«About money» Fic de LadyScriptois

Capítulo 5: Cinco millones de euros

Llevaban cuatro días en un nuevo país, Bélgica. El primer día fue muy divertido conociendo la casa y a algunos amigos de Tom, pero los días siguientes el trenzado se enfocó en el trabajo.

En las noches intentaba complacer al menor invitándolo a comer o saliendo por ahí, pero el pelinegro notó que su propietario estaba muy cansado así que decidían simplemente quedarse viendo una película y cenando en la habitación de hotel. Aunque últimamente a Bill le entretenía trenzar el cabello del mayor.

Diariamente, en la mañana, el trenzado lavaba su cabello, lo secaba  y con una paciencia casi agotante trenzaba su cabello de forma perfecta, pero ahora la rutina había cambiado. En su baño nocturno lavaba su cabellera y el menor se encargaba de secarla con su secadora y luego la trenzaba para el mayor.

—Listo. – le notificó cuando finalizó la última trenza azabache.

— ¿Hay algo que no hagas bien? – le preguntó riendo.

Y era porque el menor ahora solía anudar sus corbatas, le ayudaba a combinar su vestimenta, le preparaba el desayuno y la cena, dormía con él, estaba con él, y le hacía sentir bien. 

—Exagerado. – dijo depositando un besito en la mejilla de Tom.

Bill actualmente era más cariñoso con él. Le agradaba ser partícipe de las actividades comunes de Tom y de ayudarlo en lo más posible.

El mayor le permitía comunicarse con su madre y el sentimiento de añoranza disminuyó un poco. Aún seguía preguntando por poder trabajar, ya que ahora tenía que velar por Oli, pero Tom seguía negándose alegando que por los constantes viajes no podría mantener un trabajo estable.

Y estaba eso en su corazón, sumado a todos los gestos de Tom, los besos y atenciones, que le hicieron entregarle su confianza y generaron fuertes sentimientos por él. Sentía que amaba a Tom y se olvidaba el motivo por el que estaba con él, solo lo veía como su persona favorita en todo el mundo y con quien le gustaba estar.

—No soy exagerado. – se giró y abrazó a Bill sentándolo en sus piernas. — Es la verdad. Me tienes dependiente de ti. – le confesó y lo besó. 

─ ¿Dependiente de mí? – murmuró entre el beso Bill, queriendo saber el significado de esas palabras.

—Sí. – besó la pequeña nariz contraria, mientras hacía pequeños círculos en las caderas medio desnudas del menor. 

— ¿Y eso es bueno? – preguntó ruborizado por lo que estaba despertando los besos de Tom.

A cambio, el mayor le sonrió ladino y sostuvo a Bill más cerca de él, para besarlo con abandono.

El beso estaba más prolongado de lo normal y, al no ver rechazo, el mayor se arriesgó desabotonando el pijama del pelinegro y descendiendo a su cuello suavemente.

— ¿Tom? – le llamó avergonzado, en vez de disgustado.

—Shhh… –  le pidió cegado por el deseo.

Más de dos tortuosos meses en los que se contenía de no profanar ese cuerpo, miles de besos en los que se tragaba sus ganas de ir más allá. Estaba en el límite.

El pelinegro fue recostado en la blanda cama por el hombre que devoraba su cuello y lo hacía suspirar, mientras seguía soltando los amarres de su pijama. El mayor se inclinó sobre el cuerpo del pequeño y luego buscó su boca. Sus labios tímidos y embriagantes.

—Tom…–  le nombró nuevamente ganándose su atención. El aludido lo miró expectante y esperando que Bill no le detuviera, porque no sabía si podría hacerlo.

Amaba a ese joven mafioso, no supo en que momento comenzó a hacerlo, pero lo hacía. No le carcomía el pensar que estaba mal besarse y tocarse de esa forma siendo hombres, porque si era con amor no era nada malo, lo había dicho su madre. Y ese acto que deseaba Tom, significaba para él la entrega sin retorno.

Bill sabía y sentía que nunca más lograría encontrar a alguien con el que quisiera estar de esa forma tan carnal. 

Tom en su mirada reconoció la aprobación entre toda esa ternura y temeridad, y  una sensación de que no estaba bien lo que haría se plantó en su mente, pero del mismo modo la ignoró cuando vio a su pequeño quitarse completamente la prenda superior.

Atrajo con sus brazos desnudos al mayor y le cedió sus labios para que los tomara como quisiera.

Besos húmedos y agitados eran el resultado luego de minutos, las manos inquietadas de Tom exploraban los costados del menor y su boca también estaba deseosa de recorrer ese cuerpo. Abandonó aquella ambrosia y bajó besando sus hombros, su cuello, su pecho, y se entretuvo succionando esos puntitos rosas hasta dejarlos erectos, mientras Bill se mordía fuertemente el labio inferior evitando gemir.

La humedad brillaba en el vientre del menor debido a las atenciones de Tom, mientras que sus labios y lengua se divertían explorando en la pelvis del peliliso. Sus dedos tomaron la cinturilla del pijama de su propiedad y la arrastró por sus piernas llevando la ropa interior en la pasada.

Sonrojado y tímido llevó sus manos a su intimidad intentando cubrirla de la vista del mayor, se sentía muy expuesto y apenado por cómo estaba reaccionando su cuerpo. Vio a Tom quitarse su camiseta exponiendo su perfecto y atlético cuerpo antes de buscar sus labios y besarlos tiernamente. Tomó las manos del menor y ante él las besó castamente. 

—No te avergüences. – le pidió con dulzura. —Confía en mi ¿Si?

Bill asintió y se aferró a las sabanas negras cuando sintió algo cálido pasearse por su miembro.

Mordió su labio con fuerza queriéndolo evitar, pero fue demasiado para él.

Uhg…—gimió sin poder contenerse.

—Eso es. – sonrió Tom ante aquel hermoso sonido. — Disfruta. – le pidió volviendo a lamer aquella rojiza punta.

Besó el miembro del pelinegro que empezaba a gotear y acarició sus testículos sonrojados, bajando un poco más y delineó con su lengua el pliegue que lo llevaba hasta esa palpitante y coqueta entrada, la cual exploró con la punta de su lengua luego de separar y flexionar un poco las piernas de Bill.

Tom…—sollozó extasiado, víctima de los espasmos de placer, sintiendo todo su cuerpo convulsionarse. ─ Ohm…– cerró sus ojos intentando controlar su rápida respiración y gemidos

El joven mafioso acarició los muslos del menor sin perder rastro de ese hermoso cuerpo que lo estaba llevando al límite con solo verlo. Delgado y esbelto, temblando de placer y sonrojado por lo mismo, tan lechoso y suave que era sencillamente hipnótico. Se fijó en aquel rostro angelical e inocente que se mostraba deslumbrado ante las nuevas sensaciones deliciosas a las que estaba siendo sometido y  deseó a Bill aún más.

Quitó sus boxers ante la mirada curiosa del menor, dejando libre aquel dotado y potente empalme viril y rozó suavemente aquellas sensuales y lechosas piernas hasta flexionarlas y separarlas un poco más. Besó el interior de los muslos de Bill, ascendiendo y rozando nuevamente con su lengua esa abertura que lo volvía loco, tanto como al menor.

Ehm…Tom…– gimió sin poder evitarlo. —Tom… Yo me… Uhm…– suspiraba.

El trenzado capturó sus labios y  tomó su erección con sus manos y lo acarició tortuosamente apenas segundos hasta que expulsó toda la blanquecina seminal y junto a ella varias lágrimas de goce.

Aquellos blancos dedos se apoderaron de la tela negra arqueando la espalda, mientras agonizaba en esa electrificación tan deleitable. Abrió sus ojos y los enfocó en el rostro del mayor que lo observaba con fascinación y lujuria, eso bastó para hacer su cuerpo y rostro arder totalmente.

Sintió dos dedos del mayor acariciar la semilla de su vientre hasta humedecerlos y luego bajar, rozando su sensible miembro, sus testículo y…

Uhg…– se quejó cuando aquellos dedos lo penetraron.

—Necesito prepararte. – le informó aliviado cuando vio que el hermoso rostro de Bill ya no mostraba incomodidad, besando sus labios y moviendo con suavidad sus largos dedos.

Primero en forma cíclica, luego abriéndolos y por último sacando e introduciéndolos nuevamente.

Ah…– suspiraba por aquellos dígitos que estaban llegando tan dentro de sí.

— ¿Te gusta? 

—Si… Uhm…–  confesó con ojos cerrados.

Añadió un tercero que fue recibido rápidamente y, cuando sintió que el cálido y apretado interior del menor  toleraba la introducción, su miembro rogó por atención.

— ¿Duele? –  le preguntó desesperado por remplazar sus dedos por algo más.

—No…– le aseguró siendo besado nuevamente por un deseoso trenzado.

Sentía ese duro miembro rozarse contra su pelvis y sabía lo que el mayor quería. Lo mismo que él estaba dispuesto a brindarle.

— Soy… soy virgen. – informó sonrojado.

— Lo sé. – aceptó enternecido.

— Ve con cuidado, por favor. – pidió escondiéndose en el cuello de Tom.

—No te lastimaré, te lo aseguro. – le afirmó buscando sus dulces labios y besándolo suavemente para distraerlo.

Sacó sus dedos y se irguió un poco para posicionar su enrojecido glande en aquella entrada virginal. La acarició con su miembro y la humedeció con el líquido pre seminal, torturando al menor, quien se deshacía en suspiros y nervios.

Entró lentamente leyendo las reacciones del rostro del menor, quien cerró los ojos y contuvo la respiración hasta que aquel pinchazo de dolor que se apoderó de su interior desapareció dejando un fascinante placer en su cuerpo.

Ah…– gimió enarcando su espala y exponiendo su cuello cuando la primera embestida golpeó algo dentro de sí.

—Eres… Eres perfecto. – le confesó Tom sintiéndose en el paraíso carnal.

Para Tom, Bill era hermoso, tan hermoso que dolía verlo, y más aún cuando el placer lo azotaba, ondulando su cuerpo con tanta inocencia y timidez. Ese pasaje que era incursionado por primera vez tenía en la gloria al mayor, quien sentía esa necesidad de embestir esa figura hasta cansarse. 

No podía creer lo que estaba sucediendo. No podía creer que ese cuerpo se entregara a él. Que Bill se entregara completamente a él.

Uhg…– se aferró a la espalda de Tom, mientras este lo penetraba con lentitud y suavidad besando su cuello.

Era la primera vez que se entregaba, la primera vez que se dejaba tocar por alguien más y ese alguien era Tom. La primera vez que se entregaba al placer libidinoso y lo estaba disfrutando casi inexplicablemente. Su cielo personal era esa habitación, esa cama, ese hombre que se fundía en él con sutileza y deseo, haciéndolo delirar y estremecer.

La figura del menor se movía al compás de los movimientos de Tom, ya que su peso cedía ante las penetraciones. Sus cabellos estaban revueltos por toda la almohada, su cuello con pequeñas marcas rojas, sus mejillas carmesíes igual que sus hinchados labios y su sexo vibrando entre ambos cuerpo.

Sus dedos se curvaron, sus piernas se extendieron en plenitud y su espalda se arqueó cuando sintió ese estallido dentro de su vientre que lo llevó inmediatamente al éxtasis entre gemidos agudos.

Sintió, en la inconciencia de los efectos del orgasmo, al mayor salir y con ello algo húmedo ser expulsado por su sensible entrada que continuó humedeciendo sus piernas. Una suave tela limpiar aquella humedad y luego sus labios capturados en tiernas caricias y siendo atraído a un cuerpo fibroso.

— ¿Estas bien? – le preguntó rozando suavemente su espalda desnuda.

Estaba feliz, por primera vez sentía esa sensación de paz y satisfacción luego del sexo, y lo que menos quería es haber dañado a la única persona que le hacía sentir todo eso.

—Bien. – respondió sonriente dejándose abrazar por el mayor.

—Descansa. – le pidió besando sus labios.

— ¿Tom? – le llamó.

—Dime. – pidió besando su frente y acomodando algunos de sus cabellos tras su oreja.

—Te amo. – confesó apenado, pero seguro de lo que decía. — Me gustó… Me gustó mucho hacer el amor contigo. – dijo y escondió su rostro en el cuello de un sorprendido trenzado.

Y el primogénito de los Kaulitz entendió ese sentimiento de que estaba haciendo algo mal. 

&

Te amo”… “Me gustó hacer el amor contigo”

Esas frases no dejaban en paz la mente de Tom.

— ¿Hacer el amor? – se preguntó mientras masajeaba su sien, preocupado.

No habían hecho el amor, para hacerlo ambos necesitaban amarse y eso no sucedía.

—No lo amo. Joder. – golpeó su escritorio frustrado.

¿Tenía sentimientos fuertes por Bill?  Sí. Valoraba como lo más preciado que le hubiese entregado su virginidad, le encantaba hacerlo sentir bien, tenía esa necesidad de velar por su bienestar y mimarlo todo el tiempo, le encantaba su compañía, era lo más hermosos que hubiese visto, le fascinaba su cuerpo, todo, cada milímetro de él, y sus planes futuros no los veía sin Bill, pero ¿Amarlo?, no lo sabía. Estaba confundido.

Y además de frustrado y confundido, se sentía cobarde y miserable.

Cobarde por no haberlo detenido a tiempo y alimentar ese sentimiento…

Despertó a causa de los rayos solares y se encontró solo en la cama. Se preguntó dónde estaría Bill cuando lo vio entrar envuelto en sabanas y con una bandeja de comida.

Te traje el desayuno. – le puso una mesita de cama en sus piernas y sobre ella la bandeja con aquel delicioso desayuno. Su rostro se mostraba más hermoso de lo normal y sus mejillas imposiblemente sonrojadas.

Gracias. – dijo sonriendo ante la escena.

Espero lo disfrutes. – le deseó para retirarse.

¿A dónde vas?

Necesito bañarme. – contestó apenado por que aún sentía los rastros de la noche anterior.

Ven. – extendió su mano tomando la del menor, haciéndolo sentar a su lado. — Quiero desayunar con el ser más lindo del mundo. Y luego…– acarició el cuello de Bill. — Podemos bañarnos juntos.

Miserable por tomar aquella pureza que le entregaron con tanto amor y que el manchó con lujuria. Una y otra vez….

Un cuerpo delgado era apoyado en la fría pared del cuarto del baño, mientras el agua recorría su cuerpo y sus piernas se aferraban a la cintura del trenzado al igual que sus manos en sus hombros.

Uhm… Tom. Tom…– rezaba como un mantra, mientras era tomado por el dueño de su corazón. — Ahm… 

— ¿En qué piensas?– le preguntó sonriente el menor sacándolo de sus recuerdos y adentrándose en la oficina del mayor, llevándole una taza de chocolate caliente que traía hipnotizado a Oli tras él.

—Nada. Tengo mucho trabajo. ¿Qué traes allí?

—Te traje chocolate. Aquí hace frío y  has pasado todo el día trabajando. – le explicó poniendo en su escritorio la vajilla humeante.

—Gracias. – le besó sin poder evitarlo.

Bill se mostraba tan dulce y amoroso luego de aquella vez hace tres noches. No podía evitar caer a sus encantos y ser afectuoso con él, aunque sabía que fomentaba ese amor no correspondido.

— ¿Necesitas ayuda? – le preguntó viendo el monto de papeles que había por toda la oficina del trenzado.

—No mucha, no encuentro un contrato. Debe estar por ahí. – comentó permitiéndole a Oli subir a su regazo y recostarse allí listo para una siesta. —­Esta delicioso. – le halagó luego probar aquella agradable bebida caliente.

— ¿Quieres que te ayude a encontrarlo? –  se ofreció tomando unos papeles del piso y acomodándolos sobre una de las tantas mesas de la oficina.

—Es acerca de una cesión de bienes de un tal Wolfang Grill. – le informó en un bostezo.

—Descansa un poco. – le pidió. — Yo lo encontrare por ti. – le aseguró.

—Cerrare mis ojos solo un instante. – Tom lo hizo y a los minutos los abrió enfocando su mirada en Bill, quien se concentraba en su búsqueda, sentado en uno de los muebles junto a un montón de carpetas. —Bill. – le llamó haciéndolo sobresaltar.

—Pensé que ya dormías.

Tom se levantó de su silla de cuero, seguido por el pequeño cachorro, tomó un cojín  y se dirigió al lugar donde estaba sentado el pelinegro. Se extendió en el sofá y dejó caer su cabeza en la mullida almohadilla  sobre el regazo del menor y Oli  hizo lo mismo en el abdomen del trenzado.

—Acaricia. – tomó una mano del menor la besó y la colocó en sus trenzas. —Así me dormiré rápido. – le explicó. 

El menor sonriente hizo lo pedido y pocos minutos después el mayor se quedó dormido en su regazo. Le parecía muy tierna la escena.

Cuando despertó Bill estaba sentado en el piso junto a pequeños montoncitos de carpetas, enfocó su vista en su escritorio y del monto de papeles que había solo se encontraba uno.

—Despertaste. –dijo sonriente cuando escuchó que el dueño de la oficina se removió en el sofá y al ver una bolita de pelos caminado perezosamente hacia él y acurrucarse entre sus piernas.

— ¿Cuánto dormí? – cuestionó con voz ronca.

—Casi seis horas. – le informó. —Encontré el documento. – le anunció sonriente.

— ¿Qué más has estado haciendo? – preguntó sonriente al ver que ahora cada papel tenía su carpeta correspondiente.

—He archivado todo por el nombre del cliente y luego lo he agrupado en orden alfabético. Solo falta colocarlos en el archivero… Oh, e hice carpetas de ingresos y egresos por año, pero no hay espacio para guardarlos.

—Yo he pasado meses intentando ponerle orden y llegas tú y lo haces en seis horas. Eso es, ¿Admirable?

—No, es dedicación al orden. El cual debes mantener. – advirtió haciendo reír al mayor.

—Como usted mande. Ya vuelvo.

Fue al baño que tenía en su oficina, lavó su cara y cepilló sus dientes para luego volver al lado del pelinegro. Estuvo a punto de ir a besarlo cuando su celular comenzó a sonar.

—Gustav. –  respondió. — ¿Qué sucede?… Oh, eso. – se lamentó, aunque debería alegrarse ¿No? — No, mantengan la vigilancia, por cualquier cosa. Si, gracias por informarme.

Bill había sido eliminado de la lista de Dan como posible mercancía, se habían rendido. ¿Entonces esta forma de protección no tenía sentido? 

&

Estaban en Italia y Tom intentaba controlar sus encuentros sexuales con el menor, ya que sabía que luego de aquella noticia posiblemente serian contados. Solo cinco, pero parecía que Bill no estaba consciente de ello.

Había pasado una semana desde su primer encuentro y seis días desde el segundo y Tom sentía que lo provocaba con el mínimo roce, aunque posiblemente no era así y el solamente estaba muy deseoso por el pelinegro.

Se alistaban para ir a una fiesta a la que debía asistir Tom por educación y decidió que sería agradable llevar consigo al menor.

Lo observó salir totalmente maquillado y peinado, cubierto simplemente por un albornoz de baño y sus deseos salieron a flote.

Bill tendría que volver a maquillarse y definitivamente peinarse luego de aquel momento donde gimió contra  la almohada mientras el mayor besaba su espalda y lo embestía con gentileza.

—Tan estrecho…– jadeó y el menor sin poder evitarlo se contrajo alrededor del miembro del mayor cuando alcanzo el clímax.

A diferencia de lo que estaba acostumbrado Bill, Tom no se corrió dentro de él. Alzó sus caderas, sacó su miembro y esparció su semilla en su espalda baja, la cual se dispersó y descendió perdiéndose en su ranura, acariciando su entrada y luego humedeciendo sus muslos.

—Necesitaremos bañarnos luego de esto. – rio contra un omoplato de su amante.

— ¿Juntos? –  preguntó sonrojado y girando en su eje, quedando el mayor entre sus piernas.

—No será buena idea, necesitamos llegar a la fiesta. – le explicó y lo besó. —Te ves lindo así. – le halagó.

Le encantaba  Bill luego del orgasmo, se veía tan frágil y sonrojado, despeinado y sensual en su desnudez.

—Tus trenzas estas desordenadas. – le dijo acariciándolas.

—No era lo que esperaba. – se lamentó en broma. — Pero supongo que tendrás que volver a tejerlas. – volvió a besarlo castamente.

—Entonces debemos apurarnos. – sonrió por la forma tan linda en que lo miraba el mayor.

Esa mirada indescifrable, pero que le gustaba, últimamente era constante en los ojos de Tom.

—No lo dijiste hoy. – recordó y se sintió mal por lo que pediría, pero deseaba escucharlo, su pelinegro se lo decía diario y ese día no sería la excepción.

— ¿Qué?

—Que me querías, sueles decirlo. – le recriminó.

—Te quiero. – le dijo y sus labios fueron apresados con castidad.

Bill nunca había recibido una palabra que expresara el sentimiento de amor por parte del mayor y, por más extraño que sonase, pensaba que no la necesitaba. Con la forma en la que lo trataba, en cómo se preocupaba por él, la forma apasionada en la que le hacia el amor y lo hacía sentir deseado,  como lo besaba y acariciaba, con todo eso, él se sentía como la persona más amada y era feliz.

Continúa…

Gracias por leer

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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