21: Reparto de papeles

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 21: Reparto de papeles

Miércoles 22 / 07 / 2009

Bill

Me desvelé como mil veces casi sin motivos. Era realmente desesperante abrir los ojos una y otra vez y ya me estaba poniendo de los nervios. Prácticamente sin quererlo, Tom y yo nos íbamos juntando poco a poco a lo largo de la noche. Tanto él como yo nos acurrucábamos hacia el centro de la cama hasta que nuestras espaldas se tocaron finalmente. No lo habíamos querido evitar, y ahora dormíamos espalda con espalda, totalmente pegados.

Mi rubio se removió en la cama y acabó poniéndose de cara a mí, igual de pegados, ahora pecho con espalda. No sabría decir si estaba dormido o no, pero me daba igual. Todo me dio igual después de que Tom me rodeara con los brazos y me besar en el pelo, lento y delicada mente. ¿Seguro que no estaba despierto? Lo cierto es que respiraba fuerte, como si estuviera roncando casi, pero… Lo que me dijo a continuación, me dejo de piedra.

-Bill … – y de nuevo, una larga y sonora respiración.

Me sorprendí tanto de que hablara que tuve que cerciorarme por mí mismo. Con cuidado de no “despertarle”, o mejor dicho, no perturbarle demasiado, me puse esta vez de cara a cara a él, y… Efectivamente, estaba en el quinto cielo.

Tenía la boca semiabierta, e imaginé que la almohada habría quedado llena de saliva por el otro lado, y que ha esta le quedaba poco para terminar igual. Respiraba fuerte y simplemente ronroneaba cuando se movía, como si se tratara de un gato meloso cuando lo están acariciando, o algo por el estilo.

¿Estaría hablando en sueños?

Tsk… Qué más daba. Me abrazaba como si no hubiera pasado nada esta noche, como si no nos hubiéramos enfadado jamás y nunca hubiese habido un malentendido.

Yo me dejaba abrazar muy a mi pesar, ya que su contacto podía conmigo, pero realmente yo estaba muy molesto. Tom, anoche, sólo pensaba en follar y follar, y yo… Joder, lo siento, pero no estoy preparado para meter mi polla en agujeros que no conozco.

Hostia puta, la vagina de una mujer está preparada para cosas de estas, pero el recto de un hombre… Pues no. Y yo no entiendo como iba tan decidido anoche, a mí me daría grima ser el pasivo. Lo siento mucho, pero vamos… Si ya me cuesta concienciarme, con tener que penetrarle por el culo, imagínate si fuese yo el propietario de ese culo.

¡Me da algo…!

Aunque claro, mil veces mejor ser el activo. Te deben de hacen trizas el ano la primera vez si eres pasivo, y desde luego, no hay cosa peor que el dolor.

Ya sé que parezco una chica, pero doy gracias a dios por no serlo. He estado con algunas chicas vírgenes, y los gritos de la primera vez, hacían que me dolieran hasta a mí.

Pero bueno, allá Tom. Si él se ve con fuerzas y con ganas como para casi obligarme a hacerlo, de verdad que le admiro…

En fin, creo que lo que más me impactó de ayer, fue que todo fuera así de frío… ¿No se supone que la primera vez que lo haces con la persona que quieres, es con romanticismo? ¿Con delicadeza, con sutileza y… con inseguridades? ¡Tom iba a saco, a por el pastel! Y yo… Yo me cagué. Estaba claro. Y desde luego no estaba cómodo ni precisamente tampoco en un ambiente romántico.

Había lujuria y entrega, eso sí, pero no había… No se cómo explicarlo, no tiene palabras, es algo… Indescriptible. Como esa atmósfera rosa que le ponen a las películas románticas en las partes que más tarde censurarían, o la música de fondo que ponen en éstas mismas cuando los enamorados cruzan miradas y acaban besándose en un precioso y enorme parque, con un lago y con patos, en el atardecer.

Y sin embargo, todo fue tan a lo… No sé, pim pam vamos al lío. ¡Cuando sin mi aprobación no hay sexo ni mierdas!

-Bill… Te deseo tanto… – esas palabras me sobresaltaron. Tanto que hasta me medio separé de su cuerpo, en una especie de espasmo. Tom, también se sobresaltó un poco pero no se llegó a despertar, si no que puso el entrecejo fruncido y arrugó la nariz un instante.

Oh, vamos, no me jodas, éste está más despierto que yo mismo, pero lo que pasa es que se está haciendo el dormido.

No me jodas, está intentando coaccionarme haciendo ver que está hablando en sueños o algo así, ¿no? Tsk, ¡Puto Tom! En serio, este hombre sólo piensa con la polla… ¡Es que hasta incluso “dormido” piensa en echar un polvo!

Pero joder, la verdad es que este es un tema que tendría que haberme planteado hace tiempo. A ver, ¿Qué hacen los novios? Pues follar Bill, follar. ¡Tú mismo te trajiste los paquetes de condones para follar con Dawn, porque es lo que hacen los novios!

Y… De hecho, aunque la fisonomía de la persona con la que he de mantener relaciones sea diferente a la de una chica… He de decir, que… ¡Me da igual! De hecho, hasta me pone. Lo juro, el otro día, pasando por delante de un grupo de chicos que había en el lago, se me subió el estómago a la garganta. ¡No os imagináis el pedazo de moreno que vi!

Estaba cachas, sin pasarse, pero musculitos, morenazo de piel que no parecía ni alemán, con el cabello castaño claro, y con un mentón… En fin, que estaba muy bueno. Y tenía cada tattoo… Creo que es del grupo de gente que ha venido a los idiomas…

Bueno, qué más da… Se me puso una cara de embobado que asta Ashley notó. Me preguntó un par de veces que me pasaba, pero no le dije nada. ¡Me empalmé!

En fin… Volvamos a por Tom. En frente mío, abrazándome fuertemente, como si me fuera a soltar y él tratase de impedirlo, susurrándome cosas como que se muere por echar un polvo…

¡Que poco romántico!

Se juntó un poco, y se puso a un nivel más bajo, dejando su cabeza a la altura de mi clavícula. Se apoyó ahí, y volvió a seguir durmiendo. Su respiración me hacía cosquillas en el cuello y me estaban entrando unas ganas locas de besarle, y sinceramente, no me pareció una idea tan mala.

A ver, analicemos la situación, él, se está moviendo como si le estuvieran zarandeando y ni se inmuta, ¿se “despertaría” se me vuelvo a poner a su nivel y le beso? Nah…

Me recoloqué frente a sus labios, y después de mirar el gesto de reproche que se creó entre sus cejas cuando notó un movimiento que no era suyo, le besé.

Una simple y prolongada unión de labios, de la cual sentí que no querría escapar nunca. Me encantaba estar así con él. Sentir que nos uníamos a través de un beso, era algo tan… Íntimo y pasional… Y… Y…

Es tan de maricón. Joder.

-Hummm… – sentí enfrente mío. Oh, vamos, no me jodas que se ha levantado. Le miré a los ojos, y nos separé medio centímetro si cabe. Le vi tantear con los parpados la posibilidad de abrir sus ojos, y finalmente se decidieron y me miraron fijamente, primero con la mirada perdida ya que no estaba aún acostumbrado, y después con extrañeza. -¿Bill…? – preguntó.

Me sentí extraño en cuanto sus ojos se posaron en mí, supongo que fue por la cara de susto que puso en un primer momento, y la separación instantánea que hizo de nuestros cuerpos, una vez se cercioró de lo próximos que estábamos. ¿Por qué… Se ha asustado? ¿No se supone que estaba despierto? ¡Lo mismo, es mejor actor que yo mismo!

-Hola Tom…

-¿Que qué? – este aún se estaba situando en el mundo real, con la voz increíblemente ronca. Parecía que le pesaran todos sus actos, y es que se rascaba los ojos muy lentamente. Después de bostezar, me miró fijamente – Hola Bill… – le note suspirar fuertemente.

Supongo que le pasaría igual que a mí a hora, me estaría mirando a los ojos, mientras que por la mente sólo le pasaban las palabras que ayer por la noche me dedicó… ¿Se sentiría culpable? A modo de respuesta noté sus dedos, acariciarme la mejilla.

-Humm…

-Sabía que me despertaría contigo en brazos, supe desde el primer momento en que nos enfadamos y nos pusimos cada uno a una parte de la cama, que en cuanto abriera mis ojos, estarías aquí… Y parece que no me he equivocado… – me besó en la mejilla con suma delicadeza y después apartó los brazos de mi alrededor.

Enseguida noté, cómo el frío me ponía la carne de gallina. Dejó de rodearme pero igualmente su cuerpo estaba pegado al mío, intentando no romper el contacto.

Esperé paciente a que me dijera algo, lo que fuera, una mínima mención… Pero sólo se dedicaba a observarme con detenimiento, a veces entrecerrando los ojos, aún medio dormido. Apuesto a que sabe que espero algo… ¡Pero quieres decir alguna cosa, capullo! Arg.. ¡Tendré que hacerlo todo yo!

-¿Piensas disculparte? – solté, seco. A ver, que piense lo que quiera, pero la culpa es suya. Tom suspiró de nuevo, ruidosamente.

-Sabes que no soy muy dado a las disculpas, Bill… Soy demasiado orgulloso para admitir que la cagué… – Al acabar esa frase me guiñó un ojo, con lentitud y cansancio, pero lo hizo, cómplice y consciente de que me acababa de pedir perdón. A su manera, pero… Oh dios, lo habría perdonado igual, total, soy un asqueroso enamorado adolescente. ¿Qué espero de mi mismo?

Le sonreí ampliamente, y vi como poco a poco iba cerrando los ojos, muerto de sueño. No era para menos, eran las tantas de la madrugada, seguro, y aún quedarían un par de horas para dormir, pero, antes de que se volviera a meter en un sueño profundo, le besé en los labios, y este simplemente esbozó una ligera sonrisa, para acabar de nuevo dormido y entre los brazos de Morfeo.

-Ais… – suspiré levemente, sin hacer demasiado ruido Me quedé boca arriba, mirando al techo, de madera inmaculadamente tallada. ¿Qué pasaría ahora? ¿Me perdonaría todas las veces que me negara a acostarme con él? ¿Se cansaría de que me negara siempre? O como mínimo hasta que se acabe el campamento… Apenas queda una semana y medía si llega, y… Y no sé yo si en una semana seré capaz de acostumbrarme a esta nueva manera de… De amar.

Bueno, qué tontería. Una semana en realidad es mucho tiempo. Me acostumbraré, ¿no? Tarde o temprano, pero lo haré. Y, bueno, como mínimo me queda el consuelo, de que más o menos dejó caer que después del campamento, estaríamos en contacto, fuera como fuera, así que…Nos veríamos igualmente, ¿no? ¿No perderíamos el contacto con el tiempo? ¡No, imposible! Me muero de imaginar, que… Algún día, espere esa llamada suya por las noches, y no me llame, o.. que le llame yo y no me lo coja. O quién sabe, que me diga que se ha cansado de no verme en tanto tiempo, y que se va con otra, y que me deje o… Que me eche en cara, que no me entregué a él como él quería mientras estuvimos juntos las 24 horas en el campamento, y no sé… ¡Que se le vaya la olla y me deje! ¡Eso me está quemando por dentro!

Realmente, no puedo planificar mi futuro, porque aunque tenga unas ideas claras, estas pueden ir cambiado tan repentinamente que no puedo asegurarme nada de nada. Y, si somos creativos e imaginativos, sabemos que el hecho de dejar el futuro al azar, es lo mejor, porque vivir de lo que te toca, siempre es un reto, si siempre haces lo que quieres realmente, no estás disfrutando plenamente de tus posibilidades.

Es como el que siempre coge el mismo camino para volver a su casa, ¿qué aburrido, no? Después uno se cansa de coger el bus o el metro o lo que sea. ¡Podrías tentarle a la suerte y meterte en algún sitio que vaya en la dirección opuesta! Y ver como vuelves después… Es, emocionante, y satisfactorio una vez te plantas en tu sofá y recuerdas lo que has vivido, de una manera diferente a la que estás acostumbrado. Mierda, ahora no sé porque estoy pensando esto.

¡¿Qué más da como vuelva yo a mi casa?!

El caso es que, quiero solucionar este problema… Y no sé cómo.

Oh… Bueno, espera.

¿Si relaciono el tema de mi casa con el tema de Tom, saco algo en común? ¿Ir en contra dirección de lo que hago siempre? ¿Es esa una solución? Quizás sí.

A ver, analicémoslo Bill, tú sabes, que no estás muy seguro de mantener relaciones con él, porque es algo nuevo, en lo que prácticamente no quieres ni pensar, que no es a lo que estás acostumbrado y bueno… Necesitas pensártelo bien antes de actuar, ¿no? ¿Ese sería el camino que cogería siempre para solucionar un problema? ¿Para volver a mi casa, a mi sitio a salvo?

Sí claro, sería lo más sensato, quizás en este caso no sirve el adjetivo de rápido, pero sí el de más seguro, y el que te puede salvar de un par de puñaladas en el corazón si es que algo sale mal al actuar precipitadamente pero… Sólo por curiosidad…

¿En este caso, como sería coger un camino en contra dirección? ¿Qué metro me llevaría en dirección opuesta?

Intentarlo.

Por supuesto.

Esa sería la manera de intentar arreglarlo, seguro. ¡Pero es que… Mierda, no lo sé! ¡No puedo saltarle al culo, así como así! No me puede salir de dentro tan espontáneo… Y encima, no sé si hacerlo y ni siquiera sé cómo. ¿Y si me corto en el último momento? ¿Y si después de ver el panorama me tiro atrás? ¡No estoy preparado para ver a Tom, de cuatro patas (o abierto de piernas directamente) y meterle el nabo por el recto! Es que, no sé, no puedo…

Bueno, realmente, todo esto es culpa de la iglesia y de la sociedad, que lo ponen todo muy mal visto. ¡Pero si lo hacían en la Grecia, en la mitología, en… En todas partes! ¿Por qué no puedo yo hacerlo? ¿Porque es un orificio algo delicado, biológicamente hablando?

Oh por dios Bill, ¡decídete! ¡Porque si alguien estuviera escuchándote se estaría estirando de los pelos! ¿Qué hago? ¿Opto por lo correcto y «sano»? ¿O me la juego, intentándolo? ¿Qué es lo más espontáneo? ¡Lo más artístico y creativo! ¡Lo que es inesperado y emocionante! ¡Lo que te sorprende mientras lo haces porque no sabes lo que va a pasar!

Lo segundo.

Intentarlo, de una vez por todas. Aunque sólo haya pasado media noche desde que nos enfadamos. ¡Da igual! ¿Qué más da? Tom estará feliz, y yo supongo que también. Así que… No sé, puedo pensarme un poco la táctica. Cuando quede una media hora para que se tenga que levantar (ahora le miraré la alarma en el móvil) me puedo poner encima suyo y empezarlo a besar… Y puedo bajarle por el cuello y… Oye, ¿es necesario que sea hoy? Es decir, puede ser mañana mismo… O al otro perfectamente.

No no, a ver Bill, céntrate.

¡Cuánto antes mejor! Si total, ¡seguro que te acabará gustando! ¿no ves que al fin y al cavo es lo mismo? No me imagino a Dawn sodomita, pero no importa, ahora hablamos de Tom, y es la única manera de sentirle en mí, así que… Bill, hazlo, porque Tom quiere, y tú quieres a Tom así que es la manera de demostrárselo.

¡Pues eso! Vamos a seguir planificando un poco cómo va a ir la cosa. Vale que ha de ser espontáneo, pero va a ser dentro de un par de horas, así que como mínimo dejadme hacerme un esquema mental.

Lo importante es estar seguro de lo que haces, de cómo actúas. Sí, sobre todo no mostrarte del todo cohibido porque entonces, te empiezas a poner nervioso y él lo notará. Si me pongo nervioso, que sea simplemente mientras pienso, pero que Tom no se dé cuenta.

Lo mismo él se pone nervioso conmigo, o quién sabe, quizás es tan experto en este campo que aunque sea su primera vez con un chico, se muestra totalmente activo y me ayuda… Podría ser una bonita primera vez. Aunque yo no haya nacido para el romanticismo, y él tampoco, he de admitir que me hace ilusión pensar en esto. ¡Y se me llena la cabeza de pájaros revoloteando, sólo de imaginármelo! Oh dios mío, ¡puede ser precioso en verdad! ¿y si conozco por fin, esa sensación que tanto explica la gente, de hacer el amor? Ya no hablo de follar, ni de sentir placer, si no de… Sentir algo, lo que sea, mientras estas con esa persona que quieres… ¿Existirá de verdad? ¿sería eso posible? Ojalá.

Pasó un rato, algo así como una hora, y yo me había dejado claro, que me levantaría la camiseta lentamente, dejando primero entrever el tatuaje de la estrella y después me levantaría sensualmente la camiseta. Pero más allá de esto no tenía nada seguro.

Él solo va en bóxers, ¿eso quiere decir que me tengo que quitar yo primero mis pantalones? ¿O parece que sólo me desnudo yo? Porque claro, primero la camiseta, después el pantalón, ¿y él que? Él nada, a observar. Y tampoco es eso.

Total, que al final me había rendido, y que ya surgiría lo que pasara cuando tuviese que pasar. ¿Cómo? Qué más da. Como sea. Ay Tom, si supieras lo que me está pasando por la cabeza ahora mismo. Pronto, pronto lo verás… Ambos lo veremos.

¡Oh por dios, que no llegue ese momento!

Tom

Sentí que me volvía a despertar al instante. Un cuerpo se posó encima de mí, desvelándome totalmente y me besó dulcemente. ¿Pero qué…?

Abrí los ojos con lentitud, muerto de sueño, y me lo encontré, frente a mí, sentado sobre mis caderas y estirado para poder besarme. Su sedoso pelo me hacía cosquillas en las mejillas y en el cuello y me entraron unas ganas increíbles de acariciárselo.

Oh dios, me estaban entrando muchos calores, Bill me besaba con ansias que aumentaban por momentos y casi podría decir que se estaba restregando sobre mi polla, con un vaivén que me estaba dejando muerto. No a ver, ¡stop! ¡Stop, que me pongo cachondo y después me pasa lo de anoche! Separé nuestros rostros con suma delicadeza, aprovechando y tocándole el pelo, poniéndoselo detrás de la oreja, y este me miró confuso.

-¿Qué haces…? – le pregunté. Volvió a salirme esa voz ronca de por la mañana, de lo primero que dices que suena a ogro.

-Despertarte… – me sonrió, mirándome a los labios, con lujuria. Me quedé un poco parado y después me relamí los labios. Jo-der… Qué tío tan porno. ¡Y después me pide que no me lo folle!

Suspiré y finalmente, hice que levantara su trasero de mi entrepierna y se pusiera a cuatro patas. Le agarré del culo, y después de ver como se relamía y se mordía sus labios con mi tacto, estremeciéndose ligeramente, le hablé.

-Ojalá me despiertes así cada día… – sonrió en cuanto dije aquello y no dudó en medio levantarme y ponerme la espalda contra la pared de la cama. Volvió a sentarse encima de mí aun con mis manos en su trasero y me puse rojo en cuanto noté en mis propias manos, cómo se empezaba a acentuar mi erección. Y aun me puse peor cuando noté en mi estómago la suya. Ambos nos pusimos rojos. Tom, no pasa nada, tiene polla, tú tienes polla, y ya sabes cómo se actúa en estos casos. Pero… – Bill, – este me miró de golpe, apartando la mirada de mi pecho. Se había sonrojado totalmente y estaba intentando no mirarme demasiado a los ojos. Tsk, qué gracioso. – Lo que… Te pediré, es que… No te pongas tan… fogoso. – busqué una palabra adecuada. Pero creo que no la acerté demasiado. Éste me miró con una ceja alzada, como retándome a lo siguiente que me atreviera a decir – porque, después… pasa lo que pasa. – una erección de caballo, y él sabía perfectamente a qué me refería – y… Bueno, ayer ya me quedó claro que hasta dentro de un tiempo, pues que… Bueno, ya sabes. Que, nada de nada… – joder, esto es más difícil de decir de lo que me imaginaba. ¡Y no sólo porque está delante, sino por lo que significa! – y, odio quedarme con… bueno, con las ganas. – creo que estaba totalmente rojo.

Pero… De pronto, noté como Bill se ponía más serio, o bueno… más en serio. No sé cómo explicarlo, pero quiero decir, que ya no estaba inseguro, y me miró como si yo estuviera contando un chiste. Le respondí con otra mirada, y esta vez era de incredulidad. ¿Qué le pasaba?

Entonces, sus manos se posaron en mi cintura, y metieron sus pulgares bajo mis bóxers. Sentí que mi estómago se estaba retorciendo por dentro y sostuve la respiración.

-Quizás no quiera que te quedes con las ganas… – me habló al oído, con sus labios pegados a él, y respirándome fuerte apropósito. Se me erizó el bello del cuerpo y más tarde solté un suspiro profundo, que sonaba a una expiración costosa, húmeda, cansada…

-¿Me… me estás diciendo que vamos a… a…? – el pulso se me aceleró en cero coma y sin poder evitarlo le apreté las nalgas con fuerza y deseo.

-Follemos. – y me lo dijo tan sensualmente, con voz de orgasmo, que creo que me corrí ahí mismo. ¡La madre que lo parió! ¿Va enserio? ¡¿Me lo está diciendo de verdad?! Pero… pero… Oh joder. Sí, sí… ¡Sí!

Me desperté del todo en un instante y lo miré a los ojos, sorprendido y con deseo. Éste apenas me sostuvo un segundo la mirada que se me lanzó a los labios. Nos volvimos a mover y esta vez, nos pusimos de rodillas uno enfrente del otro, sobre el colchón y las sábanas revueltas. Se entreveía poco porque apenas estaba empezando a salir el sol, pero eso no importaba, le toqueteaba por cada recoveco de su cuerpo y la imaginación ya hacía el resto.

Seguimos besándonos febrilmente y cuando nos separamos, las bocas hicieron un sonido húmedo. Sí hubiera podido verle, seguro que estaría sonrojado.

-No me lo puedo creer… – le murmuré, frente con frente casi susurrando y sin poder acabar de creérmelo del todo. – Ayer… estabas tan enfadado… Casi me echas de la cabaña. Y la madre que te parió, ahora… Oh, ven aquí – le rodeé entre mis brazos y lo elevé un instante, haciendo que sus rodillas se separan de las sábanas y este se viera obligado a apoyarse con los pies.

Acto seguido, en cuanto volvió a su posición inicial, se quitó la camiseta muy lenta y sensualmente y después me la pasó por encima del pelo para finalmente lanzarla hacia atrás mientras me miraba a los ojos fijamente. Oh dios mío, creo que le saltaré encima y no le dejaré hasta habérmelo follado diez veces. ¡Bill iba a ser mío! Joder, nunca pensé que acostarme con un tío me fuera a resultar así de excitante. Yo creo que es Bill, que tiene un culo que ni retocado con photoshop. Y claro, al final acaba empalmando pollas allá por donde pasa.

¡No me puedo creer, que después de haberme portado tan mal con él anoche, y que me dijera que no estaba preparado para tener sexo anal, ahora de repente me ponga su culo virginal en bandeja! ¡Es que es imposible! Pero bah, tú no te rayes, porque entonces no te concentras.

Y ahora es cuando demuestras lo bueno que eres en este terreno y lo dejas adicto a ti, en todos los sentidos.

Le cogí por un poco más arriba del ombligo, a los laterales y lo separé de mí un poco. Me lancé a su cuello y éste me puso los brazos en los hombros. Según dónde ponía mi lengua y depende de dónde mordiese, me apretaba más o menos con las uñas, demostrando totalmente lo mucho que le gustaba. Lo separé un poco más de mí y más y más, hasta que tuvo que abandonar la postura en la que estaba, cambiándola por una en la que se estiraba en la cama y sin embargo mantenía las piernas dobladas a los lados, dejando el hueco perfecto en dónde yo me estiraría más tarde.

De momento solo me incliné sobre su pecho y puse mis manos en él.

-Imagino que ya sabes que no tengo tetas… – me recordó Bill, que se reía por aquella primera vez en que nos besamos, a pocos metros de dónde nos hallábamos. Recuerdo perfectamente lo a gusto que me sentí (bueno, realmente ahora me doy cuenta que lo que sentía en aquel momento, era bien estar, pero no lo admitía), y tan a gusto que estaba que era como si me estuviera besando como una chica normal. Y claro, acostumbrado a atacarle a los pechos enseguida, ni me lo pensé y le puse las manos bajo la camiseta, buscando algo, que… No había.

-Ja ja – me reí, sarcástico – Sí, ya lo he podido comprobar – rememoré la escena de ayer contra el árbol, y Bill se sonrojó de nuevo. Oh mierda, era adorable cuando quería y cuando no quería también lo era.

Me incliné más y me puse en el mismo punto dónde me había separado antes de tumbarlo. Posé mi boca en el centro de la clavícula y le besé lentamente. Humedecí la zona y me humedecí la lengua para reseguir el camino hacia abajo. Me detuve a la mitad y quité las manos para ponerlas en el filo de sus pantalones.

Aunque no lo pareciera porque me estaba comportando como un machote, ponerle las manos ahí, me estaba costando la vida. Nunca pensé que la bajaría los pantalones a un hombre en medio de una cama y sin embargo estaba sucediendo. Ya no solo por que me consideraba hetero del todo, si no por ese orgullo que iba como pack a esa sexualidad.

En fin, me tragué todos esos años de dominio sobre las nenas y decidí simplemente disfrutar y pasármelo de puta madre. Que para eso estamos en el mundo, para hacerlo todo. TODO.

Bill se retorció sobre si mismo y se elevó mínimamente entre las sábanas en cuanto puse mi boca en uno de sus pezones, el derecho para concretar. Había un piercing que me llamaba a gritos y no le iba a negar una oportunidad como esta.

El moreno se deshacía en pequeños pero húmedos gemidos mientras que yo le elevaba por la parte baja de la espada y le quietaba esos cortos y graciosos pantalones de pijama. Pero para acabar de quitárselos del todo me puse en un dilema.

¿Y ahora como se los sacaba? ¡Si estoy en medio! A ver Tom, piensa, que lo has hecho cien mil veces con muchas tías y en el mil posturas distintas… No te rayes Tom. ¡Bueno, sí, que como tardes un poco más se va a creer que te has quedado tonto!

Entonces me vino la luz. Junté sus piernas en lo alto no sin antes separarme. Se las junté del todo, y mientras le acariciaba las piernas le subí los pantalones y se los acabé quitando. No me había fijado hasta ahora, pero… Vaya, Bill se depilaba las piernas. No es que fuera nada raro, de hecho yo mismo lo hacía, pero… No sé. Me resultó gracioso en cierto modo.

Finalmente, el pijama quedó en el mismo sitio que su pareja y volví a ponerme encima de él, esta vez a cuatro patas, poniendo a ambos lados de su cuerpo las piernas y los brazos ya que él había estirado las suyas totalmente, ocupando mi anterior puesto.

Se me subió el estómago a la garganta cuando me di cuenta que lo tenía totalmente a mi merced, algo cohibido aunque intentara hacerse el duro, azorado por la vergüenza y con una mirada a veces de chico duro y otras en las que se descuidaba de marcar esa hombría que no tenía, y se le notaba el enamoramiento.

Ambos sabíamos lo que venía ahora, y creo que los dos estábamos acojonados. Bill estaba como un palillo, pegando sus brazos a su cuerpo firmemente y tieso como él solo, y yo simplemente, estaba encima de él, observando… ¿Quién se… se desnudaría primero? ¿Quién movería las manos hacia sus propios boxers, o incluso, a los del otro? Ahora estábamos en la recta final, y esto era más chungo de lo que parecía.

Bill suspiró y después me sonrió.

-¿Lo hacemos a la vez? – me quedé estático frente a este momento. Yo sabía que intuía lo que pensaba, pero jamás pensé que sería tan exacto en su deducción.

Me reí con él, ante ese comentario tan infantil. Pero, en cierto modo, acepté con un simple asentimiento.

Pero antes de que hiciera Bill nada, volví a posarme sobre sus labios a apenas un milímetro de distancia y le cogí las manos, a tientas, sin saber muy bien dónde paraban estas. Cuando se las encontré las cogí y las puse en mis bóxers. Bill, dejó de mirarme a los labios, impaciente para que le besara y me miró a los ojos. Pude ver como se le abrieron de golpe un instante para después aguantar la respiración. Le di un beso casto y volví a ponerme a la misma distancia que antes.

Finalmente, puse mis manos en la goma de los suyos y empezó mi pequeña cuenta atrás.

Tenía el corazón a mil por hora y sólo por esta tontería, pero… Pero me estaba costando. Lo increíble fue cuando me cercioré de que Bill estaba muy caliente. Pero mucho. Tenía un bulto de tres pares de cojones ahí en medio, y nunca mejor dicho.

Ambos nos mirábamos a las bocas para tener una distracción y noté como Bill me iba bajando poco a poco como podía los boxers, pasándome las manos por delante y por detrás al bajármelos por la goma. Noté como más de una vez tragaba saliva, y yo no podía evitar sonreír de lado cuando lo veía. Parecíamos dos críos que estaban descubriendo algo nuevo, y bueno, al fin y al cavo era cierto, pero… No sé. Jamás pensé que esto sería así.

Cada vez tenía mi ropa interior más cerca de las rodillas, habiéndome desvelado el paquete hacía apenas nada. Una vez que había pasado la zona peligrosa, Bill ya se atrevía a tantearme en la parte interior de las piernas mientras acababa de quitármelos, y yo hacía tres cuartos de lo mismo.

Una vez ambos los teníamos por debajo de las rodillas, nos recolocamos, sin separar nuestra distancia labial, por decirlo de alguna manera, y cada uno se quitó los suyos del todo.

Suspiramos con alivio cuando ambas prendas estuvieron en el suelo.

-Hey, no ha sido tan malo…- le besé finalmente después de esta agonía y me correspondió con creces. Me puso una mano en la nuca y la otra en la espalda.

Noté a Bill casi temblando, y eso no me gustó nada. Mierda, no debe de saber qué hacer ahora. Debe de estar tan perdido como yo… O no se debe de atrever a hacer nada. Va Tom, salva la situación, haz algo, ahora mismo.

Calentemos un poco al ambiente… Seguro que si le relajo de esta manera después estará mucho más suelto. Vale, Tom has de ser el hombre de la relación, y has de complacer a tu lady. Aunque esta lady tenga rabo.

Respiré fuerte en un momento en que me soltó los labios, y con las manos lo puse contra la pared. Volvimos a besarnos por enésima vez y esta vez, una de las manos se dirigió a terreno vedado. A SU terreno vedado. Y sin tantear ni nada, no. No quería ni pensarlo dos veces porque sabría que acabaría no haciéndolo y no era plan…

Bill pegó un respingo, pero no me soltó. Simplemente… Me clavó las uñas en cuanto le rodeé el pene con la mano entera.

He de confesar que no me sentí extraño ni nada por el estilo. Era como agarrarme la mía propia, no había diferencia alguna, hasta parecía que me la estuviera agarrando a mí.

Una vez ya estuve en el lío, me serené. Pensé en claro y finalmente empecé a mover la mano hacia arriba y hacia abajo. Sólo había de pensar que estaba haciendo una puta paja, lo de toda la vida, eso en donde todos los hombres tenemos matrícula de honor.

Vamos Tom, demuestra lo que vales.

Pronto aquello se convirtió en algo más porno y se me elevó la confianza. Bill estaba apunto de caramelo y había dejado de besarme para deshacerse en gemidos que me estaban poniendo a mil.

A veces me daba lametones en los labios, llenándolos de saliva como si fuera un perro y creo que ello me estaba poniendo aún más cachondo.

-Oh, Tom… – gimió. Parecía que le hubiera costado decirlo, entre suspiros y gemidos. – Ya… ya casi estoy… Mememe corro… – urg. Creo que no tendría que haber dicho esa palabra. Por un instante me corté un poco, pero tragué saliva y continué con ello. Yo podía sentir perfectamente cómo estaba al borde y me empeñé en que llegara, eso le serviría para estar muchísimo más activo aunque durante unos instantes se quedase en la gloria pura.

No recordaba que aún no nos habíamos mirando desnudos del todo, simplemente nos habíamos dedicado a observar a la cara y los labios y yo quería ver la reacción de Bill…

Pero entonces dejé de prestarle atención a esos pensamientos porque el moreno, se estaba corriendo en mi mano. Oh mierda. Mierda mierda mierda… No Tom no, no pienses en eso ahora.

Sonríele y límpiate con disimulo en las sábanas.

¿Bien? – le pregunté. Este respiraba con dificultad y estaba empapado en sudor. ¡Oh, genial!

-Sí… – murmuró, sonriente y algo cansado. Tsk, normal, si es que uno después no se pude casi ni mover. Tanteé un poco el terreno. Yo ya quería acción, y la quería ya, pero no sería bueno sonar extremadamente brusco.

-Bill… – este me miró en cuanto le llamé.- Que, digo yo que… Bueno, ¿vamos a por un coco-con condón…? – creo que jamás me había costado tanto decir esa palabra.

Bill se sobresaltó y creí haberla cagado. Se colocó erguido de golpe y se separó de mí. Oh, mierda. No me jodas que la he cagado…

-Oh, sísísí… Espera, que yo tengo una caja enorme en le baño… Espérate aquí. – se levantó de golpe no sin antes mirarme de arriba a bajo. Se quedó algo paralizado cuando se topo con mi mejor amiga – Jo…der… – exclamó, rojo de vergüenza. Yo sonreí ampliamente, orgulloso de mi nabo, y después me cercioré de que acababa de aceptar enseguida el tema de los preservativos.

¡Sí, TOMA!

-¡No, no! Yo tengo en el pantalón, sólo he de buscarlo… – dejé que fuera a buscar los condones mientras yo ya me ponía el mío, si quisiera, después ya le pediría que me devolviese el que me había gastado, simplemente por haber hecho útil ese viaje innecesario hasta el baño, pero hasta entonces, había cosas más importantes que hacer.

Me sentía bien, me sentía lleno. Le había hecho una paja a mi chico y no me sentía para nada fuera de lugar ni cohibido, de hecho, me resultó tan simple y normal… Sería capaz de volvérsela a hacer ahora mismo… Era un gran paso, y estaba orgulloso.

Encontré dos condones en el bolsillo de la rodilla y abrí uno con mi arte magistral. Me lo puse en menos de dos segundos y ya me estaba poniendo colorado de solo imaginármelo. De tenerle abierto de piernas para mí, y gritando mi nombre mientras se la metía hasta el final… ¿Le dolerá mucho al principio…? Mierda, espero que no… Odiaría verle sufrir por ello.

-Bueno… Estaba pensando que… – escuché su voz que se iba acercando y saliendo del baño. ¿Qué estaría haciendo ahí dentro tanto tiempo? ¿Estarían muy escondidos los condones? Madre mía… Una vez salió por la puerta a ambos se nos cayó el mundo encima. – ¿Pero qué…?

¿Qué coño…?

Bill llevaba un condón puesto. Bill, llevaba un jodido condón, en su puto pene. No, o sea, a ver. Calmémonos, ¿sí? Lo que ha pasado, es que Bill es medio bizco y en vez de entregarme el condón cerrado a sido muy amable abriéndomelo, pero en un descuido de su ceguera se lo ha colocado sin querer… Síp, eso ha pasado, sólo eso ha podido pasar.

¡¿Que coño hace Bill con el condón puesto?!

-¿Tom…? ¿Pero…? – el moreno me miraba más confuso que yo a él, señalándome la polla, que esta vez me la miraba sin tapujos ni sonrojos. -¿Qué haces con el preservativo puesto? Pero si a ti no te hace falta… – dijo como si fuera lo más normal del mundo. ¿Pero qué dice? ¿Cómo que no me hace falta?

-A ver cielín, a mí, eso de hacerlo a pelo no me va… – aclaré antes de nada. ¡Pero ARG! ¡Continúo sin saber porqué lleva Bill el dichoso preservativo puesto!

-¿Cómo que a pel…? – de pronto, a amos se nos descolocó la cara. Nos miramos a los ojos, después a nuestras pollas y después a las del otro para volver á mirarnos, con los ojos como órbitas.

No, me, jo-das…

-¿¡TE PENSABAS QUE YO IBA A SER EL PASIVO?! – me chilló de pronto.

-¿¡QUÉ?! ¡POR SUPUESTO QUE SÍ!

-¡PERO QUÉ DICES! ¡¡ERES TÚ EL PASIVO!! – a Bill se le estaban saltado los colores y las garras, y a mí me estaban entrando ganas de cargarme algo.

Mierda, mierda, mierda. Ya empezamos. Siempre liándola, oh joder… ¿Y ahora qué? Pero pero pero… ¿Se pensaba este que me iba a dar por culo? ¡¿Pero estamos flipando o qué?!

-¡Y UNA MIERDA! ¡¡A mí nadie me mete nada por ningún sitio!! – exclamé rabioso con el mundo y con Bill, sobre todo con Bill.

-¡Si hombre, y a mí sí, ¿no te jode?! – Bill soltó un grito de desesperación en cuanto acabó la frase, exasperado. -¿¡Siempre, siempre tiene que pasar algo?! ¡¡Siempre acabamos enfadados por algo!! – se quejó.

El moreno tenía toda la razón del mundo, siempre había algo que estropeaba el buen royo y la felicidad. No sé cómo nos lo montamos que… Joder, ese es el problema, que no nos lo vamos a montar nunca a este paso.

-¡¡Arg…!! – chillé yo ésta vez – ¡De verdad Bill, que no pienso ser pasivo! – advertí.

-Pues yo tampoco… – simplemente se cruzó de brazos y tras un segundo se fue a coger su ropa del suelo y se metió en el baño.

Miré al suelo y me sentí el hombre más ridículo del mundo. Todo aquello que había sentido hacía apenas cinco minutos, que me había hecho sentir lleno totalmente, se había esfumado como el fuego de una vela ante un mínimo soplo.

Ahora me sentía totalmente avergonzado.

Salí de ahí con un portazo en cuando me vestí del todo.

Bill

Hacía como dos horas que Tom se había ido y aún sentía la rabia recorrerme las entrañas.

¡Cómo era posible que se pensara que me iba a dejar encular por él! O sea, ¡por alguien! Es que no, es que no me cabe en la cabeza… ¿Está flipando, o qué?

Oh dios, y otra vez enfadados. No hay día que no pase nada, no me lo puedo creer. ¡Esto es más difícil de lo que jamás me habría imaginado! ¿Y ahora qué? Si antes el problema era que yo no quería hacer nada porque no estaba preparado, que ahora ninguno de los dos lo esté, puede ser fatal… ¡Ninguno queremos ser pasivos! Joder, lo entiendo perfectamente, pero… Esto será nuestra ruina. Mierda, mierda.

Tom, si no folla, no está feliz por lo que parece… ¡Y para qué mentirnos! Yo, tampoco.

Hace mucho que no hago más que machacármela yo solo… Como, unas dos semanas o así. Creo que me va a dar un ataque.

Vale, está clarísimo que el sexo es un elemento fundamental en la relación de unos adolescentes… Y el hecho de que seamos dos tíos, no cambia absolutamente nada. Si ambos queremos mojar, pero ninguno da su brazo a torcer… Lo llevamos mal, porque Tom no tardará en tirarse en los brazos de cualquier zorra. Y en cuanto encuentre a alguien lo suficientemente follable como para llevársela a la cama sin pensárselo dos veces, se olvidará de mí, y de todo lo que le he hecho sentir, y… ¡Y me dejará!

Oh my God… No me puedo creer que esté pensando esto, que sufra por que me vayan a dejar…

Pero, mierda, se me crea un… Un sentimiento en el estomago, tan agudo y tan profundo que, que me molesta hasta para respirar de sólo pensarlo.

Es como si de pronto, alguien te agarrara la boca del estómago y apretara fuertemente durante un instante, en el que sientes que te mueres. ¡Y me dará algo de la de veces que lo estoy sintiendo ahora mismo!

¿Qué voy a hacer? ¡¿Qué voy a hacer?! Tom me ha dejado demasiado claro que él… Él necesita meterla en caliente para ser persona, y si no… Joder, joder, joder. ¡Ya no sé ni lo que estoy penando! No hablo con claridad.

Necesito hablarlo con alguien. Siento que me muero por llorar y desahogarme, y por tener alguien ahí para que me ayude a aguantar la cabeza y no darme de hostias contra un muro, por gilipollas, y por enamoradizo… Y, sólo pienso en Georg, en él y en nadie más. Porque, él es mi mejor amigo, y me encantaría que estuviera conmigo en estos momentos, es que, ¡le necesito tanto!

Joder, ¿porqué lo haré todo mal siempre? ¿Porqué no supe mantener lo único que llevaba en pie desde que tengo memoria? Georg, estoy seguro de que él es mi todo en esta vida, porque siempre ha estado ahí, y siempre iba a estarlo, y ahora no es así.

He de hacer algo. Está claro que llevo haciendo el gilipollas por demasiado tiempo. Hace ya mucho tiempo que debería haberme acercado a él y haberle pedido perdón, aunque él no lo hubiera aceptado en un principio, debería haberle insistido y supongo que… ¿Al final me habría perdonado, no? Acabaría por perdonarme algún día.

Pero joder, ahora lo único que hago es preocuparme por Tom y sólo por él, y no hago nada por Georg. Pero es que, en persona, es tan difícil… ¿Cómo le miro a la cara y le digo que lo siento tanto por haberme acostado con el amor de su vida? A ver Bill, por el amor de dios, habla con Georg! ¡Quieres que esté a tu lado en momentos como este, ¿no?! ¡Pues venga, a qué esperas!

De pronto, algo me vino a la mente. Hacía días que ni me acordaba que existía, pero mi móvil se iluminó simbólicamente sobre la mesa de mi escritorio.

¿Sería demasiado cobarde llamarle? ¿No es como aquello de “nunca dejas a tu novia por teléfono”? Sería como quebrantar una norma, ¿no?

Bueno, realmente yo ya me he disculpado, y el día que empecé a salir con Tom, creo que quedó bastante claro que quiero volver a estar bien con él por la manera en que me comporté. ¡Me lancé encima suyo…!

Le enviaré un mensaje, y le diré lo mucho que le hecho de menos. Simplemente eso, y que odio estar así con él, porque es mi mejor amigo desde toda la vida y…No sé, iré improvisando mientras lo vaya escribiendo.

Salí del baño. Llevaba ahí todo el rato sin querer salir. Se me ponía la piel de gallina el recordar todo lo que había pasado, y volver a la escena del crimen, no era una gran idea. Odiaría encontrarme con algo suyo y tener que cogerlo, y guardarlo, como una camiseta, o un calcetín o… Yo que sé. Respiré hondo, y salí, soltando todo el aire que había cogido en un gran suspiro de cansancio y resignación.

¿Cuántas veces habré suspirado por Tom en una semana? ¿Cientos, miles? Sí, por ahí iba el asunto…

Me apoyé en el marco de la puerta y pude ver el desorden que había por todas partes. Se me encogía el corazón viendo la situación, y me venían flashbacks a la cabeza. Me puse rojo en cuanto recordé el momento en que Tom me había masturbado, y sentí una sensación aguda en el pecho, algo entre placer y dolor.

Madre mía, estaba en la pura gloria en esos momentos. Era como si toda la vergüenza acumulada desapareciera y sólo podía sentir que me estaba entregando a Tom. Me sentía tan bien… Y todo ha acabado tan mal.

Me resigné después de hacer desaparecer esas imágenes de mi mente por enésima vez, y me puse a recoger.

No estaba tan mal la cabaña, ayer ya me encargué de ordenar la habitación en cuanto llegó Tom, y lo único que hubiera podido estar mal, era la ropa del suelo que ya no había, puesto que él, evidentemente, se la había puesto y se había largado, y la mía la llevaba ahora puesta.

Me dirigí a hacer la cama pero de pronto, mientras las estaba cogiendo en mi mano, vi algo que me dejó de piedra. ¡Oh dios mío, había semen en las sábanas! Y de nuevo, las imágenes de ese momento me azotaron y se me clavaron en el cuerpo como si fueran puñaladas. Cogí a regañadientes la tela y la puse en el cubo de la ropa sucia. Tendría que cambiar las sábanas… Genial, ODIO cambiar las sábanas.

Me fui al armario cutre donde había que dejar cada semana, el par de sábanas que nos daban los lunes por la mañana, limpias, y me puse a quitar las que ya estaban puestas.

Moví la cama y saqué la funda del colchón. Vi que no era suficiente y la tuve que mover más para poner la que estaba limpia, y entonces, me encontré con algo en el suelo, que había estado tapado todo este tiempo y por eso seguía aquí.

La gorra de Tom.

Era roja y con letras de NY en grande en el centro. La cogí entre mis manos y le limpié un poco el polvo que habría acumulado toda la noche y me la quedé mirando. Ver la gorra, era como mirarle a él.

¿Qué hago ahora? ¿Qué hago…? No quiero ser el pasivo… No quiero…

Me entraron de nuevo las ganas de llorar y me contuve. Bill, no seas gilipollas.

-*snif* – joder… Siempre estamos mal, no hay día en que no haya un enfrentamiento o algo por el estilo. ¿Es esto alguna señal de que no deberíamos ni intentar estar juntos? ¿Es que acaso Dios existe y quiere que nos separemos?

Georg, Georg… Necesito tanto hablar contigo ahora. Me levanté y me sequé las pocas lagrimas que finalmente sí había derramado y dejé las nuevas sabanas sin colocar, encima de la cama, tal cual, y me dirigí a la mesa.

Cogí el móvil, y con la vista un tanto borrosa me dirigí a los mensajes. Click. Mensaje nuevo. Click.

”Georg, supongo que pensarás que soy un cobarde por no decírtelo en persona, pero no sé como hacerlo, no sé como pedirte que me perdones. Te hecho muchísimo de menos, y estoy pasando por unas cosas ahora mismo, que solo quiero contártelas a ti y que me pegues la bronca por gilipollas, o te rías de mí por lo que me está pasando. Te quiero muchísimo, y te juro que cuando te veo pasar, no hago más que desear acercarme a ti… Pero tengo miedo de que me rechaces como el domingo pasado. Dime algo por dios… Come conmigo aunque no me digas nada, pero… no sé… Te echo muchísimo de menos. Te quiero y no sabes cuanto”

Click, Opciones. Enviar. Click. Poner destinatario. Click. Georg. Click. Enviar. Click. Envidando. Mensaje enviado.

Y ahí iba el saldo de un año entero, sí señor…

Me serené un poco, hice de una puñetera vez la cama, y me fui a la ducha. Dejé que el agua me tranquilizara y me relajara, para finalmente casi sobarme ahí mismo. Me puse ropa limpia de salir a la calle, y me fui.

Pasé olímpicamente de ir a desayunar, no me apetecía demasiado encontrarme con Tom aunque realmente, en el fondo de todo, sólo quisiera volverle a ver y lanzarme encima suyo y comérmelo a besos, porque, por muy enfadados que estuviéramos, le quiero… Y mierda, quiero volver a verle. ¡Pero no puedo! ¡Porque me da miedo qué pueda pasar!

Un segundo antes de abandonar la cabaña, me giré y fui a por mis folios, mis lápices mi carpeta de dibujos y… La gorra.

Me había gustado al fin y al cavo.

Me la puse en la cabeza y me fui a dibujar.

.

Entré en el comedor, ya era medio día y había estado casi toda la mañana en la orilla del lago dibujando. Que si el agua, que si bañistas… Y sí, a algún tío he acabado dibujando… Es que joder, aquí, llega el verano y todos tienen un cuerpo diez menos el menda, que está escuálido y blanco. Ais, Bill, deberías replantearte eso de parecer anoréxico…

El caso es que me había alegrado bastante ya, bueno, puede que alegrar no fuera la palabra, pero sí animado un poco. En algún momento me había colapsado mucho y había dejado más de un papel roto, pero después me tranquilizaba y simplemente pensaba, que…

Ya se pasaría.

Acabáramos mal o no, este bache lo superaríamos. Sólo teníamos, que… Hablarlo. ¿Para qué mentirnos? ¿Cómo hemos ido tan directos al tema, sin haber pensado antes en el pequeño tema de los papeles de cada uno? ¡Cada uno ha dado por sentado que iba a ser el activo y el otro el pasivo! Cuando está claro, que nuestra manera de ser, de los dos, es bastante activa. Vale que él, no solo en la manera de ser, sino en como viste y esas cosas, pero que… No sé, no sé cómo pude llegar a pensar que Tom se dejaría penetrar por mí. No sé dónde lo he sacado, pero bueno… En fin, ¡con razón estaba tan ansioso anoche! ¡Este solo quería follarme!

En fin de nuevo. Sólo habíamos de hablarlo. Ya está. Hablar.

Me dirigí a por mi bandeja, e hice lo de siempre, me pusieron comida y justo a buscar mi mesa, miré a la izquierda, donde estaban sentados los profesores. Miré a Tom sin dudarlo un instante, y lo vi perdido en mí. Me miraba como nunca antes lo había hecho, como si no me estuviera viendo a mí, si no… No sé, a un ángel o algo por el estilo.

Cogí aire de la impresión, y con el rostro más sonrojado que jamás se me había puesto, me dirigí a mi sitio.

¿Pero qué había sido eso? ¿Por qué me ha mirado así? Pero de golpe, algo me distrajo. Una vibración en el bolsillo derecho del pantalón condujo toda mi atención a este.

Un mensaje.

El corazón se me empezó a acelerar fuertemente. Aún estaba de camino a mi mesa, con paso lento y con cuidado porque llevar la bandeja sin que se caiga, es un arte que no se domina fácilmente, así que no lo podía coger aún.

¿Quién sería? ¡Georg! ¡Sólo podía ser él!

En el camino hacia mi mesa, miré instintivamente la que nos solíamos sentar todos. Me costó un poco encontrarla con tanta gente delante puesto que era la última de todas, pero sin embargo, no había nadie en ella. Por lo menos, no de nuestro grupo… Ni Ashley ni Georg. Me supuso algo raro, porque… ¿Dónde estarían? ¿Estarían juntos? Ahora no recordaba muy bien si Ashley me dijo que lo habían arreglado o no. Joder, sólo pienso en Tom y de lo demás me olvido, y acabo así.

Entonces, ¿el mensaje podía ser te Tom? ¿Sería eso posible? ¡No! Claro que no, primero, porque teóricamente estaba enfadado, dejando de lado la mirada tan extraña que me acababa de dedicar. Y segundo… Por lo más evidente, aún no nos habíamos dado los móviles. Tsk, se lo pediré cuando no estemos tan enfadados…

¿Entonces de quién era el mensaje?

Aterricé dejando la bandeja con sumo cuidado y enseguida puse la mano en mi bolsillo. Mi corazón latía a mil por hora, y realmente no se porqué… Podría ser de mi madre perfectamente, que hacía dos días que no hablaba con ella, ¡o de Ash! ¡Cierto! Aunque no sé… Algo en el estómago rezaba porque fueran tanto Georg como Tom (y que este hubiera conseguido mi número mágicamente).

Puse la pantalla delante de mis narices y lo vi: Mensaje nuevo.

Enseguida le hice click. Cogí tanto aire que se me hinchó el tórax desmesuradamente.

Georg.

Era Georg.

Un pinchazo en el corazón que me hizo hasta daño fue lo único que pude sentir.

Durante unos instantes estuve apunto de no abrirlo.

¡Estúpido, Bill! ¡Estúpido! ¿No ves que llevas dos semanas esperando a que te hablara? ¿Qué haces ahora pensándote si abrirlo o no abrirlo? Estaba tan acojonado. ¿Y si no quiere saber nada de mí para siempre? O sea, para siempre, nunca más Georg en tu vida, NUNCA.

Esa idea me puso el bello de punta y una sensación de vómito me inundó el estómago. Se me habían pasado las ganas de comer de golpe. De nuevo volvía a hacer pucheros, ¡y eso que aún no había abierto el dichoso mensajito!

Se me juntó todo de repente. La pequeña depresión en el tema de Tom, y la incertidumbre delante del enfado con Georg, me estaban desesperando. Hiperventilé un poco pero después me calmé. Me quité una pequeña lágrima que aún no se había escapado ni del lagrimal y me sorbí la nariz. Lancé mi mirada fugazmente a Tom, y me lo encontré mirándome, mientras hablaba algo con Andy y Mario y removía la comida. Mi chico me miraba con una ceja alzada, como si le preocupara qué me pasaba… En fin.

Intenté hacerle caso omiso a ese detalle y me puse a abrir el mensaje. Cerré los ojos y cuando hube contado hasta diez los abrí.

«No iré a comer, si eso nos vemos esta noche»

Me quedé un poco a cuadros. El mensaje no decía absolutamente nada más. Ni tan solo adiós, ni hola, ni siquiera un simpático “ojala ahí te pudras”. ¡NADA! ¿Y que se supone que debería hacer yo ahora? ¿Pensar que me va a perdonar? ¿Pensar que es más valiente que yo y me va a mandar a la mierda en persona? Joder… Se me formó un nudo entre ambos pulmones, casi al lado del corazón, en medio del esófago, y no desaparecía por mucho que intentara pensar en otra cosa.

¡Mierda, necesitaba hablarlo con alguien joder! ¡Un amigo, un desconocido, alguien, lo que fuera! Y si no era sobre lo de Georg, era sobre lo de Tom… ¿Si se lo pedía a Dawn me mandaría un poco a la mierda, no? Y Ash… Podría hablarlo con ella. Pero, pero ella no sabe lo de Tom, y no sé si quiero que lo sepa. No me preguntéis porqué, pero no me hace especial ilusión.

El hecho es que aunque a Georg también me costaría horrores, hablarle sobre Tom, como mínimo, éste no se había enamorado de mi anteriormente, y Ash… Ash sí, y ya me echó en cara un par de veces que yo no sabía querer a nadie y si ahora le digo que me he pillado de un chico, no sé qué me diría.

En fin, que no había nadie en este mundo que me escuchara… ¿Quién se iba a interesar por lo que le pudiera estar pasando al pobre y desgraciado Bill? Tsk, nadie.

-¡Bill! – escuché una voz a mi derecha que me sobresaltó. Pegué un salto y finalmente miré a esa persona, a la cual le pertenecía la voz – ¿Qué tal estás?

-¡Hostias, Mario! – verle supuso como una especie de revelación. ¡Mario, Mario! ¡Podría hablarlo con Mario! Claro, él es majísimo, y seguro que me escucha y me da su opinión y me ayuda y… – ¡Mario! – volví a gritar su nombre y le di un gran abrazo. Éste se tensó un instante y después se rió en mi oreja. Me correspondió al abrazo muy amistosamente y me estrechó entre sus pequeños y delgados brazos, como los míos.

-Madre mía, ¿qué te pasa? – me dijo sorprendidísimo.

-Pues… Que necesitaba estar con alguien. – solté, sin más. A ver, era la puta verdad, ¿para qué mentirnos? Pero… ¡OH! ¡Mierda! ¡TOM NO QUERÍA QUE LES CONTARA NADA! Creo que se me puso la cara pálida.

-¿Bill? ¿Y ahora qué coño te pasa?- soltó, algo parado. -¿Estás bien? Antes, de lejos, parecías tan triste, perdido, estresado, y ahora, de pronto, me acerco a ti y te me lanzas encima, súper alegre de verme y de pronto ¡te pones como un muerto! ¿Qué te pasa, tío?

Mario me hizo sonreír de lado, vaya, se preocupa por mí.

-No bueno, es que… No sé.

-¿Por qué estabas triste? – preguntó sin más, sin tapujos.

-Oh, pues… Bueno, tengo un amigo que hace mucho que no hablo con él, y bueno… No sé si quiere volver a ser mi amigo de nuevo.

-Ah… Vaya. Es jodido esto de las broncas entre colegas. Bueno, entre colegas y entre novios, la de veces que me he peleado con Andy… Ni te imaginarías. – soltó, como mirando a lo lejos, con un aire nostálgico.

A mí esas palabras se me clavaron en el cerebro de una manera hasta macabra. Broncas. Novios. Dios, qué me vas a contar a mí.

-Ya… – no quise comentar mucho.

-Oye, y no sabrás lo que le pasa a Tom, ¿no? – en cuanto pronunció su nombre mi atención se volvió a desviar totalmente hacia él. ¿Qué, Tom? – es que… No sé, como ha dormido contigo y tal… He imaginado que lo sabrías.- puso cara de circunstancias.

-Em… ¿Qué le pasa? – tanteé un poco el asunto, no quería hablar más de la cuenta por si Tom les había explicado algo y yo no lo sabía.

-Pues… No lo sabemos muy bien, pero ha llegado súper cabreado, no nos ha hablado, ni siquiera ha saludado. ¡Encima que nos despierta, ¿sabes?! Y nosotros, en bolas en su cama y nos despierta a saco, zarandeando el colchón y todo. Y ha entrado diciendo que nos vistamos y que lo recogiéramos todo, que fuera, que se quería duchar y que nos veríamos en el comedor en el desayuno y no sé qué… – Mario ponía cara de enfadado a la vez de no entender nada, como si lo que estuviera pasando fuese una especie de broma de mal gusto. – y bueno, ahora está un poco mejor y habla con Andy. Conmigo no, claro, como le contestado borde esta mañana, pues está herido en su orgullo o algo, por haberle contradicho, y suda de mi cara cuando le digo algo. Tskk… Pero estoy preocupado. En serio, ¿sabes si le han dicho algo, o hecho algo alguien? Por que, ¿no habrá sido contigo la bronca, no? – no lo dijo con desafío, simplemente como si la posibilidad estuviera en el aire.

El estómago se me hizo un nudo al escuchar esas palabras. Madre mía, Tom estaba súper enfadado por lo que parecía. Joder… ¿Qué hago, se lo digo, o no se lo digo?

-Madre mía, ¿tan mal está? – comenté. La frase sonaba a «joder, ¿tanto le ha afectado?» como si yo supiera del tema, así que lo dejé entrever un poco, para que fuera él quien me preguntara sutilmente sobre lo sucedido y no tener que ser yo quien lo contara todo de golpe. Mario me miró con una ceja alzada. ¿Se estaría oliendo algo? Va, dime algo tío…

-Tú sabes lo que ha pasado… – afirmó. Me miró con el ceño fruncido y esperó a que yo dijera alguna cosa.

Su mirada intensa me taladraba la mente hasta casi volverme loco.

-Sí… – contesté, cabizbajo y casi con vergüenza. Aunque vamos, no era para menos. Si Mario supiera porqué estábamos así, seguro que acabaría flipando en colores.

Éste me miraba para que continúense. Tenía esa mirada de, “continúa, coño, continúa“. Pero es que, ¿qué le decía? ¿Qué le explicaba? ¿Que estaba saliendo con su mejor amigo y que habíamos tenido una pequeña crisis matrimonial sobre quién daba por culo a quién? ¡Se quedaría a cuadros! A más, que realmente, Tom no quería que le explicáramos nada… Como mínimo, él aún no se lo quería explicar… Y si lo hacía yo, ya si que la habríamos liado, porque aparte de que me mata, me deja y me abandona en medio del bosque para que me pudra yo solo.

-¿Y bien…? – insistió Mario, esta vez ya de una forma verbal. Pero después, se dio cuenta de lo azorado que estaba yo, tan reservado con el tema y notando que intentaba evitarlo un poco, que se frenó. Tiró la cabeza hacia atrás, y deshizo la cara de duda – Bueno… También es cierto que si no lo quieres explicar, que no pasa nada. En serio, incluso me estoy poniendo un poco impertinente, y no quieres hablar del tema, pero que vamos… Para que Tom esté así debe de haber sido fuerte. – ¿Estaba hablando enserio? ¿Tan mal esta? ¿No se estará riendo de mí, no? Pero sin embargo, Mario me miraba serio y firme.

-A ver… De hecho, justo lo que más necesito es hablarlo con alguien, pero no creo que deba.

-¿Has tenido tú la culpa? Quiero decir, ¿no ha sido simplemente uno de sus chungos repentinos? – dijo esto como si conociera tanto a Tom, que el hecho de que le hubiera contestado de manera que yo quedaba involucrado, fuese algo increíble. – Vaya… Bueno, ¿por qué no deberías explicármelo? Lo mismo, si me das las pistas exactas, acabo sacándolo todo yo solo. – sugirió, cómplice.

Me lo replanteé. También era cierto que si se lo explicaba, este podía simplemente, no decir nada a nadie. Podría ser nuestro secreto, que no se lo dijera ni a Andy ni a nadie, y muchísimo menos a Tom claro, y así yo ganaba un amigo más, alguien a quien contarle mis penas, y ese alguien que conoce a la perfección al causante de la mitad de estas.

-Pues, no debería porque es algo que Tom… Pues debería explicarte él, no yo. – ¿Sería esta una buena pista? Mario arrugó los labios a un lado, frunciéndolos, y después se los relamió. Me vino a la mente la escena de aquella noche en dónde sus labios habían compartido los míos. Me puse rojo como un tomate, pero creo que no se cercioró.

-¿Tiene que ver con que te guste él? – me recordó aquella conversación que no hacía ni veinticuatro horas que habíamos tenido, dónde yo le había confiado la mitad de mi secreto.

-Puede… – pero con la cabeza iba asintiendo. Madre mía, parezco lelo.

-¿Habéis tenido bronca porque te has declarado y te ha rechazado?- puso cara de tristeza enseguida, se puso una mano en el pecho y suspiró – Madre mía, Bill. ¡Lo siento muchísimo…! -y esta vez me puso las manos en la cara y me acarició las mejillas, dándome su pésame, supongo.

-No… No… No me ha rechazado. – usé un tono sugerente, no haciéndome notar demasiado, pero a la vez indicándole que, rechazarme, era lo último que me había hecho.

-¿No te ha… Rechazado? – dijo la frase con tal lentitud, que creo que me puse tan nervioso que le hubiera saltado al cuello y lo habría estrangulado de la rabia – ¿Entonces… Te ha… Dicho que sí? – esta vez, el que se puso las manos en las mejillas fue él, de la sorpresa. –¡Oh dios mío!¡No me lo puedo creer! – Me cogió de los hombros me zarandeó. Y SÍ, esta vez, había escuchado bien. ¡Mario también habla español! ¿Será español, o latino americano o…? ¡Qué fuerte! – ¿Pero, cómo es posible? Pero si Tom es… Joder, hetero a morir. ¿Nunca te he explicado el porqué del mote de Putom? – puso una cara extraña en cuanto pronunció esa frase. Como si la anécdota no fuera muy digna de recordar…

-Pues… No. De hecho, pocas veces le he oído que le llaméis así.- sí, es cierto que me sonaba mucho, pero no lo tenía muy presente en mi memoria, y no estaba seguro de querer enterarme. Pero Mario, yo creo, que aunque me hubiera negado a oírla, me la habría explicado. Y sí, ahí estaba, apunto de empezar su relato. Preparaos porque es largo.

-Pues resulta, que un día teníamos de ir a un centro comercial porque comenzaban las rebajas, y Andy y yo nos moríamos por ir… Obligamos a Tom a que nos acompañara, y claro, tardaba tanto en ir a la parada del bus, que lo fuimos a buscar a su casa, y que por castigo, nos llevara él en el coche de su padre. El caso, es que entramos en el piso con las llaves que nosotros teníamos por si hay alguna emergencia y entramos en su habitación, sin avisarle ni nada por el estilo. Total, se estaba follando a una tía, a lo loco. – mi mirada llegó al suelo de lo abiertos que puse los ojos. ¡Madre mía, qué tío! Una pequeña llama en el centro de mi estómago me quemaba por dentro. ¿Celos? Posiblemente. – Después de darle la bronca, estuvimos comprando un poco, y le vi bostezar todo el rato, aburridísimo. ¡Encima que llega tarde, se ponía así! Casi lo mato. Entramos en una tienda de esas que son sex shop, sólo porque Tom quería, y cuando salimos nos dijo que se iba un momento al baño. Le estuvimos esperando como media hora en medio de un pequeño parque infantil que habían montado en medio del centro comercial, dónde habían unos bancos, hasta que fuimos a buscarle. ¡Y se estaba tirando a la dependienta de la sex shop! – ahí mi cara fue como un puto cromo… ¿Qué? ¿Dos tías en un día, así? ¿Pim pam? Se me descompuso la cara. Madre mía, ¿así era Tom? No me extrañaba que se enfadara de no follar. Pero si se había convertido en algo vital para él… Casi tanto como comer o respirar – pero ahí no acaba la cosa – alcé una ceja, sin creerme que de verdad la historia tuviera continuación – le dimos por caso perdido, y me enfadé con él toda la tarde. Andy aún se reía mientras me miraba con los mofletes inflados, pero a mí me fastidiaba mucho que fuera así. Y bueno, el colmo de los colmos fue, cuando decidimos ir a mirar ropa para él, que nos metimos en una tienda de ropa masculina, dónde, después de esperar a que «se probara» una camisa, a los probadores, momentos en los cuales Andy me advertía, que no me acercara a ver porqué tardaba tanto, ví a una chica cualquiera, salir de la zona de los probadores con una manga bajada y recolocándose bien el sostén. Más tarde, a penas dos minutos después, salía Tom, colocándose bien los pantalones. Curioso cuando se había ido a probar una camiseta, ¿no? – yo ya lo miraba con la mirada perdida. Como si todo lo que me estuviera explicando, me entrara por un oído, y me saliera por otro – No sé, desde ese día, me esperaba todo de él, pero… Jamás pensé que estaría con un chico. – admitió. ¿Eso era bueno o malo? – Aunque he de admitir, que se le notaba un poco… Siempre te miraba a todas horas aunque no te dieras cuenta y… Se perdía mucho en ti cuando sí te tenía delante – creo que me puse colorado. Dios… Creo que me estaba olvidando de todo lo que me había dicho antes.- Y también he de agregar, que NUNCA le he visto así, ni con una chica, ni mucho menos con un chico, claro. Sólo contigo. – señalizó. Sonreí ampliamente, metiéndome en mi propio mundo de yupi, dónde todo es color y felicidad. – Pero entonces, ¿dónde esta lo malo? ¿Porqué Tom está así de mal? Hemos quedado en que ambos os gustáis y ambos lo sabéis, no…? – analizó. De un golpetazo, volví a la vida real.

-Ajá… – contesté. Ais, ambos nos gustamos. Es tan de peli romántica… Bueno, ya vuelve a salir la marica que llevo dentro.

-Madre mía, pero ¿él te ha dicho que le gustas? Me refiero, ¿ha dicho «Bill, me gustas»? – recuerdo el día que empezamos a salir, hacía a penas tres o cuatro días. Asentí. – ¡Increíble! ¡Has conseguido lo que no ha conseguido NADIE en este planeta! – miró al infinito, aún sorprendidísimo y me sentí lleno por dentro durante un instante. Quizás había conseguido cambiar al Putom y lo había convertido en un chico normal. – Pero entonces, ¿qué coño ha pasado? – se exasperó.

-Digamos, que… Que hace ya un tiempo que nos sinceramos.

-¿Hace ya un tiempo…? – ató cabos – O sea, ¿que ayer a la noche ya estabais declarados? – preguntó sorprendido – ¿Y porqué no me dijiste nada? – me dijo, algo dolido.

-Porque representa, que era Tom quien debía contártelo… – me excusé.

-Ah… Entonces, ¿Os habéis besado ya no? Bueno, conociendo a Tom, este te ha metido la lengua hasta el paladar como mínimo. – me sonrojé por enésima vez y asentí con algo de entusiasmo. ¡Estaba hasta orgulloso de ello!

-De hecho, la primera vez que nos besamos, fue mucho antes de que me declarara… – aclaré.

-Oh… ¿y cuando os distéis cuenta que os besabais y que encima os gustabais, que pasó? – dijo algo incrédulo.

-Pues… Empezar algo. -dejé caer. Si lo pillaba bien, y si no… Madre mía, ¡tendría que buscar más pistas! La conversación que estábamos teniendo era un poco amorfa, porque no tenía casi sentido alguno, pero al menos estaba llegando a mi meta, que era que supiera lo que pasara y que me ayudara.

-¿Empezar…? ¿Empezar algo…? – Oh dios, este tío es tonto. – ¿Estáis… Saliendo? -lo dijo muy serio, como si esperara a que saltara y le dijera “¡que es coña, tio!” Pero sin embargo, se cercioró de que realmente, no estaba bromeando para nada. – ¿Estáis saliendo?- esta vez tenía más emoción, pero no sabría decir si buena o mala emoción.

Volví a asentir, como si fuera medio subnormal o algo.

-Sí… – sonreí de lado, sonrojado.

-Oh my God… ¡Qué fuerte! – la boca de Mario llegaba al suelo. – ¡Bueno, entonces ¿Cual es el puto problema, joder?! -se empezó a exasperar. Normal, pobrecillo, todo lo que le decía era bueno realmente… Va Bill, machote, explícale la parte delicada.

-Bueno, el problema es que, bueno… Nadie da su brazo a torcer.

Mario se me quedó mirando como si tuviera algún moco en la cara.

-¿Su brazo a torcer? ¿En qué sentido? – vamos Bill, piénsalo, piensa en cómo se lo puedes explicar sin que sea demasiado brusco.

-Em… Sí, bueno, ya sabes. Aunque no lo creas, los dos somos igual de machos en algún sentido. – sentencié.

-Am… Pues qué bien. – dijo irónicamente, ya que evidentemente Mario seguía sin entender nada de lo que intentaba explicarle.

–Oh dios mío -se me escapó de pronto. Mario me miró con las órbitas desencajadas – ¡Después soy yo el tonto!

-Ehh ehh… ¡Menos! -vaya, no me ha comentado nada sobre el idioma.

-A ver, el problema es que, bueno, esta noche Tom me ha dicho de… Pues de… Sí, de… Ya sabes joder, no me hagas hablar…

-¿Follar? -dijo, ni corto no perezoso.

-Em… Sí, exactamente. Y bueno, no estaba muy preparado para enfrentarme a ello, ¿sabes? Es como que… No sé, todo es nuevo, y me da algo de miedo intentarlo. El sexo entre hombres, aun siendo muy parecido al sexo hetero, me sugiere un par de dificultades… Y bueno, lo creas o no… Eso de penetrar a alguien por el recto, no me hace especial ilusión. – empecé por la primera parte.

-¿Qué quien iba a dar por culo a quien? – me dijo sobre saltado. –¿¡Tom iba a ser el pasivo?!– chilló por lo bajo.

-¡Shh!

-Perdón perdón… Bueno, ¿entonces, eres tú el activo? – parecía que flipaba con la información, y yo no sabía si seguir contándole, o partirle la cara. ¡Oh, ¿de qué se extraña?! ¿Es que yo no puedo darle por culo o qué?

-No, nos fuimos a dormir y Tom ya se puso un poco mosca porque no quise hacer nada con él.

-Ajá… ¿pero?

-Pero cuando me levanté, decidí que lo intentaríamos… Porque bueno, realmente no era nada malo y me gusta mucho Tom. No quería estar mal con él, y me había dicho a mi mismo de intentarlo. Y cuando lo hemos intentando… Ha habido un problema en el reparto de papeles.

Mario tardó en pillar la información. Pero en cuanto lo hizo, se empezó a descojonar en mi cara.

Continúa…

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