«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

After Lesson 3

— ¡Dios mío! No puedo creer que esté con ese chiquillo. – se quejaba Sara en el baño de damas.

Ella y su sequito presenciaron la escena que protagonizaban el capitán y aquel pelinegro. Las demás porristas observaban casi derretidas la tierna imagen, pero todo rastro de sonrisas y aprobación fue borrada de sus rostros cuando su líder las miró con disgusto.

—Es un año menor que tú. No es tan chico…– informó tímidamente Alice. Una porrista y buena amiga de Sara.

— ¿Cómo qué no? Apenas y tiene estatura para besar a Tom. – decía notablemente enojada.

—No sé qué tanto te quejas, tú fuiste quien lo dejó por irte con cualquiera. – dijo sin temor Claudia.

Claudia era la sub capitana, odiaba la estúpida actitud de Sara y conocía desde hace años a Tom. No le temía a la capitana como muchas y siempre le decía lo que pensaba, incluso siempre se mostró abiertamente en contra de esa supuesta relación, principalmente por su amigo futbolista.

Al menos Tom intentaba serle infiel a Sara de una manera clandestina para que ella no quedara tan mal, en cambio a la porrista nunca le molestó si estaba con otro en una fiesta o frente a la escuela, pero por alguna especie de bendición, tal vez, Sara nunca era descubierta haciendo de las suyas.

Claudia siempre pensó que Sara tuvo mucha suerte y que tardaron mucho en que alguien la descubriera.

—No lo dejé, él estuvo rechazándome durante semanas. ¿Qué querías que hiciera? No podía estar atrás de él toda la vida. – dijo retocando su brillo labial y arreglándose el cabello.

—Pues eso es lo que estás haciendo. Si no querías que te dejara totalmente, pues estabas ahí y te seguías humillando como lo venias haciendo. No te ibas con otro frente a todos.

—No fue mi culpa. La culpa es de aquel chico. ¿De dónde salió?

—Estudia aquí desde hace tiempo. – le informó Alice, mientras le alcanzaba un cepillo a Sara.

— ¿Cómo se llama?

—Bill. – le dijo.

— ¿Qué sabes de él?

—Su familia tiene una buena posición económica, estudia aquí desde hace varios años, le gusta el arte, es bastante tranquilo y lo quieren mucho sus compañeros, estudiante promedio… un chico normal. – intervinó Loan.

— ¿Lo conoces?

—Vi artes plásticas con él. Es buen chico.

—Me parece que es muy inocente. – dijo pensando un poco. — Seamos inteligentes, ¿Desde cuándo a Tom le gusta alguien de ese tipo? Todos y todas con quienes ha estado han sido más fáciles que la tabla del uno. – comentó sus pensamientos. — No me miren así. – pidió. — Yo también soy fácil, pero logré tenerlo por mucho tiempo. – sonrió orgullosa a su reflejo.

— ¿Qué quieres decir? – preguntó Claudia. No le gustó el tono que estaba usando Sara. Definitivamente no se cansaría de ser rechazada.

—Puede tener a quien quiera, es bastante activo y no creo que sea capaz de abstenerse por mucho tiempo…Si saben a lo que me refiero ¿No? – decía.

— ¿Qué estas planeando? – preguntó Loan sonriendo cómplice.

—Tom no se niega a una presa fácil. – dijo con seguridad Sara. — Solo debemos tratar de que caiga públicamente.

&

Tom no sabía si reír por la situación o que. No pensó que un simple beso podría provocar aquello.

La euforia de los estudiantes fue más de la prevista y un profesor, pensando que se trataba de una pelea, se acercó encontrando a un Bill sonrojado hasta las orejas, mientras recogía sus carpetas que cayeron al suelo por el repentino beso del rastudo, y a Tom inclinándose para ayudarlo. Pensando que el futbolista causó el accidente de una forma violenta y sumando el alboroto fueron llevados a dirección.

Era preferible que pensaran eso a supieran la travesura del capitán ¿Resultados? Suspendidos por el resto del día.

—No sé a qué le ves la gracia. – decía enojado el pelinegro, mientras subía al auto de Tom.

—No me estoy riendo. – intentó decir serio, ocultando su sonrisa.

—No puedo ir a mi casa. – le informó Bill. — Me preguntaran por qué volví.

—Podemos pasar el resto del día juntos. – propuso el de rastas. — ¿Quieres ir a desayunar? – le preguntó saliendo del estacionamiento de la escuela.

Eran apenas las nueve de la mañana. No había mucho que hacer.

—Sí, está bien. Debe ser algo especial. Por tu culpa mi expediente quedó marcado de por vida. – dramatizaba el menor. — Cuando camine por la calle me señalaran como al chico que suspendieron. – dijo horrorizado.

—No seas exagerado. – le pidió riendo. — Ni si quiera se le puede llamar sanción.

—El sistema estudiantil es injusto, en tal caso yo fui la victima de tu ataque. – dijo cruzándose de brazos. Y luego recordó. — ¡¿Por qué me besaste ante toda la escuela?!

—Eres mi novio. – declaró con naturalidad, sorprendiendo al menor. — La escuela debe conocerte.

— ¿So…somos novios? – preguntó entre alegre y avergonzado, sorprendido y emocionado, impactado y flotando de amor.

—Si… – le respondió frenando en el semáforo.

—No me dijiste nada. – le reprochó avergonzado, con la cabeza gacha y sonriendo con las mejillas ardientes.

— ¿No quieres serlo?

— ¿Así nada más? – dijo mirando a Tom, logrando transmitirle una tierna imagen.

—Si aceptas, desayunamos en McDonald’s. ¿No quieres una cajita feliz? – le ofreció.

—Noo… – declaró. — No lo puedo creer Thomas Kaulitz. – dijo mirándolo con desaprobación, pero casi muriéndose internamente.

«¡Soy el novio de Tom Kaulitz!»

Bill realmente no estaba enojado, sabía que Tom era un chico de acciones. A decir verdad le parecía muy lindo y fuera de lo común que le hubiese hecho saber a todo el mundo que estaban en pareja antes de informárselo a él. Tom era único y por eso le gustaba y enloquecía tanto.

—Bien. Entonces, vamos a mi casa. Ya no quiero llevarte a desayunar. – algunas veces Tom podía mostrarse tan infantil como Bill. Y solo lo hacía porque sabía que eso hacia enojar a su pequeño novio, y bueno, eso le encantaba.

&

Llegaron a la enorme residencia de los Kaulitz. Bill entró nervioso y esperando no encontrar a los padres del rastudo, pero por suerte estaban trabajando y pudieron llegar a la habitación de Tom sin toparse con alguien.

— Pediré que nos suban el desayuno. – le informó.

— ¿Me dejaras solo?

— Sera un instante, puedo confiar en que no saldrás huyendo ¿Verdad? – le preguntó abrazándolo dulcemente y besando la punta de la nariz del menor.

—Te esperare aquí. – declaró.

Tom se marchó y el pelinegro quiso gritar. Ni en un millón de años se hubiera imaginado esto: en la casa de Tom, desayunando en su habitación. ¡Besándolo y siendo su novio!

Recorrió con su mirada la habitación del de rastas. Había muchos trofeos de futbol, y al menos diez guitarras entre eléctricas y acústicas. Su cama era enorme y la habitación estaba decorada en colores blanco y negro. Bastante sobrio y elegante a decir verdad.

—Lo traerán dentro de minutos. – le informó entrando a la estancia. — Tenemos…– consultó su reloj. — Al menos cuatro horas antes de que tenga que llevarte a tu casa. ¿Qué quieres hacer? – le preguntó sentándose en el sofá de cuero al lado del menor.

—No sé, es tu casa. – dijo, apoyando su cabeza en el hombro del más alto.

—Yo quiero besarte. – le informó, intentando capturar los labios de Bill.

—No… No me has pedido que sea tu novio. – se negó caprichoso el pelinegro.

—Ya toda la escuela lo sabe y te quieren, no puedes negarte. Vivimos en un país democrático donde se hace lo que el pueblo decida.

—Por eso, no puedes imponerme nada. – se sentó mejor en el sofá quedando frente a Tom. — Debes preguntarme.

El de rastas arqueó sus cejas mirando desafiante al pelinegro. Bill podía ser más astuto de lo que creía.

— ¿Qué quieres que pregunte? – cuestionó divertido.

—Que sea tu novio. – le apuró ansioso.

—Nunca lo he hecho. ¿Qué debo preguntar?

—“¿Quieres ser mi novio?” – dijo como si fuera lo más obvio del mundo.

— Claro que quiero ser tu novio. – respondió riendo.

—No se vale. – se quejó. — Eres un tramposo.

—Tú me preguntaste, yo te respondí.

—Terminamos. – declaró con un puchero.

—Fue el noviazgo más largo de la historia… – dijo irónico.

—Pídelo. – le ordenó.

— ¿Por qué yo? Tú fuiste el que termino.

—Tom. – le regañó. — Hazlo, me estoy enojando de verdad. – dijo haciendo un mohín de enojo.

—Está bien… – se rindió. — ¿Quieres ser mi novio? – le dijo casi arrastrando las palabras. Se sentía bastante ridículo.

—No te escucho. – le dijo divertido Bill.

— ¿Quieres ser mi novio? – le preguntó claramente.

Bill, aunque sabía que ya era el novio de Tom, se sintió desfallecer y se sonrojó notoriamente mientras asentía.

Tom hizo lo que deseaba, iniciando lo que sería oficialmente su primer beso como pareja.

Las horas pasaron volando entre risas y muestras de afecto. Bill y Tom no querían despegar sus labios ni romper el contacto entre ellos. Típico de enamorados.

Y hablando de enamorados, Bill no dudó en pedirle una cámara al rubio y había sacado varias fotos de ellos. Una de tantas fue a parar como fondo de pantalla en el celular de Tom y otra como fondo de escritorio de su laptop.

Territorio marcado, como diría Tom.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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