Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 12: No me sueltes

Sábado – 11/07/09

Bill

No sé vosotros lo que pensáis pero personalmente para mí, la vida es bastante curiosa. Tú puedes ver como todo te va sobre ruedas, todo va bien, no hay ningún fallo que estropee esa maquinaria que hay dentro de ti y que te hace sonreír sin falsedad, de hecho te dan ganas de reír a todas horas. ¿Nunca os ha pasado? Y ¡es una sensación fabulosa!

Y piensas que jamás se acaba, porque todo es tan sencillamente sencillo que es imposible que cese. ¿Qué podría estropear la maquinaria de un reloj de arena? De hecho no creo que ni tan solo se le pueda llamar maquinaria… No tiene ningún tipo de complejidad ¿me equivoco?

No tiene complejidad tener amigos, tener unos estudios, tener motivación, tener novia… Bueno, tener novia si puede ser complicado, pero saber conservarla no tanto. De hecho todo es perfecto. Pero… Siempre hay un pero.

Llegan cosas que sin haberlo previsto en ningún momento te desmontan tu pequeño castillo de arena preciosamente cuidado, dejándotelo deformado, con muchas esquinas sin encajar, y con puentes que unen torres con otras totalmente derruidos.

Y eso me había pasado a mí, una gran ola había tirado abajo todo eso que había ido construyendo poco a poco.

Y a más de la forma más ¿estúpida? ¿Esa era la palabra? Quién sabe. El amor no tiene adjetivo. Arg… Se me hace raro y ridículo hablar del amor. ¡Yo no me podía enamorar! ¡Era algo que no iba conmigo! Siempre me había quejado de él. ¿Por qué? Porque solo te emboba y te aleja de esas cosas importantes, sólo hace que te despistes del resto del mundo bajando la categoría de importancia de las personas que te rodean hasta llegar al punto en que no te importan, y lo único que haces es atribuir esos puntos a la persona de la cual te has enamorado. ¡Como si hubiera estado contigo desde la infancia! ¡O como si se tratara de una persona que se ha dejado la piel por ti! ¡No! ¡De hecho solo es un puto gilipollas que se lo tiene muy creído! ¡No te puedes enamorar!

Después sólo haces tonterías que ni tú entiendes. Cada día que pasa me doy más cuenta de por qué no me pude frenar cuando estuve con Ash. Quizás porque era él el que estaba en mi cabeza todo el rato, afirmando incluso que en realidad era con él con quien quería follar. Quizás el calentón acumulado de todas esas sensaciones juntas era el por qué. Quien sabe. También, como ya había supuesto, por aquello que sentía que perdía mi… ¿hombría? Vale, tengo escasa. Pero algo tengo.

¡Y para colmo la estaba perdiendo! ¡Y todo por enamorarme! ¡Gente, no os enamoréis!

Joder ¿Se nota mucho que hablo del estúpido y engreído de Tom?

Ya… me lo imaginaba. Hoy hace tres días del miércoles. Tiene huevos. Sí, ya lo creo que tiene huevos, porque no sé de dónde saqué tantas agallas para decirle todo aquello a la cara.

Cada vez que recuerdo lo sucedido me entran ganas de taparme, o esconderme de todo el mundo detrás de cualquier arbusto o árbol. Aquel día me había puesto tan nervioso… ¡Me había sentido tan humillado! Se me acerca, se me pone a tres putos centímetros, me hace estremecer vivo y después… Me deja tirado. ¡Es que soy gilipollas! ¿Cómo me dejo manejar tanto?

Joder llevo repitiéndome lo mismo desde que salió de mi cabaña con la cabeza gacha. Gesto que por cierto hasta día de hoy no había desaparecido de su rostro.

El jueves y el viernes intenté que se me pasaran deprisa sin tener que recurrir a hablar con Tom. El hecho de no tenerlo cerca hacía que el tiempo se quedara estancado, pero al final conseguí sobrevivir sin tener que pedirle perdón por haberle echado de mi cabaña y por haberle hecho una declaración tan jodidamente cursi. Daría lo que fuera por poder borrarla de su memoria. ¡Pero yo no debería pedirle perdón, no tenía ninguna culpa de nada! Y sin embargo me sentía mal… O simplemente lo único que quería era que volviésemos a hablar. Ay, joder… Era él el que la había cagado. A más, cagada bien cagada porque había sido él quien se me iba acercando, sin dejarme prácticamente ninguna salir de su abrazo, yo no quería aquella situación. Bueno, eso creo.

La realidad era que a cada paso que daba fuera de mi cabaña me detenía y buscaba ideas o recursos para pasármelo bien pero no conseguía encontrar ninguna distracción.

Pero de pronto me empezaron a pasar más cosas de las que me esperaba para un día normal.

Solitario y sentado en mi mesa del comedor, removiendo los inesperados y agradecidos churros con chocolate, esperaba a que llegaran mis amigos. Yo me había levantado demasiado pronto y decidí que de mientras le daría un vistazo a estos dos días pasados. Y puedo jurar que me acuerdo perfectamente de cómo los he sobrellevado. Que aún siendo pocos, han sido intensos y entretenidos.

Empecemos por el jueves…

Flashback

Vale, ¿Y ahora qué coño hago? ¡No se me ocurre anda para poder disiparme un poco joder! He de dejar de pensar en Tom. Lo que he de hacer es encontrar una manera de pensar en otra cosa.

El problema es que cada día la cosa se hacía más monótona en el puto campamento. Y sólo pensar que aún me quedaban tres semanas aquí metido, me entraban ganas de coger mis maletas y salir corriendo a pie si era necesario. Pero, por otro lado se me hacía imposible irme antes de lo obligado. Algo me decía que este campamento… Era importante.

-Oh joder Bill… deja de delirar de esta manera tan estúpida anda.

Por si fuera poco empezaba a hablar conmigo mismo. Lo que podría considerarse normal a estas alturas y preocupante al mismo tiempo. Estupendo, acabaré en un puto psiquiátrico. Aunque quizás lo necesite.

De vuelta a mi cabaña, resignado con el mundo y conmigo mismo, me cercioré de un sonido fuera totalmente de contexto. Yo iba avanzando a paso lento, con una respiración tranquila, calmada, intentando que no aumentara su velocidad a cada vez que se me presentara la posibilidad de que apareciera Tom desde algún sitio, porque nada más imaginarme volver a verle desde lo de ayer… Me entraban ganas de ¡Yo se que! ¡No sé si aguantaría la presión!

Creo que me estaba poniendo rojo por momentos de solo recordarlo. Pero el hecho de darle tantas vueltas a todo no hizo que se me pasara por alto aquel sonido.

Era… Una canción. Una canción movida, con ritmo, con buen sonido. No sabía de dónde provenía pero quería averiguarlo sin duda alguna. Empecé a tantear y agudicé todo lo que pude mi oído, lo suficiente como para que descubriese en qué dirección estaba.

Y lo cierto es que me sonaba bastante lejano… Pero no importaba. Había encontrado la solución idónea a mi problema de falta de concentración, en un tema que no fuese sobre un chico con rastas. Aunque más que nada es más un problema de demasiada concentración ¿no?

Avanzaba a paso lento, y seguramente si alguien me estuviera viendo habría dicho que soy gilipollas perdido, por ir medio encogido por la vida, por la postura que acababa de adoptar, encorvado y con las manos levantadas a un nivel de los codos, intentando centrarme al máximo en el sonido de todo aquello que hubiera a mi alrededor.

De pronto vi un montón de cabañas juntas y me interesé un poco. Quizás solo se trataba de un par de adolescentes que se habían traído la mini cadena y que tenían la música altísima.

Pensar eso me hacía ponerme algo triste ¿Tanta efusividad por una tontería como esta? ¿Y ahora qué? ¿Entraba en la cabaña en la que tuvieran la música y después… qué hacía? ¿Preguntaba qué canción era? Y claro, después me tendría que ir. Así, dejándolos a todos pasmados. Aunque no sé que me esperaba. ¿Qué iba a ser si no? Es imposible que hubiera aquí un concierto o algo por el estilo.

Igualmente no me di por vencido y seguí buscando el sonido. Total, qué más daba, ya que estaba en ello.

De pronto una cabaña destacó entre todas. No era ni por forma ni por localización, de hecho era igual al resto, no había anda de espacial en ella, y estaba más o menos situada en un sitio equidistante al resto de cabañas, de manera que no podía haber nada que la hiciera destacar. Bueno, nada si no fuera por en pequeño corro de chicas al redor de ella…

-Hostia… – me asombré- ¿Qué debe de haber dentro?

Me acerqué con disimulo, la verdad es que yo no pintaba mucho ahí en medio. Las chicas tenían una media de catorce y quince años todas. ¿El “innombrable” también les daría clases a las de su edad? No recuerdo haber estado en ninguna clase con esos alumnos.

Quizá sí. O bueno, quizás no reparaba en los alumnos cuando estaba en sus clases.

¡Arg! ¡¿Veis como uno pierde momentos de su vida por enamorarse?!

Sin que ninguna se diera cuenta me coloqué detrás suyo y alcé un poco la cabeza para mirar que era aquello que tanto les interesaba de dentro de esa cabaña, y de paso, puse la oreja para ver qué decían las chicas.

-Joder… Mira que es guapo, eh.

-Ya ves… Y está buenísimo.

-¿Tendrá novia?

-No creo, dicen que es de esos que se tiran a una y después va a por otra.

-¿A si?

-Pues qué morbazo ¿no?

-Yo, por tocarle el culo lo que sea.

-Y que lo digas.

No me podía creer que hablaran de eso. ¡Cómo se notaba que eran unas putas adolescentes con las hormonas revolucionadas! Yo no recuerdo haber sido así nunca. ¡O como mínimo eso espero!

Las chicas alzaban la cabeza por encima de la ventana y después la volvían a esconder para no ser vistas. Decidí hacer lo mismo. Fijé mi vista en lo que había dentro y entorné los ojos.

Primero lo veía todo oscuro porque mis ojos no estaban acostumbrados. Estaba dando mucho el sol fuera y hasta que no vi figuras moverse, no fui consciente de lo que podría haber dentro.

Eran personas, tres personas, con cosas en las manos y… No se distinguía mucho más.

-Hay es que joderse ¡Hasta mañana no nos dará clases! ¡Yo ya quiero verlo!

¿Cómo? ¿Dar clases? ¿Eran profesores lo de dentro?

Ahora se me aceleró el corazón y me froté bien los ojos a ver si solucionaba mi problema de ceguera momentánea. Y efectivamente, al final pude descubrirlo. Dentro estaban Erika cantando, Gustav a la batería y… Tom a la guitarra.

Aguanté la respiración mientras me duró el susto y cuando fui consciente del todo me escondí debajo de la ventana lo máximo que pude, encogiéndome sobre mi mismo totalmente.

Con un poco de disimulo salí de ahí y me fui a otra ventana que no tuviera a tres chicas cuchicheando lo bueno que estaba Tom.

Y cuando le estaba dando la primera vuelta a la cabaña me encontré con otra ventana y con otro pequeño corro de chicas adolescentes con la baba en el suelo y la mirada perdida dentro del edificio reducido de madera.

Seguí dándole la vuelta y vi una ventana libre. ¡Por fin! Pero cuando me di cuenta, me cercioré de porqué estaba libre… Era una ventana con un pedazo charco de barro a los laterales, y justo detrás se abría un gran bosque espeso que no tenía nada que ver con el paisaje que llevaba hasta el momento el campamento.

Cogí airé y lo solté sonoramente, resignándome a remangarme un poco los pantalones y a pedirle perdón a mis preciosas botas nuevas por si les pasaba algo.

Caminé de puntillas y me coloqué justo en el centro del gran charco donde había una superficie seca, puesto que había más cantidad de arena que sobre salía donde no llegaba el agua.

Lo malo es que me tenía que doblar un poco hacia un lado para mirar por la ventana, y casi ponerme de puntillas de nuevo para ver claramente.

¿Pero que estoy haciendo? Ay por favor…

Dentro seguían tocando música. ¡Así que de aquí escuchaba yo aquella canción! Fíjate… Y la verdad es que era bastante buena. ¡Me gustaba!

-A si que este debe de ser el grupo del señorito. Pues no está nada mal… – hablaba en voz alta conmigo mismo, mientras me agarraba fuerte a la madera que sobresalía de la ventana para no caerme, ya que si me soltaba, me iba derecho al barro.

Gustav estaba como siempre, y se le veía muy concentrado en la batería, movía la cabeza según el sonido de las cajas y sonreía satisfecho. Él estaba detrás de todos.

Enfrente justo de él estaba Erika, con los ojos cerrados y también muy metida en su papel, y la verdad es que no cantaba mal la tía…

Y finalmente, a la derecha de ella estaba Tom… Que esta vez estaba justo enfrente de mí pero de manera que veía su perfil… Me mordí el labio sin poder evitarlo. Me contentaré en su figura y en su expresión.

Estaba serio, más serio que nunca, incluso más que en le fiesta del primer día… Tenía la mirada perdida en algún lugar de la cabaña y sus pensamientos estaban divagando en algún de su mente lugar menos en la música. Tenía la mandíbula apretada y se le notaba la tensión.

De pronto algo pasó y todos si giraron a mirarle. Y se oyeron un par de gritos:

-¡Tom! ¡Joder, ¿otra vez?! ¡¿Qué te pasa?! ¡Debe de ser ya la décima vez que te equivocas en el poco rato que llevamos ensayando! –oí por parte de ella.

-Ya ves tío, ¡concentra te un poco, anda! –y este tono más “suave” era por parte de Gustav. Los dos se miraron resignados y negaron con la cabeza. –Está bien… Hagamos un descanso.

Me empujé y quedé derecho totalmente de nuevo en medio del círculo pantanoso. Miré al infinito y suspiré. ¿Qué le debe de pasar? Mi respiración había perdido muchísima velocidad y ahora sonaba cansada incluso, sin llegar a la rapidez que debería tener. No podía sacarme de la cabeza la expresión de Tom… Cerraba los ojos y aún así su imagen se dibujaba en mi mente con un lápiz tan afilado que marcaba cada detalle, haciendo que doliese y todo el verle tan claramente.

Volví a alzarme y agarrándome con fuerza lo vi sentado en forma de indio, con las manos entrelazadas que había convertido en un apoyo para su cabeza. Y de nuevo su rostro mostraba unos sentimientos de… ¿rabia? ¿Confusión? Joder, no sabría decir que significaba esa mirada tan… penetrante.

Me estaban entrando tantísimas ganas de entrar a y darle un abrazo… ¡Pero tantas! De hecho, era una imagen que se repetía en mi cabeza. Yo me acercaba y le tocaba en el hombro, este me miraba, primero desconcertado, pero después achinaba la mirada mientras me sonreía tristemente, yo no me podía contener y le daba un abrazo que tardaría apenas un segundo en corresponderme.

-¡Oh por dios Bill! Deja de ser tan infantil – exclamé en voz alta, a lo que me tapé la boca y me escondí de nuevo. ¡Mierda! ¿Y si se ha dado cuenta?

Joder joder… cómo la cago.

Me esperé apenas unos segundos y sin poder evitarlo volví a asomarme por esa condenada ventana, con el pulso totalmente parado con miedo de encontrarme a Tom mirando en mi dirección a ver si había alguien observándoles. Respiré tranquilo cuando vi que no había indicios de esa paranoia, pero apenas me duró el susto que ya me estaba fijándome de nuevo en la figura de Tom.

Esta vez estaba de pie y bebiendo agua de una botella que estaba por la mitad. Y entonces, de pronto se la retiró de la boca y la observó, mirando el contenido, o mejor dicho, cuánto quedaba de él.

Finalmente se lo tiró encima, todo, sin dejar gota dentro de la botella.

Me quedé pasmado, sin saber qué hacer o qué pensar.

La camiseta empezó a pegársele al cuerpo de una manera bestial, y se le empezaron a notar todos y cada uno de los músculos que tenía en su torso, escondidos bajo grandes camisetas. Mis ojos se abrieron como platos y perdí la fuerza en el cuerpo.

¿¡Qué me pasaba!? Había perdido la capacidad de pensar con lógica y entonces…

¡CHAF!

Caí en el barro.

Me quedé estático durante unos instantes. Tenía los ojos abiertos y una ola de frio me invadió el cuerpo.

-Mierda… – susurré casi en un tono casi inaudible.

¡Joder! ¡Joder! ¡Y más JODER! Me levanté tan deprisa que casi me volví a caer y me pegué a la pared de inmediato intentando por todos los medios no perder mi escaso equilibrio, que por lo que estos días me ha demostrado, ¡no tenía!

-¿Oye, habéis odio algo? –formuló desde dentro, Erika, extrañada.

-No. – la voz alta y clara de Tom retumbó en mis oídos. Había hablado secamente, sin un ápice de sentimiento en la palabra.

Me maldecí por haberme querido asomar y me largué sin siquiera mirar atrás, murmurando palabras malsonantes. Eso sí, me encogí tanto que caminaba de cuclillas, que nada más me faltaba que me vieran después de todos mis intentos de pasar desapercibido, y a más que me pillaran totalmente manchado de un marrón feísimo que no combinaba en nada con mi ropa.

¡Es que arg! ¡¿Sólo me pasa a mí esto o qué?! ¡Hay que tener mala suerte!

Me metí en el bosque espeso para que nadie me viera e intenté guiarme por mi sentido de la orientación.

Mal, nunca he tenido orientación. Pero aún así me metí después de dudarlo apenas medio segundo.

Prácticamente empecé a correr de una manera descomunal, estirando mis largas piernas todo lo posible sin saber siquiera hacia dónde se encontraba mi cabaña. Una vez alcancé una distancia prudente de lo que era el campamento bajé mi velocidad y empecé a caminar, a paso lento, analizando todo lo que acababa de suceder en apenas unos minutos.

¿Tanto me estaba volviendo loco como para espiarle?

-Creo que sí…- me contesté a mi mismo en voz alta.

.

Llevaba unas dos horas dando vueltas en círculos y aún no sabía dónde me había metido. Dónde estaba la salida, o dónde estaba siquiera el norte.

Miraba a todas partes y tenía la puñetera sensación de que por ahí ya había pasado al menos tres veces en lo que llevaba de hora, y que aún me quedaban un par de veces más por pasar, porque aunque pensara “no, por este camino no iré que ya he ido antes” ¡eran todos iguales y ya no sabía cual camino escoger! Era estresante, y por si fuera poco todo el barro se me estaba secando y me pesaba la ropa toneladas. Mi pelo se estaba ondulando por momentos y endureciendo, llenándose de polvo de arena seca y mojada.

Mis botas ya estaban para tirar, y de hecho el resto de mi ropa también.

-Y ahora qué coño hago… – me estaba entrando el pánico, ahora ya no me importaba salir en medio de la gente y que me vieran salpicado de barro hasta la coronilla, ahora, lo haría todo simplemente por llegar a mi preciada ducha, ¡pero ya no sabía volver!

Empecé a buscar soluciones, desesperado.

A ver, Bill, piensa, ¡técnicas de supervivencia!

¿No hicimos algo de esto en la primeria o en la secundaria? Arg, no me acordaría si así fuera.

Joder Bill… Piensa, piensa.

De pronto se me iluminó el rostro.

Sin pensarlo si quiera (ojalá lo hubiera hecho), alcé la mano y me puse un dedo en la boca, chupándolo, de manera que quedara mojado de mi saliva. Una vez hecho esto, lo alcé por encima de mi cabeza y esperé paciente.

-Mierda… Que esto era para saber de dónde venía el aire.

Retiré el dedo enseguida, avergonzado de mi mismo por ser tan ¿poco culto? El caso, que acababa de hacer una gilipollez.

Decidí sentarme en el suelo (nuevo error, ahora se me habrían llenado los pantalones húmedos de más arena y hojas secas) y empecé a meditar.

-¡Ah! ¡Es verdad! ¡Dicen que el sol sale por el este! –ni dos segundos estuve sentado que me levanté y me coloqué una mano sobre los ojos, haciendo de visera y buscando al sol, que se encontraba medianamente alto, ya que serían las cuatro y pico de la tarde. – Espera, ¿O era por el oeste? Oh dios… ¡No me lo puedo creer!

Esta vez me estiré sin importarme una mierda qué es lo que podría haber debajo de mí, hojas, más barro, gusanos, serpientes… y cerré los ojos fuertemente.

-Aunque descubriera dónde está el norte no me serviría de mucho. El campamento podría estar perfectamente hacia el sud y yo sin saberlo. – hablaba a la nada y sentía que me estaba volviendo loco. ¡Y sólo llevaba perdido unas dos y medía! No me quería ver dentro de otra hora más.

Me encantaría volver de dónde he venido. pero si como mínimo supiera de dónde he venido sería estupendo…

¡ARG! ¡MATARÉ A ALGUIEN COMO NO SALGA DE AQUÍ! ¡Joder, me entraban ganas de llorar y todo!

De repente un sonido bastante estridente salió de alguna parte. Y seguidamente una vibración me hizo sobresáltame en mi bolsillo. Me tapé la boca y ahogué un grito que más tarde tuve que soltar.

-¡MI MÓVIL! ¿CÓMO NO ME HE ACORDADO DE ÉL? – enseguida me incorporé y busqué entre mis bolsillos ese milagro resurgido y olvidado por mi memoria y miré enseguida quién era. -¡GEORG! ¡Estoy salvado! – le di a la tecla de descolgar.

-¿Bill…?

-¡¡GEORG!! ¡¡Oh Dios mío, te quiero te quiero te quieroooo!!

-Em esto… disculpe. Creo que me he equivocado. -¡Pero será gilipollas!

-Jajaja ¡Georg! ¡No me cuelgues anda!

-¿Pero se puede saber dónde estás?

-Eso me gustaría saber yo.

Y una vez más, como cuando hablo con alguien por teléfono, empecé a dar vueltas, a caminar, a no estar parado y punto. Y era una costumbre un tanto rara pero no podía estar quieto mientras me llamaban por teléfono. Lo peor es que seguro que me acabaría adentrando más en la espesura del bosque y acabaría muerto y congelado del todo ya que las noches aquí eran casi peor que ir desnudo por Berlín en pleno invierno.

-Pero a ver… ¿Qué ha pasado?

-¡Ya te lo explicaré! ¡Primero ayúdame a salir del puto bosque! – grité, cansado de estar solo en medio de la nada, de lo verde, ¡de lo algo!

-¿Y cómo quieres que te ayude a salir si no sabes ni dónde estás?

-Ai joder Georg… Me estoy estresando. Mira, tengo una idea, yo sigo dando vueltas a ver si encuentro el campamento de nuevo. ¡De qué te ríes! – la risa al otro lado de la línea era estresante y me estaba sacando de mis casillas. -¡Georg, esto no es gracioso!

-Hombre… Aburrido tampoco es. – dijo entre risillas.

-A ver, cállate y préstame atención.

-Sí, señor.- soltó teatrero.

-Ve a la cabaña y búscame ropa de recambio y una graaaan botella de agua, ¡ah! Y mis pinturas, a ver si puedo hacerme un apaño o algo. Y no te olvides de mi espejo que está en el baño. – espero que esté tomando nota de todo ello porque como encuentre la salida y vea que no tiene todo eso a mano le mandaré de nuevo a buscarlo. – y cuando lo tengas me vuelves a llamar, si no, yo ya te habré llamado antes para decirte que he conseguido salir del bosque.

Ni yo mismo me podía creer que hubiera ingeniado todo esto yo solo en un abrir y cerrar de ojos. ¡Casi no me había dado tiempo a pensarlo! Imagino que el hecho de pasar la noche aquí hacía que las neuronas me funcionaran mejor.

-Em… esta bien.

.

Agudicé la vista por enésima vez en esta siguiente hora después de la llamada de Georg para ver qué veía de fondo. Y por un instante creí que me iba a poner a llorar de alegría. ¡¿Era eso un edificio?!

Cogí aire y salí disparado cogiendo toda la velocidad de la que me vi capaz y cuando llegué doblé las rodillas y me dejé caer al lado de esa pared que gracias a dios era la del comedor… ¡Menos mal!

Me puse detrás sin despegarme y me dediqué a llamar a Georg que no tardó nada en cogérmelo. Eran las seis de la tarde y tenía la sensación de que eran las seis de dos semanas después de lo lento que se me había pasado.

Georg apenas tardó cinco minutos en llegar a dónde yo estaba puesto que se hallaba cerca de mí y por suerte tenía todo lo que le había pedido, pero antes de nada me tiré encima suyo y le di un gran abrazo, que muy a pesar de no entender nada, Georg me correspondió.

-Ehh ehh… ¿Se puede saber qué coño te ha pasado para perderte entre tanto árbol? Que eres de ciudad chaval.

Transporté mi mente a unas horas atrás y reviví en un segundo todo lo que había visto desde la ventana, que aunque no había sido mucho, era suficiente. En otras palabras, era a Tom. Tom molesto, rayado, con rabia y desconcertado… Dándole muchas vueltas a un mismo tema que no sabía cuál era, pero que algo me decía que tenía que ver un poco conmigo. Y ese algo realmente no sabría decir que es pero quizás no sea una intuición repentina, sino que simplemente me gustaría que fuese así. Sí, más que nada podría decir que es eso lo que me pasa.

Tenía en mi mente la mirada perdida del chico de las rastas, y el fruncimiento de labios cada vez que arrugaba la frente mientras tocaba la guitarra, no demasiado concentrado.

-Pues… Joder Georg, ¡es patético! Y te vas a reír cuando te lo cuente pero… Antes de nada, pásame el agua. –él, que su rostro era de expectación total tornó su expresión por una de resignación, mientras me pasaba lo que le había pedido.

Miré a todos lados para asegurarme de que no había nadie a mi alrededor y me quité la camiseta y los pantalones totalmente hechos mierda y los dejé en el suelo.

Después cogí la gran botella de agua y hice un movimiento que también me recordó al innombrable, que muy a mi pesar, era más nombrado que mi propio nombre; me tiré todo su contenido encima, pero sobre todo por el pelo me eché casi la mitad, dejándome el resto para zonas como las manos o los pies que no podría cubrir con la ropa que me había traído mi amigo.

El cual me miraba como si me hubiera vuelto loco de repente.

Cogí el neceser y busqué, entre mil cosas que habían dentro, uno de mis peines pequeños y nada más encontrarlo empecé a cepillarme y prácticamente todo el barro fue desapareciendo.

Yo sabía que el pelo no me quedaría como siempre y que iría con el pelo ondulado hasta que llegase a mi cabaña pero bueno… Algo era algo, y no me podía quejar. Al fin y al cavo soy yo el listo que se ha puesto a hacer de espía y que ha acabado por los suelos.

Seguidamente cogí los jeans y la camisa limpia y me los puse. Lo último que me faltaba era maquillarme, que en un segundo cogí de nuevo el neceser y saqué el mini espejo y las herramientas necesarias de pintura que tan bien me conocía.

En un abrir y cerrar de ojos ya estaba mediocremente listo y ya podía volver a pisar el campamento sin que me tiraran piedras.

Lo guardé todo bien guardado y en una mano puse la ropa sucia, bien apartada de mi cuerpo y empezamos a andar rumbo hacia mi ducha caliente donde me pasaría al menos dos horas.

Por unos instantes creí que a Georg se le había olvidado el tema y estuvimos un rato caminando en silencio hasta que, inevitablemente, me preguntó.

-¿Me vas a contar ya que ha pasado o no? –soltó, haciéndose notar un poco la bordería del rato que llevaba esperando.

-Sí…

-Pues venga. –suspiré resignado y me preparé para contarle algo breve que durase lo mínimo para que se riera lo antes posible, haciéndome caer sobre el orgullo que ya estaba por los suelos, y así, antes acabara de descojonarse de mi cara.

-Pues es que estaba caminando tan tranquilo cuando, bueno… he oído una música y me he querido acercar a ver qué pasaba y esto… Me he encontrado que eran Tom y su grupo que tocaban en una cabaña cualquiera y… Al caso, quería mirar un rato a Tom y la única ventana que no estaba llena de chicas con el mismo fin que el mío era una que estaba rodeada de fango, y bueno, ya te puedes imaginar el resto. Me he caído y he salido dirección a saber dónde porque pensaba que me habían pillado.

Georg me miró con los ojos abiertos y con una mueca que mostraba claramente que se estaba aguantando la risa a más no poder. ¡Tanto que se había puesto la mano en la boca para evitar descojonarse!

-Anda… Ríete… Te lo permito.

-jajajajajajajajajajajajajajaja

Negué con resignación y esperé paciente a que cesara de reír.

-Madre mía Bill… ¿Pero no era que estabas molesto con él por lo de ayer a la noche? – me recordó, veo que haber hablado con él esta mañana no había sido en vano al fin y al cavo. Parecía que sí se acordaba.

-Ya lo sé joder… Pero cuando he visto que era él el que tocaba… No lo he podido evitar joder, ¡no puedo hacer nada!

El silencio se cernió sobre nosotros, pero una sonrisilla salió de mi boca, puesto que recordé aquello que había oído alguna vez “cuando tienes un amigo de verdad es cuando los silencios no son incómodos” y ya lo creo que tenían razón, con Georg me sentía bien, y me alegraba de tenerlo como amigo.

Pero de pronto un pequeño pinchazo me atravesó de arriba a abajo.

Ashley…

Bill no pienses en eso, Bill no piensas en eso… Anda, sácale tema, que al final sí se hará incómodo el no mantener contacto oral por pensar demasiado en todo lo que debería decirle.

Pero parece que esta vez fue Georg el que me dijo algo.

-Oye… ¿Y son buenos tocando?

Por un momento no sabía a lo que se refería, me había derrumbado tan momentáneamente con lo de Ash que ni siquiera el hecho de que me hablara de algo relacionado con Tom me había hecho reaccionar al instante.

-¿Quiénes?

-Pues la banda de Tom… -dijo su nombre como si temiera que yo fuese a saltar a su cuello de un momento a otro.

-Ah… Pues sí, la verdad es que sí, tiene canciones bastante guapas, y Tom… Dios, toca de puta madre.

-Sí, bueno, yo creo que te gustaría Tom aunque tocase la pandereta. -soltó divertido.

-Eh… eso no es verdad. -dije avergonzado. Me sentía tan raro el poder hablar tan “abiertamente” de eso que me estaba sucediendo.

-Bueno, pero ¿Lo hacen bien no?

-Sí ¿Por?

-Es que ahora que lo has mencionado, el día que el director del campamento comentó eso de que al grupo de su hijo le hacía falta un miembro más pues, no sé, como yo toco el bajo y eso… ¿Tú crees que… sería posible que me dejasen?

-¿Quieres entrar en el grupo? –resumí, incrédulo.

-Jej… Pues en pocas palabras, sí. -Me quedé pasmado, sin saber bien bien qué decir. – Oye, si quieres no me uno. – me dijo, al ver mi cara, que seguramente no sería muy alentadora a los planes que tenía Georg en mente, por este último comentario.

-¿Eh? Nono, únete, claro que sí. A más, es lo que esperabas ¿no? Alguien con quien compartir tu música por fin -recordé con un tono un tanto lastimero.

¿Y ahora porque cojones me había puesto así? ¡Parezco una chica embarazada con tantos jodidos cambios de humor!

Vale, es cierto que nada más mencionar que quiere unirse al grupo me ha venido a la cabeza la imagen de Tom y Georg juntos a todas horas y yo observando desde una esquina pero, joder… Ya no se qué hacer. Aunque bueno, si llegase a pasar eso tendría más posibilidades para olvidarlo ¿no? Y no debería preocuparme por ese ataque repentino de homosexualidad que me está poniendo la cabeza como un puñetero bombo.

Me fijé en la expresión de mi amigo y creo que a mí también se me dibujó una ligera sonrisilla al ver lo iluminado que tenía el rostro. Ensanchó una gran sonrisa y me apretó una mano fuertemente, como si me diera las gracias de ello.

-Bill… Acompáñame a pedírselo…

Abrí los ojos como platos y me solté enseguida. El corazón se me disparó en cuanto oí esas palabras y me separé un par de pasos de él, evitando cualquier contacto que tuviera que ver con nosotros y el acompañarle.

-¡Pero qué dices! ¡¿Estás loco?! ¡¿Pero es que no te has enterado de todo lo que te he dicho esta mañana o que?! –no, definitivamente la memoria le dura cortos plazos de tiempo – Después de lo que pasó ayer no puedo presentarme delante suyo y decir cualquier cosa sin importancia, como si no hubiera pasado nada! Georg, no podría ni decirle hola en estos momentos. ¡Mira como he acabado! ¡Lleno de barro por evitarle!

-Oh Vamos Bill… Vamos en un segundo y ni siquiera tendrás que hablar tú, ¡pero si voy contigo me siento más seguro! Entiéndelo, no he hablado en mi vida con ellos, y aquel día que vino Tom a buscarte a la hora de comer no cuenta. – se me puso roja la cara de sólo acordarme de aquel día.

-Que no Georg, que no. No puedo… A más, ¿no pretenderás que vaya con estas pintas, no? Aún he de alisarme el pelo y ducharme, y pintarme bien, y escoger mejor la ropa – señalé esto último mientas contaba con los dedos todas las tareas que me tocaba hacer antes de poder salir “a la calle” libremente.

-Oh Bill, que vas bien así. ¡Te lo pido por favor! ¡Acompáñame! – casi se me puse de rodias delante de mí y yo tuve que desviar la vista para asegurarnos de que no estaba mirando nadie a quién tuviera que sobornar más tarde para que no dijera lo rastrero que puede llegar a ser Georg a veces. Y lo jodidamente convincente que era.

-Joder… Es que…

-Va Bill, ¡ya verás que cara se le pondrá a Tom cuando te vea, no sabrá ni qué decir! Lo mejor que puedes hacer es plantarte delante de él y mostrarte totalmente indiferente, como si no te importara una mierda todo lo que pueda haber pasado, y así quedarás como un puto rey.

Me quedé mirando mientras notaba como mi pecho subía y bajaba acompasado con mi respiración, meditando en silencio la posibilidad de ver a Tom tan pronto… Dios, era algo inimaginable. A más si ya me dolía el pecho de sólo verlo desde la ventana, yo… No sabría cómo me quedaría después de hablar (o ver como hablan) con Georg y Tom.

Me puse las manos en la cara y me la tapé, me encogí y me froté los ojos, con bastante cuidado por eso, no podía ir con todo el maquillaje corrido.

-Uf… Te voy a matar. Vámonos antes de que me arrepienta.

.

Caminaba con la cabeza gacha sin decir nada, intentando aguantar mi nerviosismo y mis ganas de salir corriendo. En más de una ocasión le había apretado la mano a Georg intentado encontrar el apoyo incondicional que me daba y más de una vez nos habíamos parado en medio del camino para que me volviera la respiración que tanto me costaba conseguir.

-Bill… no seas tonto, que no es para tanto… A más, ya te he dicho que hablaré yo, tú no has de decir ni hola ¿vale? Ni le mires a los ojos. De hecho, ni tan solo sabemos si es él quién nos va a abrir la puerta ¿no? Me has dicho antes que en el grupo también están los otros dos profesores ¿no? Lo mismo es Gustav quién nos abre…

De pronto caí en esa posibilidad, que ni tan solo se me había pasado por la cabeza en todo lo que llevábamos de rato caminando.

Asentí y emprendí yo el camino esta vez, y Georg el que me seguía, ya que yo sabía dónde estaban las cabañas de antes.

Apenas tardamos diez minutos en llegar, y cuando estuvimos a dos metros sentí que los pies me pesaban como el plomo, y que a cada paso que daba y que más me aproximaba más me pesaban y más me costaba andar. Esta vez sentí que me costaba sentir la sangre circular por mi cuerpo y podría jurar que me estaba quedando blanco por momentos. La percepción de los sentidos se me había incrementado de los nervios que sentía y estaba al tanto de todo lo que pasaba, de hecho me sentía como en una burbuja, totalmente vulnerable, pero desde donde me sentía el controlador de todo.

Subimos los peldaños de la cabaña y el sonido de las pisotadas retumbaba en mis oídos como si fuesen campanadas y yo fuera el campanero que está apenas a dos centímetros de ese gran metal que produce sonidos. Era como si contara los segundos que me quedaban de vida… ¡me iba a ahogar ahí mismo!

-Bill… Voy a llamar ¿val…? Joder Bill, pareces un muerto. – le miré serio con los ojos abiertos concentrado en mi respiración y negué con la cabeza, haciéndole ver que no se preocupara por mí. Después, con mucho esfuerzo, moví las manos indicándole que llamara.

Observé atento como el puño de Georg se iba cerrando y se iba alzando a una altura del pecho. Se iba preparando y se estaba empezando a balancear hacia atrás para más tarde encaminarse hacia delante chocando con la madera.

toc… toc… toc…”

El corazón se me había parado o simplemente era el tiempo que le había dado por quedarse congelado. Sólo sé que en un momento de pánico me aparté de la puerta y me puse pegado a la pared.

Georg me miró incrédulo y cuándo iba a decir mi nombre alguien abrió la puerta. Pero fue un chasco para mí encontrar que en el lado de la puerta en la que me había colocado no me quedaba tapado por esta a la hora de abrirse. Pero recé con todas mis fuerzas para que la persona que había abierto no diera un paso adelante y me viera, porque por el momento, seguía dentro en la cabaña, mirando seguramente con ojos curiosos a Georg, la persona que había llamado.

Entonces me sentí tan pequeño… Tan frágil. ¿Cómo es posible que me haya dejado dominar por el pánico? ¡Bill! ¡Acabas de dejar a Georg solo!

-¿Sí? – la voz masculina y muy presente en mi memoria de Tom hizo que cerrara los ojos de inmediato, fuertemente, maldiciéndome por ser tan jodidamente cobarde.

Georg me miró alarmado pero disimuló enseguida mi paradero y simplemente miró al suelo mientras hablaba.

-Esto… Me llamo Georg – no sé si Tom se acuerda de su nombre o no. – y bueno… He oído que tienes un grupo.

El silencio de Tom mientras Georg intentaba explicarse me estaba poniendo de los nervios, ¡Por dios, dile algo! ¡¿No ves que se está intentado explicar?! No sé si el que sufría más era Georg o yo, ahora que yo ya estaba “fuera de peligro” creo que estaba sufriendo más por Georg que por otra cosa…

-Ajá… -joder, seguía igual de borde que antes, puede que más y todo.

-Y bueno, es que yo… Me estaba preguntando si me dejabais entrar y eso… Hacedme una prueba si queréis por si no estoy a la altura eh, enserio, pero bueno, como soy bajista he pensado que a lo mejor os iba bien eso de tener otra persona en el grupo y me han dicho que sois bastante buenos y me encantaría intentarlo. –ahora parecía que mi amigo castaño lo había soltado todo de un tirón.

Los segundos que se tiraba por costumbre Tom para contestar, se me estaban haciendo más eternos que el rato había estado perdido por ahí, que ahora se me parecía una situación totalmente lejana y sin ningún tipo de sentido.

-Hombre… Pues no es mala idea. – solté todo el aire que había estado reteniendo durante los momentos de tensión y se pudo disimular por el mismo suspiro que dio Georg, que ya podía respirar a gusto.

-¡Genial! ¡Mil gracias! ¿Cuándo me puedo unir? – dijo expectante, y radiante.

-Ahora mism… – de pronto se cayó. ¡¿Y ahora qué le pasaba?! – Has dicho que te llamas Georg… -la voz de Tom empezó a tomar un tono un tanto alto para el que llevaba hasta ahora y eso me puso los pelos de punta.

-Sí… – dijo este temeroso.

-¿¡Tú eres el amigo de Bill verdad?! ¡Sí, claro que sí, siempre coméis juntos! ¡Tú eres Georg!

Y entonces todo se paró.

Mi corazón dejó de latir durante un tiempo que no llegué a calcular, pero haber oído mi nombre en la boca de Tom con un cambio tan repentino de voz me estaba costando la vida. ¡Ha dicho mi nombre! ¡Está preguntando por mí!

-Sí… – repitió, como si de una pista de CD en repeat se tratara.

-Déjame hablar con Bill, llévame a dónde está él, ¡Tengo que hablar con él!

Georg se quedó estático y me dedicó una mirada fugaz que esperé que Tom no notase. Yo negué con la cabeza rotundamente, casi sin pensar en lo que estaba pasando. ¡Necesitaba huir de ahí!

-Esto… Bill no quiere hablar contigo. -dijo, aún poniendo en duda sus propias palabras, puesto que ni yo mismo daba las órdenes a ciencia cierta de lo que pensaba.

-¿Pero has hablado con él de lo que yo digo? ¡Déjame hablar con él! ¡Convéncele! Arg, no me atrevo a ir yo para que me mande a la mierda en un momento.

De nuevo negaba en rotundo aguantándome un par de lágrimas traicioneras sin sentido que se me derramaban por la cara.

-De verdad que no quiere hablar contigo…

-¡Joder! ¡No te cuesta tanto! – y la figura de Tom dio tres pasos adelante, los suficientes como para que su cuerpo sobresaliese totalmente de la cabaña.

Abrí los ojos y me quedé petrificado, anonadado, sin saber qué hacer. Las piernas se me habían quedado en el sitio y se me habían ido todas las fuerzas para escapar. Simplemente pedí en voz baja que no se girara, pero por desgracia la cara de Georg me delató sin querer.

En cuanto Tom avanzó hacia delante, el bajista se mordió el labio y frunció mucho el ceño como diciendo, “mierda…” y Tom se dio cuenta de que algo no iba bien, así que miró hacia un lado, y luego hacia el otro… hacia mí.

Tom cambió de postura y toda la energía que había recuperado en dos segundos se le fue como si el viento se lo arrastrara con igual de facilidad que a una hoja seca. Me miró antes de soltar:

-Bill… – de nuevo dejó que el silencio jugara con la velocidad de los latidos de mi corazón antes de seguir hablando. -¡Bill, escúchame, ¿vale?! –y por unos instantes no puede quitarle los ojos de encima… no podía. Me acordé de pronto del mal atuendo que llevaba encima y quise esconderme bajo tierra.

-Tom. –sentencié, y con eso me bastó para que se callara, sin atreverse a decirme nada – estoy aquí para acompañar a Georg – y este me miró un tanto raro, como diciendo “si hombre, ahora si no?” pero no le presté mucha atención – no voy ha hablar de nada más. Y por lo que parece, ya lo habéis medio admitido en el grupo. Yo… me voy.

Joder, esto parecía una puta telenovela. ¡Y no me gustan las telenovelas! ¿Dónde estaba la acción y el terror? Esas series te vuelven tonto del todo. No puedo dejar que mi vida se convierta en algo así.

Me di media vuelta, y sin acabarme de creer todo lo que estaba pasando cogí aire y me fui por donde había venido, pero sin antes sentir como alguien me agarraba de la mano y me sacaba de mi camino.

Georg me dio un abrazo amistoso en el que yo quedaba justo de frente a Tom. Este se había erguido y había deshecho la idea de seguir intentado hablar conmigo, tal y como yo quería. Bueno, no sé si yo quería eso… Quizás solo le he dicho todo aquello para que lo siguiera intentando.

-Que sepas que no te guardo rencor por haberme dejado solo, maricona reprimida, que con esto ya estas sufriendo bastante. – me dijo amigablemente el castaño, justo antes de pellizcarme la barriga, único momento en que dejé de aguantarle la mirada al chico de las rastas.

-Auch… -me quejé, sonriendo a mi mejor amigo. – bububueno… aahora siiisii que me vovovoy… -intenté sonar sereno y tranquilo pero el tartamudeo de mi boca me delató.

Esperé a que amos entraran en la cabaña para volver a la mía, y observé atento como el castaño entraba dentro, con el pulso un poco alterado, y con un ligero tembleque en las manos. Por otro lado, volví a fijarme en Tom, que no había parado de sostenerme la mirada ni un instante y este iba cerrando la puerta poco a poco.

-Eres un cabezota Bill… – y justo cuando le iba a responder, sacando unas fuerzas de flaqueza que creí inexistentes…

me cerró la puerta en todas mis narices.

Fin Flashback

Sí, el medio día y la mitad de la tarde del jueves fue bastante… entretenida. Recuerdo como llegué a mi cabaña, deambulando como un puñetero fantasma, cansado de vagar por la eternidad sin nada nuevo. Pero esta vez, era por demasiadas cosas que yo desconocía. Los intentos en vano de intentar evitar a Tom por todas las maneras se fueron a la mierda al día siguiente, aunque como mínimo me conseguí quedar firme y fiel a mis deseos; no hablar con él sobre lo del miércoles.

Me duché y estuve bajo el agua caliente al menos una hora de reloj. Me había sentado en el suelo, cuyos azulejos ya no estaban fríos del rato que llevaba cayendo agua caliente, y dejé que las gotas me empaparan del todo, mientras cerraba los ojos e intentaba no pensar en nada. Pero me era imposible, la voz y la cara de Tom me volvían loco.

Sí joder, totalmente loco.

El jueves no fui a cenar, y me inventé una excusa muy mala a Georg para decirle que me había resfriado un poco y que hasta el viernes no aparecería por el comedor.

No quería salir, y me puse a dibujar como un loco.

El resultado fue un gran fajo de hojas de dibujos de la misma persona. ¿Qué de quién?

Joder, es tan obvio…

Tom, Tom, Tom, Tom, Tom.

Pero mientras dibujaba pensaba en qué coño podía decirle el día que nos toque hablar. ¿Porque algún día deberíamos hablarlo, no?

Igualmente, necesitaba aclararme primero para poder tener la mente ordenada a la hora de querer hablar con él, pero es que no quería sonar tan evidente… ¡No podía presentarme delante suyo y decirle “Tom me he enamorado, sí, lo sé, es estúpido pero es así y por eso no quiero que juegues a este juego”! Quedaría tan mal… Sería tan jodidamente ridículo.

Se echaría a reír como un condenado y yo encima tendría que tragármelo todo.

Porque cada vez estoy más seguro que a él no le pasa lo mismo ni de lejos. Joder, si yo pudiera meterme en su mente o algo.

¿Pero qué digo? Ni que fuera el genio de la lámpara.

-¡Bill! –oí de lejos.

Alcé la cabeza enseguida y me encontré con la radiante sonrisa de mi niña Ash, junto con Georg.

Ahora que lo pensaba, Ash se estaba transformando un poco. Ya no era tan ruda como siempre, y ya no tenía esas salidas tan poco… femeninas. La verdad es que no me hacía mucha gracia que cambiase pero bueno, ya se verá.

-¡Hola! –saludé feliz.

Ambos se sentaron a mi lado y la pequeña sombra que se había sumido encima de mí, al recordar todo lo que aún me quedaba por solucionar dejó de ser tan entristecedora.

Pero aún así, había tantas cosas por mejor y que podrían acabar mal… Esto me asusta un montón.

Tom

Llevaba unos días horribles.

Las ojeras se me marcaban en la cara de lo poco que había dormido, no dejaba de darle vueltas a lo sucedido en la cabaña de Bill.

Y lo peor es que siempre pensaba en lo mismo “¿Cómo me puse encima de Bill de ese modo? ¿Porqué no me supe detener?” y siempre obtenía la misma respuesta, “aunque lo hubiera intentado, no habría podido” ¡¿Pero por qué?!

-Que alguien me pegue un tiro… – solté en voz baja, mientras escondía la cabeza entre mis brazos cruzados sobre la mesa del comedor.

La imagen de mi chico de la acetona, el jueves pasado se repetía sin cesar, y ya me estaba cansando.

Recuerdo como en vano había intentado sonsacarle información a Georg sobre Bill en los momentos que hacíamos descansos y como este sólo me contestaba que lo buscara y que yo hablara con él.

¡Qué lo busque yo! ¡¡Pero si no se deja!!

Pero nn el caso de que consiguiera entablar conversación con Bill, ¿qué coño le decía? ¡No tenía ni pies ni cabeza esta situación!

Un sonido un tanto agudo resonó por todo el comedor y me hizo achinar los ojos y querer taparme las orejas de lo molesto que era. Dos segundos más tarde cesó el sonido y miré en dirección de donde provenía.

Vi a mi padre subido en una de las mesas con un gran ¿megáfono?

-¿Pero qué coño lleva en la boca? –dije casi de una forma inaudible. Con una ceja alzada miré expectante a ver qué nos contaba.

-¡Hola a todos! – las cabezas de todo el mundo se fueron girando en dirección de mi padre y esperábamos, pacientes, para saber que quería contar – Hoy, como cada año, es el día en que todos, y repito, todos, a excepción de quién se encuentre mal o tengo excusas de peso, vamos al lago y nos bañamos. Es decir, que la actividad general, para cada grupo es ir al lago.

Hostia… ¡no me acordaba! Es verdad.

Miré en dirección a la mesa de bueno… de quién va a ser, de Bill, y observé la cara de incredulidad de los tres amigos.

Ellos también estarían por ahí ¿no? Hombre, no estaría mal observar a ver qué tal el día. Podría ser bastante divertido. Ahora que no tenía a Anna tanto encima, seguramente me podría meter en el agua libremente sin estar tan encima de ella.

-Así que a las doce os quiero ver a todos con los bañadores. Pero un cuarto de hora antes, que estén aquí los grupos de los niños pequeños y de los adolescentes. Los mayores también habéis de ir, pero por vuestra cuenta. Y va, no os inventéis excusas… -dijo como si hablara la voz de la experiencia – es muy divertido.

Y con eso finalizó la mini charla. Tardó a penas nada en bajar de un salto, que para la edad que ya tenía no estaba nada mal y se volvió a sentar en la mesa donde estábamos todos los profesores.

Cruzamos miradas durante un instante y eso me hizo rememorar otra charla que tuve con él, ayer viernes por la tarde. La verdad es que me quedé muy impresionado con ello.

Flash Back

Estaba recogiendo todos los balones de fútbol que me habían dejado todos chicos de “mayor edad” tirados por el campo de futbol, enrabiado por haberles dicho que no los dejaran por ahí y no haberme hecho caso.

Pero también estaba planeando cómo sonsacarle a Georg información sobre Bill.

Ayer me quedé impresionado por lo bien que tocaba el bajo, y la verdad es que ya formaba parte del grupo, y se estaba integrando mucho con Erika y Gustav, sobre todo con este último, que hacían buenas migas y barajaban ideas diferentes sobre diferentes melodías y compases que según ellos les irían bien a algunas canciones. Lo cierto era que una vez lo probábamos sí que resultaba efectivo y le daba buenos toques a canciones a las que les faltaba algo.

Había sido un gran acierto, pero eso no quitaba que él fuera mi puerta directa hacia Bill. ¡Aunque parecía cerrada con llave!

Arg, otra vez con lo mismo.Bill, Bill y más Bill…Debo empezar a cuestionarme un par de cosas.

-Pareces entretenido… -una voz detrás mío me sobresaltó. Pegué un pequeño salto y de que poco no salgo disparado. Me volteé enseguida con el puño en alto a ver a quién debía partirle la boca por gilipollas y en cuanto reconocí el rostro de mi padre me paré en seco, sorprendido. Baje la mano con lentitud mientras veía una sonrisilla en su boca.

-Ah… Eres tú. – por dos segundos creí que era … Oh, joder, creí que era Bill.

-¿A quién esperabas? – me preguntó divertido.

Cerré los ojos y decidí no contestarle esa tan acertada pregunta, mientras seguía con mi condenada tarea. Pero por mucho que avanzara dos pasos la figura que había detrás mío avanzaba lo mismo y en la misma dirección, en otras palabras; no me iba a dejar ir.

-¿Qué quieres? – le pregunté, cansado de que me siguiera allá donde iba.

-¿Eh? Ah, sí sí… Nada, sólo quería hablar contigo un poco y eso… – y de golpe vi como se sentaba en la hierba que esa mañana me había dedicado a segar a primerísima hora, mientras todo el mundo dormía. Se sentó y se estiró con las manos tras la cabeza, que le servían de apoyo.

¿Esperaba que yo también me sentase?

Pero el rato pasaba y este no decía nada, así que no tuve otro remedio que copiarle y estirarme a su lado, esperando a ver qué me quería decir. Últimamente lo veía poco, y estaba un poco distante. Y no es que me preocupara, de hecho me la sudaba un rato largo, pero era raro. Mi viejo era muy entrometido en todo, y el hecho de que se aleje de todo durante un temporada nunca era algo “bueno”.

-Oye ¿Te lo estás pasando bien?

-¿Qué pregunta es esa, papa?

-Es que cada vez me acuerdo más de que tú no querías venir ni arrastras hasta aquí y bueno… Ahora me siento mal, porque por problemas de última hora, hayas acabado aquí.

-Esto… – me quedé cayado un rato, sin saberle que decir. – estoy bien, lo que pasa es que este campamento me lo sé demasiado de memoria. Papa, hacemos todos los años lo mismo, y bueno, el hecho de volver a venir por aquí y pensar que me toca hacerlo durante muchos veranos más… Me pone de los nervios, yo no soporto lo monótono, y este caso era una excepción por ti, pero yo ya sabía que me acabaría cansando y que llegaría un momento en que explotaría y acabaría soltando algo como lo que te dije en su momento.

-Ajá… – asintió sin agregarle nada más.

-Pero tú llevas aquí treinta años, en los que el negocio era del abuelo y que más tarde pasó a ser tuyo y aún… Aún no me puedo creer que no te hayas cansado. Enserio, se que las primeras veces son geniales pero tío… Llega un momento en que ver siempre lo mismo raya, ¿no crees?

Escuché una sonrisita por su parte que me daban ganas de saber qué era eso que tanto le gustaba de ese monótono lugar, y aunque no me apetecía estar ahí con mi padre ya que tenía más cosas que hacer, no quise levantarme e irme, no, esta vez quería escuchar.

Pero el rato pasaba y mi padre parecía que no tenía intención de decir nada al respecto, y yo me estaba empezando a impacientar.

-Va, explícame que tiene este lugar de maravilloso, y no me digas las vistas porque yo las veo igual que tú y también se hacen pesadas.

-Jajaja… No, realmente estoy aquí porque estoy encadenado con mi pasado.

-Como si me hablaras en chino… Explícate mejor, anda.

-Pues es muy simple Tom, aquí conocí a tu madre.

El corazón me dio un latido y después paró. Aguanté la respiración ese espacio de tiempo que me había durado la sorpresa y después respiré sonoramente.

Mi madre… ¿Qué sabía yo de ella? Casi nada. Cuando pensaba en ella solo veía una sombra negra que ni tan solo tenía nombre. Se me hacía raro pensar en ella, puesto que jamás en la vida la había visto y jamás vería… Era algo que no sé porque, lo sabía a ciencia cierta, muchas veces le había preguntado por su paradero y mi padre jamás me sabía responder. No sé si porque realmente no lo sabía o simplemente porque no me lo quería decir. Y aun, a mis diecinueve años seguía sin saber porque no me quería hablar de ella. Y tantas veces lo había intentado que al cavo de los años se me hacía una idea absurda volver a intentar sacarle algo. Así que llevaba más de tres años sin sacar el tema.

Y hoy… hoy había descubierto una información mínima sobre ella. Se conocieron aquí.

-¿Puedo preguntarte cómo os conocisteis o me mandarás a la mierda? – me atreví a preguntarle. Imaginaba que no me lo iba a contar, así que ya estaba preparando las manos para hacerme un impulso que me hiciera levantar del suelo y así poder salir del círculo cercano de mi padre y seguir recogiendo los balones.

Pero me sorprendí, porque esta vez, no fue así.

-Pues fue como la típica historia de adolescentes enamorados. Ya sabes, yo era monitor del campamento y para aquel entonces venían chicas y chicos de todas las edades y bueno, yo tenía veinte años y estaba igual de alto y guapo que tú y las tenía a todas detrás. Ya sabes… – me dijo como si ya entendiese yo del tema.

Solté una sonrisilla cómplice que se esfumó apenas en dos segundos, para evitar cualquier interrupción posible y con mi silencio le indiqué que continuara el relato.

-Imagínate, yo estaba siempre pululando por ahí, con los críos por arriba y por abajo y una vez me crucé con… Bueno, la mujer más guapa que pudieras imaginarte nunca. Era… como una diosa. – el tono de su voz se tornó soñador y mi expresión fue de una triste sonrisa que añoraba el no haberla podido ver nunca, pero que aun así la echaba de menos, y sólo de imaginármela se me aceleraba el corazón. – Era tan hermosa que deslumbraba la vista, y oh dios… La intentaba buscar a todas horas, y no la podía sacar de mi cabeza.

-¿Te enamoraste a primera vista?

-Ya lo creo que sí. Pero me costó muchísimo darme cuenta de ello, puesto que jamás en la vida me había enamorado antes y claro… Yo creía que sólo era un encaprichamiento, ya que ella se me resistía bastante y eso me gustaba mucho. -joder, mi padre era como yo macho.

-¿Y cómo te diste cuenta que realmente estabas pillado?

-Uff… – fue su primera respuesta, antes de añadir – pues la verdad es que no estoy del todo seguro, solo sé que bueno… El hecho de que me quedara embobado nada más verla y el hecho de que la buscaba a todas horas, eran unas grandes pistas. Porque cuando una mujer “normal” por llámarlas de alguna manera, se me resistía demasiado tiempo pues acababa desistiendo y me iba a por la siguiente, pero aquella vez… Aquella vez no podía, era como una fuerza superior a mí. – se reía mientras recordaba el pasado, seguramente burlándose de él a horas de ahora – la de tonterías que llegaba a hacer para que se riera conmigo y poderla ver reír… O la de veces que no podía controlar mis impulsos y la empotraba contra una pared y la intentaba besar… Aunque después recibía una hostia bastante grande, lo único en lo que podía pensar más tarde, era en lo cerca que habíamos llegado a estar.

El corazón me latía a mil por hora. ¿Joder, porque todo esto que me está explicando me suena tanto?

Una serie de recuerdos de esta semana se me cruzó por la mente, como cuando estás a punto de morir y dicen “he visto pasar mi vida por delante de mis ojos”. Pues algo así.

Joder, no me puedo creer lo que estoy oyendo.

-Bueno, las última semanas de campamento estuvimos saliendo y después de que finalizara nos fuimos viendo gradualmente hasta que bueno… Se quedó preñada y pasaron cosas.

De nuevo sus labios permanecieron cerrados sin querer contarme más información.

-¡Joder, explícame de una puñetera vez qué pasó! ¡Tengo derecho a saber quién es mi madre y porque no está cada día a mi lado! – me levanté enfadado con los puños cerrados, apretando mucho, casi tanto como para poderme hacer sangre.

-Tom, ya hemos hablado de esto muchas veces.

-¡Pues yo no me creo que te pidiera que me llevara fuera de su alcance! ¡No me creo que mi madre no me quisiera!

-Tom.

-…

-Sigue recogiendo pelotas, no sé ni por qué he acercado.

Y dicho esto dio media vuelta, y desapareció por donde había venido.

Fin Flashback

El resto del día no estuve muy fino. Si ya había estado el día anterior muy mosca por culpa de un moreno delgaducho y ayer lo estaba aún peor por culpa tanto de este como de mi padre. Y es que aunque intentara pasar de todo lo que me rodeaba e intentara concentrarme únicamente en mi guitarra, no podía, simplemente no podía, y me era todo demasiado superior para dónde yo llegaba.

Bill

Hacía un calor de la hostia y la temperatura era perfecta para darse un baño. En pocos sitios de Alemania se podía conseguir esa temperatura y realmente era estupenda.

Avanzábamos los dos en dirección al lago cuando empezamos a ver a muchísima gente por sus alrededores. Todos tenían el bañador puesto, o como yo, una camiseta que más tarde habría de quitarme. Las toallas reposaban en nuestros hombros o en bolsas como era en caso de Georg.

Cuando Jörg nos comunicó que íbamos a ir al lago me ha entró el pánico, primero porque yo tengo miedo escénico, pero que aunque sabiendo que no tenía que actuar ni nada por el estilo, estaba seguro que más de uno se me quedaría mirando, por raro o por amariconado, como ya me pasaba en la uni… O como ya pude comprobar, en el autobús.

Había salido pitando para poder cerciórame de que me había traído mis pinturas anti agua, que por mucho que se mojase mi cara no se me correría a menos que yo me frotara los ojos o algo por el estilo. Y sí, en efecto y de milagro, las tenía. No dudé nada en colocarme la ración de maquillaje normal y entonces si me sentí un poco más seguro. Pero no tanto como yo quisiera.

Dejamos las cosas y no pude evitar dar una ojeada al mí alrededor, conteniendo la respiración por saber quién había ahí.

Vi a un par de chicas y chicos de mi clase y a bastantes niños pequeños que eran acompañados por el batería del grupo de Tom, Gustav.

También vi a los otros dos profesores, Erika y Erik a lo lejos, ayudando a los chicos que cuidaba Erika.

Pero… No veía a Tom, y el no saber donde estaba me estaba poniendo los pelos de punta, ¡tenía la sensación de que aparecería de algún sitio en cualquier momento y yo no estaba preparado para afrontarlo!

-Bill… ¿Aún sigues nervioso? – la voz cansina de Georg me interrumpió mi pánico interno e hizo que me volteara a verle.

-Es que… -intenté excusarme.

-A ver… Yo creo que deberíais hablarlo. ¡Déjale una oportunidad por dios! Lleva estos dos días rayándome sobre el tema. Y mira que le he repetido mil veces que no quieres saber nada de él pero joder, creo que él está más confundido que tú, y eso que ni tan solo me ha dicho que pueda sentir ni lo más mínimo por ti. Esto son sólo deducciones de aquí tu amigo Georg. –dijo mientras se señalaba a si mismo con los pulgares.

-Ya pero…

-Joder Bill, ni pero ni mierdas. La situación es muy fácil ¿vale? El miércoles casi os liáis porque a Tom le dio un venazo extraño y tú te quedaste pasmado “barra” humillado porque te dejaste a la primera. Ahora no quieres hablar con él porque te sigues haciendo el duro y porque temes que haga esto no solo contigo, sino con todas las chicas con las que tontea. ¿Me equivoco?

-Em… No…

-Entonces piensa un poco, ¿tú crees que Tom, con todo el historial de conquistas que me confesó ayer por la mañana y que es TODO femenino iría tonteando con un chico? A ver, está claro que ahí hay algo raro. Y tú eres tan gilipollas que a la primera que demuestra un poco de flaquead hacia tu persona, cuya oportunidad era perfecta para descubrir un poco más sobre los sentimientos de ambos, te vas del camino y no puedes observar si de verdad lo que hizo fue porque realmente quería hacerlo o simplemente porque le divierte jugar contigo… Y te aseguro, que un heterosexual en potencia como es en teoría Tom, no jugaría a estos juegos con un chico.

No supe ni que contestar. ¡Me había quedado pilladísimo!

-Ahora, hazme caso de una vez, y si se te acerca, aguanta la respiración y espérate a que la tensión desaparezca del ambiente, así te será más fácil. Y piensa con la cabeza fría, razona, que para algo tienes cabeza. Joder Bill, pensé que te acabarías dando cuenta tú solo de todo esto y al final he tenido que ser yo… Que soy el que va peor en el amor de los dos y soy el que te está ayudando.

Dijo mientras me daba un par de palmadas en el hombro.

-Bueno… Dicen que uno tiene más puntos de vista si ve una situación desde fuera, y desde luego que yo estoy en el centro de la situación y no puedo pensar en frio pero… Joder, me has dejado flipando.

-Pues menos mal macho. Oye ¿Y ese de ahí no es el señor aludido del que tanto hablamos?

El bajista señaló a un punto detrás de mí y con el corazón a mil por hora me giré, intentando disimular para no ser muy evidente.

Al ver que no había nadie en un radio de diez metros de mí, forcé más la vista en dirección de la que me hablaba Georg y descubrí, anonadado, como un chico con las rastas recogidas en una coleta un tanto graciosa sobre su cabeza ya estaba metido en el agua.

Tom, había sido el primero en meterse e incitaba al resto a que siguieran sus pasos.

-Oye, yo también me meto ya, ¿te vienes? – me pregunto, de sopetón.

-¿Qué? ¿Ya? ¿Tan rápido? – solté, nervioso.

-Oh vamos, cuanto antes entres antes dejas de estar nervioso ¿no crees?

.

-Primero un pie… Y luego el otro… Primero avanzas un poco y… ¡ouch! ¡Dios que fría! ¡Georg, no te vayas tan lejos, cabrón! – observé como mi amigo, a apenas unos metros de mí, me saludaba con la mano divertido y con el agua por encima de las rodillas.

Yo estaba peleándome con la orilla y con mi mente, haciendo todo lo posible para evitar esas miradas que sabía que iban dirigidas a mí. Hablo de los ojos curiosos pertenecientes a mis compañeros de curso, mirándome los tattoos y pensando que probablemente me crea algo que no soy por llevarlos. Sí, creo que no caía especialmente bien entre la gente de mi universidad… Sobretodo con la sección masculina.

Pero igualmente, la temperatura del lago era mi mayor problema en esos momentos, y la piel se me ponía de gallina cada vez que intentaba avanzar un poco.

-¡Joder Georg, está muy fría!

-¡Jajajajaja!

-¡Georg! ¡No hace graci…! – y de pronto me callé.

La persona que se había reído no había sido él, sino… Tom. Que ni corto ni perezoso me observaba con los brazos cruzados y sonriente. Le sostuve la mirada mientras me apartaba el pelo que se me había puesto delante de la cara y después dejé de mirarle.

Pero qué descarado. ¡Qué al menos disimule que me está mirando!

-Vamos Bill, que el agua no mata – y esta vez si que era el castaño quien me hablaba. En cuanto cruzamos miradas le lancé una que si pudiera, lo habría asesinado. Pero entonces me di cuenta que la posición que estaba teniendo era aquella en la que parece que te van a lanzar agua.

-¡¡NO!! ¡¡GEORG NI SE TE OCURRA!! – sentencié. No había nada que me molestara más que algo como eso. ¡Cómo odiaba que me mojaran en la piscina mientras pasaba frío!

Y justo cuando ya iba a alzar las manos para empaparme entero sonrió, asintió, y las bajó, volviendo a meterlas en el agua.

Lo miré sin entender su comportamiento y arrugué el entrecejo intentando descubrir por qué había hecho eso. Pero al ver que simplemente estaba sonriente, me relajé e intenté seguir con mi camino, luchando contra el frio y el agua.

-¡TE VAS A ENTERAR! – pegué un chillido en cuanto oí esas palabras detrás de mí y entonces sentí un cuerpo mojado que me rodeaba y me alzaba.

-¡¡AAAAAAAAAAAAHH!! – empecé a patalear fuertemente mientras me sentía arrastrado por un cuerpo hacia la profundidad. Y cuando llegamos a un nivel que al misterioso chico (porque no tenía tetas) ya le llegaba el agua por casi la cintura me agarré a él en forma de coala, salvándome por los pelos de morir congelado. – ¡AI DIOS! ¡AI DIOS! ¡¡No sé quién eres pero no me sueltes!! – me agarré bien a su espalda y apreté con mis piernas.

Primero me quedé blanco porque al apretar las piernas mi… hombría, y la suya se habían tocado totalmente, y el hecho de pensar que podría ser Georg me estaba empezando a afectar al estomago, bueno de hecho cualquier chico de los de mi clase, o… buah, ¡yo que sé! ¡Estaba incómodo!

Y él se dio cuenta, pero pareció no importarle mucho porque simplemente me cogió las piernas y me alzó un poco hacia arriba para evitar el contacto que solo a mí me había puesto nervioso.

-¿No sabes quién soy…? –dijo lentamente, mientras me tiraba un poco hacia atrás al mismo tiempo que yo me resistía, ante la posibilidad de caerme, pero era tan fuerte que quedé ante su rostro.

-¡¡TOM!! – y casi salté yo de encima suyo si no fuera porque él mismo me cogió bien.

-Ahora, hasta que no aceptes que vas a hablar conmigo no te voy a soltar y tendrás que escapar de aquí nadando. Si prefieres entablar conversación, hablamos AQUÍ para que no escapes, y después te devuelvo a la orilla, aunque quiero que sepas que eres un aburrido. ¡Lo mejor es tirarse directamente, sin pensar en si esta fría o caliente!

Yo me había quedado mirando como movía la boca y el piercing de tan cerca, como sólo lo había tenido un par de veces. Cuando salí del trance y pude dejar de estar mirándole como un embobado gilipollas que está pilladísimo por él, reaccioné.

-¿Qué? ¡Si hombre! ¡Eso es chantaje! – dije separándome solo un poco, mientras que me agarraba bien con las piernas, muy a mi pesar sabiendo que esa manera de agárrame posiblemente me trajera problemas.

Miré a un lado y a otro mientras intentaba controlar el repentino tembleque de mis manos y de todo mí ser, y no precisamente por frio. Me cercioré de que aún estando en el lago, Tom me había llevado a un sitio que estaba desierto, detrás de una piedras, para supongo, que nadie nos oiga discutir o pelear, o hablar… o lo que quiera que quiera hacer.

-Ya lo creo que es chantaje, pero si no te dejas de ninguna de las maneras he de recurrir a métodos de brujería oscura. A más, Georg me ha ayudado mucho mientras te distraía… -dijo con una media sonrisa.

-¿QUÉ…? –dije totalmente parado, sin acabármelo de creer. ¡No puede ser! – ¡Menudo traidor!

Solo obtuve una gran sonrisa por parte de Tom, que parecía burlarse de la situación y tuve que recurrir a otra salida para huir de ahí.

¡Recuerdo perfectamente todo lo que me ha dicho Georg pero…! No soy capaz… Se que debería hablar con él, pero… me voy a bloquear, no sabré qué decir en cada momento y parecerá que no defiendo ninguna causa de peso. ¡Cuántas veces me había pasado aquello de discutir con alguien y quedarte sin argumentos simplemente porque te pones nervioso! Y lo peor es que cuando vuelves a tu habitación resignado se te vienen a la mente todas esas frases perfectas que habrían sido idóneas para dejar a esa persona cayada y con la palabra en la boca.

-¡No quiero discutir, Tom! ¡Llévame a la orilla ahora mismo! – chillé, casi obligándole a que cumpliera lo que le decía.

El chico de las rastas me miró incrédulo unos instantes y después su expresión cambió, alzó una ceja y sonrió de lado otra vez, pero de una forma un tanto macabra, que aunque he de decir que me gusto mucho… me puso nervioso, y mi instinto de supervivencia hizo que me apretara más a él, notando sus pectorales y abdominales perfectamente marcados contra mi barriga y mi pecho. Empecé a respirar entrecortadamente y a desviar la mirada de sus ojos cada dos por tres.

-Así que… No quieres hablar conmigo. – hablaba despacio, poniéndome de los nervios, y entonces empecé a notar que Tom empezaba a separar las piernas haciendo que nosotros bajáramos un poco de nivel y que las puntas de mi bañador que caían hacia abajo, se mojaran. Estuve a punto de chillar pero aún me asusté más cuando Tom se tiró hacia delante dejando mi espalda a pocos centímetros de la superficie del agua. Pero eso no evitó que el agua que estaba succionando mi bañador no llegara a tocarme un poco en las piernas. – ¿Estás seguro que no quieres? Vaya… Si se te ha erizado la piel y todo.

-¡AGGR! Tom te odio. – resignado me cogí bien a él, y muy a mi pesar apreté sin dejar ningún espacio de aire entre nosotros. –Joder… Está bien. ¡Pero súbeme ya!

-Jajaja Vale vale, tranquilo… – y sintiendo como me rodeaba más fuerte por abajo me alzó de nuevo hasta quedar totalmente vertical. Pero qué fuerte que era. – Oye, espera un momento ¿Qué es eso que me está pinchando? – dijo molesto, y mirando hacia abajo, a algo que había entre nosotros dos. – sepárate un poco, que te juro que no te suelto. – prometió mientras intentaba descubrir qué era eso que supuestamente le molestaba.

¡Y yo ya me estaba poniendo nervioso por momentos!

Le obedecí y miré yo también hacia abajo.

-¡Coño! ¡Pero si tienes un piercng en el pezón! – abrí los ojos como platos y me puse rojo enseguida. ¡Dios! ¡Ni me acordaba!

Después del jueves, Georg estaba muy ocupado con el grupo y ensayando cosas que hacer y como yo no podía ir a ver a Tom porque me ponía nervioso y me sentía incapaz le dije a Ash de volver a intentar hacerme el piercing.

Recuerdo que la cara que me puso fue bastante cómica, como recordando algo que había pasado en un algún momento ya vivido y que los dos sabíamos perfectamente. Le dije que no haríamos nada más, que sólo el piercing, sin interrupciones carnales ni cosa por el estilo y se echó a reír. Volvimos a repetir el método totalmente cavernícola del hielo y apenas sentí nada.

Al cavo de dos horas me empezó a doler bastante, pero Ash me dijo que era normal, y que no me tocara en todo el día, que si tenía suerte al día siguiente ya no me dolería y se habría ido el rojo. Y en efecto, dicho y hecho, ya ni me acordaba de mi ansiado piercing.

Noté como uno de los brazos de Tom deshacía el abrazo aguantándome solo en el otro y como el que había dejado ir se acercaba peligrosamente a la zona de la cual hablábamos.

Mi corazón empezó a latir fuertemente cuando vi que efectivamente el dedo de Tom se colocó encima de mi piercing, con una inocencia que no iba con mi estado actual, haciendo que se moviera un poco.

-Dios ¿Cuándo te lo has hecho? ¿Te lo has hecho esta semana tú solo o algo? ¿Te ha dolido mucho? –dijo mientras seguía dándole vueltas al palito de dos bolitas mientras yo a cada vuelta sentía una jodida sacudida en el estómago y un placer punzante que me estaba destrozando por dentro, quitándome las fuerzas tanto de mis piernas como de mis brazos. – Mola.

Le aparté la mano porque sentí que si seguía así me iba a dar un chungo. Le miré y este volvió a sonreír maliciosamente, como si supiera todo lo que me estaba provocando. ¡Pero a ver! ¡Representa que me he cabreado con él por cosas como estas! ¿Por qué sigue haciéndolo?

Pero entonces caí en una cosa que lo dejaría por los suelos.

Me erguí, abandonado la postura medio encorvada que había adquirido de todas las sacudidas de ese “placer” tan extraño y esta vez, sonreí yo.

-Oye ¿Cómo sabes que me lo he hecho esta semana? ¿Porqué no me lo podía haber traído hecho de fuera del campamento? – sentencié.

Tom me miró con los ojos abiertos y se quedó mudo.

-…- cambió su expresión por aquella tan graciosa de niño pequeño enfadado, y desvió la mirada.

-Me da a mí que alguien se fijó demasiado bien en mí el primer día de campamento. – solté, rememorando esa primera vez que nos vimos, donde por cosas de la vida supongo, a mí me había tocado ir sin camiseta.

-Eh eh, no te flipes. Sólo que… Se nota mucho cuando uno tiene o no un piercing… Y punto. -soltó, enfurruñado.

-Sí, sí… -dije triunfante.

-Bueno, va, hablemos, que aquí parece que no haya pasado nada ¡y me has estado enviando a la mierda estos dos días sin motivos y no me da la gana! –soltó, cabreado de verdad esta vez.

Me quedé mudo y sin saber que decir en un primer momento, como siempre, con la respuesta en la punta de la lengua pero sin ser capaz de decirla. Pero esa vez no. Esa vez me tragué mi miedo y mi vergüenza y me atreví a soltarme, aunque con la esperanza nula de que mis intentos de quedar bien delante de Tom fueran a resultar.

-¡¿Cómo que sin motivos?! ¡Me intentaste besar! ¡Y lo sabes! – recordar ese día me hacía ponerme de los nervios.

-¡Era una broma! ¡No pensaba dártelo! ¡Era lo que tú me habías pedido en sueños!

Mierda, mierda, mierda. ¡Evítale comentarle lo último, céntrate en lo primero que ha dicho, Bill!

-¿Una broma? ¡JA! Pero si tú mismo te diste cuenta que si no llega a ser por tu móvil no te hubieras parado… – joder, esto parece otra vez una discusión de pareja. Parezco ridículo.

La expresión de Tom no se crispó en ningún momento y siguió con la discusión como si cada cosa que ponía en contra suya le diera igual, como si no le afectara.

-Eso no te lo crees ni tú… Dio la casualidad de que me enviaron el sms y punto. – dijo alto y claro – Pero a más, ¿de qué te enfadaste? ¡Aunque te lo hubiera dado, es una gilipollez! ¡Es un puñetero beso! Ya te di uno delante de los niños.

Me puse rojo de solo recordarlo.

-Nononono, ¡eso sí que no te lo crees ni tú! En cuanto sonó el móvil te separaste de mí como si te hubieran dado una descarga eléctrica o algo chungo y te quedaste petrificado. Está claro que si te estas cuestionando un par de cosas ahora mismo en tu mente que no tienes del todo claras.

-¿Qué qué? – su tono sonó a incredulidad total – ¿Qué insinúas? – dijo con una ceja alzada, retándome a ver si me atrevía a decirlo. Y por lo que parece había recuperado una serenidad en mis palabras que creí perdida en casos de pelea y me atreví a hacerlo. Ya lo creo que sí.

-Já… Pues que te estás pillando. – declaré, triunfante y sonriendo malvadamente.

-Pero qué coño dices… Aquí el único maricón eres tú.

-Sí, sí… – no me iba a dejar doblegar tan fácilmente.

Pero entonces, a Tom se le iluminó la cara con algún recuerdo o algo que le había pasado por la mente en esos momentos y lo usó contra mí.

-Jaja… Ya sé porqué te cabreaste tanto. Tú problema es que eres tú el que está pilladisimo por mí y te jodió que te dejara a medias.

-¡¡Pero qué dices!! ¡Ni te lo creas! ¡Qué eres un creído total y completo! – empecé a removerme inconscientemente intentando golpearle, no muy fuerte por eso, por ser tan jodidamente creído.

-¡Deja de moverte! – pero no le escuchaba, intentaba que el rojo de mis mejillas se disimulara con las hostias que le estaba pegando a diestro y siniestro.

-¡Retira lo que has dicho! ¡Crido, más que creído! ¡Eso no pasará en tu vida, subnormal! –me estaba volviendo loco, y lo peor es que lo había acertado. Y jamás se me había pasado por la cabeza que me hubiera cabreado no haberme liado con él.

La verdad es que era una posibilidad bastante alta que explicara mi mala hostia de después de haberle echado de mi cabaña. Pero ahora ese enfado tan repentino se me estaba yendo… Ahora me estaban dando ganas de reírme y todo. Ya lo creo que sí… Y tanto que me entró la risa floja.

-¿Y ahora de que te ríes? – soltó Tom, también intentando aguantarse la risilla que se le iba escapando poco a poco.

-De ti… que eres gilipollas. -solté entre risotadas.

Tom puso cara de indignación y me agarró de la cintura fuerte, más tarde ya me había tirado al agua.

Una sensación de frio horrorosa me inundó el cuerpo y pegué un grito que creo que me habría oído hasta la gente de Berlín.

-¡Alaa! ¡Pero qué escandaloso eres, baby! – se mofó de mi Tom, que tenía las manos en forma de puño alrededor de la cintura y se reía con un timbre de voz… ¿precioso? Así como rudo y masculino y muy… Muy Tom.

Pero no le perdoné lo que acababa de hacer.

-¡TOM! ¡ME HAS TIRADO!

-Vaya, qué observador eres – y me tendió la mano para ayudarme a subir, pero él no sabe que acababa de cometer un error, lo tenía a tiro para lanzarlo yo al lago. Y tal como lo pensé le agarré fuerte y tiré de él hacia mí. Tom puso cara de susto y en menos de dos segundos ya estaba a mi lado empapado hasta arriba y mirándome incrédulo. –Joder, muy astuto… -me reconoció. Y yo sonreí triunfante. – Je… Oye, Fuera malos royos, ¿te parece? ¿Amigos?

De nuevo me tendió la mano y yo me la quedé mirando. ¿Amigos? Sí, ¿Por qué no? Pero joder, no era eso lo que yo quería. Representa que si me estoy enamorando es porque yo no quiero ser sólo su amigo ¿no? Ai mierda, estoy es muy complicado. Bill, ¿cómo te sientes? Y si ¿Y si lo intento? ¿Y si intento ser su amigo e intentar moverme desde dentro?

No… No puedo, estoy con Dawn. Ya la he cagado mucho con ella, y con Georg, y con Ash… No puedo seguir metiendo tanto la pata. ¡Bill, has de solucionar primero todo esto que tienes delante, joder! No puedes meterte en otro fregado de estas características así como así. ¡A más que me estaría metiendo en un sitio y en un territorio del cual yo no conozco las reglas!

Jamás me he enamorado, jamás me ha gustado un chico, jamás me había sentido así…

¡Bill, no seas gilipollas y ve despacio!

Respiré fuerte y fijé la vista en su mano, empapada y brillante por la luz del sol y finalmente, se la estreché.

-Vale, amigos.

Continúa…

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