«About money» Fic de LadyScriptois

Capítulo 10: Propina

Todo le encantaba. La universidad, su trabajo en una tienda de diseñador, y la casa donde vivía con Tom.

Quedaba un poco apartada del centro de la ciudad, era rodeada por un enorme jardín y eso le gustaba al menor, y sobre todo a Oli. Poseía dos plantas, una linda y moderna fachada blanca, con una decoración sobria y elegante como le gustaba a Tom pero con un toque detallista y moderno del menor, finiquitada con las pocas fotos que habían obtenido en ese primer mes de relación y lindos cuadros coloridos que destacaban en las paredes de colores neutros.

Sin embargo, lo más importante era que solo tenían servicio de lunes a viernes y en la mañana, y así ambos podían hacer algunas actividades del hogar como soñaba el peliliso y la privacidad deseada por Tom.

Tom, como prometió y con ayuda de Bill, organizaba mejor su tiempo y sus viajes, además de mantener en orden la oficina que tenía en casa. Estableció una semana cada mes o mes y medio donde realizaría todos los viajes necesarios, y así compartir mucho con su pequeño, igualmente, en la actualidad el país que merecía más su atención era Austria, así que estaba totalmente enfocado en ese territorio.

—Hola. – saludó, reconociendo las manos que lo abrazaron por la espalda y girando sonriente entre los brazos de Tom. — ¿Cómo te fue hoy? – le preguntó el menor recibiéndolo totalmente sonriente y con un beso casto.

Solía llegar una hora o minutos antes que su novio y aprovechaba ese tiempo para tomar un baño, ponerse ropa para dormir y lindo para su trenzado, y en estos momentos se encontraba preparando la cena luego de hacerlo.

—Bien, amor ¿Y a ti? – le saludó con un tierno beso.

—También. – le sonrió jugando con las trenzas del otro. — Te ves cansado. – besó suavemente su hombro.

—Lo estoy. No puedo creer que ya sea viernes. – decía abrazando a su novio por la cintura y besándolo. —Hueles bien. – comentó contra su cuello.

—Tú también. – y era cierto, empezaba a creer que el mayor podría pasar días sin tomar un baño y aun así mantendría ese agradable olor a hombre con perfume caro. — Tom…– rio por las cosquillas que sentía tras su oreja.

— ¿Uhg?

—Necesito terminar esto. – le dijo separándose.

—No…– se lamentó. — Quiero estar contigo. – murmuró contra su cuello.

—Ve a ducharte, a dejar todo esto y tendré la cena lista para ti. – le aseguró besándolo y el mayor suspiró resignado.

Tom por su parte, pensaba que vivía para determinadas cosas sin orden en específico, pero donde en la mayoría predominaba su adorado noviecito: amar a Bill, la seguridad de Bill, trabajar, complacer a Bill y hacerle el amor.

Hacerle el amor… Eso lo adoraba. Podía jurar que nunca se cansaría de ese cuerpo lechoso y delgado, de esa piel nívea o de esos exquisitos labios. Siempre que hacían el amor sentía como si fuera la primera vez. Bill seguía siendo tan placenteramente estrecho y el mayor aun lo hacía gemir de esa forma tan sensual que lo enloquecía. Solo que Bill se negara lo evitaba, porque sin importar el cansancio que tuviera el trenzado siempre tenía fuerzas y deseos de intimar con el menor y en caso de que no lo hicieran, Tom se sentía igual de complacido y satisfecho compartiendo tiernas e inocentes caricias.

Habían veces en las que el peliliso simplemente quería acurrucarse contra Tom y que este le acariciara su espalda y cabellos, y Tom gustoso lo hacía, porque había algo que el trenzado no cambiaría por todo el sexo o dinero del mundo, y era ver a su pequeño sonreír entre sueños y suspirar un “Te amo, Tomi” o la sensación de que solo el calor de su cuerpo era suficiente para él, sentirse su héroe, su protector y la persona a la que más amaba.

Tom le hizo caso a Bill, se separó del menor e inmediatamente fue seguido por una pequeña bolita de pelos. Pasó por su estudio a dejar su maletín, entró a la enorme habitación que compartía, desnudándose por el camino y dejando la camisa que usaba ese día en uno de los sofás, era una costumbre de soltero, pero sabía que tenía que corregirla ante lo ordenado de su novio.

Acarició y jugó con Oli un rato, hasta que su novio llamó a la mascota para que fuera a comer, y tomó un baño largo, vistió un pantalón pijama de seda negra y bajó.

—Pon los utensilios. – le pidió el menor apenas entraba a la cocina.

—Algún día confirmare que tienes ojos en la espalda. – le aseguró. Tom acaba de entrar, el menor no lo veía y aun así se dio cuenta de su presencia.

—Tal vez. – la realidad era que el pelinegro conocía tanto el aroma de Tom que lo reconocía inmediatamente.

Comieron en una pequeña mesita para dos que había en la cocina, ya que la mesa del comedor la consideraban muy enorme. Sin embargo, Tom siempre decía que se llenaría cuando invitaran a sus padres, y más adelante con sus cuatro hijos.

Bill no estaba muy seguro de querer tener cuatro hijos, pero aún eran jóvenes y el trenzado tenía muchos años más para convencerlo.

—Tú te estas equivocando de carrera. Deberías estudiar para ser chef o algo así. Juro que ni mamá logró que comiera tantos vegetales como lo has conseguido tú. – afirmó probando la rica ensalada que había preparado Bill.

—Debo mantenerte en forma. – aseguró con tono responsable.— Que trotes todas las mañanas y vayas al gimnasio no será suficiente si quieres conservar ese cuerpo.

—Que considerado, supongo. Aunque creo que gastó suficiente energía en otras cosas. – le regaló una sonrisa insinuante que hizo arder de vergüenza al menor. — He leído que se queman bastantes calorías. – rio ante las mejillas imposiblemente coloradas de Bill.

—Entonces tendré que alimentarme mejor o algún día me desmayare. – pensó en voz alta ganándose una mirada interrogante por Tom.

Le encantaba hacer el amor con Tom y era un hecho de que su novio era muy bueno en la cama, pero algunas veces era tan insaciable que cuando lograba satisfacerse, Bill estaba para dormir doce horas corridas. Lo bueno, es que sería un excelente remedio para el insomnio.

— ¿Tomo eso como un halago? – preguntó.

—Posiblemente. – aceptó sonrojado sin dejar de mirar su plato de comida.

&

— ¿Por qué tienes tantas cosas puestas?– le preguntó besándolo.

—Hay frío. – se excusó estremeciéndose cuando el mayor sacó su abrigo.

— ¿Dejaste el abrigo tirado?…Uhg…Cuidado con las marcas. – pidió.

—Lo siento. – se disculpó por lo de la prenda. — ¿Crees que se quiten en el fin de semana?– rio contra su cuello.

—Tom…–soltó una risita baja.

—Lo siento, tendré cuidado. – aseguró yendo por la boca del más bajo.

Uhm… – gimió cuando fue cargado. Sus piernas se envolvieron en la cintura de Tom y este lo sostenía por los muslos.

Sentía muy despierta la hombría del trenzado y eso le provocaba un no sé que que lo inquietaba.

Oh… Tom…– se estremeció por las caricias de Tom que ascendía a su espalda.

—Deja de moverte o nos caeremos. – pidió sonriendo y con voz ronca subiendo el último escalón.

El mayor los condujo a su habitación con pequeños traspiés y luego depositó a su adorado en la cama.

—Eres hermoso. – le aseguró mirándolo gracias a luz de luna que se filtraba.

Sus ojos inocentes y enamorados brillaban como dos bellos diamantes y su cabello negro parecía suave seda, sus mejillas tan escarlatas como esos labios que le susurraban que lo amaban.

Acarició el perfil de su rostro partiendo desde su frente, delineando su linda nariz, sus labios, su mentó y perdiéndose en su pecho. Bill era simplemente perfecto.

—No me mires así. – pidió.

—Te amo. – le aseguró y lo besó con suavidad.

Bajó por su cuello y retiró la camisa de dormir que tenía Bill besando la piel a su paso, acarició su plano vientre y lo saboreó como si lo estuviera probando por primera vez en su vida. Retiró su pantalón de dormir junto a la ropa interior y acarició sus hermosas piernas. Eran tan largas, delgadas y suaves al tacto.

—Tomi… – le nombró víctima de una escalofrió de placer.

El mayor se recostó entre las piernas del pequeño sintiendo esa calidez que emanaba desde su reducido pasaje sintiéndose más erecto de ser posible.

Los labios de Bill estaban siendo conquistados por los de Tom, mientras sus finos y largos dedos se ocupaban del boxers y prenda inferior del trenzado. Tom tomó de la cintura al menor, y tomando impulso con su cuerpo los deslizó a ambos por la cama hasta dejar descansado a Bill entre las almohadas. Le gustaba siempre que el menor estuviese cómodo.

Bill llevó sus manos hasta el miembro del trenzado y lo acarició lentamente, se sentía tan duro y palpitante entre sus dedos.

Tom casi jadeó ante los roces del menor. Hoy por alguna razón estaba muy sensible al tacto y sentía que estallaría en las manos de su novio.

Bill…– reprimió un gemido cuando sintió caricias en su rojizo glande.

—Estas muy duro… – le informó el menor contra sus labios sonando tan insoportablemente inocente que haría acabar a Tom.

—Tú culpa. – admitió el trenzado.

Bill abrió más aun sus piernas y onduló sus caderas permitiendo que sus erecciones se rozaran.

Muy duro…– jadeó Bill mordiéndose el labio inferior ante los pensamientos que le generaban la erección de Tom.

El mayor pensó que si no besaba a Bill ese momento no se lo perdonaría jamás.

Creó un vaivén exquisito para ambos. El peliliso gemía sonoramente contra la oreja de Tom y eso le ponía muy ansioso. El mayor sintió la humedad entre sus vientres y supo que Bill iba a acabar, así que tomó su miembro acariciándolo con dedicación.

Ahmmm…. – gimoteó Bill entre sensuales ondulaciones de su delgado cuerpo. —TomUhmm…Uhg…

El mayor apreció una pequeña lagrima salir de los ojos cerrados del menor e inmediatamente sintió la semilla de Bill en sus manos. Su cuerpo vibraba de placer y Tom sabía que no debía moverse muy violentamente cuando su pequeño era azotado por esos espasmos de placer. La señal era cuando el pelinegro sonreía atontado y la besaba con abandono.

—Te amo, Tomi. – le sonrió y lo besó.

El trenzado buscó entre las almohadas un pequeño tubito de lubricante. Últimamente solían utilizarlo, aunque sus encuentros sexuales eran más frecuentes y la dilatación costaba menos, pero Tom siempre tenía ese temor de que en algún momento no pudiera contener sus ganas y penetrara a Bill, como lo hizo aquella vez, lastimándolo un poco.

—No…– murmuró Bill tomando la muñeca de Tom. — Estoy húmedo…– le informó totalmente sonrojado.

El trenzado enfocó en donde se estaba rozando la punta de su erección y supo porque sentía tanto calor en su intimidad. Su glande se rozaba directamente con la entrada de Bill, empapándola de líquido pre seminal.

Y ese “Estoy húmedo” fue asimilado directamente por su miembro, que juró sentir crecer.

—Me vas a volver loco. – le confesó descendiendo su mano.

Ahg…– gimoteó por dos dígitos que entraron en él.

—Oh… Si lo estas. – admitió ante la facilidad en la que sus dedos se deslizaron en ese cálido y estrecho canal.

Uhmm…– sonrió gustoso al sentir un dedo más penetrarle y una placentera sacudida en su pene nuevamente despierto.

El trenzado veía con la garganta seca los ojos del menor fuertemente cerrado, con sereno placer dibujado en el rostro y sintiendo como sus caderas colaboraban en una penetración más profunda. Él quería sentir eso, no solo con sus dedos.

Reemplazó sus dígitos por su miembro, acariciando esa entrada dilatada con la punta de su enrojecido glande antes de entrar lentamente.

Tom…– gimió alto al sentir ese ardiente empalme palpitante abrirse paso en su interior.

— ¿Duele?

—Puedo soportarlo…– informó capturando los labios de Tom, quien tomó una mano de Bill para ganar impulso y con la otra tomó sus caderas, dando inicio a suaves embates. —Uhmm… – abrió los ojos batiendo suavemente sus pestañas y se concentró en mirar las varoniles facciones de Tom, mientras era deliciosamente penetrado, dejando de lado el dolor de la resistencia inicial. — Eres muy apuesto…– acarició su marcada mandíbula. —Dios, eres tan guapo…Uhmm. – cerró los ojos ante las nuevas embestidas, más fuertes, más profundas, más… —Oh…Eres tan grande… –decía víctima del placer.

El trenzado sonrió ante lo atontado que estaba Bill y se aferró a las caderas del menor apoyando su frente en su clavícula y aumentando la velocidad.

—Bill…– jadeó siendo asfixiado íntimamente.

Mmm… Te amo, Tom. – no podía evitar contraerse cuando su novio daba con tanta precisión en ese punto de placer.

—Estas ardiendo por dentro. Joder. – aseguró el mayor yendo por los labios de Bill y embistiendo con más fuerza y rapidez.

El calor del interior de Bill era casi inmoral y la forma en la que se estrechaba rítmicamente lo estaba volvió loco.

Oh… No tan fuerte. – pidió casi ahogándose en un sollozo de placer.

—Lo siento. – se disculpó bajando solo un poco la intensidad, consiguiendo un ritmo perfecto.

Una imperceptible capa de sudor envolvía a ambos cuerpos, las altas temperaturas estaban en toda la habitación y definitivamente Bill ya no sentía frío.

Ah… Tomi… Yo…– de pronto la intensidad de cada roce la sentía a un mil por ciento, y un montón de gemido y jadeos colapsaron en su garganta haciéndolo emitir un grito mudo mientras se corría.

Tom, de no ser porque Bill quemaba en su interior, hubiese bajado el ritmo mientras su pequeño se recuperaba, pero no podía ante el calor. Embistió varios pares de veces más, hasta que la estreche se intensificó en tal grado que no podía moverse y se vacío en lo más profundo de Bill en un gruñido ronco.

Uhg…– gimió risueño al recibir la semiente caliente de Tom.

—Te amo. – le dijo besándolo para calmar su loco corazón.

—Yo a ti. – dijo correspondiendo el lento beso que le daba el trenzado. El cual después se perdió en su cuello por varios minutos haciéndolo estremecer

—Mañana podemos despertarnos tarde. – le besó el lóbulo de su oreja y acarició sus piernas sintiéndose muy animado.

—Lo sé. – canturreó evitando reír por como el mayor se iba por las ramas y acariciando sus trenzas, intentando no gemir al sentir la caliente erección de Tom rozarse con su entrada.

—Me encanta como gimes mi nombre. – le susurró al oído y el menor se sonrojó. — Quiero volverlo a oír. – dijo contra sus labios y frotando su miembro, firme nuevamente, contra la entrada de ese pasaje cálido.

Bill cerró sus ojos y sonrió pícaro antes de arquear suavemente su espalda y ondular sus caderas.

Mmm… Tom…– fingió un gemido. —Ahí, lo tienes. – señaló.

—Mierda, Bill…– le regañó divertido. — Sabes lo que quiero. – repartió varios besos castos por sus mejillas, su mandíbula y llegando a su boca.

—No lo sé. – se hizo el desentendido evitando ceder ante los roces de Tom en su delatadora erección.

— ¿Puedo? – cuestionó listo para entrar. Sabía que el menor no se negaría, sus ojos estaban oscurecidos, igual que los suyos.

—Puedes. – aceptó. —Dios… Eres un semental…Oh…– sollozó de gusto ante la penetración. —Mmm…Pero me duele la espalda…– informó.

— ¿Arriba? – le preguntó Tom moviéndose casi imperceptiblemente dentro de Bill.

—Si…– aceptó en un casi gemido antes de ser tomando con delicadeza y sentado de horcadas sobre Tom.

&

Cuando el mayor despertó su pequeño no estaba a su lado y luego, parpadeando repetidamente para poder aceptar la luz en su retina, pudo enfocarlo sentado en la orilla de la cama viendo dibujos animados.

Tenía el pelo negro un poco despeinado dándole una imagen aniñada, las piernas desnudas en posición india y vestía la camisa que ayer dejó en el sofá de la habitación.

Movió su mano hasta la veladora y tomó los dos caramelos que reposaban en ella.

—Buenos días. – lo abrazó por la espalda depositando un caramelo en sus labios.

—Buenos días. – le dijo jugando con su caramelo en la boca.

— ¿Cuándo dejaremos de hacer esto? – preguntó refiriéndose a los caramelos.

—No lo sé, es divertido. – rio dulcemente.

—Te he besado mientras duermes. – le informó.

—Yo también. – confesó sonrojado. — Pero sigue guardándolos en la mesita, me gustan.

—A mí me gustas tú. – le besó atrayéndolo y recostándolo nuevamente en la cama. — ¿Quieres desayunar?

—Sí. – dijo sonriente. — Pero antes quiero estar contigo. – abrazó a Tom recostando su cabeza en su hombro.

— Hueles a ti y a… ¿mí? – rio.

—Tengo puesta tu camisa. – dijo como si fuera obvio y suspirando mientras el mayor acariciaba sus cabellos y lo arropaba. —Deberías evitar dejarlas sobre el sofá. – le picó. — O se convertirán en mis pijamas.

— Esta bien. Te ves sexy. Pareces, ya sabes, sacado de una fantasía sexual. – se rio.

— ¡Dios! ¿En serio? – preguntó sonrojado.

—Si…– admitió, se acostó de perfil quedando frente al menor y lo abrazó descendiendo sus caricias distraídamente.

Tom pensaba en Bill, en él, y en que era feliz. Eran felices. Adoraban despertar al lado del otro.

Estaba agradecido por haber encontrado el amor de su vida. Esa cálida presencia, su tierno y amoroso ser. Lo amaba, más que a todo. Quería verlo graduar, protegerlo, tener una familia a su lado, construir un hogar, llevar a sus hijos a la escuela, besarlo, abrazarlo a cada instante y morir tomado de su mano.

—Te amo. – le confesó de pronto.

—Y yo a ti. – besó su pecho.

Tom continuó acariciando hasta que sintió algo níveo y esponjoso.

—No tienes nada debajo. – afirmó en tono seductor, acariciando esas lindas pompas.

—Supongo que necesitaré desayunar ahora. Ya sabes, la quema de calorías. Ve por mi desayuno. – le pidió con un puchero.

— ¿En serio? ¿Ahora? – cuestionó arrepentido por lo que dijo ayer.

— ¡Sí! ¡Desayuno en la cama! – sonrió alegre como un niño.

—Lo que hago por ti. – aceptó levantándose de la cama.

— Tendrás postre. – le aseguró sonrojado y divertido cuando Tom cruzaba el umbral de la puerta. — Y saca al jardín a Oli – pidió acordándose del cachorro.

— Espero que el postre sea bueno – dijo sonriendo.

Bill lo miró hasta que perdió su silueta y luego rio dando vueltas en la cama.

Amaba a ese hombre que lo hacía incalculablemente feliz. Amaba a su dueño, porque él se entregó al joven mafioso.

Tom era y seria el dueño de su corazón, por siempre.

F I N

Gracias por leer

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

Un comentario en «About Money. FIN»

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