Fic Toll de RubelangelTwc
Capítulo 4
Acababa de recibir esa dura noticia para la que nunca estuve preparado. Esa que realmente siempre supe pero no quise aceptar. Esa dura noticia que partía mi corazón.
Probablemente perder una extremidad de mi cuerpo era la cosa más dura por la que pasaría jamás, un dolor sofocante, ese que nunca había sentido. Quizá era egoísta, pero era demasiado fuerte.
Saber que nunca más podría siquiera andar, debería de usar durante toda mi vida una inútil silla de ruedas, sin poder correr y sentir el cansancio en mis pies después de demasiado tiempo corriendo. No tendría pierna, y al mirarme al espejo cada mañana, vería esa parte incompleta de mí, vería ese muñón que el estúpido cáncer me había provocado.
El dolor era peor de lo que imaginé, y mis pensamientos eran más dolorosos de los que ya pensé.
¿Cómo me miraría la gente a partir de ahora? Al ver a un chico de dieciocho años sin pierna, sin una extremidad la cual el cáncer decidió llevarse. Me odiaba, odiaba mi físico, me odiaba por tener esta puta enfermedad que no me dejaba ser alguien normal.
La gente al pasear por la calle me miraría mal, se burlarían del pobre chico sin pierna, ese que va con una jodida pierna de plástico de mentira. Vergüenza, sentiría vergüenza de mí mismo.
Seguía llorando a pesar de ver al doctor irse de la habitación para dejarnos solos un momento, dolía, dolía demasiado dentro, dentro de mí. Tenía la cabeza entre mis piernas y cubría mi cara con mis brazos para que Bill no me viera en esta situación tan vergonzosa, llorando como un niño pequeño al cual le han robado su ansiada piruleta.
Bill intentaba consolarme, acariciando suavemente mis rastas mientras me susurraba que dejase de llorar. Eso era lo único bueno que tenía en estos momentos. Me sentía tan bien a su lado… Y no lograba saber el por qué.
– No llores, Tom… No me gusta verte así – me susurró al oído. Sorbí por la nariz y subí levemente la cabeza, limpiando mis mejillas más que húmedas por las miles de lagrimas, para mirarle directamente a los ojos, esos que seguramente tendría rojos en este momento por llorar.
– Bill, no sabes lo duro que es esto, joder… – murmuré, sin siquiera aguantar un segundo más su intensa mirada pasar de un ojo al otro, desviándola al suelo.
– Nadie dijo que fuese fácil. Tampoco hace falta ponerse así… – se acercó mucho más a mí con la silla y noté su mirada en mi cara.
– No… Esto… Todo esto es una jodida mierda – articulé, dejando emanar una pequeña lagrima más.
– Lo sé, pero mira la parte buena, Tom… No es para tanto… – ¿No es para tanto? ¿No era para tanto perder la puta pierna? Le miré de nuevo y fruncí el ceño.
– Tú no lo entiendes. No sabes lo difícil que es saber que te van a cortar la puta pierna. No sabes lo difícil que es saber que no podrás correr o caminar. No sabes lo duro que es perder una extremidad porque no lo estás viviendo. Así que no tienes el jodido derecho de echármelo en cara. No lo tienes… – las lagrimas volvieron a salir, pero esta vez me quedé mirándole fijamente a los ojos. No hizo ninguna mueca, ni siquiera se movió, tan solo dejó escapar un inaudible suspiro.
– ¿Crees que para mí es fácil saber que puedo morir ahogado? Que ni siquiera puedo correr a pesar de tener dos jodidas piernas porque a la mínima me canso, porque mis pulmones no funcionan como deberían. Porque me cuesta respirar, y eso es una de las peores cosas que te pueden pasar, porque duele, duele mucho. No sabes por lo que he pasado, no sabes cómo ha sido mi infancia. Así que tú tampoco tienes el derecho a decir nada sobre mí – dijo, quedándome totalmente callado, dejando que siguiera -. Porque yo estoy orgulloso de que estés bien, de que solo tengas que utilizar una mísera silla de ruedas. Estoy orgulloso de que alguien que realmente me importa no pase por lo que yo estoy pasando. Que quizá pueda morir mañana o que nunca salga de este jodido hospital, como yo. Que vea a mi madre llorando por mí, sin dinero porque todo se lo gastó para mis cuidados. Ver a mi hermana pequeña sola, porque nunca tendrá un hermano mayor que la pueda cuidar de todos los niños que se metan con ella. Que tu padre te haya abandonado, por ser como eres y tener esta enfermedad de mierda que me está matando. Tú puedes salir de esta, puedes ser libre y tener una vida normal. Y me alegra saberlo. Así que no te quejes, cuando hay personas peores que tú. Cuando hay niños de seis años sufriendo las mismas consecuencias o incluso peores. Yo no me quejo por ser de esta forma, así que tampoco lo hagas tú. No me quejo de dar vergüenza, Tom – quizá lo peor, era asumir que tenía razón, tragarme el orgullo y asumirlo.
Bill sabía de lo que hablaba, porque él pasó por cosas peores. Había niños pasando por lo mismo o por cosas peores, y yo aquí, llorando y sufriendo porque, al menos, tan solo iba a perder una extremidad, y no iba a morir, no me estaba muriendo como Bill hacía.
¿Los dos merecíamos esto? Cuando miraba los ojos de Bill me daba cuenta de su dolor, esa mirada triste que a veces intentaba cubrir con una sonrisa, menos cuando estaba conmigo. Sufrió, probablemente debió haber sufrido mucho, y aún así no se rendía.
Me hacía recapacitar rápidamente, con una pequeña conversación me hacía ver todo de una diferente perspectiva, no verlo todo tan negativo y oscuro como yo creía que era.
Sin embargo, la puta sociedad, esa que tantas veces intentaba dejar de lado para ser yo mismo, me atacaba siempre al pensar cómo aceptarían a un chico sin una extremidad.
– La gente ni me mirará al ver a un chico sin pierna porque tuvo jodido cáncer – murmuré mucho más tranquilo. Bajé las piernas de la silla y me senté correctamente en ella, mirando la seria cara de Bill, el cual jamás dejaba de mirarme, como hacía cada vez que hablábamos.
– Es mejor que no te miren a que te repudien con la mirada como a mí – contestó -. Estoy acostumbrado, siempre fue así desde que cumplí los trece años y comenzaron a dudar de mi sexualidad por mi apariencia, y los insultos y los golpes aparecieron. Pero es pasado ¿No? Hace tiempo que esa herida está cerrada, ahora me he hecho un poco más fuerte, o más vulnerable. Tom, no importa si pierdes la pierna, no importa si la gente te insulta por como eres ¿Entiendes? Siempre habrá alguien que te aceptará, como a mí me pasó contigo. Podrás usar una simple silla de ruedas, o una pierna de esas robóticas tan chulas que te harán ver como todo un robot – sonreí y él también lo hizo -, es bueno que no tengas riesgo de muerte, podrás seguir tu vida totalmente normal y conocerás a una despampanante… ¿Rubia o pelirroja?
– Morena – contesté sin quitar mi sonrisa.
– A una despampanante morena que te dará hijos y perros ¡Muchos perros! Serás feliz cuando salgas de aquí, Tom – terminó de decir.
– ¿Y tú? – pregunté.
– Yo… tan solo me sumiré en el olvido, pasando totalmente desapercibida mi muerte
– No me gusta esa historia. Mejor añádele que encuentran una extraña cura para el cáncer, te la ponen y te conviertes en un robot súper chulo que salvará al mundo de la tercera guerra mundial – conseguí volver a sacarle una suave risa que me hizo feliz al verle sonreír naturalmente.
– Dudo que me convierta en un robot, pero no está mal
– Y yo dudo tener hijos con una despampanante morena
Volvimos a reír y el silencio volvió a hacernos presos de él al acabar la conversación, el doctor seguía sin aparecer de nuevo, y decidí aprovechar los pocos minutos que seguramente nos quedaban aquí dentro.
– ¿Por qué siempre sabes qué decir en todo momento? Antes no reía nunca, solo con mi hermana para que viera a su hermano feliz. Nunca voy a entenderte – me dijo Bill repentinamente, pero cambió de tema radicalmente cuando volvió a abrir la boca para seguir hablando -. ¿De aquí sacaste mi historial médico, no? Normalmente el médico es muy despistado, aunque hace bien su trabajo. Pero no te niego que cuando apareciste el segundo día con mi historial y empezaste a preguntarme todas esas mierdas realmente pensé que no eras muy agradable, bueno, de hecho te odié y fuiste insoportable. Pero desde el café por las mañanas todo está bien, amo el café – dijo revoloteando los ojos y exhalando aire.
– ¿Así que gracias al café somos amigos? – fijó la mirada en mí y vi que entreabría la boca.
– Amigos… – susurró casi inaudiblemente – Creí que nunca diría esa palabra para referirme a mí mismo
Me sonrió y volvió a perder la mirada por la estancia, parecía contento y feliz de repente, por tan solo decir la palabra «amigos». ¿Nunca tuvo uno? ¿Siquiera una sola amistad? Cuando estaba en adopción no hablaba mucho con todos los niños que allí habían, pero recuerdo que uno era mi mejor amigo y siempre me juntaba tan solo con él. No recordaba su nombre, ya que se fue de allí cuando le adoptaron, pero a veces hablaba con algunos niños. No tener amigos, sin nadie en quien apoyarte… Debía de ser demasiado duro.
Iba a hablar, a preguntarle a Bill sobre ello ahora que parecía alegre y dispuesto a hablarme aunque fuese tan solo un mínimo de su infancia, pero justo escuché el sonido de la puerta abrirse y la voz del doctor invadirnos de repente. Sentí un poco de vergüenza al verlo de nuevo, ya que antes estaba llorando demasiado desesperadamente, y verlo después de ello me causaba esa reacción.
– A veces pienso en contratarle como psicólogo, Bill. Por lo que veo no eres malo para ello, Natalie debe de estar orgullosa de su pequeño aprendiz – dijo con voz grave, la suya propia. Bill rio, simplemente por cortesía cuando el doctor se sentó de nuevo en su sitio, frente a nosotros.
– Doctor, yo…
– No hace falta que te avergüences por llorar, Tom. Es algo totalmente normal al saber que vas a perder una extremidad, seguramente yo también lo haría, y todos. Es una reacción que todo el mundo tendría, y sentir vergüenza por llorar es algo que no debería hacer ya que es natural llorar en momentos difíciles – volvió a colocarse las gafas y simplemente mantuve la boca cerrada. Se cruzó de brazos y después de ojear un poco las hojas me miró -. Tiene el peso controlado y eres joven, por ello no hay riesgo en la operación. No queremos esperar mucho tiempo en hacérsela, Tom. Pensé que como estamos a mediados de agosto, se la podríamos hacer a mediados de septiembre, dentro de un mes ¿Qué me dice? Es mayor de edad y puede hacer lo que quiera, está a su elección. Probablemente estés un tiempo ingresado, quizá unos dos o tres meses para ver su evolución y le haremos pruebas después de la operación para ver si resultó con éxito y no tiene cáncer de nuevo – desvié la mirada del doctor y miré a Bill, quien tan solo hizo una sutil afirmación con la cabeza, mirándome. Dentro de un mes, después de mi cumpleaños… Dejaría de tener pierna… Pero sin duda prefería estar vivo y sin una extremidad a morir por cáncer.
– Sí, está bien – confirmé.
– Perfecto, lo hablaré con mis superiores y lo más seguro es, que ya tenga la fecha totalmente confirmada en unos días. Pediré una dieta específica para usted, que deberá seguir hasta el día de la operación – asentí -. Vale, necesito que firme esto para que dé la autorización al ser mayor de edad – giró una de las hojas que tenía en el escritorio y me tendió junto a ella un bolígrafo el cual cogí y firmé donde él me señaló. Una firma, un simple garabato que desencadenaba una cosa tan importante y dolorosa como aquella. Tinta sobre un simple papel podría salvarme y, a la vez, tener una de las peores experiencias de mi vida, esa dolorosa realidad. Sin más dejé el bolígrafo a un lado después de firmar, sin querer pensar de nuevo en el tema. Desvié la mirada de la hoja y miré al doctor -. Muy bien, entonces ya está todo – terminó de decir, organizando de nuevo todo el papeleo de mi operación y resultados de mis pruebas.
– Y… ¿Podemos irnos? – pregunté un poco ansioso por salir de esas cuatro paredes, quería irme de allí, quería dormir y olvidar todo por un momento. El doctor levantó la mirada de nuevo y la alternó entre Bill y yo. Suspiró y unió los dedos de sus dos manos, sabía que esto aún no había acabado a aquí… Tenía algo que decirme, y no sabía si quería escucharlo.
– Tom, normalmente a los pacientes que van a pasar por una operación arriesgada, en la cual pierden algo muy importante como una extremidad en su caso, recomendamos que vayan posteriormente a un psicólogo para estar preparados mentalmente y no sufrir después las consecuencias de verse como un extraño. De hecho su amigo frecuentó uno, a Nat que supongo conocerás. ¿No, Bill? – él asintió sin más – A él por lo que vi le funcionó, y si usted quiere también podría frecuentar a uno, como por ejemplo Nat que ya la conoces. Es algo que recomendamos, pero al ser mayor de edad puede decidir – ir a un psicólogo… Jamás había estado en mis planes, sin embargo, sabía que podía ayudarme un poco en esto, pero me daba miedo. Ellos jugaban con la mente, y a mí nunca me gustó que me aconsejaran, siempre fui reservado y contarle todas mis mierdas a una persona que no conocía no era realmente muy satisfactorio para mí, de mucha ayuda. Tenía a Bill, y con él tenía suficiente, siempre sabía cómo aconsejarme y hacerme ver todo de diferente forma, él ya era mi psicólogo, uno que me agradaba porque me decía todo aquello y quería oír, y funcionaba.
– Creo que de momento no, doctor. Ya tengo un psicólogo a pesar de no estar licenciado compartiendo habitación conmigo – sonreí y miré a Bill, quien rio suavemente.
– Oh, está bien. Mientras usted esté bien y Bill le sirva de ayuda todo está muy bien, en todo caso, cuando quiera tan solo me lo dice – asentí -. Pues ha sido un placer, Tom. Y espero que después de la operación ya no vuelva por aquí – nos levantamos y estreché mi mano con la de él.
– Eso espero yo también – susurré, despidiéndonos Bill y yo de él antes de salir por la puerta.
– ¿Cómo estás? – escuché que me preguntaba Bill al verme cansado y sin fuerzas, suspirando y chocando mi espalda contra la pared, intentando ganar un poco de calma.
– Todo lo bien que se puede estar al saber que te van a cortar la pierna, me ayudas, pero sigue siendo difícil. Es una parte de mí, Bill, y cuando me mire en el espejo y no vea esa parte… Me sentiré extraño conmigo mismo – dije todo lo sincero que pude ser. Cerré los ojos al ver doctores y enfermeros pasar por el pasillo, de un lado a otro y sin parar. Sentí la mirada de Bill sobre mí y supe que estaba pensando en algo, siempre pensaba cuando se quedaba en silencio.
– Acompáñame, quiero enseñarte algo – dijo, acercándose a mí y estirándome de la mano para que le acompañara. Abrí los ojos finalmente y le miré, viendo que comenzaba a andar por los pasillos, alejándose de mí, y yo, yo tan solo le seguí sin entender dónde íbamos.
– ¿Dónde vamos? – se quedó callado, y me miró durante un segundo antes de mirar de nuevo al frente, y seguir caminando.
– Este hospital se construyó hace años, Tom. Aquí hay de todo, desde bebés hasta personas mayores. Desde un simple resfriado hasta enfermedades de lo más raras y poco comunes – empezó a decir, y vi que se paraba en un ascensor -. Probablemente aquí hay ingresadas más de 500 personas, o incluso podría decir que 1000. Todos los días, sin faltar, vienen sus respectivos familiares a visitarlos para poder sacarlos por un momento de este lugar, haciéndolos reír a pesar de lo que estén pasando… – se calló por un momento, cuando el ascensor se abrió y nosotros entramos en él, subiendo a la penúltima planta – Aquí han nacido vidas que quizá cambiarán el mundo, y aquí han muerto personas que quizá ya han cumplido su deber en este mundo. Todos aquí tenemos un por qué, Tom, todos, por mínimo que sea, estamos en este mundo por algo, por alguna razón que nunca sabremos. Nacemos cuando debemos y morimos cuando es la hora de hacerlo, cuando ya has hecho el deber que tenías que hacer – el ascensor paró y salimos de allí, estábamos de repente en un pasillo donde no había casi nadie, donde el silencio casi se podía respirar. Pero Bill continuó andando, continuó hablando mientras yo le prestaba mi total atención -. Todos somos un pequeño grano de arena, pero juntos formamos una playa preciosa, y el agua se lleva a esa arena que ya a cumplido su deber de existir. Hay que encontrarle un sentido a esta vida, a pesar de que cueste. Y ahora dime, Tom, cuando ves esto, cuando ves a todas estas personas y te sientes tan insignificante ¿Qué es lo que piensas? – cesó de andar, y vi una gran escalera de caracol que comunicaba con todas las plantas del hospital. La miré desde arriba y vi todas las personas que allí habían, de todas las edades andar de un lado a otro. Y nosotros aquí, admirando a todas ellas, a esos granos de arena.
– Siento que no somos nadie. Que somos igual que todas esas personas, yo nunca revolucionaré el mundo, nadie me conocerá públicamente, y tan solo formaré parte de ese grano de arena insignificante – susurré.
– ¿Pues sabes lo que veo yo? Veo granos de arena que, a pesar de parecer iguales, no lo somos. Nos movemos y actuamos igual, pero todos tenemos un por qué en la vida, Tom. Aprendí que mirando todo desde arriba te sientes pequeño al estar abajo, pero sólo físicamente, porque quizá puedes revolucionar el mundo con tus creencias, con lo que piensas y sientes. Todas estas personas son iguales, pequeñas, pero con mentalidades diferentes, mentalidades que pueden cambiar el mundo. Somos granos de arena esperando dejar una huella antes de que el mar nos lleve, una huella que a pesar de parecer insignificante, puede ser muy grande para quienes te rodearon. Aprendí que la humanidad está en este mundo para cumplir una meta, y gana uno estamos aquí para lograr conseguirla, a pesar de no parecerlo – me quedé impresionado, como cada vez que hablaba sobre estos temas, eso que jamás pensé, y que él me enseñaba totalmente. Volvió a mirarme después de quitar la vista de las personas que andaban por allí. Me cogió de nuevo de la mano, y se adentró junto a mí en una de las puertas que allí había, una habitación donde no había nadie. Le miré extrañado y se paró junto a mi delante de un gran espejo – Y ahora, cuando tan solo te ves a ti mismo, delante de un espejo ¿Qué piensas? Al verte grande y poderoso…
– Que soy alguien, que voy mucho más allá de un grano de arena, que… estoy aquí por algo – dije.
– ¿Y por qué cuando estabas allí no?
– Porque era igual que todos…
– Lo eres físicamente, ¿Lo entiendes? Todos somos un grano de arena, pero junto movemos masas. Somos iguales físicamente, somos pequeños comparados con el resto, pero interiormente somos mucho más grandes, somos mucho más que un simple grano de arena… ¿Entiendes mi metáfora, Tom?
– No
– Siempre seremos iguales a ellos, a pesar de que te falte una extremidad, siempre seremos un grano de arena físicamente. Porque lo que importa es el interior, lo que consigue hacernos diferentes y grandes. Te faltará algo físico, pero has ganado mucho dentro de ti, lo que no se ve, lo que se siente. Eso, eso es mucho más importante
– He ganado… Por dentro no soy un grano de arena, soy mucho más – susurré.
– Exacto – dijo Bill, y yo seguí mirándome en el espejo, sin pronunciar una sola palabra. Algo dentro de mí se removió, algo que solo Bill conseguía. Bill era mucho más que un grano de arena, mucho más que todas las personas de este hospital, era diferente, era… Una flor, esa flor solitaria que había crecido de entre la arena.
– Somos una flor en el campo de arena – murmuré.
– Ahora… Quiero que encojas la pierna, como si no la tuvieras… Y quiero que te sientas igual de poderoso, Tom. Quiero que te sigas sintiendo igual físicamente, pero muy diferente internamente… Vamos, hazlo y dime… ¿Cómo te sientes ahora? – hice lo que él me dijo, doblé la pierna y tan solo me vi la rodilla y el muslo. Me faltaba algo, obviamente me faltaba algo pero… Era algo físico, perdía algo físico, pero ganaba mucho más internamente…
– Me siento más poderoso, mucho más… No importa lo que pierda, siempre ganaré algo, aunque parezca mínimo…
– Siempre…
– Siempre.
Continúa…
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