Notas: Hallo! Penultimo capitulo. Revelare en que estaba basada: OKANE GA NAI!
Es un manga creado por Hitoyo Shinozaki (Autora) Tohru Kousaka (Ilustradora).
Realmente no he leido el manga, pero vi los OVAs, son 4. Y bueno, eso. Disfruten!
«About money» Fic de LadyScriptois
Capítulo 9: Nueve millones de euros
Despertó solo en esa habitación tan conocida para él. Su cabeza estaba a punto de explotar, pero su cuerpo ya no lo sentía tan adormecido. De inmediato recordó lo que había sucedido la madrugada anterior y no supo cómo reaccionar.
Pidiéndole a Tom que lo tocara, vaciándose en su mano y besándolo. Sintió su rostro arder de vergüenza. ¿Cómo no pudo controlarse? ¿Qué estaría pensando Tom de él?
Luego lo recordó limpiando el desastre, vistiéndolo y arropándolo. Ofreciéndole agua y darle, como si fuera un bebe, el caldo que había preparado Marta para él. Como se aferró a él llorando por lo que sucedió con Jost, como lo calmó con tiernas caricias, susurrándole lindas palabras de confort. Como le dijo que era inocente, que todo él seguía perfecto y hermoso, que las manos de ese hombre ni de cualquier otro podrían arrebatarle su pureza e inocencia. Siempre sonriéndole cálidamente y actuando como si no hubieran intimado de esa forma hace minutos.
No hubo más besos, salvo por uno en su mejilla, que le dio Tom antes de irse y después se quedó dormido.
Enfocó la ropa que traía ayer, totalmente limpia, junto a sus pertenencias en la mesita que había en ese lugar. Las tomó y se aseó antes de salir, dispuesto a marcharse de esa casa.
— ¿Pensabas irte sin decirme? – fue el dueño de esa voz grave y del caro perfume que a él le fascinaba, lo que impidió salir de la habitación.
—No…– mintió sonrojado. — Iba a despedirme.
—Ya veo. –dijo ignorando la mentira del pelinegro. —Siéntate. – le pidió, tomando asiento en un sofá de la pequeña salita que había en la estancia y el menor lo imitó. — Debemos hablar de algo antes de irte.
—Yo… Lo de anoche… Lo siento. –dijo con la mirada gacha y las mejillas sonrojadas.
—Sé que no fue voluntario. Estabas drogado. – le justificó luego de aclarar un poco su garganta. — Pero no era de eso precisamente.
— ¿No? – le miró asombrado.
—Tendrás custodia las veinticuatro horas a partir de ahora.
— ¡¿Qué?! ¿Por qué?
—Apenas estuviste un mes afuera y ya sucede esto.
— No lo harás. –se negó. — No tienes derecho. –dijo causando una sonrisa ladina en Tom.
—Lo sé. –admitió. — Pero no me importa. No me arriesgaré a que te pase otra cosa.
—No me pasara algo. –aseguró. — Lo de David fue…
— ¿Estas consiente de que al menos una cuarta parte de los hombres de poder de este país me odia y otra quiere tu trasero? – cuestionó, ganándose un silencio por parte del menor. — Y he hablado con Simone. – le informó. —Volvimos a ser novios. – sonrió divertido.
—Tom…– protestó, dispuesto a marcharse. — No me obligaras… Tengo la universidad y un trabajado y…
—Por eso no te preocupes. Seguirás con tus actividades normales, con custodia claro. –aclaró.
El trenzado recibió una mirada de confusión y desaprobación por parte del menor, pero Bill luego suspiró resignado y simplemente se fue.
Tom lo vio irse y sabía que no le agradaba nada a Bill lo que estaba haciendo, pero no podía evitarlo.
&
Un auto de la familia Kaulitz lo llevó de vuelta al apartamento que compartía con su madre, y lógicamente se quedaron allí. Parecía que la custodia era verdadera, y no le sorprendió ver como uno de los chicos en traje que lo cuidaba tenia llave de un apartamento vecino.
Salió del ascensor seguido por dos de ellos y cuando llegó a su hogar vio que alguien se mudaba al apartamento del frente. Su madre no estaba, era lógico, debía estar en la pequeña sastrería en la que trabajaba.
No sabía qué hacer. Tom, siempre Tom.
¿Por qué sencillamente no lo dejaba en paz y se llevaba sus guardias o lo que sea? ¿Por qué se interesaba tanto en su bienestar? ¿Dónde estaba el “No seré más parte de tu vida y si nos vemos no te conozco”? ¿Por qué lo extrañaba y, aunque no quisiera admitirlo, le gustaba esa sensación de que aún era importante para el trenzado? ¿Por qué se engañaba justificando sus deseos de besarlo con el efecto de la droga? ¿Por qué le costaba tanto olvidar a Thomas Kaulitz y porque él parecía no querer dejarse olvidar?
Ya había perdido la mañana por estar en casa de Tom y no pudo ir a la universidad, así que se entretuvo jugando con su cachorro hasta que dieron las tres de la tarde y tomó rumbo al supermercado de Noel.
— ¿Por qué no permite que lo llevemos? – le preguntó el chofer.
Lo siguieron en todo el trayecto que él debía caminar para tomar el autobús. La gente lo miraba raro. Él, seguido por una espectacular camioneta blindada negra y por dos hombres de traje negro a su espalda. Bill simplemente trataba de ignorarlo.
El móvil se estacionó en la orilla de la carretera todo el tiempo que el pelinegro esperó para que llegara el trasporte público y cuando pensó que se liberó, notó como los dos que lo seguían se sentaron en el asiento detrás de él y que la camioneta seguía al autobús.
Llegó a su lugar de trabajo y la camioneta se detuvo en el estacionamiento del local. Uno de los hombres entró con él, uno se quedó en el estacionamiento y otro estaba en la entrada. Por lo que Bill creía, dos de ellos se quedaron en el edificio.
— ¿Puedes decirle a tu amigo que cambien su semblante a uno…más amable?– le preguntó al que lo acompañaba, con un poco de timidez. —Creo que asusta a los clientes, por favor.
El hombre presionó un botón de un aparatito que había en su oreja y luego habló en una especie de código. Enfocó su vista en el hombre de la entrada y este tenía una extraña mueca en su cara que se asemejaba a una exagerada sonrisa.
Luego de un interrogatorio que ignoró por parte de su compañera pelirroja, pudo volver a su domicilio de la misma forma en que llegó al trabajo.
Los camiones de mudanza habían desaparecido, así que supuso que ya el apartamento del frente estaba siendo habitado.
Buscó su juego de llaves y vio como los otros dos hombres salían de un apartamento diagonal al suyo, se pararon al lado de su puerta y los tres que lo acompañaron todo el día entraron.
—Bill, cariño. – le saludó su madre sonriente. Enfocó su vista en la sala y casi le da un infarto.
Noel hablando con Tom.
— ¿Esto…– intentó decir algo.
— ¿Por qué no nos dijiste que tu novio se mudaría al frente? Qué lindo. –le abrazó su madre.
—Hola, amor. – le saludó Tom. — Te estaba esperando. – lo tomó suavemente de la cintura y lo besó castamente. — Quise que diéramos la noticia juntos, pero tu madre me descubrió. – mintió ante un asombrado pelinegro.
&
— ¿No te parece suficiente con la custodia? – le preguntó siguiéndolo a su apartamento junto a Oli, quien movía su colita divertido por ver a sus dos papis juntos.
—Hablamos adentro. – le pidió intentando abrir la puerta de su nuevo apartamento.
—Me han seguido todo el día. ¿Y mañana cuando vaya a la facultad? Me miraran raro. –se quejaba enojado cuando el mayor cerró sus puertas.
—Deja de quejarte. – le pidió haciéndolo callar. — Has hablado toda la noche. – dijo sacándose la corbata con un poco de dificultad. — Maldita corbata nueva. –murmuró haciendo que Bill quisiera sonreír, pero se contuvo.
—No me quejo. Y no he hablado… ¡Porque has pasado toda la noche besándome! –le reclamó enojado.
—Y después dices que no te quejas. –ironizó cuando por fin pudo sacar su corbata.
—Te dije que no me estoy quejando.
— ¿Entonces, no te molestó que te besara? – se acercó rápidamente y lo tomó de su pequeña cintura.
—Si me molestó, no quiero que me beses…– dijo nervioso.
—No mientas. – le pidió capturando sus labios.
—Uhg…– gimió en protesta intentando alejar a Tom. En consecuencia el trenzado acarició con su lengua su labio inferior antes de entrar a la boca del menor. —Uhn…– suspiró dejándose hacer y colocando sus brazos alrededor del cuello de Tom.
— ¿No quieres custodia? – le preguntó entre el beso con voz agitada.
—No.
—No tendrás. – le aseguró besándolo castamente. — O al menos no pegados a ti. Te esperaran en el estacionamiento. –accedió rendido ante los labios del menor.
—Está bien, supongo. –aceptó totalmente sonrojado y con los labios hinchados.
—Te extraño. –le confesó súbitamente y el menor desvió su mirada..
—Me… me tengo que ir. Oli necesita comer. – se justificó. — Vamos Oli. – le llamó, pero el perrito negado no se movió de su lugar.
—No. Espera. –imploró. — Es en serio. Te extraño y ayer…
—No sigas. –pidió sabiendo que posiblemente no podría evitar rendirse ante el trenzado.
—…Me preocupé como nunca. No me perdonare nunca que te pase algo. – continuó sin importar que el menor se mostrara inquieto. —Bill…– le llamó al ver que no lo miraba. — Disculpa.
Bill vio el verdadero arrepentimiento en esos penetrantes ojos avellana.
—Yo… Solo necesitaba retenerte un tiempo a mi lado para poder protegerte…– masajeó su sien y el peliliso lo observaba desde su posición sin saber que hacer o decir, así que prefirió escucharlo. — Luego pensé que sería injusto si no cumplía con mi parte, aunque sé que no habías aceptado el trato… Me disté tanto que no sabía cómo recompensarlo y eres muy difícil, así que necesitaba una excusa.
—Tom…
—Shhh…– puso un dedo en sus labios. — No fue sexo. Nunca fue solo sexo, maldición. Cuando te dije que te quería era cierto. Y cuando te dije que te amaba es porque lo hago.
Tom lo amaba. Y por más deseo y pasión que sentía cuando intimaron por primera vez, sabía que no era solo un deseo carnal, hubo más. No hubo amor de su parte, lo admitía, pero tampoco fue solo lujuria. Era una mezcla de la necesidad de querer hacerlo sentir bien, con deseo de ese cuerpo, de querer atesorar su entrega, de sentirse seguro de que Bill seria de él y sobre todo bastante afecto. Nunca sintió eso con alguien. Nunca había sentido lo que sentía por alguien más. Y nunca había amado a alguien como amaba hoy a Bill.
— ¿Te quedaras aquí… aquí mucho tiempo? – preguntó.
El mayor sintió algo crujir.
— ¿Quieres que me vaya? – le preguntó alejándose del cuerpo del otro.
— ¿Puedo irme ya? – respondió con otra pregunta.
Fue su corazón rechazado una vez más.
—Si…– aceptó suspirando — Solo quería que supieras eso.
Se encaminó a la puerta y la abrió.
—Buenas noches. – le deseó.
—Buenas noches, Tomi. – dijo y besó la mejilla del mayor, quien estaba un poco confundido. Bill solo le sonrió y se adentró a su apartamento. — Despídete, Oli. –pidió y el perrito le ladró feliz al trenzado.
— ¿Qué fue eso? – preguntó cuándo estaba solo y creyó que tal vez su corazón crujió sin razón.
Quería a Bill a su lado. Y lo conseguiría.
Sabía que esos ojos que lo miraban con desaprobación también lo veían con amor. Y esos mismos ojos fueron los que le impulsaron a confesarle al pequeño sus razones y sus sentimientos.
&
Bajó rápidamente la escalera por que el ascensor tardaba mucho. No era seguido por algún escolta y tampoco escuchó algo proveniente del apartamento de Tom. Pensó que se había marchado, pero observó al salir su auto y se sintió aliviado.
Lo que le dijo ayer Tom no lo dejó casi dormir. ¿Y si era cierto que haría? ¿Correr a sus brazos? Se veía tan sincero, y lo quería tanto que toda la noche la idea de volver a intentarlo con su mafioso favorito no abandonó su mente.
— ¿A dónde vas tan apurado? – le sorprendió la voz del dueño de sus pensamientos cuando estaba en el recibidor del edificio.
Se veía demasiado atractivo. Sus perfectas trenzas y una bandana blanca, una camisa celeste de rayas blancas sin corbata con dos botones abiertos exponiendo un lindo crucifijo de oro, y un pantalón de vestir beige un poco ajustado que marcaba bastante su dotación. Bill se sonrojó violentamente al notar ese detalle. Tenía un cinturón de cuero marrón combinado con sus zapatos y olía deliciosamente.
—A… a la universidad. – le respondió.
— ¿Quieres que te lleve? – se ofreció.
—No…– iba a pasar de largo cuando vio a una chica bajar del ascensor.
Alisa, una come hombre profesional, y Tom le no pasó desapercibido.
—Déjame hacerlo. – pidió, aunque el menor se encontraba viendo como la mujer se retocaba el maquillaje e iba directo a su trenzado.
—Disculpa. – le tocó el hombro y le sonrió cuando este giró. — ¿Eres el nuevo vecino, verdad? Soy Alisa. – tendió su mano. —Quería ponerme a tus servicios, para lo que quieras. –hizo énfasis en la última frase.
—Gracias. Que amable. –sonrió ladino al ver como Bill miraba con un poco de recelo a la mujer.
—Gordito… vámonos. – le llamó, tomando su mano y ganando su atención. — Necesito llegar a la facultad. –pidió colgándose de su cuello y depositando un tierno beso en sus labios.
Alisa miró la imagen sorprendida y en cierta parte Bill también lo estaba por cómo había reaccionado.
—Hasta luego. –se despidió Tom de la chica. — Vamos, bebe.
Tomó la mano del menor para dirigirlo a su auto.
— ¿Gordito? – le preguntó con una ceja enarcada.
—Así le dice mamá a Noel. No se me ocurrió algo más. Además, tú me llamaste bebe. –se defendió sonrojado.
—No era necesario que lo hicieras. Si me hubieses dicho que necesitabas irte nos íbamos sin que me dijeras “Gordito” o me besaras. – le dijo solo porque sabía que actuó por celos.
Celos. Eso le parecía muy bien a Tom. El menor estaba sonrojado hasta su azabache cabello y eso se le hacía muy lindo.
—Oh, nos sigue mirando. –mintió y fue por los labios del menor.
—Tom. – reclamó entre el beso.
—Aun mira. – informó y se volvió apoderar suavemente de su boca. Bill se rindió aferrándose a su cuello y continuaron hasta que les faltó el aire. Tom sonrió victorioso.
Bill ruborizado hasta más no poder continuó todo el camino hasta que llegaron a la universidad.
— ¿A qué hora vengo por ti? – preguntó.
— ¿No tienes algo más que hacer?
—No. –aceptó. — Aquí no hay mucho trabajo, todo está bajo control.
— ¿Un viaje?
—Cerraré tratos por videoconferencias el tiempo que este aquí.
—Tom…
— ¿A las tres?
—Está bien. – concedió cuando el mayo estacionó.
— ¿Y mi beso de despedida? – preguntó divertido.
El mayor tomó la muñeca del menor antes de que bajara y jaló de él besándolo suavemente, pero con suficientes ganas como para que sus respiraciones se agitaran.
—Feliz días, gordito. –le deseó contra sus labios y lo volvió a besar castamente.
—A…adiós. –se despidió el menor.
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Había pasado una semana de la misma rutina. Por la noche cerraba tratos con otros países por vía internet y agradecía a la tecnología por el invento de la firma electrónica, pero le urgía visitar Austria y no sabía que tanto demoraría allá, por lo que no quería irse sin asegurar todo con Bill.
En las mañanas el trenzado llevaba a Bill a la universidad, lo iba a buscar y lo acompañaba al trabajo, donde incluso aprendió a empacar víveres y le habían dado propinas.
No mezclar los alimentos con los productos de limpieza fue sido la primera regla que le enseñó Bill, mientras manejaba la caja, y poner doble empaque cuando sean objetos de vidrio.
También conoció a su compañera de trabajo, una pelirroja, y algunas veces se divertía elogiándola, solo porque el menor lo fulminaba con la mirada.
—Gordito, no te enojes. – le pidió alcanzándolo después que le pidió su número a la pelirroja.
—No me llames gordito. –le demandó con el ceño infantilmente fruncido.
—Tienes razón, a decir verdad has perdido un poco de peso, pero sigues siendo lindo, pero ya no bajes más. – le advirtió.
—Vamos a casa. – pidió.
—No la llamaré, te lo prometo. –le aseguró.
—No me importa lo que hagas. –se recostó contra la puerta esperando que el mayor le abriera.
— ¿Seguro? Algo me dice que no.
—Por mi te la llevas a uno de tus viajes. –eso le recordó a Tom que tenía que comentarle algo a Bill.
—Bill. – le tomó de las manos. — Hablando de viajes…
— ¿La llevaras? – preguntó sorprendido.
—No, nada de eso. Tengo que irme a Austria por un tiempo. – le informó.
—Ah… ¿Eso? – cuestionó, intentando que no se mostrara que le decaía la noticia y fallando en el intento — ¿Cuándo?
—Dentro de tres días.
—Esta… está bien. –aseguró. — ¿Y qué tanto te demorarás? – preguntó cómo quien no está interesado, pero realmente se moría por saber.
—Tal vez meses, viviré un tiempo allí.
—Oh, entiendo. –dijo desilusionado. — Entonces, te iras. –afirmó con tristeza mordiendo su labio inferior y evitando mirar a Tom.
—Ven conmigo. – le pidió tomando sus manos sorprendiendo a Bill, quien lo pensó segundos antes de responder.
—No puedo Tom. La universidad y… – rechazaba evitando ver los ojos suplicantes del mayor.
—Volvamos con la propuesta de antes… Estudia en Viena, nos estableceremos, te lo prometo.
—Tom…
—Trabajaras si es lo que quieres…– decía intentando adivinar las excusas que pondría. — Tu mamá estará bien cuidada acá con Noel y dejare vigilancia para ella. Sera a distancia para que no lo noté. Y en tu caso, allá no será necesaria custodia, o al menos no tanta.
—Esto es…
—Te equivaldrán lo que has cursado para que no te retrases.
—No creo que…
—Se mi novio. –le pidió tomándole delicadamente por el mentón y haciendo que lo mirara. — Se mi novio, por favor. Te amo, Bill. – le aseguró. — Si quieres, ven conmigo. Vivamos como una pareja normal, déjame protegerte y amarte.
—Tengo aquí mi vida…
—Está bien. –se resignó interrumpiendo nuevamente a Bill. — No cometeré el mismo error de antes. No te obligare a nada, ni te ataré de ninguna manera. – besó sus manos y luego su frente, intentando deshacer de cualquier forma ese nudo que se había hecho en su garganta. — ¿Al menos, dejaras que venga a visitarte y a Oli, no? –rio sin muchas ganas. — Vamos a casa. –sonrió forzadamente desactivando la seguridad de su Audi.
—Todo está aquí, pero… – dijo ganándose la atención de Tom. — No quiero… No quiero que cuando digas “vamos a casa” sea tu en un lugar y yo en otro. –confesó jugando con los dedos de Tom.
—Bill…
—Me han dicho que la universidad de Viena es muy buena y…– no prosiguió porque esta vez fueron los labios del mayor los que le interrumpieron. — Te amo, Tom. –murmuró en el beso.
—Y yo a ti. ¡Dios, te amo tanto, Bill! – le sonrió y volvió a besarlo. — ¿Esto quiere decir que…
—No tengo que explicártelo. –dijo sonrojado.
— ¿Pero también aceptaste ser mi novio? – preguntó solo para cerciorarse.
—Supongo que no debemos anunciárselo a mamá. –dijo sonriente y sus labios volvieron a ser apresados por un Tom que no cabía de la felicidad.
Luego de besos de felicidad, la efusión de Tom de saberse suyos, provocó besos más agitados y húmedos. Las manos del trenzado incursionaron entre el abrigo del menor tomando sus caderas y sus besos bajaron a su cuello.
Con el deseo recorriendo su cuerpo y con mano temblorosa, logró abrir la puerta trasera del auto trayendo consigo a Tom, quien cayó entre sus piernas.
—Bill… Bill…– decía como un mantra para intentar bajar la temperatura de los cuerpos de ambos.
— ¿Qué sucede? – preguntó sonrojado y con el pelo revoltoso.
—No quiero que hagamos el amor en la parte trasera de mi auto. – le confesó dándole un poco de gracia la situación. ¿Cuándo el rechazaría a Bill? — Es decir, no sería romántico que nuestra primera vez como novios sea aquí. – explicó haciéndolo sonreír y sonrojar.
— ¿Romántico? – le preguntó. Él siempre había sentido todas las situaciones con Tom como las perfectas.
—Sí, bueno. Tal vez sobre una cama de pétalos y mucho champagne. – describía lo que imaginaba. — Aunque luego, si quieres, tengo una camioneta nueva muy espaciosa. –insinuó generándole risas al menor bajo él.
—Creo que nunca hemos…– Bill calló sin saber cómo etiquetar lo que hacían antes, pero Tom lo entendió. —… en Austria. Bélgica, Italia y Alemania. –recordó.
—Te hare el amor por toda Europa. –le aseguró. —Y luego en todos los países del resto de los continentes.
—Son muchos. –dijo mientras Tom lo besaba y sintiéndose totalmente completo.
—Mi amor es infinito. – se justificó. —Pero es solo para ti.
Continúa…
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