«Basorexia» Fic de Haruxita
Capítulo 10: Lust, fears and tears (P.2)
Tom no sabía a qué achacar sus problemas de libido, lo que generó en él un fuerte estrés.
¿Y si eso significaba que se le estaba quitando lo marica?
Dado que lo primero que experimentó por Bill fue deseo —tiempo despues vinieron los sentimientos, mismos que todavía se negaba a asumir—, en su mente en negación esto era lo único que lo unía al otro chico. Al no existir deseo de por medio, pronto su Mauschen se convertiría a sus ojos en un chico cualquiera.
¿Eso significaba que estaba curado? Porque si aquello era por lo que tanto había rogado, ya no lo deseaba.
No quería dejar de sentir todas las sensaciones que «ser maricón» traía aparejadas.
No quería que desapareciera esa agitación en su pecho que experimentaba cada vez que llegaba una notificación de Bill, ni dejar dejar de sentirse cálido a su lado, o que su sonrisa ya no le iluminara el día.
Por eso, cuando su hermano le pasó el móvil, tenía muy clara la pregunta para su terapeuta.
—¿Estoy curado?
Pauline estaba cansada, era la una de la madrugada y no tenía tiempo ni paciencia para una sesión. Aunque, en rigor, no estaban en su consulta, de manera que acortó camino. Ya analizarían la situación in extenso dos dias mas tarde.
Tras el correspondiente regaño por importunarle a una hora insana en su casa, la mujer lo instó a hablar sin rodeos. Tom tenía miedo y algunos sintomas claros de un ataque de pánico. Ciertamente no era un tema para tratar a la ligera, sin embargo necesitaba respuestas y no creía poder aguantar hasta el sábado siguiente.
—Quiero decir… ¿Esto es un proceso reversible, verdad? ¿Si dejo ahora la terapia puedo volver atrás?
—Tom, si estuvieramos en mi consulta te dejaría divagar el tiempo que quisieras, pero es tarde y el sueño me vuelve una persona irritable. Ve al grano, por amor de Dios.
—Se me está quitando lo marica —lanzó de forma abrupta, con los párpados apretados—. Yo… estoy dejando de sentir deseo por Él. ¿Será que ya no se me para con él porque ya no me atrae? ¿No podría sólo dejar de ser marica pero quedarme con todo eso bonito que me hace sentir?
Hubo un silencio en la línea que hizo pensar a Tom que la mujer se había dormido.
—¿Pauline? ¿Estás ahí?
—Necesitamos ahondar en este punto, infortunadamente no tenemos tiempo para ello en este momento. Sólo dime: ¿cómo se manifiesta esa pérdida de deseo?
Algo avergonzado, el adolescente le hizo un relato somero de lo acontecido durante el último mes, cómo su libido fue en picada, así como su estado de ánimo.
Luego de todas sus presunciones, cuál de ellas mas fatalista, jamás esperó que la explicación fuera absurdamente simple.
—Tom, no hay motivos para alarmarse, la baja en la libido es un efecto secundario común en muchos antidepresivos. Si te provoca demasiadas molestias coméntalo con tu psiquiatra en el siguiente control y analicen la posibilidad de un cambio.
Pero Tom no tenía intenciones de esperar hasta el siguiente control. Se despidió de su terapeuta, corrió al cuarto de Nick para devolverle su móvil y luego de regreso hasta el suyo con un sólo pensamiento en mente: «¡No soy yo, tampoco Mauschen! ¡Son sólo las jodidas pastillas!»
Su alivio sólo era superado por su alegría.
En un parpadeo la pequeña farmacia que se acumulaba en el cajón de su mesita fluyó por el desagüe sin experimentar el menor remordimiento.
Tendría que volver a lidiar con el insomnio y los ataques de angustia en lo que veía a su psiquiatra, sin embargo ese era un precio que estaba mas que dispuesto a pagar.
~*~
Bill no andaba de buen ánimo; sus sentimientos confusos por Bob Marley aun lo torturaban y, aunque le hubiera asegurado al otro chico que entendía las circunstancias en que fue realizado su comentario, éste no sólo dolió sino que además despertó un comprensible miedo a involucrarse demasiado en una situación en la que —sin el menor asomo de dudas— Bob Marley unicamente buscaba pasarla bien.
La noticia del noviazgo de Val sólo empeoró las cosas.
Bill sentía que todo estaba cambiando y que él no tenía control de nada de lo que sucedía alrededor suyo.
Para colmos sus amigos llevaban semanas planeado el viaje de vacaciones, mismo al que Bill siempre encontraba excusas para dilatar, sin embargo los chicos ya no podían esperarlo más porque pronto empezarían las clases.
Su corazón se encontraba dividido, tenía motivos de sobra tanto para ir, como para quedarse.
Ante todo no quería alejarse del lado de Val y a su regreso descubrir que había perdido terreno ante Nick. Pero a su vez necesitaba distraerse, emborracharse, poner distancia física y emocional con el idiota de Kaulitz antes de que fuera demasiado tarde.
Su cabeza parecía una olla de grillos, mientras más vueltas le daba a sus problemas, ésta se tornaba mas ruidosa.
Cuando estaban juntos las cosas fluían de una manera tan natural que se le hacía fácil estar cerca de él, hablar de cualquier tontería y —casi sin darse cuenta— acabar acariciándose.
Se sentía bien en su compañía, demasiado bien.
Él ya había sufrido mucho por sentimientos no correspondidos, no quería pasar de nuevo por lo mismo,. Necesitaba ponerle un atajo a ello.
El propósito de distanciarse gradualmente de Tom flotaba en el aire, sobre él, sin embargo cuando se acumulaba el tiempo sin verlo lo extrañaba en demasía.
Por ello al recibir su mensaje esa tarde no tardó en responder.
Aún medio distraido como estaba, bastó que Tom mencionara al pasar lo del accidente laboral para que su corazón se saltara un latido. Pese a tratarse de una fruslería como un dedo atrapado en un engranaje, Bill se asustó de todas maneras. Bob Marley había probado ser bastante negligente con su salud.
Se repitió mentalmente «estúpido, estúpido, estúpido» cuando el chico le pidió «un besito para que sane mas rápido» y a él le faltaron manos para encender la cámara del teléfono y grabarse enviándole un beso volado.
Sabía que el chico le estaba coqueteando, que probablemente para él sólo fuera un tonto juego con «mi amigo el marica».
Bob Marley le había repetido muchas veces que sólo le gustaban las mujeres, incluso mientras ambos se besaban y metían mano.
Tal vez Tom fuera bi, tal vez fuera gay, tal vez solo estaba abrumado por la libertad repentina luego de toda una vida a la sombra de un padre castrador. Empero, si de algo Bill estaba seguro, era que esa relación extraña estaba destinada a acabar mal.
El imperioso reclamo del otro chico «¡Yo quería verte hoy!» cuando se le escapó que esa noche haría una fiesta en casa —invitó a algunos amigos, aprovechándose de que Val saldría y regresaría muy tarde— no contribuyó a disipar sus dudas.
Bill también deseaba verlo, pero sabía de sobra lo que inevitablemente acababa sucediendo cada vez que se encontraban a solas.
Suspiró con desazón. Tal vez ese viaje llegó en el momento indicado.
Esa noche, mientras sus amigos se tomaban la terraza por asalto, Georg lo llevó a un lado y le dio un ultimatum: ellos viajaban ese viernes, con o sin él.
Eso le daba menos de 48 horas para aclarar sus sentimientos. Escaso tiempo para alguien que no funcionaba bien bajo presión.
~*~
Tom no acostumbraba irse a la cama antes de medianoche, ni en periodo de clases, pero desde que había comenzado a trabajar en el taller llegaba a casa con las energías justas para comer algo, darse una ducha y caer a la cama.
Su trabajo en la cadena de comida rápida fue un día de campo comparado con los dias recientes. Le apasionaba, había mucho por aprender, pero su cuerpo no estaba habituado a ese nivel de exigencia física. Nick intentaba darle ánimos, pero el chico no creía que las agujetas mitigaran algun día. Aun asi, la idea de darse por vencido estaba muy lejos de pasar por su mente.
El agotamiento tenía una peculiaridad, una bastante cabrona: los dolores le impedían dormirse temprano.
Y Tom aprovechaba esas horas en que no podía hacer mas que yacer en horizontalidad para hablar con su Mauschen.
¡Ahh! Su Mauschen.
El chico que ocupaba cada minuto de su tiempo, aun no estando presente.
Esa tarde, el recuerdo de sus besos interrumpió su concentración, provocando un pequeño accidente.
«¡¿Cómo que accidente?!»
La información se le escapó de forma inconsciente, pero no podía negar que las mayúsculas altisonantes y los emojis preocupados del moreno eran extrañamente reconfortantes.
«No fue nada, Tobías me explicaba el funcionamiento del mecanismo de un reloj de péndulo, me distraje un segundo y el engranaje me atrapó un dedo»
«¿Que clase de estúpido mete un dedo en un engranaje en movimiento?»
«Un estúpido que no sabe nada de relojes antiguos» —carita sonriente y una gota al costado de la frente—. «Estoy bien, solo me aplasté el dedo y tendré un hematoma en la uña por unos dias, pero ni siquiera sangré»
«¿Duele mucho?»
«Estoy bien, Nick me obligó a tomar un ibuprofeno».
«Significa que de verdad te duele mucho».
«No es nada, en serio… Pero sanaría más rápido si me dieras un besito»
Las orejas de Tom se caldearon, no planeó decir eso. Todo fue culpa de sus dedos traidores.
Esperó en vano que el moreno pasara de su comentario, un minuto mas tarde le llegó el video de un ruborizado Mauschen recostado sobre el sillón de la sala, lanzando un beso volado, tras lo cual estallaba en risas y le ordenaba que prestara mas atención a la vez siguiente.
Pero poco le duró la dicha del capricho concedido. Trumper se despidió temprano en esa ocasion. «Estoy solo. Blah, blah, blah… Fiesta en casa con los amigos. Blah, blah, blah…».
Él no se despidió, no le deseó buenas noches ni prometió hablarle al día siguiente, sólo dio por terminada la comunicación con un furioso: «¡Yo también quería verte!».
Tom no podía evitar sentir celos, entre esos amigos indudablemente estaría Geo.
Su Mauschen y su ex mejor amigo se habian vuelto inseparables, demasiado para su gusto.
Y aunque el moreno aseguró que éste puso reparos para acceder a fingir ser su novio, Tom tampoco podía olvidar el beso que ambos chicos se dieron en el gimnasio de la secundaria.
Georg Listing era atractivo, alto y con una musculatura adecuadamente desarrollada.
Él sólo era un chico esmirriado que debía esperar un par de semanas a que los antidepresivos salieran por completo de su sistema para volver a funcionar adecuadamente como hombre.
¿Qué sucedería si ahora que su Mauschen parecía haber superado el enamoramiento por el guardaespaldas, él decidiera que quería estar con Geo?
Sacudió la cabeza para espantar el rumbo que tomaban sus pensamientos.
¿A quién carajos le importaba lo que sucediera entre Bill Trümper y Georg Listing?
Tom suspiró con desánimo, algunas mentiras eran demasiado grandes para que incluso él las creyera.
La sola idea de que su Mauschen se enamorara de otro logró que su pecho comenzar a doler de nuevo.
~*~
Esa tarde, cuando Mauschen llamó preguntando si se podía escapar del trabajo un poco antes, Tom ni siquiera lo dudó.
Le inventó una mentira a medias a Tobias (el viejo le preguntó si la emergencia se relacionaba con su novia y él, colorado hasta las orejas, respondió que sí).
Tom no ocultó su felicidad: su Mauschen lo había llamado a él, no a Geo ni a nadie más.
Pero el chico que subió a Zorra era muy diferente al Mauschen que él adoraba, se parecía más bien al ácido Bill Trümper con el cual solía pelearse tiempo atrás.
No lo saludó con un coqueto beso en su mejilla, como se estaba haciendo costumbre, sino que se cruzó de brazos, enfurruñado y le pidió lo llevara al mirador que los chicos solían llevar a sus ligues. Tom lo miró extrañado, Bill no parecía de humor para fajes, Bill insistió, «o un parque, algun lugar donde podamos embriagarnos» y Tom comprendió que el sonido que provenía de su mochila era producido por un par de botellas al entrechocar.
Tom deseaba complacerlo, pero no era seguro para él ser atrapado bebiendo en publico.
~*~
Bill salió de casa en cuanto llegó Nick. El idiota se adelantó veinte minutos, de lo contrario no se habría topado con esa desagradable escena en el recibidor.
Tom lo esperaba frente a la entrada del edificio.
Sí, se suponía que intentaba mantener distancia, pero el dolor por lo que creía la perdida de Val superaba con creces su determinación de alejarse del otro chico.
Al menos esa tarde quería ser mimado, no importaba lo que sucediera después.
Que de todos sus amigos (casualmente) fuera Tom quien podía comprenderlo mejor —dado que ambos pasaban por el mismo trance— era una putada más del destino.
Pero Tom no dejaba de sorprenderlo. Parecía mucho más relajado de lo que Bill nunca lo vio. Como si se hubiera liberado de un gran peso que cargaba sobre sus hombros.
¿Qué había pasado desde la última vez que se vieron? Porque aquél rostro radiante no podía deberse al noviazgo de sus respectivos hermanos.
No se atrevió a preguntar, la respuesta probablemente involucraba a una chica de grandes pechos y su ánimo ya estaba bastante por los suelos como para escuchar los detalles de su último ligue.
—Sácame de aquí —pidió, con un nudo formándose en su garganta.
Quizá dejarse caer en casa de Mandy hubiera sido una mejor idea. La chica era demasiado curiosa, pero al menos ella no despertaba perturbadores sentimientos que debía cortar de raíz.
—¿Adónde vamos?
Bill sacudió su mochila, haciendo sonar su contenido. Se había robado un par de botellas de la licorera, su intención era ir a cualquier sitio en que pudieran embriagarse y no regresar hasta el día siguiente.
—Creo que conozco el lugar indicado.
Tom arrancó el auto y se perdió en el tráfico.
~*~
Ocho minutos tardó Mauschen en sacar el tema.
Tom lo escuchó insultar a su hermano en diferentes tonos, sin intervenir. Él había viajado en ese mismo barco hasta hace muy poco, y aunque no le agradaba que se refiriera en esos términos a su amado «Bro», comprendía que el chico necesitaba desahogar los temores que ocultaba tras toda esa rabia.
Él también temía por la relación de los adultos.
A diferencia del moreno él confiaba en que Nick no lo abandonaría, sus temores iban orientados en otro sentido. La última vez que le rompieron el corazón a su hermano no volvió a ser el mismo, algo en él murió para siempre.
Valentino Trümper y Nick eran tan diferentes como el día y la noche, Tom no imaginaba de qué manera esos dos hombres podía tener una relación exitosa.
Pero Nick esos días lucía tan feliz, como Tom no lo había visto en mucho tiempo.
Desde luego que no planeaba bajar la guardia, pero al menos depondría la guerra contra Val. Nick se merecía disfrutar su rayito de felicidad. Si él podía contribuir a ello, haría todo lo que estuviera en sus manos.
Varios kilómetros mas tarde y acabado el paquete de kleenex que guardaba en la guantera de zorra, el moreno se calló y Tom vio tomó la chance de poner algo de sentido común en esa cabecita llena de mousse y miedos.
—No seas idiota. Nick no va a alejar a tu hermano de tu lado, él jamás haría algo así. Mi bro no oculta dobles intenciones, lo que ves es lo que obtienes.
Su Mauschen se cruzó de brazos y lo miró con mala cara, pero siguió prestando atención.
—Quizá parece un poco torpe, porque le han pasado cosas en verdad muy feas… Pero nunca esperes maldad de su parte. Simplemente él no sabría como hacer daño, ni aunque lo deseara. Precisamente por eso le han sucedido tantas mierdas.
A Bill se le acabó de pasar el enfado cuando Tom le contó una vieja anécdota, de como su hermano salvó sus rastas en quinto grado.
Un chico le pegó los piojos a toda la clase, sus padres no tardaron en enterarse y sentenciar sus rastas (por ese entonces muy recientes) a pasar por las tijeras de su madre para luego acabar con un rapado al cero.
En una acción desesperada, el pequeño Tom se atrincheró en su cuarto y clamó a su hermano por ayuda. Nick se lo llevó a su habitación en la universidad y luego de matar los bichos se armó de un peine y mucha paciencia para quitar hasta el último huevecillo.
~*~
Tom se refería a su hermano con cariño, orgullo y algo que Bill pudo identificar como devoción. Su corazón, que siempre sufría cada vez que descubría un nuevo maltrato infringido por los padres del otro chico, se sintió cálido.
—De acuerdo, el idiota de Nick es un buen hermano ¿Y eso qué? De todas maneras van a enviarme a un internado en los Alpes Suizos.
Tom detuvo el auto en medio de una bonita zona residencial. Bill no preguntó por qué rayos lo había llevado allí (no parecía un buen sitio para emborracharse), había conseguido que el chico se abriera un poco y no quería amedrentarlo.
—Eres la unica familia que le queda a tu hermano, no creo que vaya a deshacerse de ti sólo porque ahora esta en una relación con mi bro. No tiene sentido.
Bill parpadeó. ¿Cómo Bob Marley podía saber eso?
En realidad aún tenían una abuela que vivía en Magdeburg, una odiosa mujer que le presagiaba a Val las penas del infierno cada vez que la visitaban. Por lo mismo no contaba mucho como «familia».
—El día del tiroteo no parabas de hablar —explicó Tom—. Estabas destrozado, te preocupaba más dejar solo a tu hermano que tu propia vida. Y creo que él piensa lo mismo, se oía aterrado por perderte.
—¿Escuchaste lo que me dijo?
El chico asintió.
—No cometas la misma estupidez que yo —agregó, tomándole la mano y dándole un pequeño apretón, en una caricia que nada tuvo de sexual—, no permitas que el temor de perderlo te aleje de él.
Tom consiguió arrancarle la promesa de bajar un poco la paranoia y darle una oportunidad a Nick.
Bill se sintió mas liviano, aunque una frase dicha al pasar por Tom, mientras relataba la anécdota de los piojos, lo inquietó: «No merezco todo lo que mi bro hace por mi».
Bill comprendió que Tom fuera tan duro consigo mismo, debido a su historial familiar.
Pero no compartía su opinión, si bien Tom tenía un pasado de chico problema, a sus ojos se había redimido con creces. Si el adulto realmente era un buen hermano debería estar orgulloso de lo que Bob Marley había logrado.
~*~
Dado que durante el trayecto estuvo mas pendiente de descargar su rabia que de observar la ruta, no tenía la menor idea de dónde se encontraban, ni de porqué Bob Marley lo consideraba el lugar mas apropiado para hablar.
Sólo cuando el chico abrió el portón de la casa frente a la cual estaban estacionados Bill sumó dos mas dos.
Tom lo había llevado hasta su casa.
Bill estaba emocionado, era un cotilla de primera. No imaginaba cómo luciría el lugar en que dos personas tan abismalmente diferentes como ambos Kaulitz habitaban.
Lo primero que llamó su atención fueron un par de letreros de acrílico colgados en la pared de la entrada: «Prohibido fumar» y «En esta casa se prohíben los comentarios homofóbicos». Al verlo de pie, mirándolos con una ceja alzada en forma de muda interrogación, Tom le explicó de forma sucinta que eran el producto de un castigo inflingido por su hermano. Bill no necesitó más antecedentes para comprender el porqué.
El interior era muy acogedor, pequeño —considerando sus propios estándares—, pero agradable. Había tanto por ver que miraba por todas direcciones, sin conseguir asimilar que se encontraba en el hogar del hombre al que tanto detestaba.
Pero claro, Nick no vivía solo. Pronto empezó a descubrir huellas de la presencia de Tom en esa casa: un perchero con varias gorras colgadas, un sacapuntas y dos cabos de grafito en la bandeja de las llaves, un colorido e incomprensible póster en una de las paredes de la sala…
En medio de su detenida observación, un alboroto de patas seguido de una mancha negra cruzó ante los ojos de Bill. Su mandíbula bajó hasta su pecho al ver la imagen mas inverosimil —por lo tierna— que jamas pudo concebir: el «rudo» Tom Kaulitz, de rodillas en la alfombra, mimando a un labrador de casi su misma estatura.
Bill conoció a Scotty con anterioridad, los Trümper lo llevaron con ellos a la cena de cumpleaños que Val organizó para Nick en el Pent House. Sin embargo, en aquella ocasión el perro pasó toda la velada roncando junto a Pumba en el bergere de este.
Tom pareció adivinar su deseo de acercarse, porque lo invitó a acariciar al perro.
Le explicó que no les agradaba dejarlo solo, por ello se turnaban .para llevarlo con ellos al trabajo. No siempre se podía, como esa tarde, en que tuvo que dejar al perro en casa antes de ir a buscarlo a él.
Tom volvía a ser un niño al estar junto a ese perro.
Bill experimentó una sensación tan cálida en el pecho, que deseó que nada la arruinara.
~*~
Mas tarde —mientras Tom iba por gaseosas a la nevera, a la espera que llegara la pizza que ordenaron— Bill dio un vistazo con mas calma por el lugar, deteniéndose en una pequeña mesita repleta con fotografias.
Había una de Tom con un bebé, debía tener unos diez años, traía el cabello suelto y muy obscuro. Bill cogió el portarretratos en sus manos, el chico se veía tan lindo y pacifico.
Se preguntó de quién era el bebé, pero fue otra la pregunta que verbalizó.
—¿Antes de las rastas tenías el pelo negro?
No supo qué decir cuando Tom lo sacó de su error: el de la foto sí era él… con un par de días de vida. Quien Bill creía su amigo no era otro que Nick.
Sus mejillas se encendieron, relegando a un rincón oscuro de su mente aquel pensamiento en que Nick se veía lindo… ¡Pero el idiota era una fotocopia de Tom! Aunque en rigor la situación era al revés, Tom se parecía asombrosamente a su hermano.
—Ustedes son idénticos —murmuró, aún pasmado, cuando finalmente consiguió articular palabra.
—¡Por supuesto que no! ¡Yo soy mucho mas sexy!
Y ese comentario obró la magia, la risa se llevó la incomodidad que llegó con tan peculiar pensamiento.
~*~
Iban por la segunda pizza cuando acabaron discutiendo sobre su futuro académico.
—Con esas calificaciones puedes estudiar en la secundaria que desees —Había comentado Mauschen, con una mancha de salsa en la mejilla, que Tom moría por lamer.
Pero Tom era más realista («pesimista», diría su hermano). Ningún plantel —ninguno que valiera la pena realmente— querría a un chico con su historial de mal comportamiento sobre el que, para mas inri, se cernía una investigación penal en curso.
—Podrías estudiar conmigo, si así lo quieres.
La llamita que se encendía en el pecho de Tom cada vez el moreno tenía un gesto dulce para con él, ardió intensamente.
Si debía acabar la Uberschule educándose en casa, hacerlo con el moreno como su tutor le parecía la más atractiva de las alternativas.
—Eres un asco en matemáticas —le picó. Era una bonita fantasía, pero no podía monopolizar de aquella manera el tiempo libre de su amigo, a la larga ello podía repercutir en su desempeño académico—. ¿Cómo esperas enseñarme?
—¿Enseñarte? ¿Quién habla de enseñarte? Lo que digo es que deberías estudiar conmigo, en mi secundaria.
Tom se desinfló, era demasiado bonito para durar, aún como fantasía.
Su semblante decayó, dejó su rebanada en el plato y habló con suma seriedad.
—Trümper, esta cara salió en todos los periódicos y noticieros durante días. Ninguna asociación de padres permitiría que un bully sospechoso de terrorismo estudiara junto a sus hijos.
Bill pareció comprender su argumento, le apretujó una mano entre las suyas, Tom no supo si para infundirle ánimos o para desahogar su propia frustración.
—¡Pero eres inocente! Estuve contigo casi todo el tiempo, y ninguna bala fue percutada antes de eso, porque el cargador estaba intacto.
Tom se dio cuenta de que Mauschen tenía una imagen distorsionada de él porque sólo conocía una parte de la verdad. También sabia que era muy probable que perdiera su amistad si abría la boca, pero ya no podía más con su conciencia.
La siguiente medía transcurrió pesada, sofocante. Por primera vez, desde que conoció a los miembros de «La Familia», rompió su pacto de silencio. Le relató a Bill de forma detallada todos sus planes, el entrenamiento al que se sometieron, la forma en que consiguieron el financiamiento y cómo contactaron al proveedor de las armas y municiones.
Convencido que aquello equivaldría a poner el úitimo clavo en el ataúd que enterrara su amistad, no mencionó las motivaciones que lo llevaron a involucrarse en la masacre.
Mauschen durante todo el relato permaneció silente, solo manifestando su indignación en la forma en que apretaba sus puños sobre el regazo.
Sin embargo, cuando mencionó el contenido de su lista, el chico no pudo seguir conteniendo sus emociones y se le escapó un sollozo.
Tom, que producto de la vergüenza había dejado de sostener su mirada rato atrás, interpretó aquello como el fin de su amistad. No iba a insultarlo rogando por un perdón que ni siquiera él era capaz de otorgarse.
Pero el moreno era una sorpresa constante. Aun con la voz tomada por las lágrimas y el dolor, hizo una unica pregunta. La peor de todas.
—Sé que no eres un asesino, cuando me apuntaste con el arma estabas mas asustado que yo mismo y no pudiste disparar. Sólo quiero saber: ¿De dónde provino tanto odio? No recuerdo haber hecho nada que lo provocara.
Tom meneó la cabeza, agitando sus rastas. El odio se había disipado hacía tanto, que ni siquiera recordaba cuándo ni cómo ocurrió.
Con ayuda de Pauline Tom había buceado en su interior y develado la raíz de su comportamiento agresivo, y por qué éste se enfocaba específicamente en él chico ante él.
—Yo… te culpaba. Desde que te vi en el pasillo y lo sentí por primera vez… no supe cómo lidiar con ello.
—¿Sentir qué? ¿Odio? —la amargura en el tono sólo aumentó la propia angustia.
Tom meneó nuevamente la cabeza. Si Mauschen iba a salir de su vida, al menos que lo hiciera sabiendo toda la verdad, se lo debía.
—Deseo. No podía quitarte de mi cabeza, estabas en todas partes y yo… yo no quería ser un marica. NO PODÍA serlo. Y como no conseguí arrancarte de mis pensamientos, descargué mi frustración contigo. Mientras más fuertes eran las sensaciones que me provocabas, mas brutales se tornaron las agresiones. Las advertencias de mi padre cobraron sentido —ante la mención de Jorg el otro chico bufó—. Él solía decir que los maricones usaban artimañas para enloquecer a los hombres rectos, y yo lo creí porque al mirarte… tus ojos… tu sonrisa, provocaban que mi estomago hiciera piruetas. No sabía cómo pararlo, cada vez se ponía peor… hasta que conocí a Uwe y… Bueno, ya sabes el resto.
Se secó las lágrimas con la manga, sonriendo con ironía.
—¿Sabes? Una de las frases favoritas de papá era: «Los verdaderos hombres nunca lloran». Creo que nunca seré uno después de todo, ni mi hermano —alzó la cabeza, para dedicarle a su Mauschen una sonrisa triste—. Ambos somos un par de llorones. Al menos él fue mas listo que yo. ¿Quién lo diría, verdad? Con lo despistado que parece siempre. No tienes que preocuparte por tu hermano, Nick cuidará bien de él. Lo ha hecho conmigo, y yo ni siquiera lo merezco.
Su Mauschen lloraba en silencio, negras cascadas manchando sus mejillas. Tal vez lo mejor que podía suceder era que éste lo sacara de su vida de una vez, así no tendría ocasión de lastimarlo nuevamente.
—Iré por el auto, yo… —Tom carraspeó y se restregó los ojos, que se humedecieron de nueva cuenta— Lamento que todo acabara de esta forma. Dudo que sirva de algo, o que siquiera me creas pero… Hace mucho que olvidé cómo odiarte.
Se incorporó del sillón pero algo le impidió avanzar, una mano aferrando los bajos de su gigantesca camiseta.
—Yo sí te creo.
Tom quiso besarlo, pero era consciente de que no lo merecía, así como tampoco su perdón.
—¿Por qué? —preguntó, con un hilo de voz. Si la situación fuera a la inversa, él no lo haría.
—Porque me lo has demostrado durante todos estos meses. En el fondo de tu corazón eres un dulce niño asustado, Tom.
Tom se odió por no poder contener sus lágrimas, su Mauschen lo había llamado «Tom» y —por estúpido que pareciera— ser visto como un «dulce niño asustado» en lugar de enfadarlo, lo conmovió sobremanera.
—M-Mauschen… Y-yo …
¡Genial! ¿Ahora resultaba que la tartamudez de su hermano era contagiosa?
Y hablando del rey de Roma… El ruido de un automovil estacionándose puso como loco a Tom.
—¡Mierda! ¡Tienes que esconderte! —chilló, recogiendo apresurado el desorden dejado durante su improvisada cena.
—¿Por qué? ¿Qué sucede?
—Es la camioneta de mi Bro, no puede verte aquí.
Contagiado por el nerviosismo, el moreno se metió en el pequeño armario del pasillo, del que Tom lo sacó un momento mas tarde.
—Nick guarda su chaqueta y su bolso aquí.
—¡¿Entonces dónde?!
—Mi habitación. Nick sólo entra los viernes por la tarde, para recoger la ropa sucia.
—¿Él lava tu ropa?
—Sí, no tenemos ama de llaves, como otros —Fue reconfortante regresar a las burlas inofensivas—. ¡En mi habitación, en el segundo piso!
—¿Cuál puerta?
—¡Lo sabrás cuando la veas!
Apurado como estaba por deshacerse de toda evidencia incriminatoria antes de que su hermano entrara a casa, tuvo la molesta sensación de que algo olvidaba, algo importante. Pero, por más que estrujó sus neuronas, no pudo recordar el qué.
Alcanzó a lavarse la cara y arrojarse sobre el sillón ante de oir la puerta de entrada abrirse y la misma estrofa de «Crazy» que su hermano llevaba meses tarareando.
—¿Qué le pasó a tu cabello? —preguntó, a modo de saludo— Parece que dos gatos se hubieran peleado en tu cabeza.
Tom dudó que el adulto siquiera lo hubiera escuchado, porque su respuesta —»Sí, ¿no es fantástico?»— no parecía muy coherente.
Nick subió directo a su habitación con Tom pisándole los talones, rogando por que su Mauschen hubiera dado con la puerta correcta.
~*~
Al entrar en su habitación Tom encontró a Mauschen cubriéndose la boca con ambas manos, de pie junto a la cama.
—Mierda, lo olvidé.
—Olvi… ¡¿Como pudiste olvidarlo?! ¡Abarca toda la jodida pared! —alegó, gesticulando con sus manos, intentando abarcar la colorida superficie.
—Baja la voz. ¿Quieres que Nick nos descubra? —pero el otro chico no quitaba los ojos de la pintura—. Visto así parece un poco creepy, ¿verdad?
—¡¿Sólo un poco?! —farfulló en susurros— No sé si me tranquiliza que hayas devenido de asesino en stalker— el semblante de Tom se ensombreció—. Lo siento, hablé sin pensar. Supongo que tu hermano lo ha visto.
—Por supuesto, es su casa.
—Entonces, él está enterado… Ya sabes, que nosotros…
Tom negó con la cabeza.
—Todo comenzó de forma tan extraña que no dije nada, luego no supe que decir. Creo que sólo piensa que estoy un poco obsesionado contigo, nada mas.
—»Sólo un poco obsesionado, nada mas».
Tom le mostró su dedo medio.
—¿Vas a quedarte mirándolo toda la noche?
—Dame un momento, aún no decido si sentirme halagado o frikeado.
~*~
Sólo por torturarlo, Bill nunca compartió con Bob Marley su veredicto.
Bill tampoco le contó que no era un completo ignorante en cuanto a arte se refería. Aunque no poseía la pasión del chico de rastas, o de su hermano, más que algo recordaba de todas las ocasiones en que Val lo arrastró a catedrales, palacios y museos durante sus vacaciones en el pasado.
Durante todas esas horas escuchando las tediosas explicaciones del guía de turno aprendió un par de cosas, como la diferencia entre columnas Dóricas y Jónicas y algo mucho mas práctico que aquello: que se podía dilucidar el estado mental y emocional del artista observando su obra con detenimiento.
El mural de la habitación de Bob Marley era mas que elocuente, Bill no encontró un solo trazo que denotara odio, o tan siquiera ira. Esa pintura fue realizada con celo y minuciosidad, pero sobre todo cariño.
~*~
—Pero Bob Marleeey…
—No me gusta dormir en el suelo.
—¿Que nunca has ido a acampar?
—¡No acamparé en mi propio cuarto! Usa la bolsa…
Luego de que Bob Marley lo convenciera de enviarle un mensaje a Val avisando que estaba bien, pero que pasaría la noche fuera, se adueñó de la cama de su anfitrión.
—No quiero dormir en la bolsa. ¿Por qué no compartimos la cama? No sería la primera vez.
—Porque tu cama es mas grande que la mía.
—Dormiremos juntitos.
—Hace calor.
—Abriré la ventana.
—Entrarán insectos.
Bill suspiró y abandonó la cama.
—Vamos, Mauschen, no hablaba en serio. No pongas esa cara, quédatela. Yo dormiré en el piso.
—No me importa la jodida cama, yo sólo quería estar cerca tuyo, pero si tú no quieres, no puedo obligarte.
—No se trata de eso, no es que yo no quiera. No puedo, no después de… —se jaló una rasta, lucía tan apocado que Bill le dio un abrazo para quitarle esas ideas extrañas de su cabeza— ¿No me odias? —preguntó, enterrando su nariz en el pálido cuello.
—Debería hacerlo, ¡me dibujaste bizco!
—Ya te expliqué que el mural aún no está terminado.
—Es hermoso.
—Sólo dibujo lo que veo.
—¿O sea que me ves bizco? —lo mosqueó.
Tom, ya mas calmado, masculló: «Aun bizco, eres hermoso».
Continuará…
Estoy que 😭😭😭 por fin Tom fue sincero respecto a ese oscuro pedazo de su vida