«I’m in love with a ghost»
Capítulo 9: Thomas Trümper
Me sentía perdido y era mí última oportunidad para no terminar en el manicomio de por vida, así que lo tenía que hacer, tal vez los resultados de la búsqueda me dieran alguna pista de que Tom sí había existido y que no estaba sólo en mi mente.
La página comenzó a cargar pero de repente, comencé a sentir una brisa lenta, una muy parecida a la que había sentido el día en el que Tom se me apareció por primera vez en el auto de los padres de Andreas.
— ¡Bill! —gritó alguien, yo me espanté al instante— Tranquilo, no te asustes, soy yo, Tom.
Abrí descomunalmente los ojos. ¿Acababa de escuchar bien? ¿Acababa de decir qué era Tom?
Una sombra apareció de repente en la esquina de la habitación, sin lugar a dudas ese era mí amigo.
— ¡Tomi! ¡Regresaste! —grité con una gran sonrisa en mis labios mientras me dirigía a darle un fuerte abrazo. Los reclamos podían esperar un poco.
Él me devolvió el abrazo sin pensarlo. — Perdóname Bill por irme sin avisar —se disculpó— Yo… Tenía que hacer algo importante.
— Está bien, no te preocupes por ahora. Sólo déjame sentir que eres real —musité dándole otro fuerte apretón.
Necesitaba mucho el contacto de su piel fría con la mía, aunque fuera completamente raro, aunque estuviera enojado con él, sólo quería convencerme de que no eran visiones mías.
Ambos fuimos a mi cama y nos sentamos. Orillé la laptop y él carraspeó un poco, como si se estuviera preparando para decirme algo. Apretó sus labios fuertemente y me miró dudoso.
— Bill…
— ¿Qué?
— Lamento haberme ido sin avisarte nada pero tuve que hacerlo —dijo disculpándose de nuevo.
— ¿Dónde fuiste? —musité. Yo pensaba que podríamos hablar de eso un poco más tarde, pero ya que él volvía a sacar el tema, teníamos que arreglarlo justo en ese momento.
— Fui a buscarla.
— ¿A ella?
— Sí.
— Entonces, ¿por qué no me avisaste? ¡Pude haberte acompañado! ¿Sabes todo lo que pase ésta semana pensando si en verdad tú eras real? Creí que me había vuelto ¡loco! —Ok, los reclamos tenían que empezar. — ¿Qué te crees? ¿Qué puedes venir a perturbarme y luego largarte cómo si nada?
— No Bill, las cosas no son así…
— Entonces ¿cómo son? ¡Está claro que yo no te importo nada! —Le grité. Estaba seguro que así eran las cosas, ¿Cómo creerle que le importo cuando se había ido sin decirme nada? Sólo había pensado en él mismo.
— Tú me importas Bill, ¡Y mucho! —dijo tratando de convencerme.
— No es cierto, no es cierto —repetía una y otra vez en medio de sollozos.
— Bill, ¡Mírame! —exigió mientras me tomaba por los hombros y me volteaba hacia él, pero yo me negaba a verlo, así que apreté mis ojos fuertemente. — Bill por favor, mírame… —dijo mucho más suave, entonces lo miré— Tú me importas y mucho. Sé que actúe egoístamente al no decirte nada acerca de que me iba, pero creí que tal vez te preocuparías innecesariamente. —Entonces una lágrima se escapó por su mejilla. —Créeme, si no me importaras, probablemente nunca hubieras sabido de mi existencia porque nunca me hubiera aparecido ante ti. Si no me importaras, tal vez no hubiera regresado y si no me importaras, ahora no estaría aquí tratando de convencerte de que en verdad me importas y… —suspiró— Y tratando de que sepas que eres alguien especial para mí. —Lo vi incrédulo.
¿Como yo podría ser alguien especial para él sí no tenía nada que fuera realmente valioso, o bonito o…?
Puso su mano sobre la mía y la acarició suavemente.
— ¿Eres real Tom? —le pregunté rompiendo el silencio un poco, no quería que las cosas empeoraran, sólo quería tenerlo a mi lado y que nunca se fuera, aunque eso era meramente imposible.
— Billie… —musitó acariciando mi mejilla. Eso era algo de lo más raro que me había pasado con él. Yo estaba recibiendo caricias de un fantasma y no ponía resistencia alguna. — Yo soy todo lo real que tú quieras.
Sonreí con esa respuesta. Sencillamente el tenerlo ahí me hacía feliz, eso era lo que contaba ¿no?
&
Era ya lunes y el color a los días había regresado junto con Tom. Él sí me debía muchas explicaciones pero bueno, podrían esperar un poco.
Georg y Gustav seguían enojados y el ambiente era muy tenso.
— ¿Qué pasó? ¿Se pelearon? —me cuestionó Tom.
— Luego te cuento… —musité y le di una mordida a la manzana que comía.
— Oye Bill… —dijo Andreas de repente.
— Uhm… —contesté masticando.
— ¿Puedo preguntarte algo? —asentí.— Bueno pues… —habló dubitativo— ¿Quién es Thomas Trümper? —Cuando dijo ese nombre, el pedazo de manzana que pasaba por mi garganta, se atoró haciéndome toser.
Mis amigos tuvieron que darme algunas palmaditas en mi espalda.
— ¿De dónde sacaste ese nombre Andreas? —pregunté a medias enojado a medias sorprendido, cuando me había recuperado un poco.
— Pues el día en el que tomaste mi laptop, sólo la cerraste pero dejaste abierto el buscador. Entonces cuando yo la ocupé, vi que habías escrito ese nombre.
— ¿Dijiste Thomas Trümper? —inquirió Georg con cierta curiosidad mientras apoyaba sus manos en su barbilla y los codos sobre la mesa. A Gustav casi se le caía la baba, así que tuve que darle un suave codazo.
— ¿Lo conoces? —pregunté mirando a Tom.
— Bueno, hace unos años recuerdo que en donde está la Universidad se murió un chico.
Papá me contó todo y me dijo su nombre: Thomas Trümper. Nunca lo olvidaré, según palabras de mi padre, era un magnífico estudiante, lástima que se enamoró de la chica incorrecta. —Tom se veía completamente destrozado y de repente desapareció sin decir nada.
— Enseguida vuelvo… —dije y salí disparado a la biblioteca. En ese momento nadie estaba ahí, era seguro y también era seguro que Tom se habría ido a refugiar ahí.
— Tomi… ¿estás aquí? —pregunté un poco nervioso. Pasaron unos segundos y no hubo respuesta. — Tomi… —insistí.
— Aquí estoy Bill —se escuchó.
Volteé buscando el lugar de donde provenía la voz y me di cuenta que mi amigo estaba sentado en una de las sillas ubicadas donde la gente se pone a leer.
Corrí hacia donde estaba él y al verlo tan mal, no pude evitar darle un cálido abrazo. Luego de eso me senté frente a él.
Yo iba a hablar pero Tom no me permitió hacerlo. — Es hora de que sepas qué fue lo que pasó en verdad Bill —asentí. No lo interrumpiría porque simplemente sabía cuán difícil podría ser eso para él.
Bueno, me lo imaginaba, porque estaba claro que nunca había pasado por una situación similar, pero seguramente contarle a alguien como fue tú muerte, era algo que nunca se planea y que, por lo tanto, era muy complicado de expresar.
— Hace más o menos siete años, yo vine a vivir aquí, a Berlín —comenzó con su relato — Renté un pequeño departamento que pagaba con lo poco que ganaba de cualquier trabajo que hiciera y de lo que mi mamá me mandaba. ¿Sabes? Yo no vengo de una familia con dinero, nosotros somos muy humildes, por eso me vine para acá —decía mientras comenzaba a sollozar un poco— Y bueno, fue entonces cuando la conocí… —dio un largo suspiro y yo tomé su mano acariciándola un poco. Era momento de darle mi apoyo porque algo me decía que aquí era donde todo comenzaba de verdad. — Su nombre era Anne, era una chica hermosa, ha…—rió un poco negando con la cabeza— Era la capitana de las porristas, es morena con el pelo hasta los hombros, realmente bonita.
Cuando dijo eso y la recordó con una sonrisa en los labios, yo quité mis manos de las suyas, él me miró sorprendido pero no preguntó nada.
— Aunque lo bonita no le quitaba lo perra —admitió serio— Yo tenía un amigo, se llama Gerard y estudiaba la misma carrera que yo…
— ¿Qué carrera estudiabas? —interrumpí.
— Leyes, sé que es algo ridículo pero era algo que en verdad me gustaba —sonreí y él continuó con su relato. — Era mi mejor amigo, o al menos yo creí que lo era de verdad.
Un día, para ser exactos cuando Anne y yo habíamos cumplido dos años de novios, quise regalarle algo especial y necesitaba la ayuda de Gerard. Fui a su casa y entonces él abrió…
— ¡Hola Gerard! —saludó el chico de trenzas efusivamente. Su amigo sólo tenía puesta una toalla alrededor de la cintura.
— Tom…—dijo nervioso— ¿Qué haces aquí?
— Necesito tú ayuda, ¿puedo pasar?
— No… Quiero decir…
— ¿Te pasa algo? —cuestionó Tom.
— Sí, justo ahora estoy muy ocupad…
— ¿Quién es amor? —preguntó una chica mientras asomaba su cabeza por el pasillo.
Ella sólo traía una camisa puesta.
— ¿Anne? —exclamó Tom impresionado y miró furioso a su amigo.
— Al principio no lo pude creer… —dijo Tom, quien estaba controlándose bastante para no llorar— pero tuve que aceptarlo, porque esa era la cruel verdad. Huí de ahí, pero al otro día en la escuela, no pude evitar reclamarle a Gerard por lo que había hecho…
— ¡Eres un estúpido! —reclamó el chico de trenzas. Se había encontrado a su “mejor amigo” en el baño y las ganas de golpearlo lo habían invadido de sobremanera.
— El estúpido eres tú Tomi —decía el otro irónico— ¿Cómo es que nunca te diste cuenta de lo que pasaba entre Anne y yo? O es que ¿En verdad creíste que ella te amaba?
— ¡Ella es una perra! No me asombró, pero tú eras mi mejor amigo… Gerard, sólo quiero saber ¿por qué?
— ¿Por qué? Bueno, simplemente porque ella me gusta, siempre me gustó y el que sea una perra como tú dices —gritó mientras aventaba a Tom— ayudó a que las cosas se dieran más rápido. — El de trenzas regresó el empujón.
— ¡Cállate! Eres un mal amigo… No sé cómo es que no me di cuenta desde antes —Entonces sin pensarlo dos veces, le dio un fuerte puñetazo.
Pronto, ambos se empezaron a pelear y en un golpe “mal dado”, Gerard aventó a Tom y el de trenzas golpeó el lavabo con su cabeza. Irremediablemente cayó inconsciente y pronto murió…
— Muerte estúpida, ¿no? — bufó mi amigo.
Continúa…
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