«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo 10
“Extraña sensación”
La vejiga de Bill dolía en demasía y explotaría en cualquier momento. Tenía unas enormes ganas de orinar, pero no podía y Tom todavía no mostraba interés por levantarse. Llevaba diez minutos esperando a que se despertara y apartara, teniendo que soportar la descarada erección que se posaba en sus nalgas, incluso aguantando también el fuerte agarre que Tom forzaba en su cintura para mantenerlo cerca.
En varias ocasiones trató de apartarse para calmar el dolor que le provocaba retener la orina, pero simplemente con Tom no podía. Y comenzaba a irritarse por ello. Sin embargo, luego de suspirar y sentir que Tom movía su mano por toda su barriga, la tomó, levantándola y saliéndose sigilosamente para no despertarlo. Acomodó la mano de Tom en la cama y se fue corriendo de puntitas hasta el cuarto de baño
Al llegar, inmediatamente agarró su falo y lo sacó al aire, quedándose quieto frente al retrete para expulsar todo. De pronto una oleada de placer lo retorció mientras su barriga se destensaba. Esa había sido la meada más larga de su vida y se sentía tan jodidamente bien que incluso gimió de alegría, terminando por darle la última sacudida y poner su miembro dentro de las telas.
Se lavó las manos, y ya más cómodo se cepilló los dientes, yendo luego a la cocina por un vaso de agua. Por suerte, el dolor de la garganta se había disminuido y también podía hablar un poco más fuerte. Al llegar abajo se encontró con Heinrich, que corría directo a un estante para decirle que en ese lugar se encontraban las croquetas. Bill comprendió, dándoselas ya sin remojar y tomando ese momento mañanero como un estimulante para pensar en cómo comenzar ese día.
Tom, por su parte, movió la mano que estaba destinada a retener a Bill a su lado, deslizándola de izquierda a derecha, de arriba abajo, sintiendo la tela tibia y la suave sensación del colchón, dándose cuenta que Bill no estaba. Preocupado, abrió un ojo, levantando sorpresivamente medio cuerpo y girando la cabeza hacia todos lados para encontrar lo que fuese del chiquillo. Al darse cuenta que no se encontraba en la habitación, salió de la cama y se dirigió al cuarto de baño, lugar en donde tampoco estaba.
De pronto su corazón se aceleró, amenazando con romper sus costillas brutalmente con cada latido mientras su cabeza gritaba desesperadamente el nombre de Bill. Había, por un grave momento, olvidado cómo hablar, cómo gritar, pero mentalmente lo hacía, volviéndose totalmente loco.
Caminó rápido, dando zancadas llenas de energía para lograr bajar las escaleras, buscándolo visualmente por todos los rincones de su casa, hasta dirigirse a la cocina y encontrárselo de espaldas, acariciando a Heinrich mientras le daba de comer, logrando que aquella sensación de pérdida se fuera despidiendo de su cuerpo.
Verlo acuclillado había sido un grandísimo bálsamo.
—¿Dormiste bien?
Bill giró la cara al oír la voz de Tom, asintiendo poco después. Sonrió y despistadamente vio el cuerpo erguido de Tom, notando que éste seguía erecto –situación que debería haber sido contraria dado al terrible susto que minutos antes lo atacó. Tom al parecer ni siquiera se había dado cuenta de ese detalle, pero Bill esta vez no estaba muy avergonzado por eso, más bien estaba interesado por otra cosa: su estómago vacío.
—Tu cama es bastante cómoda, pero ahora tengo hambre —platicó Bill, llevándose el dedo índice a los labios para pensar.
—Tu voz se escucha un poco mejor.
—De hecho ya no me duele mucho la garganta. —Bill se puso de pie, dirigiéndose al refrigerador de Tom para sacar un bote de leche —. Creo que desayunaremos cereal, oh…tienes fruity loops —jadeó, viendo varias cajas arriba de la nevera. Alcanzó a deslizarse hasta lograr sentarse como flor de loto en el suelo para ver lo que había en los cajones del frigorífico, tratando de hallar fresas o alguna otra frutilla —, amo los fruity loops.
—Bill…
—Tom, creo que tienes que ir de compras más seguido —esta vez rezongó, sacando la cabeza para encontrarse con Tom —, hay muchos espacios vacíos, faltan frutas y verduras, ya sabes…para crecer fuerte y sano, todas esas mierdas.
Bill no era fanático de las frutas y verduras, pero en temporada de invierno siempre cambiaba de opinión y comía demasiado. Inmediatamente después de comentarle ese importante dato a Tom, echó un vistazo a los cajones del refrigerador, removiendo algunos tomates y cebollas.
—Bill, no vuelvas a salir de la cama así como así. ¿De acuerdo?
Fue por cambio de voz de Tom que Bill lo percibió molesto. Tom estaba enojado y no sabía exactamente por qué. —De acuerdo.
—Bien, que sea la primera y última vez.
Dicho eso se fue, dejando a Bill con la boca semi abierta y el corazón palpitando alto.
Bill había visto y escuchado a Tom en estados de furia, pero esa mañana había sido una indignación diferente, puesto que Tom había sido claro, duro y cuidadoso al mismo tiempo. Entonces Bill se dio cuenta que Tom se refería a que no había despertado junto a él. ¿Eso era? ¿Tom estaba molesto por eso? El vientre de Bill comenzó a hormiguear, haciéndolo sonrojar hasta las orejas.
Definitivamente Tom le estaba gustando cada vez más
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Pasaron alrededor de 10 minutos para que ambos volvieran a verse en la cocina. Esta vez Bill se sentía más relajado, descansado, entusiasta. Tenía vergüenza, sí, pero estaba seguro que no se comportaría como un tremendo idiota.
En calma, Bill puso un cuenco de cerámica repleto de cereal en el lugar de Tom, situó la botella de leche en el centro de la barra desayunador y se sentó frente al asiento que había elegido para Tom. Vació leche en su bol y revolvió pacientemente las mini donitas de colores que olían riquísimo.
Tenía tanta hambre que no esperó a empezar hasta cuando Tom se sentara, pero logró no sentirse tan precipitado al notar que Tom tomaba asiento y vertía leche sobre su cereal. Animado, Bill sonrió, masticando toda una cucharada repleta de fruity loops al mismo tiempo que observaba cómo Tom comenzaba a desayunar también.
Durante varios minutos se escucharon los crujidos del cereal siendo aplastados por los dientes, al igual que las respiraciones de cada quien. Y era tranquilo. Lo era porque Bill al fin de cuentas no sabía qué decir.
Tom parecía discurrir sobre asuntos que Bill no calculaba por ahora, y eso daba miedo.
—Esta mañana…bueno, me levanté para ir al baño —sacó, rellenándose la boca de cereal para tomarse el tiempo de pensar en qué responder o qué más decir si Tom llegase a interrogarlo.
Sin embargo, Tom no contestó nada, simplemente se quedó como estaba; sin mirar a Bill y desayunando.
—Tom, ¿por qué no me ves? —El nombrado giró la cabeza hasta Bill, fijando los ojos en él —. ¿Hay algo mal?
—No.
—¿De verdad? Es que te noto molesto.
—¿No debería estarlo, o sí?
Ante aquello Bill se quedó de cuadros. Tom sonaba seco, no como ayer.
—¿Por qué me hablas así? —Riñó—. No pareces el de ayer, no…
«No te entiendo» Diría, pero no pudo continuar. ¿Había algo mal? Bill quería saber lo que le pasaba a Tom.
—No quiero hablar, no ahora.
Que Tom no dijera «No quiero hablar contigo», lo tranquilizó. Pero aun así seguía curioso.
—¿Acaso te estás arrepintiendo de nuestro avance?
Fue esta vez que el rostro de Tom se miró confuso. Frunció el entrecejo y negó para sí mismo más que para Bill. —No. No es eso.
Desde ese momento Bill prefirió callar. Si Tom no quería hablar, no lo obligaría. Para los dos era difícil acostumbrarse a salir con un hombre. Por lo que Bill había notado Tom incluso no estaba de acuerdo con su joven edad y desde ayer había guardado su distancia, le había respetado hasta los vellos y cuidado durante toda la noche. Tom no quería actuar precipitadamente, no quería arruinarlo.
Y Bill, él no deseaba estropearlo tampoco, aunque ya comenzaba a tener mucha curiosidad por el pene de Tom. Se sentía algo apenado al pensarlo, pero por su cabeza pasaban imágenes de Tom tocándolo, besándolo. Deseaba ver qué tan grande era el pene de Tom y también anhelaba probar su sabor. ¿Le cabría todo en la boca? Nunca antes había pensado en algo así, pero desde temprano esos cuestionamientos superaban cualquier otra cosa.
Decidido a pasar de largo que Tom no quisiera hablar, Bill siguió comiendo su cereal, enfocado en las pequeñas donitas flotantes. Hacía bastante tiempo que no comía Fruity Loops y se sentía feliz por disfrutarlos junto a Tom. Se preguntaba ¿cuánto más compartiría con él? Deseaba compartirlo todo, incluso hasta lo más penoso, porque Tom podía provocar cualquier cosa en él, podía manejarlo fácil y porque lo respetaba.
Bill no tenía miedo a que Tom le fuese a hacer daño, incluso al recapitular que había sido golpeado anteriormente por él. Conocía al Tom agresivo, al dañino, pero ya no temía, más bien se llenaba de vergüenza. ¿Cuándo dejaría de sentir vergüenza? No lo sabía. Aun así era hermoso portarse estúpidamente frente a Tom. Algo en Bill deseaba que Tom viera su lado penoso, que conociera y sintiera lo que le provocaba.
No obstante, se sentía un total pervertido, un tonto soñador. Además era virgen y necesitaba hablarlo con Tom. La única mortificación de Bill era que Tom no quisiera tocarlo más allá, ya que sinceramente en esos momentos se sentía olvidado en ese aspecto debido a que Tom ni siquiera lo había besado ni abrazado.
¿Cuándo tendría mínimos y cotidianos acercamientos con Tom? Quería ser besado por él, también deseaba sentir las manos de Tom sobre su cuerpo de nuevo, como anoche y en esa mañana. Lo más seguro era que volviera a sentir a Tom así de cerca a la hora de dormir, por eso esperaba ansiosamente a que llegara ya. Jamás había deseado irse a dormir estando apenas comenzando el día. Pero ¿Dormiría con Tom también esa noche? Se mordió el labio, ciertamente necesitaba estar seguro primero.
—No te conozco lo suficiente, eres un menor de edad, no tenemos intimidad, no tienes si quiera 24 horas estando aquí… —Bill alzó la vista, fijando sus pupilas en Tom—, y no puedo calmarme cuando no te encuentro por ningún lado. Eso es algo que jamás había experimentado, así que sólo tenme un poco de paciencia porque realmente me estoy esforzando.
Bill abrió la boca para hablar, pero terminó por mover la cabeza de arriba abajo, estando de acuerdo.
Al terminar el desayuno, Bill levantó su tazón y fue a lavarlo, sintiendo que era observado por Tom, quien comenzaba a acercarse para ir a lavar su traste también. Bill se hizo a un lado y miró de re ojo a Tom. Sentía que parecían una pareja de recién casados, una muy adorable pareja de recién casados aunque sin luna de miel por el momento, por supuesto. Soltó una risilla tras fantasear, ocultándola de pronto cuando Tom se secó las manos y le agarró el brazo, justo en un bíceps no ejercitado.
Curioso, Bill lo miró a los ojos, perdiéndose en ellos de un segundo a otro para después volver en sí y divisarlo a la perfección. Miraba a Tom, sus facciones, sus brillantes ojos, su barba crecida, sus preciosas rastas y sus carnosos labios. Era jodidamente apuesto y masculino. Le encantaba así, tanto, que sintió que Tom se impulsaría para acercarse un poco más y besarlo, pero se quedó estático cuando el rastudo suprimió el agarre y se alejó, dando dos pasos hacia atrás.
—Si el refrigerador está tan vacío, entonces debemos ir de compras.
Las cejas de Bill se juntaron, formando una línea y expresando de ese modo todo su tiberio. Estaba demasiado seguro que en ese momento Tom se lanzaría para besarlo, pero al final de cuentas había terminado alejándose. Bill de inmediato relacionó eso con la preocupación de Tom de acuerdo a la diferencia de edad, pero no estaba muy seguro.
Desde ayer Tom había insinuado que le daban ganas de besarlo, y poco después había comentado sobre la diferencia de edad. ¿Era eso? ¿Tom miraba a Bill como un pequeño? ¿Se sentía como un pervertido? ¿Pensaba que era pedófilo? No, eso último sería demasiado, además Bill no era tan chico.
Sonriendo, Bill asintió a lo que Tom proponía. Le parecía divertido salir de compras junto a él.
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—¿Quién era? —Gustav inquirió al ver que Georg terminaba de hablar por teléfono. Ese día habían quedado en ver una película en casa del psicólogo y justo esa llamada había interrumpido el comienzo del film.
—Elvia —contestó simple, yendo hasta el sofá y quitándole el pause al reproductor.
—Ah…—murmuró el otro, metiéndose a la boca un puñado de palomitas, terminando por hablar con la boca llena—: ¿Y qué quería?
—Nada en especial, sólo checar unas entrevistas.
—¿Y por qué te habla en tu día libre?
—No lo sé, supongo que es porque es mi nueva secretaria personal.
La boca de Gus se torció en notable molestia. —No me agrada.
—¿Qué no te agrada?
—Ella, esa tal Elvia. Me cae mal —tronó, mirando a Georg fijamente.
—No la conoces como para decir algo así.
—Ha interrumpido todas nuestras citas, incluso interrumpió el comienzo de la película y en tu día libre. ¿No es el colmo? Y a ti que te encanta hacerle caso ¿recuerdas cuando me dejaste esperando ayer por estar con ella? ¡Y quién sabe qué hacías con ella, porque se nota que está muy interesada en ti!
—¿Qué estás insinuando? ¿Estás celoso?
Gus rió. — ¡¿Qué?!
—No tienes por qué ponerte celoso, ella y yo sólo somos colaboradores.
Al oírlo, Gustav se cruzó de brazos, mirando la televisión y luego virando hasta Georg. —¿Te sigo gustando?
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Porque ya no me lo dices como antes —reprochó, sintiendo que sus labios temblaban.
—¿Y soy correspondido? Llevamos saliendo semanas y nunca me has dicho que te gusto. ¿Te gusto?
Gustav cerró los ojos, tenso. No sabía cómo responder. Se la pasaba genial con Georg, le gustaba que Georg lo quisiera cerca y desde una semana le habían dado ganas de besarlo, pero era demasiado extraño sentir eso por un hombre. Era algo nuevo que no podía controlar y que lo hacía guardar distancia.
De una cosa sí estaba seguro; si seguía rechazando a Georg entonces él se cansaría, y Gus no quería que se cansara de él.
—¿O no puedes decirlo?
No. Gustav no podía siquiera respirar bien. No podía decirlo, pero demostrarlo sí. Y lo haría, lo hizo al acercarse lentamente, viendo los verdes ojos de Georg a la perfección. Se fundía en ellos, se veía reflejado y aquello lo hizo sentir un poco tranquilo. Los labios de Georg eran delgados, y su nariz tan perfecta que sus ojos no dejaban de merodear, de ver cada facción de su rostro.
Ágil, Georg subió ambas manos hasta situarlas en las mejillas de Gustav, juntando sus labios con los contrarios, abriendo la boca y sujetando sin fuerza pero con firmeza el labio inferior de Gustav, hasta añadir su lengua por un costado. Gustav cerró los ojos de golpe, moviendo su cabeza para ajustarse a la boca del otro, incluyendo su lengua también.
La fricción húmeda causó un temblor en la boca del más pequeño, incluso llevándolo a separarse un poco para huir del contacto. Necesitaba respirar. No entendía cómo había pasado eso, pero le gustó y quería más. Por ello deslizó su lengua por la hendidura de su boca semi abierta, acercándose un poco para volver a colisionar sus bocas.
Georg lamió tentativamente los labios de Gustav, abriéndoselos un poco más, logrando meter, nuevamente, su resbaladiza lengua. Fugazmente, Gustav abrió los ojos, entornándolos al darse cuenta que Georg lo miraba fijamente. Pero aunque sentía su mirada, no la apartó y siguió besándolo, probándolo.
Tras insistentes jadeos, Gustav se separó un poco para tomar aire. Su frente amenazaba con sudar y hacía bastante frío como para transpirar. Georg comprendió, tomando un respiro también, moviendo sus dedos hasta posar el pulgar sobre los labios de Gustav, aproximando su boca codiciosa a su mejilla y terminando por besarlo dulcemente ahí.
—Esperemos que esto no se vuelva incómodo —murmulló Gus, titubeante.
—Si nos gustamos no tiene por qué ser de esa manera.
Los labios del rubio se curvearon en una pequeña sonrisa. —Ese fue mi primer beso con un hombre —se lo recordó a sí mismo en voz alta.
Georg le acarició lentamente la comisura de los labios. —También el mío.
—Prométeme que con este beso no cambiará nada. Quiero que sigamos saliendo como antes.
—¿No quieres una relación seria conmigo?
Un silencio tormentoso inundó a los dos, pero Gustav pudo hablar después de tomar una gran bocanada de aire—: Ahora no. ¿Sabes? Es muy pronto…—dijo quedamente, temeroso.
Bastó que sus hombros se encogieran para que Georg comprendiera, respondiendo:
—Bien, estoy de acuerdo, pero ¿qué sentiste con el beso? ¿Te agradó? —Cuestionó, deteniendo sus pupilas en las de Gustav, mirándolo fijamente.
—¡No me mires así! —Discutió, apartándose a Georg con la mano y echándolo a un lado—. El beso me pareció bien, sentí bonito. Me gusta cómo besas y también tus labios.
Ante eso, Georg sonrió. A él le pasaba igual, bastante parecido.
—Me encantas —comentó, asegurándoselo al besarlo de nuevo, esta vez siendo un choque por sobre los labios y lo suficientemente corto como para desear más.
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Durante la mañana Tom acompañó a Bill a su casa para que se cambiara de ropa. Por suerte Amanda no se encontraba allí y la ropa de Bill estaba intacta. Su recámara seguía como antes y eso demostraba que Amanda no era capaz de quemarle sus pertenencias, tirárselas o romperlas.
—Empaca todo, sin olvidar nada.
—¿Empacar? —Los vellos de Bill se crisparon. Su cerebro más o menos sabía lo que Tom diría, pero quería escucharlo de sus propios labios.
—Hablé con Frank y le conté sobre todo. Te quedarás en mi casa hasta que los problemas se arreglen ¿o no estás de acuerdo?
—¿Qué? ¡Sí! Sí estoy de acuerdo —Claro que sí estaba de acuerdo si eso significaba que dormirían juntos todas las noches y que estaría con él la mayoría del tiempo—. Pero tengo mucha ropa, Tom —señaló su closet.
Tom fue hasta ese lugar especial, abriéndolo y encontrándose con un montón de ganchos, incontables prendas de diversos colores y formas, desde cuero hasta ropa de algodón. Bajó la vista al piso y halló una montaña de cajas y zapatos que seguían sin estrenarse.
—¿Todo esto es tuyo? —Bill asintió—. Es demasiado para una sola persona.
Bill no supo cómo tomar ese comentario, pero lo hizo positivamente. Hablar sobre su gusto por la ropa era algo que tenía que aclararle a Tom, dentro de todos los temas, ese era uno que no habían tocado a fondo.
—Lo sé, creo que la última vez compré mucho —rascó su cabeza para pensar en ese día tan memorable.
—¿Entonces te gusta ir de compras?
—Síp —contestó inmediatamente, agarrándose las manos y entrando en su closet hasta situarse en medio de las telas —. Amo la ropa, tienes que saber eso, Tom.
—Ahora lo sé.
—Y me gustan también los rollitos primavera y la pizza, mhmm —jadeó, saboreándose—. También las hamburguesas y la pasta. Y los perros también —soltó emocionado, recapitulando el rostro de Heinrich —. Amo pasear y que me mimen. También me gusta cómo se me ve el color negro —añadió, sumergiéndose en la ropa para sacar varios pantalones y mallas apretadas.
—¿Y cabes en eso?
—¡Por supuesto que sí, Tom!
—Es muy…—sostuvo unas mallas color negras pacientemente, inspeccionándolas—, pequeño.
—Bueno, yo soy delgado, pero peso mucho.
—No pesas nada, Bill, necesitas comer más —se sinceró, viendo que Bill hacía un puchero.
—Oh, sí…por un momento había olvidado que me cargaste como un costal de papas ayer —dijo, sacando su maleta y metiendo varia ropa dentro—. Todo esto se siente muy extraño ¿verdad? Ya hablamos más y eso, también ya conoces mi guardarropa. Antes…ni siquiera me mirabas. Todo esto se siente extraño.
Tom entornó los ojos, viendo atentamente la habitación de Bill, terminando por ver al dueño. —Sí, es demasiado extraño, pero se siente bien estar contigo.
—Síp, también se siente muy bien estar contigo, porque ¿sabes?…haces que mi corazón se acelere y no me deje respirar. Maldito corazón chiflado —maldijo, observando esta vez a Tom, que no le apartaba los ojos de encima —. ¿Quieres sentir cómo mi corazón se acelera? —Cuestionó seguro, ya sin pena alguna. No tenían por qué darle vergüenza las reacciones de su cuerpo, de hecho quería ser lo más sincero posible con Tom.
El rastudo se quedó paralizado, viendo cómo Bill, sin todavía recibir respuesta, corría hasta él y agarraba una de sus manos para situarla sobre su pecho, directamente del lado izquierdo, cerca del corazón. Tom permaneció en silencio, percibiendo los potentes latidos contra su mano.
—¿Sientes eso? —Inquirió Bill, sonriendo como tonto—. ¿Tom?
Tom sonrió de medio lado, diciendo que sí, apartando rápidamente su mano del pecho de Bill. Éste comprendió; eso era demasiado tacto ¿cierto? ¿Había sido algo muy extraño? Bill no supo cómo reaccionar a eso, por lo que prefirió olvidarlo. Fue hasta su maleta y siguió empacando, siendo ayudado por Tom en varias ocasiones.
Al terminar Tom llevó su maleta a la cajuela y se dirigieron a la casa de Tom para dejar todo en la sala. Más tarde Bill tramaba desempacar, por el momento deseaba ir cuanto antes de compras, y así lo hicieron.
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Cuando las puertas eléctricas se abrieron, cediéndoles el paso, Bill sonrió enormemente, impregnado de entusiasmo. Bill amaba ir a Walmart a surtir la despensa, inclusive él había elegido el lugar para ir de compras e ir con Tom no era para menos.
Era la primera vez que salía a solas con Tom a un lugar, era la primera vez que caminaba a un lado de Tom públicamente, era la primera vez que visitaba el supermercado con Tom y no sabía cómo llamarle a eso. ¿Estaban teniendo una cita? Bill se llevó el antebrazo a la boca, sonriendo y escondiendo sus labios curveados en la manga de su suéter.
Rápido cogió un carrito, conduciéndolo hasta el área de frutas y verduras. Tom lo siguió, poniéndose a su lado.
—¿Puedo elegir yo también? —Tom sonrió, contestando de ese modo que sí.
Al ver la respuesta, Bill fue hasta un área solitaria, tomando manzanas, peras, naranjas y eligiendo muchas guayabas, duraznos, fresas, limones y cocos. Luego se dirigió hasta las papas y tomó algunas, pasando por el tomate, la cebolla, el ajo, la berenjena, el aguacate y concluyendo con un poco de chile.
Con el carrito cargado de cosas, caminó hasta el área de panadería.
—Tom…—musitó, viendo directo hasta los cuernitos rellenos de queso philadelphia y jamón serrano, sintiendo a Tom a su lado—. Quiero llevar pan ¿puedo?
—Sí, ¿También te gustan? —Tom detuvo a Bill con eso.
—Amo los cuernitos con todas mis fuerzas —asumió Bill, tomando una bandeja de plástico y unas pinzas para agarrar cinco cuernito rellenos.
—Ponlos todos. —Tom lo hizo detenerse, devolviéndolo hasta el área de cuernitos.
Bill obedeció, poniendo en su bandeja los 10 cuernitos que había. Se los empacaron y salieron de esa estancia para ir a las demás, parándose en cada rincón, echando al carrito todo lo necesario para comer y limpiar la casa. En cajas, ambos se miraron entre sí luego de ver la gran cantidad de cosas que comprarían, bueno, que compraría Tom porque Bill no tenía ni un centavo en esos instantes.
Para suerte de Bill, no había sido tanto dinero debido a las ofertas que aprovechó, como lo eran los súper combos y los dos por uno. Luego de pagar, se dirigieron a la camioneta de Tom, poniendo todo en la cajuela hasta subir e irse. Estaba oscureciendo y comenzaba a helar lo suficiente para que Bill enfermara como antes. Y ninguno de los dos quería eso.
—No sabía que te gustaban tanto como a mí—Bill soltó una risilla, dándole una mordida a uno de los tantos cuernitos rellenos que habían adquirido —. Vaya, tenemos cosas en común —canturreó, poniendo el cuernito que mordisqueó frente a la boca de Tom.
El rastudo obedeció y mordió el pan, comiendo también. Bill retiró el panecillo y le dio otra mordida, sonriendo al ver su estúpido reflejo feliz en la ventana cerrada. Sí, le había dado de comer a Tom, estaban comiendo del mismo pan además. ¿Qué había sido eso? No sabía exactamente, pero le agradaba convivir de ese modo con Tom.
Llegando a casa, inmediatamente guardaron las cosas, mientras Bill se encargaba de ordenarlas, sintiéndose ya muy cómodo en la casa de Tom. Heinrich comió primero y se entretuvo un rato con una pelotita que su dueño le había comprado semanas atrás mientras que éste y Tom cenaban pizza.
—Me encanta la pizza o cualquier tipo de comida comprada, pero deberíamos cocinar más seguido —opinó Bill graciosamente, yendo por su segundo pedazo de pizza. No quería que Tom gastara mucho en comida comprada, prefería mil veces cocinar aunque no supiera. Quería intentarlo.
—Yo no sé cocinar ¿tú sabes coci…? —Tom se detuvo, no queriendo equivocarse; había olvidado incluso lo que tiempo atrás había pasado, pero en esos instantes podía recordar el horrible trato que le había dado a Bill aquella vez que cocinó para él. Y no sólo, también se acordaba del golpe que le dio, de llevarlo con su amigo Georg para que lo tratara psicológicamente, y de lo terrible que lo humilló cuando lo obligó a hacer el Striptease.
Era imposible olvidar algo como eso. ¿Por qué Bill le daba una oportunidad a pesar de haber recibido golpes e insultos? Tom no quería pensar en el pasado, pero lo hacía sin desearlo.
—Bueno…—Bill contestaría a la pregunta, pero recordó aquella vez que Tom lo había obligado a cocinar pasta al mismo tiempo que lo insultaba. No quería recordar algo como eso, pero había sido inesperado. Tom semanas antes pensaba que los hombres no cocinaban porque esa era tarea de chicas, pero ahora parecía diferente —. ¿Esta vez si vas a comer lo que prepare? La vez pasada…no quisiste comer lo que preparé. Entiendo eso…se veía como vómito, así que…sí, se veía horrible la pasta, te entiendo. Esta vez aprenderé a cocinar para ambos.
—Lo lamento. —Bill negó con la cabeza al escuchar que Tom pedía disculpas—. Lo siento mucho, Bill. No te merecías lo que yo te hice antes. No deberías estar en estos momentos aquí después de lo que sucedió. Ninguno puede olvidarlo, nunca lo olvidaremos —agregó, fijando sus ojos en Bill, quien respiró profundo para llenar sus pulmones.
El corazón de Bill dio un vuelco, sabía que la relación no funcionaría si se la pasaban pensando en el pasado.
—Por eso estamos aquí y juntos, para poder hacer las cosas bien ¿No crees? —Animó Bill, mordiendo de nuevo su pedazo de pizza. Tom sonrió, entre aliviado y orgulloso de tener a un Bill tan positivo —. La pizza es testigo del cambio, ¿recuerdas que aquella vez también compraste pizza? —Tom asintió, recordándolo a la perfección—. Bueno, entonces hay que relajarnos.
Tom curveó los labios, divisando cómo los ojos de Bill brillaban de alegría. Bill estaba feliz, sin importar el pasado.
— ¿Sabes? Me alegro de haberte conocido.
Bill sonrió, nervioso, levantando luego la cabeza para ver a Tom. No esperaba escuchar algo como lo anterior, pero estaba feliz, por ello contestó:
—Me debes un pastel de tres leches, recuerda que te libré de Amanda, ella es un monstruo —alzó las cejas y soltó un alto suspiro—, qué bueno que no te casaste con ella. Igual y quién sabe… a lo mejor impedía tu boda ¿Te imaginas? ¡Qué memorable hubiese sido eso!
De la boca de Tom salió una corta risa, Bill estaba loco de remate.
—No te rías ¿o no me crees capaz de hacerlo? —Hizo un mohín, sonriendo complacidamente al ver que Tom también le sonreía.
—¿Hubieses sido capaz de impedirla?
El chiquillo infló los cachetes. —Bueno…tenía planeado olvidarte, pero en realidad extrañaba verte y entrometerme, así que lo más seguro es que sí. Pero cancelaste la boda y me buscaste.
—Sí, porque me evitaste por dos semanas.
Las mejillas de Bill se pintaron de rojo, lo podía sentir porque la cara se le había comenzado a poner caliente. Ese tema lo hacía avergonzarse un poco.
Por otro lado, Tom estaba agradecido y seguro ya que si Bill no lo hubiera evitado, entonces hubiese tardado más en darse cuenta de que le gustaba y de que quería intentar algo con él.
Prontamente, Bill miró directo las cajas de pizza, inclinándose exageradamente para verlas bien. — ¡Ay, hay mucha pizza! ¿Crees que nos la terminemos?
—Bill, no cambies de tema —pidió sin dejar de verlo.
—No lo estoy cambiando —increpó, jugando con los labios al esconderlos hacia adentro detenidamente, terminando por morderse la comisura de su labio inferior.
—Sí, lo estás haciendo, justo ahora.
—¿Yo? —Movió la cabeza de un lado a otro, negándose y tomando un nuevo pedazo de pizza.
—Bill…
—Vamos, Tom. ¿Por qué habría de cambiar de tema así como así? —Levantó una de sus cejas, travieso.
—Porque te pone rojo hablar de cuando me evitabas. Te pone rojo ese tema, me he dado cuenta de ello.
—Entonces si sabes que me pongo rojo, ¿por qué siempre sacas ese tema?
—¿Por qué será? —Jugueteó también, viendo cada movimiento de Bill, desde sus pestañeos hasta sus manos temblorosas.
Bill movió la cabeza alocadamente, nervioso. Luego abrió mucho la boca.
—¡Ay, es porque te encanta verme todo rojo y además te gusta molestarme. Pero tú también te pones rojo! —Lo apuntó seriamente.
—No me pongo rojo, eso es mentira
—¿Mentira? ¡Por supuesto que no! Tú puedes ponerte rojo si me lo propongo, ¿Cuánto quieres apostar?…—Salió aprisa de la silla, poniéndose de pie hasta acercarse a Tom, inclinándose un poco para mirarlo a los ojos fijamente al mismo tiempo que sujetaba sus mejillas.
—¿Por qué te empeñas tanto? No soy de los que se sonrojan —mencionó con firmeza, sin apartar los ojos de los de Bill, que brillaban desmesuradamente.
—¿De verdad? —Jaló una de las mejillas de Tom, terminando por acariciar su barba y accidentalmente un poco de su bigote—. ¿Seguro? —Susurró, esta vez sentándose a horcajadas en las piernas de Tom, rodeándolo y mirándolo fijamente, cara a cara. Apretó los costados de Tom con sus piernas y acarició sabiamente, sintiendo la tez y lo rasposa que era la barba —. ¿Y ahora qué tal?
Los ojos de Tom se volvieron ilegibles, cargados de un sentimiento que Bill no supo descifrar aunque se empeñara en encontrar el significado de esa mirada.
—Deja de comportarte como un niño —tronó Tom, agarrando las manos de Bill y apartándolas de su cara. Bill retrocedió, separando su cuerpo del de Tom pero sin ponerse de pie, notando que la mirada de éste era bastante gélida y que lo lastimaba.
Bill se cuestionó internamente si había hecho algo mal, bien, nunca debió sentarse sobre Tom y acariciarlo, buscando con eso seducirlo, aquello podía malinterpretarse. Tom podía pensar que Bill se le estaba ofreciendo, o simplemente sentirlo como un niño jugando sobre él. ¿Eso era? ¿Al final de cuentas Tom no lo veía atractivo de manera sexual? ¿Lo miraba como a un niño? Quería saberlo, pero no lo preguntaría. Se sentía jodidamente furioso por su manera de actuar, de sentarse sobre Tom y buscar provocar algo en él, estaba muy avergonzado por no poder esconder el deseo que le despertaba por sentir el cuerpo de Tom cerca del suyo.
Se sentía un imbécil por seguir sentado sobre Tom, por no poder decir nada al respecto. Tom no se miraba con ganas de decir algo más y de igual modo Bill no lo quería escuchar. ¿Por qué Tom lo rechazaba? Apenas estaban tratando de conocerse, pero ni siquiera se habían agarrado de las manos o abrazado. No habían hecho nada que expresara el esfuerzo para darse una oportunidad, y Bill no quería que Tom lo viera ridiculizado.
Pensaba levantarse e irse a esconder al baño para llorar, pero sucedió algo mucho mejor. Su celular comenzó a vibrar en el bolsillo central de su sudadera. Lo cogió rápido y contestó la llamada de Gustav.
—Bill, Georg y yo estamos en la puerta de la casa de Tom ¿No están? Lo que pasa es que llevamos tocando por cinco minutos y nadie nos abre —Bill escuchó, sintiendo también que las manos de Tom agarraban por primera vez sus muslos con un firme toque.
—Sí, sí estamos, en un momento voy —susurró, apartándose precipitadamente de Tom y saliendo del comedor para ir directo a la puerta principal, dándose cuenta que Tom iba tras suyo —. Gustav, cuando entres deja en claro que vienes por mí y llévame lejos, te lo suplico —dijo quedito para que Tom no lo escuchara.
De ese modo y sin escuchar la respuesta de su amigo, abrió la puerta, encontrándoselo junto a Georg. Sonrió impaciente, haciéndolos pasar.
—Llevamos mucho tiempo tocando ¿Por qué no abrían? —Georg sonó pícaro, sugerente.
—Estábamos cenando, no escuchamos nada —resolvió Bill velozmente, impidiendo que Tom hablara.
Al escucharlo diferente, Gustav hizo lo que su amigo le pidió:
—He venido a robar a Bill. —Georg frunció el ceño, desconociendo ese dato. Se suponía que irían para cenar lo cuatro juntos, pero los planes habían cambiado atropelladamente—, lo cierto es que Bill y yo nos habíamos reunido para ver el nuevo capítulo de la serie que tanto nos encanta —siguió Gus, jugando con el brazo de Georg —, y ya está muy oscuro afuera, por eso Georg y yo hemos venido por él.
La tensión de la atmósfera fue lo suficientemente notoria para que se pensara que había algo mal pasando ahí.
—Sí, claro —Georg apagó el silencio que existía, estando de acuerdo con el cambio de planes.
—Sólo agarro mi chaqueta y nos vamos —concluyó Bill, caminando hasta uno de los sillones, encontrando su chaqueta y ajustándosela de camino a la puerta de salida, en donde todos estaban. Cargó a Heinrich y lo cubrió con su cobijita, se lo llevaría también.
Tom dio dos grandes zancadas para atraparle del codo, presionando inconscientemente muy fuerte, Bill movió su brazo para que lo soltara. —Me estás lastimando, Tom.
Apenas escuchó, Tom relajó el agarre, presenciando cómo Bill salía de su casa inmediatamente, sin siquiera mirarlo a la cara. Gustav salió después y seguido de él Georg, éste último palmeó el brazo de Tom, diciéndole de ese modo que volvería apenas dejara a los chicos a su destino.
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Durante el camino Bill no lloró ni habló sobre lo acontecido, más bien buscó que Georg no supiera que no quería estar cerca de Tom al menos por esa noche. Gustav le siguió el juego, sacando a colación asuntos triviales para alegrar el momento hasta llegar después de quince minutos a su casa.
Al bajar, despidieron a Georg y entraron a la casa. Bill corrió hasta la habitación de su amigo con Heinrich en brazos para dejar al can dormido en la alfombra mientras que él, por su parte se tiraba en la cama. Gustav se sentó junto a él al llegar, tocando cuidadosamente su cabeza.
—Bill, ¿Por qué estás llorando? ¿Qué es lo que está pasando?
—Todo iba bien —dijo, apartándose las lágrimas de toda la cara—, quedamos en que nos conoceríamos, incluso ni siquiera nos besamos ni nos tocamos de más, de hecho dormimos juntos y me abrazó. Yo pensé que todo estaba perfecto, porque me respeta, me cuida y es racional, hace un rato me pidió disculpas por la manera en que me humillaba antes y le dije que comenzáramos de nuevo y olvidara eso. Y…
—Bill, ¿puedes ir más despacio? No estoy entendiendo muy bien… A ver, respira hondo. —El pelinegro cedió, respirando profundo y cerrando los ojos para poder tranquilizarse—, ahora bien, comienza desde el principio, desde lo que pasó ayer en la noche.
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Después de un rato Gustav pudo escuchar detalladamente la historia de Bill, que batalló para entender pues no dejaba de llorar y sacudirse la nariz.
—¿Entonces dices que está evitando tocarte y besarte? —Bill asintió—, ¿y que terminaste subiéndote a sus piernas para hacerlo poner ‘rojo’ por un impulso porque querías sentirlo cerca?
—Sí. Yo lo entiendo, Gus, entiendo que para él es difícil y respeto eso. Créeme que estoy de acuerdo con que no quiera tocarme ni besarme por la diferencia de edad que existe entre nosotros, por tardar en acostumbrarse a una relación homosexual, o por el simple hecho de no basar nuestra relación en sexo, pero simplemente esta noche me dolió que me rechazara. Me entraron unas terribles ganas de llorar cuando me dijo que dejara de comportarme como un niño, me dio cólera, rabia por haber sido rechazado en el proceso de seducción. Me sentí muy avergonzado porque lo que menos quiero es que Tom haga algo que no quiere conmigo. No quería presionarlo, pero esta noche lo presioné demasiado y él simplemente me apartó, reiterando que yo sólo estaba comportándome como un niño. Sé que es ridículo que huya por algo como eso, pero me hubiera sentido peor estando ahí y dormir en su casa, o en su cama después de haber sido rechazado. No tengo ganas de verlo, no tengo ganas de escucharlo, no quiero si quiera hablar con él sobre lo sucedido. Simplemente quiero que Tom lo piense y se esfuerce por mí, si pudo abrazarme al dormir ¿Por qué no se atreve a besarme o a abrazarme durante la mañana o tarde? Yo me atreví a sentarme en sus piernas para que nuestros cuerpos se sintieran e incluso estuve a punto de besarlo, pero me rechazó. Y no quiero que me vuelva a rechazar porque se siente horrible.
—Ay, Bill, Joder, es que te pudo haber hablado seriamente y contado lo que le pasaba, pero debiste ver su cara de preocupación cuando recién abrías la puerta para recibirnos. Debiste verlo, Bill, debiste ver su cara de miedo. Parecía temer perderte.
Bill movió la cabeza de arriba abajo, respirando ruidosamente y secándose la nariz con más papel higiénico, dejando una bola más en la monstruosa colección de papel higiénico moqueado que había sobre la cama. —Sí, de hecho en la mañana se enojó porque me levanté a orinar y no me encontró en la cama y a su lado, inclusive me pidió que no volviera a salir de la cama así como así.
—¿Tanto así?
—Síp.
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—¿Lo rechazaste? —Georg casi escupió el café en la barra desayunador—. ¿Por qué lo hiciste si me acabas de decir que tienes unas tremendas ganas de tocarlo?
—Porque me siento un total pervertido al querer sentirlo. Joder, debiste verme en la mañana cuando no lo encontré en la cama, me aterré demasiado. Con una sola noche tuve para sentirlo completamente mío a pesar de no haberle…a pesar de no haberle hecho el amor. Me siento muy bien cuando platicamos y cuido de no lastimarlo más de lo que ya hice, pero soy un jodido pervertido al quererlo tocar de una manera diferente porque me gusta que sea frágil y con menos edad que yo. Me pone cachondo que sea un adolescente y yo alguien más grande, al principio pensé que sería un problema, pero hoy me di cuenta que es un estimulante —suspiró lleno de fatiga—. Lo peor de todo es que apenas tenemos un día conviviendo juntos y él se ha vuelto demasiado atractivo, y es extraño para mí porque no sé hasta qué punto estoy llegando con él. No sé cuándo comencé a desearlo, sólo sé que mis deseos van demasiado aprisa y que Bill puede asustarse con eso. Es que, mierda…incluso lo deseo a pesar de no saber todo el proceso para comenzar una relación sexual entre dos hombres. Siempre había pensado que era asqueroso, lo más estúpido y enfermo del mundo, pero junto a Bill es diferente.
—Vaya…esto sí que no me lo esperaba. Se nota que nos faltaba hablar, un solo día sin hacerlo y mira lo que pasa. —Movió las manos para proseguir—: Pero te entiendo, a nuestra edad una relación sin sexo no es relación y por lo visto a ti te falta que te pongan atención en ese aspecto, porque eso de dormir en la misma cama y no hacer nada… —Georg rió, viendo cómo Tom caminaba por toda la cocina, de un lado a otro, agobiado—. Oye, pero entonces ¿cómo reaccionó Bill cuando le dijiste que dejara de comportarse como un niño?
—Ni me lo recuerdes, se miraba decepcionado, avergonzado y bastante molesto. Pero no pude reaccionar de otra forma al sentir que en cualquier momento descubriría mi erección. Porque ni siquiera se dio cuenta que estaba completamente excitado mucho antes de que se sentara en mis piernas. No sé cómo no pudo sentirlo.
—¿Tanto así, Tom? —Éste asintió—. Bueno, es necesario que le digas a Bill todo lo que me estás diciendo, pero con más sutileza.
—Se lo pienso decir, sólo espero que no se asuste y piense que solamente quiero tocarlo. Creo que estoy yendo demasiado rápido con él y yo no tenía eso en mente.
—Ni creas, fue completamente absurdo el que tuvieras en mente ir lento con él. Te conozco y eres del tipo de persona que si pudiera tendría sexo toda la semana, incluidos los fines. Y me sorprende que hayas dormido con Bill y que no lo besaras ni una sola vez, ese no es el Tom que conozco.
—Simplemente quería ir lento, quería conocerlo a fondo sin tomar en cuenta que me fascina tener sexo. Jamás pensé que me fuese a gustar un adolescente después de todo lo que ocurrió con mi familia, eso semanas atrás fue difícil de asimilar, por eso quiero que entre Bill y yo todo esté bien. Sólo quiero hacer las cosas bien.
Georg rodó los ojos para ver a Tom directamente.
—Se escuchará muy extraño, pero el sexo es algo que refuerza las relaciones y si ambos se desean pues no hay nada de malo. Y si no te da asco el simple pensamiento de tocarlo o besarlo entonces estás superando poco a poco tu problema a pesar de que el único hombre que te gusta sea Bill. Eso es un avance muy grande y si lo consumas puedes dejar toda la tensión sexual que te recorre, porque eso es lo que tienes, es pura tensión sexual.
Tom asintió rápido, dándole la razón a su mejor amigo. —Eso es perfectamente lo que pienso, pero Bill sigue siendo un menor de edad y las relaciones sexuales conllevan grandes responsabilidades.
—Lo dices como si Bill pudiera embarazarse.
Tom se relamió los labios, ladeando la cabeza.
—Y ese también es otro punto. Bill no puede embarazarse, y uno de mis grandes sueños es tener hijos ¿recuerdas?
Al escucharlo, Georg confirmó una vez más que Tom en verdad pensaba en Bill como una pareja seria. Tom no sólo veía a Bill para una relación simple, sino una duradera.
—Tom, de que puedes tener hijos, puedes, sin Bill o con Bill. Existen muchos métodos como el vientre alquilado y la adopción. No te preocupes por eso en estos momentos.
—Tengo 25 años, Georg, y ya comienzo a interesarme por algo más serio como lo es formar una familia. ¿Tú no?
Georg asentó la cabeza, reaccionando. —Claro que yo también quiero formar una familia, pero sólo quiero que las cosas se den, no te adelantes ni martirices por ese tipo de pensamientos.
—También está el hecho de que Bill es mucho más joven que yo ¿Y si encuentra a un chico de su edad que le guste? Temo a que pase algo como eso, y sé que si comienzo a activar mi vida sexual con él me va a terminar de hechizar. Si lo hago completamente mío no querré que se vaya, me di cuenta de eso hoy en la mañana cuando no lo encontré en mi cama. Bill me está volviendo completamente loco —musitó, terminando por sentarse en una de las sillas de la cocina, cansadísimo de tanto pensar.
—Sé que es imposible que no pienses en lo que quieres para el futuro, porque yo también lo hago, pero enfócate más en el presente. Recuerda que el futuro se crea con lo que hagas en el presente. No tengas miedo a perder a Bill en cualquier momento, porque si ambos trabajan para que su relación sea difícil de romper entonces nada pasará. Y si se llegara a dar el caso de que Bill quisiera a otra persona, entonces no culpes a ninguno, porque los momentos que hayas vivido con él nadie te los va a quitar. Por ello encárgate de crear buenos momentos y guardarlos para que en un futuro recuerdes que todo ha valido realmente la pena.
Al terminar, Georg sonrió, palmeándole el hombro. Tom cerró fuertemente los ojos, respirando muy hondo.
—Eres el mejor ¿Lo sabías? —Cuestionó ya más tranquilo, incluyendo una sonrisa más entusiasta esta vez.
Georg alzó las cejas, bufón. —Oye, ¿me estás coqueteando?
Tom rió, mostrando los dientes en una preciosa sonrisa, luego despeinó la cabellera de Georg al acariciarle toscamente la cabeza. —Gracias por escucharme. Antes de hablar era un completo caos y ahora ya estoy más tranquilo.
—No agradezcas, para eso estamos los amigos.
Tom sonrió, sintiendo que la mano de Georg seguía dándole palmaditas en uno de sus hombros.
Luego de estar en un corto silencio, Georg se animó a contar lo que había pasado durante ese día, manteniendo a Tom informado y muy entretenido.
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—¡¿Qué?! ¡¿Se besaron ya?!
Los ojos de Bill se abrieron en grande, impactadísimo y contento.
—Shh, no grites —Gus le calló la boca rápido, situando las manos sobre la gran bocota de Bill—. Y fue demasiado bueno, ay…Creo que ya nos hacía falta. Y lo mejor es que no tuvimos momentos incómodos después de besarnos. Nos besamos toda la tarde en su casa y también pude sentir su pene bajo mi mano. No sé cómo fue que mi mano llegó hasta ahí, pero no me dio pena.
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—Fue algo improvisado, pero su mano estaba sobre mi entre pierna y estoy seguro que supo de mi erección, yo…
—¿Y tuvieron sexo? —Tom intervino, codeando al pelimiel.
—No, no. Es como si los dos supiéramos hasta qué punto llegar. Pensé que el momento se descontrolaría, pero pudimos asimilarlo y terminamos besándonos toda la tarde en vez de ver la película. Estoy enamorándome por completo de Gustav.
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—Georg es demasiado cariñoso, es muy dulce, Bill. Me encanta —chilló, agarrando las manos de Bill y moviéndolas. Estaba muy emocionado.
—Qué bueno que las cosas entre ustedes dos vaya progresando. Esto amerita una celebración —canturreó, abrazando una almohada con todas sus fuerzas.
Gustav asintió, sonriendo mucho.
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—Pero basta de hablar de mí, ¿y si le hablas a Bill? Deberías llamarlo para al menos mandar señales de que le importas.
Tom sabía que Georg tenía razón.
—No sólo lo llamaré, iré por él ahora mismo —espetó, buscando el número de Bill, que había guardado cuando estaban en el supermercado sin que éste se diera cuenta.
Lo mejor de todo era que tenía a Georg para que le dijera la dirección de la casa de Gustav. Eso haría las cosas más sencillas.
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—¿Quién es? —Gustav se asomó hasta el celular de Bill, que sonaba y vibraba mucho, marcando una llamada entrante.
—No sé —dijo, tratando de recordar la terminación del número que pedía hablar con él. No lo reconocía.
—A lo mejor es Tom.
—¿Tom? Él no tiene mi número. —Rodó los ojos, dándose cuenta que jamás le había dado su número a Tom. ¿O sí? No, estaba seguro que no.
—Sí, lo más seguro es que sea él ¿No vas a contestar?
—Si es Tom no sé qué decirle —Bill dejó el teléfono sobre el colchón, abandonándolo para no tentarse y contestar.
—Sólo contesta —ordenó el rubio, agarrando el celular para aceptar la llamada y al mismo tiempo ponerlo en el oído de Bill para que respondiera al llamado.
Al sentirlo sobre su oreja derecha, Bill tembló, pero logró hablar al escuchar una ruidosa respiración por la otra línea. — ¿Hola?
—Bill, quiero que hablemos, estoy yendo por ti en estos momentos.
Una voz reconocible fue la que llegó al tímpano de Bill. — ¿Tom? ¡Tom! ¿Vas a venir? ¿Ahora? Espera… —tartamudeó, quedándose congelado por breves segundos, hasta reaccionar y darse cuenta que no era un sueño—, ¿de dónde sacaste mi número?
—Llego por ti en quince minutos —contestó, desviando las cuestiones de Bill y finalizando de ese modo la llamada.
Bill aventó el teléfono celular a la cama de Gustav, en pleno inicio de shock, poniéndose completamente rojo.
—¡Tom está viniendo y estoy muy nervioso! —Gritó, empezando a recorrer todo el cuarto de Gustav—. ¡No tengo cara para verlo después de haberme sentado en sus piernas! ¡Gustav, tengo mucha vergüenza!
Continúa…
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Me encanta este fic, es tierno 💕