«About money» Fic de LadyScriptois

Capítulo 3: Tres millones de euros

Gordon Trümper no fue el típico psicólogo, con los típicos pacientes, no. Él no corrió con esa suerte cuando J.Mester, gran traficante de Alemania, cayó en una terrible depresión. 

No fue el psicólogo normal  cuando se volvió más que el doctor y se convirtió en el mejor amigo de Mester, su confidente, el que sabía cada uno de sus secretos, tanto personales como aquellos millonarios.

Su destino cambio completamente cuando su paciente J fue asesinado y a su vida llegó Jörg Kaulitz, socio y amigo del difunto.

Jörg, a sus cuarenta años, con una esposa y un hijo adolescente, de pronto se vio envuelto en una guerra por dominio de los territorios que fueron de Mester. Kaulitz no los quería para sí, simplemente luchaba para que los negocios de su amigo no decayeran y la familia Mester no quedara en la ruina. Esos constantes enfrentamientos, mas intentar mantenerse a la cabeza de la mafia y las constantes amenazas a su familia, lo llevó a buscar ayuda, y que mejor que esa persona que fue el confidente de su fallecido mejor amigo.

Y así, de pronto Trümper era la caja fuerte donde se guardaban los más oscuros secretos de Europa.

Cuando le decía a Simone que necesitaba viajar a algún congreso, era todo falso, solo iba a acompañar a Jörg a alguno de sus viajes cuando el mafioso sabía que el posible estrés lo sacaría de sus carriles.

Una amistad de varios años, que lo llevó a ser el pilar que mantenía estable a la base de la mafia.

Luego, llegó su muerte a causa de un infarto y Kaulitz estaba destrozado. Todo estaba perfecto, había asegurado el poder en su familia, los negocios fluían maravillosamente, Tom estaba a punto de graduarse y su puesto esperaba por él y podría retirarse a descansar por completo. Sin embargo, no estaba su amigo, su confidente.

No podía simplemente superarlo y continuar como si Trümper fuese alguien que quiso y que pasó por su vida. No. Trümper fue quien lo contuvo y no lo dejo caer, a quien prácticamente le agradecía lo que hoy tenia, porque si no fuese por él hubiese mandado todo a la mierda, pero Gordon lo mantenía con los pies en la tierra y frío. 

Y así fue como sus prioridades variaron y una de sus principales ahora era el bienestar de la familia de su amigo. Incluso pasó sobre la voluntad de Trümper, la cual era que nunca se relacionara con su familia, ya que él sabía que ligarse con gente tan poderosa traía riesgo y él no quería que su esposa e hijo los sufrieran.

Intentó ofrecerle ayuda directa a Simone, pero ella simplemente la negó. El plan actual era hacerlo de una forma menos obvia, incluso dejando que pasaran necesidades, pero nunca la abandonaría. Permitiría que estuvieran al borde del precipicio, pero no los dejaría caer.

Sin embargo, ese chiquillo, Bill. La simple idea de que Tom desarrollara sentimientos por ese niño le hacía sonreír.

Le fascinó desde la primera vez que Gordon hablo de él, y supo que en la vida que llevaría Tom necesitaría esa pureza y sensibilidad, y por alguna razón sentía que el hijo de su amigo era la persona indicada. Además que imaginar que estando juntos le daría acceso a la familia Trümper y podría ayudarlos y protegerlos como siempre había querido, le hacía gozar de felicidad.

&

Los peligros seguían, Bill continuaba preguntándole por volver y él tenía que viajar, pero no sin el pelinegro. Así que, ideó un pequeño chantaje, estaba seguro que funcionaria y que el menor pasaría al menos unas semanas más con él.

Si aceptaba el trato y cedía ante él rápidamente, le complicaría el asunto aunque lo disfrutaría. Si se negaba, en cierta parte lo frustraría y le beneficiaria. Totalmente doble filo para ambos. Solo esperaba no asustarlo.

— ¿Duermes? – preguntó desde la puerta de la habitación de Bill.

—No. – contestó desde su cama.

— ¿Podemos hablar? – interrogó ingresando completamente y encendiendo una de las lámparas veladoras de la lujosa recamara.

—Si…–  aceptó sentándose en la cama y haciéndole un espacio a Tom.

—Es sobre tu vuelta a casa. – Bill se emocionó.

— ¿Volveré? – preguntó.

—Tendrás que pagar tu deuda para eso. – dijo.

Sentía que iba a amarrar a Bill, pero no lo podía abandonar.

— ¿Me dejaras trabajar? – cuestionó sin poder creérselo.

—Esta es tu deuda. – le tendió una carpeta.

—Pero… ganaste mil millones más. – alegó al ver la cifra.

—Los gane yo, arriesgando mi vida y no tiene nada que ver con tu deuda ¿Sabes? No debería estar haciendo esto. Yo te compré, eres mío. Sin embargo, sé de tu deseo por marcharte de mi lado, así que esto nos beneficiara a los dos. Te tendré para lo que fuiste vendido y tú serás libre. Incluso estas exento de intereses. Soy bueno. ¿No crees?

—Es mucho dinero… tendré que trabajar toda mi vida. ¿Cómo te pagare quinientos millones de euros?

—Eso sucede si lo haces por el método convencional lo que incluye trabajar, como tú dices, toda tu vida y lo que es igual ser toda tu vida mío. – sonrió. —Te propongo algo.

— ¿Qué…qué?– tartamudeó.

—Se mi amante. – lo soltó sin anestesia dejando atónito a Bill.

Tom estaba hablando en serio.

— ¿Tu… tu amante? – Bill se ruborizó a más no poder.

—Serán cien millones por cada vez que lo hagamos. – le explicó como si Bill no estuviera a punto de desmayarse. —Debes trabajar por los quinientos, pero te disminuiré la deuda a cuatrocientos. Te quedaran cien, si eres inteligente inviertes en un buen negocio, y tu madre y tú podrán estar como reyes el resto de sus vidas. – le proponía. — Cuando tengamos sexo, te depositaré veinte millones y yo me quedo con lo que me corresponde. ¿Qué dices?

—Yo… yo…– balbuceaba, no salía de su asombro.

—Piénsalo. Solo cinco ocasiones y serás totalmente libre. No seré mas parte de tu vida y si nos vemos no te conozco. – finalizó.

Lo que le proponía Tom lo dejó helado.

Solo cinco ocasiones y serás totalmente libre” Él quería libertad, ver a su madre y volver a la universidad. Solo tenía que estar cinco veces con Tom y volvería a la normalidad. ¿Sería capaz de eso? ¿Prefería vivir toda su vida al lado de Tom?

No seré mas parte de tu vida” ¿Quería no verlo más?

—Tenemos que partir a América mañana. Tendrás que venir conmigo, aceptes o no. – dijo y se marchó.

&

Arribaron Estados Unidos en uno de los tantos jet privados de la familia Kaulitz, se hospedaron en uno de los más lujosos hoteles y Bill aun no le daba respuesta a Tom.

El mayor salía desde la mañana y volvía tarde en la noche. Tom dejó a Gustav a cargo del peliliso y le pidió que lo llevara todos los días de paseo, que le mostrara la ciudad, lo llevara a teatros, centros comerciales e hiciera todo lo que Bill quisiera, ya que sabía que él no tendría tiempo para compartir con él.

El trenzado le prometió estar con él en cuanto tuviera tiempo, pero aún no había podido siquiera compartir el desayuno, nada. Pero Bill siempre lo esperaba, hasta que no escuchaba la puerta de la habitación de Tom no dormía.

Esa noche se extendió hasta la madrugada y su dueño aun no volvía. Estaba concentrado viendo televisión esperándolo, hasta que escuchó el sonido de alguien llegar. Los pasos sonaban inestables y algo rompiéndose llegó a sus oídos. La puerta a su lado fue cerrada fuertemente y luego escuchó ¿Gemidos?

Sintió una extraña sensación en su estómago y en su pecho. Se sintió celoso.

Tom le había propuesto a él ser su amante “¿Por qué esta con ella?” Se preguntó limpiando con furia esas lágrimas que se paseaban libres por sus mejillas.

Le desagradaba la situación en la que estaba con Tom, y todo fue a raíz de aquel rechazo, pero luego vino esa propuesta que no quería siquiera pensar y estar en ese país que no le concedía tiempo con el trenzado.

No le gustaba la sensación de saberse distanciado de Tom. No le gustaba saber que alguien más estaba con él. Lo extrañaba, quería al Tom de antes, al que desayunaba con él, él que lo hiciera sonrojar cuando lo descubría observando sus labios o su cuerpo, al Tom que lo acariciaba sin temor a ser rechazado y que besaba su frente o mejillas con confianza.

Quería al Tom que lo quería a él y que no se veía con alguien más.

&

Tom se despertó con una fuerte resaca. Ayer cerró un trato millonario con un americano, y su nuevo socio insistió e insistió en ir a celebrar. Tom no dudó en arriesgar unas de sus horas de sueño por mantener feliz a aquella persona que le haría ganar tanto dinero.

Llegaron las altas horas de la noche y con ello muchos tragos, una cosa llevó a la otra y casi al amanecer se encontraba pidiendo un taxi para enviar a su diversión de esa noche a su casa.

Durmió pocas horas y quería hacerlo por más tiempo, pero le había prometido a Bill pasar tiempo con él y al parecer ese sería el único día libre que tendría por los momentos. Con pesar, se desligó de aquella superficie blanda que no lo quería soltar.

Antes de despertar al pelinegro pidió el desayuno a la habitación, y listo aquello fue por el menor.

—Buenos días. – le saludó, enternecido por cómo se encontraba Bill.

Se removía en la cama despertando y su cabellera negra estaba revuelta, su piel pálida, y sus labios rosados suspiraban, mientras abría sus ojos.

—Hola. – le murmuró, cuando enfocó al dueño de aquella voz. — ¿Qué hora es? – le preguntó. Debía ser muy temprano para que Tom estuviera aun en la suite, el solía salir en las primeras horas.

—Van a ser las diez de la mañana. – Bill le miró confundido.

— ¿Por qué aun estas aquí?– le preguntó sentándose.

—Pensé que podríamos pasar el día juntos, no he estado contigo últimamente. Y si quieres, podemos salir. – le dijo sonriendo al ver como el rostro de Bill se iluminaba.

El pelinegro sentía que Tom estaba volviendo a él. Hace día que se sentía abandonado y el aun no comprendía porque sentía así. Bill se suponía que quería alejarse de Tom, no extrañarlo y quererlo con él.

— ¿En serio?

—Solo si quieres.

—Si quiero. – asintió frenéticamente.

&

Tom y Bill caminaron varias calles. El hotel estaba en una zona céntrica, así que había mucho que ver. El pelinegro no entendía mucho de aquel idioma y solía sentirse un poco intimidado, el mayor lo notó y tomó su mano, logrando que Bill se sintiera seguro.

Recorrieron Central Park y tomaron el almuerzo en un lindo restaurant. Durante la comida Tom estuvo varios minutos en el teléfono, hablando en inglés, mientras sonreía resplandeciente.

Bye, beauty. – eso lo entendió Bill.

— ¿Era ella? – preguntó sin poder contenerse, mientras agitaba su bebida con el pitillo.

— ¿Quién? – le miró sin saber a qué se refería.

—La chica de ayer. – dijo con un pequeño y rápido mohín de enojo que le pareció muy tierno a Tom.

—Sí. – contestó sonriente, lo sabía. Bill estaba celoso. —Quiere verme. – añadió sin perder reacción en el rostro de Bill.

— ¿Iras con ella? – preguntó un poco decaído, pero recuperándose rápidamente.

Pero, es que… Tom había dicho que pasaría el día con él.

—No lo sé, tal vez. – siguió.

—Si lo necesitas, podemos volver al hotel, no te preocupes.

—Nos iremos luego, aún es temprano. Y no has terminado de comer. – alegó.

—Ya estoy bien. – insistió.

—Como quieras. – aceptó divertido por el mohín de enojo de Bill y pidiendo la cuenta.

&

Tom realmente no recibió una llamada de aquella chica, ni siquiera habían intercambiado números. Tom no repetía. Había sido su tía. Ella solía catalogar a su sobrino como un casanova sin remedio, así que algunas veces utilizaba aquel tono seductor  para molestarle. Sin embargo, no pudo evitar continuar con la escena de Bill.

— ¿Cuándo te vas? – le preguntó el menor al ver que era ya de noche y aún estaba con él.

—Te dije que tal vez iría, y no iré. – le respondió. — ¿Cómo sabes que estuve ayer con una chica? – le preguntó curioso, haciendo sonrojar a Bill.

—No era muy silenciosa. – dijo evitando la mirada del mayor.

—Tienes razón. Parecía que le gustaba. – rio por la reacción incomoda del pelinegro.

—Iré a dormir. Buenas noches. – se levantó del sofá donde había estado sentado junto a Tom viendo tv y se dirigió a la puerta de su habitación.

— ¿No te gustaría haber sido ella?– le preguntó haciendo zapping y provocando que Bill se detuviera.

—Claro que no. – le respondió con el tono más seguro que pudo.

— ¿Eso quiere decir que rechazas la propuesta? – le interrogó despegando su vista de la pantalla y enfocándola en el otro.

Bill no respondió. Ignoró a Tom y continuó su rumbo.

—Parece que quieres ser mío por siempre. – escuchó el pelinegro antes de adentrarse a su habitación.

&

Tom estaba pensando en comprarle una mascota a Bill. Sabía que al pelinegro le gustaban mucho los animales.

Hacía que le prestaba atención al suizo con el que estaba reunido, mientras en realidad lo que hacía era investigar en su laptop que animal seria indicado para el menor.

El joven mafioso encontró una imagen que le llamó mucho la atención. Era un perrito blanco con un collar negro, sus ojos eran grandes y de un color ámbar, su carita mostraba ternura y se le veía inofensivo. Su mente inmediatamente lo relacionó con Bill. Leyó el artículo de la imagen rápidamente y le pareció muy interesante, hacía referencia a un libro y la pequeña información que daban sobre el, le dio una idea.

&

Antes de volver al hotel pasó por la librería y adquirió el primer tomo de aquel libro. Cuando llegó, escuchó el agua correr. Así que suponiendo que Bill se estaba bañando decidió dejar las cosas en su habitación, quitar su saco y corbata y volvió a la sala.

Armó la pequeña casita de colores y le colocó juguetes, al lado una camita especial para la mascota y junto a ella sus recipientes de alimentos que aún no serían necesarios. Sacó al pequeño cachorro de pelaje blanco como la nieve, un Bichon Frisé de unas semanas de nacido, tenía sus ojos cerrados, así que con delicadeza lo apoyó en la pequeña camita y lo cubrió con la mantita que compró.

Tomó la bolsa que traía consigo y se dirigió a la cocina, sacó el biberón y la leche especial y la dejo allí, ya que aún no se tenía que alimentar al cachorro. Vio el libro y se dirigió nuevamente a la sala, sentándose en el sofá y se enterneció viendo a esa pequeña bolita blanca que descansaba cómodo, antes de abrir en la primera página.

A sabiendas de que posiblemente sería difícil mantener a Bill por más tiempo a su lado, intentaría otro método.

Como domesticar a su mascota.

Primera semana: Si el animal siente estrés por estar en un nuevo lugar. No lo toque mucho, déjelo que se acostumbre.

Ya que su cuerpo es pequeño y delicado, no debe usar la violencia.

Él nunca utilizó la violencia con Bill, pero se mostró violento ante él. Como con Dan. Lo dejó abandonado en un terreno baldío y lo mandó a golpear, todo eso mientras el auto donde estaba Bill se encontraba a unos metros.

Tal vez fue por eso que cuando intente besarlo me rechazó. Tal vez me teme” pensó Tom miserablemente.

—Mierda esto no va a funcionar. – dijo tirando el libro a algún lugar de la sala.

—Estás a…–  calló cuando sintió que algo caía sus pies.

No debes usar la violencia” resonó en la mente de Tom.

—Pensé que había un insecto en el piso. – se excusó dirigiéndose a tomar el libro.

—Ah, era eso. Tal vez. Aun aparecen en lugares tan limpios como este.

—Si…– respondió intentando esconder el libro de la vista curiosa de Bill.

— ¿Vas a comprar  una mascota?

—No, bueno sí. – dijo nervioso. —Cierra los ojos. – le pidió y este lo hizo.

Tomó sus manos y lo guió al rincón de la sala donde había acondicionado un lugar para el Frisé, que apenas sintió la presencia de ellos abrió suavemente sus ojitos.

— Abre. ¿Te gusta?

— ¡Tom! ¡Qué lindo! – se acercó sonriendo y se sentó en el piso cerca de la camita acariciando suavemente al perrito que volvió a dormirse ante las caricias. — Eres tan lindo y pequeño. – susurró encantado con ese animalito, y Tom quiso decir lo mismo de Bill.

— Tiene unas semanas. – se puso en cuclillas al lado del menor y le sonrió.  — Es un regalo, para ti.

— ¿En serio? – preguntó sin poder creérselo.

— Sí, es tuyo.

–Gracias, Tom. – dijo sonriendo alegre y besando suavemente su mejilla. —Yo te cuidare. – le dijo al perrito.

El trenzado se perdió en lo hermoso de Bill. Quiso acariciar su rostro. No lo hizo.

En el primer día no tocarlo, déjalo que se acostumbre.

—Pediré la cena. – se fue rápidamente de la sala para no hacerlo.

&

Tom leía con un poco de desconfianza, ese libro hablaba de semanas, él no tenía tiempo, pero decidió intentarlo, así que sus semanas eran de dos a tres días.

Segunda semana: Si el animal aún no se adapta a su ambiente llámalo gentilmente por su nombre.

—Bill. – le llamó asomándose a su habitación.

—Dime. – le sonrió terminando de alimentar a Oli, el pequeño cachorro.

—Nada. – dijo y se marchó. Pensó que eso fue tonto, así que volvió a entrar. —Voy a llegar tarde de nuevo, así que cena sin mí.

—Está bien. – se lamentó. En los últimos días Tom había estado más con él, pero ahora volvía a alejarse.

&

Después de unos días, la mascota cederá….

—Llegaste temprano hoy. – le recibió emocionado el menor a Tom. El mayor sonrió ante ello, eso no sucedió antes.

—No, solo vine por un cambio de ropa. – dijo recobrando la compostura. — Tengo una reunión.

Bill quería volver a Alemania. Allá Tom no tenía que estar tanto tiempo fuera.

—Ya veo…

—Bill.

— ¡Sí!– respondió con ojos iluminados.

—No estés tristes. – le pidió. — Solo tenme paciencia, intento cumplir con todas las responsabilidades rápidamente. – le explicó dulcemente.

Bill asintió y Tom acarició sus cabellos gentilmente y luego pasó sus dedos por sus mejillas y los descendió a su cuello, erizando la piel a su paso.

Y podrás intentar tocarlo. Acaricia suavemente para que se acostumbre al contacto físico.

El trenzado esperó un rechazo como la primera vez. No llegó. A cambio recibió unas lindas mejillas sonrojadas. Bill se acercó apoyando sus manos en los hombros, mientras el mayor lo acariciaba, tomó suavemente su diminuta cintura abrazándolo y besó su frente, Bill cerró sus ojos cuando sintió el aliento de Tom en sus labios.

Milímetros, apenas el aire podía pasar por sus labios y Bill lo quería. Así como lo quería Bill, también lo quería Tom, y como Tom deseaba Bill, también Oli lo hacía.

— Wau. –ladró suavemente abriéndose paso entre los cuerpos.

— Hola, pequeño. – dijo luego de segundos, separándose de Bill y notando sus mejillas sonrojadas. — Eres un travieso, ¿Eh? – preguntó alzándolo.

— Tal vez… Tal vez quiere comer.- dijo incomodo Bill.

— Sí. – concedió dejando que el cachorro mordiera sus dedos sin hacerle mucho daño.

&

— ¿Debes irte nuevamente? – fue la triste bienvenida que recibió.

—Podría posponerlo. – le dijo al ver lo decaído del menor. Y Bill sonrió.

Tus esfuerzos y dedicación darán frutos. El comenzara a sentir simpatía por ti.

— ¿Y Oli? ¿Cómo les fue en el veterinario? – preguntó al ver que no estaba esa bolita blanca atrás del menor, como lo venía haciendo desde que lo compró.

— Le aplicaron unas vacunas y el doctor dice que estará muy somnoliento, así que ya está durmiendo.

El pelinegro estaba muy feliz porque Tom estaba con él. Quiso atenderlo, sabía que ese apuesto hombre trabajaba mucho.

—Te cocinare algo. – propuso y Tom besó sus mejillas.

Está funcionando” Tom lo reconocía.

Bill no había vuelto a mencionar algo acerca volver a su casa. Simplemente añoraba a Tom.

Se quedara por un tiempo” sonrió satisfecho. Su objetivo estaba cumplido.

—Haz algo ligero que vaya con bebidas. – le pidió besando su frente. —Iré a bañarme, mientras. –le informó.

—Hare algo rápido. – dijo complacido y salió corriendo a la cocina.

Mientras Bill finalizaba la comida Tom se encargaba de colocar los platos. Desde que estaban en Estados Unidos no habían probado comida casera, así que ambos sentían un cálido ambiente hogareño.

—Huele bien. – dijo entrando en la cocina.

—Ya está listo. – le informó.

La comida estaba deliciosa, nunca pensó que Bill podría ser tan buen cocinero, pero considerando el hecho de que trabajaba en una cafetería, posiblemente era hasta obvio.

—Creo que serás mi chef personal. – dijo casi alucinando por el exquisito sabor de su platillo.

—Gracias. Me alegro que te gustara. – le sonrió ruborizado por el halago. —Hace tiempo que…– no comíamos juntos, pero calló pensando que ya sería demasiado pedir para el mayor, que trabaja y además se hacía cargo de él.

—Continua. – pidió realmente interesado.

—Era nada.

— ¿Por qué no me dices?

—No es importante, en serio.

—Está bien. – aceptó recordando lo que decía el libro.

No presiones.

—No has probado el vino. ¿No te gusta?

—Yo… bueno… en realidad.

—No tomas. – se le pasó ese detalle. —No te preocupes. ¿Quieres que te traiga otra bebida? – propuso.

—No, no. Lo intentare. – le sonrió dudoso y tomando un sorbo de aquel vino. — Sabe bien. – tenía un sabor a fresa, burbujeante y sintió que le hacía un poco de cosquillitas en la garganta. Era agradable.

&

No  fue bueno tomar por primera vez estando sentado durante tanto tiempo. Cuando quiso levantarse, el equilibrio le falló.

—Siéntate. – le pidió. —Yo me encajere de esto. Espérame.

Tom recogió los platos y colocó todo lo utilizado en el lavavajillas.

El trenzado lo tomó en brazos y Bill rio ante ello.

— ¿Por qué te ríes?– preguntó contagiado por la risita dulce del pelinegro.

—No lo sé. – Bill no estaba inconsciente.

Estaba tan consiente que le era gracioso estar así con Tom. Bueno, estaba consiente, pero afectado por el alcohol.

—Tontito. – le dijo acomodándolo en sus brazos.

—Tonto tú. – le picó infantilmente en el pecho con su dedo.

—Creo que ya tienes que dormir. – afirmó divertido.

Llegaron a la habitación y Tom lo recostó en su cama.

— Descansa. – le besó en la frente. Y el menor volvió a reír risueño. —Dime. ¿De qué te ríes?

—Es que estoy feliz. – le confesó para sorpresa de Tom, quien aún estaba sentado en la cama e inclinado sobre el menor —Pensé que me estabas evitando. – dijo bajando la mirada.

— ¿Qué?

—Siempre comemos en lugares separados e inmediatamente te vas. – continuó.

—Eso es…

—Pensé que era especial…– se sinceró ruborizado.

—Bill…                              

— ¿Es por qué no quise ser tu amante?

—No. No es por eso…

— ¿Es que ya no quieres que este contigo?

—No pienses así, por favor. – le pidió acariciando sus cabellos.

— ¿Y qué? – Bill lo miró desesperado. —Te extrañé.

Tom se arriesgó.

Besó los cálidos labios de Bill.

El menor lo permitió. Permitió el acceso de la lengua de Tom a su boca y gimió en el beso cuando sintió aquella fría esfera de los labios de Tom rozar con los suyos calientes.

El pelinegro torpemente intentó seguir el ritmo de Tom y el trenzado pensó que ese era el beso más electrizante y significativo que había tenido en toda su vida.

No había sido como el primero, no sabiendo que el menor estaba participando y permitiéndolo.

&

Bill a la mañana siguiente despertó en los brazos de un apuesto trenzado y sintió su corazón acelerarse, y el escarlata apoderarse de sus mejillas al recordar la noche anterior.

Tom se veía sereno mientras dormía, sus facciones relajadas, pero aun así viriles y serias. El pelinegro se sintió tonto por lo que iba hacer, pero lo hizo. Dio un tierno beso en los labios de su dueño y luego salió de la cama para alimentar a Oli.

Tom abrió los ojos y sonrió por las cosquillitas que había generado Bill en sus labios.

Continúa…

Gracias por leer

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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