«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

After Lesson 12

Todo sucedió muy rápido. De pronto Bill y Tom tenían oficialmente cuatro meses de relación, el menor tenia diecisiete años y estaban a solo una semana de finalizar el año escolar; y por esto último que las fechas importantes, como el cumpleaños del menor y el cumple mes de ambos, llegó sin la presencia del rastudo, quien se encontraba fuera de la ciudad en un viaje de cuatro días en un campeonato de futbol. Bill estaba muy ansioso, había extrañado demasiado al rastudo y solo quería que este llegara y lo estrechara entre sus brazos.

Luego de aquel intimo acontecimiento en la casa del menor ambos se sentían más unidos al otro, era algo que se palpaba en el ambiente, totalmente invisible e incoloro, pero estaba. Era como si se hubiese establecido en el otro una pertenencia y su lenguaje corporal lo reflejaba, siendo físicamente más cercanos hasta el punto de repetir aquella experiencia más de una vez. Aun así, esas experiencias no dejaban como resultado solo la satisfacción física, placentera o sexual, no.

Con cada roce, con cada beso, se decían un te amo; con cada estremecimiento se respondían un yo también; y cada gemido escapado, era la música que acompañaba su proclamación de amor. Porque era así, el amor entre ellos era cada vez más fuerte, tan fuerte que estaban seguros de que ese sentimiento les podría hacer doler.

Bill se encontraba en un apartamento en un área céntrica de la ciudad, era pequeño para una familia, pero realmente espacioso para una sola persona, para un próximo estudiante universitario, perfecto para alguien como Tom. Sus padres decidieron regalarle un espacio propio en compensación por todos sus años como un buen estudiante y por ser un hijo del que se podían sentir orgullosos, pero sobretodo merecedor de todas las comodidades que ellos pudieran ofrecerles. Era una sorpresa en la que llevaban semanas trabajando, para su amueblamiento contaron con la ayuda de Bill y cuando Tom se fue de viaje con el equipo y las porristas, todo fue más fácil para los padres del futbolista y su novio.

Se suponía que él se vería con el mayor al día siguiente, por que Tom llegaría a la ciudad tarde en la noche ese sábado, así que lo compartiría con sus padres y ellos se verían el domingo, pero los señores Kaulitz tenían otra cosa en mente. Cuando cenaran en familia los padres de Tom le darían la noticia de su regalo y le harían entrega de un sobre con la dirección de su apartamento y un juego de llaves, sabiendo de lo curioso de su hijo, este iría de inmediato a ver cómo era, y también siendo conscientes de lo que el rastudo querría estar con Bill, le pidieron al pelinegro que esperara a su hijo en el lugar y se asegurara de que le gustara.

El pelinegro recibió un mensaje de la mamá de Tom informándole que su novio iba camino a la dirección que le dieron y su corazón empezó a latir hasta casi salirse de su pecho. Se vio en el espejo una vez más asegurándose de que su cabello luciera bien, esa noche decidió alisarlo completamente, pero le otorgó un poco de volumen, sus ojos estaban apenas delineados y con sus enormes pestañas alargadas y enmascaradas. Lucía un ajustado jean negro y una camisa blanca que le quedaba un poco corta pero que a él le encantaba.

Revisó que la cocina, la habitación, la sala, los baños y la habitación seleccionada para los hobbies de Tom estuviesen en perfecto orden y estado, sin un rastro de polvo y con aroma agradable. Cuando terminaba de eliminar una pequeña arruga en las sabanas de la cama, escuchó que alguien abría la puerta principal.

Tom había llegado.

Apenas reaccionó para sentarse rígido a los pies de la enorme cama matrimonial y respiró profundo para calmar sus nervios, mientras intentaba sonreír. Su celular comenzó a sonar insistentemente y eso le alarmó, escuchaba los pasos de Tom por todo el apartamento y sabía que pronto llegaría a la habitación. Recorrió con sus ojos toda la habitación buscando su celular, pero no lo veía. Decidió buscarlo con rapidez por todo el lugar y quedó sorprendido cuando vio la luz de la pantalla provenir de debajo de la cama, maldiciendo por lo bajo se arrodilló ante ella y lo tomó, era Tom.

Era Tom quien llamaba y quien acababa de entrar al lugar con su celular en su oído.

—Sorpresa. – murmuró con las mejillas encendidas.

Así no fue lo planeado.

— ¿Por qué no vienes a abrazarme? – le preguntó sonriente, colgando el teléfono y recibiendo al menor entre sus brazos, quien de pronto se apegó a él con fuerza, envolviéndolo con sus brazos y piernas.

—Te extrañé mucho, mucho, mucho, mucho. – confesó emocionado contra el cuello de Tom.

—Yo también te extrañe, mi hermoso cumpleañero. – le aseguró besando su mejilla y Bill salió de su escondite para besar a su futbolista.

—Hoy no es mi cumpleaños. – dijo con un puchero y el mayor lo borró besando nuevamente esos labios que había extrañado tanto.

—Lo fue hace dos días, pero debemos celebrarlo. ¿Recibiste mi regalo? – Bill asintió sonriendo al recordar esa mañana en la que llegó a su puerta un enorme paquete de parte de Tom. —Entonces, diecisiete ¿Eh?

—Ya tengo tu edad. – le picó la mejilla y luego la besó.

—Te recuerdo que dentro de poco cumplo dieciocho.

—Bah, tonterías. – hizo un mohín. — ¿Te gusta? – le preguntó emocionado refiriéndose al apartamento.

—Joder que sí. – confesó sonriente. —No esperaba algo así, ni que tú tuvieses que ver con todo esto.

—Yo solo ayudé en la decoración. Bájame para poder mostrarte todo.

&

Bill le explicó cada cosa del lugar, porque estaba ese objeto ahí y por qué era de ese color, haciendo referencia incluso a los decoradores a los que consultó, Tom escuchaba atento, más por lo agradecido que estaba con el menor al haberse tomado el tiempo para colaborar con sus padres, que porque le interesara la decoración. Para él todo estaba perfecto, como siempre imaginó que sería su primer lugar propio, y le gustó aún más al saber que su Bill tenía que ver.

—Y esta es la habitación especial. – dijo sonriente Bill. —Mira, tienes este módulo para que coloques tus guitarras. – le señaló, era una especie de closet incrustado a la pared, dividido en secciones para colocar guitarras en el pedestal y con puertas corredizas de vidrio. — Y este otro es para tus trofeos. Y lo mejor… tan tan tan tan… Tienes una consola de videojuegos de última generación. – le indicó con ojos brillantes e imaginando las noches en las que pasaría en esos cojines envuelto por Tom, mientras le intentaba ganar en algún videojuego. —Y eso es todo.

—No sé quién es mejor, ¿Tú por dar todas estas ideas o mis papás por poner el dinero? – dijo sincero y es que el apartamento era un lujo.

—Tal vez el mejor eres tú porque lo mereces. – respondió colgándose del cuello de Tom.

—Puede ser…– sonrió arrogante. —Entonces, me extrañaste, ¿No es así? – preguntó, tomando la pequeña cintura desnuda de Bill.

—Si…– dijo con sus mejillas sonrojadas.

— ¿Mucho? – preguntó para luego besarlo.

—Mucho, ya te lo había dicho – dijo bajito recibiendo un nuevo beso.

—Me debes cuatro días de besos. – rio contra sus labios y lo apegó más a su cuerpo.

—Tú no estuviste para mi cumpleaños. – frunció el ceño y se separó de Tom para ir a la habitación principal.

— ¿Estás enojado por eso? – preguntó confundido Tom por el repentino cambio de actitud de Bill.

El menor rio bajito, le encantaba hacer esos inesperados dramas falsos ante Tom. Sin embargo, aunque el menor no estaba enojado, si estaba triste.

—Sí. – aseguró tomando su bolsa.

—Me estas engañando de nuevo. – afirmó el rastudo afilando su mirada y Bill rio. —Un día de estos me vas a volver loco. – le confesó dirigiéndose a él.

—En serio te extrañé el día de mi cumpleaños, pensé que sería mi primer cumpleaños junto a ti. – confesó enterneciendo a Tom.

—Cariño. – tomó sus manos sentándolo en la cama a su lado. —Sabes que me hubiese gustado estar.

—Lo sé. – dijo bajito, pero la mirada triste del menor afligió a Tom.

—Lo siento…– se disculpó retirando un mechón del rostro de Bill.

—Supongo que el primer cumpleaños que pasaremos juntos será el tuyo. – dijo un poco más animado y se acurrucó al pecho de Tom.

—El primero de muchos. – le aseguró y Bill sonrió. —No te he dicho lo hermoso que estas. – le confesó acariciando una mejilla del pelinegro con su perfilada nariz.

—Gracias. – dijo con una tímida sonrisa. —Tu también estas muy guapo. – dijo aferrándose más a Tom y este lo besó castamente.

—Yo también te extrañé. – dijo a su oído.

—De seguro estuviste mirando a las porristas. – bufó divertido, porque Bill no creía capaz a Tom de hacer algo así.

—A una que otra. – dijo divertido ganándose un pequeño codazo de Bill. —Pero tú eres más hermoso. – le aseguró. —Y solo a ti te deseo.

Bill se sonrojó inevitablemente y agradeció que Tom decidiera besarlo y así no notara su sonrojo.

El pelinegro sintió en cada beso del mayor cuanto lo añoró y cuanto lo extrañó y cuando los besos se volvieron más apasionados estuvo seguro de que Tom quería desquitarse de esos cuatro días lejos.

Pronto las manos de Tom descendieron al níveo cuello de Bill apartando los cabellos allí presentes, y luego tomaron la bolsa del menor dejándola caer en algún lugar del suelo para tener el espacio libre de recostar al menor en la cama. Esta vez los labios de Tom fueron los que bajaron al cuello de Bill, lugar que en las últimas semanas descubrió que era muy sensible en el pelinegro, y este se estremeció un poco. Tom pegó sus frentes y le sonrió a Bill murmurando muchos te amo contra sus labios y el menor le correspondió atrayendo la boca de Tom a la suya.

Tom tenía cierta fascinación por las delgadas caderas de Bill y sus manos fueron a ellas incursionado en su piel y acariciando con delicadeza el vientre plano de Bill, rozando un par de veces abajo del ombligo del menor, introduciendo la punta de sus dedos por la cinturilla de sus jeans y luego acariciando el botón, para después volver a realizar el recorrido. Eso tenía un poco inquieto y suspirando a Bill.

Nuevamente los dedos del rastudo se encontraban asomados a la cinturilla del pantalón de Bill, y este detuvo su mano.

—Solo si tú quieres. – le concedió ruborizado y Tom no entendió. —Solo… solo no puedes mirar. – dijo tímido y el mayor lo besó comprendiendo a que se refería Bill.

—Está bien, no hay que hacerlo. – le aseguró besándolo castamente y acariciando una de sus mejillas.

—Tal vez yo quiera…– murmuró evitando la mirada de Tom y este tragó grueso por un momento.

—Bill…

—No es algo que no hayamos hecho… Solo que esta vez sin ropa…

Y volvió a tragar por pensar lo que no era.

—Yo…

—Solo no mires. – repitió y dejó que Tom fuese a apagar todas las luces dejando la habitación en completa y absoluta oscuridad, para luego volver con él.

Sin embargo, el ambiente no era el mismo, de pronto era tímido y torpe, por que el rastudo estaba tímido y torpe y, al ser él quien llevaba el control, su estado influía. Por otra parte, Bill no estaba tan nervioso, la habitación estaba tan oscura que le hacía sentir protegido.

— ¿Cuándo tomaste esta decisión? – le preguntó besándolo castamente y sintiendo el corazón de Bill completamente acelerado.

—Hace algunos segundos ¿Esta bien? – pregunto tímido.

—Si… si… es decir, no quiero hacer algo que te incomode.

—No lo harás. Confió en ti. – Bill tomó las manos del otro y las llevó a los botones de su camisa y primero sintió los dulces labios del mayor antes de sus temblorosos dedos desnudándolo.

Libre de vello, suave, tibia, perfecta y aromática. Así describió Tom cada centímetro de piel del menor que iba descubriendo y en algún punto deseó que hubiese una luz que le permitiera contemplar mejor al otro, pero luego descubrió que su sentir estaba completamente despierto y sentía la dermis de Bill quemar por todo su cuerpo.

Pronto Bill sintió los torsos desnudos de ambos hacer contacto y quiso morder el hombro de Tom cuando los dedos del mayor empezaban a acariciar su vientre.

—Oh Dios…– dijo bajito. —Recuerda que no debes ver. – pidió cerrando los ojos y escuchó una suave risita.

—Recuerda que no puedo ver. – dijo Tom a su oído y Bill quiso derretirse al sentir el botón de su jean liberado y un beso del mayor tras el lóbulo de su oreja.

El futbolista con calma y besando los labios de Bill, que no paraban de suspirar, bajó el cierre y limitó su toque directo en esa zona por consideración con Bill. Se arrodilló entre las piernas de Bill y sacó todas sus prendas inferiores.

Tom y Bill lo supieron cuando el mayor arrojó en algún lugar de la habitación la ropa interior del menor, y mierda, era completamente cierto, el pequeño Trümper estaba totalmente desnudo bajo Tom.

—Tienes que hacerlo tú también o moriré de vergüenza. – le pidió Bill y Tom inmediatamente se dispuso a quedar en las mismas condiciones que él.

El rastudo bajó de la cama y sacó rápidamente el resto de su ropa y gorra, quedando con sus rastas recogidas en una coleta y cuando estuvo completamente desnudo se sintió tan torpe como nunca antes.

— ¿Estas completamente seguro?

—Si… puedes venir. – dijo bajito Bill.

Tom se posicionó nuevamente sobre el menor y los tapó con una sábana. Pudo haber sido el frío, pero no, el rastudo se estremeció notoriamente cuando a Bill se le escapó un gemido agudo y un poco alto.

— ¿E… estas bien? – preguntó Tom.

—Sí. – murmuró avergonzado y sintió los labios de Tom en los suyos.

Tom besó al menor como si se tratara de la persona más frágil del mundo y de igual manera acarició su piel. Lo único que realmente podía identificar en la oscuridad eran los ojos avellana de Bill y se concentró en ellos en cada caricia y en cada toque que le proporcionaba al menor.

—Te amo…– suspiró Bill contra la boca del mayor cuando este movió suavemente sus caderas contra las suyas.

Era demasiado perfecto, se sentía demasiado bien, era demasiado su amor, había demasiada confianza y de alguna manera, Bill sentía tan correcto el toque de Tom en su piel, que era demasiado poco lo que estaban haciendo.

—Yo realmente te amo. – dijo el menor con la respiración agitada.

—Y yo a ti. – depositó un último beso en la clavícula alunarada de Bill y buscó sus ojos, acariciando sus mejillas con su perfilada nariz.

—Tom… yo… yo quiero hacer el amor contigo. – le confesó colocando sus manos en el cuello del rastudo y mirándolo con esos enormes ojos de enamorado que hicieron que del corazón del mayor brotaran chispas.

—Y yo me muero por hacerte el amor. – le respondió el mayor sonriéndole a Bill de esa manera tonta que tanto amaba el pelinegro. —Intentaré que no sea muy doloroso. – le aseguró. — ¿Confías en mí? – tomó una mano de Bill y la besó.

—Confió en ti.

Amor y ternura era lo que demostraban las caricias de Tom, y los besos de Bill. No necesitaban ver sus cuerpos para saber que podían encajar perfectamente, no necesitaban más que sus ojos donde se reflejaba todo el sentimiento que tenían por el otro, mientras experimentaban de esa forma tan íntima.

—Tienes que relajarte, por favor. Si te tensas, yo me detendré ¿De acuerdo? – le pidió besando sus labios castamente y viendo asentir al menor.

Bill pasó su lengua por sus hinchados labios, mientras Tom se estiraba e intentaba alcanzar sus pantalones, buscó su cartera y sacó un sobre plateado de ella. El menor se hizo una idea de lo que seria. Sin embargo quedó sorprendido cuando de ella brotó un líquido que el mayor puso en él.

Tom cumplió con su palabra y Bill con la suya. Miró cada segundo que pudo al mayor, mientras este lo tocaba en el lugar más íntimo de si, y se relajó con sus besos cuando este exploró su interior con sus dígitos. Tom le calmó con suaves caricias y palabras de amor cuando el menor se tensaba y detuvo todos sus avances hasta que sentía dispuesto a Bill entre sus brazos. Luego de minutos, el cuerpo de Bill estaba listo para recibir a Tom como lo había hecho en su corazón.

El capitán de futbol era una persona que se dejaba llevar por la adrenalina y la pasión del momento, pero tuvo que anteponer su raciocinio ante sus deseos. Frenándose cuando Bill separó sus piernas para él, controlándose cuando el menor se aferró a él para más cercanía y buscando fuerza de voluntad de donde no tenía para detenerse cuando las paredes del menor lo apretaban cálidamente mientras entraba y un gemido de dolor escapó de los dulces labios del pelinegro.

— ¿Estas bien? – preguntó con voz agitada.

—Si…– jadeó. —Solo un momento. – le pidió.

Tom asintió y besó el cuello de Bill, su clavícula, su frente, y sus labios, distrayéndolo. Hasta que sintió los muslos de Bill apretarle como clara petición para que se moviera.

No hicieron falta más palabras, sus cuerpos hablaron por ellos; y Bill y Tom solo se limitaron a respirar por la boca del otro entre suspiros, jadeos y tímidos gemidos. El pelinegro aferró sus manos a los hombros dorados y con pecas de Tom cuando este le aumentó la intensidad a las delicadas y lentas embestidas; y separó sus labios temblorosos para apoyarlos en la mandíbula de Tom, mientras este besaba la piel a su alcance.

El miembro del menor se estrechaba entre los cuerpos sudados de ambos y la intensidad arremolinada en el vientre de Bill se convertía en presión en torno a la hombría de Tom, por lo que el límite de ambos no tardó en ser alcanzado cuando las caderas del menor se unieron al ritmo.

Tom cayó cansado contra el pecho plano de Bill y este acarició la espalda del mayor mientras recobraban el aliento. Cuando el rastudo pudo articular una palabra lo primero que hizo fue manifestarle su amor al pelinegro y besarlo como si la vida se le fuera en ello.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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