X: Lust, fears and tears I

Les traigo un regalito de navidad, aunque no de temática navideña. Como lo dice el título, es un poco agridulce, pero hay cosas que es necesario que sucedan.

Para las fans de Nick, hay una pequeña sorpresa.

Espero lo disfruten.

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 10: Lust, fears and tears (P.1)

Nick fue despertado muy temprano esa mañana por el sonido de su móvil. 

Acostumbraba responder siempre —no importando la hora del día o la noche—, era una deformación profesional, nunca se sabía cuando uno de sus pacientes podía afrontar una emergencia.

Para su deleite, no hubo ningún erizo de tierra intoxicado con crayones o un hurón con temperatura que requiriera de su ayuda inmediata, tan sólo era su entusiasta novio que llamaba para darle los buenos días.

Como hombre ciencia Nick no creía en las coincidencias, máxime aplicadas a alguien tan obsesivo por los detalles como su Val.

No necesitó preguntar para saber que el chico se las apañó para que su llamada entrara deliberadamente un par de minutos antes de que su alarma sonara.

Y no se equivocó

—Buenos días, Meine Liebe. Como es nuestro primer amanecer como novios oficiales, quería ser lo primero que escucharas al despertar.

Nick sonrió enternecido. ¿Quién imaginaría que tras esa apariencia frívola y distante se ocultaba un corazón dulce y mimoso?

Lamentó no poder verlo sino hasta el día siguiente, pero ello se debía a una buena causa, se recordó estirándose en su cama.

Aquella pudo ser una conversación mañanera cualquiera si a poco andar el modelo no hubiera desviado el tema un poquito.

—Anoche soñé contigo.

Él carraspeó, ese tono de picardía —que nunca le había escuchado— le provocó una corriente de electricidad que recorrió su espina directo a su bajo vientre.

—Eras un vampiro. —continuó Val, ante su mutismo.

Nick —sabiéndose ruborizado— respiró profundo y, en un repentino arranque de coraje, le siguió el juego.

—¿Y mordí tu cuello?

—No, no eras un vampiro convencional.—le aclaró— Te colabas por la rendija bajo la puerta de mi cuarto convertido en bruma, llegabas a mi cama, te metías por entre las sábanas y dentro de mi pijama hasta envolver mi cuerpo por completo…

Nick carraspeó otra vez, se empezaba a excitar rápidamente. Supuso que su rostro estaba colorado porque le ardían ambas orejas. 

Val debía estarle tomando el pelo, no podía haber tenido un sueño erótico con él como protagonista.

¿O si? 

De manera que hizo lo unico que se le ocurrió para salir del paso, lo echó a la broma.

—¿Y luego apareció Van Hellsing y me atravesó el corazón con una estaca?

Val rio —lo que fue tranquilizador y decepcionante a partes iguales— sin embargo, a renglón seguido lo sacó de su error con esa voz suave que empleaba para las confidencias, y que a Nick se le antojaba sumamente seductora.

—En mis sueños me haces tuyo cada noche, Nick. Lo has hecho durante los últimos ocho meses.

Él, aun en su cama, se cubrió el rostro con el antebrazo.

No se veía a sí mismo como el objeto de deseo de nadie. Si se comparaba con el anterior novio de Val — el famoso Andy Brawl, que mas que empresario parecía modelo de Calvin Klein—  se encontraba en notoria desventaja. No comprendía cómo era posible que él despertara pasión precisamente en alguien como Val, siempre rodeado de hombres atractivos y de cuerpos atléticos.

Pero aparentemente los milagros existían.

Le tomaría un tiempo acostumbrarse a la idea, y a la franqueza de Val, que anunciaba sin rodeos que la tarde siguiente planeaba besarlo a conciencia y no parar hasta cobrarse por todos los meses de besos contenidos.

Por mucho que fueran novios ahora, había cosas que no cambiaban.

—Y-Yo… C-reo que…

—Disculpa, no quise ponerte incómodo.

No era ese el problema, las palabras de su novio lo ponían mucho, pero no incómodo precisamente.

—No me molesta, ma-mas bien es todo lo contrario. —agregó, con una gran sonrisa. Se alegró de estar al teléfono, de esa forma Val no podía ver cuán avergonzado estaba— Descuida, me daré una ducha helada.

—Aun es de madrugada, hace un poquito de frío.

—No hay problema, estoy acostumbrado.

No fue hasta que oyó la risita del otro lado de la línea que Nick se dió cuenta…

«¿Acabo de insinuarle que tengo erecciones a menudo, pensando en él?»

—N-no es lo q-que pi-pi-piensas… —se apresuró a aclarar, demasiado tarde.

—Nick, cariño, no te apenes. Creo que es sexy que te motives pensando en mí.

Cogió la almohada y se cubrió la cara con ella, eso no podía estar pasando. Ya no tenía quince años, pero aun seguía comportándose como un crío inexperto. ¿Cómo esperaba tener una relación duradera con Val si no podía tocar ese tema sin ponerse nervioso?

«Ese tema»

Él no era un mojigato, pese a que lo pareciera a simple vista. Si realmente deseaba que su noviazgo funcionara, algún día debería hacerle frente a sus temores y discutirlo con Val.

—Y-yo… —tragó grueso. Por más que buscó, las palabras no acudieron a sus labios, para su bochorno Val parecía conocerlo más de lo que él creía.

—No me sentiré ofendido si te tocas, yo lo hago con frecuencia, pensando en ti.

Con el rostro encendido, cual luces de Navidad, se excusó con su pareja y puso fin a la comunicación

Para cuando colgó, su corazón parecía entrenar para el Derby y su sangre —ardiente, por las palabras de su novio— se dirigía presurosa a un sólo punto de su anatomía, uno que no había tenido acción en mucho tiempo. Río para si por las insólitas vueltas del destino. Era un hombre afortunado, pero debía deshacerse de esa erección antes de levantarse y (esta vez sí) ir a trabajar 

~*~ 

Ya desnudo, dentro del cubículo de la ducha, su mano se dirigió de forma mecánica al lado derecho, pero se quedó un momento sobre la canilla, sin abrirla.

Los motivos por los cuales evitaba masturbarse en situaciones como aquella —que Val era su amigo, que confiaba en él y no podía profanar esa confianza utilizándolo como objeto sexual— habían perdido por completo validez, no solo eran novios ahora, sino que el mismísimo Val lo alentó a ello.

Alejó la mano de la canilla y se la frotó en el rostro. No quería pensar en Val, acostado en esa enorme cama en el Pent house, masturbándose y gimiendo su nombre. Tampoco quería aventurar siquiera cuantas veces había ocurrido aquello.

La situación parecía inverosímil, sin embargo el modelo abordaba su intimidad con seriedad, no era de bromear con esas cosas.

Sonriendo para si, y con el caudal de ardiente adrenalina fluyendo por todo su cuerpo, abrió la canilla del agua templada.

Agachó la cabeza y dejó que el chorro cayera en su espalda, masajeándola. Se sentía tan bien que se quedó un rato con una mano apoyada en los azulejos de la pared, dejando que la excitación se acumulara en su zonas bajas.

Cerró los ojos y recurrió a una de sus fantasías favoritas.

Aun en su imaginación Nick no se imaginaba seduciendo a Val, sus fantasías iban por diferentes derroteros.

Se encontraban en un calabozo, el llevaba puesta su ropa de fin de semana —Jeans desgastados y una camiseta vieja— Val estaba ante él vistiendo el mismo atuendo de siempre, botas altas de tacón, y un hotpant con muchas correas y hebillas.

Nick era un consumidor ocasional de porno, no había visto suficiente material como para «vestir» adecuadamente al Val de su fantasía, por lo que se limitó a extraer algunos elementos del traje del androide asesino de Humanoid.

Con un jalón Val acabó de ajustar la correa de su muñeca a la enorme cruz de madera.

Secretamente, a Nick le gustaba fantasear con estar a merced de Val, que él tomara el control y cada acto estuviera en sus manos.

Val lo cogió con rudeza de su coleta medio deshecha y acercó su cabeza a la suya.

Sus labios lo rosaron, tentándolo pero sin llegar a tocarse

Se vio balbucear «p-por favor».

Val lo instó con un urgente: «pídelo»

Y Nick en su imaginación hizo lo que nunca se atrevería a hacer en la vida real, suplicó ser tocado.

Su amo lo besó con fruición, razgando su delgada camiseta, acto que provocó un ramalazo de excitación tironeando en sus testiculos.

Bajo el chorro de agua, Nick se acarició el pecho, arañándolo como el Val de su fantasía lo hacía,

No se cortó de gemir, aun era temprano, su hermano no despertaría sino hasta dentro de media hora mas

Le aplicó un trato nada gentil a uno de sus pezones, emulando una mordida de los perfectos dientes de su pareja le inflingían en su mente.

Jadeó mas alto, su miembro irguiéndose casi dolorosamente, no podía dilatar mas ese momento.

Val frotó su rígida entrepierna contra sus jeans un par de veces antes de apiadarse de su necesidad y desabrocharle el cinturón.

Bajó la cremallera, lo desembarazó de sus bóxers, todo lo que su reducida movilidad le permitía y le acarició la erección con sus largos dedos.

Pese al agua tibia, el azulejo se sentía fresco contra su frente, cuando se reclinó contra ella en busca de un punto de apoyo.

Empezó a bombear con desesperación, necesitaba ese desahogo con urgencia. Por un segundo se lamentó de haberse negado a sí mismo de tan deliciosas sensaciones por tanto tiempo.

El dolor dio paso al alivio y este a oleadas sucesivas de placer.

Sus piernas flaquearon, era demasiado bueno tener al Val de su fantasía besándolo, cuando ya había probado sus labios en la vida real.

Aumentó la frecuencia de los bombeos y alzó su voz hasta desgarrarse en un grito postrero al correrse contra los azulejos.

Jadeando, exánime, apoyó el resto de su cuerpo en la pared satisfecho plenamente. No divisaba duchas de agua fría en su futuro. 

~*~ 

Luego de ducharse se encontró de sorpresa con su hermanito en el pasillo, este aun con cara de sueño meneó sus cejas sugestivamente y le aplaudió.

—¿Qué no deberías estar dormido? —inquirió, azorado. Esa anécdota la pagaría cara, aunque no se arrepentía de lo ocurrido en la ducha.

—Me despertaron tus gemidos, creo que hasta la señora *** te oyó. —respondió el chico, divertido, metiéndose al baño.

Nick rogó para que ese comentario sólo fuese una exageración de su hermanito o esa sería una semana la mar de interesante. 

~*~ 

Frío, obstinado, manipulador, vengativo…

La lista de defectos que se le achacaban era bastante larga, algunos incluso realmente le pertenecían, entre ellos había uno del que Val se enorgullecía: su pragmatismo.

Sus pies permanecían en todo momento muy bien puestos sobre la tierra, le gustaba ceñirse a hechos concretos en lugar de perder su tiempo en ensoñaciones.

Pero eso cambió en el momento en que los labios de su veterinario de cabecera tocaron los suyos, en muda aceptación de su propuesta.

Val dibujó grandes y apetecibles escenarios imaginarios para esa relación, permitiendo, por una vez, que las lúbricas fantasías que cobraban vida en sus sueños, ocuparan valiosos minutos de su siempre escaso tiempo libre.

Al siempre metódico y previsor Valentino Trümper el entusiasmo le llevó a obviar un importante detalle: estaba de novio con Nick Kaulitz.

Tras exponer sus sentimientos y aclarar todo mal entendido entre ellos, Nick continuaba siendo… pues, Nick.

No podía renegar de su timidez, despues de todo fue uno de los rasgos de su carácter que —inexplicablemente— lo enamoraron. Pero había esperado, ingenuamente, que el otro hombre se soltara un poco ahora que eran novios.

Comprender—tras su breve charla esa mañana— que aquello tomaría algo más de tiempo no le sentó nada bien.

Pero, dicho anteriormente, era obstinado y persistente. No cejaría hasta que Nick se abriera para él, en todos los sentidos posibles. 

~*~ 

Su hermanito parecía mas alegre esa mañana, incluso relajado. Luego de lo sucedido en el pasillo esperaba un comportamiento borde, pero sorprendentemente no hubo puyas ni comentarios de mal gusto sobre el particular o su reciente noviazgo con Val.

La noche anterior Nick se fue a la cama dichoso pero inquieto. La euforia por su relación con el modelo no conseguía eclipsar la preocupación por su hermanito, el chico parecía molesto y no hubo forma de conseguir averiguar la causa.

Ya bien entrada la noche este golpeó la puerta de su habitación, al entrar se retorcía los bajos de su camiseta, delatando su nerviosismo. 

«Bro, ¿Podemos hablar de cosas de hombres?» preguntó con algo de timidez, sentándose en el borde de la cama.

Tom no era timido, si un asunto era demasiado personal simplemente se lo guardaba para sí y reaccionaba con ira ante cualquier intento de ahondar en ello.

Nick se rascó la barba, asintiendo. Él no era la persona mas indicada para resolver ese tipo de dudas, pero si Tom necesitaba ayuda él haría lo que estuviera en sus manos para aclararlas.

—Se trata de… —bajó la cabeza y jugó con el arete en su labio un rato, Nick supuso que reuniendo valor— existe alguien… Mas bien yo estoy… tú sabes.

—¿Enamorado? —preguntó con cautela. Recordando el hermoso mural al que su hermano dedicaba su escaso tiempo libre.

—¡No! ¡No es eso! ¡Es algo completamente…! ¡Ugh! ¡No, no estoy enamorado!—gruñó.

Nick tuvo que reprimir una sonrisa ante tan adorable acto de negación.

—Entonces, ya que aclaramos que no estás enamorado. ¿Qué es lo que te aproblema?

—No funciono en la cama.

De acuerdo, aquello si que fue explícito y sin rodeos. Al igual que el cubetazo de agua fría que experimentó Nick.

De todos los problemas que podía tener un adolescente, se topó con el único para el que no estaba capacitado para ayudarle.

—¿A qué te refieres especificamente con…?

—A eso: no funciono, cada vez cuesta mas que se me pare y cuando lo consigo me corro en un par de minutos. ¿Qué me está pasando, bro? Yo antes no era así.

Comprendió su angustía, Tom era muy joven —aun no cumplía los diecisiete— como para enfrentar ese tipo de disfunciones. Deseó poder aconsejarlo, decirle algo que lo calmara. Pero estaba en la completa inopia al respecto.

Se mesó el bigote, la barba, se rascó la nuca.

Aparte de los tipicos lugares comunes, no se le ocurría nada en verdad util.

Si tan solo no fuera un tema tan sensible para él, tal vez podría darle una opinión imparcial

Finalmente se rindió, sintiéndose un rotundo fracaso cono hermano mayor.

—Creo que es mejor… ¿Lo has hablado con Pauline?

Para su asombro, Tom no reaccionó con rechazo ante su sugerencia.

—No creas que no lo he pensado. Pero no tengo cesión hasta dentro de dos días y necesitaba hablar con alguien urgente. ¿Ademas que va a saber ella de erecciones? ¡Es una jodida mujer!

—Es una profesional, y su especialidad son los adolescentes. Tal vez te sea de mas ayuda que yo.

—Gracias por nada —replicó, bajándose de la cama.

Nick no soportó verlo marcharse tan abatido, si no podía ayudarlo directamente tal vez podría romper un par de reglas por él.

Por intermedio de Natalie se consiguió el número privado de la psicóloga y—luego de disculparse profusamente por molestarla a tan infausta hora de la noche— la puso en contacto con Tom.

Al parecer la charla con la mujer dio resultado porque Tom amaneció de mejor semblante. 

Respetando su privacidad, Nick no le preguntó cual fue la respuesta de la mujer, esperaría a que el propio chico se lo comentara, si así lo deseaba. 

~*~ 

Aunque se mensajearon con frecuencia, ese día y el siguiente se le hicieron interminables. Ya ante los paneles espejados del ascensor no podía ocultar su nerviosismo. Alisó su camiseta compulsivamente, peinó su bigote —recortado esa misma tarde— con los dedos y se peleó con un díscolo mechón que se rehusaba a permanecer atado en la goma.

Mientras rehacía el moño las palabras de su pareja vinieron a su cabeza.

«Me gusta tu cabello revuelto, tengo un pequeño fetiche con el»

Sin pensarlo dos veces retiró la goma y la guardó en su bolsillo. Val no solo provocaba que su corazón latiera alocadamente en su pecho, sino que le hacía sentir deseos de hacer locuras. 

~*~ 

Corrió al recibidor en cuanto oyó la campanilla del ascensor.

Su corazón comenzó a latir mucho mas rápido y casi se atraganta con su propia saliva al verlo.

Nick no sólo se veía guapisimo en su simpleza, sino que traía su cabello suelto, salvaje y sensual.

Su amado le sonrió, haciendo ese gestito de sobresalir su labio inferior y se acomodó el cabello que caía sobre su rostro.

Val apenas oyó su saludo: «Hola, tengo una sorpresa para ti».

Cruzó el recibidor en un par de zancadas y se colgó de su cuello, acariciando el anhelado cabello largo.

—Me encanta, gracias, me encanta. —musitó, mientras se adueñaba con posesividad y avidez de esos labios carnosos.

Su elocuencia se debió extraviar por el camino. ¿A quien le importaba? Si Nick lucía como la encarnación de sus más eróticas fantasías. 

~*~ 

Debía estar dormido, Val lo besaba con fruición, tal y como lo hacía en sus fantasías.

Se dejó llevar, respondiendo el beso lo mejor que pudo y abrazando esa pequeña cintura con una mano.

Romper el delicioso contacto era lo último que deseaba, pero debía entregarle su sorpresa, había pasado dos días preparándola.

—Val… Yo… —No se podía decir que no lo intentó, empero el modelo parecía determinado a cumplir su promesa y darle todos los besos atrasados, en una sola dosis.— M-mi sorpresa.

—Es perfecta, ¿puedo quedármela? ¿Puedes soltarte el cabello con mas frecuencia?

Nick aun no asimilaba la entusiasta reacción de Val. De haberlo sabido se lo hubiera soltado mucho antes.

Y él que se esmeraba por peinar su cabello casi con rigor militar.

Para ironías, la vida.

Se sentía de un humor juguetón, lo bastante para pedirle a cambio —en son de broma, realmente no esperaba que Val accediera—: «Sólo si te quitas los tacones».

En un parpadeo tenía a Val en cuclillas ante él, desembarazando los broches de sus tacones con una gran sonrisa. 

~*~ 

Val amaba sus tacones, la estatura sobrenatural que le brindaban y el grado extra de sensualidad que aportaban a sus piernas. Pero gustoso prescindiría de ellos, si era el precio a pagar por hundir sus dedos en el largo y suave cabello de su amado.

Infortunadamente su hermanito poseía un timming perfecto cuando de ser inoporturno se trataba.

—¿Pero qué mier…? ¿Ahora das mamadas de bienvenida?

Apenas alcanzó a ver que el chico cargaba una mochila abultada y sospechosamente tintineante, antes de que este desapareciera tras las puertas del ascensor.

Val suspiró, cuestionando a Dior que terrible crimen cometió en su vida pasada para ser castigado de esa manera.

No sería nada sencillo que su hermano le creyera que lo que realmente había sucedido allí distaba mucho de lo que parecía.

Para colmos, todo el camino avanzado con Nick se esfumó de un plumazo. Él le tendió una mano para ayudarlo a incorporarse, avergonzado y balbuceante.

—E-e-esto es mi c-c-culpa. N-no d-debí sugerir que…

Val posó una mano sobre su pecho, ese corazón que hasta hace poco latía acelerado por la excitación ahora lo hacía por susto.

Era menester que aclarara la situación con su Frijolito, sus dos amores no debían sufrir de esa manera por su causa.

Continuará…

La cruz de madera a la que el Val de sus fantasías ata a Nik se conoce como «Cruz de San Andres» y es de uso común en las práctixas BDSM.

por Haruxita

Escritora del Fandom

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