«I’m in love with a ghost»

Capítulo 13: Juicio

— ¿Cómo se declara el acusado? —preguntó el juez.

— Inocente, señor —aseguró el abogado de papá. Eso era cinismo por completo, ¿cómo se podía declarar inocente cuando todos sabíamos que él había asesinado a mi madre?

— Llamamos al estrado al testigo Bill Kaulitz. — Me levanté de donde estaba sentado y caminé hacia el estrado.

— ¿Jura decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad?

— Lo juro —musité mientras veía a cualquier punto que no encontrara intimidante.

— Puede sentarse. — Así lo hice. Observé todo el lugar; a mi izquierda tenía al jurado, a mi derecha al gran juez. Frente a mí estaban las mesas de los abogados, mi padre al lado del suyo. Él no me miraba, tal vez por miedo o vergüenza, no lo sé. Tom había preferido estar sentado como cualquier persona que se encontrara observando el juicio. Georg, Gustav, el señor Jurgen, Andreas y sus padres también estaban ahí, mostrándome todo el apoyo que podían darme.

— Lo estamos esperando joven Kaulitz. —Dijo alguien que no pude distinguir, como hubiera querido.

— Ah… Sí, lo siento —me disculpé. El abogado que defendía a mamá se levantó de su silla y comenzó a caminar hacia donde yo estaba.

— Usted es el hijo del señor Jörg, ¿cierto? —asentí— ¿Puede contarnos lo que vio aquella noche? Por favor. — Eché un último vistazo a mi padre, parecía que estaba arrepentido, pero su arrepentimiento no haría que mi madre volviera a sonreír, que me volviera a abrazar, que volviera a hablar… Eso no haría que ella volviera a la vida. Él no había pensado en el daño que estaba causando cuando golpeó a mi progenitora y cuando la aventó por las escaleras, hizo todo a sangre fría, sin consideración, ¿yo por qué tendría que detenerme a pensar en él y su futuro cuando había acabado con el de mamá? —¿Joven Kaulitz?

— Yo…—respiré hondo— Esa noche yo no estaba en casa. — Comencé a relatar con un nudo en la garganta pero no podía llorar, no podía ser débil. Ése era el momento de tener fuerza, sacarla de cualquier lugar, pero lo importante era que ese hombre pagara por lo que había hecho. — Había salido a una fiesta y cuando estaba en ella, mi celular sonó. Revisé la pantalla, era de mi casa, así que no dudé en contestar. Pensaba que podía ser mamá, pero escuché la voz de un hombre que me dijo que fuera a casa rápido, me espanté muchísimo… Regresé corriendo, uno de mis amigos me acompañó. Cuando llegamos, papá estaba tirado en el suelo, lloraba y abrazaba el cuerpo de mamá que estaba lleno de sangre. — Cerré mis ojos y aquella imagen se apareció en mi mente de repente.

— ¿Cómo puede asegurar que lo que pasó no fue sólo un simple accidente?

— ¿Cómo? —bufé— Mi padre me pidió perdón cuando me vio, ¿no es eso razón suficiente para creer que él la mató? — El juez me miró, el jurado también. — Además, él solía golpearnos a ella y a mí siempre que se ponía borracho… —sollocé un poco.

— No más preguntas —dijo y regresó a su lugar. El otro abogado se levantó y caminó hacía mi.

— ¿Por qué nunca denunciaron el maltrato que sufrían por parte de su padre? —preguntó directo.

— Porque teníamos miedo, además, mamá lo amaba — miré a mi padre con furia— Ella lo amaba y ¡vea lo que le dio a cambio! Golpes, gritos y hasta que no se murió no estuvo contento…

— Pero no puede asegurar que él la mató, no hay un testigo ocular. — No pude argumentar nada más, el único testigo había sido Tom y no podía decir que mi novio, el fantasma, lo había visto todo y que podía declarar en contra de mi padre, ¿verdad? 

Me levanté enfurecido de la silla y grité— ¿¡Por qué no confiesas que tú la mataste!? ¡Maldito cobarde! Acepta las consecuencias de tus actos…

— Tranquilícese joven Kaulitz o me veré en la necesidad de sacarlo de aquí. —El gran juez me miró enojado y muy a mi pesar tuve que hacerle caso.

— No tengo más preguntas.

El juicio terminó y el gran juez dictaminó que se daría el veredicto al día siguiente. Las pruebas, más mi testimonio ya habían sido presentadas, ahora todo lo demás quedaba en manos del jurado, confiaba en ellos a pesar de todas mis inseguridades.

— Bill —musitó Gustav. Ambos dejamos de caminar y nos atrasamos. — Necesito hablar contigo. — Tom me miró desde lejos pero comprendió que era algo privado y que no debía acercarse.

— Dime.

— Yo… —se sonrojó y apretó los labios. Sin duda se estaba preparando para decirme algo importante. — Georg y yo nos besamos —soltó de golpe. Mis ojos se hicieron grandes, casi como dos platos. ¿Así que aquella era la razón por la que el castaño y él habían estado más raros que de costumbre? ¡Wow!

— ¿Es en serio? —cuestioné y él asintió.

— ¡No sé qué hacer! —dijo frustrado— De por si nuestra amistad ya estaba quebrantada y ahora, con eso que pasó… Seguramente nunca más volveremos a ser amigos.

— En efecto Gustav. No puedes pedirle a alguien que besaste que sean amigos como si nada hubiera pasado. — Lo sé, eso era cruel de decir, pero lamentablemente era la verdad. — Sólo debes de darle tiempo. ¿Puedo preguntarte algo?

— Ajá.

— Cuando se besaron, ¿te correspondió?

— Sí…

— ¡Con más razón! Seguramente está igual de confundido que tú, sólo espera un poco más —sonreí.

Al parecer había tranquilizado un poco a Gustav, eso me alegraba. Regresamos con los otros y cada quien se retiró a su hogar. Cuando llegamos a casa, alegué estar sumamente cansado para poder irme a mi habitación sin ningún tipo de preguntas, eso sólo me ponía nervioso.

— ¿Cómo te sientes? —cuestionó Tom mientras se sentaba en la cama, yo me recargué en la pared y lo miré alzándome de hombros.

— No lo sé —suspiré— Necesito hablar con mi padre.

— ¿Por qué?

— Porque necesito respuestas y explicaciones. Aunque sienta que al tenerlo tan cerca querré golpearlo e insultarlo, pero tengo que ir. — Tom me miró no muy convencido.

— Vas a dejar que te acompañe, ¿verdad? —preguntó esperanzado, pero tuve que negarme ante esa petición. — ¿Por qué no?

— Esto lo tengo que enfrentar solo, ¿me entiendes?

— Sí… Está bien, pero voy a estar cerca por si algo ocurre —sonreí y puse los ojos en blanco. En dos segundos tenía a Tom frente a mi, hizo que retrocediera, pero pronto golpeé la pared con mi espalda, sin duda me tenía acorralado. Puso sus manos al lado de mi cabeza impidiendo que pudiera escapar y sonrió maliciosamente.

— ¿Qué? —cuestioné entre risas.

— Tú también eres hermoso. —Dijo mientras recorría mi cara con su suave mano y yo sólo me sonrojé. Se acercó hasta que besó mi mejilla derecha, lo hizo lentamente, como si esa fuera la última vez. Tal vez porque había aprendido a que nunca sabes cuando será el final, porque si hay algo que todos deberíamos tener en claro, es que debes aprovechar cada instante que se te regala en ésta vida, aunque al parecer, Tom estaba aprovechando al máximo lo que la muerte le estaba dando. De repente tomó mi mano y la dirigió a su pecho, justo en donde su ahora inexistente corazón estaba. — ¿Sabes? Yo sé que mi corazón ya no late más, pero te amo, te amo como nunca creí poder amar a alguien y seguramente si estuviera vivo, él —dijo presionando aún más mi mano— latiría rapidísimo cada que te viera, cada que te besará, cada que estuvieras cerca mío, justo como ahora…

No me permitió decir nada y me besó en los labios. ¿Quién diría que esto pasaría?

Si cuatro meses atrás me hubieran dicho que algún día me estaría besando con un fantasma, incluso me hubiera reído o espantado, pero ahora todo era diferente.

El día se pasó rápido, cuando menos me di cuenta ya era de noche, así que tuve que ir a dormir. El domingo sería difícil y tenía que estar completamente descansado para que al menos pudiera aguantar lo que venía.

&

— Bien, ¿cuál es el veredicto del jurado? —preguntó el gran juez. Una señorita se levantó de su lugar y comenzó a leer aquel documento en el que ponía todas mis esperanzas para que se hiciera justicia.

— El jurado ha decidido que el señor Jörg Kaulitz, acusado del homicidio preterintencional de la señora Helena Kaulitz, es… — El tiempo se detuvo en ese momento, todos esperábamos expectantes la decisión de los jurados. Tom tomó mi mano, brindándome la fuerza necesaria para enfrentar cualquiera que fuera la sentencia… Hace mención al desbordamiento de las intenciones del causante, en las que primitivamente se quiso dañar, pero que desafortunadamente resultó matándola. Por ejemplo, en éste caso, el papá de Bill no tenía intenciones de matar a su esposa, sólo la golpeaba, pero todo acabó mal y ella terminó muerta. Se ha afirmado que el homicidio preterintencional es un punto medio entre el dolor y la culpa; dolor frente a la acción y culpa frente al resultado.

Continúa…

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