Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 19: Run, run, run

(el mismo momento en que acaba el anterior)

Bill

Llevábamos un buen rato abrazados, sin decirnos absolutamente nada, intentando inútilmente cubrirnos de esa lluvia infernal que me estaba destrozando el pelo, pero al mismo tiempo, acompañándome en el que creo que era, el momento más emotivo que he vivido nunca.

Creo que jamás me había sentido así. Creo que jamás había llorado de tal manera por felicidad. ¡Y menos al sentirme correspondido por alguien! Bueno, está claro que no nunca me he sentido correspondido puesto que jamás he querido a alguien de esta manera, pero igual es una sensación que no puedo compararla con nada.

Es verdad eso que dicen que te sientes lleno, completo, sin ese… No sé qué extraño, que aunque tú, al día a día no lo notas, cuando se llena, realmente te das cuenta de que estuvo. Y una vez pierdes a esa persona que te completa, realmente se nota la ausencia y todo es… No lo sé. A esta parte no he llegado aún. Y firmaría ahora mismo para que no me pasara nunca.

Aunque suene extraño y demasiado precipitado, ahora no me soltaría de Tom ni por todo el oro del mundo ni por todo lo que me pudiesen dar, y me quedaría con él para siempre.

Porque me ha marcado y ha creado una etapa en mí que ha dejado una diferencia. Ya no sólo en cuanto a “¿Qué me gusta realmente? ¿Los chicos?”, si no a el simple hecho de que… De que es la puñera primera vez que cuando miro a alguien a los ojos me sonrojo. ¡Me entra vergüenza! ¡Me cuesta explicarme aún sin estar llorando o nervioso!

Llevaba un rato que tenía mi cabeza apoyada en su pecho, y no sólo sentía su respiración suave y pausada, si no que podía sentir los latidos de su corazón. Me tranquilizaba, era un ritmo acompasado con el mío, y me daban ganas de cerrar los ojos y dormirme, con sus brazos rodeándome y su respiración en mi oído.

Una mano la tenía en su pecho, en el centro, gratándole por encima de la camiseta, sintiendo su ronroneo que me ponía la piel de gallina. Ya no se veía más allá de dos metros de nosotros y es que el agua era tan densa que apenas nos veíamos las caras, todo era blanco, y ya estaba a punto de anochecer.

No quería levantarme, de hecho, me moría por quedarme ahí todo el tiempo y no moverme absolutamente nada, siguiendo escuchando sus latidos y notando cómo todo yo, subía y bajaba según su respiración.

Moría por seguir sintiendo la fuerza con la que me ceñía hacia él, el ascenso y descenso de sus dedos por mis brazos, haciéndome cosquillas…

No creo ni que haga falta decir porqué. Simplemente, no quería irme.

No me importaba pasarme las horas reflexionando y pensando en qué pasaría a partir de ahora. ¿Sería todo igual? ¿No cambiaría nada?

Está claro que no… Está clarísimo que todo sería diferente.

Y ello… Me desagradaba.

Me hizo sentir un vértigo repentino en el estomago que me ensombreció por completo.

Antes, era… Divertido, por decirlo de alguna manera, porque, me preocupaba todo el rato sobre si me quería o no, lloraba por sus estupideces, soñaba en si realmente algún día podría sentir algo mínimamente asemejado, a lo que yo sentía, y sin embargo, ahora…

Ahora que ya lo tenía y me sentía más lleno espiritualmente que nunca, me daba miedo pensar, que el hecho de no esconder sentimientos, o besarnos sin que ello provocara situaciones incómodas y excitantes al mismo tiempo, nos llevara a la monotonía y a todo ello…

Es como… Bueno, suena estúpido, pero es como el final del Señor de los Anillos, pasas por mil aventuras todas con riesgo de muerte, todo es acción y sorpresa, todo es tensión y estar alerta, y… Una vez que consiguen arrojar el anillo ¿Qué? ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que hay que hacer? ¿Ya no hay más monstruos de agua, ya no quedan Ents, ni elfos, ni orcos?

Vale, no es para nada equiparable, pero la sensación… Supongo que es parecida.

Sin embargo, prefería arriesgarme, porque por nada del mundo le daría la vuelta de nuevo a la situación. Jamás, no sería tan loco ni suicida, porque ahora que lo tengo aquí, me daría un ataque cardíaco si lo dejara ir.

Y de nuevo… El momento en que nos tuviéramos que levantar, llegaría pronto sin quererlo ni mucho menos pensar en ello.

Pero nunca pasa eso que deseas. Nunca se detiene el tiempo, y siempre anhelas que sea así, porque hay momentos, en los que desearías tener un mando a distancia, para poder rebobinar, congelar e incluso pasar hacia delante momentos de tu vida.

Y desde luego, al no tenerlo, la tranquilidad en la que nos habíamos sumergido, durante media hora de reloj, sin decirnos nada, cesó.

Empezó a incorporarse y yo salí como de una especie de trance en el que estaba, casi dormido, casi en el séptimo cielo. Bueno, como él, diría yo.

-Bill, la lluvia parece que no cesa y no lo piensa hacer en un buen rato… Deberíamos ir a algún sitio porque a este paso nos resfriaremos, o pillaremos la de cristo, y a ti te dará igual pero… Yo tengo clases que dar. – rompió el silencio que habíamos mantenido y que sólo el estruendo de la lluvia que caía a nuestro alrededor, acompañaba.

-Sí… Con rubias asquerosas que se creen el ombligo del mundo. – puse cara de asco y después abrí los ojos. Mierda, ¿enserio he dicho esto en voz alta? Sin soltarme de la cintura nos alzamos y noté un gran dolor en las rodillas, como si llevara tanto tiempo sin ponerme de pié, que parecía que estas se quejaban.

Tom me miró sorprendido y sonrió de lado.

-Vaya vaya… – dijo con tono socarrón. – Veo que no soy el único celoso aquí. ¿Las nenas rubias te han molestado, chico? – se mofaba de mí mientras se relamía los labios.

-Qué va… – mentí mientras me cruzaba de brazos mirando hacia otro lado.

-Ah bueno, entonces puedo decir abiertamente que la rubia besaba de puta madre… Puuff… ¡Creo que hasta se me empalmó!

Me giré y lo miré indignado.

-¿Que qué has dicho? – Amenacé con la voz y con la mirada – Creo haberte oído mal… – le reté con unas palabras que prohibían que lo repitiera.

Mi chico (y esta vez, de verdad, MI chico), se mordió la lengua y sonrió. Se acercó a mí y con una mano me agarró la camiseta y me atrajo hacia él. Se había vuelto feliz de golpe y no sé porqué, pero escondió la cabeza en mi cuello y me dio un ligero mordisco entre la clavícula y este.

-Humm… – gemí. – Esto me gusta más. – me sentía raro. Era como si estuviera interpretando una obra de teatro o algo por el estilo, porque ahora que teóricamente esto entra dentro de nuestros “actos normales”, poder comentar en voz alta el “me gusta, esto, o hazme aquello”, sin tener miedo de lo que te pueda responder la otra persona, como “¿Perdon? ¿Qué dices, a mí no me van los tíos”, me resultaba extraño.

La de veces que nos besábamos sin decir ninguna palabra, por simplemente eso, no saber qué decir, ni qué hacer después de esa demostración de actos que va contra lo que son tus pensamientos reales, o todo lo contrario, acorde a tus deseos más íntimos, que tú crees que son mal vistos por todos, y que ciertamente, lo son…

Y ahora, hablar tan libremente… Me resultaba hasta falso, por muy enserio que me tomara las palabras que dijéramos o que realmente lo sintiera.

-Por supuesto que te gusta… – se echó flores, y me miró directamente. – Soy un as con mi boca. – alzó una de sus cejas y puso cara chulillo.

Tsk, ahora se iba a enterar.

-Bueno, no te creas eh, que Mario… ¡La hostia! ¡Cómo besa este chico! No me extraña que Andy esté tan pillado. No necesita más excusas. – exclamé, con un tono de voz que rozaba la chulería. Esta vez me miró él, indignadísimo. Me apretó contra su cuerpo mojado y pegado a la ropa que si hubiese sido blanca, le hubiera transparentado, y se me puso a dos centímetros.

-¿Ah sí? Repítelo… Repítelo… – me retó él esta vez a mí – Dime que Mario es mejor que yo… Qué yo no utilizo la lengua como él. Vamos, dime que hay alguien mejor que yo… – ¡buah! ¡Me estaba provocando de todo! ¡Entre calor y humedad que me sobraba a borbotones, también había el morbo! Pero también unas terribles ganas de bajarle los humos y de hacer que no lo tuviera tan creído como lo tenía. ¿Qué se ha pensado? ¿Qué es el dios del mambo? – ¿De verdad es Mario mejor que yo?

Pero… negar sus dotes de Casanova, sería como decir la mentira más grande que jamás se ha contado. He besado a dos chicos, y por diferencia, ganaba Tom. ¡Pero imaginaos lo bueno que es, que Mario me parecía un profesional! Es que ¡me mata joder! ¡Me mata!

-Es que… si te digo la verdad… Se te sube a la cabeza y… no lo puedo permitir.

-Tss… suficiente. He ganado – y justo cuando iba a volver a besarme, bajo las infernales gotas de agua, que me estaban poniendo ya de los nervios, se alejó de mí. Se puso a caminar dándome la espalda y lentamente se fue alejando. Me quedé ahí, mirándole y observando sus movimientos, un tanto desconcertado por lo que había pasado, hasta que notó mi ausencia, se giró, con cara de interrogante y me preguntó – ¿Qué haces aún ahí? ¡Vamos…!

Y como buen perrito faldero que yo era, corrí hasta su posición y le cogí del brazo con mis dos manos y se lo rodeé. Este se paró momentáneamente, algo sorprendido y después continuó. Supongo que para ambos esto es tan raro y difícil… ¡Y sobre todo, nuevo!

Finalmente acabé soltándole porque resultó que la situación se había puesto un tanto incómoda.

-Tom… ¿Qué ha pasado con nosotros? – me dije, realmente a mí mismo, pero en voz alta, después de un par de minutos andado, notando el frio calado en los huesos y en todo nuestro cuerpo.

-¿Qué nos ha pasado de qué? – milagrosamente, parecía que algo si estaba cesando y que cada vez había menos agua contra la que luchar durante el camino a mi cabaña.

-Pues… eso, que tú mismo has dicho antes, que no creías en el amor… ¿no? Ni en cosas de estas.

-Bueno, no he dicho en ningún momento que me haya enamorado, ehh…- me aclaró, algo amenazante. Pero no me supo mal, era evidente que no me confesaría algo así ni en diez años de matrimonio sólo por su manera de ser, pero igualmente, aunque no estuviera enamorado de verdad, me sobraba con que me hubiera dicho que algo sí que le gustaba.

-¡Bueno, tú me entiendes! ¡Yo no he sentido nada por nadie nunca, y menos me había… emocionado tanto el empezar a salir con alguien! No parezco yo.

-Oh… Ya ves. Ahora sí que te sigo. Esto nos queda grande. Creo que estamos haciendo el tonto con el teatrillo este de ser novios.

-Es posible…

-Es que Dios, la palabra novios, novios de verdad, es muuuuy extensa, amplia, es muy grande e imponente. Son palabras mayores.

-Pero… no importa ¿verdad? – mierda, ya me estaba asustando. ¿Y ahora qué me va a soltar este? ¡¿No pensará dejarme ahora, no?! ¡Vamos, sería de Record Giness! ¡Media hora saliendo con alguien, yuhu!

-No… A mí los retos me gustan. Y bueno, este tiene su morbo.

-Pues sí. – Uuff… me calmé.

-Y me hace gracia que ambos estemos igual… ¡Esto, es rarísimo!

-¡Y que lo digas! – un silencio tenso se formó entre los dos.

No había tema de conversación… De hecho, hablábamos de gilipolleces, de tonterías, como cuando quedas con alguien por primera vez y dices “ui, mira qué buen día hace” o, “hoy en casa a entrado una mosca gigante!”. ¡Cosas que no le importan, pero que sin embargo has de decirlas porque sino no sabes qué decir. Antes, antes… Había tal tensión entre ambos que los silencios eran largas conversaciones de orgullos y casi sobraban las palabras. ¿Para qué estaban si no, nuestros ojos? Que mantenían discursos a cada segundo.

Mierda, tengo miedo de descubrir que solo me atraía ¿físicamente? Realmente ¡No lo conozco de nada! ¡De dos semanas! ¡Dos semanas de peleas y más peleas! ¿Cuándo hemos estado un día entero sin enfadarnos? ¿El día que estuve durmiendo, no?

¿Y si sólo ha sido el típico tío que te gusta solo porque… está bueno?

Vale, no, a ver, que yo era hetero. A mí eso me daba igual. Si me gusta es por algo, ¿no? ¡Desde luego no por el físico!

Pues a mí Tom me gusta porque bueno, es… ¿dulce? Supongo. ¿Amable? Eso no lo supongo tanto. ¿Simpático…? Vale, nadie empieza a salir con nadie porque sea simpático. A éste paso me habría tirado a medio mundo.

Pero bueno, ¿qué más da no? La cuestión es que me gusta, mucho mucho muchísimo, ¡como para ponerme a llorar al decirme que quiere estar conmigo! Así que ahí se queda.

Continuamos andando sintiendo el peso de nuestras chaquetas mojadas y llenas de agua hasta casi reventar y el castañeo de mis dientes que creí que había finalizado ya, y que sin embargo había vuelto a resurgir.

De pronto, algo me rozó la mano. Algo que me la cogió.

El corazón me dio tal vuelco que creo que me habría saltado del pecho si este no estuviera protegido por el brazo contrario al del lado de Tom, que intentaba darme calor.

Miré enseguida hacia mi mano y descubrí, que Tom intentaba estrecharla, y cogerme. Ir agarrados. Se me cortó la respiración y paré mis pasos, incapaz de hacer más de una cosa a la vez, que esta vez era, simplemente estar alucinado. Abrí todos los dedos y él, después de pensárselo un segundo, los entrelazó con los suyos, cerrando así, el abrazo de manos.

Íbamos… Íbamos cogidos. Dios, no recuerdo ni haberlo hecho con normalidad con Dawn, o como mínimo, de una manera tan… significativa.

¡Me sentía como esos niños pequeños que dicen que están saliendo con alguien, y se dan besos en las mejillas y que se cogen de las manos como si se tratara de algo formal de verdad!

Me había quedado embobado mirando nuestras manos, y el tintineo de las gotas sobre ellas, hasta que finalmente, la voz del chico de las rastas me sacó de mi mundo.

-Em… ¿Por qué… pones esa cara? – dijo preocupado, como si lo que estaba haciendo fuese algo malo.

-Porque no me lo esperaba. – me sinceré, con un todo de voz que se asemejaba al de alguien soñador que mira hacia las nueves y las desea con toda su alma.

-Pero… Esto lo hacen los novios… ¿no? – Le vi una pequeña intención de apartar la mano, como triste y decepcionado por mi respuesta ante su gesto. Pero alarmadísimo, se la estreché fuertemente, impidiendo que me soltara por nada del mundo.

-¡Sí, sí lo hacen! Es que yo… ¡Mierda, no me lo esperaba! ¡Ya lo he dicho! – le pegué un pequeño tirón indicando que siguiera para delante y me pegué a su brazo, me solté medio segundo para pasar el mío por debajo del suyo y ahí volví a cogérsela de nuevo. –No me sueltes, prefiero que vayamos así… – le pedí.

Tom, simplemente me miró de reojo, y asintió para después continuar mirando al frente.

Esta vez, de nuevo no hubo ningún tema de conversación, pero… pero no me sentí incómodo. Simplemente, me sentía a gusto, en mi lugar, y acompasado con su ritmo y los latidos de su corazón, que aunque él asemejara un comportamiento sereno, sus latidos sonaban tan fuerte que los podía oír, algo así como los míos…

Martes – 21/07/2009

Tom

Bueno, llevaba como media hora corriendo de aquí para allí delante de una puta pelota, porque hoy tocaba jugar a fútbol. La verdad es que no me apetecía mucho, pero el programa de esta semana marcaba que se había de jugar o a esto, o a básquet, y preferiblemente, me quedaba con el fútbol.

Los chavales con los que jugaba eran los de dieciséis, y como mínimo tenía rivalidad, pero no eran precisamente buenos que digamos.

Eran los mismos que se quedaron hasta el final el otro día, jugando a la botella, y ciertamente, se preocupaban más por que no se les moviera el pelo de sitio que de dónde estaba la pelota.

Y los únicos que jugaban medianamente bien estaban prácticamente solos.

Pero… Yo no estaba muy fino, y nos ganaban de tres goles. ¡TRES!

¿Cuándo me he dejado ganar por tanto? Vale, que cuando he querido dejar bien a alguien, me he dejado ganar por un gol, y en el último momento, ¡pero no a medio partido con una diferencia tan grande!

Mierda, es que… ¡Arg! ¡Estoy perdiendo la poca cordura que me quedaba! Ayer apenas vi a Bill, y en los pocos momentos en los que podía disfrutar de su presencia, era de lejos. No podía apartar la vista de encima suyo. No es justo, me ha hecho volverme loco por completo.

Y ahora es mi novio. ¡Tiene huevos!

Pero tiene el doble de huevos, el no verme con mi propio… Sí, emm… esto… No-novio. Parece que no haya pasado nada, tío. Como antes, como amigos, vamos.

¡Pam!

De pronto algo me dio en la barriga creando un dolor punzante en la boca del estómago. Jooder,

yo estaba en mi puto mundo, y de pronto ¡zaska! Me apartaban de él, cuando menos lo necesitaba. ¡Muchas gracias, me gusta estar out del mundo, no hacía falta pegarme de hostias!

Una… Una pelota de color blanco con topos negros y grandes, casi me taladra el estómago de una punta a la otra cargándose mis costillas.

Enseguida llevé mis manos hasta la zona e hice un sonido un tanto peculiar, porque… Iba a quejarme, pero un hilillo de voz salió por mi boca y me enmudeció enseguida.

-¡Tom! ¡Vamos, ¿qué coño estás haciendo?, a jugar! ¡Era una jugada maestra, si hubieras cogido esta pelota lo habrías tenido a huevo para tirar! – la voz de uno de los de mi grupo, me hizo reaccionar del todo, y hacerme ver que, uno, lo que me había golpeado era la pelota de fútbol, y dos, que yo estaba jugando con ella a un partido.

-Mierda… – dije al cavo de dos segundos, habiendo recuperado la voz.

-Jajajajajajaja – una estruendosa risa que me hizo voltearme alarmado para buscarla, sonó detrás de mi espalda.

Ese carcajeo se metió dentro de mi cabeza y activó algo en un instante. Se me paralizó la mente e hizo voltearme al momento de oírla.

Era terriblemente familiar y por encima de todo, me gustaba mucho.

Y cuando vi a quién pertenecía, no me sorprendí en absoluto de que me agradara. Era… ¡Joder, ¿quién va a ser si no?! ¡Bill! ¡Era Bill! Que justo acababa de llegar y que me miraba de lejos.

Se estaba riendo de mí porque me había golpeado la pelota, qué novio tan simpático tengo. Menudo capullo está hecho.

Aunque bueno, no me importaba. En esos momentos me sentía totalmente incapaz de enfadarme con él ni lo más mínimo.

Es que… Joder, mierda. Estaba radiante bajo el increíble sol, con el brillo en su pelo aireado, y con los ojos achinados por la risa.

Sonreía tan ampliamente que, sinceramente, servía para un anuncio de dentífrico o de algún dentista.

Pero su alegría se esfumó de su rostro, cuando… Se dio cuenta de que le estaba mirando. De que en cuando había empezado a escuchar su carcajeo no había podido evitar voltearme a mirar, encontrándome con él. Yo, con cara de pocos amigos ya que alguien se mofaba de mí, y él con cara de estar viendo la mejor comedia jamás hecha.

Pero en cuanto me vio, abrió los ojos fuertemente y se tapó la boca con las manos al instante. Se quedó tieso y hasta parecía que hubiese ganado altura de lo encogido que estaba en sí mismo, alargándose hacia arriba.

Después intentó disimular, tocándose cómicamente el pelo y mirando hacia otro lado, supongo que a la línea dónde empezaban los árboles y la espesura del bosque.

Entonces, cuando notó que mi vista seguía posada en él, yo con una ceja alzada, mirándolo con gracia y superioridad casi, me miró de reojo y sonrió de lado, para finalmente, bajar el cabeza, derrotado.

Y yo… Me había quedado jodidamente embobado. ¿Qué como me di cuenta después de a saber cuánto tiempo sin pensar en algo que no fuese él? Pues porque el movimiento de manos que yo creí que era un saludo por parte de él, era una manera para llamar mi atención, cómo diciendo: “¿Hola, hay alguien? ¡Juega, hombre!”. Movía sus brazos en alto de un lado a otro entrecruzándolos todo el rato y me miraba con el ceño fruncido.

Pero la segunda señal ya fue definitiva:

-¡Tom, que te has quedado mirando al infinito, tío! Va, que te toca sacar. No se qué te pasa hoy macho… – el mismo chaval que antes me había llamado la atención ahora volvía a hacerlo.

Salí del trance y un poco aturdido cogí la pelota y la puse entre mis brazos. Después de medio segundo reaccioné.

-Ehh, chavalín, a mí no me vengas con esas, que soy yo el único que ha marcado los goles que tenemos. Así que a callar que yo ya estoy concentrado. – ts… ¿me venía a mí diciéndome lo que tenía que hacer? Vamos, ni que fuera mi padre.

Avancé, de espalda al equipo, al mismo tiempo que me ponía de cara a Bill, hasta la línea que marcaba el campo, para salirme de él y me paré una vez estuve fuera. Vi cómo este, se había ido de donde estaba y sin embargo se había puesto un poco más allá, supongo que procurando estar en un sitio dónde no le pudiera alcanzar la pelota. Se sentó en el césped y les hizo señas a mis dos mariconcetes personales que llegaban de dar un paseo, aburridos de verme jugar.

Estos se sentaron junto a Bill y los tres me miraron enseguida.

Me volteé, y les di la espalda. Alcé los brazos al aire, y puse los brazos en catapulta para poder lanzar la pelota, y cuando estuve seguro de a quién pasársela, se la pasé lo mejor que pude.

La pregunta es, ¿por qué coño me estaba tomando tantas molestias en sacar lo mejor posible?

Sencillo. Porque tenía que bordarlo. Tenía que jugar perfecto, como macho dominante amante del futbol que era. Vamos, segurísimo que sí.

¡No podía quedar delante de Bill en ridículo como lo había estado haciendo hasta ahora! Tenía que marcar amenos… cuatro goles, ¡pero ya!

Teníamos que ganar y demostrar a todos y sobre todo al moreno, que soy el mejor. ¡Tengo que lucirme, por dios!

El partido empezó a tomar otro color totalmente diferente. Quizás porque ahora ya sabía que debía estar concentrado a tope.

Lo cierto es que tenía un buen motivo para hacerlo.

Puse mis cinco sentidos completamente en la bola esférica y no dejé de seguirla con los ojos, sin quitarle nada de atención.

Mi equipo tenía la pelota, pero estaba en la otra mitad del campo, opuesta a la mía. Después de que yo la hubiese pasado, hubo complicaciones y un tío la cogió, llevándola lo más rápido que pudo hasta nuestra portería.

Y yo, como era un delantero tenía que estar pendiente de si alguien conseguía y traerla de nuevo aquí, y así hacer una de mis súper jugadas que salvaría el partido.

Y por suerte, ocurrió. Mike, un chaval del otro equipo, perdió la bola en un descuido y mis neuronas (pocas), se activaron al instante, haciendo que mis pies se movieran casi inconscientemente lo más rápido que pudiese, hasta llegar a ella y cogerla.

Lo hice y la conduje yo solo, sin nadie que me pudiera ayudar hasta un par de metros antes de la portería, donde marcaría tenía que marcar si o si.

De pronto, un tío se me puso delante. Lo vi… Realmente chungo, pero que muy chungo.

¡Ya he dicho que estaba solo y no sólo eso, sino que rodeado por tres tíos más! ¡Mierda, no tenía por dónde tirar la pelota, joder!

La reculaba para atrás con un juego de pies, intentando distraerlos y hacer que me abrieran un sitio para largarme y rematar un chute, pero me estaba siendo imposible.

-¡Ehh! – grité. Vamos, no me dejéis ahora vosotros mal.

En seguida aparecieron un par y me ayudaron a sacar la bola. Me maldije a mi mismo, porque ahora metería él el gol, y yo me quedaría comiéndome los mocos.

Pero sin embargo al irme un poco hacia la izquierda, hice el plano perfecto para el chute que me propino y yo…

¡PAM!

La metí de pleno en toda la portería. Se quedaron todos boquiabiertos. De hecho, era un tiro bastante difícil, y sin embargo, ahí había estado yo, ¡al pié del cañón para lanzarla y metérsela casi en toda la boca!

Pero casi sin darme tiempo a nada, otra vez se puso el juego en marcha. Ahora sólo nos separaban dos goles de la victoria y me sentía en racha.

Un tío se me acercaba a toda velocidad. Lancé la pelota al aire y salté por encima de éste, que se había tirado al suelo para tratar de detenerme. Recuperé el balón y avancé a toda leche.

Sentía la velocidad en mi cuerpo y mi mente incluso, y la cara de todos los jugadores estaba puesta en mí de nuevo.

Y otra vez, una oportunidad de oro, en un momento, en un instante.

Avancé sin pensar en el dolor de piernas que estaba empezando a sentir y… ¡TOMA! Menuda hostia le pegué a la pelota. ¡¡GOOOOOOL!! ¡El segundo! ¡Sí, toma ya!

No me pude evitar girar en su dirección y lo vi sonreír de felicidad. Arg, mierda, me hubiera gustado correr hasta allí y besarlo. Meterle la lengua hasta la campanilla pero…Había mucha gente, y no era plan, desde luego.

El partido continuó y perdimos el contacto visual, aunque las pequeñas corrientes eléctricas de entusiasmo y pasión reprimidas, seguían allí.

De pronto, algo me sobresaltó. Yo estaba bastante abandonado porque ahora la atención estaba en la otra mitad del campo, ya que nos la habían vuelto a robar la bola y se debatían en una lucha casi interminable. Es posible que nos volvieran a marcar, y estaban todos concertados.

Pero… Lo que me sobresaltó fue algo en el bolsillo del pantalón.

Tanteé, curioso, qué era eso que me había molestado y saqué el móvil como respuesta.

Tenía un nuevo mensaje.

Tom… Vamos al bosque.

La boca me llegó hasta el suelo. ¡Era Bill!

Miré en su dirección de nuevo, éste me hacía señas pequeñas para que Andy y Mario no se dieran cuenta.

Sonreí.

¡Joder, me encantaba! ¿Lo había dicho ya antes alguna vez?

Hice ver que me habían llamado y con señas anuncié que me tenía que ausentar. Bill vio que yo entraba en el bosque y este hizo lo mismo pero por otro camino. Finalmente, nos encontramos entre ramas y hojas y empezamos a devorarnos.

¡Me cago en la puta! ¡Tom, deja de soñar, por dios! Me habían vuelto a quitar la pelota, joder.

Pero a más. ¡Qué gilipollas soy! ¡Ni tan solo llevo el móvil encima! Y peor aún, que yo recuerde aún no nos hemos dado los móviles… Después se lo tendré que pedir.

.

Lo había conseguido, había marcado otro tanto.

Me mordí el labio de la alegría contenida (no podía mostrarme sorprendido claro, esto tenía que parecer una jugada de lo más normal común para mí…), y miré en su dirección. Me aplaudía sin llegar a rozarse las manos para que no sonara y me miraba radiante.

Oh mierda, me moría por ir ahí y estamparlo contra el césped y meterla la lengua con tanta fuerza que me suplicaría una tregua.

-Uuuf… Hace calor… – me dije a mi mismo, mientas me quitaba mis dos gorras y me acercaba a ellos tres. Era justo el momento para salir del partido mientras sacaban desde el centro. Una vez me las saqué, me pasé el brazo por la frente quitándome todo el sudor y después me recogí del todo las rastas, para que no me dieran tanto calor en el cuello como lo estaban haciendo.

Cuando me quedaban dos metros para llegar, me quité la camiseta como quien no quiere la cosa, e hice un nudo con mis tres prendas.

Vi la cara de empanados de los tres y me reí interiormente. Mario y Andy ya habían flipado muchas veces a principio de verano cuando me quietaba la camiseta y me metía en la piscina (aunque al final de este, ya se habían acostumbrado a mí), pero la cara de Bill… Oh dios, eso era un puto poema que me elevaba a las nubes.

-Guardarme esto, anda – y lo lancé cuando estaba a medio metro de ellos.

Bill fue el más rápido y lo cogió al instante, poniéndoselo todo entre las piernas, las cuales estaban sentadas de indio y las agarró fuerte con sus manos.

Pero mientras yo me quedaba mirando al moreno, casi sin poder apartar la vista, porque no podía dejar que me perdiera cómo recorría su mirada mi vientre desnudo, con una cara de querer comerse una tarta de pastel, Mario, se quitaba del agarre de su novio y se alzaba hasta poder tocarme los abdominales con las manos. Hizo una leve pasada que me hico cosquillas y me aparté enseguida.

Todos miramos al susodicho.

-¿Puede ser que cada año estés más bueno? – me dijo, tal cual.

-Ehh Ehh… Se mira pero no se toca. – dijimos Andy y yo al mismo tiempo. Era como una frase un tanto común. Todos los veranos me hacía la misma broma, y siempre le decíamos lo mismo.

Pero en cuanto Bill vio de pleno su mano tocándome, alzó una ceja sorprendidísimo y miró a Mario con descaro.

Después lo supo disimular y simplemente me miró.

-Sí claro, yo te lo guardo. – removió mis cosas, como señalando que ahí estaban, y finalmente sonrió de lado.

Cogí aire fuertemente sin poder romper su contacto visual; es mi novio, es mi novio, ahora es MIO, ahora me pertenece.

-Bueno, vuelvo… – No, no me quería ir. Quería tirarme encima de Bill AHORA.

Asintieron, y justo cuando me iba a voltear para largarme, le escuché.

-¡Eh! ¡Por cierto! Buenísima jugada – y sin que nadie se diera cuenta, me giñó el ojo y me mandó un beso.

Y ¡zas!, noté a la perfección cómo ese beso me atravesaba el pecho completamente, saliendo volando por mi espalda y perdiéndose por el cielo. Arg… Lo había notado, lo juro, como una especie de flecha de Cupido, que me aturdía. Incluso podía notar como de la herida de esta empezaban a salir corazoncitos. ¡Una puta descarga eléctrica que no tenía que ver (por primera vez), con una puta erección!

Me había… Emocionado, joder.

Saqué la lengua y me largué dando unos primeros pasos hacia atrás, sin dejar de mirarle y finalmente me di la vuelta y volví hacia el partido.

Me sentía jodidamente renovado, y eso que era había sido un gesto que me habían propinado miles de chicas anteriormente.

Pero, ¡toma! Viene Bill y te saca del mundo real con un movimiento de labios.

Oh… Sus labios. ¿No era que podía besarle cuando quisiera? ¡Pues era el jodido momento!

Mierda, había perdido la cuenta de las veces que había fantaseado con llevarme a Bill de ahí en todo lo que llevábamos de partido. Este hombre es demasiado “soñable”. Vale, no existe la palabra, lo sé, pero Bill crea sensaciones nuevas, y creedme la palabra “soñable” es una de ellas.

Sacudí la cabeza y de nuevo volví al partido. Había una jodida distracción en un lateral del campo pero no podía prestarle atención, no ahora que sólo me faltaba meter un último gol. Ahora tenía que estar cien por cien concentrado, sin excusas ni idas de olla.

.

El partido fue genial, realmente me había lucido como un puto campeón, y estaba tan satisfecho conmigo mismo que no podía desdibujar esa estúpida sonrisa de mi rostro. Como si lo necesitase, recordaba mentalmente todas y cada una de las jugadas que había realizado, todas y cada una de ellas con la mirada correspondiente a mi chico, que me miraba estupefacto y con la boca abierta.

Salí del campo y todos mis compañeros me chocaron las manos.

-Muy bien tío, nos has salvado.

-Menudo partido macho, eres un puto as.

-Joder Tom, pedazo remontada. ¡Me has dejado parado!

Sonreía como un niño pequeño que no quería que le dejaran de alagar por todo aunque sólo haya dicho una palabra graciosa.

Me acerqué a mis amigos y estos me aplaudieron tiernamente, sonriéndome de una manera muy graciosa. Entre ellos, evidentemente Bill, que me miraba hasta con ternura, y con orgullo.

-La has clavado campeón – me dijo Andy estrechándome la mano bien fuerte.

Pero yo no le miraba a él, simplemente no podía.

Estaba con mi vista fija en el moreno, que estaba cabizbajo pero que miraba hacia arriba con los ojos. Estaba sonrojado y tenía entre las manos mis cosas. Sus brazos estaban hacia abajo y muy juntos, como si fuese tímido y le costaba mirarme.

Yo me encargué de hacerle reaccionar, y en un descuido le pillé la ropa fuertemente, haciendo que se sobresaltara.

-Eh, gracias por guardármelo – y pegó un bote. No se lo esperaba porque de hecho no lo tenía yo mismo ni en mente, pero se deshizo el mundo de ternura cuando lo vi sobresaltarse y mirarme directamente con los ojos bien abiertos.

Después, intentó disimular y me levantó el dedo pulgar como diciendo: “Eh, de nada, pa’ lo que sea”, como si se tratara de un amigo más, normal y corriente.

Sostuvo mis cosas y empezamos a caminar. La clase, acababa de terminar así que ya tenía el resto de la tarde libre. Era realmente gratificante que me iba a despedir por un tiempo de tantos niños y adolescentes.

Mis mariconcetes se pusieron por delante de nosotros y como siempre, empezaron a cogerse de la mano y a hacerse mimitos, se arrimaban mucho y acababan dándose besos fugaces.

Arg, eran tan empalagosos. ¡Eran demasiado novios para mi gusto! ¡Si yo fuese maricón y tuviese novio no estarí…!

………

Ohhh…

Mierda.

Mi novio está a dos centímetros de mi mano, sin decir nada. Que sí, que sí, que tengo novio, que está conmigo, que yo…

Yo…

¿Debería hacer lo mismo que ellos? ¿Qué hace un novio en estos momentos? ¿Se tiran todo el día como ellos? Sinceramente, espero que no, porque no me acaba de gustar. Es como muy… Rosa. Demasiado empalagoso y asquerosamente tierno. Como un pastel sólo de chocolate.

Arg, no sé si me explico.

Bueno, pero eso ahora da igual, ¿Qué hago? ¿Le vuelvo a dar la mano? ¿No quedará muy repetitivo? ¿Y si se ha fijado en Mario y Andy y ahora piensa que sólo quiero copiarme? ¿Y si se muere de ganas de que le trate como a una puñetera princesita y está esperando a que haga de príncipe azul y le de la mano cordialmente?

Venga, que realmente, Bill tiene muchas pintas de princesita de cuento…

¡Pero yo tengo pinta de criado rebelde y fuerte! No puedo ser romántico y principesco. Vale, lo mismo me estoy comiendo el coco y ni tan solo él está pensando en ello.

Bueno, mejor saco tema.

-Hey… Ayer no hablamos en todo el día. – Anda que yo también, que optimista soy.

-Ya… – dijo entristecido. ¿Veis, lo que decía? ¡Optimista total! – Te eché de menos… De hecho, te busqué por todas partes, pero… No estabas. Y a la hora de la cena, que fue el único momento en el cual te encontré, vi que estabas tan ocupado con tus amigos, riéndote y pasándotelo bien, que… No quería molestar. Y encima después, hubo la pelea aquella de los dos críos y tuviste que hacerte cargo, y eso… Que, bueno, al final no hablamos nada.

-Lo sé. Y bueno… ¿qué hiciste? – me atreví a preguntar.

-Mmm… Pensar en ti. Ya te lo he dicho.

Ensanché una gran sonrisa.

-Vaya, ya somos dos… – le miré pasándome la lengua por el labio inferior, deteniéndome en mi piercing.

-¿Pensaste en mí? – me miró con los ojos brillantes, ilusionado y con las manos entrelazadas encima del pecho.

-Emm… Nop. Pensé en mí mismo. – y ensanché aún más si se podía mi engreída sonrisa.

Su expresión se derrumbó y me miró con desdén. Después se cruzó de brazos y se paró en medio del camino, dándome la espalda.

-Oh vamos, baby… No te pongas así… Era una broma.

-Tienes los humos muy subidos eh, chaval… Eres muy pero que muy creído.

Bufé fuertemente. Vale, es verdad, pero no lo hago por fastidiar. Sólo es diversión, este hombre se ha enfadado demasiado.

Miré al suelo y me rasqué la nuca. Va, haz ver que no ha pasado nada.

-Oh vamos… – y le fui a abrazar.

Pero en el último instante, me separé antes de que notase siquiera mi presencia.

Algo me preocupó. ¿No habría… alguien alrededor, no?

Estábamos detrás del campo de fútbol, en la zona de los árboles y definitivamente parecía que habíamos perdido a Mario y Andy, seguramente estos habrían continuado con su camino sin darse cuenta que nosotros nos habíamos quedado parados. Me giré hacia la derecha, donde apenas un par de árboles nos tapaban el campo de fútbol, que de lo poco que se podía ver parecía que no había nadie. Buena seña.

Le abracé por la espalda, entrelazando mis brazos con su cintura. Le ronroneé en la oreja y después le besé en el cuello seguidamente

-Sí, he pensado en ti – No me gustó mucho decir esa frase porque parecía que se había cargado todo el morbo.

Bill me intentó evitar juntado el hombro con la mejilla y así impedirme el paso a su lujurioso cuello, pero se le notaba de lejos que se estaba riendo y que se había puesto completamente rojo.

-Tom… -se quejó. Aunque bueno, más que queja…

-Uhh… Eso ha sonado muy a gemido. – y quise volverlo a oír. Quise volver a oírle decir mi nombre de esa manera tan jodidamente sensual. – Repítelo.

Le besé en la oreja y después le pasé la lengua a lo largo de esta. Sentí como se le erizaba la piel bajo mis manos y como instintivamente cambiaba la posición de la cabeza hasta el otro lado, de manera que me dejara todo su jodido cuello al descubierto.

-Hazme repetirlo… – me dijo, tan sensualmente que creo que había sentido un pinchazo en la polla del morbo que me había dado.

-Jah… – me reí – Como desees. – humedecí mi lengua y se la pasé por el largo del cuello lentamente hasta llegarle a la parte trasera de la oreja.

Noté cómo empezaba a coger más y más aire a cada respiración que daba. Estaba empezando a acalorarse gracias a mí y noté cómo me apretaba con las uñas en mis manos que lo tenían rodeado. Estiraba el cuello lo máximo para que no parara y cuando me detuve en una sola zona para chupar y chupar, lo hizo de nuevo…

-Dios… Tom… – gimió. Su voz sonó alto y claro, demasiado diría yo. Se me puso la piel de gallina nada más escucharlo y no pude evitar finalizar aquello con un leve mordisco en el cuello.

-Creo que he incrementado los chupetones que te dejé, baby – dije sonriente. Puse mis manos en su cadera y lo agarré fuerte. De un golpe de muñecas le di la vuelta para que se quedase mirando hacia mí.

Se sobrasaltó un poco, pero después unió nuestras frentes mientras me rodeaba el cuello con sus brazos. Me sonrió prácticamente en mi propia boca y me sorprendió dándome un beso de esquimal, rozando nuestras narices.

-No me importará nada en absoluto llevar el cuello aún más rojo su es por tu culpa.

Me quedé sin respiración al acabar de oírle y mi vista se fue directamente a sus labios, exactamente igual que sus ojos, que me miraron a mí. Me quedé petrificado un instante y sentí deseos de lanzarme y comérmelo, pero… Mierda, me había quedado parado, respirando esta vez yo, fuertemente.

Se me lanzó él a los labios en un instante, y en cuanto los juntó fuertemente con los míos, reaccioné.

Nos empezamos a besar febrilmente, como otras tantas veces. Pero… esta vez era diferente. Bueno, realmente no, porque es una tontería, pero… Digamos que era la primera vez que nos besábamos después de ser declarados novios (sin contar aquellos momentos, que nos quedamos bajo la lluvia)

Pero sí, es cierto, ayer apenas nos vimos, y ahora es la primera vez que tenemos contacto de algo… Ahora era un jodido beso de novios, un beso… ¿legal?

Puuff… ¿Pero qué coño importaba? Bill se estaba volviendo loco y eso era lo único que importaba ahora.

Lo rodeé más si cabía y lo alcé en el aire.

Ahora yo miraba hacia arriba y él hacia abajo mientras nos besábamos y le cogí del culo. Me rodeó la cintura con sus piernas y después se rió en mi boca.

Caminé con él en brazos y después lo llevé hasta el tronco de un árbol. Lo empotré contra él y abandoné mi tarea para volver a su cuello.

Creo que no se sentía muy cómodo en esa postura ya que en un principio no hizo mucho por su parte, pero al cavo de poco volvió de nuevo a gemir, y a sentir mi lengua en su piel.

Tiré al suelo la camiseta que llevaba en la mano todo el rato, y le agarré bien fuerte el culo.

¡ARG! ¡Pero qué culo!

-Dios Tom, noto todos tus músculos en mi barriga.

Me reí en su oreja. Era una sonrisilla traviesa, de lado, socarrona. Su tono de voz había sido como si estuviera impresionado, y eso me llenó de gozo y de… De todo.

Me separé un poco y me miré el torso a mi mismo.

-¿Y te gusta? – aunque ya me sabía la respuesta claro. “Me encanta Tom, por favor, fóllame”. Ou yeah nena, los dos sabemos que yo estoy buenísimo.

-Emm… Eso creo. – dijo no muy seguro de ni tan sólo su propia voz, que había sonado algo así como temblorosa e indecisa.

Pero lo peor fue el chasco que me había pegado.

¿Qué? A ver, vamos a ver, ¿Qué clase de contestación es esta, tío? Si no lo sabes, no abras la boca, puedes herir los sentimientos de gente como yo.

Vale, fuera coñas.

-¿Crees? – dije alzando una ceja y mirándole fijamente.

Este me evitó y me miró el pecho. Me quitó uno de sus dos brazos con los que me tenía rodeado y con los dedos me delineó algo. No sabía muy bien el qué, ni tan solo si tenía algún sentido aquellos garabatos, pero lo hacía casi sin rozarme, como con miedo.

-Bueno es que… No sé, nunca me había sentido así con el cuerpo de un tío. Sintiendo que me impresiona tanto de vista y que me llega a sentir como… Joder, ya sabes qué quiero decir. Pero, entiéndeme… – el tono de voz que puso ahora era como una especie de rogación.

Decanté la cabeza como si esa fuese mi posición de pensar y le di un par de vueltas a lo que acababa de decir. Instintivamente le miré la camiseta.

Bueno, supongo que ese era el factor x del tema. El cuerpo que escondía esa camiseta, y esos pantalones. ¿Realmente me gustaba a mí? ¿El pecho plano y caderas cuadradas?

-Ahora que lo dices… te entiendo. – le miré con ojo crítico.

-Oye, a ver, que no estaré tan cuadrado como tú, pero que no estoy mal tampoco, ehh… – y me tapó el campo de visión cubriéndose con sus brazos.

No me reí aunque el comportamiento de Bill fuese teatro puro y requiriera un momento de humor.

Me quedé mirándolo, de lado, observando sus facetas. Cada línea que formaba su cara, la nariz, los ojos, la boca… Su precioso pelo, negro carbón y su piel de porcelana.

Lo dejé de nuevo en el suelo, y lo fui apoyando poco a poco hasta que tocó él solo en el suelo y se aguantaba de pié. Me miró extrañado y deshizo su propio abrazo.

-¿Tom…? – le besé y dirigí mis manos enseguida a la parte baja de su espalda. Hice inciso de meter mis manos por debajo del pantalón, dónde Bill casi pega un bote del susto. Pero en vez de ello le agarré los extremos de la camiseta y tiré de ella hacia arriba.

Vale, esta es la primera vez que le quieto una camiseta a un tío mientras me lio con él, pero… No problem. Tú, no pienses en que te estás comportando como un puto maricón, y ya está.

El moreno, me miraba con los ojos como platos y una vez su camiseta quedó junto con la mía, estirada en el suelo, nos separamos. Y nos miramos el uno al otro, como si fuésemos extraños y nos inspeccionásemos.

Mi chico estaba realmente pálido y sin color. Pero los tatuajes le daban un aire sensual que conseguía arreglarlo. Estaba delgado aunque se le notaban unos brazos fuertes y trabajados. El piercing del pezón me estaba llamando a gritos.

-¿Tom, qué…?

-Tócame y yo te tocaré a ti. – le miré firmemente y este cogió aire sonoramente. Después lo soltó de una.

Y esta vez, sin que ninguno nos dijéramos nada, nos empezamos a volver a besar, con lentitud y sin profundizar. De hecho, todo lo contrario, simplemente entreabríamos los labios y nos tocábamos con ellos mientras, que con más lentitud aún, nuestras manos se paseaban temerosas a lo largo de nuestro torso.

Debo decir, que Bill estaba mucho más temeroso que no yo. Yo de hecho, estaba tratando todo el asunto como si fuese un juego y simplemente me dediqué a tocarle como a mí me gustaría que me lo hicieran.

Empecé desde abajo, acariciándole la cintura con lentitud, poniéndole nervioso, al querer más y más. Después le subí poco a poco por los laterales, haciéndole cosquillas. Notando como se le metía la barriga para dentro depende de dónde tocaba.

Dios, qué morbo me dio aquello.

Intenté buscarle de nuevo ese punto tan sensible que le había encontrado y lo hallé. Volví a pasar mis manos por uno de los laterales y volvió a esconder la barriga de nuevo, sin quererlo. Lo hice un par de veces hasta que Bill empezó a romper el beso y a quejarse.

-Mierda… Tom, que tengo cosquillas. -decía entre pequeñas risillas.

-Me encantan tus cosquillas… – le confesé, lo más sensual posible. Volví a tocarle en el punto clave y este hizo un gesto con el cuello en el que lo retorció todo y me dejó vía libre de nuevo a ese camino de manchas rojas. Puse mi nariz en su cuello antes de que lo volviera a colocar dónde estaba y le impedí que se moviera de ahí. Le lamí toda la longitud y este suspiró fuertemente.

Seguí moviendo mis manos hacia arriba hasta que llegaron arriba del todo.

He de admitir que clarísimamente, ahí faltaban dos buenas tetas que tocar y manotear a mi antojo. De hecho, no podía evitar sentir que ahí faltaba algo vital y se me cortaba el rollo por completo que no estuvieran. Sólo deseé que Bill no se hubiera dado cuenta que el parón que acababa de sufrir, era por ello.

-No te pares ahora… – este, hacía rato que se había dejado de tocarme a mí y había dejado que yo tomara el control del asunto. Y de tal manera, que hasta me recriminaba que me parara.

-Tsk… – me reí en su cuello y después le mordí.

-Gñr… – gruñó.

Y a mí me hizo sentir casi un orgasmo con ese gruñido. Joder, qué… Voz. Pero como mínimo, esta vez me correspondió. Nos juntó en un instante y puso sus manos en mi trasero.

Y ¡zas! Nos separamos los dos.

Nos miramos a los ojos, abiertos como platos, y después nos miramos el pantalón. Nos habíamos empalmado los dos, como dos putos campeones. En cuando nos habíamos juntado los dos, nuestras erecciones se habían rozado y… Bueno, ¡qué digo rozado! ¡Se habían… aplastado mutuamente! Y ambos nos hemos separado en un instante.

-Emm… Parece que te está gustando. –dije, intentando que la tensión que se acababa de formar, no aumentara por un silencio incómodo.

-Bueno… No soy al único al que le gusta. – me señaló con el dedo a mi paquete y yo me lo tapé con mis manos al instante, sin ningún tipo de pudor. Este puso los ojos en blanco y miró hacia otro sitio

-Eh, Soy un tío, ¿qué quieres? Hago cosas de tío. – recriminé.

-¿Y? Yo también soy un tío y no me toco el paquete en público… – dijo con vocecilla de diva.

-Tsk, pues deberías. Es bastante gratificante, baby. – la aconsejé.

Este negó con la cabeza y después miró hacia otro sitio. Dejé mis manos a cada lado del cuerpo y finalmente me las puse en la nuca. Apoyé toda mi cabeza en ellas, y me sirvieron de cojín, digamos.

Estuvimos un momento de silencio.

Pero a ver, ¿y esto ya les pasa a los novios oficiales? ¿Se tiran tres mil años para pasar de un beso a quitase las camisetas? No me gusta mucho la idea… Pero, ¿Qué podía hacer? Si ni tan solo yo mismo me atrevía a hacer nada más.

Pero, mierda. Ahora que podía tocarlo y besarlo cuando quisiera, no podía dejar que se fuera así como así. No por no poder follar iba a dejarle, ¿verdad?

Bueno, es hora de volver al mundo real.

-Oye… Tengo toda la tarde libre. ¿Quieres que hagamos algo? – le dije, sin ningún tipo de segundos sentidos, ni nada por el estilo. Simplemente, por pasar el tiempo con él.

-¿Cómo en una cita…? – se rió de lado, como pensando “¿Estás hablando en serio?”.

-Hombre, una cita… No sé. Simplemente, hacer algo.

-Bueno, vale. ¿Qué quieres hacer?

-Lo que tú quieras. – yo ya me sabía este campamento de memoria, y desde luego yo ya lo había hecho todo. No le sacaría ilusión a nada, así que prefería que él decidiera qué hacer, y yo dar el voto final a su idea.

-Pues… No sé.

-Joder Bill, nunca sabes nada. ¿Nunca has pensado en hacer algo por iniciativa propia?

-Em… ¡Pues yo que sé! Bueno si… Alguna vez que te he besado, ha sido por iniciativa propia.

Tss… Puse los ojos en blanco.

-Creo que eso ya me lo había supuesto yo solo. No, va, ahora en serio. Dime algo que te apetezca hacer. Algo que se pueda hacer en un campamento, claro. Dime lo primero que se te venga a la cabeza.

Lo miré y este hizo un gesto extraño con la cabeza. Como un pequeño tic de tirar la cabeza hacia atrás como si le hubieran dado un golpe, como si estuviera sorprendido. Después miró al infinito y se puso a pensar.

-He dicho lo primero que se te pase por la cabeza. No le des tanto al coco, tío…

Se rió de lado, y después habló, con la mirada iluminada.

-Vaya, estaba pensando… En esas películas en las que hay un bosque, hay un lago, hay una cascada… ¿Aquí hay cascada? – me miró con el cejo fruncido un segundo. Como si el hecho de que un hubiera, le estuviera jodiendo la sorpresa.

-Emm… Sí. Pero… ¿Qué tienes metido en la cabeza ahora? – le miré distante, con miedo. Porque, hablar de películas y de acantilados con lago al final de este, con cascadas y con distancias altas, solo me podía llevar a…

-¿Saltamos desde arriba del todo?

Mierda.

Cerré los ojos fuertemente, y después con el pulgar y el índice, me los froté fuertemente.

-Vamos a ver campeón… ¿Tú te quieres matar? – lo dije un tanto cómico para que no me salieran las palabras bordes que estaba a punto de soltar, y este se rió.

-¡Oh vamos, Tom! ¡Me has dicho lo que yo quiera!

-O sea que sí, que te quieres matar… Pues te vas a ir a matar tú solo, porque yo paso. ¿Pero, qué digo? No, ni tú solo. Ni hablar, ni flipando, amigo. – un par de recuerdos se me vinieron a la mente.

-Tsk, no creo que nos pueda pasar nada malo, tío… Es solo, saltar hacia el agua… ¡Como en las películas!

-Ya, pero en las películas siempre hay dobles, que llevan toda la vida entrenándose para que nada les pase, y hay ambulancias a dos milímetros, tomas a ordenador que no son reales, gente pendiente de cada cosa… Y un larguísimo etcétera, que aquí no tenemos. ¿Qué pasa si calculas mal y te das una hostia con una piedra? ¡Podrías matarte o… O quedarte discapacitado para el resto de tu vida!

Bill puso cara de aburrirse, y puso los ojos en blanco. Parecía que no escuchaba lo que decía, ya que como nena mimada que era, siempre conseguía lo que quería y ahora yo se lo negaba.

-Vamos Tom… ¿Dónde está tu sentido de la aventura?

-En Matt – me puse tenso. Hacía meses que no sacaba su tema. Pero de nuevo un espasmo me recorrió la espina dorsal.

-¿Matt? – alzó una ceja, desconcertado.

-Era el otro hetero del grupo. O sea, yo y él éramos los hetero, y Andy y Mario los maricones. Me dio el mismo discurso que tú hace dos años, y yo le dije lo mismo que a ti a ahora, pero insistió tanto que al final fuimos a saltar.

Bill me miró con el ceño fruncido y finalmente preguntó:

-¿Era…? – en su voz se podía notar el miedo.

-Se dio un golpe muy fuerte contra una de las piedras del lateral, que estaba muy salida y casi se ahoga al caer inerte al agua. Lo saqué con la fuerza que no tenía y llamé a mi padre. Se quedó en coma medio año, y ahora tiene un 40% de deficiencia.

Bill cambió el semblante en un momento.

-¿Y a ti no te pasó nada?

-Me quedé bastante traumado. -Se calló. Vale, en realidad todo esto era una puta trola. Matt sí existía pero jamás ha sido “el otro hetero”, es simplemente un colega más, pero así ya le estaba metiendo en la vena sensible. Tampoco se quedó discapacitado ni mucho menos, y lo de estar en coma… No sé ni cómo se lo ha creído. Pero si es cierto que intentando saltar desde lo más alto de la cascada Matt casi se parte la cabeza.

Lo que pasó es que Matt quiso saltar de la cascada más grande, y casi pasa una desgracia. Primero le llevé a las cascadas pequeñas a las que llevamos a los críos, pero pareció que hasta se reía de la sola idea de saltar por sitios tan bajos.

Y le he mentido porque… No soportaría llevar a Bill a las cascadas pequeñas y que éste piense igual que Matt, haciendo que lo lleve a la zona peligrosa. No soportaría que le pasara algo malo ni parecido. Así que supe que si le mentía, seguramente se le quedaría clavado en la mente.

Igual podía planear algo para que las cascadas de los niños pequeños no parecieran saltos de guardería… La verdad es que no estaría mal llevarlo a saltar. Igualmente, se me vino a la mente otro plan.

-Oye… ¿Y si nos vamos a mi cabaña a tocar la guitarra o algo…? – intente sonreír para que se le quietara la cara de horror que tenía en el rostro. Vale, creo que me he pasado.

-Dios, Tom, lo siento – y me abrazó fuerte. Bueeeenooo… Ahora se pone melodramático. ¿Y ahora como le digo que es mentira? Mierda, ¿y si ahora no quiere saltar cuando lo lleve? En fin. Tom, piensa en el presente, que es lo único que tienes.

-Contéstame, ¿te vienes a tocar la guitarra?

Me miró serio, y después clavó los ojos en mí.

-Bueno, sólo si me haces un concierto acústico, en privado. Sólo y únicamente para mí. Dedícamelo, dime algunas palabras entre cada canción.

-Joder, menos mal que no eras de esos tíos cursis…

Puso los ojos en blanco.

-Ya bueno… es que, me he puesto un poco ñoño con lo de tu amigo… – Jodeeer. Bueno, si se ha puesto ñoño, no es mala señal del todo, ¿cierto?

-¿Preparado para el mejor concierto de tu vida?

Continúa…

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