«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois
After Lesson 2
—Tomi…– intentaba Bill detener los besos del de rastas.
Andreas y Adam iban en camino a la casa del pelinegro y no quería que los encontraran en esa posición. Bill apoyado en el auto de Tom y el último aferrado a su cintura besándolo con dulzura.
—Van a llegar. – le informó y besó castamente al rubio al ver el gesto de descontento que ponía.
—Está bien…– lo abrazó por la cintura y el menor movió sus manos del cuello del mayor y las descanso en sus hombros trabajados. — ¿Puedo venir mañana? – le propuso.
—Tengo que estudiar. – le dijo con un puchero que el mayor no dudó en borrar con castos besos.
— ¿Quién estudia un domingo?
—Tengo examen el lunes. Y si no salgo bien me quedara la materia.
—Pues ¿Qué te parece si vuelvo a mi rol de profesor? – le preguntó besándolo antes de ser rechazado.
Si del mayor dependiera podría besar los labios de Bill hasta el día de su muerte. Sus besos tan inocentes y tímidos, pero que le provocaban y gustaban tanto, sobre todo cuando aquella esfera de metal le rosaba ingenuamente su paladar haciéndolo casi estremecer. Sus labios tan dulces y cálidos, tan suaves y esponjosos. Tan perfectos para Tom.
—No lo sé…– iba a negarse cuando su boca fue invadida por la traviesa lengua del futbolista.
Y no se negó en recibirla. Al menor le encantaban tanto los besos del de rastas. Tan dominantes, pero tan sutiles y delicados. No solo la forma en que lo besaba, si no la manera en la que acariciaba sus mejillas o cintura mientras lo hacía. Definitivamente un beso de Tom era el paraíso personal y la perdición para Bill.
El sonar de la corneta de la camioneta de Adam los hizo separarse, dejando a un pelinegro con las mejillas encendidas y a Tom con una divertida sonrisa ante la vergüenza de Bill.
—Mañana. – declaró el de rastas y besó a Bill en un tierno beso de despedida.
El pelinegro no pudo hacer más que asentir y luego se fue a reunir con Andreas en la puerta de su casa.
Entraron contenidos. En cualquier momento el amigo de Bill le fulminaría con preguntas.
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— ¿Dime que fue eso? – le preguntaba juguetón el platinado mientras su amigo se acostaba a su lado.
—Fue… bueno…– intentó algo decir con las mejillas ardientes.
—La persona que buscaba Tom, eres tú. ¿Lo sabes? – le dijo ganándose la mirada de su amigo.
—Dijo que estaba enamorado de mí. – le comentó sin poder mirarlo y con una sonrisa tonta en el rostro. — ¿Crees que sea cierto?
—Absolutamente, Billi. – declaró con seguridad Andreas.
El novio de Adam ya se encontraba profundamente dormido junto al dueño de la habitación, quien aún no dormía recordando los acontecimientos de aquella noche.
– “¿Duermes?” – decía el mensaje que lo sacó de sus pensamientos.
—“Aun no. ¿Llegaste bien?” – respondió con una tonta sonrisa.
—“Si. ¿Qué haces despierto a esta hora?”
—“No tengo sueño. ¿Y tú porque tampoco lo haces?”
—“Pienso en ti.” – fue la respuesta que recibió haciéndolo casi saltar de la cama y gritar de emoción.
—“Yo también.” – respondió tímido y mordiéndose el labio inferior para contener sus impulsos.
—“Te quiero.” – ante eso no pudo contenerse y soltó un largo suspiro seguido de una risita tonta.
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El mayor sintió una sensación de añoranza y comodidad cuando entró por primera vez luego de tanto tiempo a la habitación de Bill.
—Y bien, ¿Qué tenemos que estudiar? – preguntó al ver los montones de libros y cuadernos que sacaba Bill de su estante.
—Historia. – respondió intentando alcanzar un libro que estaba en lo más alto de la blanca biblioteca.
— ¿Qué tenemos aquí? – cuestionó sonriendo con superioridad y tomando el libro en un simple estiramiento. El menor simplemente bufó, haciendo un mohín de enfado. Tom nunca cambiaria. — No te enojes. No es mi culpa. – decía haciéndose el inocente y besándolo para borrar la mueca de enfado, dejando una radiante sonrisa en los labios del menor.
Tom era un muy buen estudiante y lo que tenía que estudiar Bill era algo visto para él. Así que haciendo gala de su inteligencia preparó un resumen del contenido, añadió las anotaciones de Bill y algunos conocimientos propios, lo imprimió y se lo dio a su novio.
—Lee esto. – le tendió varias hojas. — Luego del examen pensaremos en cómo me pagaras tu excelente calificación. – le guiñó el ojo haciendo sonrojar a Bill.
Definitivamente era muy divertido hacerlo enojar, sonrojar, sonreír y demás. No podía negar que extrañaba todo aquello. Lo extrañaba a él.
En la primera lectura Bill le hacía diversas preguntas a Tom quien despejaba sus incógnitas de una manera muy fácil de entender y en estos momentos Bill hacia una última repasada al texto realmente atento, así que Tom dejó de admirar la cara de concentración del menor y se dispuso a redecorar la habitación. Esa era una de las tantas razones por las que quería estar en la habitación del pelinegro.
Tomó la mochila que llevó y sacó de ella una foto de él, un poco más grande de la que tenía originalmente el pelinegro, y la colocó en el espejo, luego le pediría a Bill que le hiciera esos corazoncitos que tenía la anterior. Hizo un espacio en la mesita veladora y colocó un portarretrato con una foto reciente donde se encontraba en juego de futbol y se veía realmente bien.
— ¿Qué haces? – le preguntó cuándo notó que el mayor se movía de un lado al otro en su habitación y reordenaba sus cosas.
—Marcando territorio. – respondió simplemente. — Luego puedes ir a mi casa y hacer lo mismo. – le propuso.
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A la mañana siguiente era un revuelo en la escuela de los ganadores del intercolegial de futbol. Al parecer el hecho de que Tom y Bill se hubiesen ido juntos en el mismo auto fue visto por un grupo de estudiantes fangirls de Tom, y ya empezaban a circular rumores con respecto a qué relación existía entre el apuesto capitán de futbol y aquel lindo chico pelinegro. Todos querían la felicidad del rastudo, por lo que Bill era el blanco en la institución.
Según los estudiantes de aquel centro educacional, el corazón de su ídolo fue destruido por la bruja mala de Sara, así que todos estaban emocionados por que posiblemente el pelinegro seria la esperanza de la alegría de Tom, pero para ello los estudiantes debían analizarlo y si era adecuado para el capitán lo aprobarían. Todo por el bienestar de su rey.
Cuando el pelinegro llegó, como siempre tarde, a su clase de deportes estaba muy apurado, así que no notó las miradas analíticas y sonrisas cómplices que le dirigían unas chicas de su clase. Más todo fue notorio cuando luego de su clase de deportes tuvo que circular por los pasillos repletos de estudiantes para ir a presentar su examen de historia.
Chicos y chicas, de todos los grados y algunos que ni siquiera había visto en la escuela lo perseguían con la mirada y cuchicheos.
Bill hizo una rápida y necesitada parada en el baño para ver si tenía alguna imperfección en su maquillaje, un grano enorme que no vio antes de salir de casa, el pelo desordenado o alguna prenda de vestir rota. Nada. El menor estaba impecable y ahora no entendía por qué todos lo miraban así.
« ¿DÓNDE SE METE ANDREAS CUANDO LO NECESITO?»
Con la mentalidad de que no había hecho algo malo o tenía una enemistad en su escuela para que inventaran un rumor, se armó de valor y recorrió el pasillo que se le hacía más largo que nunca.
En su clase de historia también había un grupo fangirls de Tom que no le despegaba la mirada, pero el incómodo pelinegro intentó concentrarse en su examen.
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Tom estaba nervioso. No por la reacción de la escuela, ya la esperaba, siempre era así. Si se besaba con alguien era un rumor, si le sonreía a alguien era un rumor, si era dejado por alguien todos lo apoyaban, y si encontraba a alguien, también esperaba que lo apoyaran, y sabía que lo harían.
Sin embargo, estaba ese asunto. ¿Cómo reaccionaría Bill? Sara estuvo con él por popularidad, así que a ella no le molestó aquello, pero Bill no era así. Aunque el de rastas sabía que la personalidad dulce, alegre y carismática de su pequeño conquistaría los corazones de todos, por eso en ningún momento se cortó en echarle más leña al fuego.
Salió un poco antes de su clase para el descanso, así que se dirigió al salón de historia a esperar al pelinegro. Esperó unos minutos y el timbre que anunciaba el descanso se hizo sonar. Varios estudiantes salían del salón y lo saludaban. Algunos del equipo de futbol y varios conocidos, pero aun no salía quien esperaba.
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La profesora regordeta estaba corrigiendo aun su examen, se tardaba más que lo más lento del mundo y ya su salón estaba prácticamente vacío.
—Pues…– dijo colocando la nota bajó la preocupada mirada de Bill.
— ¿Reprobé? – preguntó a juzgar por la cara de su maestra.
—Compruébalo tú mismo. – le entregó la prueba.
Bill casi se ahogó intentando reprimir un grito de alegría. Era la máxima nota.
— ¡Aprobé! ¡Aprobé! – salió del aula en saltos de alegría y en busca de Tom para agradecerle. Olvidándose por un momento de todas las miradas curiosas de antes y que ahora se intensificaban más.
— ¿Gracias a quién? – le preguntó Tom sorprendiéndolo y haciéndolo girar.
— ¡Tom! – lo abrazó sonriente y agitado — Aprobé. – le informó como si el mayor no lo hubiese escuchado antes.
— ¿Cómo me pagaras? – lo acercó el mayor a su cuerpo abrazándolo por su diminuta cintura.
—Yo… ehm… – la vergüenza invadió nuevamente al menor al notar que casi toda la escuela los estaba observando. — ¿Quieres un dulce? – ofreció sonrojado, ante la mirada de Tom que estaba acompañada por un extraño brillo.
—Claro…– aceptó, capturando los labios del menor, quien se sorprendió por el gesto. — ¿Fresa o cereza? – concluyó el sabor del humectante labial de Bill. — Me gusta. – le informó antes de volver a besarlo delante de todos los estudiantes que los alentaban con chiflidos y aplausos. — Y creo que tú le gustas a ellos. – le susurró al oído mirando de reojo el bullicio de personas a su alrededor.
Le sonrió y luego volvió a unir sus labios con los de un sonrojado e inmóvil Bill. El menor reaccionó e intentó romper el contacto moviendo sus manos a los hombros de Tom y empujando sin mucha fuerza. El mayor advertido de ello soltó un momento la cintura del menor para tomar sus delgados brazos y posicionarlos en su cuello para luego volver a tomar el agarre en su cintura e intensificar el beso, haciéndolo gemir inaudiblemente ante todos los animados presentes.
Definitivamente, aprobaban a Bill.
Continúa…
Gracias por leer.