Largo invierno 10

Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno

Capítulo 10: Schrei so laut du kannst II

Tom

Estábamos en un bar gay. Un puto bar gay. No sé cómo coño me habían arrastrado estos dos aquí pero lo habían conseguido. Aunque en el fondo no sé porqué mierdas me he dejado engatusar así, la última vez que estuvieron en un bar gay prácticamente acabaron separados. Hace muy poco que han conseguido volver a la normalidad. Igual esto no es más que la prueba definitiva de que sí están bien.

Mario y Andy revoloteaban abiertamente por todo el local y yo estaba con un cubata en la mano, simplemente apoyado en una pared, maldiciéndome a mi mismo. Ni siquiera me estaban haciendo puñetero caso. Se dedicaban a socializarse con todos sus amigos gays y ni se giraban a mirarme.

Genial, este es justo el fin de año que esperaba.

De puta madre.

Localicé una pequeña terraza que tenía luces de neón y entrada por los cuatro lados. Era como un cuadrilátero en medio del local que atravesaba el edificio, dejando ver el cielo.

Como si fuera un patio de luces. Había bastante gente fumando fuera y decidí que era algo con lo que aprovechar el tiempo. Di que si, a fumar se ha dicho. Me metí en esa especie de terraza y pude ver demasiado mariconeo. Habían gays hablando con más gays, gays metiéndoles la lengua a más gays, y mucha gente intercambiando saliva.

¿Habéis visto a Damian en el cuarto oscuro? Ya vuelve a estar con aquella puta de Ben– alcancé a oír sin querer. Juro que fue sin querer. ¿Un cuarto oscuro? ¿Están enfermos o cómo va esto? Bueno, no sé de qué me sorprendía la verdad.

Así que había un sitio donde la gente iba directamente al folleteo… Eso estaba de puta madre porque probablemente quería decir que los baños estaban limpios. Estupendo, si me rallo de esta mierda podré sentarme en uno de los cubículos a dormir un rato.

Negué apartando esos pensamientos extraños de mi mente e intenté distraerme mirando el comportamiento de todas las personas que estaba ahí. Quizás podía basar toda esta experiencia como un experimento sociológico del típico gay alemán. ¿Qué hace un gay alemán en su propio territorio? Averigüémoslo en este episodio de las trepidantes aventuras de Tom el explorador.

Me reí de mis propios pensamientos pero aún así intenté distraerme con lo recién nombrado.

Había un par de chicos que parecían estar discutiendo, y uno de ellos lloraba a lágrima viva mientras que el otro parecía seguir indignado con el problema que estaban teniendo.

¿Peleas en fin de año? Muy mal tenía que estar la cosa entre estos dos.

Lo siguiente interesante que encontré fue una pareja que parecía que estaban apunto de montárselo en el sofá que había en una de las esquinas más oscuras. Oh vamos, pero si hay un cuarto especial para ello… Un poco de respeto para los que vamos a pasar la noche a pan y agua, hombre. Los miré con un ojo crítico al principio, pero algo dentro de mí, activó aquella parte marica que intentaba desesperadamente encerrar en una jaula, e hizo que me pareciera incluso tierno. No se estaban magreando como posesos, simplemente, parecía que pronto iban a pasar de esos besos febriles que disfrutaban dándose.

Intenté pasar de largo de esos chicos y mi vista continuó viajando justo hasta la siguiente esquina, donde me encontré con unos ojos fijos en mi. Alcé una ceja algo sorprendido, y el propietario de esos ojos desvió la mirada al instante, volviéndose rojo como un tomate.

Lo observé bien y pude ver una especie de chico al estilo “suicida”, con el pelo negro azabache como la noche más intensa, llegándole a los hombros, ropa oscura y ceñida, con pinchos pequeños y cosas metálicas bastante inútiles que sólo servían de decoración. Achiné los ojos y me di cuenta de que parecía estar maquillado.

Oh dios, era quién-no-debe-ser-nombrado a los putos 16 años. Era como si estuviera viendo un fantasma de él mismo un poco más joven, pero igual de adorable. Puede que incluso con ese toque de morbo al tener yo más edad que él.

Pasaron un par de minutos y yo no había apartado mi vista cuando él pareció volver a intentar mirar hacia donde yo estaba. Al ver que yo continuaba con mis ojos en él, éste pareció volver a morirse de la vergüenza y los volvió a apartar.

Sonreí de lado al ver este juego de niños entre los dos que me estaba alegrando un poco la noche y esperé paciente a ver qué hacía. ¿Estaba solo? Eso era genial.

Volvió a mirar hacia aquí y esta vez aguantó la mirada más de un instante. Deshice la postura y me encaminé hacia él completamente decidido, sin saber muy bien con qué plan iba a desenvolverse la situación. El muchacho me miraba algo asustado, desde una perspectiva mucho más baja que la mía, y con los ojos abiertos como platos.

Cuanto más me acercaba más podía estudiarlo a la perfección. Tenía los ojos de un castaño tan claro que parecían naranja, haciendo que pareciera un pequeño gato completamente negro, con unos bonitos ojos hipnotizantes.

Era una monada.

El chaval aguantó mi mirada todo el rato y eso me gustó, ni siquiera cuando me puse a un paso de él pareció arrepentido de nada. Aguantó como un campeón y luego simplemente sonreí.

El muchacho estaba temblando.

-¿Hola? – le dije sin más. La verdad es que me sabía mal ir con esa confianza por delante sólo por ser mayor que él, pero me miraba de una manera como cuando le estoy poniendo a cien a una chica en una discoteca. Pero la única diferencia es que este parecía simplemente embobado, y no me miraba seductoramente, simplemente… me miraba.

-Hoho… hola. – dijo tímidamente. Como ya me había imaginado, su voz era dulcemente aguda.

-¿Nos conocemos? – puede que la pregunta fuera un tanto intimidante, como si le estuviera pidiendo una explicación por el hecho de estar mirándome tanto rato. Beh, era divertido. Le sonreí de lado y enseguida un rubor se extendió por sus mejillas. Dios, qué carilla que tenía.

-Eehh… No. – no me sostuvo la mirada. De hecho esta vez enterró los ojos en el suelo, como si eso pudiera salvarle de mí. – Perdona… Yo…

-Lástima. – me crucé de brazos y me apoyé en la pared. – Creí que tenías algo que decirme. Me estaba entrando la curiosidad… – el chaval alzó la cabeza de pronto, y pude ver un brillo en su mirada que era tan potente, que incluso parecía que eran lágrimas, como si se las estuviera aguantando por vergüenza. – Pues siento la intrusión, supongo que querrás que me vaya… – me fui girando poco a poco pero algo me paró.

-¡No! – dijo casi alargando los brazos hacia mí. Me paré en seco y sonreí mientras lo miraba. – No ha sido ninguna intrusión… – cada vez parecía más relajado, supongo que porque estaba viendo por fin el juego que había detrás de mis palabras.

-¿Estás solo?

-Más o menos. He venido con un amigo, pero creo que ya está algo ocupado… – incluso hablar de un tema tan normal como el sexo hizo que le se encendieran las mejillas de nuevo. ¿Tan joven era para que decir que tu amigo estaba echando un polvo le pusiera nervioso? ¿O era que hablar de sexo conmigo delante era lo que le causaba esa vergüenza?

Cualquiera de las dos cosas empezaba a ponerme un poco, y no sabía qué pensar al respecto. – ¿Tú? ¿Estás solo?

-Igual. Mis dos amigos son novios y se han puesto a socializar con el resto de sus amigos maricas. – puse cara de aburrido y él sólo frunció el cejo. Mierda, ¿había dicho algo malo?

-Oh, entonces eres hetero. – no lo preguntó, directamente lo afirmó. Yo me quedé algo estático, sin saber muy bien qué hacer al respecto. ¿Era hetero? No. ¿Sí? No. Mierda, esa era la puta pregunta del millón. No había ni una puta marica de todo el club que me gustara –a excepción del chaval- pero es que últimamente no me gustaba ninguna chica. Mierda, siempre vuelvo a la misma comedura de coco. – Ya decía yo… No podía ser verdad. – lo dijo prácticamente en un susurro, pero aún así lo pude oír. Pareció estar bastante fastidiado por la noticia.

Mierda, mierda ¿qué hago? ¡No puedo decirle que no soy hetero porque no lo sé ni yo! Pero tampoco puedo decir que sí soy hetero porque no es del todo cierto. ¿Le digo que soy Billsexual? Me va a decir que pasa de capullos que aún piensan en su ex. ¿Cómo voy a hablarle de Bill así de buenas a primeras? ¡Patético, Tom! ¡Patético!

Vale, actúa como si aún estuvieras siendo el amo de la conversación. Un poco de confianza en ti mismo Tom, no puedes parecer inútil tan fácilmente. Me aproximé a él, con la cabeza un poco de lado, como si estuviera intentando estudiarlo de cerca.

-¿Te decepcionaría si te dijera que soy hetero? – le toqué la cara con los dedos, y noté perfectamente como prácticamente se convulsionaba bajo mi tacto. Bien Tom, vuelves a ganar terreno. Tenía la piel tan suave…

No contestó inmediatamente, sabiendo que lo que él parecía haber intentado disimular en voz baja, había llegado a mis oídos.

-…Sí. – en cuanto dijo eso sonreí triunfalmente y bajé mi mano hasta ponérsela en el cuello, acariciándole la nuca con la yema de estos. Pareció que ponía los ojos en blanco del placer.

-¿Y si te digo que soy hetero pero me pones tú? – bueno, en realidad eso es lo más parecido a la verdad que podía darle ahora mismo.

El chico se mordió el labio por culpa del nerviosismo y después puso sus manos en mi abdomen, arrugando mi camiseta bajo sus dedos. No pude evitar tocarme el piercing con la lengua después de ese gesto y simplemente le besé.

Era la primera vez que besaba a un chico después de lo evidente, y no me estaba pareciendo la mitad de contradictorio que aquella otra primera vez. Ahora lo tenía todo más bajo control, como si me estuviera encontrando con un viejo amigo al que hace tiempo que no veo, pero que jamás dejamos que nada separara nuestra amistad. Casi casi, como “volver a casa”.

Al principio el chico se quedó tan sorprendido que no sabía como corresponderme pero finalmente se dejó hacer, rodeándome el cuello con los brazos. Le puse las manos en el trasero y me dejó sobarle lo que quisiera. Paseaba mis manos libremente por encima del pantalón, estrujándolo como quería, y subía peligrosamente las manos justo por debajo de la camiseta. Casi pude notar como se le ponía la piel de gallina. ¿Sería el frío o el contacto con mis dedos?

Fuera como fuera esto estaba siendo una delicia. Besaba con timidez pero como si quisiera entregarse, parecía que intentaba no quedar por debajo de mis conocimientos, supongo que para no decepcionarme, pero él no sabía que ya me tenía totalmente ganado. Aunque no todos los méritos fueran sólo de él. Poder ver a Bill a través de su pelo y su maquillaje dibujaba una sonrisa en mi rostro que estaba siendo incapaz de borrar. Mierda, después de tanto tiempo hasta parecía que me dolía tener los labios en forma de media luna.

Me separé de él un poco y le agarré de la muñeca.

-Vamos dentro, te invito a algo. – no dijo absolutamente nada que rechazara mi oferta y se dejó arrastrar por mí prácticamente con convicción ciega.

Llegamos a la barra y mientras yo pedía él se iba sentando en el taburete que había enfrente de mí. Pegué un pequeño vistazo a ver si veía a Mario o a Andy pero ninguno de ellos parecía estar cerca. No sé si me hubiera gustado que estuvieran por ahí la verdad, probablemente verían en él lo mismo que yo, y volverían a decirme que estoy haciendo el imbécil. Y realmente, tendrían toda la razón del mundo.

El camarero nos sirvió y le entregué el suyo mientras que lo agarraba con dos manos, cuidadosamente. Le pegó un buen sorbo sin olerlo siquiera y en cuanto el líquido tocó su garganta, le entró una tos que intentó disimular como pudo, haciendo unas pequeñas convulsiones muy extrañas. Dejó el vaso de vuelta en la barra y cerró los ojos fuertemente mientras que parecía tragar saliva para apaliar el dolor.

-¡Eeh! ¿Estás loco? Es whisky con hielo, primero has de saborearlo con cuidado, sobre todo si no estás acostumbrado. – el muchacho me miró a través de la pequeña ranura entre sus ojos y luego tragó fuertemente.

-¿Whisky? Creo que nunca había bebido algo tan fuerte… – dijo con una vocecilla tan fina, que parecía que le hubieran dado un golpe en los huevos.

-¿En serio? Vaya, debí preguntar antes. ¿Qué sueles beber? – yo saboreé también el alcohol de mi propia copa y sentí el fuerte olor darme un puñetazo en la nariz.

-Pues combinados… Vodka con limón, o cosas del estilo. – empezó a tocarse la punta de un mechón de pelo. – Sí, ya sé qué estarás pensando, es un poco marica ¿no? – se puso rojo cuando dijo eso y enseguida volvió a agarrar el vaso. Lo olió levemente y con una cara de no estar muy convencido le pegó un sorbo mucho más pequeño que el primero. Parece que esta vez lo estaba soportando mejor.

-Esta vez parece que mucho mejor. – se hizo un pequeño silencio que no se me hizo para nada incómodo porque me dedicaba a observarlo minuciosamente. – ¿Cómo te llamas? –dije finalmente. No había caído en que aún no sabía ese pequeño detalle.

-Biel – alcé una ceja, completamente perplejo. ¿Qué ha dicho? – Es una especie de diminutivo de Gabriel. Ya sabes, el que se le presentó a María y todo eso…

-Vaya, padres religiosos. ¿Qué opinan de tu pequeño vicio? – dije señalando al local en sí.

-Bueno, no lo llevan muy bien la verdad. Pero no pueden hacer nada. – se encogió de hombros y pude ver una sombra aparecer en su mirada. Creo que el chico había pasado muy malos momentos en su casa.

-Biel has dicho, ¿verdad? – desvié la atención del tema peliagudo y simplemente asintió con una sonrisa tímida de lado. Ahora que caía, tenía un nombre muy parecido al de… AL DE NADIE, TOM. SUPÉRALO. – Yo soy Tom.- el muchacho moreno se dedicó a asentir de nuevo. Madre mía, tenía que sacarle cada palabra con esfuerzo, y apenas salían en cuenta gotas. – ¿Qué edad tienes? – Por favor que sea mayor de edad, por favor que sea mayor de edad…

-El 13 de Diciembre hice los 16. – creo que mi boca llegó al suelo. MIERDA. Creí que al menos tendría los 18… Bueno ¿y qué esperaba? Se le veía de lejos en realidad. Tenía una cara de crío que no podía con ella. – ¿Tú?

-El 1 de Septiembre hice los 20. – Biel no pudo evitar morderse el labio después de mis palabras. Me acerqué peligrosamente a él juntando ambos taburetes y le puse una mano encima del muslo. – ¿Y esa carita? ¿Es que te pone que te saque cuatro años? – mierda, con esa manera de decirlo me estaba poniendo hasta a mí. Asintió efusivamente y luego pareció aproximárseme entreabriendo la boca. Yo me tiré un poco hacia atrás. – Huummm… Así que quieres un beso. – no pude evitar volver a pasear mis dedos por su mejilla. Biel asintió. – ¿Sólo quieres un beso? – Ahora preció pensarse la respuesta, y yo achiné los ojos con malicia, como estudiando lo que estaba apunto de decir. Biel negó. – ¿Quieres algo más? –Volvió a asentir. – Biel, Biel… Si me contestas con palabras, podrás decirme qué quieres. –Esa pequeña acusación pareció darle tanta vergüenza que escondió la mirada, bajándola hasta el suelo.

-Yo eemm… – vamos muchacho, suéltate un poco.

-¿Qué quieres? ¿Quieres más… intimidad? – lo estaba ayudando. Asintió. – ¿Dónde quieres ir? – le acaricié el muslo con la mano que estaba ahí y por fin consiguió decir algo más largo.

-Vayamos… al cuarto oscuro. – sonreí de lado, orgulloso de sus palabras y le di un pequeño beso en los labios. Nos levantamos del taburete y agarré al muchacho, que ya iba corriendo hasta allí.

-Espera. – agarré mi vaso de Whisky y me bebí el contenido de un solo trago. Noté que me ardía la garganta pero lo conseguí aguantar bien. El muchacho me observaba como si acabara de ocurrir un milagro y simplemente continué con mi camino. O eso intenté, ya que algo me impidió el paso. Biel parecía que no quería avanzar. Me giré a mirar qué pasaba y lo encontré con su vaso entre las manos, mirándolo con el ceño fruncido, preocupado. –Biel no hace falta que… – y de pronto con los ojos completamente cerrados y con una cara de pánico pintada, se bebió todo el contenido de golpe. Casi se le cayó el recipiente de cristal y tuve que cogerlo al vuelo. Lo dejé en la barra y observé al pobre muchacho empezar a toser como si la vida le fuera en ello. – JAJJAJJAJAAJAJAJA. ¡Madre mía con el cachorro! Ya intenta pasar de los combinados marica a la bebida de camionero en 10 minutos. A ver si te va a dar un coma etílico o algo… ¿Cuánto has bebido antes?

Pero Biel no parecía poder responderme. Seguía con tos y me apretaba fuertemente del brazo. Le di algunos golpes en la espalda y por fin pareció calmarse.

-¿Cómo me has llamado? – dijo de pronto, alzando una ceja. Lo miré algo atónito, sin saber a qué se refería. No me jodas que lo he llamado Bill sin enterarme. ¡¡Esto es una pesadilla!! -¿Me has llamado cachorro? – mi semblante estaba tranquilo, pero mi mente acababa de liberar una tensión increíble. ¡Menos mal! He de admitir que su voz de indignación hizo que no pudiera evitar sonreír triunfalmente.

-Oh vamos, es una pequeña broma. Para mí eres un pequeño cachorrillo. – le agarré del collar de tachuelas que llevaba agarrado al cuello y le besé de nuevo. – Y parece ser que eres un cachorro que se deja amaestrar bien. – Biel se separó de mi colocándose bien el collar, y enterrando la vista en el suelo, algo azorado. Hasta él sabía que era la verdad. –Bueno, tú me guías, yo no conozco este sitio.

Lo vi asentir y avanzar poco a poco entre la gente. Llegamos a lo que parecía ser el agujero dónde debería haber una gran puerta pero que solamente estaba el agujero en la pared. Lo que se veía desde ahí era simplemente el inicio de un pasillo que se abría paso hacia los dos lados y tenía las paredes pintadas de negro. Un cartel justo en la pared de enfrente indicaba:

Recordad, la protección es lo más importante. Usad gomita.

Me entró la risa floja de leer eso. Qué concienciados que estaban todos. Eso era bueno.

Biel fue directo a entrar ahí y de pronto lo agarré de la muñeca, con pánico.

-Oye oye, espera un segundo. – me había tenido que meter irremediablemente en el lado izquierdo del pasillo que es en el que se había adentrado el muchacho y me paré en seco ahí, agarrándolo fuertemente. Tuve que alzar la voz porque podía oír murmullos y gemidos provenientes de ambos lados. Dios santo, apenas podía verle la cara y no nos habíamos metido ni dos metros. – Biel, si te suelto la mano sin querer mientras avanzamos por aquí dentro, quédate quieto para volver a cogértela.

-Vale. – no me quedé tranquilo con eso y volví a pegar un tirón de su brazo, diciéndole que se quedara ahí un momento.

-Oye, aquí dentro no se ve una mierda. ¿Cómo hago para reconocerte? Lo siento pero no creo que sea capaz de distinguir tu voz. – apenas pude vislumbrar cómo ponía los ojos en blanco. ¿Ahora se las va de chulito? Eh ¿qué pasa?, yo soy de follar en el baño, como toda la vida.

-Pues pregunta si soy Biel, y yo te diré que sí.

-¿Y si alguien quiere que me lo folle y dice que sí sin que seas tú? – Mierda Tom, estas cosas son dignas de tu mente gilipollas, ¡no lo puedes decir en voz alta!

-No creo que eso pase… – ¿Cómo? ¿No estoy lo suficientemente bueno como para que alguien quiera mentir sobre su identidad? Espera, eso no lo he dicho en voz alta, ¿no? Vale nono. Menos mal. Nada más faltaba asustar así al personal.

-Tengo una idea. Si yo te digo ¿Biel? Tú contestas “Cachorro”. – ésta vez sí pude entrever su cara de indignación. Creo que fue a contestar pero le callé con un beso, que esta vez, sí tenía lengua. Cuando nos separamos le pegué una pequeña cachetada con la mano que no lo tenía fuertemente agarrado y éste empezó a buscar algún rincón de aquella habitación oscura en la que poder pasar un rato “a solas”.

.

Al parecer aquel sitio era como un laberinto. Aparecían pasillos que conectaban con otros pasillos, y podías encontrar pequeños cubículos semi-cerrados en los que poder tener un poco más de intimidad. Lo sé porque a base de estar ahí dentro la vista se me había acostumbrado mínimamente y podía distinguir pequeños detalles.

Biel y yo nos habíamos metido en uno de los cubículos, pero aún así se podía oír a todo el mundo. En este en particular había una pequeña tabla que salía de la pared y se apoyaba en una de las planchas que ayudaban a hacer el cubículo. Me senté ahí, supongo que pensando que esa era su utilidad y pronto me encontré con que el muchacho pelinegro me estaba comiendo la polla.

Esa sí que era la primera vez que un tío me la estaba chupando, porque no llegué siquiera a sugerírselo a Bill nunca, sabía que no habría aceptado tan pronto ni flipando.

La verdad es que mi cachorrillo lo estaba haciendo de putísima madre, y no estaba teniendo problemas de que se me bajara la erección ni una puta vez. A ver si voy a ser marica de verdad… El chaval parecía que sabía exactamente qué es lo que me gustaba porque paseaba la lengua que daba gusto. Me estaba gustando tanto y me estaba sintiendo tan a gusto que me estaban dando ganas hasta de tocarle la polla yo a él. Lo que me faltaba, la verdad.

-Dios, eres todo un experto… – dije masajeándole la cabeza, que subía y bajaba sin cesar de entre mis pantalones. Era una imagen digna de ser grabada en vídeo. – ¿Haces esto muy a menudo? Intenta contestar con mi polla en la boca… -dije con una sonrisa entre los labios, sabiendo que esto iba a ser muy divertido.

-Puugghhehh lhahhhaa vveeggdsdgsoo… – me hacía cosquillas de una manera tan indescriptible que me estaban dando ganas de convulsionarme ahí mismo del puñetero placer. También cabe decir que me entró un poco la risa floja y supongo que Biel se sintió ofendido y se la sacó de la boca. – Eeehh, no te rías. – dijo haciéndome cosquillas con su aliento golpeando mi polla mojada. No pude evitar encogerme con eso.

-Perdona. – dije acariciándole la mejilla. – Contéstame ahora.

-No, no lo suelo hacer mucho. – dijo con un tono de voz bajito. Me sorprendió mucho esa respuesta y lo miré a los ojos, intentando descubrir algún atisbo de broma en ellos, pero la oscuridad tampoco me estaba ayudando demasiado en mi tarea. Me cuadraría pensar en que era bastante joven, pero no me jodas, yo había follado con 13, hasta los 16 había comido bastantes coños. – ¿Te molesta? – dijo de pronto, preocupado.

-Oh nono… Simplemente, me parece raro. – le agarré del cuello de la camiseta y lo alcé un poco hacia mí. Le besé y lo empotré lentamente contra la pared. Ésta vez, cuando le sobé el culo, lo hice directamente por debajo de los pantalones, haciendo que la cabeza empezara a delirarme. Uh, dios qué culo…

Biel no me soltó la polla y continuó haciéndome una paja mientras nos besábamos y yo ya tenía ganas de partirlo en dos. Empecé a apretarle contra mí y el chaval tuvo que quitar la mano de mis pantalones, pero la hundió por debajo de mi camiseta, por la parte baja de la espalda. De pronto nuestras erecciones se rozaron.

-Aah… – se me escapó sin querer. De pronto me había transportado sin querer a medio año atrás cuando esta misma situación era rara y tenía que acostumbrarme a ella. Volver a revivirla más tarde, estaba siendo una experiencia inexplicable. De pronto, fue como si Bill se fuera a separar de mi, vergonzoso de que nos hubiéramos rozado de esa manera, siendo raro también para él. Pero joder, me había gustado tanto que lo apretaba contra mí para que se rozaran más rato. Si Biel fuera un poco más alto…

-Oye, ¿llevas preservativo? – Biel paró el beso y por consiguiente se separó, haciendo que tristemente, su polla se alejara de la mía. Uh, eso sí que volvía a rallar mi masculinidad un poco.

-Claro, ¿tú no llevas? – me parecía raro que un chico que visitaba locales como este, no llevara protección encima.

-No… No.

-¿Porqué no? – empecé a quitarle la camiseta y la arrojé al suelo.

-No creí que fuera a conseguir nada hoy, la verdad. – aún en la oscuridad, pude notar cómo se le ponían rojas las mejillas.

-¿Cómo que no? Pero si eres una preciosidad… – Ésta vez fue él el que me quitó la camiseta a mí, dejándola en el mismo sitio que la suya.

-No lo sé… – de pronto, lo separé de mí, con una mala intuición que deseaba por favor, que fuera falsa. El chaval me miraba algo asustado, sin entender.

-¿Eres virgen? – si hubiera podido mirarle a los ojos directamente para poder encontrar cualquier resquicio de mentira lo habría adivinado enseguida. Puta oscuridad.

-¿Eh? ¿A qué viene eso? – intentó besarme de nuevo pero no le dejé. Lo aparté.

-Contéstame. – no se lo dije con un tono desafiante, era más que nada como severo pero juguetón.

-¿Y qué más da eso? – uuuuh… Esa respuesta era todo lo que necesitaba. Si no hubiera sido verdad jamás habría contestado algo parecido.

-¿De verdad quieres que tu primera vez sea con un desconocido en un cuarto oscuro y a demás de pie? – me crucé de brazos, y respiré sonoramente. No, desde luego que por mucho que me contestara que sí quería eso, no era lo que iba a pasar.

-Puede. – apenas pude entender la palabra de lo mal que la había pronunciado. Como con desgana, como si le costara admitirlo.

-¿Por qué? – quise saber. La verdad es que me estaba empezando a compadecer del chaval.

Me había caído en gracia, y me daba lástima verle comportarse así.

-No sé. Todos mis amigos han tenido su primera vez así, he dado por sentado que la mía también iba a serlo. – pude entrever cómo se encogía de hombros. – Si te sirve de consuelo, he intentado fijarme que no fueras un pervertido o pederasta o psicópata…

-Tsss… ¿Y tú qué sabes? – me aproximé tanto a él que lo obligué a echarse un poco hacia atrás. – ¿Y quién te dice a ti que no puedo llevar una navaja en mis pantalones? – escuché cómo tragó pesadamente y después se quedó en silencio. – Podría incluso forzarte a hacer algo que no quisieras. Soy mucho más fuerte y mayor que tú, y eso es lo único que sabes de mí. – intentaba asustarlo porque me cabreaba que pensara de esa manera.

-¿Me harías daño? – dijo con la voz más angelical que jamás había oído. Me quedé callado y tuve que abandonar la postura de acosador psicópata.

-Claro que no. – busqué nuestras camisetas por el suelo y se la tendí mientras que me ponía la mía. Biel parecía que la sostenía a secas, inseguro.

-¿Tom? ¿Porqué te vistes? – de nuevo su voz lastimera me había parecido la más adorable del mundo, pero eso no hizo más que reafirmar mi idea de cancelar el polvo. Oh vamos, no sólo le saco cuatro años si no que ¿encima me pone voz de tener 13? Ni flipando.

-Porque no quiero tener ese cargo de conciencia. Lo siento. – era en gran parte verdad. No porque no quería acarrear el papel de ser “su des-virginador”, porque sinceramente había jugado ese papel incontables veces, si no porque no quería hacérselo así. Si hubiéramos estado en mi casa o en un sitio menos… ¿depravado? Oh vamos, esto no puede ser la primera vez de alguien como él. No se lo merece.

-Oh, ya veo. – esta vez era tristeza lo que emergía de sus palabras. – Sabía que tenía que haber fingido… – no tardó mucho en salir prácticamente corriendo y yo tuve que ir detrás de él, a ciegas.

-¡Biel! Biel, espera. – agarré a algo al azar y recé porque fuera él. – ¿Biel? ¿Eres tú?

-Sí… – dijo pegando un pequeño estirón de su camiseta. Algo enfadado.

-No, si eres Biel ya sabes qué tienes que decir.

-No pienso hacerlo, Tom. – recriminó.

-Va, dilo. – dije algo divertido, aunque sabía que él estaba bastante enfadado conmigo. Le pegué unos pequeños pellizcos en el brazo.

-…Cachorro. – casi podía ver el brillo rojizo que provenía absolutamente de toda su cara.

-Gracias. – ojalá pudiera ver la sonrisa que tenía en el rostro. – Oye, a mí no me preocupa ser la primera polla que te folle, a mi me preocupa que tu primera vez sea así de mierdas sólo porque creas que “tiene que ser así”. – me sinceré del todo, la verdad. Me “sabía mal” mostrar así una debilidad como esa, pero era justo lo que sentía, y no quería que se fuera avergonzado porque alguien no había querido follar con él porque era virgen. Es bastante humillante. – Mira, salimos a fuera, te invito a otro Whisky y si eso te vienes a mi casa.

¿Qué te parece?

Asintió pesadamente y nos encaminamos hacia fuera. No sé porqué había aceptado tan rápido, pero lo agradecía. Quizás es porque le estaba empezando a gustar al chico, y le parecían bien todas mis propuestas. Me preocupaba un poco que se estuviera pillando de mí, aunque realmente, con lo bien que me estaba portando con él, como para no hacerlo…

Acostumbrado a ver a todos los de tu alrededor follando en cuartos oscuros con personas que no conocen, y que de repente llegue alguien como yo diciéndote que no mereces que te follen así la primera vez… Hombre, pues algo encapricha. Creo que si le voy a presentar a Andy y Mario, tengo que enseñarle a este chaval que este mundo no es sólo vicio, sexo y promiscuidad. Y ellos dos, son la prueba de ello.

Salimos “a la luz” y pronto nos sentamos en un sofá que no había demasiado lejos. Le pedí que se quedara ahí y le hice señas con los dedos de que iba a ir a la barra. No se me había pasado por la cabeza preguntarle si quería Whisky de verdad esta vez así que opté por hacer algo al respecto.

Volví al cabo de los dos minutos, con un vaso de ese licor con hielo en una mano, y un vaso de tubo de algo parecido en la otra. Le tendí este último.

-¿Qué es? – dijo algo extrañado.

-Es Jack Daniels con Coca Cola. Es un combinado de los tuyos, pero con Whisky. – dije sonriéndole. Pude ver como se le iluminaba la mirada y sacaba la lengua entre los dientes, como con ilusión. Mierda, ¿porqué no me lo habré follado? De pronto volvió a ponerse triste, y yo alcé una ceja, observándole. – ¿Qué te pasa?

-Tom, si tú eres un extraño para mí, yo soy exactamente lo mismo para ti ¿no? – asentí por lo obvio. – Entonces ¿Porqué te comportas así conmigo? No soy más que alguien que acabas de conocer en una discoteca gay… – se encogió de hombros, sin mirarme y después le pegó un pequeño sorbo a la bebida. Puso cara de sorprendido y se relamió los labios. Vaya, le había gustado. 

Pues porque te pareces a la versión indefensa de alguien, y no puedo evitar intentar protegerle a través de ti. Eres él, y no puedo hacerte daño. 

Pero evidentemente, no pude decirle eso.

-Yo que sé, me has gustado, me has caído bien. – me encogí de hombros, intentando parecer lo más natural y casual posible.

-¿Gustado? – Mierda, se ha quedado con esa parte. – ¿Gustado cómo? – pareció que la mirada se le volvía a iluminar. – ¿Te gusto?

-No no, a ver cachorrito. – me acerqué a él, e intenté hablarle lo más claro posible. – Yo no me enamoro de nadie, ni me encapricho de nadie – bueno, ya no – Si al final acabamos follando no me importará repetir las veces que sea, pero no me vas a “gustar así”.

-¿Nada de cosas serias? – supongo que intentó sacar un resumen de mis palabras.

-Exacto, soy un alma libre. – concluí. – Y tú, deberías hacer lo mismo. –me quedé callado un instante. – Pero respetando tu primera vez, hombre. – Biel sonrió, divertido. Bueno, supongo que no le había dado tiempo a encandilarse de mí lo suficiente como para herirle con mis palabras, y había aceptado mis condiciones así sin más.

Nos divertimos bebiendo hasta que llegó la media noche en la cual salimos a fuera a ver los fuegos artificiales. Le pasé un brazo por los hombros y luego le sonreí.

-Oye, ¿no me vas a dar un beso de 2010? – el muchacho puso una cara entre tierna y divertida y luego simplemente se puso de puntillas para que lo pudiera besar mejor. Le puse las manos en la cara y lo acerqué lentamente. No fue un beso romántico del todo, pero era más agradable en ese sentido a comparación del resto que nos habíamos dado.

-¿Putom Kaulitz? ¿Es esto cierto? – nos separamos al oír la voz de alguien que sabía yo ya perfectamente quién era. Intentando no mirarle directamente a los ojos le respondí.

-Hola Mario. – pero fallé en mi intento de eliminar el contacto visual ya que me podía la curiosidad. ¿Estaría decepcionado? ¿Contento?

-Oh dios mío, no me lo puedo creer… – se tapó la boca y luego me dio un abrazo. ¿Pero este es tonto? Parece que esté contento como si me fuera a casar o algo. ¿Qué mierdas va a pensar Biel? – Que sepas que te estoy abrazando para poder hablarte bajito. – oh oh, ya decía yo… – ¿Pero qué haces? No sólo es mucho más pequeño que tú si no que no te va ayudar en nada follártelo. – me tensé un poco porque sufría por si el muchacho lo estaba escuchando.

Bueno, eso es mi problema, Mario. – Me separé de él antes de que mencionara el nombre prohibido y puse un brazo alrededor del pelinegro. – Hey chicos, lo acabo de conocer. Éste es Biel. – el muchacho alzó una mano, saludando. – y estos son mis mejores amigos, Mario y Andy.

-¡Hola chaval! – Andy le tendió la mano, con una sonrisa enorme en la cara. Joder, menos mal que el rubio es bastante diferente a su novio y no le da tantas vueltas a las cosas. Mario también le tendió la mano, sonriente. Bueno, supongo que en realidad el problema está conmigo, no con Biel, así que quizás hasta se lleven bien. Prácticamente se convirtió en el mejor amigo de Bill en un par de días…

La noche estaba llegando tanto a su fin, que por el patio de luces, llegaba luz del sol. Cielos, serían ya las 7 de la mañana o así. Habíamos estado bebiendo y charlando en el sofá y el tiempo se había pasado volando. Incluso habíamos salido a bailar alguna de estas canciones que son comerciales y que por cojones me sabía. En una de esas Biel había fardado un poco de mí delante de sus amigos. Me los había presentado pero lo hizo mientras me obligaba a rodearlo por los hombros y él me cogía por la cadera. ¿Intentaba enseñarme como si fuera algo así como una presa? Bueno, fuera como fuera, me hacía gracia.

-Chicos, yo me piro a mi casa ya, necesito dormir. – dije en cuanto el primer rayo de sol entró por las vidrieras que daban al patio. – ¿Y tú qué Biel? ¿Tus papis no se enfadarán contigo? – dije en tono burlón, dándole un golpecito en la mejilla.

-No, les he dicho que dormía en casa de una amiga.

-¡JAJAJAJAJAJAJ! Y naturalmente te han dejado porque se piensan que te la vas a follar y dejarás de ser un marica, ¿no? Pobres ilusos… – me reía de la situación, y el pelinegro me seguía.

-Supongo…

-¿Entonces? ¿Dónde irás ahora? ¿Te vienes a mi casa? – no se lo dije en ningún tono seductor, simplemente por que sí. La verdad es que me moría de ganas de dormir a secas.

Biel no se lo pensó ni un instante y me dijo que sí. – Bueno, que sepas que hay que ir andando, pero no está muy lejos… Y creo que mi padre está tocando los cojones en casa, pero no te preocupes, yo le digo que no nos moleste y ya está. – el muchacho asintió enérgicamente y después me agarró del brazo, creo que hasta ilusionado con la idea.

Nos despedimos de Mario y Andy y pronto nos enfrentamos al frío de la calle.

.

-Dos de Enero-

Bill

Había llamado cientos de veces a Jake y no había forma de me contestara. Sabía que estaba enfado conmigo porque la mañana del primero de Enero me había despertado cerca de las tres del medio día, con algo de dolor de cabeza y sin saber muy bien qué estaba pasando. Las imágenes de un fin de año lleno de aventuras me asaltaron pronto a la memoria, haciendo que me quedara en la cama, con los ojos abiertos y mirando hacia la nada. Sólo pensando.

Recuerdo alucinar de sólo pensar que había follado con Jake. Por fin había follado con Jake.

Los segundos pasaros, mientras recordaba el inicio del polvo y una sonrisa se me formaba en la cara, sin poderlo evitar. De pronto, una bofetada en forma de recuerdo, me dejó petrificado. Algo había pasado con Jake porque ahora parecía estar enfadado conmigo. Lo último que sabía es que había abandonado la fiesta y me había dejado un mensaje diciéndome que quería hablar conmigo.

¡Pero no me contestaba! Llevaba llamándolo desde entonces, y no hacía nada por contestarme. De hecho, todo lo contrario. Las resoluciones a esas llamadas habían tenido una progresión, si al principio daba todos los tonos hasta saltar el contestador, al final el mismo Jake parecía colgar enseguida, dando pie a apenas un par de tonos de llamada.

Estaba empezando a exasperarme. ¿Estaba claro que estaba enfadado conmigo, no? ¡Vale, pues dímelo joder!

Sé que me estaba comportando como una mujer despechada a la que se han follado y luego no han querido saber nada de ella, pero no me jodas. Jake y yo se supone que éramos amigos, me debía una explicación como mínimo.

Lo volví a llamar por enésima vez y simplemente esperé a que me colgara como había hecho las últimas mil, pero esta vez dio más de un tono. Empecé a notar cómo me latía el corazón con fuerza y pronto oí su voz.

-Deja de llamarme, Bill. No quiero hablar contigo. – me quedé de piedra al oírle responder. Por un instante no supe qué decir y tuve pánico de que colgara.

-Eso no es lo que decía el mensaje… – me excusé aún estando un poco el shock por la manera en la que había decidido contestar al teléfono.

-Creí que colgarte todas las veces que me llamabas era suficiente rectificación. – y sin añadir nada más me colgó el teléfono.

-¿¡PERO QUÉ MIERDAS TE PASA!? – le chillé al teléfono, sabiendo que no había nadie al otro lado. Lo tiré encima de la cama y suspiré sonoramente. Este tío me va a escuchar como que me llamo Bill. ¿Pero qué coño se ha creído? Estaba claro que estaba enfadado y que no quería hablar conmigo, pero la última vez que me esperé para hablar con alguien después de un enfado acabó tirándose a alguien a la primera de cambio una semana después, así que… No podía perder a otro chico de las rastas. No, simplemente no podía.

.

Me pasé todo el camino a su casa refunfuñado como un crío pequeño. Le maldecía en voz alta y más de una vez alguna que otra persona se había girado en mi dirección, alarmada. Si normalmente tardaba entre veinte minutos y media hora en plantarme delante de su edificio, esta vez en quince minutos ya me encontraba ahí.

Agradecía que la puerta del portal de su edificio no cerraba bien y muchas veces con un simple empujón ya se habría la puerta. Procedí a hacer fuerza con el hombro y enseguida escuché el “clack” que anunciaba la apertura.

Prácticamente podía hacer el recorrido de las escaleras sin abrir los ojos, casi me sabia el número de escalones que había hasta la puerta de su apartamento. Me planté ahí, y pensé en la estrategia más efectiva para que me abriera la puerta. Estaba claro que si picaba a la puerta una sola vez, el chaval sospecharía y miraría por la mirilla, viéndome ahí. Podía optar por apartarme y que no me viera, pero eso simplemente lo extrañaría más, sin querer abrir.

De pronto, se me ocurrió algo. Puse mi dedo encima del timbre y procedí a darle muchísimas veces sin cansarme. Pronto el repiqueteo de pasos acelerados sobre la madera del suelo, empezó a acercarse hasta donde yo estaba. La puerta se abrió de pronto, con un Jake asustado, sin camiseta y las rastas algo mojadas. Tenía la respiración acelerada, como si esperaba ver el edificio en llamas o algo. Perfecto, se pensaba que era una emergencia y ha salido a ver qué pasaba. Brillante Bill.

En cuanto focalizó en mí pude notar como su rostro pasaba de la incomprensión, a la decepción y finalmente a la rabia.

-¿Pero se puede saber qué mierdas haces? – lo dijo con un tono tan despectivo que casi pude notar dolor punzante atravesándome. – Pírate Bill, estás haciendo el ridículo…

Vi como procedía a cerrar la puerta y del pánico que me entró, le empujé para poder entrar en el piso. Corrí prácticamente hasta el salón y me senté en el sofá, como si pudiera construirme un fuerte ahí mismo. ¿Es que acaso sentarme en el sofá iba a protegerme de todo mal, o qué?

-Bill, estás en mi puta casa y no te he dado el permiso para ello, lárgate. – cada palabra hiriente hacia mi persona hacía que me encogiera en mí poco a poco, sintiéndome cada vez más vulnerable.

-No… Jake, por favor. Quiero hablar contigo. – Me levanté del sitio e intenté ir hasta donde estaba. El rubio se había metido en la cocina y estaba sacando una camiseta de la secado, poniéndosela, sin siquiera plancharla. Después buscó un cenicero y pasó por mi lado sin ni siquiera responder a lo que le había dicho. -¡Jake! Oye, deja de ignorarme, no me merezco que me trates así. – lo seguí hasta su habitación y pude oír una risa cínica después de ese comentario. – ¡Bueno, pues si no lo crees así, arguméntate! Si crees que no me merezco tus palabras, al menos dime porqué.

-Paso. – lo vi coger su ordenador portátil de encima de la mesa, y llevárselo a la cama. Se estiró con la cabeza apoyada en varios cojines, y puso el cenicero justo cerca del borde de la cama. Se puso a fumar.

-Vale, lo pillo, no quieres hablar conmigo. Pues mira, tengo una idea. Yo haré preguntas, e intentaré obtener respuesta según cómo te comportes respecto a ellas. – no esperé a que respondiera a mi proposición. Simplemente cogí la silla del escritorio y me acerqué a él.

Antes de eso, le robé un cigarro del paquete que había cerca de donde estaba el ordenador y también me puse a fumar. Pude notar la mirada de desaprobación que hacía ante mi pequeño hurto, pero no me importó una mierda. – ¿Estás enfadado conmigo? ¿Soy yo el causante de tu mal estar? – chasqueó la lengua ante eso último.

-No estoy de “mal estar”. El resto del mundo está bien para mí, eres tú quien me irrita. No generalices. – me di por contestado y asentí profundamente ante lo que acababa de decir.

-Vale, lo siento. – respiré profundamente y pensé qué podía preguntarle esta vez. La respuesta no tardó mucho en salirme por la boca. – ¿Es por lo que ha pasado esta noche en el baño? – la verdad es que ¿para qué iba a esperar para hacerle esa pregunta? Era el único factor que había variado en función a otras fiestas en las que habíamos ido juntos.

-Sí. – me sorprendí de la facilidad con la que había dicho eso. No pareció inmutarse lo más mínimo ante el tema. Vaya, parecía que le daba menos vergüenza que a mí. Lo vi tan tranquilo, que volvió a pegarle una calada al cigarro, achinando los ojos como si estuviera pendiente de algo que estaba en la pantalla.

-Joder, ¿tan mal follo? – la verdad es que me salió solo, era una pequeña duda existencial que tenía y no pude evitar soltarla. Jake empezó a toser a causa del susto y del humo y después de calmarse me contestó sin atreverse a mirar.

-Qué dices, Bill. No te moviste en ningún momento, lo hice todo yo. No sé cómo follas. –de pronto me quedé estático en el sitio, sintiendo que quería que el mundo me tragara. Oh dios, tiene toda la razón, ayer me comporté como una puta muñeca de trapo, dejándome manipular. Me abrí de piernas, y ala. Empecé a ponerme rojo y casi sentir ganas de llorar.

Qué vergüenza… Joder, qué vergüenza… Si al menos follara mal podría decir que lo había intentado, pero es que no hice absolutamente nada… Joder.

-Oh dios Jake, lo siento… Tienes razón… Yo… Joder, no sé… Supongo que el porro me trastocó, yo… Normalmente no soy así…

-Bill, tranquilízate. No es nada de eso. – después de decir esas palabras pareció que se iba a incorporar, pero sólo miraba de reojo de vez en cuando. – El sexo estuvo… muy bien. –esta vez sí noté su nerviosismo, y hasta le vi sonrojarse levemente. Ante eso no pude evitar morderme el labio inferior y noté que Jake reseguía mis movimientos con los ojos, casi bizqueando. Me gustó tanto que me observara hacer eso que incluso lo ralenticé. Después simplemente volví a la realidad. ¡O sea, que le gustó el polvo! Pero había algo que aún no me encajaba… Aparte del enfado, en sí, claro.

-¿Entonces te corriste? – admitir que no me acordaba del final del polvo igual era algo arriesgado pero ya no había marcha atrás.

-No. – ante eso cerró la tapa del portátil de un golpe seco y sonoro, y yo me quedé petrificado en la silla, algo confuso. Me entristeció escuchar eso. – ¿Tú llegaste? – en realidad no sonó a una pregunta de la cual él no supiera la respuesta, era más para mí, como si estuviera poniendo a prueba mi propia consciencia. Y la verdad es que me había estado preguntando un par de veces la respuesta a eso…

-Creo que sí… – admití mi confusión. Suspiré fuerte y le pegué una calada, con miedo a mirarle a los ojos por si veía la… decepción en su rostro. – Lo… Lo siento… Siento que no llegaras, y no haber hecho nada… Siento siquiera no acordarme del final… Siento que estés enfadado conmigo. –miraba simplemente cómo se consumía el cigarro y el silencio se prolongaba. Finalmente Jake suspiró sonoramente, y pude notar como se le había ablandado el corazón.

-¿No recuerdas nada del final? – negué lentamente. – ¿Qué es lo último que recuerdas? –quiso saber, con el tono de voz un poco más calmado.

-Recuerdo estar subidos en la cisterna… – casi me empalmé del recuerdo. – Y lo siguiente almacenado soy yo intentando vestirme en el baño, solo y preguntándome que había pasado. No sé qué mierdas efecto hace en mí la maría, pero no me sentó muy bien.

Jake se limitó a asentir.

-¿Puedo preguntarte algo? – se puso muy serio en cuanto dijo esas palabras. Me tensé delante de la incertidumbre que abría esa pregunta. ¿Qué quería saber?

-Cla… Claro.- aunque en realidad no estaba muy seguro de querer decirle eso.

-¿Qué pasó con tu ex? ¿Porqué lo dejasteis? – subí mis ojos hasta los suyos, atónito por lo que acababa de salir de sus labios. Jake me aguantó la mirada y luego me hizo señas para que le contestara de una vez.

-Ohh… Em… Tu-tu-tuvimos… Tuvimos una pelea el último día que nos vimos. Yo volvía al día siguiente a Berlín y él me dio su teléfono para que lo llamara cuando llegara, pero al estar enfadados… – no estaba entendiendo porqué me preguntaba esto. – Al estar enfadados, me dijo que me esperara un par de días para llamarlo. Después de esperar el tiempo reglamentario, me di cuenta de que había perdido el número. Me desviví para encontrarlo y al final simplemente me presenté en su casa.

-¿En la otra punta del país? – asentí para después acabar con el relato.

-Cuando llegué a su casa, un mes más tarde de la fecha límite para llamarlo, su padre me dijo que estaba de viaje con una rubia y que llevaba un buen tiempo metiendo a chicas en casa. Después me enteré de que no quería saber nada más de mí y… me bloqueó en el móvil.

-Vaya, qué capullo. – no lo dijo como si realmente le pareciera malo lo que había dicho, simplemente el tono de voz era como “sé que esto es lo que toca decir ahora”.

-Oye, no estoy entendien…

-¿Y qué es lo último que sabes de él? – no me dejó acabar la pregunta. Suspiré y después de pensarme si hablarle de todas las charlas con Jörg, me decanté por mejor no hacerlo.

-Eso. Desde Septiembre que no sé nada de él. ¿Oye, me puedes explicar a qué viene todo est…?

-¿Se llama Tom? – de nuevo no me dejó acabar. ¿Qué acaba de decir?

-Sí, ¿cómo lo sabes? Jamás te he dicho su nombre.

-Ya bueno, parece ser que no te acuerdas de esa parte… – dijo de la manera más cínica que pudo. Arrastró cada palabra hasta hacerme entender el problema. ¿Qué…? Me lo quedé mirando, atónito, sin saber qué decir. ¿Qué insinúas?

-Jake, no… no sé a dónde quieres llegar… ¿De qué hablas? – noté que la voz me temblaba y el pulso también iba en aceleración continua.

-De cómo gritabas el nombre de Tom mientras le pedías que te diera más fuerte porque estabas apunto de correrte. De eso. – no reparó en soltar cada una de las palabras que salían de su boca. – pero no estaba Tom delante, estaba yo. – Me quedé completamente patidifuso, sin saber qué hacer o qué decir. Movía los labios pero no me salían las palabras. – Te sumergiste en una especie de… trance alucinógeno, porque no se te escapó el nombre y ya está. Es como si realmente te pensaras que yo era él.

-No me lo puedo creer… – esas fueron las primeras palabras que salieron de mi boca después de todo el tiempo de shock. Los ojos se me llenaron de lágrimas, y me maldecí a mi mismo mil veces. – No me lo puedo, creer… Lo, lo… Lo siento. No sé qué decir.

-Mira Bill, lo que te voy a decir ahora no lo pienso repetir nunca más. Yo no sé que va a pasar después de esta conversación, pero si nuestra vida sigue como hasta ahora, que sepas que ésta es la única oportunidad que vas a tener conmigo… – fruncí el ceño tanto que casi me tapé los ojos.

-¿Qué…?

-Hace siglos que noté que me tirabas la caña, Bill. Se te notaba a leguas. – abrí los ojos al instante, sorprendido. – Ya no sólo por cómo me mirabas, si no como cuando te medio mosqueabas por los ligues que tenía, cómo me hacías dejar plantado a quien fuera por estar contigo, el paseo sin camiseta, dormite en mi cama… – las iba enumerando como si fuera una puñetera lista de la compra. Y la verdad es que las dos últimas resonaron en mi cabeza como si de repente en esa lista después de los tomates hubieran aparecido balas y una AK-47.

-¿Y porqué nunca hiciste nada? – le recriminé, viendo todos esos escenarios del pasado, en los que yo había quedado frustrado.

-Pues porque yo sabía qué querías, y no me gustaba esa idea…

-¿Y qué es lo que quería? – intenté que se explicara mejor, porque no estaba entendiendo nada.

-Pues “estabilidad con alguien” pero a quién no quieres, Bill. Es justo lo que pasó anoche, necesitas a alguien a quién querer pero que no le importe que lo llames Tom. Buscas un sustituto. – volver a oír ese nombre en voz alta hizo que se me pusiera la piel de gallina. –No quieres estar solo, y supongo que yo te gusto un poco, por eso no te has rendido a la primera. Pero una vez me tienes, sólo me usas.

-¿Y porqué es tan importante eso? – había analizado todas sus palabras, y aunque me dolía pensar que era verdad, había algo de todo eso que no me encajaba. – ¿Por qué te molesta? Aún no te he pedido ninguna relación como para que te moleste algo así. Esto sigue siendo un rollo esporádico, ¿no?

-Pues me molesta porque me gustas, Bill. Siempre me has gustado, siempre. – no se atrevió a mirarme a los ojos y lo agradecí, porque sinceramente no sabía ni qué cara poner.

– Y joder, saber que lo que buscas en mí es sólo sexo para poder desfogarte mientras piensas en él, pues… Lo siento pero no quiero.

-Pero eso no es verdad… – intenté excusarme.

-Sí lo es Bill, ayer me lo demostraste.

-¡Ayer iba borracho y colocado!

-Precisamente… Ayer fuiste tú, probablemente si no hubiera sido así te habrías contenido las ganas de chillar todo lo que ayer dijiste. – empecé a poner pucheros de la pura rabia y de las ganas de llorar. Era totalmente cierto todo lo que estaba diciendo y yo no podía más que pensar que había estropeado cualquier oportunidad con él. – No quiero que me mientas.

-Jake, de verdad que… Lo siento, ¿vale? No sé qué decir… – nos quedamos en silencio. –Y si ya sabias lo que iba a pasar y me habías rechazado tantas veces, ¿Por qué ayer dejaste que pasara?

-¿Cómo que porqué? ¡Cómo si me hubieras dado otra opción! Te me sentaste en el

paquete y empezaste a restregarte, por el amor de Dios… – enterró la cabeza en las manos y suspiró sonoramente. Yo me quedé completamente rojo al oír eso.

-Y créeme que en ese momento sólo podía pensar en tu paquete Jake, en el tuyo… –intenté acercarme más, como si intentara persuadirle para que me perdonara. Me estaba comportando como un putón, pero muy en el fondo me parecía bien. Jake alzó la cabeza y puso cara de asco, apartándome.

-Bill, no me pongas esto más difícil…

-¡Pero es la verdad! De hecho, es en la única polla en la que he pensado después de la de Tom, y no es broma. Si no me gustaras lo suficiente como para arrastrarme por tu casa sin camiseta y hacer el ridículo, ya habría cambiado de chico al que intentar usar para substituir a mi ex… – se me escapó totalmente esa frase y me tapé la boca de golpe. Cerré los ojos con fuerza. – A ver, ya me entiendes, no es que realmente sea consciente de que esa es mi intención… Pero yo… – joder Bill, la estás cagando.

-Habías empezado muy bien… – dijo sarcásticamente.

De pronto me estresé y me senté a su lado, en la cama y lo agarré de los hombros.

-Jake, contéstame a esto. ¿Te gusto? – casi pude ver un instante en que sus ojos quisieron perder el contacto con los míos, pero pareció que iba a aguantar la presión.

-Sí.

-Vale, pues tú también me gustas. – de pronto mi mundo había tomado otro color totalmente distinto, porque llevaba mucho tiempo repitiéndome que Jake no me gustaba, que simplemente me ponía, pero bueno, supongo que la atracción física es el paso previo, ¿no?

-No lo suficiente Bill…

-Sí, si lo suficiente. Ya te lo he dicho. Por dios, llevo meses detrás de ti, tú has follado cada fin de semana y yo lo único que he hecho ha sido escucharte mientras maldecía en voz baja todo lo que me decías. ¿Eso no es suficiente? – Jake se quedó en silencio, meditando, y luego volvió a hablar.

-¿A dónde quieres llegar?

-Sal conmigo. – Jake abrió los ojos de par en par, completamente anonadado. La verdad es que yo también flipaba conmigo mismo, pero simplemente me dejaba llevar por lo que aparentemente quería mi corazón. Sí, desde luego estas no eran palabras de mi raciocinio. –Sé que anoche la lié un montón, y lo siento mucho, pero supongo que… Tom es alguien que desgraciadamente aún no he conseguido… erradicar de mi cabeza. Pero… – y de pronto me lancé a sus labios para darle un simple y casto beso, Jake no se apartó pero tampoco movió sus labios ni un milímetro. Simplemente se dejó besar. – Pero ayúdame a olvidarlo, Jake. – éste puso los ojos en blanco.

-Yo no soy el sustituto de nadie.

-¡No lo eres! Oh vamos, todos seríamos sustitutos de alguien si pensáramos así. Todos hemos tenido ex, tú has tenido ex ¿acaso sería yo su sustituto? – no pudo contestar a eso y simplemente desvió la mirada, negando poco a poco, pensándose aún qué responder.

-Vale, ¿y si vuelve a pasar? No sé qué haría si estuviéramos saliendo y de repente me llamas por ese nombre… – puso cara hasta de dolor mientras lo decía.

-No… No va a volver a pasar…

-¡No! ¡No sabes eso! Y si lo reprimes es que no quieres que el que te esté follando en esos momentos sea yo. – de repente apartó mis manos de él y se levantó de la cama. – ¿Ves? Yo sabía que esto acabaría pasando… Joder, es que no sé para qué mierdas acepto yo nada anoche… – parecía que hablaba más para él que para mí. – Llevaba meses resistiendo, joder…

Me mordí el labio de sólo pensar en eso último. ¿Tanto le gustaba? ¿De verdad? ¿Me rechazaba por miedo a acabar con el “corazón roto”?

-Jake, sal conmigo. – se lo volví a pedir. Se giró y me sostuvo la mirada. – No me hagas hacer más numeritos como el de la camiseta… – dije con tono burlón y amistoso. Jake no pudo evitar sonreír tristemente de lado, como si le costara y se tuviera que rendir a ese recuerdo.

-Bill, no lo sé…

-Mira, si no estás conmigo, después de lo que acabamos de hablar, no sé si seré capaz de seguir como siempre… Y menos de que me vengas a hablar de lo bien que follaba la tía que te tiraste la noche anterior. – dije seriamente. – No creo que podamos ser amigos después de esto. – en realidad no lo estaba diciendo del todo enserio, pero quería probar por esa vía.

Jake estuvo pensativo y después respondió con la voz un tanto fúnebre.

-Lo entiendo y lo comprendo. – dijo con un semblante muy profundo. – Lo siento. Igual es mejor de esa forma.

-¿Ya está? ¿De verdad? – No me quiso ni contestar y salió de la habitación sin mirarme.

Yo me quedé ahí, completamente anonadado flipando con lo que acababa de pasar. Durante un instante pensé en quedarme ahí dentro y pensar en qué podía decirle para que se replanteara lo que acababa de decirme, ¿cómo era posible que hubiera reaccionado así de rápido y de esa manera? Más que pena me estaba dando rabia, no quería Jake se fuera de mi vida así, y mucho menos después de un polvo. Aunque joder, cómo la había liado con el polvo… Mira que llamarlo Tom.

Salí de la habitación y escuché cómo repiqueteaban las sartenes unas con otras. Vaya, al parecer Jake estaba en la cocina y tenía hambre. Yo tenía el estómago completamente cerrado. ¿Cómo podía simplemente ponerse a cocinar? Pasé por la puerta y lo vi de espaldas, fregando los cacharros de la pica. Ah… eso sí tenía más sentido, se estaba dedicando a hacer una tarea monótona con la que matar el tiempo.

Me apoyé en el marco de la puerta y hablé.

-Así que no sólo me follas estando yo en un estado de vulnerabilidad si no que encima me mandas a la mierda. – se paró el sonido de las cacerolas y es que parecía que Jake me había oído.

-No me jodas Bill, lo primero ya lo discutimos anoche.

-¿Y lo segundo?

-Tú me has dado a escoger, y yo me he decantado por la opción más sensata. – volví a sentir cómo se puso a fregar y suspiré fuertemente. Me acerqué lentamente hasta él y me senté en la encimera de la cocina, lo suficientemente cerca para intimidar, pero sin el miedo a mojarme.

-¿De verdad prefieres tirar todo por la borda? – pregunté muy triste. – No sé, teníamos algo guay. No quiero simplemente… perderte. – notaba como la velocidad de sus manos bajaba notablemente, como si realmente se estuviera pensando lo que acababa de decir.

De pronto, el chorro de agua que salía del grifo calló justo encima de la forma ovalada de una de las cucharas que estaba fregando Jake, y me dio en toda la camiseta. Jake se giró con los ojos muy abiertos, como si hubiera cometido un sacrilegio.

-Oh dios mío, lo siento lo siento lo siento. – Yo me había quedado petrificado en el sitio, sintiendo cómo poco a poco el agua que había caído en mi camiseta y mis pantalones iba penetrando al tela y mojaba mi piel.

-Te voy a matar… – dije de la manera más calmada que mi situación me permitía. Me tiré hacia el lado y puse la mano bajo el agua tirándola hacia él.

-¡Me cago en ti! ¡Pero si has sido tú el insensato que se ha puesto ahí encima! ¡Yo no he tenido la culpa! – intentaba llegar hasta mí para sujetarme la mano y tirar de ella hacia otro sitio y que yo dejara de moverle y al final lo único que consiguió fue estirar de ella y hacer que me precipitara de costado hacia el suelo.

-¡¡AAAAAAAAHHHHH!!- chillé ante la inminente catástrofe. Cerré los ojos del susto y pronto noté los brazos de Jake agarrarme con fuerza. Abrí los ojos poco a poco pensando en qué podría encontrarme pero toda el agua que caía de la pica me imposibilitaba el abrirlos bien. Jake me soltó y se fue a levantar. – ¡Los cojones! ¡Ahora te caes tú también! – le agarré de las piernas y tiré de él hacia abajo, haciendo que inevitablemente cayera al suelo.

-¡Pero serás mamón, que yo te he salvado de romperte la vida, hijo de puta! – se abalanzó sobre mí y yo me levanté deprisa para intentar girar un poco el grifo. Me encontré con la maravillosa casualidad de que el mango era extraíble y le apunté a toda la cara con él. Ante eso no pude evitar reírme hasta que el de las rastas me agarró el mango del grifo y lo usó en mi contra. Estuvimos forcejeando hasta que tanteando hacia atrás cerré el agua. Sin el agua entre nosotros, no nos habíamos dado cuenta de lo cerca que estábamos el uno del otro.

Jake me agarraba una mano en la que sujetaba el grifo y la otra mano estaba justo en la encimera, haciéndome de barrera sin poder salir de sus garras. – Que sepas que no te ha servido de nada apagar el agua, te pienso meter el metal por el culo, mamonazo. – el agua goteándole en la cara hizo que me perdiera en su rostro y olvidara sus palabras. Mi vista iba de sus ojos a sus labios, y se queda ahí, observando.

-¿Meterme el qué? – dije casi ido, mordiéndome el labio. – No creo que me hagas mucho daño después de lo que me metiste anoche… – ensanché una sonrisa muy malvada después de eso y saqué la lengua levemente. Jake se había quedado parado con lo que acababa de decir y eso me puso un montón. Solté el grifo y mientras me acercaba peligrosamente a su cuello, le fui a rozar el paquete por encima del pantalón. En cuanto mi lengua se dedicó a lamer el agua que había por ahí esparcida, el tamaño del paquete aumentó considerablemente. – Uh… Desde luego con esto sí me harías mucho más daño… – le mordí levemente. – Con esto sí me puedes castigar por llenarte de agua…

Jake cada vez respiraba más fuerte y finalmente se lanzó encima de mí. Me besó con rudeza y al mismo tiempo empezó a desabrocharme el pantalón. Yo al principio tuve que situarme para realmente darme cuenta que había decidido hacer caso a mi proposición y luego simplemente me dejé hacer. Apoyé las manos en los dos lados de la pica, y me fui subiendo hasta sentarme en la encimera, justo en el borde del fregadero. Me quitó los pantalones casi de un tirón y de paso los zapatos sin dejar de besarme.

Casi sin darnos cuenta, Jake y yo estábamos montándonoslo encima de una encimera totalmente empapada, que me estaba dejando el culo congelado mientras yo le rodeaba fuertemente las caderas con mis piernas.

-Oh, jodeeeeerr… – chillé agarrándole fuertemente del pelo, y tirando de este hacia atrás, haciendo que inevitablemente éste llevara la cabeza para el mismo sitio, y me mostrara así todo su cuello. Le vi un chupetón. – ¿Esto es mío?

-Sí… – dijo prácticamente sin pensárselo. – Lo he visto esta mañana. – Sonreí ampliamente y le pegué un lametón justo ahí.

-Bill… – dijo de pronto, esta vez tirando la cabeza tan hacia delante que la enterró entre mi hombro y mi cuello.

-Dime. – le rodeé la espalda con los brazos y le arañé levemente.

-Yo… Acepto. – dijo de pronto. – Sí, quiero salir contigo. – me quedé en silencio durante un instante y después simplemente le obligué a mirarme. Estaba tan rojo que me pareció adorable.

-Ya lo sabía. – y después de eso simplemente le volví a besar.

.

Tom

Era día dos de Enero y ya me tocaba entrar a trabajar. Joder, apenas había podido superar la resaca del día anterior y ya me dirigía de nuevo a la fábrica para cargar cajas y mierdas de almacén. No tenía ni un instante para respirar.

Por suerte hoy entraba al turno de las seis de la tarde, así que también había podido dormir un poco por la mañana, aunque sinceramente eso no me libraba de ir bostezando por las esquinas y sintiendo aún algo de dolor en la cabeza cuando había ruidos demasiado altos.

Como al llegar de la discoteca el día de fin de año, Biel y yo no vimos a mi padre en casa, continuamos bebiendo en mi habitación hasta que nos quedamos fritos. Efectivamente nos despertamos a las cinco de la tarde, con una jaqueca encima que no podíamos con ella, viendo que al otro lado de la ventana, ya empezaba a hacerse de noche.

Me entró la risa cuando vio más de diez llamadas de su madre en el móvil y se quedó pálido del todo, así que se largó corriendo. Me sentí muy extraño cuando me pidió el móvil para volverme a llamar pronto. Digamos que sentí… “miedo”. Miedo a que no me llamara la verdad, pero no por el hecho de que me pudiera gustar o no, si no porque tenía miedo que se pareciera a Bill incluso en eso. Finalmente, anoche recibí un mensaje por la noche preguntándome que qué estaba haciendo y me alegré incluso de leerlo.

Mientras caminaba apenas pude percibir la vibración del móvil que amenazaba con una llamada de un número desconocido. Alcé la ceja algo sorprendido porque el prefijo era de la otra punta del país. Por un instante el corazón se me puso a mil por hora. ¡¿Sería Bill?! Madre mía, ¿pensar en él lo había invocado? Porque en el pasado no había funcionado ni un poco…

Descolgué en cuanto me di cuenta que estaba titubeando un poco y hablé.

-¿S… Sí? – dije con el corazón en la garganta. Palpitando.

-¿Tom Kaulitz? – la voz de una mujer me dio un pequeño pinchazo en el pecho de decepción que maldecí para mis adentros. A estas alturas y con éstas esperanzas Tom… No puede ser.

-Yo mismo, sí. – dije poniéndome serio.

-Le llamamos desde la pista de Hielo de Berlín. Tenemos aquí un currículum respondiendo a nuestra propuesta de trabajo. ¿Sigue interesado?

Me quedé estupefacto en el sitio y por instante casi se me olvidó responder.

-¡Claro, claro! – Tom, no muestres tanto interés, que así te tienen por demasiado seguro.

-Bien, nos interesaría poder comprobar tus dotes como patinador. ¿Eres de Artístico o Hokey?

Dios mío, jamás pensé que me contestarían para este sitio. ¿Qué me ha preguntado?

-Hokey. – desde luego sonaba mucho más masculino que lo anterior.

-Bueno, tampoco importa mucho. Lo que nos ha interesado ha sido tu larga experiencia con los niños. Estamos abriendo un nuevo programa de monitores para fiestas de cumpleaños en la pista de hielo, y para ello es necesario que sepas patinar, no importa en qué modalidad.

-Ajá… – ¡Perfecto! ¡Niños!

-Necesitamos que vengas un día para poder hacerte la prueba de hielo, y saber que tienes unos dotes mínimos, y también haremos una simulación de cumpleaños para ver cómo te desenvuelves. ¿Qué te parece?

-¡Genial! ¿Cuándo quieren hacerlo?- Dios mío, tengo que aprender a patinar YA.

-No corre prisa porque es una propuesta que se tiene que aprobar aún pero para ello necesitamos ver que sale adelante sin problemas. La prueba será muy probablemente o a finales de éste o principios de Febrero. ¿Es muy tarde? ¿Tienes otras ofertas?

-Bueno, de aquí a entonces aún queda tiempo, no sé cómo estará mi vida, pero en principio me va perfecto. Soy de Düsseldorf y tengo que mirar vuelos y hoteles para ese día, cuanto más margen me des mejor para que todo salga mejor de precio.

-Genial entonces, pues en un mes nos vemos en Berlín. ¡Oh! Y por cierto, es totalmente necesario que traigas patines propios, aunque supongo que ya los tendrás.

-Claro, claro, sin problemas. – ¿Dónde se compran los patines de… Hokey? Ojalá el cachorro sepa de estas mariconadas y le pueda preguntar.

-Estupendo, ojalá te tengamos pronto en plantilla. Berlín te espera.

Continúa…

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Un comentario en «Largo invierno 10»

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