«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

Lesson 1

Bill salió de su trance admiración–contemplación–sueño hecho realidad y la vergüenza lo invadió al verse aun en los brazos de Tom. No estaba consciente de cuánto tiempo pasó, aunque en realidad habían sido segundos, pero Bill no lo sabía y por ello se avergonzó más.

—Disculpa… ¿Podrías bajarme? – le pidió a Tom sin saber más que hacer ante esa magnífica e incómoda situación para él.

Sin embargo, aunque Bill pidió que fuese soltado aún mantenía su agarre alrededor del cuello del de rastas.

—Sí, pero creo… – contestó el rastudo pasando una mano por los delgados brazos de Bill haciéndole entender a lo que se refería

—Oh… Sí, yo… lo siento. – soltó rápidamente el cuello de Tom y el soltó a Bill, quedando este nuevamente de pie.

—No te preocupes. ¿Qué hacías subido allí? – preguntó, observado con curiosidad el monto de cajas de cartón y cualquier tipo de cosas que conformaban la superficie donde el pelinegro había estado subido, y frunciendo el ceño ante la inestabilidad de ello.

—Necesitaba alcanzar esos tontos balones. – el menor miraba con odio a ese monto de pelotas naranjas que se encontraban en la parte alta de aquel armario.

— ¿Sabes que pudiste utilizar la escalera? – cuestionó con una sonrisa el rastudo

— ¿Qué escalera?

El mayor se aproximó a uno de los costados del armario y tomó la escalera que se encontraba ahí apoyada

—Esta escalera.

Bill se sentía un tonto, mientras Tom sentía una sensación de ser el héroe del distraído chico, mientras subía la escalera y con suma facilidad bajaba la malla de balones.

—Yo lo pude hacer hecho sin la necesidad de utilizar la escalera. – refutó.

Aunque no lo quería decir para no sonar grosero delante del chico que le robaba el sueño, simplemente se le escapó. Así era él, si lo pensaba, sin pasar siquiera por el filtro de la conciencia o racionalidad, simplemente lo decía.

—Oh, lo siento. – dijo cuándo se dio cuenta de lo desagradecido que sonó.

—Ya deja de disculparte.

A Tom le parecía sumamente tierno el chico. Tan distraído, siempre pidiendo disculpa por todo y con un carmesí en las mejillas. Era para él sencillamente lindo. Si, pensaba que Bill era muy lindo.

— No es tu culpa no ser tan alto, como yo. –continuó, mostrando un poco su parte egocéntrica.

—No es como si fueras muchisiiiiiiiiiimo… – exageró el menor. — …más alto que yo.

—Los centímetros necesarios para verte como un niño

—Yo no soy un niño. – frunció el ceño Bill.

—Sí, lo eres, eres tierno y distraído como un niño. – reflexionó un momento, mientras Bill no se creía lo que estaba escuchando — Un muy lindo niño. – le regaló un guiño a Bill, tomó los formularios y salió de la oficia de Claude sin más, dejando aun confundido Bill en aquel lugar.

&

Tom acababa de llegar a su casa, entró a su habitación y se dio una ducha rápida. Cuando ya estuvo listo buscó entre los papeles de su escritorio una hojita donde tenía la dirección anotada de quien sería su alumno temporal a partir de hoy.

Hace aproximadamente un mes que su amigo le daba clases a ese chico, pero tuvo que ausentarse unas semanas de la ciudad, por lo que le pidió el favor a Tom de que lo supliera por el tiempo que él estuviese fuera. Tom por su parte aceptó con gusto, él no trabajaba porque sencillamente no lo necesitaba, la situación económica de su familia era realmente buena; tocar la guitarra lo amaba y además casualmente los días que debía hacer su rol de profesor no tenía prácticas con el equipo de futbol.

&

En otra parte de la ciudad se encontraba Bill, quien estaba totalmente feliz y desilusionado. Feliz porque Tom dijo que era lindo, pero triste porque el rastudo lo veía como un lindo niño.

Niño era la palabra que le estorbaba a Bill en esa oración. Él no quería que el dueño de su corazón lo viese como un niño, porque uno no se enamora de los niños, porque su Tom era muy grande para enamorarse de un simple niño. Bill tenía dieciséis, solo un año menor que el rastudo, quería que el rastudo lo viera como un chico, no como un pequeñín.

Le demostraría a Tom que no era un crio, pero esa idea frustraba al pelinegro, ¿Cómo le demostraría al de rastas que él era lo suficiente grandecito si ni siquiera le conocía para dirigirle la palabra? Si pasaron años para que hablaran por primera vez ¿Cuánto debía esperar para que hablaran nuevamente? ¿Qué podía hacer para que hablaran prontamente?, eso atormentaba la mente de Bill, y por ello olvidó que hoy tenía sus clases de guitarra.

Hace algunos meses pensó en tal vez ponerle un poco de melodía a sus composiciones, así que le lloró a sus padres para que le compraran una guitarra, cuando se la compraron, Bill estaba fascinado con la belleza del instrumento, pero luego pisó tierra firme y se dio cuenta del pequeño gran detalle que pasó por alto todo ese tiempo: No sabía utilizarla.

Al principio se inscribió en una academia, pero era demasiado flojo para hacer los ejercicios de práctica que le asignaban, así que poco a poco la idea de aprender a tocar el instrumento fue desechada de su mente. Pero, como siempre hay un pero, sus padres se quejaban de que le compraron la guitarra y ya había pasado un par de meses y él aun no sabía ni formar un acorde, por lo que decidieron asignarle un profesor particular.

Hace un mes que recibía las clases particulares, pero Bill no aprendía porque sencillamente no le interesaba.

El pálido pelinegro dejó de idear planes para verse mayor delante de Tom cuando una mucama le fue a anunciar que su profesor de guitarra lo esperaba en una de las salas de estar de la casa.

Tomó con pesadez su guitarra y cuaderno de anotaciones, bajó las escaleras rápidamente y llegó a la sala. Sin notar que no era su profesor, se tiró de inmediato en el sofá blanco que estaba en la habitación tapando sus ojos con su brazo para que la luz no le molestara

— ¿Por qué mejor no jugamos videojuegos? – comentó el pelinegro aun sin retirar la extremidad que le imposibilitaba la visión. — ¿Quieres jugar Mario Kart? Tengo el último. – dijo entusiasta tratando de negociar con Georg.

— ¿No y que no eras un niño? – preguntó Tom con una sonrisa ante la escena.

No sabía que su alumno era Bill, y al parecer él tampoco sabía que él no era Georg. Así que cambió un tanto su pensar: Bill seguía siendo un niño, pero cada vez le parecía más interesante.

Bill se sobresaltó por segunda vez en el día por la voz de Tom, se sentó rápidamente en el sofá y lo miró atónito.

— ¿Tom? – preguntó automáticamente aun sin poder creer y entender que hacia Tom en su casa.

—A partir de ahora Profesor Tom, soy el suplente de Georg. – dijo tomando la guitarra de Bill y tendiéndosela. — Ahora, muéstrame lo que sabe hacer mi pequeño alumno. – y le dio una coqueta sonrisa.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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