«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

Lesson 7

Habían pasado casi dos semanas y tres clases. Clases donde solo eran profesor /alumno, alumno/profesor. De nuevo a las lecciones en la sala de estar y sin excederse de tiempo.

Tom realmente se sorprendió cuando Bill, el lunes luego de su discusión, lo esperó con un horario ya formado y preguntándole si con dos horas y media eran suficiente para que impartiera lo que le tuviera que enseñar. Y así había sido. Comenzaban a las cinco de la tarde y ya a las siete y cuarenta Tom estaba cerca de llegar a su casa.

No había charlas triviales como solía haber entre ellos, ni comentarios más allá de lo relacionado con la guitarra y las indicaciones para Bill. Sin embargo, el menor no dejaba de hacer esas tiernas caritas de enfado cuando tocaba mal algún acorde o quejándose de que sus uñas se estropearían. Seguía mostrando una parte del Bill que conoció y que se mostraba tímido y avergonzado en los contactos físicos con Tom o ante los elogios de progreso, pero nada más. Aunque Tom agradecía que algunos eso detalles aún seguían presente, no dejaba de extrañar a ese Bill que lo puso de cabeza.

En una oportunidad tuvieron que subir a buscar algo en la habitación del menor, la última vez que pudo estar allí, y fue como un puñal al no encontrar aquella fotografía con corazones infantiles que semanas anteriores adornaba el espejo del pelinegro.

Lo arruinó con Bill y se estaba arruinando él. Lo que decía Adam era cierto, le estaba afectando. Seguía distrayéndose en las prácticas buscándolo constantemente aunque sabía que no estaría.

Desde ese entonces solo lo veía en el gimnasio escolar cuando el pelinegro debía asistir a clases de educación física, los lunes a primera hora, cuando él se excusaba con su profesor de turno y decía que Claude lo necesitaba, y así él se daba el gusto de observar al menos de lejos al pelinegro. Porque en lo recesos tampoco tenía oportunidad de verlo, ahora tomaba su desayuno o coctel de dulces en las mesas del patio, como otros miles de estudiantes. Sin embargo, el grupo de los futbolistas, y junto a ellos pegadas como chicles las porritas, tenían su lugar fijo y reservado en el cafetín. Aunque sabía que verlo no servía de algo, porque el pelinegro, al no reparar en su presencia no lo notaria.

Estaba decidido a alejarse un poco de Sara, ella lo notó y en vez de distanciarse por dignidad al sentirse rechazada, como pensó Tom que seria, era todo lo contrario, y la porrista se convirtió en la sombra del capitán de futbol.

Una semana más y eran días de fiesta en la escuela, el equipo de futbol, como si no fuera de esperarse, clasificó a la semifinal. El partido seria celebrado el viernes entrante y era de suma importancia, era su próximo paso para llegar a la final y luego se coronarían como los campeones.

Todos alegres menos Tom quien en el campeonato tenía la patética suma de tan solo nueve goles, siendo él el delantero estrella de la institución a la que pertenecía y llevándose el galardón de mejor jugador por tres años consecutivos en cada campeonato intercolegial.

Lo que para unos era algo normal, ya que con sus estadísticas aún seguía siendo un rival fuerte en las premiaciones, era una derrota para Tom. Y era una derrota porque sabía que la culpa de sus constantes distracciones era solo de él. Si tan solo Bill estuviera animándolo, pero no era así, y ya no solo lo buscaba en las practicas, también lo hacía en los partidos importantes, y el pelinegro no estaba.

&

Era viernes y faltaban apenas minutos para el inicio del partido, ese día no tendría clases con Tom, ya que sería jugada la semifinal. Días atrás estaba seguro y claro con su elección: no iría. Ahora todo era diferente, todo por culpa de Adam.

Aquel chico alto, pero no tanto como Tom, con pelo cortó castaño, ojos azules y de piel bronceada, desde hace varias semanas había estado acercándose y haciendo movimientos con Andreas, quien no dudó en corresponderlos.

El día de ayer le pidió que comenzaran una especie de relación para conocerse más y tal vez llegar a ser una pareja y el platinado, nuevamente, no se negó. Estaban bastantes atraídos e ilusionados el uno por el otro.

Andreas no perdería por nada del mundo el juego a celebrase y le pidió a Bill que lo acompañara para animar a su chico.

Además de eso, estaba aquel asunto, que implicaba nuevamente a Adam. En una oportunidad, cuando estaba aún conociéndose con Andreas, quedaron solos en la sala del platinado, mientras este iba al baño, así que el ojiazul aprovechó, y directamente le pidió que entendiera a Tom.

“—Tom no es muy dado a los sentimientos. Está completamente inseguro, confundido y aturdido.” Le comentó Adam.

Esas declaraciones lo dejaron pensando y no tuvo tiempo de hacer preguntas porque Andreas llegó y Adam actuó como si no hubiera ocurrido nada, así que supuso que sería un pequeño secreto.

Por ser Tom Kaulitz, jugador estrella, notó que su rendimiento no estaba a toda potencia, su humor tampoco era el mismo y solo parecía volver a ser el de antes cuando estaba con él en clases, y eso le hacía feliz, aunque tuviera que ocultarlo. Porque debía mantener ocultos sus sentimientos ante Tom.

Lo extrañaba, lo extrañaba mucho, no le gustaba ser solo su alumno, pero tampoco aceptaría estar en la sombra de la porrista. Si Tom no podía contra ello, entonces él no merecía que el pelinegro le demostrase todo lo que por el sentía.

“Ven rápido, no sé cuánto tiempo pueda cuidar tu asiento.

Andreas.”

&

—Lo siento, se me hizo un poco tarde. – se disculpó sentándose junto a Andreas.

—Llegas en la raya, ya va a comenzar. – dijo emocionado, observando atentamente a Adam.

Bill solo miraba a Tom, quien en los primeros minutos intentaba dar el todo por el todo.

Estaba perdido en él y Andreas lo notó.

—Adam me dijo que ya no está con Sara. – le informó al pelinegro. —En ningún sentido. – recalcó.

— ¿Si?… – aclaró su garganta para intentar disimular un poco la emoción que aprendió a controlar en los últimos días y que ahora quería salirse de control. — No, no sabía.

—Fue algo así como que ella no era lo que buscaba. A decir verdad… – se distrajo un momento del juego para contarle el acontecimiento a Bill con emoción. — Parece que lo que buscaba ya lo encontró. Por eso se le ve triste, Adam dice que fue un tonto y ahora es rechazado.

— ¿Si? ¿Dice eso? – Bill no pudo evitar sentir un nudo en la garganta.

Tom encontró a alguien más y parecía que si estaba dispuesto a luchar por esa persona. Tal vez se hizo ilusiones con las palabras de Adam y Tom simplemente lo necesita como amigo. Se sentía tonto.

— Sí. – afirmó. — ¡Wow! Mira, ha finalizado el primer tiempo, vayamos a felicitar a los chicos.

Bill fue jalado por Andreas hasta la primera hilera de asientos que en esos momentos se encontraba vacía porque la gente salió a tomar refrigerios. El par de chicos esperó sentado a que el equipo terminara de discutir las futuras jugadas y luego se acercaron a ellos el amor de Andreas y el capitán.

— Eres el mejor. – le dijo el platinado a su chico, abrazándolo.

—Bill… – le sonrió emocionado Tom, ajeno a los otros dos que abrazaban y decían palabras bonitas, concentrándose solo en el pelinegro que tenía en su frente y que no creyó ver.

—Hola…– dijo intentando esquivar la profunda mirada de Tom.

—No pensé que vendrías.

—Sí, bueno, vine acompañar a Andreas. – acotó intentando no mirar demasiado a Tom.

Sus perfectas y musculosas piernas de futbolistas estaban expuestas y la camiseta del equipo se medio ajustaba permitiendo que quien lo observara se hiciera una detallada idea de lo trabajado de su cuerpo, sus rastas estaban totalmente recogidas y el menor tenía que admitir que se veía muy bien sin sus típicas gorras y bandanas.

—No me importa, estas aquí y para mi es suficiente. – dijo sincero.

—Han estado, bien. Sigan así… – le felicito intentando cambiar el tema donde sentía que en cualquier momento correría a los brazos de Tom.

—No lo creo, pero a partir de ahora será el mejor partido que hayas visto. Lo prometo. – le aseguró.

Se sentía feliz, completo y animado. Con Bill viéndolo jugar se exigiría todo de sí.

Y así fue, gol tras gol recorrieron el camino desde la punta de las zapatillas del de rastas hasta plantarse duramente contra la red del equipo contrario. En ningún acierto Tom dejo de mirar a Bill. Eran para él y esperaba que Bill entendiera que esa era su forma de pedirle que volviera a él.

&

El partido finalizó con una asombrosa victoria en favor a la institución capitaneada por el rastudo, así que Bill estaba esperando fuera de los vestidores para felicitar a Tom.

No pasó desapercibido que el capitán le está dedicando sus logros, así que se armó de valor y decidió alagarlo por su triunfo. Después de todo era su profesor ¿No?

Salió más de la mitad de los chicos y la cancha donde se presentó el juego estaba prácticamente vacía, salvo por uno que otro grupo de personas dispersos en la lejanía. Dos chicos más salieron y Bill pensó que tal vez Tom ya se había ido, se animó a entrar y cerciorarse, ya que Adam y Andreas se marcharon a cenar y él por rechazar, para no ser mal tercio, tendría que volver solo a casa.

No era primera vez que entraba a los vestidores, pero por alguna razón se sentía nervioso, como si nunca hubiese estado en el lugar. En la oficina de Claude se escuchaban algunos murmullos, pero no le prestó mayor importancia y pasó de largo.

Asomó su cabeza en donde estaban los casilleros del equipo de futbol y no vio a alguien en el lugar.

—Tal vez se fue y no lo note. – dijo decaído y dispuesto a marcharse.

Iba a hacerlo cuando una silueta entró al lugar con tan solo una toalla blanca colgando en su cadera y mostrando su delgado, pero musculoso, cuerpo bronceado, que era la superficie ideal para aquellas gotitas de agua que resbalaban y se perdían más abajo de sus marcados abdominales.

— ¡Oh! Yo lo siento. – dijo dándose vuelta para darle privacidad a Tom.

El mayor lo descubrió, mientras lo observaba tontamente y no supo que hacer.

—Ya puedes voltear. – le informó con una sonrisa luego de haberse colocado sus jeans. — ¿Qué haces aquí?

—Yo… bueno, te estaba esperando. – dijo nervioso, dirigiendo su mirada a un lugar que no fuera al trabajado torso de Tom.

— ¿A mí? – seguía sonriendo. Estaba feliz de que Bill estuviese allí por él.

—Sí. Fue un grandioso juego. Felicitaciones.

—Sí que lo fue. – dijo recostándose contra los casilleros y mirando al pelinegro. — ¿Notaste que cada gol era para ti? – preguntó recibiendo un asentimiento por un ruborizado pelinegro.

No solo lo noto él, podría jurar que también lo hizo toda la escuela.

—Gracias. – fue lo único que pudo decir.

—No, a ti. – le sonrió. Estaba tan feliz.

El silencio se posó entre los chicos que solo decidieron mirarse y sonreír. Bill estaba un poco incómodo por como lo veía Tom. Tan fija y penetrantemente.

—Yo, bueno… creo que debería irme. – dijo.

—No, espera. ¿Necesitas que te lleve? – le propuso, terminando de vestirse rápidamente.

Quería pasar más tiempo con Bill, solo ellos dos, sin guitarras y lecciones, sin escusas, solo ellos.

—No será necesario… debes estar cansado. No te preocupes.

—No. Si me preocupo. Déjame hacerlo, por favor. – le pidió.

—Está bien. – a decir verdad él tampoco quería irse, solo lo dijo al ver que no tenían más nada de qué hablar y pensó que tal vez era Tom quien no quería estar con él, pero ya veía que no era así.

&

—Gracias por traerme. – dijo el pelinegro desbrochando el cinturón de seguridad.

— ¿Puedo venir mañana? – Tom no quería separarse de Bill. — Por las lecciones, y como hoy no pude.

—No es necesario, deberías descansar. Sé que ha sido un día agotado para ti. – se negó preocupado.

— ¿Y por qué no vas a mi casa? Claro, si quieres. Podría darte las lecciones, mientras descanso.

—Eso que dices no tiene lógica, Tom. – sonrió.

—Bien, me rindo. Supongo que nos tendremos que ver nuevamente el lunes ¿No? – dijo con notoria decepción.

—Creo que sí. – murmuró.

—Yo… quería decirte que… En serio estoy muy feliz que hayas estado en el juego.

—Si… bueno. Andreas me lo pidió. – mintió. Él había disfrutado más que nadie ver a Tom y estar en estos momentos con él.

—Claro… – dijo con desilusión.

—Ahora sí, hasta el lunes.

Bill entró a su casa y pensó que se sentiría aliviado, no fue así. Aun sentía algo que estaba punzando en su pecho. Su corazón estaba doliendo. Había alguien más en el de Tom.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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