«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 16. Ahora no podía dudar

—Aún… Aún no entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué primero Simone y luego él? ¿Qué se trae la vida en contra de mí, Bill? —preguntó Tom, apretando fuertemente todavía mis manos, mientras su cabeza descansaba en mi pecho.

Lo había llevado a un lugar lejano de todo el escándalo y espectáculo ocurrido apenas unas horas atrás.

Estaba como en shock, al igual que él. La muerte de Simone había sido fea, verla agonizar así y luego tenerla sin vida enfrente de mí, no había sido del todo fácil como quise aparentar en ese momento. Pero, ahora era totalmente diferente. Por alguna extraña y muy rara razón, había sentido un gran dolor alojarse en mi pecho cuando vi a Sebastian caer justo enfrente de mis ojos, cerrando los suyos y dejando salir el último suspiro desde sus pulmones.

Había sido muy perturbante, esa imagen jamás saldría de mi cabeza.

—La vida no está en tu contra —Suspiré, tratando que mi hermano se tranquilizara un poco. Ya no lloraba, pero seguía muy dolido por lo antes sucedido, y era de comprenderse, claramente.

—Siempre he tratado de pensar eso, pero últimamente lo está. Ya no quiero sufrir más, Bill…

Sus palabras me llegaron a lo más profundo del… Bueno, no sé exactamente si de mi corazón, o de ese órgano que estaba muerto, obscuro, sirviendo solamente para bombear sangre a todo mi cuerpo.

—Tú… ¿confías en mí, Tom? —interrogué, separándome unos escasos centímetros de su cuerpo, tomando su rostro entre mis manos. Lo miré con el ceño fruncido.

—No —negó con la cabeza, pero sin despegar su mirada penetrante, llena de lágrimas nuevamente, de la mía—. Hace mucho que dejé de hacerlo.

—Entonces, ¿qué haces aquí? —Ladeé la cabeza, sin soltar su suave rostro de entre mis dedos— ¿Por qué sigues regresando cuando lo único que hago es lastimarte?

Pareció pensárselo un poco, porque no dijo nada de momento. Se quedó callado y luego suspiró, retirando mis manos de su piel poniéndolas entrelazadas con las suyas.

—Porque al fin de cuentas eres mi hermano, Bill. Llevamos la misma sangre por las venas… Somos hijos de Simone, y… —Bajó la mirada, soltando mis manos después— Justo ahora eres la única familia que me queda —Escuché como se quebraba su voz, tragando saliva luego de carraspear levemente.

— ¿Odias eso, no? —Pregunté, cruzando mis piernas— Yo… te odiaba, te odiaba tanto —sinceré. Observé como giraba su cara en dirección a la mía, con un dejo de extrañeza en sus facciones—. Cuando me enteré que tenía un hermano, un hermano al cual nunca le faltó nada, el cual siempre tuvo el amor de mi mamá, fue… —Mi voz se volvió un poco más ronca— Sólo quería que te fueras, que Simone ya no te quisiera, que centrara su atención en mí.

—Lamento que mamá te haya dejado a ti y a Gordon para…

—Quería verte muerto —interrumpí, ante su atenta mirada totalmente sorprendida—. Quería… Quería que no existieras. Te odié desde el primer momento que supe de tu existencia, te odié desde que te vi por primera vez, cuando ibas bajando las escaleras, con esas pintas de niño consentido, de inmaduro, de inocente… —Suspiré— Quise que sufrieras como yo lo había hecho, quería que todos te odiaran. Y luego… —Reí apenas, recordando el plan— Me di cuenta que algo provocaba en ti, me di cuenta que podía seducirte y enamorarte hasta las raíces —Le dije, endureciendo mi mirada.

Tom dejó escapar una lágrima, que luego limpió rápidamente.

—No sigas, por favor, Bill…

—Y lo hice —dije, haciendo que me mirara, tomándolo del mentón—. Hice que perdieras los estribos por mí, que estuvieras dispuesto incluso a desafiar a tus padres por mí —Volví a soltar una risita—. Dios, eras tan inocente, Tomy… La primera vez, ese día que te obligué, ese día que por primera vez pude sentir tu dolor, que pude ser yo el causante de ese dolor, sentí… Sentí tanto alivio, tanta alegría de que por fin estuvieses pagando, de que…

—Entonces lo disfrutaste, ¿no? —Alzó una ceja, haciendo que lo soltara completamente. Pero se quedó ahí sentado, esperando que yo dijera algo más.

Sabía que estaba dolido, que le estaba causando sentimientos horribles en el corazón, que lo estaba lastimando al decirle toda la verdad, el por qué lo había hecho, pero… Era algo que necesitaba saber, era algo que tenía que entender para no odiarme tanto ahora.

—Más de lo que te imaginas —aseguré—. Cada día era algo nuevo para mí, me empeñé tanto en hacerte daño que… Terminé haciéndome daño a mí —Mis ojos dejaron de clisarse con los suyos, mirando ahora hacia la izquierda—. Terminé volviéndome peor de lo que ya era, terminé odiando más, porque a pesar de todo lo que te había hecho, a pesar de jugar contigo de esa manera, no logré corromperte, no logré que me odiaras como yo lo hacía. Terminé convirtiéndome en el monstruo que soy ahora. Y mírate tú, Tom. Sigues siendo ese niño tierno e inocente que conocí hace mucho. Sigues teniendo esa gentileza, sigues perdonando, sigues amando… Y eso es lo que más odiaba y odio de ti, que las personas te hagan daño, y tú sólo puedas perdonarlas y seguir adelante.

Sentí un gran alivio después de sacar todo eso. Y era cierto, siempre lo odié por eso, siempre quise ser así como él, tratar de olvidar, perdonar y luego superar los golpes y problemas que la vida me había dado, pero no pude, y seguía sin poder.

—Bill… ¿Qué dices?

—Quería destruirte y me destruí yo mismo, ¿sabes? —Volví a mirarlo, con los ojos un tanto rojos, a punto de soltarme a llorar.

Bill Kaulitz por fin había dicho todo lo que nunca se había atrevido.

Mordí mi labio inferior, tamborileando algunos de mis dedos sobre mis piernas.

—Y… ¿Luego por qué sigues haciéndolo? Ya te vengaste, ya obtuviste lo que tanto querías… Ya…

— ¿No lo entiendes, verdad? —Me tragué las lágrimas.

— ¿El qué?

—No he logrado nada, Tom. Nada. Mi mamá no está, nunca tuve su cariño, tú estás aquí, parado, siendo un hombre exitoso, y yo… ¿Qué tengo yo?

—Eres el modelo más…

—No hablo de eso —le interrumpí, negando varias veces con la cabeza—. A mí nadie me ama, nadie siente siquiera amistad por mí. En cambio tú… Tú tienes a todo el mundo a tus pies, queriendo ser tus amigos, novios, novias, queriendo parecerse una décima parte a ti.

—Te equivocas en algo —comentó, tomando mis mejillas entre sus manos—. Sí hay alguien que te ama… Y más de lo que te imaginas —dijo con certeza, buscando mi mirada.

— ¿Tú? —pregunté, mirándolo nuevamente.

Él juntó su frente con la mía, haciendo que igual nuestras narices se rozaran, una con la otra. Nuestros alientos chocaban, y las lágrimas y sollozos de los dos salían al unísono. Éramos tan parecidos…

— ¿Nunca sentiste nada por mí? ¿Ni siquiera una pizca de cariño?

—No —contesté, tomándolo del cabello, acariciándolo, sin despegar nuestras frentes—. No te voy a mentir, Tom —Negué—. Pero… Ahora tengo mis dudas.

Y ahí iban de nuevo las mentiras. Sí, mi plan seguía en juego. Era cierto que había sentido algo dentro de mí al verlo así, sí, había sentido celos de que estuviera con Andreas, sí, pero eso no significaba que mis cometidos tuviesen que cambiar. Siempre sería el mismo monstruo, siempre sería el Bill Kaulitz que soy ahora, y eso no iba a cambiarlo ni siquiera Tom. Pero ahora tenía que decirle, convencerlo de que creyera en mí, volver a mentirle. Aunque no pueden culparme, había abierto mi corazón con él, le había confiado cosas que ni siquiera a Gordon le había contado. Estaba avanzando un poco, ¿no lo creen?

Seguiría con el plan, pero sólo cambiaría una cosa… Ya no me interesaba lastimarlo más, ya no me interesaba que sufriera. Sólo quería irme para siempre de su vida. Cumpliría el contrato que firmé para Sebastian, ganaría algo con eso, y luego me iría para siempre.

— ¿Dudas?

—De lo que siento por ti —Lo miré, acercando mis labios a los suyos.

—Bill…

—Puedes creerme o no. Es tu decisión —Alcé mis hombros, mirando sus labios. Deseando besarlos de una vez—. Tomy —casi gemí en su boca, rozando sus carnosos y suaves labios con los míos—, siento tanta rabia cuando te veo con Andreas —Lo tomé del rostro, arrugando mi frente— No quiero que lo ames, no quiero que lo toques, que lo beses… No puedo soportarlo.

—Es porque sólo me quieres tener a tu antojo, bajo tus caprichos, no soportas que esté siendo feliz con alguien más, y…

—Es porque te amo —solté. Vi como Tom se quedaba petrificado ante mis palabras.

—No voy a creerte esta vez —Se levantó de la pequeña terraza en la que estábamos, y comenzó a caminar en dirección a la puerta de salida.

Di un gran salto, y corrí apenas para poder alcanzarlo. Lo tomé fuertemente del brazo, volteándolo para que así pudiese mirarme. Sus mejillas estaban empapadas en lágrimas y sus pestañas mojadas se movían rápidamente, como abanicando sus ojos.

Lo besé, sin decir nada más. Quería que volviera a tener confianza en mí, quería que se sintiera protegido, apoyado.

Y… extrañamente, al momento de besarlo, al momento de sentir sus húmedos labios fundirse con los míos, al momento de tomarlo de las mejillas nuevamente para no darle oportunidad de despegarse, al momento de ladear mi cabeza y meter mi lengua en su cavidad… Sentí algo que nunca había sentido al besarlo. Algo nuevo, algo… Que no podía explicar. No era excitación, deseo, lujuria, ni todas esas cosas combinadas como cuando lo besaba antes. Ésta vez era diferente… Tan… Hermosa. No quería despegarme de su boca, no quería dejarlo ir, no quería que me odiara ya.

El beso duró relativamente poco. Tom puso sus manos en mi pecho, apartándome ligeramente, pero sin llegar a despegar completamente mi cuerpo del suyo. Acaricié una vez más sus mejillas, limpiando cualquier rastro de lágrimas. Él me miró dubitativo, cerrando después sus ojos.

—Tom… —articulé, besando fugazmente sus labios— Sé que es difícil, y no te quiero presionar. Sólo… Sólo quiero que estemos bien, ¿si?

Volvió a abrir sus ojos, mientras asentía, con un atisbo de sonrisa.

—No me ames, Bill. Por favor, ahora no —Me abrazó fuertemente, presionando sus manos en mi espalda, aferrándose fuertemente a mi cuerpo.

—Demasiado tarde… —susurré, apretándolo igualmente contra mi cuerpo.

 

Por Tom.

Llegué a la mansión al otro día, alrededor de las 8 a.m.

Andreas se encontraba en la sala, con una taza de café en la mano, y los ojos rojos y un tanto desorbitados, mirando hacia la entrada, la cual justamente yo acababa de cruzar.

— ¿Se puede saber en dónde carajo estabas? —reclamó, dejando la taza a un lado. Se levantó del sofá y desfiló a pasos agigantados hasta mi persona. Se notaba que no había dormido nada; las ojeras debajo de sus ojos lo recalcaban.

—Andy… No estoy de humor —Negué con la cabeza, quitándome el saco de marca que colgaba por uno de mis hombros—. Necesito descansar.

— ¿Estabas con Bill, cierto? ¡Tu padre acaba de morir ayer, y tú te vas a quien sabe dónde a revolcarte con tu hermano! —Me gritó en la cara, fulminándome con la mirada.

¿Pero qué demonios se traía?

— ¡No necesito que me recuerdes que ayer perdí a una de las personas más importantes en mi vida! Ya tuve suficiente con lo que pasó. ¿No puedes comprenderme un poco? —cuestioné, bufando exageradamente.

La cabeza me daba vueltas, y mi estómago estaba a punto de devolver bilis. Sí, bilis, porque no había cenado, ni desayunado nada en las pasadas horas.

—Tom… Ayer Sebastian murió. ¿Te das cuenta de eso? ¿Te das cuenta de lo que sucedió? Porque parece como si no estuvieras enterado —Suavizó el tono de su voz, mirándome realmente preocupado.

Y es que sí era de preocuparse. Yo no mostraba interés alguno en la muerte de mi padre. Mi cuerpo no mostraba dolor, mis reacciones eran nulas, mi mente veía nublado y mis ojos se encontraban totalmente perdidos. Estaba en estado de shock. Sólo esperaba que no me dieran nuevamente los ataques…

—Yo sólo… Quiero descansar —mencioné, pasando por su lado, dejando tirado el saco en el suelo. En realidad no me importaba que se quedara ahí. Ya me daba igual.

—Amor… —Andreas dio dos grandes saltos hasta alcanzarme, y tomó suavemente mi brazo, deteniendo mi paso— Tom, ¿te encuentras bien? —Tomó luego mi rostro, cuidadosamente— Tom… Por favor, dime algo —suplicó, mirándome directamente a los ojos. Esperando una respuesta que yo no quería articular—. ¿Tienes… tienes uno de tus ataques? Tom, por favor, dime que estás bien… —dijo con un hilo de voz, apenas y logré escucharlo.

Asentí al vacío, sintiendo mi cuerpo nuevamente flácido caer contra el duro mármol.

 

— ¡Todo esto es por tu maldita culpa!

— ¿¡Mi culpa!? ¡Te recuerdo que conmigo estaba perfectamente bien! ¡En cuanto te vio fue que le pasó! Así que no andes echando culpas por otros lados, Andreas, ¡que no te queda!

— ¡Ahora no vengas a hacerte el preocupado! Tú y yo sabemos que Tom no te importa una mierda.

— ¿¡Tú qué sabes, zorrillo!?

— ¿¡Cómo me dijiste!?

Abrí lentamente mis ojos, pestañeando repetidas veces para poder acostumbrarme a la fuerte luz que daba contra mis párpados.

Mierda. Otra vez en el jodido hospital.

Sentí los molestos cables inundando mi cuerpo, la tiesa almohada chocar en mi cabeza, al mismo tiempo que el colchón, y mis manos frías reposaban sobre mi torso desnudo.

—Bill… —fue lo único que pude decir en ése momento. Necesitaba tanto de él, necesitaba que me abrazar como la noche anterior y me dijera que él cuidaría de mí, que no me preocupara porque todo iba a estar bien.

Aclaré mejor mi vista y pude observar a los dos sujetos que anteriormente discutían. Ambos tenían sus miradas puestas sobre la mía.

— ¿Lo ves? Quiere que yo esté con él —dijo mi hermano, sonriendo triunfante.

La escena me pareció un poco molesta e incómoda. Andreas me miraba con los ojos llenos de lágrimas, las manos apretadas a cada lado de su cintura, frunciendo débilmente los labios.

—Andy… —mencioné, cuando vi que hizo un ademán de querer irse— ¿Puedes… puedes quedarte? Por favor —pedí, ante la atenta y fulminante mirada de mi hermano.

—Quieres que Bill esté contigo. Lo sé, y lo entiendo. Vuelvo por la tarde —contestó en un tono un poco severo, pero débil a la vez. Se le notaba el esfuerzo que hacía al decir esas palabras—. Hay muchas cosas que hacer en la empresa, con lo de Sebastian… —comenzó a enumerar, y yo asentí, comprendiendo perfectamente su posición— Sólo quería saber que todo estuviera bien contigo —Limpió ágilmente una gota de agua salada que resbalaba por su pómulo y volvió a mirarme—. Te amo —confesó, sin dejar que yo respondiera, para salir por la puerta que se encontraba a sus espaldas.

—Vaya, que conmovedor —comentó Bill, que justo ahora, se encontraba tomando una de mis manos, apoyando ambos codos en el colchón de la camilla—. El zorrillo sacrificándose para…

— ¿Zorrillo? —interrumpí, mirándolo con el ceño fruncido.

— ¿No ves su cabello? Y ese maquillaje… ¡Ew! —Dramatizó— Parece un zorrillo —Rió, alzando a su vez los hombros, sin dejar de apretar suavemente mi mano. Reí por lo bajo, dándome cuenta que el apodo de Bill no le quedaba del todo mal a mi novio—. Bueno, al menos te hice reír… ¿Cómo amaneciste? Te dije que podrías quedarte conmigo y…

—Bill, estoy bien —aseguré, asintiendo—. Fue sólo…

—Otro de tus ataques, nada más —ironizó, suspirando después—. Necesitas descansar, y teniendo peleas y discusiones con Andreas… Créeme, no lo conseguirás.

— ¿Có-cómo…?

¿Cómo jodidos sabía que había discutido con Andreas antes de que me diera el ataque?

—Te seguí —aclaró, como si hubiese podido leer mi mente—. Sabía que no era buena idea… Sabía que el zorrillo te iba a hacer preguntas y demás, y quise que estuvieras bien, pero creo que llegué un poco tarde. Cuando escuché los gritos en el vestíbulo apresuré mi paso, pero uno de los mayordomos se interpuso en mi camino, y bueno… Llegué cuando estabas ya tirado en el piso, con…

—La boca llena de espuma —finalicé—. Lo sé, no tienes que decirlo.

Bill asintió, sonriendo ligeramente.

—Dijiste mi nombre —recalcó en un tono un tanto seductor—. ¿Soñabas conmigo?

—No te alborotes tanto —Reí, negando con la cabeza—. Lo dije porque reconocí tu voz —aclaré.

—Mmh… Ya veo —Se incorporó, quedando semi acostado en el sillón al lado mío.

—Bill… He estado pensando acerca de lo que hablamos ayer.

Recordé la plática que habíamos tenido acerca de Sebastian, después de recostarnos en su amplia cama, casi a las cuatro de la mañana.

— ¿Y qué dices? —Levantó una de sus cejas, mirándome mientras se mordía los labios.

—Que sí; necesito saber la verdad.

Mi hermano asintió sonriente, y entrelazó luego nuestros dedos, quedándose así, mirándome como un tonto enamorado. La única diferencia era que él no estaba enamorado.

 

Por Bill.

Salí de la recámara de hospital en la que se encontraba Tom, después de ver cruzar a Andreas el umbral; no me hacía ninguna gracia estar cerca de esos dos, y mucho menos con el zorrillo mirándome como si le hubiese robado su más preciado tesoro. ¿Conocen a Gollum? El del Señor de los Anillos… Bueno, así me miraba el idiota ése.

Me subí a mi Audi Q7, y me dispuse a arrancar hacia la empresa. Hoy más que nunca, teníamos mucho trabajo.

Todas las televisoras, revistas de chismes, paparazzi y demás, querían tener una entrevista con Tom o conmigo, claro, por la muerte de Sebastian.

Llegué rápidamente a las instalaciones, metiéndome por entre el tráfico, y aparqué en mi lugar asignado anteriormente. Bajé, encontrándome con el “valet parking” y entré a paso apresurado hacia la empresa. En la puerta, como ya era costumbre, me encontré con la ola de personas tratando de entrar y poder obtener una buena nota, así que decidí pasar de ellos y retrocedí, para internarme por la puerta de atrás.

Las cosas no estaban nada bien. Estaban sucediendo muchos problemas y circunstancias que ponían en peligro la imagen de la empresa, mía, y en especial la de Tom. Así que tenía que arreglar eso rápido, ponerle fin a la gran polémica que se había desatado y seguir el trabajo con normalidad.

Subí las escaleras, y llegué hasta el piso de oficinas, seguí caminando, tomé el elevador, y así pude llegar hasta la torre, donde se encontraban todos trabajando, vueltos locos, de arriba abajo, con papeles entre las manos y demás. A lo lejos, divisé a Cameron junto con Georg, con no muy buena cara, y un montón de papeles en las manos. Doblaron una de las esquinas y luego se metieron en la espaciosa oficina de Cameron. ¿Qué tramarían?

Me acerqué a ellos, muy cautelosamente para que no pudieran adivinar que los escucharía. Me quedé a un lado, asomándome ligeramente por la puerta, para escuchar mejor. Todos los demás trabajadores, diseñadores y modelos estaban tan ocupados en sus asuntos, que al parecer nadie notó mi presencia en ese lugar.

— ¿Estás seguro de que funcionará, Cameron?

—Sí, lo estoy. Tom no sabe de la existencia de esa bodega. ¿Cómo descubrirá que le robamos algo que ni siquiera sabe que existe?

¿Pero qué…?

—Es verdad. Pero… El problema podría ser entrar.

—Por eso no te preocupes. Tom confía mucho en mí, al igual que Andreas. Y al estar Sebastian tres metros bajo tierra, nos facilita el trabajo, ¿no lo crees?

¿Era en realidad Cameron el que estaba diciendo eso? Se le notaba tan frío…

Carraspeé, internándome en la oficina, en donde esos dos tramaban algo en contra de Tom, eso sin duda.

—Bill, ¡que bueno que llegas! —señaló Georg, extendiendo sus brazos mientras me miraba.

—Justo ahora estábamos hablando de… —interrumpió Cameron, pero luego lo interrumpí yo, dejando mi bolso sobre el escritorio.

—Tom. Lo sé —Sonreí socarronamente, como reclamando el que hubiesen estado planeando ese tipo de cosas sin mí—. Y ustedes ya se volvieron mejores amigos, ¿eh? —intuí con un dejo de reclamo en el tono de voz.

—Soy yo, o te siento un poco…

— ¿Celoso? —terminé la pregunta que iba a formular Cameron— No, para nada. En realidad me da igual a quién te lleves a la cama… Pero hay algo que no puedo dejar pasar, y ese algo es que están planeando cosas acerca de mi hermano, sin mi consentimiento —Los miré intercaladamente, con los brazos cruzados sobre mi pecho—. Les recuerdo que todo este plan es idea mía, y si yo no estoy de acuerdo con algo, pueden ir olvidándose de hacerlo. ¿Les quedó claro? —pregunté, sonriendo ampliamente al par de ojos que me miraban un tanto asombrados.

— ¿Es mi idea, o estás defendiendo a tu hermano? —Cameron alzó una ceja, cruzándose de brazos al igual que yo, mientras recargaba ligeramente su torso contra el escritorio en el que estaba sentado.

—Que te quede clara una cosa, Cam —Apreté mis labios al terminar de pronunciar su nombre, estirándome hasta quedar a escasos centímetros de su rostro—. Puedo odiar con todo mi corazón a Tom, puedo desear que se hunda en el mayor pozo sin fondo del planeta, puedo querer terminar con él de una maldita vez, pero eso es algo que me concierne a mí, y sólo a mí —aseguré, sonriendo de lado—. Así que ahórrate tus comentarios estúpidos.

Observé como Cameron me fulminaba con la mirada, mordiéndose la lengua para no soltar una que otra cosa que traía claramente atravesada.

—Hey, Bill, creo que estás malentendiendo las cosas —Georg tomó mi hombro, apretándolo suavemente.

— ¿Quieres explicarme? —Giré mi mirada hacia su figura, ladeando levemente la cabeza.

—Sólo estábamos haciendo suposiciones para contártelo después. Créeme, no haríamos o planearíamos algo sin tu autorización; al fin y al cabo tú eres el que ha planeado todo esto, el que empezó, no podemos hacerlo sin ti, ¿verdad? —se dirigió a Cameron, el cual solamente asintió, para voltear luego la mirada en dirección a su portátil.

Me lo pensé por un momento. Georg sonaba bastante sincero, y si lo analizaba, hasta lógico. Ellos me apoyaban para sacar beneficio de esto, por dinero, no por querer destruir completamente a Tom, ese solamente era mi objetivo.

¿Estás seguro, Bill?

¿Eh? ¿Qué?

Volteé mi cabeza hacia todos lados, mirando en todas las direcciones.

— ¿Te encuentras bien? —interrogó Georg, al mirarme un poco alterado, mirando a mí alrededor.

—Ehm… Sí —mentí, y me paré rápidamente del escritorio, donde me había sentado. Acomodé sutilmente mi cabello, echándolo hacia atrás, y salí con las miradas extrañas de los dos sujetos en cuestión puestas sobre mí.

¿Qué demonios había sido esa voz?

Quiero decir, ¿de dónde había salido? ¿Por qué carajo había escuchado esa pregunta dentro de mi cabeza?

Era quizás que… ¿Me estaba arrepintiendo? Era tal vez que… ¿Mi subconsciente en realidad no quería hacer nada en contra de Tom?

Respiré calmadamente, tratando de ordenar todo el lío que justo ahora se acababa de armar en mi cabeza.

¿Por qué mierda estaba pensando en eso? ¡Claro que estaba seguro de querer terminar definitivamente con lo que sea que me tuviese ligado a Tom!

Quería sacarlo de mi vida de una vez por todas. Que se acabara todo el rollo que mi cabeza y corazón sentían cuando estaba cerca de mí, que se acabara la confusión que de un tiempo a acá había dado inicio dentro mí. Porque no podía permitir que algo o alguien pudiera dominarme, o incluso interesarme por encima de mí mismo. Y justamente eso estaba pasando con Tom aquí, tan cerca de mí. Me hacía dudar de mis planes, me hacía pensarme las cosas dos veces, me hacía querer dejar la toalla de un momento a otro y querer decirle, o al menos sacar todo lo que mi pecho quería gritar. Así que no podía darme el lujo de desequilibrarme, de dudar, ya no.

Ahora no podía dudar.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!