6: Tienes unos bonitos tattoos

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 6: Tienes unos bonitos tattoos

Tom

A lo lejos empezaba a divisar el inmenso lago que había en medio del valle, y un poco más a lo lejos la plana donde se aparcaban los coches y los autobuses que daba entrada al campamento. Desde que empezaba el desvío hasta que se llegaba al campamento habían unos diez quilómetros de conducir en medio de la montaña por un camino que al largo de los años había ido mejorando hasta estar en muy buenas condiciones, pero que los primeros siete u ocho quilómetros se hacían pesados porque sólo se veía árboles y más árboles. El final del recorrido era mucho mejor puesto que ya era una zona donde se veía el rio que llevaba al lago, serpenteando por la montaña.

Un par de giros más de volante y ya me había colocado perfectamente en mi sitio, que desde años estaba reservado para mí, para mi precioso Cadillac. Puede que sólo hacía dos años que conducía legalmente, pero hacía más que conducía, y era el mejor sitio. Justo al lado había un árbol bastante grande. Hacía una sombra que se agradecía muchísimo cuando hacía calor, como hoy, y el hecho de tener el coche ahí hacía que no se recalentara por dentro, y no tuvieras que esperarte un poco hasta poder entrar dentro.

Abrí y una oleada de calor me azotó en la cara.

-Perfecto… empezamos bien.

No hacía más que repetirme que Andreas y Mario estarían dando por culo, (je.. y nunca mejor dicho), dentro de poco, cuando vinieran del crucero, pero después pensaba que aún quedaba una semana y medía y se me haría eterna.

Me bajé un poco la gorra para evitar que la luz del sol me diera en los ojos y me encaminé a la cabaña principal donde se encontraba mi padre, metido.

Eran las diez de la mañana y hasta las doce no llegaban los autobuses, hasta entonces mi padre me había de decir quiénes serían mis compañeros y si había un cambio de última hora sobre el grupo de niños que me tocaba tutorar, siempre habían cambios, siempre…

Entré y de pronto la felicidad se me pintó en el rostro. Olvidaba que mi padre tenía aire acondicionado ahí dentro, en su cabaña y en la mía. Menos mal.

-¡Tom! – Reconocí esa voz al instante – ¡Pensé que este año no vendrías! Creo que tu padre mencionó algo sobre que ya tenías curro ¿no?

-¡Gustav! Sí bueno, tenía… Dejémoslo ahí. No me gusta hablar de ello. – dije teatrero. Le di un abrazo corto pero intenso. Era mi mejor amigo del campamento y las tardes libres nos las pasábamos componiendo cosas entre los dos. Realmente la guitarra y la batería eran una combinación fascinante. – esta tarde, ya que la tenemos totalmente libre puesto que la peña ha de colocar las cosas en sus sitios, nos la pasamos en mi cabaña ¿no?

-En mí cabaña, paso de ir montando y desmontando la batería.

-Vale vale…

La presencia de mi padre acabó con nuestra charla y nos callamos. Se sentó en la mesa blanca inundada de papeles y con un ordenador medianamente viejo y nos miró.

-Vale, a ver, en un principio solo iban a haber grupos de niños de seis y siete años. Pero hace un par de días recibimos una solicitud de un instituto con chicas y chicos de una gran mezcla, de desde niñas y niños de diez años a chicos y chicas de catorce y hasta dieciséis. Realmente son un grupo de treinta alumnos pero están mezclados. Entonces, todos sabemos que estos grupos, son los peores porque son donde están los típicos niños que se las dan de guay – genial… mocosos con el ego demasiado alto, lo que me faltaba – y en un principio sólo Gustav iba a tener el grupo – me giré a ver la cara de horror del batería y me empecé a reír con ganas – pero pensamos que eso sería demasiado cruel, así que decidimos que un día Gustav haría el grupo de los “mayores” por así llamarlos y otro día lo harías… tú – dijo mirándome. A mí. A Tom. A su hijo. Yo.

Los ojos se me abrieron tanto que sentí que me dolía.

-Ahora quien se ríe… – ignoré a Gustav. Bueno, realmente no lo ignoré, simplemente le miré con cara de asesino, mientras este curvaba los labios intentando aguantarse la risa mientras que con una mano hacía ver que tenía una cremallera y se la cerraba, burloso.

-También os he de decir que los compañeros son los de siempre, ya sabéis Erik y Erika llegaran dentro de un par de horas junto con los autocares – estos eran hermanos, y siempre habían trabajado con nosotros, supongo que a más de prácticamente compartir nombre les gustaba compartir más cosas. Como podréis imaginar los padres no podían haber sido más originales– y Kay que está dejando sus cosas en su cabaña. A quien os tengo que presentar es a la tutora que estará con el grupo de los mayores, los mayores de verdad. Ella se llama Dawn.

>>Son de la universidad oficial de Berlín de las Bellas artes, y bueno, ya os imagináis, del pijerío del bueno. Realmente lo que harán será disfrutar del campamento. Tienen la autorización de poderse acoplar a vuestras clases. Así que si alguna vez que estéis con los críos en el lago o lo que sea y se acerca uno de ellos se pueden quedar y hacer la clase como alumnos vuestros.

>>Como son de Bellas artes veréis que andarán con blocs de dibujo a todas partes, que pintaran cuadros en medio de la montaña y cosas de estas raras de artista, porque tienen trabajos que hacer sobre el campamento que tenga que ver con el dibujo y eso…

>>Otro dato importante es que en la lista que ahora os daré sobre a qué cabañas van cada grupo, los de Bellas artes van a la parte nueva del campamento, la que está más alejada, ya sabéis de la cabaña treinta a la cuarenta y cinco.

>>No sé que más deciros… Ah sí. Ya sabéis hoy a la noche es la ceremonia de siempre. Lo típico nos ponemos alrededor del fuego con tooodoos los alumnos, incluidos los mayores y nos presentamos. Por favor hijo, ponte algo un poco menos grande… Al final te perderé entre tanta ropa.

Hice caso omiso del comentario y asintiendo con la cabeza Gus y yo nos salimos de la oficina de mi padre. Con un gesto de manos nos dijimos que ya nos veríamos más tarde y me dirigí de nuevo a mi precioso Cadillac.

Al llegar abrí el capó y empecé a sacar maletas. La verdad es que la putada de todo esto era que había que traer tanto ropa de invierno como de verano y el peso era doble.

Después había de volver a por mi guitarra, sus amplificadores y más cosas como el portátil, el DVD, la tele, las películas… Sí la verdad es que si no me trajese todo esto de Düsseldorf me moriría de asco los días que libraba.

Mientras caminaba recordaba la de cosas que había hecho de pequeño por aquí, recordando viejos momentos, otros tiempos… La verdad es que cada árbol, por así decirlo, tenía un recuerdo para mí, no realmente importante, pero recuerdo al fin y al cavo. Me sacaba sonrisas la mayoría de esquenas que había a mi alrededor, en alguna siempre había pasado algo divertido, algo que se recordar siempre.

Al cavo de un par de minutos llegué.

Mi cabaña era realmente particular. Estaba encima de un pequeño montículo, justo al final de este donde era imposible colarse por la ventana porque daba a un pequeño precipicio y de la caída te matabas, o como mínimo te partías algo. El único camino seguro era el caminito de madera y piedras que le dije a mi padre que me hiciera. Hace un par de años le puse un toque personal, compré unos espráis y con ayuda de Erika que hacía unos grafitis de la hostia, pintamos el número de mi cabaña, pero como era una cabaña “alejada de la civilización” pero así decirlo, le puse el número que quise. La palabra y el número “Zimmer 483” resaltaban en grande, y era sorprendente que sobreviviese a la lluvia y a todo o que le cayese encima. Sé que no era una habitación ni que hubiera quinientas cabañas pero ese número siempre me gustó, a más le hace honor a una canción que escribí hace tiempo, Reden, qué recuerdos.

Realmente era una cabaña alejada del campamento, pero le dije a mi padre que quería que estuviera en un sitio difícil de llegar para los niños, yo los conocía, y pasaba de bromas por las noches. A más estaba en la zona donde habían crecido los únicos sauces llorones de todo el campamento y siempre siempre, había sombra. El árbol llorón más importante era el que había justo en la esquina derecha de la pared donde se encontraba la puerta.

Desde siempre me había follado contra su troco a miles de chicas. Jamás entraban en mi cabaña a menos que fueran importantes, o que vinieran para otros fines, y las empotraba ahí y pim pam. Realmente me habría servido de mucho.

-Hola amigo… Cuanto tiempo. – dije al tronco dándole un par de golpecitos.

Subí los escalones de madera, saltándome alguno de vez en cuando, hasta llegar a la puerta y abrí esta como medianamente pude.

Era muy acogedora. Una cama en la esquina izquierda y un escritorio en la esquina derecha y el resto era una puerta que daba al mini baño con su correspondiendo ducha. Había un espacio increíble para dejar la guitarra, y poder fliparme con ella a mis anchas. Lo único que también tenía un par de posters en los que salía Samy Deluxe. Era lo único digamos… Hogareño, posters y para de contar.

En un par de viajes más ya estaba todo listo. Apenas tuve tiempo de relajarme que ya vino mi padre a tocar los cojones.

-¡Tom! – gritó desde fuera de la cabaña – ¡Ya ha llegado el primer autobús! Ya sabes, a ayudar.

Puse los ojos en blanco y tal cual me había sentado me levanté. Me encamine hacia la puerta y cansinamente bajé cada peldaño, retrasando el momento lo máximo posible.

Mientras caminaba rezaba por que el primer grupo que llegase fuese el de las cabañas más cercanas.

El bus era medianamente grande, y de la puerta empezaban a salir niños con gorras más grandes que sus cabezas, y con ropa de muchos colores. Bajan con dificultad las escaleras, demasiado grandes para sus cuerpos reducidos, y una profesora las ayudaba a bajar. Me acerqué a ella.

-Hola – dije amable.

Ella se giró a verme y casi se le cae un niño. Madre mía… En fin.

-Hola…- dijo con un tono demasiado agudo para lo que era su voz.

-¿Qué grupo son? – dije esquivando el flirteo.

-Pues el número 2 – dijo mientras se tocaba el pelo. – ¿Quieres que te ayude con los niños? Al caso yo hasta dentro de media hora no me vuelvo a la ciudad… Solo había venido para el viaje pero que bueno… Si quieres…

-Em tía, me encantaría follar contigo pero no tengo tiempo – le dije sonriente.

Esta se quedó contadísima y bajó la cabeza. Pronto se dirigió de nuevo a los niños y le indicó al conductor que abriera el maletero.

Me fui hacia el grupo de niños y hice un par de gestos para que me escucharan. Bien Tom, de nuevo el discurso de todos los años que tendrás que repetir con todos los autocares que vengan.

-¡Chicos y chicas! ¡Prestadme atención! ¡Ahora cada uno cogerá su maleta, y si tenéis algún problema yo os ayudare! ¿Entendido? ¡Entonces, cuando todos tengáis vuestras cosas me seguiréis que os llevaré a vuestras cabañas! ¡Me diréis vuestros nombres y yo os diré en qué cabaña vais! ¿vale? – no sé si realmente me entendían, si me hacían caso, o si estaban más pendiente de sus mocos, pero yo ya había dado mi charla.

Observé con los brazos cruzados como todos los niños se las apañaban perfectamente con sus maletas, como subían y bajaban de dentro del gran maletero y como esperaban, pacientes a que yo les dijera a dónde ir.

Pero entonces me encontré con una niña, preciosa, realmente bajita, con el pelo demasiado largo, negro como el carbón. Vestía con un vestido verde, y tenía el dedo en la boca, babeando toda su barbilla y su mano.

Me arrodillé frente a ella para quedarme más o menos a su altura.

Me miró desde una mirada baja y con los ojos bien abiertos. Al principio no me salieron las palabras, puesto que me había quedado prendado con los ojos de la niñita. La reconocí de golpe. Era aquella niña que apenas se le veía la cara en las fotos de la lista… ¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo.

-¿Qué haces? ¿Y tu maleta?

Con la mano que tenía libre me señaló a dentro del autocar. Asomé la cabeza y vi una mochila, no necesariamente grande y una maleta. Se lo cogí y se lo saqué.

-Está bien, te lo llevaré yo.

Le dije que me acompañara pero no se movía. ¿Sería autista? Busqué a su profesora para preguntarle, pero esta, ya estaba dentro del vehículo pensando si volver a recoger a los niños o no al cavo de un mes. Juas.

Volví a mirar a la preciosa niña de ojos y vestimenta verde y tragándome mi dolor y muy a mi pesar le lavé las manos con mi camiseta.

Joder, joder joder… Con lo que me gusta esta camiseta…

La subí a mi espalda y esta me cogió por el cuello. Pasé el brazo que me quedaría libre por detrás de la espalda y así ella pudo reposar el culo en él.

Saqué del bolsillo el papelito donde ponían todos los nombres de los niños. Lo abrí como medianamente pude puesto que estaba doblado por todas partes. Busqué el número del grupo.

Número 2. Cabañas 10-18

Vale, estaban cerca. Volví a meter el papel en el bolsillo y cogí la maleta y la mochila de la niña.

-¡Vale! ¡Seguidme, y no os perdáis por favor…! – siempre igual. Y lo peor es que siempre se perdía alguien.

Llegamos y enseguida me puse a dictar los nombres. Algunos no respondieron seguramente porque no habrían venido y como era de esperar la niña no respondió. Si quería saber su nombre tenía que mirar de nuevo en la lista con las fotos. Le di la cabaña que me apeteció e intenté dejarla en el suelo. Pero parecía que ella no se soltaba de mi cuello.

Respiré hondo, cogiendo todo el aire que pude, y después lo solté sonoramente. Estresado.

-A ver niñita, tienes que meterte en tu cabaña, que a más es para ti sola porque tus compañeros no han venido, tienes que sacar tus cosas de la maleta… Ponerlas en el armario… No sé, hacer las cosas que hacen las niñitas de tu edad… Jugar con muñecos… Pintar las paredes… Ya sabes.

-No.

Dijo bajito, agudísimo. Se me enterneció la cara al instante. Qué graciosa era, ¿no? Después de pensarlo me rendí y al final le puse yo sus cosas en su sitio, le abrí los cajones de los armarios para cuatro que tenía en la cabaña y le junté dos camas para que durmiera mucho más ancha. No sé porque pero creo que me había gustado la niña. Madre mía, lo que me faltaba, pedofilia. Mientras, ella si me había soltado por fin y me observaba desde una silla, con las manos entre las piernas y mirándome como medianamente podía con los pelos en la cara, movía las piernas de una forma divertida, hacia delante y hacia atrás, en un gracioso balanceo.

-Me llamo Tom.

-¡Dom! –dijo con un respigo, vi que le faltaban un par de dientes.

-No, Dom no, Tom.

-¡Doom!

Suspiré. Era medio autista así que dudo mucho que consiguiera cambiarle de opinión. La volví a coger por la espalda y ésta con mucho gusto se me cogió. Parece que le había caído bien. Espero que no sea una de estas especies de niña-lapa.

Salí fuera de la cabaña y anuncié a todos que se quedaran en sus cabañas, y que a la hora de cenar se les iría a recoger, que después habría una especie de celebración de bienvenida y ahí se les explicaría las cosas que se hacen en el campamento, los horarios… etc.

En vano intenté que la niña volviera a bajarse de mí pero esta se convirtió en una lapa de verdad. Bueno, al menos no me aburriría si la tenía a ella.

Otro autocar llegó. Genial, a ver qué grupo era este.

Después de estar un par de instantes aparcando correctamente la puerta pequeña se abrió. De esta no bajó nadie hasta al cavo de un rato. ¿Qué debe de haber pasado para que la gente tardase tanto en salir?

Los pensamientos se me fueron enseguida nada más ver a la primera persona que había bajado del bus.

¡La madre que la trajo…!

Una chica que parecía latina apareció de dentro y fue a por sus cosas. Era realmente guapa, con un cuerpo de escándalo, pelo largo, negro y ondulado. Cogió sus cosas de dentro del maletero y con ayuda de alguien que acababa de aparecer las sacó al exterior.

Mi padre.

Empezaron a hablar, se dieron la mano y en menos de un segundo mi padre ya me estaba buscando con la mirada. ¿Sería esa la tutora? ¿Joder con la tutora, no? ¿Qué grupo sería? Por favor que sea la de los mayores y se quede todo el mes…

Mi padre y ella avanzaron hasta mí. Por un momento pensé que Jörg estaba intentado ligar con ella.Ais viejo, ella es muy joven para ti, mejor me la follo yo, pensé, y ya lo creo que me la iba a follar, en cuanto mi padre se vaya me la camelo.

-Niña – dije mirando para arriba. Esta movió la cabeza.

-Ahora verás lo que es ligar en cuanto mi padre… Sí, el hombre feo que hay al lado de la chica guapa… Se vaya.

La niña simplemente me abrazó más el cuello. Joder, parece que le he gustado de verdad. Debería hablar de esto con mi padre.

-¡Tom, hijo! Mira, esta es Dawn, es la profesora de los mayores. Son el grupo 5, y el último. Mientras no estabas han llegado el resto.

Ella sonrió mientras me daba la mano. Joder, bonita sonrisa. Tenía unos dientes que parecían perlas, tan blancos al contraste de su piel, morena.

-Tom… – volvió a hablar Jörg – ¿Qué haces con esta niña? Ahh… Creo que esta es la que tenía problemas con el habla, que apenas se relacionaba. O eso creo, porque se asemeja mucho a la de la foto. Pero parece que os lleváis bien… -de pronto le sonó el móvil – Me llama Erik, debe de estar a punto de llegar, me voy. En cuanto pueda te busco y hablamos de la niña.

Asentí y este se alejo poniendo el auricular del móvil en su oreja.

-Bueno, soy Tom, soy uno de los tutores. Y bueno, ya sabes cualquier duda me preguntas. Ahora os llevaré a vuestras cabañas. De paso te digo donde está la mía por si me necesitas y eso… – comencé a jugar con el piercing de mi boca.

Dawn alzó una ceja. Me había calado, perfecto, ahora me dirá que sí.

-Tengo novio.

-Bueno, tú dame tiempo.

-Y yo no pongo los cuernos. Estoy enamorada – me dijo con una sonrisa irónica. Joder.

-El amor no existe.-exclamé divertido.

-Sí existe, yo lo he encontrado. Y tú deberías encontrar el tuyo.

-Imposible. –me encogí de hombros. – Yo no creo en esas mierdas.

-Bueno… Tú date tiempo. – Repitió mis palabas y con una media sonrisa y una mirada fija en sus ojos acabamos la conversación. Era una tía difícil. Eso me ponía. Sería divertido este año. Ya lo creo.

– Sois el grupo 5 ¿no?

Dawn comenzó a reírse. Genial, ¿y ahora se mofa de mí? Pronto descubrí que no se ría de la conversación, sino de otra cosa.

-¿Qué pasa? – pregunté divertido. Ella simplemente se tapó la boca intentando no reírse mucho y señaló hacia arriba, hacia la niña.

Se ve que esta jugaba con mis rastas y se las pasaba por el pelo, por delante de los ojos interrumpiendo su vista, justo cuando estaba a punto de metérselas en la boca la paré.

-¡Eehh eehhh! Frénate amiga. ¡Ni se te ocurra hacer lo que estabas a punto de hacer, que te bajo! – le dije, alzando el dedo amenazante. De fondo oía a Dawn reírse de nuevo. Intenté contenerme mi propia risa.

-¡Dom!-dio un respingo, que casi me jode la espalda. Su voz había sonado deliciosamente divertida, con una risilla de fondo, aguda, preciosa.

¿Dom…? ¿Pero no se aprende mi nombre? Sencillamente frustrante.

-¿Dom? – Esta vez era la profesora. ¡Joder dejad todo el mundo de decir Dom! – ¿Pero no era Tom? – dijo entre confundida y divertida.

-Sísí, es Tom, pero la tipeja esta no se lo aprende. – La cogí de mi espalda y la sostuve en mi pecho mientras ella se agarraba a mí camiseta, bien fuerte.

-Te ha pillado cariño, eehh…

-No me jodas – ironicé. Volvió a sonreír.

-Bueno, he de irme. Esta noche nos volvemos a ver en la “fiesta” esa, ¿no? Me lo acaba de decir tu padre. – señaló hacia atrás, recordando el camino que acababa de recorrer el susodicho.

-Yep. – y se largó. Suspiré. – Al final caerá, ya verás. – dije mirando a mi mini compañera. – solo he de currármelo un poco más. A más, las difíciles son las que más me gustan – dije con una sonrisa juguetona.

Miré por los alrededores y vi que el autocar aún seguía ahí, parado, y con el maletero abierto totalmente. ¿Habría alguien dentro con problemas? En fin, este año al final me pagaran a sí que por ayudar a la peña, no me va a pasar nada.

Conforme me acercaba miraba quien podría haber aún dentro del autocar. La mirada se me iluminó. Había alguien a gatas dentro, buscando sus cosas supongo. Era una chica, seguro. Y madre mía, qué culo tenía. Los vaqueros oscuros que llevaba le marcaban un trasero de la leche. Pero no le podía ver nada más, puesto que estaba de espaldas a mí, mejor dicho, de culo a mí. Solo le podía ver las piernas y evidentemente el trasero.

Me acerqué hasta llegar a poder tocar el bus, pero si de verdad quería ver a la chica debería entrar dentro. Dejé a la niña en el suelo después de insistirle un rato que le prometía que volvería.

-Que síi… Que ahora vengo. – le toqué el pelo y me metí en el maletero- no te muevas de ahí, ¿eh? Dom… Que diga, Tom – me cago en el puto nombre – ahora vuelve.

La niña simplemente asintió enérgicamente.

Me acerqué a la chica sigilosamente. Un olor a acetona me invadió de pronto.

Bill

Algo me tocó el trasero, con ganas, con sensualidad.

-¡¿Pero qué…?! – alcé el cuerpo tan rápido que me di con toda la cabeza en el techo. – ¡Arrggg…! ¡Mierda!

Oí una risa de fondo. Esa risa me sonaba.

– Ups, lo siento, preciosidad – la voz perteneciente a la risa, sonó detrás de mí. Pero enseguida calló – Joder, ¿Vas sin camiseta? Bueno, me van las liberales, ya lo creo que sí. ¿Quieres que te deje mi camiseta? Aunque parece que no te importa que se te vean las… – me giré a la persona que me hablaba detras de mí.

En cuanto me vio cambió el rostro de repente, de ir del palo chulo se puso rígido y completamente pálido en un solo instante.

-Las… las… digo… los… los… lo-los tattoos. – dijo mientras miraba al suelo del maletero y se rascaba en el cuello disimulando.

Me lo quedé mirando.

Hostia, puta.

Era el chaval de las rastas. Me quedé mirándolo, y en cuanto volvió a subir la cabeza me quedé prendado de sus ojos. Eran encantadoramente castaños. El chico también se me había parado mirándome a mí. Había algo en él que me era tan jodidamente familiar… Repasé las fracciones de su cara sin saltarme ni un centímetro. Y parecía que él hacía lo mismo.

De pronto hizo un gesto con la nariz, arrugando el ceño.

-Cómo huele a acetona… – dijo como para sí mismo, interrumpiendo aquel momento.

De pronto reaccioné. Salí del trance en el que la mirada de aquel chico me había sumergido, casi sin poder evitarlo.

Fruncí yo también el ceño, pero por un motivo muy distinto. Repasé el momento vivido y abrí la boca, formando con mis labios una gran y notoria “o”. Sólo se me ocurrió gritarle.

-¡¿ME HAS CONFUNDIDO CON UNA CHICA?!

Continúa…

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