Homofobia 12 (P.2)

«Homofobia» Fic de Monnyca16

Capítulo 12 (P.2)

“Explorando cuerpos”

La contagiosa risa de Bill seguía inundando todo el segundo piso de la casa de Tom, pero el rastudo seguía dándole un buen paseo, cuidadosamente, sintiendo su poco peso. Para Tom sería muy precipitado si lo decía en voz alta, pero cargar en su espalda al chiquillo le provocaba una sensación excitante; era el hecho de tenerlo totalmente pegado a sus omoplatos, frotándose a cada segundo, sintiendo su calor y su dulce olor, añadiendo que los labios de Bill estaban posándose en sus rastas y en instantes en sus sienes.

Bill era cálido.

Tom se sentía muy cómodo con él, sentía que estaba muy listo para avanzar más íntimamente. Muchos años atrás repugnó el amor homosexual, estar cerca de uno, pero ahora él estaba vuelto loco por un hombre. Parecía ser su destino encajar con el tipo de persona que siempre odió. Y las cosas eran así, en realidad siempre eran así, porque gracias a Bill, Tom había aprendido a no odiar a nadie, había aprendido a medio asimilar su asunto familiar. Por Bill, Tom estaba actualmente completo.

Amanda había sido importante, muy importante para Tom, pero con ella no se sentía tan libre como se sentía con Bill.

Y aunque era increíble, no temía hacer el amor con Bill y quitarle la virginidad. No temía tocarlo e ir más allá, porque lo deseaba.

Tom deseaba a Bill absolutamente. Y estaba cien por ciento seguro de lo que quería hacerle y cómo lo tocaría cuando el momento se diera. Lo tenía planeado mentalmente todo, porque anhelaba estar con él y verlo totalmente excitado. Quería apretar a Bill fuertemente y acariciarlo desde el rostro hasta los pies, incluyendo cada pequeño lugar.

Estaba dispuesto a explorar el cuerpo de Bill con cuidado para de ese modo reafirmarse el cambio de deseo sexual que había tenido tan radicalmente.

El cuerpo de un hombre era opuesto al de una mujer, Bill tenía pene y no vagina, no tenía pechos, pero sí pezones. Tom sabía eso, pero aun así, Bill le seguía pareciendo erótico. Después todo, Bill era un hombre como Tom, y era ridículo repugnar el cuerpo de un sujeto del mismo sexo. Y, en todo caso, Tom sabía exactamente qué lo excitaba a sí mismo, lo cual podía ayudarlo para llevar a Bill al límite.

—¡Tom! —Chilló Bill, abrazándolo con más fuerzas—. Bello corcel… ¡Detente!

Pero Tom no se detuvo, bajó rápidamente las escaleras, corriendo. Al estar en el primer piso, se detuvo, dejando a Bill muy asustado.

—Waoh, eso sí que ha sido una carrera a caballo —dijo Tom, con falta de aire. Bill resopló y le pegó un puñetazo en el hombro—. ¿Y eso por qué fue?

Indignado, Bill le dio otro golpe, pero esta vez un zape, que rebotó en la cabeza de Tom, seguido le jaló dos rastas. Ha como pudo se bajó de su espalda y se alejó más de dos metros.

—¿Qué fue eso, Bill?

—No te acerques…casi, casi me matas, Tom —murmuró angustiado, cruzándose de brazos.

Tom avanzó dos pasos, Bill retrocedió tres, haciendo puchero.

—¿Por qué estás enojado? —Le preguntó, Bill rodó los ojos, inquieto.

—Porque me asustaste. Me asusté mucho. —Se encogió de hombros, dando un gran suspiro. Tom fue hasta uno de los sillones y se sentó, llamando la atención de Bill y dándose dos palmaditas en las piernas, pidiéndole que se acercara.

Bill fue, parándose frente a él. Tom levantó la mano y Bill la tomó, siendo guiado para terminar sentado en su regazo, frente a frente. De un segundo a otro sus frentes se juntaron, uniéndose, y sus ojos se conectaron, fusionándose completamente. Bill meneó la cabeza, acariciando su nariz con la de Tom.

—¿Me perdonas? —Tom cuestionó, observando que el chiquillo cerraba los ojos y respiraba ruidosamente. Bill asintió y lo abrazó por el cuello, escondiendo la cabeza en el hombro de Tom.

El corazón de Bill seguía acelerado, evidenciando que seguía asustado. Tom le acarició la espalda, reconfortándolo.

Bill había estado realmente asustado, eso le pareció lindo. Demasiado adorable.

—Hueles muy bien, Tom —susurró en su cuello, suspirando de nuevo, altamente. Tom delineó su cadera con los dedos, suavemente, hasta dejar las manos totalmente extendidas por sobre la ropa —. ¿Sabes? En realidad no estaba estreñido —añadió, volviéndose para ver a Tom de frente—. Te mentí. Lo siento.

—¿En qué mentiste?

Bill suspiró y se mordió el labio, apenado, pero muy seguro de sí mismo.

—En realidad me he estado haciendo enemas, y justo hace unos minutos estaba viendo si realmente funcionaban. —Se detuvo, dejando las manos sobre el pecho de Tom—. Quiero que cuando lo hagamos esté limpio, quiero que sea perfecto.

Cerró los ojos, completamente sonrosado, pero logró abrir uno cuando Tom habló:

—¿Hiciste todo eso por los dos? —Bill asintió, tapándose la cara con la mano absolutamente extendida. Francamente, Tom no se lo esperaba, inclusive no se había preocupado por ese punto —. Yo también me preparé, leí algunas cosas para no estropearlo.

—¿De verdad? —Los ojos del chiquillo se abrieron mucho. Estaba impresionado y bastante emocionado. Tom movió la cabeza de arriba abajo, apartándole las manos de la cara sin dejar de verlo fijamente —. Ahora dime, Tom, ¿la pasas bien conmigo?

—Seguro, ¿Por qué no habría de pasarla bien contigo? La pregunta es, ¿tú te sienes cómodo conmigo? ¿Crees que te sobreprotejo y que no te doy libertad, así como mantenerte atado?

Bill frunció los labios, formando una línea.

—Me sobreproteges mucho, pero me gusta. Me gusta que me llames como loco cada media hora y que me tengas siempre contigo —confesó, sonriendo.

Tom preció estar satisfecho, mucho más relajado. La sonrisa de Bill se agrandó.

—No te lo había dicho, pero se te ve muy bien la barba de tres días. Te rasuraste y se siente bien, es rasposo y me da cosquillas. —Para probarlo, acarició su mejilla con la de Tom, sintiendo los vellos y muchas cosquillas, como había anunciado. Le dio un casto beso en la nariz y pómulo, y se separó, tocando con los dedos las partes que había besado.

Se alzó de hombros y mordió su labio, esperando que Tom dijera algo. Pero Tom se quedó callado, viéndolo fijamente, con los ojos achinados, pensante y agitado.

Bill ladeó la cabeza, empuñando la mano suavemente para darle dos toquecitos a Tom, en la cabeza. —Toc, toc, ¿está alguien ahí?

Confundido, Tom observó los labios de Bill, para luego volverlo a ver a los ojos. Se removió en el asiento y abrió la boca pausadamente, sin saber qué contestar. No le había prestado atención suficiente, se había quedado pensando en las mil y un cosas que quería hacerle sexualmente a Bill. Y Bill no se había dado cuenta, por eso seguía hablando como loco:

—Hoy le enseñé a Gustav a hacerse un enema, fue muy divertido. Platicamos de muchas cosas, él y Georg están muy unidos y me parece muy bien porque Gustav es mi mejor amigo y Georg el tuyo. ¿Verdad que es hermoso? Nosotros estamos juntos y nuestros mejores amigos están juntos también —canturreó, dando un brinco en las piernas de Tom, justo sobre su entrepierna, frotando genuinamente su trasero con la oculta erección que había ahí. No se dio cuenta de lo que hacía, pero su sexto sentido se lo dijo en el momento que Tom lo jaló de la cintura lo suficientemente veloz como para pegarlo a su cuerpo.

Las puntas de sus narices se rosaron precipitadamente, logrando que el corazón de Bill se acelerara por culpa de los nervios. La respiración de Tom estaba agitada y su pecho subía y bajaba, su boca se encontraba entre abierta y sus ojos entrecerrados, brillantes. Bill se estremeció al ver la impactante expresión de Tom, que no dejaba de verle todo el rostro, cada rincón, deslizando sus pupilas hacia todos lados, escaneándolo.

El silencio entre los dos se volvió incómodo al comienzo, suavizándose un poco ante el impulso de Tom por sujetar a Bill del rostro y besarlo en los labios, pausadamente y superficial, simplemente por sobre la boca. Los labios de Bill eran demasiado suaves y húmedos, dulces.

Tom se separó un poco para verlo, queriendo con eso pedirle permiso para continuar; no quería ir demasiado rápido ni demasiado lento, simplemente deseaba avanzar y conocer la sensación que Bill le daba sexualmente. Simplemente quería que Bill no se sintiera presionado.

Lamentablemente, Bill no hizo ni dijo nada, sólo se quedó paralizado, en blanco, sin saber cómo reaccionar. Eso para Tom fue difícil, aquello significaba un “no lo sé”, no era un sí ni tampoco un no. Bill estaba indeciso o demasiado nervioso como para reaccionar. Tom esperaba que fuera lo segundo, y para descubrirlo, se acercó de nuevo para besarlo, esta vez más profundamente, lamiendo sus labios y atrapándolos con los suyos, sin dejarlo ir.

Un ahogado gemido se escapó de entre los labios de Bill, que al escucharse a sí mismo, retrocedo. Sin embargo, Tom no lo dejó escapar, y sin pedir permiso metió la lengua dentro de su boca, tocándosela suavemente.

Los ojos de Bill se abrieron. Estaba muy nervioso e impresionado. Tom parecía comportarse diferente.

Bill conocía al Tom violento, al enojado, al contento, al sorprendido, al confundido, e inclusive al excitado, pero esta vez estaba conociendo la segunda fase del Tom excitado y eso había sido totalmente diferente al que ya conocía.

La manera que Tom utilizaba para besarlo era nueva, cargada de deseo, de erotismo. Tom no temblaba, no dudaba que lo estaba haciendo perfectamente bien. En cambio, Bill comenzó a temblar, sintiéndose perdido por tener a un hombre con bastante experiencia al mando de la situación.

Los latidos del corazón de Bill le impedían respirar, endureciéndole el estómago por la presión que ejercía al no moverse. Estaba tenso y la piel de su nuca crispada, pero eso no le impidió corresponder a la rehíla de besos que Tom le ofrecía.

Sabía que su boca temblaba al momento de abrirla para capturar las comisuras de Tom, pero éste lo animaba con suaves caricias en el cabello, sin detener el vigor, simplemente equilibrándolo.

Bill encogió el cuello, exponiendo su clavícula y escondiendo el mentón entre las ropas de Tom al momento que éste abandonó sus labios y los enterró entre la base de su cuello y hombro, frotando los vellos faciales sin descuido, ocasionando que el cuerpo de Bill convulsionara ante el cosquilleo que le provocaba.

Tras removerse un poco, Bill situó las manos en las mejillas de Tom y ladeó la cabeza, dejando expuesto su cuello. Sentía los ojos hundirse hasta el cráneo debido a la sensación, ante el cosquilleo, gozando que Tom lamiera su lóbulo y bajara hasta chuparle la garganta, codiciosamente, manejándolo de un lado a otro, controlando el momento.

Bill sonrió, gimiendo altamente, viéndose a sí mismo bastante extasiado. Sentía un potente calor en su pecho y entre pierna, que le dejaba sin oxígeno los pulmones. Suspiró sonoramente, abriendo los ojos que había mantenido cerrados, encargándose de palpar el largo y firme cuello de Tom, paseando sus dedos por todo el tronco y animándose a erguir su propio cuello para que Tom tuviera más acceso a él. Quizá estaba siendo un poco atrevido, pero quería más. Estaba deseando que Tom cruzara todas las líneas sexuales.

Bill estaba dispuesto a hacer de todo con Tom en esos instantes, no pensaba detenerse y esconderse, quería realmente que Tom lo tocara, que no se detuviera. Y supo que las cosas subirían de nivel cuando Tom metió las manos por debajo de su suéter, comenzando a levantárselo, dejando el calor de sus manos justo en su piel.

Entendiendo la petición, Bill se separó un poco y sin dejar de mirarlo a los ojos, se fue despojado de las prendas que cubrían la parte superior de su cuerpo, quedando desnudo desde los hombros hasta la cadera. Sintió un viento refrescante recorrer su dermis, siendo cálido nuevamente gracias al tacto puro de las manos de Tom sobre sus costillas y cintura, que lo envolvían.

Dispuesto, con los ojos viendo los semi-endurecidos y rosados pezones de Bill, Tom liberó más esperma sobre su ropa interior. Estaba dolorosamente duro, y sus testículos necesitaban respirar al igual que su pene, por lo que besó a Bill en los labios y le sujetó ambas manos, llevándolas lentamente hasta su parte media, justamente sobre su erección cubierta.

Cuando los dedos de Bill apenas tocaron la zona abultada, Tom inhaló ruidosamente, estremeciéndose ante el toque. Lo estaba tocando con las yemas de los dedos, pero se sentía demasiado bien a pesar de ser esa la primera vez que dejaba que un hombre lo tocara de esa manera tan superficial. Lo excitaba que Bill lo tocara, sin importar que fuera hombre o no, eso lo tuvo muy claro.

Fue sólo la mano derecha de Bill la que encontró la forma del pene y lo contorneó con los dedos, queriendo masturbarlo por sobre la ropa. El calor del pene de Tom traspasaba las prendas y el grosor del mismo se hacía notar en demasía. Bill miró la actividad de su mano y deseó verdaderamente ver el pene de Tom justo en esa posición, por ello comenzó a desabrocharle el botón del pantalón, bajando sorpresivamente el cierre también.

Momentáneamente, Tom sostuvo a Bill y lo cargó para depositarlo en ese mismo sillón, inclinándose para simplemente bajarse los pantalones y el bóxer, por debajo de sus testículos, dejando al frente un deleitoso y dispuesto pene rígido, que brillaba debido al líquido seminal que brotaba a borbotones de la hendidura, bañándole por completo el glande hasta escurrirse por todo el tallo.

El primer impacto fue suficiente para dejar petrificado a Bill, que no dejaba de ver fijamente el erguido miembro de Tom. Jamás había visto el pene de alguien que le gustaba, de hecho sólo conocía el de Gustav y el propio, pero el pene de Tom era impresionante.

Lo era porque estaba realmente grande y grueso, y porque la cabeza del bonito órgano sexual estaba rosada y bien delineada, visiblemente llamativa y lubricada. Más abajo, justo en la longitud del endurecido pedazo de carne, había dos venas que lo decoraban, que daban la sensación de hacerlo crecer imposiblemente mucho más.

La rendija que expulsaba gotas de esperma trasparente estaba pintada de un rosado vistoso, y el prepucio desvestía totalmente la cabeza, dejando boquiabierta a Bill, el cual tragó saliva duramente al ver cómo la tensión de la dureza se exhibía sin vergüenza alguna gracias a los latidos, movimientos que ejercía el falo de arriba abajo, dejando ver lo listo que se hallaba.

Bill quiso tocarlo, pero no logró hacerlo por el rápido movimiento que Tom ejecutó para quitarse el suéter y la camiseta interior que cubrían la primera mitad de su extensión, dejando frente a Bill unos bonitos abdominales rectos, unos pectorales marcados, y unos atractivos brazos trabajados. Bajo su ombligo estaba la línea de vellosidad que guiaba el indicio de vello púbico, el cual hizo que viera los desarrollados abdominales oblicuos, mientras que más abajo yacía una escasa zona lanuda color chocolate.

Centrándose justo en la base del pene, Bill divisó más abajo, permitiéndose ver los muslos de Tom, que estaban, evidentemente, más maduros físicamente que los de él. Los testículos de Tom eran grandes y lucían llenos, pues el saco escrotal hacía ver lo pesados que quizás estaban.

Tom sujetó a Bill de la cintura y con movimiento astuto lo cargó hasta lograr sentarse de nuevo en el sillón, dejándolo como antes, sobre sus piernas. El pene de Tom estaba recargado en su abdomen, dolorosamente, que frente a los ojos de Bill se miraba demasiado atrevido.

Entrecerrando los ojos, Bill se inclinó lo suficiente para tocar los labios de Tom con los suyos, dulcemente, acercando la mano hasta la erección que estaba preparada para todo lo que viniera. Con las yemas de sus dedos, palpó de manera exploraría el largo del falo, acariciando tentativamente el prepucio, moviéndolo cada vez que deslizaba los dedos hacia arriba y hacia abajo, amenazando con tocar la coronilla del glande y envolverla con el centro de su mano.

Sin despegar los labios, Tom abrió más la boca y sacó la lengua sorpresivamente, terminando por introducirla en la boca del contrario y enredarla, moviéndola lenta e inteligentemente. Bill soltó un gemido que lo hizo apretar con el largo de su mano el grosor de la hombría de Tom, fuertemente, frotando con el dedo índice y el pulgar la testa, sintiendo la lubricación natural en sus huellas digitales.

Sin miedo, apretó un poco más la extensión, esta vez meneando la mano de arriba abajo, firmemente, permitiéndose ver de re ojo cómo con la fuerza de su mano vestía y desvestía el glande con el prepucio. Jamás se había posibilitado tocar a otro hombre, otro pene que no fuera el suyo. La diferencia era extrema, pero le gustaba. Estaba disfrutando de la gordura del falo entre sus manos, de la boca y gemidos roncos de Tom.

Cerró los ojos fuertemente, sin dejar de mover su mano, esta vez añadiendo la otra, iniciando una masturbación casi violenta, excitante y energética, que iba pausando precisamente para sentir con más fuerza las sensaciones que se posesionaban de su cuerpo.

Tom inhaló ensordecedoramente, llevando las manos a los pantalones azules de Bill, metiendo sin miedo las palmas entre la tela elástica, acariciándole totalmente el terso y redondeado trasero, apretujando la firmeza casi con salvajismo, fiero.

Sin soltar el regordete pene, pero simplemente amansándolo, Bill meneó la cadera, de atrás hacia adelante, entregándose a las calientes manos que le apretaban el trasero, friccionándose, aventurándose a la apreciación del placer sexual.

Acercándolo más y vigilando que estuviera cómodo, Tom sacó las manos de la tela y comenzó a bajársela muy lentamente, separándose de la boca de Bill para prestarle atención a su acto, divisando la piel nívea y limpia, suave, haciendo punzar su pene al tenerlo con los pantalones por debajo de los testículos y con el pene al aire y erecto. No había rastro de vellos en la línea de su ombligo y tampoco más abajo. Bill estaba depilado y blanco, contrastando su tez con el color rosado de su pene y sus pezones, sumando además el color cereza de sus labios, que se hallaban hinchados por los previos besos húmedos.

Parecía un muñeco de porcelana, uno que temía romper. Posó su mano en el pecho de Bill, deslizándola hacia abajo, recorriendo sus costillas con los dedos y rodeando su pequeño ombligo, ciñendo su mano en la semi-desarollada carne alzada, empezando así una lenta masturbación, que incrementó de velocidad al dejar caer la frente sobre su pecho y rosar con la punta de la nariz la pequeña tetilla, protuberancia que estaba endureciéndose con el tibio aliento que salía de entre sus labios.

Un crujido salió de la garganta de Bill, acompañado de un gemido ahogado al tiempo que Tom lamió su pezón totalmente, probando su sabor. La punta de la lengua de Tom rodeó el rabillo, lenta y tortuosamente, terminando por sostener entre sus labios la tetilla, apretándola fuertemente para luego volverla a lamer codiciosamente, ejerciendo presión y acercando todavía más a Bill para quitarle por completo los pantalones elásticos.

Bill suspiró, recargando la cabeza en el hombro izquierdo de Tom, percibiendo que sus fuertes manos lo manipulaban para tenerlo exactamente pegado a él, situando su grueso pene detrás de sus nalgas, específicamente en medio, entre los dos hemisferios traseros.

De un latido a otro, Bill se estremeció, haciendo temblar todo su cuerpo. Tom paseó los dedos por toda su espalda, dirigiéndolos por la línea curveada de su espalda baja, descendiendo, adentrándose lo suficiente para frotarle el esfínter anal con un dedo, tocando lentamente para tantearlo, sintiéndolo.

Un fuerte cosquilleo placentero rondó a Bill, su orificio aún tenía lubricante, lo cual lo hizo sentir seguro cuando Tom posicionó el glande justo en la entrada, haciendo fricción, sacándole jadeos y obligándolo a mover la cadera de izquierda a derecha, apretando la longitud de Tom con las caras internas de su trasero.

Le agradaba la sensación, demasiado, al grado de animarse a menearse suavemente sobre Tom, restregando su cerrado agujero rectal contra el largo de la polla de Tom, de arriba abajo, repasando toda la longitud, sufriendo por la ansiedad que le provocaba. Aumentó la velocidad al desear más de la deliciosa percepción, llevándose incluso una mano al trasero para hacer contacto con la acción.

La lengua de Tom chupó el pezón contrario y lo mordisqueó al escuchar los gimoteos de Bill, que lo abrazaba fuerte para impedirle separarse de su pecho, obligándolo de ese modo a que le siguiera lamiendo los pezones, que ya no estaban rosas, sino rojos.

La danza erótica que Bill hacía iba en aumento y se mermaba a cada momento, imponiendo ritmos que Tom jamás experimentó, causándole a los dos un agradable picor en el estómago, que subía hasta su pecho, acelerándoles el corazón, latidos que escuchaban resonar en sus gargantas.

Agitado, con la boca seca y nutriendo la delicia que probaba, Bill buscó adherir imposiblemente más su cuerpo al de Tom. Anhelaba fundirse en él, y chocar constantemente su erección contra el abdomen de Tom en cada movimiento, llenándose, retorciéndose, hasta detenerse por el irresistible espasmo que le llenó la uretra, viajando hasta expulsarse por la rendija en un chorro de semen trasparente y viscoso, totalmente caliente.

Tom corroboró la contracción de la eyaculación anterior, lo cual lo hizo separarse de los pezones de Bill para verle el rostro, que mostraba el reciente orgasmo, sin embargo, sus caderas no dejaban de moverse de arriba abajo, en algunos instantes sin una dirección definida, simplemente volviendo a hundir su pene en medio del pequeño trasero y frotándose apresuradamente en el estrecho orificio.

Llevó ambas manos directo a las posaderas de Bill y las apretó, oprimiendo mucho más su longitud, que estaba rodeada por la firme piel de Bill, aumentando la potencia con la que movía su cadera, aprovechando tener a Bill de frente para seguirlo viendo, seguir escuchando los gemidos que emitía y detenerse para observar sus mejillas sonrojadas y sus labios hinchados y húmedos.

Los testículos le hormiguearon y su pene aumentó su calor cuando los chorros de líquido seminal invadieron su conducto uretral, que yació desde sus vesículas seminales, hasta expelerse por la fisura y mojar la parte intermedia del trasero que envolvía su palpitante rigidez.

Para terminar de ordeñarse, se agarró el falo con la mano y se masturbó, dejando finalmente la erección posando entre la parte trasera del chiquillo. Bill dejó caer la frente sobre la de Tom y cerró los ojos para alcanzar a respirar normalmente.

Tom meneó la cabeza, frotando su nariz con la de Bill, capturando sus labios con un beso débil, un corto beso que Bill correspondió.

Continúa…

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