«About money» Fic de LadyScriptois

Capítulo 8: Ocho millones de euros

-Dos semanas-

Había decidido volver a la universidad ¿Con que excusa luego de haber abandonado de pronto por más de tres meses? No lo sabía, y tampoco hizo falta.

¿La recuperación de su madre en Suecia? ¿Qué operación? No sabía, pero las constancias, la causa certificada y los informes necesarios estaban en el recinto educativo, igual que los trámites obligatorios para trasladarse a la universidad en donde vivía antes.

Quince días después Bill ya se había mudado con su madre, retomado su carrera y con un trabajo de medio tiempo como cajero en un supermercado, trabajo que había conseguido con la ayuda de Noel, el dueño del local, divorciado, y quien se veía muy concentrado en conquistar el amor de Simone.

Todo marchaba bien, menos su corazón.

Extrañaba las veinticuatro horas del día al mafioso, todo le recordaba a él y en cualquier cosa lo buscaba. En la almohada su varonil perfume, que sabía que no estaría, su suave tacto, su calor y sus besos. Se sentía solo como nunca, lo necesitaba. Cada noche lloraba por él, por su presencia, por lo que le hizo, por el amor que aún estaba ahí y por su necesidad de estar a su lado. Su cuerpo aún se estremecía cuando recordaba su contacto y sonreía entre sueño al rememorar sus besos. Su corazón latía sin control cuando pensaba en sus penetrantes ojos y cada mañana se arreglaba lo más hermoso posible, se maquillaba como a Tom le gustaba, esperando que en cualquier momento fuera por él, aunque sabía que era imposible.

El trenzado tal vez no estuviera en Alemania, quizás en América o en algún país de Europa. Tal vez lidiando con una corbata nueva o intentando tejer sus trenzas sin perder la paciencia.

— ¡Bill! ¡Ven a desayunar!– pidió su madre.

Metió en su bolso lo necesario para su primer día en la universidad, maquillaje, dinero y salió.

—Buenos días, mami. – le dio un beso. — Buenos días, Noel. – deseó, luego de reparar en la presencia de aquel hombre y le sonrió cómplice. No quería que su madre estuviera sola, era joven y linda.

No se detuvo a desayunar y saludó con ternura a Oli, le dejó su comida y se dispuso a irse.

— ¿Ya te vas a la universidad, cariño?

—Sí. – le besó para despedirse.

—Come algo antes. – le pidió.

—Como allá. Voy tarde. Por favor le sirves agua a Oli antes de irte. – le pidió con un puchero, sonrió y se fue.

Su madre pensaba que había terminado con su supuesto novio, o sea Tom, y por eso se le veía tan triste y hasta cierto punto un poco más delgado, por lo que cuando el menor le sonreía ella prefería callar si tenía algo que objetar.

&

Intentaba con todas sus fuerzas concentrarse plenamente en lo que su profesor explicaba mediante aquellas diapositivas. Lo estaba intentando, lo juraba, pero no podía.

—…Tráfico ilícito de armas, de drogas, estafas a policías y a funcionarios del gobierno, dominio de casinos, prestamos liquidantes, cobro por vacunas a empresas, edificios, y de más. Es la realidad….

Todos los implicados en términos macro, eran reducidos y reducidos hasta un grupo de personas micro el cual tenía el poder, poder que al final quedaba en manos de una sola persona: Thomas Kaulitz. Ese nombre, era algo que el profesor no sabía, pero que inmediatamente se instaló en la mente de Bill.

Tom, Tom, Tom…”pensó hasta suspirar.

¿Fue cierto ese te quiero? No lo sabía. No sabía algo con certeza. Había sido comprado para la satisfacción sexual ¿Cómo pudo haber sido tan tonto y no darse cuenta antes? ¿Cómo pudo olvidar aquella propuesta de sexo por dinero? Desde hace un mes se hacia esas mismas preguntas. La primera era incierta y las últimas dos eran simplemente porque se enamoró de Tom.

Su última clase del día terminó y volvió a la parada de autobús. Eran pasadas las tres de la tarde y aún no había comido, pero necesitaba llegar a su trabajo, sin preocuparse de que en la lejanía era observado y protegido.

Se sabía de memoria la rutina de Bill, siempre la misma, aunque esta vez varió por su inicio de la universidad. No podía aburrirse o entretenerse, no. Lo debía proteger y lo más importante, no interceder en sus acciones, solo hacerlo si estaba en graves problemas. Esas habían sido las instrucciones de Tom, quien quería que Bill llevara una vida normal.

&

Su jornada en el trabajo era siempre igual, la misma señora que compraba lo necesario para ese día y el mismo joven que iba a comprar dos preservativos exactamente veinte minutos antes de que su turno terminara, el cual se acaba de ir.

—Llevo esto. – recibió un paquete de cigarrillos, los pasó por la máquina registradora y giró para tendérselo nuevamente al cliente.

—Cinco… – quedó sorprendido por ese hombre. —Cinco euros. – dijo rápidamente intentando mirar a otro lugar.

—Quédate con el cambio. – le tendió el billete bastante distante de lo que debía pagar y le sonrió.

—Gracias. – Bill estaba nervioso, muy nervioso.

Ese hombre, quien creaba un ambiente de tensión con Tom.

— ¿Eres el novio de Kaulitz, no es así? – preguntó fingiendo curiosidad.

—Si…Bueno, no…

— ¿Sí o no? – rio intentando transmitir carisma.

—No… Ya no.

—Que lastima. – dijo ganando un silencio por parte del pelinegro. — ¿Bill, no es así?

—Sí. ¿Usted es? ¿David?

—David Jost.

—Bill. – le saludó eufórica una chica de largo cabello rojo rulo y un poco regordeta. — Lamento llegar tarde. En serio. – se disculpó abrazándolo.

—No te preocupes. – le aseguró sonriendo.

—Yo me ocupare de este cliente, tú vete antes de que sea media noche. – le pidió preocupada.

—No. Ya me ha atendido el joven. – le aseguró a la pelirroja.

—Entonces, gracias por su compra. – le sonrió y Jost supo que debía marcharse en ese momento.

Bill se dirigió a los vestidores y luego de tomar sus cosas salió del local. Caminó unas cuantas cuadras hasta que un auto deportivo color rojo se detuvo a su lado.

—Hola. De nuevo. – dijo bajando la ventanilla del auto.

—Hola.

— ¿Sabes? No estoy muy seguro de cuantas veces he dado vuelta en la misma manzana. – Bill sonrió ante la cara de perdido que tenía David.

—Está muy oscuro por aquí. Debe ser por ello. – intentó justificarlo y luego siguió caminando. Sin embargo Jost no se rindió y siguió al pelinegro a mínima velocidad.

—Tu eres la única persona que conozco por aquí, y sé que sonara atrevido o algo así y te entendería si te negaras, pero. Te lo ruego. – le suplicó. —Ayúdame a conseguir un hotel.

La actitud de Jost trasmitía cualquier cosa menos turbación o desconfianza, al contrario, a Bill le parecía muy amable y agradable luego de haber intercambiado algunas palabras.

—Sigue derecho unas siete cuadras y gira a la derecha en la gasolinera. Veras el aviso de inmediato. – le indicó y sonrió.

—Gracias. – suspiró aliviado. — ¿Y tú a dónde vas? – le preguntó al ver que no detenía su rumbo.

—A la estación. – dio dos pasos más y luego rio. — Llegue.

—Parece que aún no llega el trasporte.

—Dentro de diez minutos. – le aseguró.

— ¿Puedo llevarte? Así te devolveré el favor. – propuso.

Luego de minutos en la lejanía, vio como el pelinegro se montaba en el auto rojo de Jost e inmediatamente le informó a su jefe.

&

Jost le pidió que le permitiera llegar al hotel, registrarse y luego lo llevaría a su casa, alegando que así sabría cómo volver.

Bill creyó vivir un déjà vu al sentirse caer en la oscuridad luego de que las manos de Jost pasaron por su rostro con un pañuelo.

El pelinegro despertó con dificultad y su cuerpo pesado.

—Has despertado. – besó Jost sus labios. Bill se sintió asqueado y lágrimas recorrieron sus mejillas.

&

El hotel le había puesto miles de peros, pero luego de amordazar al recepcionista pudo subir por Bill.

Tocó varias veces la puerta sin éxito, desesperado disparó al picaporte y entró a la habitación.

—No te muevas. – se detuvo al ver como Jost apuntaba a Bill.

— ¿Estas bien, Bill? – le preguntó.

—Siempre Kaulitz. – bufó Jost al reconocer a ese chico como uno de los funcionarios de Tom.

Odiaba a ese chico, siempre en el camino de todo. Se suponía que luego que Jörg dejara el poder, alguien más, preferiblemente alguno de sus socios, dominaría Europa, pero no, Tom resultó ser astuto y un estorbo.

En la compra de Bill, se lo arrebató como había hecho con su oportunidad de dominio del continente, y luego lo lució ante sus ojos. Lo odiaba.

—Suéltalo. – le ordenó Ale.

— ¿Qué te crees chico? Tan arrogante como tu jefe. Baja el arma o lo mato. – le pidió. —Ahora. – ordenó tomando a Bill por su cabellera y acercándolo a su arma.

Ale lo hizo sin protestar.

—Siéntate allí. – le pidió señalando una silla. —Hazlo. – volvió a demandarle.

Ágilmente, mientras apuntaba al menor que estaba inmóvil en la cama, lo ató fuertemente y cuando vio que no podía moverse soltó el arma para con ambas manos inmovilizarlo hasta que tan solo pudiera respirar.

—Se me ocurre una idea. Son una excelente excusa para molestar a Kaulitz.

—No vendrá. – mintió Ale. Si Jost lo que quería era a Tom, entonces si él no iba eso no tenía sentido. ¿Cierto?

— ¿No? Uh, que lastima. Entonces, creo que le enviaremos un pequeño regalo. – dijo y sacó de su maleta una cámara filmadora, colocándola sobre el gran plasma.

—Eres realmente hermoso. – besó a Bill.

—Deja de tocarlo pervertido. – le gritaba Ale removiéndose.

—Tu solo observa. – le pidió. — Tu único trabajo será entregarle la cinta a Tom. Vas a presenciar la violación de su amante ¿No te parece divertido?

Bill se estremeció ante las palabras, y quiso salir corriendo del lugar, pero no podía, su cuerpo no respondía.

— ¡Suéltalo!

—Escuchare tus protestas más tarde. – le ignoró y prosiguió a desnudar a Bill.

Los ojos de Jost se oscurecieron al ver ese cuerpo en total desnudez estremeciéndose entre las sabanas, y Bill vio cómo su captor se frotaba miembro mientras lo desnudaba y sintió ganas de vomitar.

En un bruto movimiento abrió las piernas de aquella figura que temblaba de puro temor provocando incontrolables nervios en Bill. Quien solo se dedicaba a temblar y llorar silenciosamente a causa de la droga sedante.

—No sé cómo Tom te dejo ir. – dijo observando esa rosada entrada y acariciando sus caderas que tenían unas ligeras marcas, señal de que en algún momento fueron tomadas con pasión. — Parece que lo has hecho muy bien.

David pasó la lengua por ese hoyuelito fruncido, probándolo y humedeciéndolo.

—No… No, por favor. – intentaba gritar aunque solo salía un débil murmuro.

La lengua de aquel hombre estaba penetrando en su entrada repetidas veces, dejando su saliva en ella hasta dilatarla un poco. Jost detuvo su labor y activó la cámara grabadora. Tomó al menor en brazos y lo sentó en su regazo de espaldas hacia su pecho. Separando sus extremidades y dejándolo totalmente expuesto ante la filmadora.

Escupió en el vientre del menor y luego tomó ese líquido en sus dedos y lo llevó a su abertura.

—Uhg…– gimió de dolor cuando su cuerpo fue invadido por un digito.

—Eso es. – le dijo al oído. — Gime como la putita que eres, para que Tom te vea disfrutando por los dedos de otro hombre.

Tom…”

Se sentía asqueado. Recordó las veces que el trenzado había penetrado de la misma forma en su interior, pero no era Tom y su cuerpo lo rechazaba.

Con una fuerza, que no supo de dónde provino, logró cerrar sus piernas cayendo en el suelo por falta de equilibrio.

—Estas bien entrenado. ¿No? – Bill lo miró con ojos de rabia. — Esto sí que es una sorpresa. Tan inocente e inofensivo y terminaste siendo toda una fiera. – rio — Has sido amaestrado correctamente.

Ale desde hace momentos estaba aturdido ante la escena, y solo se concentró en mirar fijamente el arma de Jost a sabiendas de que sin ella no podría herir a Bill de una forma física espantosa, o eso quería creer.

—Ahora me gustas más. – le susurró. — Voy a follarte, mientras me pides más. Tendré el placer de reentrenarte. – rio.

Se abalanzó sobre el menor, quedando entre sus piernas, bajando sus manos e introduciendo una pequeña capsula en la entrada del pelinegro.

—Esto te hará disfrutar.

— ¡No! – protestó. — ¿Qué?…Uhg

—Te hará sentir mejor dentro de algún rato – le aseguró y rio contra su cuello. — Chicos que tienen ojos puros como los tuyos… Me provoca humillarlos y profanarlos.

Fue girado quedando su rostro contra el piso, sus manos apresadas en su espalda y sus caderas alzadas obligado a arrodillarse, y sintió la erección de aquel hombre rozar su baja espalda.

Estaba temblando. Tenía miedo, mucho miedo y necesitaba a Tom.

David le daba la espalda y Ale vio como finos y largos dedos que él conocía tomaron el arma del primero. Lo vio llevarse un dedo a los labios como clara petición al silencio y asistió. Lo desamarró sigilosamente y le entregó su arma.

— ¿Estas ansioso? – le preguntó apretando ese trasero níveo. — Te demostrare lo que es un hombre de verdad.

— ¿Y quién es el hombre de mentira? – le preguntó alguien que le apunto en la cabeza haciendo que perdiera la erección por la impresión. — Oh, ya veo quien lo es. – dijo burlón.

— Tom…– murmuró Bill y cayó inconsciente. Ale lo tomó en brazos y lo cubrió con el saco de su jefe antes de sacarlo de la habitación.

—Que mal educado eres. – murmuró David. — Llegaste antes de tiempo. Interrumpiste la mejor parte. – rio.

—No. Yo creo que llegue en una parte perfecta. – acercó una afilada cuchilla al miembro flácido de Jost sin dejar de apuntarlo con el arma.

—No te atreverías. – le retó nervioso.

—A ver… – se sentó en la cama sin dejar de apuntarlo. —Estuviste a punto de tocar lo que me pertenece. ¿Qué debería hacer, David? – preguntó calmado.

—Él se ofreció. Parece que no lo atendiste bien. – se atrevió a decir.

— ¿Y tú, con eso? – señaló su entrepierna. — ¿Esperabas satisfacerlo?

—Más que eso.

—Que lastimas que no lo lograste, no creo que tengas otra oportunidad. – una fina cuchilla recorrió un trayecto desde la mano de Tom hasta la intimidad de Jost, gracias a la perfecta puntería del primero, haciéndolo gritar del dolor.

Tom, como si nada, tomó la grabadora y le ordenó a los hombres que estaban fuera de la habitación que entraran y se encargaran del resto. Se dirigió rápidamente a la oficina de seguridad del lugar, apagó las cámaras de vigilancia, formateó la memoria del sistema, soltó y estafó al recepcionista, y salió del lugar.

Entró al auto en el que estaba y pidió que lo llevaran a su helipuerto privado. Llegarían a su casa de Berlín y luego lo llevaría a que Simone.

El cuerpo de Bill solo estaba cubierto por su fino saco negro y dormía temblando entre sueños.

Lamentaba haberse tardado tanto. Cuando recibió la llamada de Ale estaba en Polonia.

No le importo dejar un contrato a medio cerrar y tomó el jet para dirigirse a Alemania.

Sabía que no había sido buena idea ese sistema de seguridad tan ligero. No le importaba lo que le diría Bill, pero si era necesario tendría al menos cinco guardaespaldas pegados a él día y noche. No se permitiría que llegaran a lastimar a su pequeño.

Sintió el cuerpo del pelinegro dejar de vibrar y verificando que estaba totalmente dormido deposito un beso en su frente.

Luego de unos minutos aterrizaron en Berlín, Tom iba semidesnudo en su Cadillac junto al menor y este traía puesta, además del saco, la camisa del mayor para que no estuviera tan expuesto al frío.

Minutos antes de que llegaran a la casa del trenzado Bill despertó un poco aturdido y volvió a cerrar sus ojos.

—Ya… ya regresamos. – dijo adormilado y sintiendo su cuerpo muy extraño. — Sí. – suspiró y volvió a dormirse.

El mayor bajó del auto y lo rodeó para ir en busca del menor, tomó su brazo para envolverlo en su cuello y poder cargarlo cuando este despertó alarmado.

El pelinegro abrió sus ojos de inmediato al sentir el contacto de Tom contra su piel, sintiendo miles de hormigueos partir desde el punto de encuentro hasta el resto de su cuerpo y automáticamente alejó su brazo de la mano de Tom.

—Lo siento. – murmuró ante la mirada dolida del mayor, pero que inmediatamente se recompuso y se mostró seria e impenetrable.

—Supongo que detestas que te toque. – dijo sin perder su semblante neutro. —Entiendo. No quieres que este cerca. Te dejare ir, no te preocupes. Solo aguanta un poco, hasta que te lleve a la habitación. – pidió. — Necesitas descansar antes de llevarte con tu madre. ¿Está bien?

Bill, mientras estaba en los brazos de Tom, no paró de temblar. Su cuerpo estaba extraño y lo sentía muy caliente. Necesitaba moverse, contacto.

Tal vez debería decirle la verdad al trenzado, que no lo quería rechazar, que solo había sido porque sintió esa electrificación ante el roce. Intentó decir algo e inmediatamente llevó sus manos a sus labios. Sintió como al separar sus labios con intención de hablar un gemido recorrió con furia su garganta y apenas y pudo detenerlo.

Siento que voy a decir algo vergonzoso” pensaba.

Tom miraba con un poco de lamento la escena. No le gustaba producir esas reacciones en su pequeño. Pensaba que vibraba de miedo ante su cercanía, que sus ojos estaban fuertemente cerrados para evitar mirarlo.

Llegaron al destino y lo recostó inmediatamente en su antigua habitación, esta estaba exactamente igual a como él la dejó, su ropa, el maquillaje intacto, sus productos en la sala de baños, salvo por las sabanas nuevas, pero el resto no fue tocado.

— ¿Puedo ver si tienes fiebre? – le pidió permiso para tocar su rostro. Sus mejillas rosas le habían dado la impresión de una posible alta temperatura.

Bill se sintió triste, Tom pensaba que no quería su tacto.

—Si…– aceptó.

—Iré por unas pastillas. Ya vuelvo. – buscó un pequeño botiquín que había en el baño de la habitación, ya que el menor solía enfermarse y Tom en su estadía lo puso en esa área. — Toma. – le tendió una para la fiebre y otra para el malestar general.

—Gracias. – las bebió con un poco de agua.

— ¿Quieres ducharte? ¿Necesitas que te envíe a alguien para que te ayude?

—No…– negó — Puedo hacerlo solo.

—Está bien. Le diré a Marta que prepare algo para comer. ¿Te llevare al baño? ¿Sí?

Temeroso cargó a Bill y sonrió ligeramente al sentir como este se aferraba a él.

Asegurándose de que podía mantenerse de pie, Tom salió del lugar y Bill intentando no perder el equilibrio se desvistió. Pensó que no podría mantenerse mucho tiempo de pie, así que decidió llenar la enorme bañera y asearse en ella.

El agua la reguló fría para bajar la temperatura de su cuerpo y se metió en ella respirando profundo. No entendía que le pasaba, pero sabía que era debido a la capsula que introdujo aquel hombre en él.

Quería preguntarle a Tom. Tenía miedo.

Se limpió cada milímetro de piel intentando eliminar el paso de ese hombre por su dermis, con extremo cuidado en sus partes íntimas que sentía muy sensibles al tacto.

Le daba asco. En cambio con Tom, aun después de saberse usado, no le dio asco, ni repulsión, al contrario, lo añoraba. Seguía amando a Tom y no lo podía negar.

En eso pasaron los minutos y solo se dio cuenta de que llevaba mucho tiempo en el baño cuando escuchó a Tom llamando a la puerta.

— ¿Bill? ¿Estás bien?

—Ya salgo. – se vistió con la poca rapidez y agilidad que poseía y salió.

—No es bueno que tengas el cabello húmedo teniendo fiebre. – se fijó el trenzado.

Sin importarle a que el menor protestara lo tomó de la cintura y suavemente lo dirigió nuevamente a la cama. Fue por la secadora de Bill y se sentó a su lado.

—Marta te está preparando sopa. Está muy preocupada por ti. – le informó secando los cabellos del menor.

—Tom…– murmuró con voz baja y con las mejillas sangrantes. De pronto sentía su cuerpo ardiendo por dentro y no sabía que sucedía.

— ¿Te lastimé?

—No… Ese hombre…Ese hombre me dio algo. – explicó.

Luego del baño pensó que necesitaba decírselo, su cuerpo estaba demasiado extraño y le preocupaba.

— ¿Algo como qué? – preguntó alarmado.

—No lo sé…– sentía que su cuerpo se estaba estremeciendo por la cercanía con Tom y un hormigueo en su bajo vientre. —Era algo…. Una capsula…– su mente se estaba yendo.

— ¿Bill?

Tom…– gimió sin poder evitarlo. Y el corazón del mayor trabajo a toda máquina.

—Te drogó. Maldición. – abandonó su labor de secar el cabello de Bill y lo recostó en la cama.

Posiblemente la droga tenía mucho tiempo en el cuerpo de Bill y apenas se manifestaba notoriamente debido a los medicamentos que le fueron suministrados para que se recompusiera, por eso la droga estaba actuando tan violentamente.

— ¿Qué sientes? – interrogó.

—Estoy caliente…– confesó con ojos cerrados fuertemente y retorciendo su cuerpo en la cama.

No lo había dicho con doble intención, solo que sentía su cuerpo arder, pero la garganta del mayor estaba totalmente seca ante esa confesión y ante esa escena.

—Es por… es por la fiebre. – se quiso asegurar a sí mismo. —Creo que llamare al doctor. – pensó en voz alta.

—No… Tom. – tomó su mano y lo miró con ojos lagrimosos y llenos de excitación. —Quédate. – le pidió. — No te…Uhm…– estaba sollozando por lo que sentía, su entrepierna tan despierta que dolía.

Tom no sabía qué hacer. Sabía que estaba sucediendo con el cuerpo del menor, pero no estaba seguro de que hacer.

No sería buena idea tocarlo ¿Verdad?… Joder, no me voy a aprovechar del Bill.”

Uhmmm… – mordió su labio inferior ante una oleada de placer que finalizó en su adolorido miembro. —Duele…– susurró.

— ¿Necesitas… ¿Quieres que…– ¿Qué mierda iba a preguntar? — Intenta… intenta tocarte. – la mirada brillante de Bill se enfocó en la suya. — Ayudara. – le aseguró recordando que debía respirar.

Y sería muy extraño que lo olvidara ya que el menor respiraba de una forma casi inconcebible, su pecho subía y bajaba tan rápido como nunca lo había hecho.

Vio la mano del menor descender entre las sabanas y, por la forma que arqueó su espalda y al notar como abrió sus piernas, pudo asegurar que Bill se estaba tocando ante él.

Uhg…– negó contra la almohada.— Duele…– repitió otra vez. —Tom…– le llamó.

—Tal vez… ¿Necesitas ayuda? – preguntó casi ahogándose con su saliva.

Mmm…– ronroneó un sí.

—Esta… está bien. – ante su atenta mirada, el menor corrió la sabana que lo cubría y se extendió poniéndose a merced de Tom.

El trenzado se inclinó sobre el pelinegro y con suavidad lo despojó de sus prendas inferiores, haciéndolo gemir alto en el proceso.

Y sí que parecía doloroso. Su rosado sexo esta vez parecía casi escarlata y estaba totalmente erecto y goteante, a punto de estallar. Lo acarició suavemente mirando la cara de sufrible placer del pelinegro y luego rozó la punta sensible.

Tommm…– gimoteó aferrándose a sus hombros y quedando sus rostros muy cerca.

Bill no podía controlar sus acciones y su cuerpo hacia lo que quisiera, tenía una interna lucha mental entre el placer y dolor, y una guerra con su corazón que se derretía ante Tom y que sentía que lo estaba usando ahora que lo necesitaba.

— ¿Te hago daño? – preguntó confundido por esas lágrimas.

—No…Ahm…– elevó las caderas buscando más contacto con la mano de ese hombre. —Tom…– gimió su nombre contra los labios del aludido y sin poder contenerse, los conectó asombrando al trenzado.

Acarició su intimidad suavemente, acallando sus sollozos y gemidos contra sus labios, besándolo con abandono y gentileza.

Ahhhhm… – no pudo aguantar más y se liberó en la mano del mayor.

Continúa…

Gracias por leer

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!