«Homofobia» Fic de Monnyca16

Capítulo 9

“Pre-novios”

Por desgracia el tráfico logró que Bill se desesperara y se pusiera más inquieto de lo que ya estaba. Inclusive las ventanas ya comenzaban a empañarse por el excesivo calor que Bill expulsaba por su nariz y boca. Era todo un completo caos.

Despistadamente, Bill miró a Tom con el rabillo del ojo, notando que, como minutos atrás, éste seguía viendo el frente y en silencio. Llevaban diez minutos en carretera, soportando la lenta circulación vehicular y Bill no podía más. Era jodidamente embarazoso permanecer de ese modo.

Antes podía hablar bien con Tom, incluso minutos antes en la casa también lo había logrado, pero ahora ya no era igual. Y sabía por qué era; que Tom cancelara su boda con Amanda era una de esas razones por las cuales Bill no sabía ni cómo comportarse, también otro factor era la llegada de Tom a su casa después de haber cancelado la ceremonia. ¿Qué significaba todo eso? Aunque fuese difícil de procesar, Bill se daba cuenta que Tom estaba haciendo las cosas bien, pero aún no sabía qué era exactamente lo que Tom quería de él. Y estaba tenso, muriéndose por dentro, soportando la penosa atmósfera.

Una vez más, Bill respiró ruidosamente, tolerando el dolor de su garganta inflamada en conjunto con el de sus fosas nasales al respirar. Lo peor de todo era que se sentía débil por su estado enfermo, algo que no era pertinente por si acaso Tom se le confesaba o algo. Pero era su desgracia, y odiaba enfermarse.

—¿Te parece bien cenar comida china? —Propuso Tom, volteando la cara hasta Bill y encontrándose con una mirada confundida.

Bill recibió una señal de su barriga, una contracción de intestinos. Estaba hambriento y realmente sí se le antojaba la comida china. Pero ¿cenaría con Tom? Todavía no comprendía nada.

—Sí, ¿podrías comprar rollos primavera? —Bill murmuró, sintiendo luego que le picaba la garganta. Tosió en seco, logrando toquetearse el pecho con las manos extendidas. Le dolía el tórax cada vez que tosía, cada vez que hablaba. Luego de unos segundos, se entristeció; seguramente ni siquiera cenaría bien porque le dolía al tragar alimentos y los rollos primavera eran demasiado crujientes.

—¿Ya fuiste al médico? —Bill movió la cabeza de izquierda a derecha al escuchar a Tom —. ¿Estás tomando algo para la garganta? —Sin siquiera detenerse a pensar, Bill volvió a negar —. ¿Eres alérgico a la penicilina?

—No lo sé.

Tom se quedó callado por unos segundos, luego condujo hasta el área de supermercados.

Al estacionarse, apagó la máquina y se sacó el cinturón de seguridad.

—En un momento vuelvo, dejaré la alarma activada y la camioneta cerrada.

En eso, Bill lo vio bajarse y cerrar la puerta para luego asegurar todo con la alarma. Pudo verlo perderse mientras caminaba, sin siquiera mirar hacia atrás. Bill suspiró entre aliviado y preocupado. Tom no le decía nada y además actuaba como una persona normal. Sin embargo, algo le decía a Bill que Tom estaba tramando algo.

Además cuando estaban a solas en la casa de Bill, Tom lo miró de una forma diferente y quiso besarlo en la cocina. Bill estaba seguro que si no fuera por la repentina llegada de Amanda entonces en ese mismo instante hubiesen apagado ese momento de tensión con un beso. Lo diferente ahora era que Tom no se veía con ganas de querer besarlo. ¿Era por su estado enfermo? Bill seguía sin saberlo, y quería preguntarle, pero prefería que Tom esta vez tomara la iniciativa.

Había estado esperando por dos semanas que Tom se aclarara y lo extrañara. Había deseado que lo buscara hasta que lo encontrara, y ahora que todo eso estaba hecho anhelaba que Tom fuese el que hablara claro. Bill no lo ayudaría del todo, sólo esperaría a que Tom fuera sincero.

Cansado de estar sentado, Bill se incorporó sólo un poco para ver su común vestimenta. Iba demasiado informal y sabía que Tom lo había notado. No era fácil ignorar que tenía sus pantuflas favoritas de osos pandas y también sus calcetines de perritos, los cuales le hacían recordar a Heinrich. Se sentía desnudo cuando Tom lo miraba, y no era precisamente desnudo de cuerpo sino de alma; esta vez Tom conocía su lado débil, enfermizo, y eso sólo Gustav lo veía. Bill siempre faltaba a la escuela cuando enfermaba, siempre se encerraba en su recámara y jamás se había visto tan acabado frente a alguien. Pero con Tom había sido todo lo contrario. Ahora Tom conocía esa parte de él y se sentía demasiado protegido a su lado, aunque un poco tímido también.

Había cosas nuevas que inclusive Tom pudo haber malinterpretado en Bill, como el ser un chico ‘lanzado’. Y quizá Tom ya lo había notado, a lo mejor ya podía conocer al verdadero y tímido Bill. Al egoísta y celoso Bill.

Sin dudarlo, Bill sacó el celular de su chamarra y comenzó a teclear:

Gus, Tom vino a buscarme, me llevará a su casa para hablar y cenaremos comida china.

No pasó ni un minuto para recibir respuesta. Bill abrió el mensaje:

¿Qué? ¿Me estás jodiendo? ¿Van a tener algo así como…sexo, una cita? Bill… ¿Ya se besaron?

Bill resopló.

No, no…no lo sé. Tom canceló la boda, Gus. ¡Tom me dijo que quiere hablar y en su casa! Incluso me preguntó si la comida china estaba bien para cenar y también se interesó por mi estado enfermo. En estos momentos está comprando la cena, supongo…yo estoy en su camioneta, esperándolo.

Whao, por fin se dio cuenta que no puede vivir sin ti. Georg está conmigo y me contó que Tom se comportaba muy desesperado y celoso porque no sabía nada de ti. Ahora ya sabemos que canceló la boda.

¿De verdad estaba desesperado porque no me veía?

Mandó. Gus inmediatamente le respondió:

Sí, dice Georg que parecía como un monstruo con barba. Incluso se puso celoso cuando supo que estabas teniendo citas con chicas. ¡Tienes que atraparlo, Bill! ¡Esta es tu jodida oportunidad!

Los labios de Bill se bordaron en una sonrisa al leer el mensaje. No se esperaba algo como eso, mucho menos de Tom, que lo había rechazado semanas antes. Sus blancos dientes hicieron resaltar sus rojos y refinados labios en una sonrisa más grande. Para despejarse un poco dejó a un lado el celular y prefirió esperar a Tom. Por suerte no esperó demasiado, Tom a pocos minutos estaba acercándose y desactivando la alarma.

Al abrir la puerta para entrar, Tom le pasó dos bolsas, una que llevaba la cena y otra en color negro. Apresuradamente se sentó y cerró la puerta para que no entrara el aire helado. Bill esta vez lo volteó a ver y sonrió para sí mismo.

—En la bolsa negra hay un gorro de lana, una bufanda y un bote de miel preparado con limón —dijo Tom, agarrando la bolsa negra y sacando un frasco de vidrio primero. Bill apenas pudo ver que la bufanda era gris al igual que el gorro —. Comete la miel y eso calmará el dolor de la garganta.

Tom le pasó el frasco y una cuchara desechable. Al tomarlo entre sus manos, Bill se dio cuenta que estaba tibio, sólo un poco. Trató de abrir el envase, pero al primer intento no pudo. Quiso voltear con Tom para pedirle que se lo destapara, pero no fue necesario cuando el rastudo se apresuró a abrírselo.

Bill le dio la primera probada con la cuchara, sintiéndose como todo un consentido. Tom por su parte se puso el cinturón y encendió la máquina, dando reversa rápido y adentrándose a carretera para seguir su camino a casa.

La miel con limón sabía riquísima, por lo que Bill siguió comiendo calmadamente durante el camino, escuchando su propia respiración y también la de Tom. Esos momentos fueron demasiado relajantes y cálidos. Bill ya no sentía el ambiente tenso, nervios sí, pero muy pocos. Se sentía bastante emocionado.

—Amanda me pidió que te dijera que se sentía arrepentida —Tom comentó, dejando a Bill pasmado—. Ella acepta que todo lo que le pasa es por sus malas acciones pasadas, así que sólo está molesta consigo misma y no con otros. Quiere cambiar y espera que luego pueda tener el valor de verte a la cara.

Bill miró directo a la ventana, escuchando atentamente, pero irritado a la vez. En ese momento no quería escuchar sobre Amanda, pero Tom parecía muy interesado en nombrarla. Igual y Bill comprendía que para Tom seguía siendo difícil aceptar que se estaba comenzando a interesar en él. No evitó sonreír como un bobo en esos instantes al recordar lo que Gustav le había dicho.

—Ella sacó a Heinrich a la calle, me lo dijo —prosiguió. Bill se volteó directo a Tom y lo miró con poca paciencia. Quería saber todo acerca de su perro —. Lo aventó a un basurero que quedaba muy lejos de tu casa.

—Pero… —La voz de Bill apenas se pudo escuchar. No quería que Tom le contara más, ni si quiera deseaba preguntar, se sentía ofuscado y triste. Vio directo a su envase medio vacío de miel y su pecho dolió mucho cuando la nostalgia subió a su garganta, llenándole los ojos de lágrimas. Bajó la cabeza y se quedó por unos segundos así, hasta sentir que la camioneta se detenía y que Tom apagaba el motor.

Bill sintió que Tom le sacaba el frasco de entre las manos y que lo tapaba ágilmente, situándolo después en la bolsa de comida. De la bolsa negra extrajo el gorro de lana para ponérselo, Bill se descolocó, pero se dejó, tomando la bufanda entre sus manos y poniéndosela por sí mismo. Cuando Bill estuvo listo, Tom salió primero, rodeando la camioneta, abriéndole la puerta a Bill y agarrando la comida con una mano.

Los ojos de Bill rodaron para ver el territorio en donde se encontraba y aterrizó, cubriéndose con la cobija muy bien. Tom lo agarró del brazo y anduvo con él hasta la puerta de su casa. Bill apenas pudo ver las afueras de ese lugar, era grande y lindo, un poco descuidado, pero lindo. Se trataba de una casa de dos pisos con una cochera grande y al aire libre. El camino que daba a la puerta era liso y gris, y había algunos árboles a los alrededores. Por fuera la casa era moderna, y demasiado grande, de color gris claro con detalles blancos y grises más oscuros. Se miraba elegante y a Bill le agradaba.

Si veía a Tom no lo podía relacionar con la casa. Tom siempre se mostró pulcro y con ropa de marca, pero jamás lo creyó con tanto dinero. Tom tocaba la guitarra y trabajaba de eso, pero la casa no parecía ser de un simple maestro de música. Al parecer Tom era una persona de dinero. Amanda no era tan tonta después de todo. Pero a pesar de los lujos, Tom se veía humilde en aspectos monetarios.

Tom se miraba sencillo.

Sacudiendo la cabeza, Bill se tranquilizó. Su corazón no dejaba de golpear sus costillas una y otra vez por una mezcla de ansiedad y tristeza. Miró que Tom le hacía un espacio para que pasara primero y lo hizo, anduvo muy lentamente, arrastrando los pies por el descontrolado temblor de sus debiluchas piernas, pensando internamente si seguir caminando o salir corriendo para ir a buscar a Heinrich. Tom nuevamente sujetó su brazo y lo llevó hasta la sala, dejándolo frente a un sillón en forma de L.

Bill se preguntó si Amanda ya había estado ahí. Era absurdo y no debería importarle, pero era inevitable no pensar en eso. Bill no quería encontrarse con algo de ella ahí, ni si quiera quería verle a la cara luego de haber dejado tirado a Heinrich en un basurero. ¿Acaso era un ser humano? Bill nunca se lo perdonaría, no porque su perro podía tal vez estar perdido, con frío y muriéndose de hambre.

—¿Estás bien? —Tom levantó la mano, tratando de situarla en la frente de Bill, pero éste se apartó, golpeando levemente la palma de Tom.

No. No estaba bien. No cuando sabía que Heinrich había sido utilizado de la peor manera. Bill estaba molesto y mucho. Con Tom por no haberle dicho antes de comprarle la miel, y también por no consolarlo y no poner manos a la obra para ir en busca del cachorro.

—No —murmulló, ocultándose la boca con el antebrazo y deseando salir lo antes posible de ahí para ir a buscar a su perro. Todavía tenía la esperanza de encontrarlo.

Estaba entre la espada y la pared. Quería arreglar las cosas y tenía curiosidad por lo que Tom le diría, pero también estaba preocupado por su perro. Y si comparaba ambas cosas entonces concluía con que Tom podía esperar y Heinrich no. Decidido, se miró por enésima vez las ropas, inclinándose un poco, y comenzó a andar rápidamente, casi corriendo hacia la puerta principal, pasando de largo a Tom.

—¿A dónde crees que estás yendo? —Tom espetó, situándose tras Bill, dejando caer su mano extendida en la puerta, justo arriba de la cabeza de Bill y provocando que éste se asustara por el fuerte portazo.

Bill se dio la media vuelta para enfrentar a Tom, viendo que el brazo de Tom seguía a unos centímetros sobre su cabeza para mantener cerrada la puerta.

—Seré claro, Tom. Heinrich no puede esperar y tú sí, así que dime en qué basurero se supone que está para que vaya a buscarlo ¿Quieres? —Sacó rápidamente con un hilillo de voz.

Tom no lo escuchó claramente, de hecho no le entendió nada. Observó a Bill y dudoso, se inclinó, dejándolo enteramente estático. —No se te entendió nada.

Bill enfureció sin siquiera saber por qué, pero sus orejas se pusieron demasiado rojas, capturando la atención de Tom. Sin embargo, cuando Bill quiso sujetar a Tom del cuello para hablarle al oído, escuchó un ladrido.

No era un ladrido cualquiera. Bill conocía ese tipo de ladridos. Apresurado, movió dramáticamente la cabeza hacia la derecha, viendo todo el panorama que había detrás de Tom, encontrándose con un gordo cuerpecillo corriendo hacia él.

Acelerado y jodidamente alegre, Bill se agachó para recibir al animal que corría veloz, moviendo la cola energéticamente. Tom bajó la mano que se posaba en la puerta y miró directo al piso, no sabía cómo Bill podía ser feliz en cuestión de segundos, pero se trataba de Heinrich, así que lo comprendía. Tom estaba seguro que Heinrich también lo extrañaba.

—Mmh, te extrañé mucho —le susurró Bill al cachorro, tirándose y rodando en el piso cómodamente para recibir los dulces lengüetazos de Heinrich en sus mejillas.

Tom se cruzó de brazos, perdiéndose en la cariñosa escena que presenciaba. Bill se miraba diferente, incluso el rostro le había cambiado.

Bill, por su parte, luego de toda su felicidad no supo qué decir. ¿Agradecer? Pensó entonces que lo más probable era que Tom lo llevara a su casa para darle a Heinrich, pero luego recordó lo que Gustav le había dicho y se tranquilizó.

Fue indescriptible cómo Bill pudo adquirir energías en esos momentos; la cabeza ya no le daba vueltas e incluso la garganta estaba menos adolorida. Sin esfuerzos, con una mano en el suelo de madera pulida, Bill logró alzarse, cargando en sus brazos a Heinrich. Quedó a escasos centímetros de Tom y tras aclararse la garganta y cerrar los ojos, se esforzó para que su voz lograra escucharse:

—Muchas gracias. Gracias por tenerlo aquí contigo. —Sonrió y sujetó el brazo derecho de Tom para apretarlo fuerte. Estaba enormemente feliz, y deseaba saltar por toda la casa con todo el ímpetu que le llenaba el cuerpo.

Ansioso, agrandó su brillante sonrisa y soltó a Tom, prestándole consecutivamente toda su atención al cachorro. Inspeccionó bien a Heinrich, viendo que estaba sano y tibio. Parecía haberse estado alimentando bien y haber dormido en un sitio caliente.

Más sin en cambio, luego de examinar al animal, levantó la mirada para ver a Tom. Éste lo observaba de una manera ilegible.

—¿Cómo es que lo tienes aquí? —Interrogó el chiquillo, esforzándose lo suficiente.

Tom miró al perro. —Hace dos días lo encontré a las afueras de tu casa en la madrugada.

Bill pensó un poco. Eso daba a indicar que el perro se había regresado a casa después de que Amanda lo tirara al basurero, pero…

—¿Qué hacías en la madrugada en mi casa y…por qué no me lo devolviste?

—¿Será porque me evitabas y ni siquiera podía encontrarte? —Bill se aguantó la risa. Tom parecía molesto por no haberlo visto durante dos semanas completas —. Además si se lo hubiese entregado a Amanda, ella bien pudo haberlo tirado de nuevo.

—Gracias por eso, Tom. Esto ha sido lo mejor de este día —canturreó Bill, viendo directo a los alrededores para pensar en qué más decir.

Bueno, ya tenía a su perro de vuelta, y lo que faltaba era hablar con Tom sobre…No sabía sobre qué, pero quería escucharlo, aunque sinceramente ya podía imaginarse lo que Tom le diría.

—¿Entonces lo mejor de este día no fue que cancelara la boda y que te buscara? —Sonó frígido.

El cuestionamiento de Tom petrificó a Bill. Realmente, el adolescente no se esperaba algo así, algo tan brusco como eso. Tom parecía molesto, y Bill de alguna manera no entendía su comportamiento.

—Mira, Tom. Tú la cancelaste porque así lo quisiste, y me buscaste porque al parecer tenías ganas de verme. Quiero que sepas que no estoy brincando de felicidad por todo eso porque al final de cuentas hubo una persona herida —detonó Bill, quedito y con una extraña sensación en su barriga.

Tom levantó la ceja derecha, indignado.

—Yo tampoco estoy brincando de felicidad, Bill. Cancelar mi boda ha sido un gran conflicto, fue difícil para mí, es difícil. Y no te importa, sólo te interesa tener el perro, piensas que tener el perro es más importante que lo que yo hice por ti. Porque literalmente cancelé la boda por ti, lo hice por ti, para tenerte aquí ahora.

La voz de Tom había sonado tan prepotente que Bill se enfadó.

—Ops… ¿Perdón? ¿Cancelaste la boda por mí? Oh, lo siento, Tom. Pero tampoco me culpes de algo que tú decidiste. Y no tienes que brincar de felicidad, si tan difícil fue para ti acabar con algo tan importante, entonces discúlpate con Amanda y termínate casando con ella —tronó inmediatamente, sintiéndose culpado.

—¿Cómo fue que llegamos a esto? —Soltó Tom con ironía, cerrando los ojos con molestia y preocupación.

Entonces Bill quiso ser más duro y realista. Se suponía que iban a hablar y era mejor hablar con claridad y directo. Bill sabía lo suficiente para confiar en lo que espetaba.

—Por tus estúpidos celos, Tom. ¿Cómo puedes compararte con Heinrich? Al menos él sí me demuestra su cariño, no como tú. —Tom inmediatamente abrió los ojos y miró directo a los ojos de Bill —. Porque sientes algo por mí ¿no? ¿O me vas a decir que me trajiste aquí sólo para devolverme a Heinrich?

Al escucharlo hablar así, Tom frunció el entrecejo. No le gustaba escuchar los reproches de la gente y menos si apenas arreglaría los malos entendidos con éstos.

—Ahora que lo pienso mejor, tienes razón. Fue una tontería traerte aquí, todo ha sido una estupidez. ¡¿Por qué mejor no te vas con una de tus tantas amiguitas y me dejas en paz?! —Bramó muy alto, vastamente colérico y harto de la situación.

—¿Yo dejarte en paz? ¿Por qué mejor tú no me dejas en paz a mí? Y qué buena idea, no te preocupes, que ya me voy —atacó como pudo, dirigiéndose a la puerta y situando la mano en la manilla, girándola y abriendo rápido.

Tom inmediatamente llegó por detrás para volverla a cerrar, azotándola.

Heinrich escondió la cabeza entre la ropa de Bill.

El corazón de Bill dio un tirón, amenazando con salir de su pecho.

¿Por qué todo era tan difícil? Ambos estaban tan ansiosos que discutían de la nada y por cosas estúpidas. Bill dejó caer la frente en la puerta, riéndose quedito. Se reía de cuán gracioso se miraban los dos. Se burlaba de su comportamiento impulsivo. No era justificación, pero estaba nervioso y se le había salido lo dramático.

También se reía de los celos de Tom, de su forma de detenerlo a pesar de haberlo corrido. Eso sólo significaba que no quería alejarlo, pero que al igual que Bill, no tenía las palabras indicadas. Sin embargo, los actos hablaban por sí solos y Bill podía comprenderlos, porque Tom incluso le había cuidado a Heinrich y eso daba mucho qué decir, también le había comprado miel con limón y la cena, además había cancelado su boda y lo estaba reteniendo.

Fue entonces que las tripas de Bill rugieron sin pudor. —Como que ya me dio hambre —sacó, dándose la media vuelta y caminando hasta la cocina para ir a lavarse las manos primero.

Tom lo siguió con la mirada y caminó hacia él, algo flemático.

Al llegar a la cocina de Tom, Bill dejó a Heinrich en el suelo y se lavó las manos en el fregadero, tomando dos tenedores y dirigiéndose hasta la mesa del comedor para sacar la caja desechable y abrirla.

Observó la comida y se sentó en una de las sillas, viendo que Tom tomaba asiendo también. Eso era todavía más extraño que lo anterior, pero los dos preferían actuar estúpidamente a que todo se arruinara por peleas tontas.

—Supongo que me iré después de cenar y eso —bromeó Bill, entregándole un tenedor a Tom y metiendo el suyo en la comida, llevándose a la boca un trozo de pollo agridulce. Amaba el pollo agridulce.

Tom procuró hacer lo mismo que Bill mientras lo veía comer.

—¿No importa que comamos del mismo plato? —Bill señaló el platón desechable con el dedo índice. Tom, con la boca llena, movió la cabeza de un lado a otro —. Si te enfermas no es mi culpa —añadió, alzándose de hombros y esta vez metiéndose uno de los rollitos primavera a la boca.

Tom observó detenidamente los gestos encantadores de Bill al masticar. A pesar de todo parecía feliz y mucho más relajado. Eso era gratificante después de haber discutido segundos antes.

Luego de unos segundos en completo silencio y viéndolo fijamente, Tom abrió la boca:

—Estoy interesado en ti, Bill —confesó sin poderlo ocultar por más tiempo. Simplemente había sido necesario aclarárselo a Bill. Era necesario escucharlo salir de sus propios labios. Sí, ansiaba confesarlo y por fin lo había logrado.

Bill tragó por el lado equivocado, atragantándose y tosiendo automáticamente, sintiendo el rostro arder de pura vergüenza. Se esperaba algo como eso, pero escucharlo era sorpresivo. Pinchó un pedazo de pollo agridulce con los dientes del tenedor y lo levantó, nervioso.

—Si tengo la cara toda roja, ignórala, por favor. —Se señaló temblorosamente con el tenedor. Evidentemente el rostro de Bill estaba absolutamente rojo, pero Tom sólo asintió, tratando de ignorarlo como Bill le había pedido —. Y bueno, es mutuo.

Tom curveó los labios, formando una sonrisa instantánea y llena de placer.

—No puedo ignorar tu cara roja —Tom logró sincerarse, viendo que Bill evitaba verlo y masticaba el trozo de pollo que logró llevarse a la boca —. ¿Te pongo tan nervioso?

Bill, aún con la cara roja, se burló en alto, dramáticamente como le gustaba, por supuesto.

—¿Acaso yo no te pongo nervioso a ti?

Tom se negó con la cabeza. —No, yo no suelo ponerme nervioso.

Dicho aquello, se levantó, dirigiéndose al refrigerador para sacar dos refrescos.

—Si tú dices, bueno…—titubeó Bill.

Tom le dejó un refresco negro sobre la mesa, a un lado, y posteriormente se sentó, abriendo el suyo y bebiendo un gran sorbo. —Espero no este demasiado helado.

Bill movió la cabeza de un lado a otro, diciendo que no. Agarró su botella de refresco e hizo un enorme esfuerzo para abrirla, pero no pudo. Odiaba no tener fuerzas si quiera para abrir un envase de plástico.

Dudoso, sólo un poco, levantó la botella y la puso frente a Tom para que se la abriera. Entendiéndolo a la perfección, el rastudo le abrió la coca-cola, rosando sus manos innecesariamente, pero sintiendo de esa manera el contacto de sus pieles. Bill sonrió entre dientes, tomando un pequeño sorbo de refresco y dejándolo a un lado.

—Entonces…—Bill alargó su oración, pensando en si hablar o quedarse callado.

—Si lo quieres, podemos empezar a conocernos —Tom interrumpió, dejando a Bill boquiabierta.

—¿Quieres conocerme?

—Sí.

Fue entonces que los ojos de Bill sonrieron mucho más, brillando totalmente. Aun así, todavía tenía dudas. — ¿Entonces te gusto?

—Sí —respondió Tom, mirándolo fijamente —. Me gustas.

Aunque se sintiera diferente decirlo, se sentía bien con eso. Era lo que necesitaba, decirlo, confesarlo y sentirlo, justo como Georg enfrentaba su gusto hacia Gustav. Era difícil por el hecho de ser la primera vez, pero se sentía jodidamente cómodo estar con Bill. Tenía mucha curiosidad por Bill, anhelaba conocerlo a fondo.

—Tú también me gustas, Tom —el pequeño dijo con seriedad, sintiendo que su pecho subía y bajaba por lo que estaba pasando.

Justo cuando la confesión por parte de Bill concluyó, Tom se le quedó viendo, buscando encontrar algo más. Bill era inmensamente interesante y quería hacerle tantas preguntas triviales, quería saber de sus gustos, de sus preferencia culinarias, su estilo, lo que lo hacía feliz y triste. Quería saber absolutamente todo de Bill.

—¿Por qué te gusto? —Inquirió Tom, bastante interesado en ello.

Bill se aclaró la garganta, pensándolo. —No lo sé exactamente, supongo que…eres interesante y me siento protegido cuando estoy a tu lado. ¿Yo por qué razón te gusto?

—Tampoco lo sé, me pasa lo mismo. No sé nada de ti, pero me gusta tu forma de ser. Eres sensible y…

—¿Y?

Tom dudó, pero lo tenía en la punta de la lengua. —Adorable.

—¿Soy adorable?

—Sí

—¿Síp? ¿Crees que soy adorable? —Tom asintió lentamente, sintiéndose demasiado adorable también.

—Uy, ¿Soy muy adorable o poquito? —Abrió mucho los ojos, dejando el tenedor a un lado y esperando una respuesta por parte de Tom, que lo miraba con rigidez.

—Tan adorable que me entran ganas de besarte —contestó con firmeza.

Al oírlo, Bill se sonrojó de nuevo, se sentía incómodo pero feliz. Tom lo decía tan a la ligera, sin sonrojarse, sin temblar y con mucha seguridad. Eso era crucial para Bill, que era demasiado cohibido y se avergonzaba en demasía por cosas insignificantes, incluso se ponía rojo al reírse.

Y aunque quisiera salir corriendo del comedor, Bill se aguantó la vergüenza y sonrió, asintiendo sin prisa, como si ya fuese conocedor de las enormes ganas que Tom tenía de besarlo.

—Pero ¿estás consciente de la diferencia de edad? —Siguió Tom, mostrándose molesto por ese dato, que para él era muy importante.

—La edad no me interesa.

—A mí sí.

—No soy tan chico —se defendió Bill.

—Te gano por nueve años, Bill. Eso es demasiado —entornó los ojos brevemente, entre turbado y decepcionado.

Tom siempre había deseado disfrutar con alguien lo suficiente, sin el miedo de que alguno se fuese a morir primero por culpa de la edad. El peor miedo de Tom era ese. Y lo pensaba ahora porque justo en esos momentos no planeaba separarse de Bill. Era como si su gusto por Bill creciera a cada segundo, elevándose fugazmente.

No entendía cómo pasaba, pero también pensaba en el día el cual Bill dejara de sentir gusto por él y se interesara por un compañero de la escuela. Tom ya había sufrido el distanciamiento de Bill por dos semanas sintiendo absoluto gusto, y no podía siquiera imaginar cómo se sentiría cuando se enamorara de Bill y luego se llegaran a separar. ¿Lo soportaría?

—Yo no tengo la culpa de haber nacido cuando tú tenías nueve, Tom. —Era cierto, pero Tom sentía que Bill era un niño a su lado, había diferencia de tamaño, de complexión, de rostro. Se notaba demasiado. —Además hay gente que se enamora habiendo 15 o más años de diferencia —agregó Bill, cruzándose de brazos.

Tom apretó los labios. Era cierto, pero de ese modo no funcionaba para Tom. Sin embargo, le gustaba mucho Bill y si había soportado lo difícil que era admitirlo, también podía soportar la diferencia de edad. Se esforzaría por ello.

Fue de ese modo que los dos tuvieron pláticas torpes, triviales, que finalmente sólo los hicieron tener datos del otro. Durante ese tiempo, no hubo acercamientos ni besos, simplemente búsqueda de información para conocerse.

Era lenta su ‘relación’, pero a Bill le agradaba porque eso lo hacía sentir importante. Era preferible que todo fuese real, sincero y lento, a algo rápido y sin propósito.

&

Como que andamos ‘quedando’

Mandó Bill. Gustav le respondió de inmediato:

Aw, entonces son pre-novios.

Sí, nos estamos conociendo, los dos queremos eso. No sería bueno adelantarnos. Estoy muy feliz, Gus.

Al mandar aquello, Bill levantó la cabeza al ver a Tom entrar a la cocina, su cocina. Bill estaba ahí porque estaba exprimiendo limones para revolverlos con azúcar, sustituyendo eso a la miel con limón. Era bastante noche y era hora de dormir.

—¿Ya casi son las diez, a qué hora me llevarás a casa?

Tom sacó del refrigerador una manzana pequeña y la mordió, respondiendo:

—Dormirás aquí.

—¡¿Qué?! —Con la poca voz que tenía, gritó.

Tom lo miró de re ojo, dándole otra mordida a la fruta. Bill movió los ojos, mirando el piso, asustado. Sabía precisamente por qué estaba asustado, pero no lo diría en voz alta. Lo arruinaría.

¿Acaso Tom quería tener sexo con él? Bill todavía no se sentía seguro para eso, Bill…no quería, tenía miedo a que le doliera, a ensuciar a Tom, porque sería el de abajo ¿Cierto? Bill no tenía fuerzas para ser el de arriba y además no se imaginaba penetrando a Tom…sólo se imaginaba siendo penetrado por Tom.

—No se puede —protestó Bill, aclarándose por enésima vez la garganta.

—¿No quieres quedarte? —Consultó el más alto, ladeando la cabeza.

—Tom…¿tú quieres…? —Bill quería preguntar por la actividad sexual, pero mejor prefirió permanecer callado.

—¿Qué? —Tom no entendió del todo.

—No, nada.

Tom esta vez se sirvió un poco de agua —. No sería bueno que regresaras a casa después de lo que pasó. Amanda está mal, recuerda eso.

Fue debido a eso que Bill comprendió. Aliviado, suspiró, vertiendo varias cucharadas de azúcar a su jugo de limón. Fue por una cucharilla y meneó pacientemente.

Por supuesto que Tom no pensaba en tener sexo con él, ni siquiera lo había besado, ni siquiera lo había abrazado, y los únicos roses que tuvieron fueron de brazos y manos, pero accidentales y a manera de agradecimiento.

Bill también estaba curioso por eso. ¿No le gustaba sexualmente a Tom? No quería sexo con Tom pronto, pero ¿acaso no era lo suficientemente atractivo para Tom? Adorable sí era, pero eso era todo lo contrario al aspecto carnal. Y Bill quería que Tom deseara poseerlo.

—¿Me prestarías ropa para dormir?

Tom asintió. —Te quedaría holgada, pero sí.

Fue así que Bill se comió el azúcar con limón mientras Tom le mostraba la ropa. Por desgracia, toda la ropa de Tom podía usarse como bata de dormir. Sin miedo, Bill escogió un bóxer de lycra color negro y una enorme camiseta de manga larga color café que Tom le mostró. Se pondría calcetines y unos pants sencillos que Tom también le había prestado.

Se bañó primero, usando un champú que Tom tenía guardado, tomando su tiempo para lavarse bien. La regadera olía a Tom, a su perfume y eso aceleró el corazón de Bill, que estaba nervioso por lo que pasaría después. No estaba seguro de cómo pasarían la noche, pero no podía evitar ponerse histérico.

Saliendo de la ducha, se cambió, secándose el cabello con la secadora que se encontraba en el cuarto de baño. Ya bien seco, encontró un nuevo cepillo de dientes y lo utilizó, lavándose arduamente. Al terminar salió, dirigiéndose a las escaleras para ver lo que Tom hacía en la sala. Sonrió como un tonto al verlo beber café y dejar la taza en la cocina. De pronto, Bill se percató de que Tom subiría las escaleras.

Rápidamente salió corriendo, derrapándose en los pisos lisos de manera pulida hasta llegar, de nuevo, al cuarto de baño. No debería estar espiando a Tom, ¿cierto? Igualmente andaban quedando, pero…no quería ser un acosador.

—Te tardaste como dos horas ahí, ¿estás bien?

—¿Yo? —Bill movió la cabeza de izquierda a derecha, muy empecinado. No era cierto ¿O sí? No pudo haberse tardado dos horas duchándose, o eso creía.

—Bueno…—Tom echó un vistazo al cuarto de baño—, es mi turno.

Bill asintió, saliendo casi disparado escaleras abajo para ir a la sala y beber agua. Esperaría en la sala para recibir órdenes de Tom. No sabía en dónde dormiría y tenía mucho sueño. Sólo esperaba que Tom no se tardara tanto en la regadera.

Inquieto, sacó su celular y comenzó a entretenerse con el internet, buscando chistes y riéndose un poco para calmar su agonía y torpeza. Fue sólo poco tiempo pues Tom se le paró al frente con las rastas completamente secas y él jodidamente inmaculado a pesar de su crecida barba.

—¿Está bien si duermes en mi habitación?

Bill agachó la cabeza, pensativo. — ¿En tu habitación?

—Hay dos habitaciones para invitados, pero las tengo ocupadas y no están aseadas. Mi habitación es la única en uso. Yo dormiré en la sala.

Luego de un suspiro de alivio en combinación con aflicción, Bill se quedó callado. Estaba consciente de que no quería nada íntimo con Tom, pero dormir en lugares diferentes era demasiado horrible. ¿O acaso Tom no quería dormir con él?

—¿No quieres dormir conmigo? —Bill esperó una respuesta. Era algo muy pronto dormir juntos, pero tampoco era algo malo. Además Bill no se sentiría bien durmiendo en la cama de Tom mientras éste dormía en la sala —. Digo…Yo no estoy buscando tener sexo contigo, sólo quiero que tú uses tu cama y yo dormir en una.

—Bien, durmamos juntos —refutó Tom, yendo hasta las escaleras para subirlas, deteniéndose antes de pisar el primer peldaño —. ¿No vienes?

Bill se paró del sillón y fue con Tom, subiendo primero. Tom lo condujo hasta su habitación y ambos entraron. El lugar era amplio, la cama lo suficientemente grande y olía maravilloso. Todo era blanco con café, y algunas decoraciones color vino. Se veía cómodo.

Con el corazón palpitando alto, Bill se metió en la cama primero, desplomándose y sintiéndose extraño. Sólo se dormía de vez en cuando en la cama de Gustav, pero esta vez era diferente, porque no sabía si Tom lo abrazaría para dormir o simplemente dormirían por su lado cada quien.

Tom apagó las luces y entró en la cama, sujetando la cobija para cubrirse al igual que Bill, oyendo que éste se ponía de lado, dándole la espalda. Tom lo observó por breves segundos de esa forma, Bill parecía estar temblando y eso era adorable.

Ávido, Tom se acercó y lo abrazó, situando una de sus manos en el estómago de éste al mismo tiempo que se pegaba a su espalda y se enredaba en su cuerpo. Bill se estremeció excesivamente.

—¿Te incomoda?

Bill meneó la cabeza, negándose. Entonces Tom se acercó más, logrando sostenerlo bien. Sentía que tener ese tipo de acercamientos con Bill lo ayudarían a reforzar más lo que sabía que sentía por él. Dormir con Bill era una de tantas oportunidades que tenía para poder ver su reacción ante eso, ante lo que Bill le provocaba. Y quería enterarse de todo. Quería intentar tener algo con Bill. Deseaba conocer incluso cómo dormía.

&

A la mañana siguiente, Bill abrió un ojo lentamente, con esfuerzo.

El sol estaba por entrar por la ventana y quería levantarse, pero no podía moverse; Tom lo sostenía de la cintura con fortaleza y se sentía bien. El cuerpo de Tom era demasiado caliente y cuando rosaba con el de Bill lo hacía sentir jodidamente placentero. Sin embargo, había algo que descolocó a Bill. Era algo que rosaba su trasero, algo completamente duro que tocaba por sobre la ropa.

Exaltado, Bill movió su trasero para asegurar lo que pensaba que era. Al frotar sus nalgas contra lo que ‘fuera’ de Tom, supo que se trataba de una erección. Tom estaba erecto y eso sí que era incómodo, más por la posición en la que estaban. Bill comprendía que se trataba de una erección mañanera, pero ¿por qué tenía que palpitar justo en la separación de sus nalgas? No era desagradable, pero lo hacía sentir raro.

Eso era mucho más íntimo que sólo dormir en la misma cama junto a Tom. Más porque comenzaba a gustarle la sensación dura justo en su trasero. Y era grande, Bill lo podía sentir grande. ¿El pene de Tom era muy grande? Curioso, Bill abrió mucho la boca. Joder, quería saber cuánto media aproximadamente, pero antes tenía que hacerse el dormido hasta que Tom despertara y se apartara.

Continúa…

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Un comentario en «Homofobia 9»

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