castillo, pero estaba dolido.
¿Que será? ¿Me dejó por el chico con el que está ahora? ¿aquél que le llamó por teléfono ese día en casa de mamá…? Tengo que enterarme bien de eso.
Bill me jodió durante todo este tiempo, quizá sin quererlo, pero me jodió, ahora voy a ser yo quien le joda a él.
Por mucho que me pese estoy enamorado del pedazo de cabrón que es mi hermano, y si no es mío no será de nadie más.
Ya basta de ser el pringado que lloriquea por las esquinas porque su chico le ha dejado, ahora voy a darle caña, le voy a dar tanta caña que no va a poder conmigo, no Bill, no te dejaré escapar maldita sea, volverás a ser mío, volveré a poseerte y a hacer que no puedas vivir sin mí.
Haré que rompas con tu novio, pero antes le pondrás los cuernos, si, se los pondrás conmigo, para después averiguar quien es y darle de hostias hasta que comprenda que tú eres de mi propiedad, de nadie más.
Si, definitivamente voy a hacer algo al respecto, ya no me voy a conformar, no me da la gana que me pisotees Bill, joder ¿donde se había ido el Tom que yo siempre he sido? Yo soy el mayor, yo era el macho en la relación, hacías todo lo que yo te pedía, eras mi putita, ¿como coño puede ser que me haya dejado pisotear por ti?…
No, no, y no, esto se va a acabar a la de ya, así que decidí no esperar más para empezar a jugar.
Saqué los vaqueros oscuros de la mochila y me dispuse a cambiarme allí mismo, me los puse ante su atenta mirada, sin quitarme ese camisón ridículo que me habían puesto. Me abroché mis pantalones caídos, dejando ver el filo de mi ropa interior, fue entonces cuando me saqué de un tirón ese vestidito de enfermos y me quedé con todo el pecho al descubierto.
Vi, lleno de satisfacción, como mi hermano abría mucho los ojos y paró de morder la patilla, dejado la boca entre abierta sin darse cuenta.
¿Te gusta lo que ves verdad? Yo se que te gusta, se lo mucho que me deseas Bill, se te nota en la cara, en como me estás mirado. No entiendo porque me has sustituido… Me sigues mirando igual que cuando estábamos juntos y me decías que querías que te follase con tan solo una mirada, esa misma que estás poniendo ahora.
Maldita sea, tiene que haber una buena razón para toda esta mierda, y si tú no me la quieres decir tendré que averiguarla yo.
Tocaron a la puerta haciéndonos reaccionar a ambos, Bill apartó la mirada de mí parpadeando sin cesar, yo me puse la camiseta rápidamente y di paso.
Era el doctor de nuevo.
-Bueno, bueno Tom, he venido a dejarte libre – sonrió. Yo hice un gesto con la cabeza en plan vacilón.
-Cojonudo, ¿donde tengo que firmar?
-Aquí. – me señaló un rinconcito en el papel en el que dejé mi firma profesional. -Muy bien, nada más, espero no volver a verte por aquí. – Sonreí captando el mensaje y vi por el rabillo del ojo como Bill se levantaba.
-Pues gracias por todo. – Me despedí con un apretón de manos y saludé, agitándola, al chico de enfrente. Él la alzó y me devolvió el gesto.
Pues no estaba tan empanado después de todo.
Cogí mi mochila y metí la gorra y lo poco que había mío, saliendo por fin de ese lugar con Bill caminando a mi lado.
Salí con pasos vacilones, como nuevo, como si me hubiesen llenado el depósito de combustible y ahora estaba dispuesto a arrasar. Pero sobre todo… A recuperar lo que es mío.
Miré a mi lado, a Bill, que caminaba con el mismo aire vacilón, pero a su manera, haciendo que la gente se girase a mirarnos.
Me toqueteé el piercing con la lengua y sin más le rodeé los hombros con mi brazo, en gesto posesivo.
Él giró la cabeza de inmediato y abrió la boca para reprocharme supongo, pero no le dí tiempo, alcé la otra mano y le saqué las gafas de sol viendo su mirada desorbitada y confusa, sonreí pícaro y me separé de él, poniéndome yo sus gafas, desprendiendo mi chulería por cada poro.
-Te dije que me trajeses las mías.
-Se me olvidaron… – respondió, y no dijo nada más. No rechistó, no se por qué, pero no me peleó.
Esto iba a ser más fácil de lo que creía…
Bill no me dirigió la palabra en todo el trayecto hasta casa. Yo permanecí también callado, hundido en mis pensamientos, maquinando, poniendo mis ideas en orden y terminando de tomar la determinación final.
Al llegar a casa, mientras caminábamos hacia la entrada el móvil de Bill empezó a sonar, a mí se me encendió la antena para no perderme detalle.
Lo miró y descolgó al instante mientras introducía la llave en la cerradura.
-Dime…. Ya… Si, perdona, era urgente…. No… A ver que no…. Muy poco, ya estamos en casa…. Si – caminó por el salón y se dejó caer en el sofá mientras yo cerraba la puerta. – ¿ahora?…. Ya pero…. No, no tengo nada que hacer… – Mis alarmas se dispararon, no había duda, era el puto novio. Me encorvé hacia delante y empecé a toser escandalosamente haciendo que él se incorporase de repente – ¡Tom! – gritó pegando un bote y se acercó a mí apresuradamente.
Yo seguí tosiendo sin dejar de abrazarme el estómago con los brazos.
-Uuugh… – me quejé.
-¿¡Que!? ¡¿Que tienes Tom?! ¡¿Que te duele?! Dímelo – empezó a avasallarme con preguntas en tono histérico mientras se encorvaba intentando averiguar que me pasaba.
Me enderecé y le miré frunciendo los labios y entrecerrando los ojos, con cara de pena.
-Tranquilo… No es nada, estoy bien.
Él me puso la mano en la mejilla ansioso, preocupado. Se llevó de nuevo el móvil al oído rápidamente.
-Kat, tengo que dejarte, hoy no puedo ¿vale? Mañana te llamo – y colgó, lanzándolo al sofá para poder concentrarse en mí de nuevo.
¿Con que Kat? Bien, así me gusta, más fácil imposible.
Me pasó un brazo por la cintura y me llevó hasta el sillón haciendo que me sentase.
-Que no es nada Bill, deja de tratarme como un enfermo – dije sacudiéndome su agarre una vez sentado, claramente actuando.
-No Tom, acabas de salir del hospital por una sobredosis, no pienso dejarte si te encuentras mal. – me dijo frunciendo el ceño. Yo resoplé y me eché hacia atrás, acomodándome.
-Esta bien, siempre has sido un cabezón.
-¿Te sigue doliendo?
-No
-No me mientas Tom.
-No es mentira.
-¿Tienes hambre? ¿quieres que encargue algo? ¿o te han impuesto algún tipo de dieta?
Giré la cara y le miré, sentado a mi lado, con una mano atrapando la mía, acariciándola con su pulgar y mirándome en gesto preocupado… Dios Bill… Si supieses las ganas que te tengo…
-Que yo sepa puedo comer de todo… – le dije tornando mi voz algo más insinuante y me incorporé, quedando rígido frente a él. Penetrándole con la mirada, viendo claramente como se ponía nervioso y siendo incapaz de sostenérmela se levantó y se dirigió al mueble donde descansaba el teléfono fijo.
Me dio la espalda y empezó a marcar ese número que ambos nos sabíamos de memoria, pues era nuestra dieta prácticamente diaria, pizza.
Sonreí cuando él ya no me veía.
Esto me estaba gustando más de lo que creía, un extraño sentimiento de satisfacción se instaló en mi pecho al ver que mi macabra actuación surgió efecto, Bill pasaría la noche conmigo en casa.
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-Que no Tom, esa no.
-Pues entonces esta, “La tierra de los muertos vivientes” – dije extendiéndole la caratula.
-¿Una de zombies?
-Pues “Hallowen”, o “Viernes trece” – le extendí otras dos más, mientras seguía buscando en el mueble.
-Son todas de Terror, Tom.
-Mira, “La casa de los mil cadáveres” y “Posesión infernal” estas dos molan mucho.
-Esas también son de zombies…
Me bajé de la silla y cogí la montaña que puse entre sus brazos.
-No se porque las guardé ahí todas, con lo que molan. Bien, vamos a hacer maratón esta noche. – Y las dejé todas sobre la mesa. Sacudiéndome las manos después, pues las caratulas tenían mucho polvo.
Las pizzas acababan de llegar y a mí se me ocurrió que mientras cenábamos, pues ver una peli en el DVD, pero buscando en el mueble encontré todas mis películas de miedo y me entró mono de verlas, además se que a Bill no le hacen gracia, razón de más para verlas.
-Voy… A ponerme cómodo. – dijo Bill retrocediendo unos pasos.
-Ah, buena idea, yo también – y dándole un empujoncito en la espalda subí con él hasta las habitaciones.
Me puse unos pantalones de chándal negros, eran piratas, por debajo de la rodilla y una camiseta de tirantes blanca, todo muy ancho. En la cabeza me puse una amplia felpa negra y le tiré un beso a mi reflejo antes de salir de mi habitación, que le voy a hacer si soy así de guapo. Bill caería esta noche, fijo que caería.
Cuando acabé llamé a su puerta con los nudillos.
-Ya voy – contestó.
-Te espero abajo, no te escaquees ¿eh? Que me como yo las dos pizzas. – le oí reír al otro lado y abrió la puerta de repente.
-No me voy a escaquear, a mi esas películas ya no me suponen nada. – se había puesto sus pantalones de pijama de rayas blancas y negras y una camiseta blanca con un dibujito infantil en el pecho, sonreí burlón al verle.
-No me puedo creer que todavía te pongas esa camiseta Bill, te está pequeña – reparé en que le estaba corta, se le veía la cadera.
-Es mi camiseta de dormir.
-Mentira, tu duermes desnudo… – ataqué, sabiendo perfectamente que se le vendría a la cabeza, aquel tiempo… En el que dormía conmigo…
Se quedó embobado un momento ante mis palabras, recordándolo, seguro.
Apoyé mi antebrazo en el marco de su puerta y me acerqué un poco. Él retrocedió al instante y sacudió la cabeza.
-Eh… Venga o se enfriarán las pizzas – y pasó por mi lado como un rayo, saliendo de la habitación y bajando apresuradamente. Volví a sonreír y abandoné mi posición chulesca. Alcé las manos apretándome la goma de las rastas y me reuní con él abajo.
Me despatarré en uno de los sofás, ocupándolo yo entero. Bill se sentó en el suelo apoyándose en la parte baja del sillón que en el que yo estaba, de manera que su cabeza estaba a la altura de mi estómago, pero de espaldas, mirando la televisión.
-Dame cojines Tom – extendió la mano, yo cogí dos de ellos, dándole en la cabeza por detrás antes de extendérselos.
Me echó una mirada asesina y me los arrancó de la mano con un tirón brusco. Yo me reí, siempre me había gustado molestarle.
-Acerca eso – le dije refiriéndome a las cajas de pizza. Y sin más. Le dí al botón del mando, reproduciendo una de las películas…
Realmente parecía como si no hubiese pasado nada entre nosotros nunca, solo éramos dos hermanos que veían la televisión juntos, cualquiera que nos viese pensaría eso, pero yo no estaba dispuesto a que esta tierna escenita fraternal continuase….
La luz del salón estaba apagada, todo estaba tenuemente iluminado por el brillo de la pantalla de plasma y los distintos tonos de luz y colores que transmitía la película. Yo estaba tumbado de lado con una mano sujetando mi cabeza. Bill aun seguía sentado en el suelo, tenía las piernas recogidas y abrazaba uno de los cojines mientras mantenía la lata de coca cola pegada a los labios, sin dejar de mirar la televisión, metido en la película.
Yo sin embargo no paraba de mirarle a él, todo lo que hacía, cada gesto, cuando tosía, cuando había algún susto y hacía una mueca con la cara e intentaba mantener el tipo, como se remojaba los labios después de beber, como se quitaba el flequillo de la cara cuando le molestaba…
No se como pude estar tanto tiempo ignorándote… Es imposible…
Alcé mi mano libre y rocé con mi dedo la parte alta de su espalda, delineando la columna hacia arriba hasta llegar al cuello. Él me notó, pero no dijo nada.
Pasé mi mano abierta por sus hombros, de uno al otro e hice presión con las yemas, moviéndolas en círculos sobre la camiseta, como haciéndole un leve y cariñoso masaje.
Le aparté el pelo hacia un lado y le acaricié de la misma forma un lateral del cuello, muy suavemente, muy delicadamente, para no escandalizarle y parece que funcionó, pues él ladeó la cabeza, exponiendo más esa parte de su perfecto cuello, dándome vía libre para que le tocase y así hice.
Se lo acaricié en toda su longitud, con la palma abierta, hacia arriba, hasta llegar a su oído, pasé rozándolo con mis dedos por detrás y adentré mi mano en su pelo, gesto que le hizo ronronear de gusto.
Sonreí al ver como cerraba los ojos despacio y se mordía el labio, claramente disfrutando de mi contacto, de mis caricias.
Le estuve sobando el pelo un rato más hasta que aparté la mano y me removí en el sofá, acomodándome de otra postura y clavé mi vista en la película, vi indirectamente, por el rabillo del ojo, como él giraba un poco la cabeza y me miró al ver que había parado.
Yo seguí con mi repentino ataque de indiferencia, jugando con él. Desvié los ojos de la pantalla y los posé en él que, enseguida, giró la cabeza de nuevo, y se encogió de hombros abrazando el cojín.
Fruncí los labios sonriendo.
Me encantaba jugar con él…
-Bill – le llamé, y como si lo estuviese esperando giró la cabeza de nuevo en un rápido movimiento.
-¿Que? – contesto con voz melosa, sonreí al escucharle, parece que el toqueteo le puso tonto.
-Ven, dame un beso.
Alzó mucho las cejas en gesto de incredulidad. Yo levanté la mano con la que le estuve acariciando y le hice un gesto con el dedo para que se acercase, entornando la mirada.
Él se mordisqueó el labio otra vez con expresión apurada y poco a poco se fue moviendo hasta que se quedó de rodillas en el suelo, girado hacia mí justo en frente de mi cara y con las manos apretando la tela del sofá.
Yo seguía quieto en mi pose de rey mientras él se debatía en si acercarse o no.
Decidí ayudarle un poco. Volví a alzar mi mano y la puse sobre su nuca, moviendo la mano sobre ella, sobandole, haciendo de nuevo circulitos sobre su piel. Él soltó un leve gemido cerrando los ojos, se que ese punto hace que se le ponga el vello de punta, me lo conozco, me conozco todos sus puntos estimulantes, me los sé de sobra.
Cuando abrió los ojos yo le hice media sonrisa y él bajó sus ojos a mis labios, mirándomelos con deseo.
Vamos Bill, puedo estar así toda la noche hasta que caigas, porque se que caerás, no te resistas más y más tiempo tendremos para disfrutar juntos de nuevo.
Para hacerte mío como lo estoy deseando.
-Acercate… – le susurré y empujé levemente su cabeza hacia mí. Él jadeó cuando nuestros labios estaban a un centímetro de rozarse.
-Tom… Yo… – dijo él contra mis labios entreabiertos, notando su respiración y él la mía, aquí tendría que hacerlo él, le quité la mano del cuello y le dejé ahí, a un suspiro de volver a besarnos como hicimos hoy en el hospital, oh Dios… Ese beso me dio la vida. Ese beso fue el que me hizo despertar….
Vamos Bill, ¿Que harás? ¿Te abandonas a mí o no? Si terminas de acortar la distancia y me besas te juro que no te voy a soltar en toda la noche hasta que seas mío una y otra vez, te lo haré sin parar… Te joderé hasta que no puedas más, hasta que recuerdes bien cual es tu lugar… Debajo de mí, y con toda mi polla dentro de tu deliciosa cavidad.
Oh joder, joder… ¡vamos! Decídete, ven conmigo, prueba de la fruta prohibida, abandónate a mí y todo lo que has intentado hasta ahora no habrá servido de nada… Yo volveré a ser tu perdición.
Continúa…