Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 15: De vuelta, buscándote
Martes. 14/07/09 (tres de la mañana)
Tom
Estábamos llegando a la carretera asfaltada que conducía hasta el parking del campamento. Era medianamente tarde, las tres de la madrugada, (para lo que son los horarios de adolescentes, no sería nada, pero para los de un profesor, era mortal) y estaba empezando a notar las horas de falta de sueño. Bien cierto era, que había estado desde las cuatro de la tarde, hasta las once de la noche durmiendo, pero el día anterior había sido tan brutal que ni una semana de hibernación servía para reponer fuerzas…
Habían sido tantas jodidas emociones juntas…
Aún me temblaba el pulso de lo ocurrido en la estación de trenes.
Se me ponía el bello de punta al recordar ese sonido de frenos y de colisión. Cada vez que escuchaba un sonido fuera de contexto, pegaba un bote y el corazón me acompañaba en el movimiento, haciendo que me girase, preparado para ver otro desastre, algo nuevo que me atravesase los ojos del impacto, taladrándome por la cabeza hasta llegar a mi cerebro, atormentándolo con dudas y de ganas de hacer mil cosas.
Y eran tantas esas cosas que realmente me podría morir antes de cumplirlas todas Ni siquiera podía acordarme de todo lo que quise hacer en su día y que sin embargo no cumplí, dándome cuenta más tarde, que quizás habría cambiado mi presente. Aunque bueno, realmente el presente estaba tan “entretenido” que no lo cambiaría.
¿Un juego había dicho? ¿Bill había dicho un juego?
¿A que se refería con eso? Es verdad que el primer día hablamos con el típico tono juguetón, pero creí que era evidente que solo fue un “despiste del momento”, que nunca en la vida haría mariconadas con un tío por muy afeminado que fuese.
¿Pero realmente era jugar eso que Bill quería decir? Dice que era divertido. ¿Divertido en qué sentido? ¿Quizás se ha dado cuenta de que algo me está pasando, y a él no le ocurre y se está regocijando en mi sufrimiento.?
Vale, stop, ¿Qué sufrimiento ni qué sufrimiento? ¡Yo no sufro por nadie ni nada! ¡Nunca! Y menos por él. Vale, sí, estoy confuso ¡coño!
Apreté tan fuerte el volante que las manos se me empezaron a poner rojas. Dentro del coche hacía calor porque había estado bajo el sol de Düsseldorf mucho tiempo y el frío de la noche aún no había penetrado dentro.
Veía mi pasado de mujeriego algo lejano y desde luego difuso. ¿Qué había sido de ese chico inmune a los sentimientos? ¿Ese que no recuerda con cuantas se la montado la noche anterior? ¿Dónde estoy realmente? ¿Dónde está el real Tom? ¿Desde cuanto me comporto así? ¡Nunca me había importado tanto una persona como para coger el coche a las once o doce de la noche! ¡Nunca!
Y lo peor es que aún con todo esto en la mente me sentía incapaz de aminorar la velocidad y pensar que debería llegar a mi cabaña y punto.
Sí, nada más llegar, mis piernas saldrían en busca de su cabaña. Lo sabía, seguro.
Me dolía la boca del rato que llevaba apretando la mandíbula fuertemente, en ese debate interior que me estaba volviendo loco, y casi no oí a Andy cuando me llamó.
-Tom… -repitió en un tono de voz bajo, por segunda vez.
-¿Hum? –dije, sin llegar a salir del trance del todo. Aún con la pasividad y esa tela negra alrededor mío sin difuminarse.
-¿Queda mucho? –formuló la frase con miedo, como si supiera que ahora saltaría una fiera de dentro mío o algo por el estilo. Andy sabía de sobra que odiaba que me preguntaran eso, pero entendía perfectamente que después de todo lo vivido en un día como el de hoy, cualquier cosa que pudiera ser molesta, en este grado, quedaba totalmente en segundo plano.
Me destensé unos instantes, y la sangre de las manos me volvió a circular con algunas dificultades aún, después de haber dejado la presión que me estaba jodiendo los dedos de tanto forzarlos contra el volante.
-No… Ya casi hemos llegado. -dije tristemente, con lentitud, dejando que las palabras soltaran un eco final propio, dándoles énfasis – calcula como mucho diez minutos, contando que dejaré mi coche al lado de la cabaña. – desde luego no iba a caminar tanto dejándolo en el parking, y desde luego, hoy, no les haría caminar a ellos. Hoy no.
Asintió y sonrió, después volvió a abrazar a Mario, que estaba mirando a la ventana con parsimonia, con cansancio, como si el peso del mundo fuese tal en sus espaldas, que estas se hubieran acostumbrado a portarlo, causándole un peso eterno para siempre. Como una tortura interna que sólo se notaba al mirarle a los ojos, vacíos y rojos de tanto llorar.
Pero de pronto, mientras yo intentaba concentrarme en la carretera, algo en el retrovisor que me daba la visión del asiento de atrás, donde estaban ambos, me distrajo totalmente.
El movimiento de abrazar a Mario había sido introducido por un simple “toc toc” con el dedo índice en la espada de Mario. Este alzó la vista y giró el rostro y se centró en la persona que lo había llamado. Y en cuanto cruzaron miradas endulzó el rostro totalmente, esbozando una risa triste y preciosa al mismo tiempo. El pelo que apenas le dejaba ver, fue apartado por la mano del rubio finalizando en un simple movimiento en el que le dejaba el pelo largo tras la oreja, dando el ligero roce debajo de la clavícula, en el cuello, llegando hasta la barbilla. El moreno sonrió de nuevo, y se mordió el labio.
Yo me estaba poniendo de los nervios, entornado la mirada de la carretera al retrovisor, pero algo me decía que no dejara de mirar.
Sí, exacto, eso me pregunto yo; ¿Qué coño hago, concentrado (sobre todo, resaltar esa palabra) mirando cómo se están a punto de besar mis amigos? Pues no lo sé… El caso es que apenas había notado un ambiente diferente entre ambos, algo me había llamado la atención.
Quizás fuera algo que no tuviera nada que ver conmigo, quizás algo que significaba demasiado.
Pero el momento en que, de nuevo en el día de hoy, Mario había rodeado a Andy con los brazos, y lo había besado delicadamente en los labios, hizo que se me encogiera el estomago.
¿Qué hacía que sus caras apetecieran totalmente deseosas?
Me explico. Ambos se miraban el uno al otro como si delante de este tuvieran a un ángel, como si delante tuvieran al ser más perfecto y más bello que jamás hubieran visto. ¿Y porque digo deseosas?
Quizás porque me estaba muriendo del deseo de mirar a alguien de esa manera. Es que… ¡Un brillo de tales características no podía existir! ¡Ese brillo en sus pupilas al intercambiar miradas!
De nuevo me peleaba con mis ojos, siendo consciente de que debería mirar más a la carretera que a ellos, pero en cuento se besaron del todo, la respiración que acababa de coger, se quedó encadenada en mis pulmones, sin ninguna posibilidad de salir.
Era tan sutil, tan efímero, tan simple y tan…intenso. Joder, y qué difícil de explicar era esto. Pero solo sé que empecé a morirme de ¿envidia? Sí joder, envidia porque me moría por saber qué coño se siente.
Jamás en la vida me había parado a pensar en repetir experiencia más de dos veces con la misma persona, a excepción de Erika, y alguna novia esporádica. Pero incluso en esos casos, jamás pensaba en esto simplemente ocurría sin más, sin ningún tipo de locura transitoria.
Y jamás en la vida he encontrado a nadie a quien mirar así.
Y me están dado… envidia. Envidia.
Y de pronto pegué un frenazo.
-¡¡AAHHH!! – Mario chilló y yo aparté la vista del retrovisor, de golpe. ¡Me había quedado tanto rato mirándoles que no sabía por dónde iba! ¡He parado por pura inercia! -¡Tom, ¿qué ha pasado?! ¡¿Estás bien?! –esta vez hablaron los dos.
-Sí… sí… Yo… Joder, me he despistado… No tengo la mente fluida ahora mismo – el corazón me iba a mil por hora y en cuanto me enderecé un poco, tras unas respiración agitadas y profundas al mismo tiempo, coloqué el retrovisor de tal manera que no viera nada.
Y por fin, vi la entrada al parking, y tras eso, el último trozo del camino asfaltado, que tras unos segundos bajaríamos hasta tocar la tierra, húmeda por la noche, pero sin estar mojada.
.
Llegamos a mi cabaña enseguida, después de apretar el acelerador mínimamente y presentarme delante suyo lo más rápido posible. Necesitaba salir cuanto antes.
Cogí de dentro de mis bolsillos, las llaves que abrirían, y en cuanto las tuve en la mano, la introduje en la indicada cerradura, que tras un sutil “crack”, me dio paso libre a girar el pomo.
El chirrido de la puerta apenas sonó, y un paisaje oscuro se cernió ante mí. Mario y Andy estaban abajo, al final de las escaleras que subían hasta la puerta, sacando las maletas de ambos, y esperando a que yo se las subiera.
Encendí rápido una luz, y de golpe, un intruso se coló por la imagen de mis ojos. Algo que no debería estar, apreció.
Y cuando supe que se trataba de la gran cama que mi padre me había traído a mi habitación, algo de luz se me fue del rostro. Yo me esperaba…
Yo no me esperaba eso.
Sí, recuerdo perfectamente que le había pedido a mi padre que llevaba a mi cabaña el colchón (con todo lo que incluye) que era casi como el doble de uno normal
Había supuesto que mis mariconcetes, dormirían juntos, así que como no quedaban más cabañas, estaba clarísimo que dormirían conmigo. Mi cabaña era tan grande que cabíamos perfectamente. Se nota que la hice a mi gusto.
Lo cierto es que la cama estaba mal colocada, en el centro, como si esperase ser bien colocada, y las sabanas estaban dobladas, encima, con el tiempo de cómplice para ser puestas.
Joder… Bueno, mientras yo subo las maletas, estos que la coloquen bien.
Me volví a salir y los vi abajo, cómo no, acurrucados el uno en al otro, guardándose del frío que empezaba a notarse en cada exhalación de aire que producíamos, saliendo vaho de nuestra boca, como si se tratase de humo.
-¡Eh, subid! – le indiqué. Estos se separaron y asintieron, más tarde miraron con desconfío, a la mala escalera que subía hasta arriba, aparte de que tampoco se perdían casi ningún detalle del oscuro paisaje.
Se cogieron de la mano, y Andy lideró, yendo delante.
Llegaron arriba y entraron.
Me hizo gracia la cara de pasmados que pusieron ambos al ver mi cabaña.
Vaya, parecía que les había gustado. La poca luz que había en la entrada (una improvisación mía, como no) apenas les había dado para ver las escaleras, así que a la mañana verían el dibujo de la entrada, tengo la sensación de que a ambos les gustaría.
Los dos miraron hacia dentro y vieron lo mismo que yo había visto al entrar, y sonrieron.
-¡Hey! ¡Es de matrimonio casi, ¿no?! –exclamó uno de ellos.
-Exacto, pero mientras yo os subo las cosas, vosotros vais colocando la cama ahí, con las sábanas y todo eso, ¿ok? –dije señalando el sitio con la mano.
Ambos asintieron sin rechistar y soltaron sus manos para coger la cama de dos sitios diferentes y elevarla hasta llevarla a su sitio.
Yo mientras, me dirigía a la puerta, bajaba las escaleras, y… Mi vista se dirigía en dirección de la cabaña de Bill, que aunque, evidentemente, no se viera físicamente porque estaba bastante lejos, sabía en qué dirección estaba y… Deseaba ir corriendo. ¡Joder, me moría de ganas! Me daban hasta ganas de comerme las uñas, del nerviosismo. Aguantando esas jodidas ganas de salir corriendo y abrir su puerta, cerciorarme de que estaba en su cama, durmiendo, tranquilo, y vivo.
Que no le había pasado nada.
Porque es que ¿Cómo sabía yo que no se… había… yo que sé, atragantado con los espaguetis? O ¿Y si se había caído al lago y se había ahogado? Que con lo tremendamente patoso que llega a ser este tío me creo que le pueda haber pasado cualquier desgracia.
¡Arg! Vale, lo admito, ya sé que es imposible. Pero necesitaba verle. Ya.
Las putas maletas pesaban como unos putos muertos, y para llegar a subirlas todas tuve que hacer un par de viajes. Pero cada vez que dejaba unas maletas e iba a por otras, veía a Andy y a Mario, intentando montar la cama. Y parecía que no lo habían hecho en su vida ¿Qué diablos estaban haciendo?
-A ver Andy, la funda del colchón… es para cubrir el colchón. ¿No crees? ¿Qué haces poniéndola de manta? Jodeeer.
.
Llevaba un buen rato ayudándoles a poner la ropa en mi gran armario y a colocar BIEN la cama, y cuando los tres ya estábamos reventados, decidimos irnos a dormir.
Pero algo falló.
-Tom ¿no tienes unas sábanas un poco más gruesas? Me da a mí, que por muy abrazados que estemos nos moriremos de frío. esto no deben de ser di dos milímetros de grosor… Nos vamos a congelar… – se quejó, lastimero Andy.
Joder, tenía toda la razón. ¿Qué mierda sabanas eran esas? Mi padre es gilipollas.
-Vale, sí, espera, que tengo por aquí una manta. – Deshice los pasos andados y abrí de nuevo mi armario. Empecé a rebuscar esa manta que tanto me gustaba, era lila con tonos blancos y grises… Como a cuadrados escoceses violetas, grises y negros. Pero no estaba. –Ey joder, que no la encuentro – refunfuñe. Me estaba empezando a poner nervioso ya, esa manta me gustaba mucho y ahora no aparecía. – Me cago en la puta…
-¿No la encuentras? – exclamó Mario.
-No… Joder.
¡FLASH!
Y de pronto, una imagen se pasó por mi cabeza. Un moreno, envuelto en una manta violeta. MI manta. Un moreno alto. Con frío, en la calle, en mi coche, en su cabaña, en su boca…
Bill.
-Mierda… -Solté de pronto. ¡La tenía Bill!
-¿Qué pasa?
Ni contesté. De pronto se me pasaron diversas opciones por la cabeza en un segundo. Entrecerré los ojos, y medité a penas un instante. Podría dejarles dormir en mi cama, y ya me congelaría yo en la suya… Pero dios, no cabrían en la mía, ni yo soportaría el frío. Podría ¿ponerles todo el armario de ropa encima para que pillaran calor? Vale, no. Joder, o iba a buscar la manta o se me morían congelados. Y la primera noche, tiene huevos.
Papá, te lo has currado.
Pero joder, son las tres de la mañana ¿no? Bill estará durmiendo seguro. Y a más estará en el séptimo cielo, porque si no ha pegado ojo en toda la noche, ahora estará reventado.
Entonces el sonido del castañeo de los dientes de Mario mientras abrazaba a Andry, y me miraban expectantes a ver qué les decía, me sacó de mis pensamientos. Tenían verdadero frío.
¿Iba o no iba?
Joder, tendría que ir a buscar la llave al despacho de mi padre. Y no me venía muy de camino, la verdad.
-Vale, esto… id cambiándoos o como queráis. Esperadme si queréis. No tardo ni ¿media hora? Bueno, no lo sé. Es que ya me acuerdo de dónde está la manta. Si veis que tardo demasiado, pillad mi manta y tapáos como podáis, y cuando llegue os hago el cambiazo.
Y sin esperar respuesta alguna me cogí una chaqueta y salí de ahí.
Apenas tarde diez minutos en llegar a la oficina de mi padre y pillar las llaves, y otros cinco minutos para llegar enfrente de la cabaña de Bill. Pero…
Ahí estaba yo, enfrente, mirando perfectamente el pomo de la puerta, a mi perfecta altura, con la cerradura llamando a ser abierta, y con la llave en mi mano. Sin hacer nada. Sin atreverme a hacer nada de nada.
Mi corazón latía a mil por hora otra vez. Y cuanto más aproximaba la mano al pomo, más de los nervios me ponía.
Avancé más si podía y me puse a escasos centímetros de la madera de la puerta. Como intentado ganar tiempo, como intentando alargar el momento.
Esta vez, levanté la mano e introduje bien la llave, con lentitud y parsimonia, pero lo hice. Noté que ya había abierto y giré el pomo.
Entré con cuidado y lo vi todo a oscuras. Apenas entraba un poco de luz por la ventana de a saber tú de qué.
Me estresé un poco porque si tenía que ponerme a buscar la manta sin luz podría tardar eternidades, a más que no recordaba bien bien, cómo tenía puesta la cama Bill, y lo mismo me chochaba con él.
De pronto se me ocurrió la genial idea de sacar mi móvil y alumbrar con él.
Y, exacto, me fue de maravilla.
Empecé a alumbrar primero al suelo para no encontrarme con nada con lo que tropezarme y fui avanzando. Después de saber que no había nada esparcido, levanté la luz y apunte más arriba. Pronto encontré las patas de la cama y se me cortó la respiración. Hostia, allí está Bill ¿no?
Con el pulso acelerado fui alzando el móvil y un bulto en la cama destacó ante todo.
Me fui aproximando, y el oscuro pelo de Bill se distinguió entre todo. Observaba como la sabana que llevaba encima le subía y le bajaba por la respiración, y una aguda respiración escapaba por su boca y su nariz. El segundo en que el móvil se pagó, entrando en estado de suspensión, casi boto. ¡Había desaparecido! Y enseguida toqué alguna tecla que no me interesé en saber cual, y de nuevo se encontraba delante de mí. Sin nada mal, ni una rascada, magulladura, ni nada… Estaba bien. ¿Cómo iba a estar sino, no? De verdad que soy gilipollas.
Pero joder, m estaban entrando unas ganas de zarandearle y despertarlo, de que me dijera algo. ¡Arg, me moría por tocarle!
Bueno, para tocarlo no hace falta despertarlo ¿no?
Me puse de cuclillas a su lado y entonces me coloqué a su altura.
De nuevo tuve que encender el móvil porque se había vuelto a apagar, y de nuevo sentía ardores de encender yo mismo la luz, necesitaba tocarlo sin estar pendiente de otra cosa que no fuera él.
Aproximé la parte exterior de mis dedos hacia su mejilla y la mano del móvil también se aproximó, tanto que se creó un foco de luz cerca de su nariz, que era la reflexión del móvil.
Le acaricié con cuidado y noté que estaba caliente, a diferencia de lo congelados que estaban mis dedos, y la suavidad me puso el bello de punta. Era como pasar los dedos por una piedra que ha estado siglos y siglos en un río, y que tras tanto tiempo de ser erosionada se ha redondeado de tal forma que embriagaba.
Una especie de… tranquilidad, me invadió.
Le vi entre abrir los labios con lentitud, notando perfectamente esa humedad que creaba ese efecto de estar despegándose, poco a poco.
Noté una… descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Un pequeño espasmo que me recorrió de arriba abajo, invadiéndome de placer.
Dios, ya lo dije… Cómo me ponen sus labios.
Bajé sutilmente mi mano por su mejilla hasta posarla en la comisura de los anteriormente nombrados. Intenté pasearlo por ahí, pero los tenía secos y mi dedo no conseguía deslizarse bien.
Así, que sin pensármelo, (hay que aprovechar cada oportunidad, ¿no?), me lo llevé a la boca y lo chupe, impregnándolo cuanto pudiera con mi saliva.
Cuando creí que era idóneo, lo acerqué a sus labios de nuevo y los acaricié, dejándolos empapados de mi propia saliva.
Madre mía, es como si estuviera escribiendo la palabra “sexo” sobre un lienzo que provenía del mismísimo infierno, donde la lujuria sí estaba permitida.
Y de pronto, le vi arrugar el ceño, como si algo estuviera interrumpiendo su sueño, y exacto, ese era yo. Con toda la luz del móvil y con mis repentinas e indebidas caricias. Me asusté y me aparté enseguida, volví en mí y busqué lo que desde un principio había venido buscado.
Y ciertamente la encontré al instante. Bill abrazaba prácticamente con recelo, ese gran trozo de tela, manteniéndolo pegado a su cuerpo entre sus brazos.
Me lo quedé mirando y no comprendí porque la tenía así de guardada ¿Por qué no se tapaba con ella?
Estudié el plan para cogérsela sin que se diera cuenta, pero todos eran demasiado arriesgados. Joder, intentara lo que intentara acabaría pillándome. Podría ponerle cualquier otra sábana para suplantarla, pero el problema seguía estando en ¿cómo coger la mía?
Yo seguía apuntándolo en las manos (demasiado próximas a la cara, ya que las tenía recogidas) con la luz, y seguía dándole vueltas al tema, pero de golpe algo me embriagó de una manera que creí que se había parado el tiempo, y es posible que así fuera.
Bill había abierto los ojos por fin, después de momentos de estar preguntándose seguramente, qué era eso que le estaba perturbando su ya conciliado sueño. Sus ojos, resplandecieron ante la artificial luz del móvil y sus pupilas restaron minúsculas y brillantes.
Parpadeó dos veces, molesto y la tercera vez que los abrió, se apagó la luz, dejándolo todo a oscuras. Yo me tiré atrás, quedándome sentado en el suelo y respirando con nerviosísimo, pensado que me habría pillado, y esperé. No sabía muy bien qué hacer y me había quedado estático y expectante.
Oí un movimiento en su colchón y un revoloteo de sábanas que no supe cómo clasificar del todo.
Ai dios mío, cómo la estoy cagando. De seguro que estará buscando la persona que le ha interrumpido. ¡Joder, no veo nada!
-¡¡AAAAHHHH!! – oí de golpe. Como si después de unos instantes de tensión, se hubiera dado cuenta de lo que acababa de pasar y se hubiera puesto histérico. Abrí los ojos desmesuradamente aún sin ver nada y me preparé para salir corriendo.
A la mierda la manta y todo lo que se mueve. ¿No eran novios? Pues que se den amor entre ellos que eso da calor. Aunque ahora que lo recordaba, yo dormía justo al lado… Mierda.
-¿¡Quién hay ahí?! – una voz grave y asustadiza que pertenecía a Bill recién levantado, me puso los pelos de punta.
¿Y si le robo ahora y salgo corriendo? Joder, me va a costar conseguir la puñetera mantita. A más, ¡me estoy muriendo de cansancio! Mañana no me podré levantar.
A ver, me centro, si se la robo con cuidado lo mismo ni se da cuenta. ¿¡Pero porque digo robar?! Hey tío, ¡que es mía! Pero qué patético era todo esto.
Creo que debería decir algo.
De pronto ahí unos pasos, como posicionándose en el suelo, y el peligroso avance de estos hasta mi posición, poco a poco, pensándose cada movimiento.
-¿Hay alguien ahí… – y esta vez su voz sonó temerosa, con miedo. ¿Y si se piensa que soy un ladrón de verdad o un violador o…? Vete tú a saber qué. Madre mía, ya lo estoy viendo, con el caballete o con los pinceles mismos, intentando darme de hostias. Lo llevo claro. – Joder, joder, joder… -y sin embargo, ahora, estas tres repetidas palabras, sonaron como si fuesen simples suspiros temblorosos y con miedo.
¿¡Y ahora qué digo?! Si descubre que soy yo se enfadará por asustarle de tal manera, y no me hablará, y volveremos a estar como siempre. Joder, parecemos tontos.
-Va… Por favor… di algo… ¿E-eres… un lad… vi… eres alguien malo? – y un lloriqueo pequeño se escapó por sus labios, con la voz de niño pequeño y asustadizo. –Yo… yo no he hecho nada malo. ¡De verdad! ¡Dime quién eres por favor…! ¡No encuentro el puto interruptor! – se estaba poniendo de los nervios y creo que en cualquier momento se caería de los pasos tan inseguros que estaba dando, estaba al borde de la histeria y yo parecía que fuera un puto espectador, en el suelo, con las manos apoyadas en este y observando con incredulidad, sin saber qué hacer, y estático totalmente.
Otro sollozo interrumpió en el momentáneo silencio que se iba reproduciendo cada poco tiempo, dejando que la tensión jugara por nosotros.
¡Tom actúa!
Bill seguía avanzando en la oscuridad y en la incertidumbre que lo estaba volviendo loco.
-Joder, cómo no sea nadie y me lo haya imaginado… – dijo sin soltar su temblorosa voz y siendo constante con su nerviosismo y sus ganas de llorar –Soy gilipollas. ¡Por favor, si hay alguien, dime algo! – casi me empiezo a reír. ¡Parecía que estuviera hablando con un fantasma! O con un ovni, o… como esos locos que de verdad creen que ven a alguien, pero no llegué a ello porque Bill seguía fatal, al borde de la histeria.
Vale, o decía algo o le daba un ataque ahí mismo. Intenté levantarme poco a poco, evitando cualquier disturbio, pero en el último momento resbalé y al intentar agarrarme de la mesa que tenía detrás algo cayó al suelo.
Resonó por toda la cabaña.
-¡¡AAAHHHH!! –volvió a gritar. -¡Vale, esto ya no ha sido invención mía! ¡¡Joder, di algo que sigo sin encontrar el interruptor!!–y casi pude ver como se ponía a dar minúsculos saltos de impotencia. Lo seguí oyendo caminar por casi todo el recinto, queriendo encender la luz, y no se me pasaba desapercibido el constante sollozo de su parte.
-Bill… -me decidía a hablar. Este dejó de andar, petrificado pero su agitada respiración siguió con el mismo ritmo. –Bill… joder, lo siento, soy Tom. – y justo en ese momento abrió la luz, dejándome totalmente expuesto a su vista, y él a la mía, con el poco maquillaje que seguramente no se habría quitado bien, esparcido por toda la cara.
Y me di cuenta que estaba más próximo a mí de lo que creía. A penas un metro nos separaba.
-¿Tom…?- y sonó decepcionado. Rompió a llorar al instante siguiente – ¡Joder Tom! ¡Qué susto me has dado! – Se tapó el rostro con las manos y empezó a sollozar – Creí… creí que… joder, yo que sé. Soy gilipollas.- y entonces me abrazó fuerte.
Yo aún no había dicho nada, y ese gesto me sorprendió mucho. Noté sus manos agarrándome fuerte por detrás, acercando su cuerpo al mío y enterrando su frente en mi hombro, escondiendo su rostro y empapándome seguramente la camiseta con sus lagrimas. Realmente le había asustado.
-Bill, lo siento de verdad… Sólo había venido para ver si me podías devolver la manta. -intenté convencerle desde un principio que no quería asustarle ni hacerle ninguna broma. Bill relajó el cuerpo pero no me soltó, simplemente se quedó ahí, momento en el que aproveché para rodearle yo a él, sintiendo su delgada espalda en mis manos, y la increíble forma en la que se estrechaba si baja mis manos hasta su cintura.
-¿La manta…? – preguntó después de unos instantes, mirándome de perfil, secándose las lágrimas con una de las manos que antes estaba en mi cuerpo. Me puse receloso cuando sentí que la separaba de mí.
Tanto, que fui yo quien se separó y le quité el agua salada que le caía por las mejillas, haciendo que volviera a rodearme.
Volvía a entrar en ese estado en el que yo no controlaba mi cuerpo ni mucho menos, sino que algo dentro de mí, movía los cables para crear esos movimientos tan inapropiados para lo que era yo.
-Sí… Es que, bueno, acabo de llegar con Andy y Mario y estábamos colocando las sábanas de su cama, y eran tan finas que no servían para tapar nada. Así que me he acordado de la manta… Pero la tenías tú. Le he robado la llave a mi padre y la intención mía era entrar cogerla sin que te enteraras y punto, pero… Como la tenías tan cogida pues no sabía qué hacer.
Frunció el ceño y después suspiró, supongo que igual de desubicado que yo. Se separó poco a poco de mí y casi me lanzo encima suyo cuando me di cuenta, ya que no quería que se separa, incluso apreté los puños para reprimirme.
Se aproximó a su cama y la tendió aquello que buscaba.
Me acerqué poco a poco y la cogí entre las manos, sin apartarle la vista de los ojos, que cuando tardé más de un par de segundos sin retirar el contacto visual, él lo rompió, sonrojándose totalmente.
-La próxima vez, entra como una persona normal, y aunque esté durmiendo, despiértame. Si eres tú, en medio de la noche, no te diré nada. -dijo en una mirada baja.
Pum, pum… pum, pum… Pum pum… pum, pum Si entraba en medio de la noche no me diría nada. ¡Oh dios, lo qué ha dicho! Una descarga eléctrica me recorrió el cuerpo entero. Un juego.
Me mordí el labio sin poder evitarlo, y él… él repitió mi jugada humedeciéndose anteriormente el labio inferior con lentitud. Y eso me recordó que yo ya me había encargado de humedecérselos antes. Vale, me está entrando mucho calor. Tom, contrólate. ¡Es un tío! ¡Es un tío!
¡Contrólate!
-Bueno… creo que me tengo que ir, estoy reventado y mañana me tengo que levantar pronto igualmente.
Bill rompió el contacto visual de nuevo y asintió.
Estreché la manta entre mis manos, y no la utilicé de camino a mi cabaña. El calor perduró en mi cuerpo y renacía cada vez recordaba sus labios. No se me pasó hasta que no me di amor propio tres veces, una vez que Mario y Andy ya se habían dormido.
.
Miércoles. 15/07/09
Tom
Ayer fue un día de mierda. Después del susto que me pegué con Bill y lo “trastocado” que salí de su cabaña, lo último que quería era salir de la mía y tener que cuidar a críos babosos, pero así fue. Y no sólo eso, si no que me levanté antes porque tenía que ayudar a preparar el comedor, con las mesas del desayuno y todas esas mierdas. Incluso tuve que hacer más clases de las que ya tenía pensadas porque tenía que “devolverle el favor” a Gustav, que se encargó de los míos el lunes. Que ya me dirás tú, qué mierda favor es ese, si lo tienes que devolver por obligación.
Encima, Andy y Mario, mientas yo daba clases no querían estar porque sabían que se aburrían, así que o no salían de los dos metros más allá de mi cabaña o simplemente se ponían a observarme y a no colaboraban en nada. La verdad es que casi me enfado y todo… Pero yo creo que estaba irritado porque no había visto a Bill en todo el puñetero día. ¡No había aparecido! Ni para desayunar, ni para comer y evidentemente ni para cenar. Me estaba empezando a estresar. ¡¡Eso de no aparecer por el comedor parecía ya un hobbie!!
Y lo más desquiciante era que me quería pasar por su cabaña a ver qué tal (creo que también se está convirtiendo en un hobbie) pero si no hacía clase, sí que estaban conmigo Andy y Mario, y claro, no era plan de ir con ellos. Pensarían algo raro, y no quería
.
Ahora estábamos en la cafetería, era por la mañana y yo estaba hecho polvo. Había dormido de un tirón, pero no lo suficiente. Aunque hoy me levantara tan tarde como hubiese podido, los profesores no se podían saltar ninguna comida, así que tenía que estar lo más puntual posible. Pero no creáis que Andy y Mario se lo saltaron. En cuanto sonó mi despertador empezaron a ronronear entre los dos, quejándose de la hora, y en cuanto me despejé un poco, les quité la manta (que tanto me había costado conseguir) y los dejé al frío de la intemperie casi, y no tuvieron otro remedio, que el de levantarse.
Y aquí estábamos, habíamos puesto una mesa más en la zona de profesores y se sentaban ambos a uno de mis lados, justo los que daban de espalda a la cocina y que sin embargo daban casi perfecta vista al resto de mesas, esparcidas por todo el local con gente y más gente comiendo el desayuno. La verdad es que hoy se agradecía lo que había, adoraba los churros con chocolate y mucho azúcar, así que algo me alegró el día.
Andy y Mario parecía que tenían la misma opinión y estaban muy concentrados en darse de comer el uno al otro, así que puse los ojos en blanco y me puse a mirar a la gente de mi mesa. Mi padre andaba en su mundo como siempre, Erik estaba haciendo algo en su libreta y a veces desviaba su mirada a la profesora de Bill, Dawn, que esta tenía la vista perdida, inmersa en algún recoveco de su mente. Lo mismo le había pasado algo.
Bueno, Erika devoraba feliz sus churros y miraba de vez en cuando en mi dirección, pero yo me hacía el loco. La verdad es que hace mucho que no me la tiraba, pero mayormente por culpa de Bill.
Ayer le cayeron a todo el mundo bien mis mariconcetes, pero creo que aún no se habían acostumbrado del todo a que fueran gays… A más de uno se le iba la vista en estos momentos observando esas ñoñerías de darse de comer. Bueno, yo ya estaba más que acostumbrado, así que me daba igual.
-Tom… -una voz un tanto preocupada sonó a mi izquierda, y enseguida me volteé a mirar quién era. Me sorprendí viendo a Mario, mirando a algún punto a lo lejos, lugar al que ni miré.
-Dime- dije cómo quién no quiere la cosa. Me encogí de hombros, intentándole quitar importancia al asunto, seguro que por muy fuerte que pareciera eso que me quería contar, no tenía nada que ver con todo lo que me podía llegar a pasar a mí en una hora.
-Esto… ¿Quién es esa tía tan rara que nos está mirando? – y señaló a ese mismo punto, con el churro.
-¡Que no! ¡Que es un tío! ¿No lo ves? – escuché por parte de Andy, que también estaba metido en la conversación y también se había dado cuenta.
-Mierda, ha dejado de mirar hacia aquí… Creo que se ha dado cuenta que lo he señalado.
Un presentimiento me recorrió todo el cuerpo entero y sin hacer caso a la dirección de Mario, mi vista se posó directamente en el sitio de Bill, la última mesa de todas que daba justo en diagonal a mí. Pero me decepcioné muchísimo cuando solo vi a Ashley y a Georg sentados. Sin decirse nada, cada uno en una punta. Me sabía fatal, recordaba el jaleo que montaban entre los tres los primeros días de campamento y ahora… ahora parecía que se había ido a la mierda todo. ¡Y Bill seguía sin aparecer coño! ¡¿Qué le pasa a este hombre?! ¿Voy a tener que ir de escondidas a verle? ¿Voy a tener que estar otra vez a solas con él en un sitio cerrado? Vale… Acepto. Creo que no me importaría aparecer de nuevo.
-¡Tom! Ahí no, ¡ahí! – y me cogió el mentón, dirigiéndolo a uno de los sitios más cercanos, una mesa prácticamente solitaria, en el sentido de que solo había una persona.
Un espectro vestido totalmente de negro, cuyas prendas estaban tan ceñidas a su cuerpo que se veía perfectamente su delgada figura.
El corazón me dio un bote tan fuerte, que creo que me hizo daño. Bill restaba solo, comiendo con parsimonia. El pelo le cubría la cara, para evitar ser visto seguramente, y tenía la cabeza gacha. Alguna vez le molestaba tanto que se lo retiraba un poco tras la oreja, dejando ver momentáneamente un rubor en sus mejillas, delatando la vergüenza que había sufrido al ser descubierto por Mario. Tenía los ojos más oscuros que nunca, como si se los hubiera pintado dos veces, repasado, puesto rímel, colorete, brillo en los labios… No sé, de todo. Hoy estaba… Resaltante, demasiado agradablemente resaltante.
-¿Enserio es un tío? – la voz de Mario había cambiado, ya no era como la de antes, un tato extrañado y alterado por ver a alguien mirarnos fijamente, sino que ahora se había vuelto un tanto… No sabría cómo explicarlo, pero como si quisiera saber más acerca de ello. Y no solo eso, si no que Andy miraba de la misma forma – Pues joder con el tío ¿no? – exclamo alzando una ceja.
Vale, me quedé flipando. ¿Estos tienen una relación abierta y yo no me había enterado o qué?
-Pero a ver… ¿No sois novios, joder? ¿Mario, qué coño haces fijándote en él? –creo que me salió la vena celosa, que recién hace una semana que ha nacido en mí, porque me salió un tono un tanto amenazante. Y creo que ambos se habían dado cuenta, porque me miraron extrañados, pero hicieron caso omiso al cabo de poco.
-Claro que somos novios, pero nos dejamos opinar. A más, Andy también piensa que está buenísimo, ¿a que sí?
-Ya lo creo… -dijo volviéndole a dar un repasón a Bill de arriba abajo.
-Bueno, está bien ya. – Salté distrayéndoles, sin poder contenerme el tono posesivo – a desayunar rápido, que dentro de poco tengo clase.
-¿Y qué? Nosotros no creo que vayamos a la clase… -dijo desconcertado Andy.
-Vosotros os venís conmigo. –dije serio.
-Pero… Joder, yo quería ir a ver al chico este, está un poco marginado ¿no? Podríamos hacernos amigos. -soltó, solidario, Mario.
-Que venís he dicho, y punto. – ¡JA! ¡Encima dicen de acercarse a él! Vamos, ni flipando.
En cuanto la conversación quedó como finalizada no pude evitar de dirigir mi vista a la mesa de Bill. ¡Joder, estaba ahí! ¡No me lo podía creer! Y no me había dado ni cuenta.
Dios, estaba jodidamente adorable. Iba totalmente de negro, adornado hasta arriba de pulseras y collares, la ropa tan jodidamente apretada le quedaba de puta madre. ¡Y Mario y Andy han dicho que está bueno! Supongo que lo debe de estar tanto, que yo… que yo también lo puedo admitir ¿no? Cómo en esos casos en los que hay una tía que esta tan pero que tan buena, que hasta algunas chicas lo reconocen. Pues supongo que eso es lo que me pasa a mí ¿no?
Esta bueno el tío y ya está. Sólo eso.
Aunque no concuerda con la descripción de chico follable con el que una chica está de acuerdo ¿o sí? Teóricamente, han de estar cachas, han de parecer tíos, no se pintan los ojos, no llevan ropa ajustada, no llevan esas pulseras ni esos collares… Nono, de hecho son como yo. O sea, yo soy el ideal de belleza masculina. ¡¿Por qué cojones les gusta a Mario y a Andy?! ¿¡Y porque cojones me gusta a mí?! Quizás es porque hay más de un tipo de tíos buenos ¿no?
Vale, estoy flipando conmigo mismo. ¿Cómo es posible que yo diga “gustarme un tío bueno”? ¡¡AARRGG!! ¿¡Pero qué coño estoy diciendo?! Esto, me supera… Necesito un respiro.
No, necesitas a Bill.
Sí, justo eso, a Bill.
No no, a Bill no. A Bill es al último que necesito.
Necesito una tía.
¿Una tía? Tienen demasiadas curvas ¿no crees…? No se parecen a Bill las tías.
¡Exacto! No se le parecen, eso es lo que yo necesito. Algo que NO sea Bill.
Si quieres saber realmente qué es esto que te está rondando la cabeza a cada minuto, yo iría a por Bill. Admite que es guapo, está bueno, tiene un culo flipante, y unos labios… Dios qué labios.
Qué labios… Qué labios…
Exacto, sabes que te gustan sus labios. Que te gusta él.
Me gusta él.
Bill
Vale, cagada monumental, al completo.
¡¡Uno de sus amigos se ha dado cuenta que los estaba mirando!! ¿Y ahora qué hago? Cómo le pregunten por mí, ¡a saber qué dice este hombre!
Aunque bueno… Conociendo lo poco que conozco de él, seguramente me negará totalmente como amigo con derecho a roce aunque en realidad no hayamos hablado nada de eso. Me acabo de declarar de esta manera porque no sé en qué otra posición colocarme.
Lo cierto es que el chico moreno era… gracioso. Ese pelo era realmente original y me gustaba. Vestía de una manera que parecía la que yo vestía. Oscuro y con decoraciones. No tan exagerado como yo, pero por el camino iba.
El supuesto novio no me acababa de agradar tanto como el otro.
Ayer no aparecí por aquí porque simplemente me dormí. Después de la aparición inesperada de Tom, me había vuelto a dejar como en una puñetera nube, de donde no pude bajar…
Y bueno, supongo que eso me afectó al sueño, ya que no había dormido casi nada para recuperarme de los dos días anteriores en los que no había pegado ojo. Y el resultado fue que me desperté a les tres de la mañana, del día siguiente. O sea, esta noche. ¡Cuando he mirado la hora no me lo he podido creer! Y bueno apenas he estado una hora haciendo el gilipollas y dando vueltas por la cama y después me he vuelto a dormir pera levantarme hacía apenas dos horas, en las que he estado arreglándome demasiado. ¿Por qué me habré arreglado tanto?
Ni idea, quizás para causar buena impresión en sus amigos, quizás para gustarle más a Tom… Quizás porque quiero.
No.
La segunda opción tiene más sentido. Cada hora que pasa, hace que cada minuto tenga sesenta imágenes de Tom en mi cabeza, distintas, una por segundo.
Y no era algo me desagradara… De hecho, me gustaba. Y no podía apartar la vista de él… Bueno, no podía hasta que me habían pillado, y me habían señalado tan descaradamente. ¿Quién sería Mario y quién sería Andy? Bueno, el nombre era lo de menos, lo más importante era… Si eran simpáticos. Aunque bueno, supongo que sí ¿no? Si no, Tomo no sería amigo de ellos.
Entonces crucé miradas con Tom, sólo un instante, sólo un segundo, apenas nada importante, apenas algo sin importancia. Oh dios, ¡me había votado el corazón como no me había votado en mucho tiempo! ¡Y eso que ha sido una mirada de nada!
¡Adoro sentirme así! ¿Lo he dicho muchas veces ya?
No importa, me siento bien, me siento libre, me siento… ¡Enamorado, joder! Enamorado de un tío. Sí, de un tío, con todas las letras. Todas.
-Enamorado… -me susurré a mí mismo, bajísimo, de una manera casi inaudible, mientras mojaba en el chocolate ya no tal caliente, uno de los pocos churros que quedan. Aun así, no pude evitar sonreír mientras lo pronunciaba, sentía una sensación el estómago, tan aguda que hacía cosquillas, no llegaba a ser molesto pero, si tan… intenso. Aumenté la respiración sin querer y de nuevo me mordí el labio.
El lunes por la noche, (bueno, realmente el martes), cuando Tom vino a por la manta, yo… Yo en el fondo de mi corazón, quería que fuera él. ¡Y era una idea totalmente descabellada, eh! ¿Qué pintaba Tom a esas horas en mi cabaña? Pero aun así… Era la primera persona que tenía en mi mente, y la única que deseaba ver. Y creo, creo que me puse a llorar de felicidad. Bueno, no exactamente, era una sensación extraña. Inexplicable. ¡Lo había acertado! ¡Era él! Era imposible.
Y sin embargo lo tenía delante.
Lo abracé y sentí todos y cada uno de sus músculos en mi barriga, en mis manos… Las suyas me mostraban su fuerza en mi espada y en mi cadera y dios… Lo que tardé en dormirme. Ya lo digo yo, hizo que durmiera un día entero.
Ahora, la cuestión era, ¿cómo acercarse a él, siguiendo con mi plan de cautivarlo a base de un juego de morbo, con sus amigos cerca? ¿Cómo sabré yo, donde no están? Se me está complicando.
De pronto algo me sonó en el bolsillo, un tembleque, una vibración. El móvil.
Estuve tentado de no mirarlo por miedo a que fuese Ashley de nuevo, que también debería replantearme eso de hablar con ella, pero finalmente pensé que si fuese ella, simplemente haría caso omiso, y lo miraría más tarde. Podría ser importante y yo no hacerle caso.
Dawn
Coño. Esto sí que era sorprendente ¿Dawn me ha enviado un mensaje?
Vale, ¡me estoy perdiendo por momentos! ¿No se supone que no debo hacerle caso? ¡¿Joder, ahora porque me habla ella?!
No lo abrí, y miré primero a su mesa.
Se me paró la respiración en cuanto la encontré mirándome directamente. Me hizo señas con la cabeza y después señaló su propio móvil. Como diciéndome, que mirara el mensaje.
La miré extraño y más tarde le hice caso.
Bill, sé que te sorprenderás, pero necesito hablar contigo. Quiero que me expliques porqué te fuiste con Ash. Desde el sábado no he pensado en otra cosa, y está claro que así no me olvidaré de ti. Cuando tenga todos los follones mentales solucionados, entonces creo que ya podré descansar de todo esto, y olvidarme de ti.
Y tan ancha se quedó.
No me lo podía creer. ¿Y ahora le tengo que explicar porque me lo monté con Ash? ¡Pero si eso no se lo puedo contar! ¡Me mataría!
La volví a mirar y esta seguía con la vista fija en mí, algo fruncida y dando a resaltar todo lo que le estaba costando siquiera aguantarme la mirada.
Le contesté.
No. ¿No querías que te evitara? Pues paso.
Qué cobarde soy. ¿Cómo coño puedo ser así? Si me está pidiendo explicaciones, como mínimo debería concedérselas. Pero me daba pánico, porque sabía que si tenía que decirle algo al respecto, me lo inventaría.
Y me lo inventaría de tal manera que crearía un nudo muy grande, que más tarde sería incapaz de deshacer… Y prefiero no decirle nada antes que empeorarlo todo.
Ni le decía la verdad, ni lo opuesto. Simplemente no le diría nada.
Supe enseguida que me miró, indignada y pidiéndome explicaciones, porque la figura difuminada que podía reconocer a un lateral (ya que no la miraba directamente, sino un par de metros más allá) se había girado en mi dirección.
Me contestó.
Bill, te lo exijo. ¡Necesito saber por qué! ¡¡Es lo mínimo que me debes!! ¿No crees?
Me recriminó sin cortarse un pelo, sin evitar nada, sin dejarse cualquier cosa que preferiría no decir. Nada, no le importaba.
Intenté convencerle de todo lo contrario.
¿Y si te quedas peor?
Esta vez tampoco me quedé sin tapujos. Le acababa de advertir con todas las letras, y estaba esperando que por favor, funcionara.
Me volteé la cabeza de nuevo, y la observé. Esta vez ya no me miraba a mí, de hecho ya no miraba a ningún sitio. Tenía una de las manos en la frente, y la dirección de su cabeza se perdía dirección abajo, en la mesa.
De pronto un movimiento hizo que me hirviera la sangre. Un hombre sentado al lado de Dawn le tocó el hombro, con el semblante preocupado y el entrecejo ligeramente fruncido. Mi ex novia alzó la cabeza en nada y se hizo la loca, se alborotó el pelo e hizo caso omiso. Erik la cogió por la barbilla y la miró a los ojos, esta se le quedó mirando, y después le sonrió, se quedaron mirando.
Y no apartaban la mirada. Un Mississipi, dos Mississippis, tres Mississippis…
Vale, ¡esto no acaba! Cogí el móvil y marqué su número. En cuanto el suyo empezó a vibrar delante de ellos, estos rompieron el puto contacto visual y salieron de un repentino trance.
Erik pareció disgustado y Dawn avergonzada, colgué en cuanto fue a cogerlo, dejándola toda desconcertada. Después miró la llamada y se entristeció. Erik lo notó.
¡Me cago en el puto Erik de los huevos!
La besó en la mejilla, dejando un pequeño rubor en ese precioso color canela que tenía, esta sonrió ligeramente dejando a entrever su preciosa dentadura blanca.
Yo lo mato… Yo lo mato.
Vale, analizando la situación he llegado a la conclusión de que… Amo a Tom, y quiero a Dawn. Por lo tanto, todo aquel que se acerque a Tom de una manera más allá de la necesaria… merece mi odio. Y por Dawn… ¡Tres cuartas partes de lo mismo! No hace ni una semana que lo hemos dejado y no soporto ver a un tío rondándole sabiendo que ya no está bajo mi coraza.
¿Es normal no? Sí, totalmente.
Erik dejó de intervenir finalmente y se levantó a dejar su plato en la zona de platos sucios. Momentos en los que Dawn aprovechó para responderme. Respiró hondo antes de nada, y después marco en su móvil a una velocidad espeluznante.
No me importa, lo necesito. Si no, esto no acabará nunca.
¿¡Qué?! ¡¡No!! No por dios… No me digas esto.
Vale, estaba entrando en una especie de trance importante. No quería hablar con ella, pero se lo debía. Y sin embargo estaba a punto de esconder la cabeza bajo la tierra y no aparecer en días… hasta que se haya olvidado del asunto.
Miles de escusas se me pasaron por la cabeza. Invenciones que de seguro, podrían colar. Pero realmente estaba harto de mentir y de esconder las cosas. Ahora, en el estado de euforia y total desequilibrio mental en el que me encontraba, lo último que quería era callarme, y dejar atrás algo que se muere por salir de dentro de mí, cómo el hecho de que estoy enamorado de Tom, que lo quiero… ¡Qué me siento nuevo, coño!
Mierda, me estoy yendo del tema.
¿Y si juego a darle pena yo? Podría utilizar un poco de psicología de forma que sintiese lástima por mí y desistiera de preguntarme.
Es que es duro para mí también, y me da vergüenza.
Y le di a enviar.
¿¡Vergüenza?! A ver Bill, ¿qué coño excusa es esta? ¡No puedo decirle eso! ¡Se olerá algo!
Enseguida miré su reacción. Y me sorprendió, al mismo tiempo que me hacía gracia. Parecía que todo el mal rollo y ese mal estar, hubiera desaparecido durante un par de instantes. Primero la vi releer el mensaje, con una ceja alzada y con una mueca de lo más graciosa, como si no se lo acabara de creer. Y más tarde me miró con una sonrisilla en la boca que creí que jamás volvería a ver. Alzó las manos como diciendo “¿eing?” y más tarde, mientras continuaba sonriendo, me contestó. Nada, está claro que la factura del móvil de este mes, va a ser larga… Mi madre me va a matar.
¡Pero qué dices! ¡Si tú no tienes vergüenza! No seas bobo, conmigo no deberías tener vergüenza.
Me tapé la cara con las manos y creo que me puse rojo de verdad. De verdad estaba pasando un ligero bochorno, que con la tontería ahora estaba sintiendo en carne viva. ¡Me estaba poniendo nervioso! Dawn creo que me miraba atenta.
Eres adorable.
Este mensaje también vino por su parte.
En realidad podría hacer el gran esfuerzo de introducirle en el tema… Dawn merece la pena, realmente la merece, y por consiguiente merece que se lo explique. Creo que hasta… hasta merece que otro chico le hable así, aunque se trate del gilipollas de Erik, que en realidad yo no conocía, pero que ya me caía mal.
Pero después no te enfades más. ¿Prometido? De hecho creo que te reirás de mí, o yo que sé. Lo mismo me odiarás más tarde. La condición es que tu idea siga adelante, nos separamos un tiempo y cuando ya no me quieras… vuelvas para ser mi amiga.
La vi mirar al mensaje, con el cuerpo totalmente estirado en la mesa del comedor, y dejando el móvil alzado totalmente perpendicular a la madera conglomerada de la superficie. Lo releyó mil veces, dedicándome alguna que otra mirada fugaz.
Si te soy sincera me has calmado un poco. Decirme que puede que me haga reír me ha tranquilizado. Quedamos justo después de comer, sobre las cuatro.
Vale… Creo que me había metido en un agujero sin fondo, de esos que vas cayendo y vas cayendo y no ves el final. No tenía salida. O le contaba a la princesa del cuento la clave para poder seguir adelante… o me quedaba atrapado para siempre.
Vale, ¿quedamos en mi cabaña? Sinceramente, no se ir a otro sitio que no esté lleno de gente.
Está bien.
.
Estaba de los nervios. Con ganas de trepar por las paredes. Sabía que en cualquier momento Dawn haría presencia en mi cabaña, llenándola toda de tensión y de malos tragos. Estaba casi agonizante entre las faltas de respiración y el demasiado acelerado bombeo de mi corazón.
Caminaba de un lado a otro casi sin sentarme a descansar y miraba el reloj cada dos segundos. Eran menos cinco, pero menos cinco en mi reloj, ¿y si en el suyo ya eran en punto? ¿Y si realmente son y cinco ya? ¿Qué pasa si realmente son menos cuarto?
¡AHH! ¡¡Estoy entrando en crisis!!
De vez en cuando me asomaba a la ventana y miraba a ver si veía su figura esbelta y preciosa caminar hacia aquí, hasta que finalmente apareció.
La vi, vestida de blanco totalmente, a diferencia de mí, y con la cabeza gacha. Tenía las manos apretando en su pecho, y la vi respirar fuerte.
… Estaba tan nerviosa como yo.
Y eso me hizo respirar tranquilo durante un segundo, ya que ella estaba compartiendo mi mal estar.
No le di tiempo a picar a la puerta que ya le abrí. Un pensamiento positivo se me pasó por la cabeza en un instante; cuanto antes empezara, antes acabaría.
Dawn me miró sorprendida, después de tirar la cabeza hacia atrás, asustada. Le dediqué una media sonrisa con algo de esfuerzo y ésta simplemente entró, apartando mi cuerpo haciendo presión en mi pecho, con toda la mano. Roce que me gustó… Me mordí el labio y le seguí el culo con la vista… Arg, dios. Me estaré haciendo maricón, pero ahora mismo era tan hetero como siempre.
La vi sentarse en la cama y yo seguí sus pasos. Últimamente me estaba cansando de tener siempre el mismo escenario para cualquier “evento” en mi vida.
Dawn simplemente me miró, y restó quieta, seria y como si estuviera esperando.
Yo repetí su gesto y entrelacé mis manos, nervioso. La miré y esperé a que empezara a hablar.
……………
Uno, dos, tres, cuatro, cinco…
Buueeeeeeeeno…
La miré interrogante y esta seguía mirándome fijamente. Casi estuve a punto de pasarle la mano por delante de los ojos, por si se había quedado petrificada. Esperé unos segundos más pero esta seguía igual.
-Emm… ¿No me vas a decir nada? –pregunté de golpe, casi sin pensarlo dos veces. Preguntar por preguntar, y sobre todo, para sacar tema y salir de esta incertidumbre.
-No, eres tú el que ha de hablar. -dijo seria como su mirada, y en sí como todo su comportamiento.
-¿Por qué estás tan sosa? O sea, no estás mostrando ninguna… emoción. -realmente no sé porque le estaba hablando tan libremente en un momento como este, pero es que en realidad era mi manera de reacción ante estas situaciones. Soy de lo que no hay.
-Porque me he prometido que no me pondría a llorar.- soltó alto y claro. Sin avergonzarse, con todas las letras por delante.
Simplemente asentí.
-Bueno pues pregúntame, no sé, introdúceme en el tema Dawn… Que no sé cómo empezar. -le confesé. Realmente estaba muy perdido.
Dawn rodó los ojos, y después se dispuso a hablar.
-Pues, veamos… Joder, yo qué sé, Bill sólo quiero saber ¿Por qué te fuiste con ella? – y una vez más, aun habiéndoselo jurado, la voz se le quebró ligeramente. Mierda, se pondría a llorar en la primera frase.
La primera frase. Dios, bu bum, bu bum, bu bum, bu bum… ¿Por qué me fui con Ash? ¿Por qué? De nuevo la respiración se me atascaba de los puros nervios. Y otra vez me invadían las ganas de salir corriendo.
¿Se lo decía? ¿No se lo decía?
-Yo… -y esta vez se me quebró a mí la voz, no por ganas de llorar, sino por la falta de palabras, por la imagen de Tom a cada letra. – Yo… Dawn es tan difícil…
Esta frunció el ceño, decepcionada.
-Joder Bill, dijiste que me lo dirías. No me jodas. ¡Sólo quiero saber en qué he fallado!
¿Qué? ¿Ella? ¿Fallarme?
-¿Pero qué dices Dawn? ¿Cómo vas a fallar tú en algo? Si eres la chica más perfecta que jamás he conocido… – y eso me salió solo, haciendo que sus ojos cerraran con lentitud, con un peso enorme en sus parpados.
-¿Me lo dices enserio? Porque no te creo, no puede ser que yo lo diera todo por ti y que un día así porque sí, de repente te fueras con Ash… ¿Qué tiene ella que no tenga yo?
-¡Nada! ¿Qué va a tener?
-¿Entonces? ¿Por qué me substituiste? –me continuó preguntando.
-No te substituí joder, es solo… ¡Arg! Dawn, esto me cuesta mucho. – escondí la cabeza entre las manos y respiré hondo, al mismo tiempo en que ella repetía el gesto.
-Explícamelo, no puede ser tan difícil. -dijo seria.
-Sí lo es.
-Pues inténtalo, yo puedo ayudarte.
Volví a coger tanto aire que se me hinchó el pecho como tres veces de lo normal, costándome el hecho de soltarlo. ¿Qué le digo? Joder, ¿Qué le digo…? El pulso me aumentaba por momentos y el pánico que invadía. Tenía las palabras en la punta de la lengua, las podía sentir. Se morían por salir y ser liberadas, pero al mismo tiempo tenían un combate mortal contra las otras palabras, esas que no mencionaban a Tom en ningún momento, esas que mienten, que simplemente me libran del marrón y punto.
Pero no… odio seguir mintiéndole.
-Yo… creo que… Pues que yo… – no me salía, ¡No me salían! ¡Y se repetían en mi mente! “Estoy enamorado” “Estoy enamorado”. ¡Sí, eso debería decir! ¡¿Por qué no puedo?!
-¿El qué? – me invitó a continuar.
-Pues que yo… -me cago en la puta Bill, dilo, simplemente dilo. Estoy enamorado, no es tan difícil. -Yo… yo… crecrecrecreo ququee eesssttototoy e-e-namoradddodo. – ¡OH! ¡YA LO HABÍA SOLTADO! ¡POR FIN!
-¿Que estás qué? – vamos no me jodas, no me digas que lo tengo que repetir porque vamos, te quedas ahí esperando. – ¿Ena… enamorado? –vale no, lo había entendido.
Miré al suelo respondiendo a su pregunta con un silencio otorgador.
-Bill ¿estás enamorado? Pero si tú… tú nunca te has enamorado. -no se lo creía, de hecho parecía hablar como si fuese una broma – ¿Cómo te vas a enamorar? Si estas en contra de un amor así.
-Ya… Yo… No sé, yo no lo he escogido. – y me salió de dentro. Esas palabras eran pura verdad. ¿Cuándo había decidió que me gustaría alguien? ¿Cuándo había decidido que me enamoraría? ¿Cuándo había decidido que fuese de Tom? Nunca, desde luego que nunca. Y ahí estaba yo.
-Oh dios, eso sí que no lo habrías dicho tú… Joder ¿Bill, te has enamorado de Ash de verdad? –y creo que casi se puso a llorar.
Espera espera, ¿ha dicho Ash? La miré ofendido.
-¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso? ¡Te juré mil veces que no me enamoraría de ella nunca! Sólo es mi mejor amiga, ahora y siempre. No iba a haber nada entre nosotros, jamás. Bueno, nada sentimental. -me corregí.
Pero no hizo caso al final de todo lo que había dicho. Se había quedado pensativa.
-Espera, eso quiere decir que ¿no te gusta Ash? ¿Nada? ¿Ni un poquito?
Negué enérgicamente.
-¿Y entonces? ¿De quién? – parecía hecha un completo lío, y no me extrañaba en nada. Yo no es que fuera el mejor en dar explicaciones, desde luego ¡Pero es que yo no podía dar esas explicaciones! ¡No! ¡Cero! ¡Nein! -¿De quién Bill?
Y me quedé callado. Si me había costado decirle que me había enamorado, sin haber incluido nombre, decirle de quién me iba a costar más.
Me quedé callado aún más rato.
-A ver ¿es de Irma? –Negué – ¿Mary? – Negué – ¿Hilary? – volví a negar. Me nombró a todas y cada una de las chicas de la clase y evidentemente, en ninguno asentí. La vi asta cansada de tanto pensarlo. – Pero… ¿es de tu edad?
Ahí me lo pensé. Tenía el vago recuerdo de que sí, de que en algún momento me había nombrado su edad. Sí, tenía diecinueve.
Asentí.
-Pues joder Bill, las chicas de tu edad son todas estas. Las únicas de la clase. El resto de chicas grandes no pasan de los dieciséis, a menos que hables de Erika… Pero vamos, ella debe de tener los mismos que yo. – soltó más tarde. Parecía que el mal estar se le había pasado un poco, sólo un poco, pero el suficiente como para entretenerse en este, “¿Quién es quién?”
-¿Es morena? –preguntó.
Sonreí mientras negaba.
-¿Rubia?
¿Tom era rubio? Sí, bueno, un tanto rubio oscuro. Pero era rubio. Asentí.
-Joder, si era morena me lo ponías más fácil, las alemanas son casi todas rubias… – y me reí, después de estar comportándome como un mimo. Y ésta también esbozó una media sonrisa triste. –Va… dímelo Bill. – Me suplicó – o como mínimo dime tú alguna otra pista. Algo importante para adivinarlo.
-No es de clase. –y ahí la desconcerté del todo.
-Pero si las únicas chicas de tu edad son las de clase.
-Dawn es que… Bueno…
-¿Sí?
-Es que, joder Dawn, no es una… bueno, en fin que no tiene tetas, ni vagina, ni… ni nada. Que es un tío, vamos. – hablé tan deprisa y tan entrecortadamente que creo que no se había enterado de nada. Me entró el nerviosismo tan de golpe que lo solté todo enseguida. Sin mirarle directamente y moviendo las manos de aquí para allí, como señal de un típico tic nervioso.
Después de un rato de silencio me atreví a mirarla. Esta tenía su vista fija en la pared, en algún punto perdido en su mente, sin saber qué decir, sin contestarme, simplemente… meditando.
-¿Dawn? Joder, no me odies. Lo siento, lo siento ¿vale? Ni yo mismo me lo creo, por favor no te enfades conmigo por eso. Enfádate por lo que más quieras, pero no por eso. ¡Yo también estoy que no me lo creo! Joder… Dawn ahora dime tú algo.
Me miró con el ceño fruncido, algo desconcertada, más bien perdida, y con las palabras desordenadas.
-¿Un chico?
Solté aire fuertemente y escondí la cabeza. Sentí ganas de llorar de la impotencia. Joder, está claro que no le ha sentado bien, uno de mis miedos era ese. Que por el hecho de que ahora sea ¿bisexual? Sí, se podría decir que sí, bueno, yo era ¿Thomosexual? (que palabra más rara), pero eso queda aún más mal.
El caso es que aún había homofóbicos en el mundo, y yo no quería que Dawn fuera una de ellas.
-Sí.
-¿Quién? ¿Rubio? ¿No es de la clase? – asentí ambas preguntas, con desgana, con tristeza y con lentitud, decepcionado.
-Es del… del profesorado. – y entonces abrió los ojos desmesuradamente. Me miró fijamente y se tapó la boca, sorprendida.
-¿Qué? ¿De Tom? ¡No, Bill! No te acerques a él, ¿no ves que es hetero del todo? Sólo te haría daño. – y entonces, me quedé en el sitio, parado, petrificado. ¿Me estaba dando consejos? ¿No se había enfadado? No me lo podía creer. – El primer día… intentó ligar conmigo Bill. Lo… Lo siento, pero olvídate de él. – supongo que lo decía por cumplir, que en el fondo.
-Bueno, es que en realidad… Han pasado cosas.
-¿Han pasado cosas? Bueno, no me expliques eso ahora. Yo… A ver, ¿qué tiene que ver que ahora te guste un chico con que te fueras con otra? ¿No era más fácil decírmelo y lo habríamos hablado?
-¿Qué? No no, es que realmente no es así la cosa. Yo no me lo creía ¿vale? O sea, era algo imposible. No podía gustarme alguien, Bill no es así… Y muchísimo menos de otro tío. – me excusaba liándome con mis propias palabras. – ¡No podía ser maricón! Yo, yo estaba tan… joder…
-…Confuso. –acabó ella por mí.
-Sí, exacto. Era, la primera vez que me sentía de esta manera y yo, dios, yo estaba de los nervios. De los putos nervios. Y joder, no me lo quería creer, y como soy tan tozudo pues… hice una locura.
-Te escucho.
-Me quería demostrar a mí mismo que me ponían las tías. ¡Las tetas! ¡No el pecho plano ni eso de debajo de los tíos! – se rio – Y como que contigo ya tenía pasada esa prueba, porque ya sabía que tú me ponías a cien – y se sonrojó – pues un día que estaba con Ash pues, pues no sé… Se me fue la olla acabó así. Fue como una especie de conejito de indias.
-¿Y resultó?
-¿El qué resultó?
-¿Seguías siendo hetero?
-…-respiré hondo – No… estuve pensando en Tom todo el rato, si me excitaba o algo – que violento es esto de hablar con tu ex sobre sexo y no sobre sexo con ella – era porque me lo imaginaba… a él. – solté, tan rojo que se me podría confundir con los colores del crepúsculo.
No se rio por poco, pero igualmente parecía algo alterada.
-¿Y porque no me lo dijiste Bill? –me recriminó.
-Pues porque no lo sabe nadie. Sólo Georg. Tenía miedo y no sabía cómo te lo ibas a tomar, porque no quería que te enfadaras aún más conmigo, porque no quería defraudarte…
-¿Defraudarme?
-Sí… Tú misma eres consciente de que llevo diciendo que no soy gay prácticamente desde que nací casi, y ahora voy y meto este giro tan de repente.
-No digas gilipolleces… No es nada malo.
-¿Estas enfadada?
-Estoy dolida, Bill. Eres la persona más importante en el mundo para mí, y lo sabes, y sé que enamorado de mí no estabas, pero al menos algo de aprecio me tenías. Lo mínimo como para tenerme un poco de confianza. Y este problema en realidad, es una tontería. Por fin te enamoras, por fin sientes lo bello que es el amor. Y aunque para mí sea una putada, como mínimo me queda el consuelo de que no me has dejado por otra tía. Que entras en terreno vedado, y que aunque no pueda hacer nada pues… no sé, yo me entiendo. – y por un instante, creo que la vi sonrosarse y reírse.
-Dawn… Sobre todo, quiero que sepas que eres la chica que más he querido en toda mi vida… Te lo prometo, a ninguna de mis novias la había querido tanto. Eres alguien en mi vida, alguien que ha dejado huella, una marca, algo muy muy grande. Por favor, no pienses que no te he querido ni nada porque eso sí que es mentir. Y me jode que estés con el puto Erik de los huevos pues porque… – alzo una ceja, divertida – porque hace una semana eras mía y ya no y encima te eches miraditas con el cantamañanas ese… – dije, lo más vasto que me salió.
Se rio, un poco, pero se rio.
-Bueno, ahora sientes un poco lo que he sentido durante toda esta semana al saber que mientras seguíamos juntos, tú habías estado con otra que no era yo. Aunque los motivos sean algo… tontos y casi inexcusables pero, ahora ya me es igual. De verdad, ahora ya parece que todo me resbale por la piel, caiga al suelo y… y se funda con mis pisadas.
Nos quedamos en silencio.
-Bueno, ahora ya estoy “en paz”. Así que podemos dar por finalizada la charla. Aunque bueno, me va a sentar como una patada en el estómago pero… ¿Quieres que te de algún consejo? – me preguntó.
La miré con tal cariño que se habría derretido delante de mí del calor de mi mirada. Le asentí enseguida.
-¿Cómo te sientes ahora?
-Muerto de miedo.
-No te asustes por lo que puede llegar a ser lo más bonito de tu vida. Sobre todo si es tu primer amor. Pero te lo digo en serio, Tom no parece trigo limpio. Conozco a este tipo de tíos, son de los que van con una y se van con otra a la media hora y sólo actúa con tías. Vale que sus mejores amigos sean gays, pero él… Él no tiene pinta. – me volvió a advertir.
-Bueno… lo cierto es que nada más llegar ya hubo una especie de… conexión, entre ambos. Creo, creo que también le gusto.
-¿Enserio?
-Sí. Es que, el otro día, cuando… bueno, cuando me dejaste, el me vio destrozado, y nos montamos una especie de botellón en el que acabamos un poco mal. Tan “mal” que… me besó. –me miró sorprendidísima. Aunque después puso una mueca extraña, supongo que por usar el verbo besar conmigo.
-No me lo puedo creer.
-Ni yo. – solté, con una pequeña risilla final, alegre por saber que yo podría cautivar a Tom.
-¿Y ya le has dicho que te gusta?
-No.
-¿Y a qué esperas? Cuanto antes se lo digas antes pasarás el mal trago si su respuesta es negativa y… más tiempo estaréis juntos si… – se paró, inspirando algo que parecía llanto – …si es positivo.
Me quedé mirándola.
-Dawn, dejemos el tema, en serio, creo que no vas a llegar a ningún sitio así, y lo último que quiero es que otra vez salgas llorando por mi culpa.
-No Bill, escúchame, si no lo intentas no lo sabrás. Piensa que ya estamos en día quince. Y nos vamos el treintaiuno. Si lo alargas mucho apenas disfrutaréis de una semana… -y se limpió una lágrima. – quien sabe si después del campamento seguiréis en contacto. De seguro que sí si hacéis algo, pero si seguís como ahora, pasará el tiempo Bill. Y el tiempo es un hijo de puta muy grande.
Y se quedó callada con las manos en puño. Un par de lagrimones descendieron por sus mejillas.
La abracé muy fuerte, tanto que casi me hago daño a mí mismo, pero no le di tiempo ni a reaccionar que ya la había soltado.
-Dawn… Gracias.
-Creo que me voy a ir a casa.
-¿A casa? –pregunté, extrañado.
-Bueno, ya me entiendes… Que me voy. Me lio con la palabras… estoy nerviosa.- y se levantó. La acompañe por la puerta y cuando ya estuvo fuera, me miró fijamente, con los ojos humedecidos y rojos – Sobre todo, hazme caso Bill. Y ya me fijaré si os mandáis miraditas fugaces en el comedor y cosas de esas de enamorados… – y se fue. Sin más.
.
Eran las siete de la tarde. Llevaba todo el rato dándole vueltas al asunto de Dawn. Lo que me había mencionado sobre ir y hablar con Tom. Sí, la verdad es que el dialogo era la mejor salida, pero estaba seguro de que no me atrevería, me pondría delante de él a fantasear con sus labios y su lengua y me trabaría la mía propia.
Pero cierto era que me moría por saber qué pensaba él.
De verdad que no quería otra cosa en estos momentos que una puta aclaración de ideas masiva.
¿Y qué pasaba si no lo intentaba hoy? No lo intentaré mañana, ni al otro… De hecho no sería capaz de hacerlo. La emoción del momento se habría esfumado.
O era hoy… O no era nunca.
Me cogí una chaqueta por si iba a llegar demasiado tarde ya que hacía frio y salí pitando. Casi sin querérmelo pensar mucho.
No tenía nada pensado, llegaría allí y ale. Que fuese lo que tuviese que ser. Y punto.
Por suerte, una de las cosas que si me había aprendido a la primera, era cómo llegar a la tan jodidamente escondida cabaña de Tom. Así que emprendí mi viaje, y me puse a cantar. Necesitaba mantener la mente en blanco, así que lo primero que me vino a la cabeza fue una canción.
El camino se me acortaba bajo los pies a una velocidad desmesurada, como si el tiempo quisiera que me afrontara ya contra la vida y en menos de diez minutos ya había llegado.
Ya tenía delante de mí las escaleras que subían hasta la cabaña.
Las subí despacio, poco a poco, con lentitud y serenidad… Necesitaba tranquilidad.
Cuando estuve delante de la puerta respiré hondo tres veces. Y a la tercera, llamé a la puerta.
Primero nadie me contestó, pero después pude escuchar una voz de dentro.
-¡Entra!
Y con el temblor notable a varios kilómetros de distancia… abrí la puerta.
Me encontré con los ojos abiertos de Tom, sorprendidos de verme, casi con miedo. Cómo si no deseara que yo estuviese ahí. Estaba blanco como la tiza prácticamente, y deshizo la postura que tenía (estaba estirado en la cama leyendo una ¿revista porno?) y me volvió a mirar, como si fuese un fantasma. No supe cómo interpretar eso hasta que me di cuenta de algo.
No estaba solo.
-¡Andy mira! ¡El chico del comedor!
Continúa…