«About money» Fic de LadyScriptois

Capítulo 7: Siete millones de euros

Thomas siempre sentía su casa de Berlín como su verdadero hogar, allí era donde pasaba más tiempo y Bill sentía lo mismo, ya que ahí fue donde estuvo por primera vez con el trenzado.

—Extrañaba esta habitación. – dijo sonriendo lanzándose sobre la cama.

Era mullida y acogedora. Se recostó de perfil y sintió sus mejillas colorarse al recordar que en esa habitación se besó por primera vez con Tom. Aunque él lo rechazó, pero ahora era diferente.

Tom estaba ocupado en una videoconferencia, así que él fue a jugar en el enorme jardín de la vivienda con Oli.

— ¿Te gusta este lugar? A que si…– le preguntaba meloso al cachorrito que decidió explorar todo el jardín.

Bill lo vio alejarse persiguiendo con sus cortas patitas a una mariposa, mientras ladraba sonoramente, en lo que su corta edad le permitía.

Cuando el chucho se cansó de perseguir a la mariposa volvió con Bill y este le enseño algunos trucos.

La noche cayó, alimentó Oli y le dio algunas medicinas, este inmediatamente se quedó dormido en su camina y lo arropó para luego ir a bañarse. Se colocó un sencillo pijama y salió en busca de la persona que amaba y lo encontró en un pantalón pijama hablando por teléfono.

Tom al verlo no pudo evitar sonreír y hacerle señas para que entrara totalmente a su habitación. Bill nunca había estado allí antes por mucho tiempo y nunca se adentró completamente.

—Hola. – le saludó risueño y un poco tímido cuando el trenzado finalizó la llamada.

—Hola. – respondió abrazándolo y besándolo melosa y castamente. — ¿Dónde has estado en todo el día? Te he extrañado. – le confesó sonriendo.

—Jugaba con Oli.

— El viaje ha sido largo. – besó su cuello con intenciones, haciéndolo suspira. — ¿Por qué no te quedas a dormir aquí? – le propuso besando sus mejillas.

—Está bien. – contestó solo concentrado en los besos que le daba el mayor en sus hombros y como esas manos lo recorrían.

Caminaron entre besos y Bill fue posado en la enorme cama de Tom, mientras este lo desvestía con lentitud dejándolo libre de prendas. Le encantaba el cuerpo del menor, y quería poseerlo. Lo quería tanto, pero no podía. No si eso le costaba la posibilidad de dejarlo libre de marcharse.

Bajó sus manos y acarició el miembro necesitado del menor suavemente.

Uhn…– manifestó extasiado ante las caricias recibidas.

El primogénito Kaulitz observaba a su pequeño como si fuera lo más adictivo y vicioso del mundo. Sus ojos cerrados y manos inquietas que estrujaban las sábanas blancas y las mejillas imposiblemente sonrojadas.

Besó esos labios que gemían y bajó por su cuello, recorriendo su clavícula, su vientre plano, sus caderas. Acarició sus piernas y las extendió ubicándose entre ellas.

Tomi…– gimió al ver que no estaba recibiendo más caricias.

El mayor observaba el hermoso sexo enrojecido de su pequeño y bajaba hipnotizado por esa entrada de placer. Ante la mirada confundida del peliliso tomó sus manos y las dirigió a su propio sexo.

—Tócate…– le pidió y colocó una de sus manos sobre las del más delgado y la guió en la primera caricia haciéndolo estremecer. — Tócate para mí.

—Tomi…Yo… Uhn… –gimoteó agudo sintiendo un nuevo roce de sus manos sobre su miembro.

—Quiero verte. – le declaró con voz extremadamente ronca.

Los primeros bombeos en su suave erección fueron regidas por las varoniles manos de Tom y luego él no pudo parar.

Uhg…Uhm…Uhm.– casi sollozaba del placer que el mismo se otorgaba ante Tom.

Sus piernas separadas en totalidad, sus ojos cerrados fuertemente, su melena revoltosa, su pecho que subía y bajaba rápidamente al mismo ritmo en el que se acariciaba con una mano, mientras que con la otra se aferraba a las sabanas.

Nunca se había tocado de esa forma, pero si Tom se lo pedía estaba bien, porque lo hacía para el deleite de la persona que amaba.

Tom…– gimió casi gatunamente cuando llegó al orgasmo y manchó su vientre, sus manos y su pecho. —Tomi…– suspiró entre espasmos.

—Muy bien, bebe. – le besó suavemente limpiando con la camisa del menor su semilla.

—¿Tu? – preguntó al darse cuenta que la erección cubierta del trenzado se rozaba con su sensible miembro.

—Shhh…– le besó el cuello, pero el menor no pudo evitar bajar su mirada y observar ese enorme bulto cubierto por boxers blancos.

Armándose de valor y mordiendo su labio inferior descendió su mano por el marcado vientre del mayor haciéndole estremecer. Siguió bajando e interiorizo sus finos dedos dentro de la ropa interior rozando la base de su miembro e imitando con lentitud los movimientos que hacía antes con el mismo.

Uhg…–jadeó. — Eres un pequeño demonio. – rio y eso animó a Bill.

— ¿Vamos… vamos a…?.– preguntó dudoso, pero su boca fue aprisionada por un excitado Tom quien lo besó antes de introducir un dedo en su cavidad.

El menor lo recibió gustoso, pero luego le parecía extraño que el trenzado no añadiera otro más a su boca. Buscó la mirada de su propietario y este le sonrió jugando con la perforación de su labio. Se ruborizó a más no poder cuando entendió lo que quería el otro.

Bill hizo presión suavemente en los hombros del mayor hasta que este entendió que aceptó su proposición y se recostó de espaldas sobre el colchón. El menor inseguro se sentó en la cama y se inclinó sobre el mayor, con dedos tímidos e inseguros sacó el miembro del mayor a la intemperie y sintió un tirón en su bajo vientre.

Lo observo unos segundos. Nunca había visto el miembro de Tom tan cerca, y le gustaba. Acarició la base dudosamente, y luego con un poco más de valor, dio una pequeña lamida en la punta del glande. Sintió el cuerpo del mayor tensarse y no supo que significo eso.

— ¿Hice… hice algo mal? – preguntó preocupado.

—No… Continua. – le aseguró Tom completamente excitado.

Besó cada milímetro de esa erección necesitada, tomó el líquido preseminal del glande, con tímidas lamidas, haciendo jadear ahogadamente al mayor hasta que se animó a recibirlo en su boca. Se sentía caliente y por el tamaño no pudo tomarlo todo. Su sabor no era desagradable, al contrario.

Se concentró en ese enrojecido glande, acariciando con la lengua la punta por donde salían gotitas de líquido, y con sus manos bombeaba suavemente el resto.

—Eres bueno…bueno…–decía con voz ronca el mayor buscando la cabellera negra de quien le prodigaba tanto placer

Pronto Bill se entregó al ritmo que le marcaba Tom, disfrutando cada una de las muchas felaciones que le regaló, recorriéndolo con su boca, besándolo y succionándolo gentilmente.

Oh, Joder… Bill…– bajó su vista al sentir ese familiar tirón en su vientre, y al ver esa linda boquita que besaba y lamia la punta de su sensible miembro, esos deditos recorrer su erección, desnudo, excitado y con la mirada imposiblemente inocente, se corrió fuertemente sin poder resistirse ante la escena.

Tomó lo que pudo de ese denso, caliente y blanquecino líquido que le dio el trenzado, escapando algo por la comisura de sus labios y otro poco cayendo en su pecho.

—Ven acá. – le atrajo con suavidad el mayor, haciendo que se sentara a horcadas sobre él y regalándole un suave y apasionado beso donde compartieron su sabor.

El menor se quedó en la misma posición recostándose sobre Tom y escondiéndose en su cuello. Se sentía feliz y avergonzado de lo que había hecho y solo pudo aferrarse más al trenzado y respirar agitado cuando sintió una mano indagar entre sus pompitas que se encontraban un poco separadas debido a la posición.

— ¿Aun duele? – preguntó dudoso Tom acariciando la entrada del pequeño sin invadirla.

—No…– dijo casi inaudiblemente.

— ¿Puedo acariciarte?

—Uhu… – aceptó controlando un gemido.

Varios dedos jugaron con su entrada, penetrándola y masajeándola, rozando su próstata y haciéndolo desfallecer hasta que se corrió nuevamente.

El pelinegro estaba cansado y el mayor luego de limpiarlos a ambos y terminar de desnudarse se recostó a su lado abrazándolo, como le gustaba hacer después de intimar y para dormir.

— ¿Tom…? – llamó cohibido por la forma tan indescifrable en que lo observaba su dueño.

El trenzado se rendía.

—Te quiero. – le confesó sin poder evitarlo.

—Yo… yo también. – le respondió el menor con una sonrisa.

No estaba seguro de si lo amaba, pero sabía que lo quería como a nadie y tal vez estaba rozando al amor.

&

Luego de una noche de reflexión decidió algo, no dejaría marchar a Bill. Lo quería con él, tenerlo a su lado y disfrutar de su simple presencia, pero solo si el menor también lo quería.

—Estuve pensando. Si quieres, claro…– planteaba nervioso. — La Universidad de Viena es trimestral, y será más fácil para ambos. – no se estaba explicando bien y lo supo por su cara de confusión. — Estudia en Austria. Tomaremos Viena como residencia, intentare viajar menos, mientras tu estas en clases y nos establezcamos. Como hay vacaciones cada tres meses eso me favorece y en ese tiempo puedo hacer los viajes necesarios junto a ti. – soltó esperando respuesta por parte de Bill.

El menor estaba un poco impresionado. La universidad eran cuatro años, eso era mucho tiempo, ¿Tom quería pasar ese tiempo con él? Luego recordó su deuda, no la había pagado y no estaba siquiera cerca de ello, ya que no tenía trabajo.

—Es… no sé.

— ¿No te gusta la idea?

—Sí. – corrigió rápidamente. — Pero… ya has hecho mucho por mí. Y aún tengo una deuda que pagarte.

El corazón de Tom se aceleró, Bill no estaba considerando el trato.

—No importa. Me estoy haciendo cargo de ti. – dijo más animado, solo tenía que convencerlo y tendría a Bill junto a él.

—Te quiero, Billi. – le confesó haciéndolo sonrojar y sonreír.

—Yo también te quiero, pero has gastado mucho en mí. – murmuró. — Y eso es algo más. No puedo aceptar. Lo siento.

—Espera. – le pidió. — Entonces, trabaja para mí. – le propuso.

— ¿Uhm?

—Sí, se mi asistente. – se le ocurrió rápidamente. — Con eso compensaras todos tus gastos y dices que te diviertes ordenando papeles y esas cosas. – alegó. — ¿Entonces? – preguntó nuevamente.

—Un salario de asistente no alcanza para cubrir todo. – dijo apenado colocando sus brazos tras el cuello del mayor cuando este se medió sentó en su escritorio y lo atrajo hacia el abrazándolo por la cintura.

—Sera bueno tu salario. – dijo e hizo reír a Bill.

—No puedo, Tom. – aseguró.

—Piénsalo, por favor. – le pidió.

—Tal vez…– dijo haciéndolo sonreír. — Pero necesito antes pagarte algo de lo que te debo, así que ahora no puedo aceptar. ¿Puedo ya sabes, trabajar?

Muchas veces Bill le preguntó eso, pero en su estado de peligro nunca lo permitió, hace semanas que no sacaba el tema a flote y no supo que hacer. Tom no quería esa respuesta.

Quería un rotundo y hermoso: Si, mudarse de ser posible esa semana a Austria y sentirse seguro de tener a Bill, pero ahora que lo pensaba también quería que Bill estuviese con él por plena convicción y decisión, no porque los ataba una estado de propiedad–propietario.

Aunque el menor no había aceptado el trato, Tom hizo los depósitos en su cuenta que correspondían a cada encuentro. No solo por lo que propuso, sino porque sentía que todo lo que daba, no era suficiente para la felicidad que Bill le daba a él.

—Está casi saldada. – le informó como última alternativa, besándolo castamente antes dirigirse a su escritorio por algo — ¿Recuerdas lo que te dije hace como tres meses? Por cada vez que tengamos sexo te iba a pagar. Eran cinco veces y llevamos cuatros. – decía intentando buscar en su escritorio una carpeta que tenía todos los depósitos que había hecho en la cuenta de Bill con los ochenta millones que le correspondía, sin notar que el menor estaba conteniendo la respiración. — Tu deuda está casi cancelada y tienes algunos millones si no quieres que me encargue de todos tus gastos – finalizó encontrando la carpeta y girando nuevamente para tendérsela, llevándose una imagen no muy grata.

Los ojos de Bill estaban acuosos, lagrimeando, y su boca estaba abierta sin poder emitir algún sonido.

— ¿Bill?

— ¿Se… sexo? – le preguntó cuándo su voz al fin pudo salir, con un volumen de voz apenas audible y que no podía aumentar debido a ese gran nudo que se formó en su garganta.

Eso le dolió.

Tom no sabía que decir. Esa no fue su intensión.

— ¿Me estabas… me estabas pagando por hacer el amor?

Bill ni siquiera recordaba ese tratado, el cual no había aceptado. Se sentía confundido, él se había entregado a Tom por amor, no esperaba nada más. ¿Qué acaso Tom no lo notaba?

— No, no…. No era hacer el amor. – se negó a sí mismo. — Era sexo. – murmuró para sí mismo, intentando comprender todo eso.

¿Eso quería decir que Tom no lo amaba?

Para Bill el sexo era una unión carnal placentera que solo implica una necesidad física, en cambio hacer el amor… Hacer el amor era algo más, era amar con cada parte de tu cuerpo, era permitir la máxima conexión física porque ya existía esa conexión entre sus corazones.

Se sentía usado y estúpido por sentirse amado mientras solo era aprovechado para librar las necesidades del cuerpo de Tom. Sentía su cuerpo temblar y algo doloroso recorrer por sus venas, posiblemente eso era lo que se sentía cuando la persona que más amas te decepciona.

—Bill…– se acercó con intenciones de tomar la mano del menor e intentar explicarse, aunque no sabía ni siquiera como.

—No me toques. – le pidió alejándose y sintiendo que se sus piernas le fallarían en algún momento. — ¿Me prostituía? – le preguntó en un hilo de voz. Y Tom apreció un extraño sentir en su pecho ante esos ojos dolidos.

Bill rogaba porque el mayor tan siquiera lo quisiera un poco, para no sentirse consumido y avergonzado de sí mismo por haberse enamorado de esa forma, por haberse entregado de esa manera tan carnal. De solo imaginar que Tom no lo quería cuando llegaba tan dentro de sí, cuando depositaba su simiente en él, cuando lo tocaba de esa forma tan íntima y lo hacía gemir incontrolablemente; de no ser querido por esa persona que logró que actuara de esa manera que consideraba inmoral sin amor, sexo, auto complacerse y felación; le hacía sentir mancillado, sucio.

— ¿Al menos… al menos cuando me dijiste que me querías era cierto? – cuestionó suplicando un si con la mirada.

—Te quiero, lo sabes. – dijo con menos volumen de voz del que creía. — Por favor, no pienses que te trataba como prosti…

—Falta una vez, ¿verdad? – interrumpió armándose de valor. Se acercó a Tom y lo besó entre lágrimas. —Quiero marcharme. – le imploró. — Por favor… déjame liberarme de ti.

—Bill…– no podía decir más nada que ese nombre.

—Hagamos el…– amor, pero eso no era lo que hacía con Tom, así que calló. — Tengamos sexo…– le interrumpieron sus lágrimas. — Una vez más y déjame ir. Te lo pido…

Los dedos temblorosos del menor se dirigieron al cinturón del trenzado con intenciones de soltarlo, pero fue obstaculizado.

—Detente. – tomó las manos del peliliso y las besó. —Debemos hablar…– intentó hacerlo entrar en razón y no perderlo.

Tom no estaba seguro, pero cuando sintió aquella gotita en sus mejillas supo que estaba llorando por Bill.

—No. Solo quiero irme. – mintió. Ni el mismo lo creería.

Y lo besó. Soltó sus manos y continuó con lo que hacía, buscó los botones de la fina camisa del mayor e hizo lo mismo acariciando esa piel del ser que más amabas y que no vería jamás.

Solo cinco ocasiones y serás totalmente libre. No seré más parte de tu vida y si nos vemos no te conozco”

Recordó las palabras de Tom y entre lágrimas recorrió sus labios.

Sus bocas se acariciaban con añoranza, con nostalgia, pero con deseo y amor. Bill lo amaba aunque lo haya destrozado, y Tom lo amaba aunque se haya dado cuenta tarde.

— ¿En serio quieres irte? – le preguntó, solo necesitaba que lo reafirmara y lo dejaría ir aunque le doliera. No más ataduras, no más.

El mayor recibió un asentimiento y apretó fuertemente su mandíbula. Sintió su cabeza doler y luego miró al menor con esa afilada mirada miel.

Acarició con suavidad el cuerpo de su pequeño haciéndolo convulsionar entre sus brazos y se sintió dudoso de proseguir. Sentía las lágrimas del menor mojar sus hombros y como intentaba calmar sus sollozos contra su cuello. Sus manos se perdieron en su espalda acariciándola e intentando calmarlo.

—Lo siento, Bill. – se disculpó.

—Te voy a extrañar. – le confesó antes de entregarse a suspirar por los besos del mayor en su cuello.

—No más que yo. – le aseguró.

Sacó la camiseta del menor y recorrió con sus manos esa piel que ya conocía. Su olor que lo excitaba y su temperatura tan tibia que le quemaba. Tan suave como el terciopelo y blanca como la cocaína. Totalmente adictiva.

Uhg…– gimió por el estremecimiento violento de las cálidas manos de su dueño en su baja espalda.

Su clavícula fue recorrida por los besos del mayor, igual que sus hombros y se aferró a la camisa de Tom deslizándola por sus musculosos brazos. Quedando piel con piel. Besó el cuello del trenzado, mientras el otro recorría sus costados y desabotonaba sus pantalones, introduciendo sus manos entre esa ajustada prenda y dejándolos caer junto a la ropa interior. Bill terminó de sacar su vestimenta inferior quedando con solo un collar plateado en su cuerpo.

Tom giró el cuerpo del más pequeño y besó su espalda alunarada, su nuca, sus omoplatos y el menor solo podía recostar su cabeza en el hombro del más alto casi jadeando cuando una de esas manos acarició su intimidad erecta.

Mmm… Tomi…–gimió en su oído.

Kaulitz le acarició con gentileza haciéndolo delirar, sintiendo el cálido aliento del menor en la piel que solo lograba excitarle aún más. Tomó sus caderas y frotó su erección contra esas esponjosas prominencias que le habían mostrado el más allá del paraíso.

—Te lo dije la primera vez…– le susurró y lo giró nuevamente. — Eres perfecto.

Se apoderó nuevamente de sus labios y el menor sacó sus pantalones. Jugó con la cinturilla de los oscuros boxers de Tom y los bajó dejándolos caer.

La luz clara les permitió observar el cuerpo contrario, admirándolos y grabándolos en sus mentes por siempre.

Empujó suavemente al trenzado sobre el escritorio y este cayó sentado. El menor gateó sentándose sobre él a horcada, sin perder ese contacto visual y Tom se sintió aturdido por esos ojos dolidos y penetrantes, pero que lo miraban con amor. Se sintió congelado y no supo que hacer al tener a Bill ante él, dándole lo que tanto deseaba, pero que le quitaría lo que más amaba.

El menor tomó su mano y la dirigió hasta su espalda baja y se escondió en el cuello de Tom, esperando que lo hiciera. Sintió caricias en su rosada ranura, alrededor de su abertura y mordió el hombro de Tom ansioso porque lo hiciera.

Ehm…– se arqueó al sentirse invadido por dos dígitos. —Tom… Tom…– gimió placenteramente. Mordió los labios del mayor y este le penetró con un tercero. —Uhm…–gimoteó contra la marcada nuez de Tom haciendo vibrar todos sus sentidos.

Al sentirlo completamente dilatado el mayor abandonó la calidez del menor y este en protesta frotó su trasero desnudo contra esa dotada erección que parecía crecer más y más.

—Bill…– gruñó evitando no correrse cuando su pene se deslizó entre las dos esponjosas pompas del pelinegro.

—Te amo. – le confesó sin poder evitarlo alzando sus caderas y moviéndose hasta sentir el húmedo glande de Tom alineado con su entrada. —Uhmmm…– se dejó caer sintiendo al trenzado en toda su profundidad, tan profundo como su oscura manicura enterrada en los hombros dorados hasta hacerle sangrar un poco.

El mayor juró haber visto las estrellas al sentir tanta presión en su miembro. Era asfixiante y agonizantemente placentero controlar las intensas ganas que tenia de correrse. Llevó sus manos a las suaves y blancas pompitas de su pequeño y las apretó haciendo gemir quedadamente a Bill, indagó entre ellas hasta que encontró esa entrada que se tragaba su miembro, acariciando sus sensibles bordes, generando una electrificación por toda la columna vertebral del menor.

Bill necesitaba moverse, y lo hizo, aferrándose a Tom y elevando las caderas dejándose caer nuevamente.

—Con cuidado. – le pidió. — No quiero que te lastimes.

—No me estoy las…Ohm…. – el miembro de Tom había dado en el lugar exacto. — Lastimando… Solo estoy dándote por lo que pagas. – dijo con esas silenciosas lagrimas que empezaban ser parte de él, y le dolió a Tom.

¿Dónde estaba el Bill que le decía que hacían el amor?

—Te amo. – tomó sus caderas creando un ritmo más lento. — Joder, te amo, Bill. – le confesó besándolo.

Bill se vacío entre sus vientres sintiendo el empalme de su dueño en lo más profundo de sí. Se dejó caer en sus brazos y cuando pasó la inconsciencia orgásmica donde creyó delirar escuchar a Tom decirle que lo amaba, se encontraba apoyado en la madera del escritorio.

Sus piernas se extendieron dándole más acceso a Tom para penetrarlo y el trenzado se aferró a esas piernas blancas y embistió fuertemente inmortalizándose en ese cuerpo que le dejaría de pertenecer. Embistiendo tan fuerte queriendo grabarse también en el corazón del pelinegro.

Sus labios se buscaron solo y el trenzado fue abrazado por esos débiles y pálidos brazos cuando Bill fue golpeado en la próstata, apretando fuertemente sin poder evitarlo. No quería, sabía que posiblemente eso arrastraría al mayor, pero no pudo contenerse.

La respiración de Bill se relajó, y cuando logró soportar tanta presión en su erección, el mayor también lo hizo. Se miraron fijamente a los ojos y solo encontraron nostalgia y amor. Se besaron suavemente, apenas acariciando. Tan despacio y sutil como embestía ahora Tom.

Acarició con suavidad, sus cabellos, su cuello, clavícula, su vientre, sus piernas, caderas y costados. Besó su perfilada nariz, sus mejillas sonrojadas, y esas lágrimas que brotaron sus grandes y hermosos ojos.

Uhg…– jadeó cerrando los ojos y sintiendo unos cálidos labios en los suyos.

Tom quiso soportar, evitar llegar, pero el final fue inevitable. Se corrió dentro de Bill en dos suaves embestidas. Y el menor se sintió lleno. Lleno de Tom, lleno su corazón de Tom y lleno de tristeza.

Continúa…

Gracias por leer

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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