Fic M-Preg de lyra. Temporada I
Capítulo 2: Confirmación
Fue despertado con suavidad por Gustav y tras abrir los ojos asintió cuando le dijo que ya habían llegado al hotel.
Se estiró en la cama sin dejar de sonreír al ver como Bill se volvía en sueños y buscaba su cuerpo, como se acurrucaba contra su pecho y suspiraba pasando una mano por su cintura. Le daba pena despertarle, pero no le quedaba más remedio.
Vio que la cortina de la cama continúa echada, y a pesar de saber que no estaban solos en el dormitorio, decidió despertar a Bill como siempre hacía. Le tomó la cara en sus manos y comenzó a besarle en los labios, hasta que los separó y le dejó entrar en esa boca tan maravillosa que tenía y que él bien conocía, pues ya había explorado todos los rincones habidos y por haber.
Sonrió al sentirle a él hacerlo dormido, más cuando la mano que tenía en su cintura subió hasta su cuello para que hiciera más profundo el beso. Pero no se pudo permitir ese lujo, no estando con sus compañeros a escasos metros.
Dio por finalizado el beso y saliendo de su cálida boca se separó y le observó despertarse, como parpadeaba y abría los ojos lentamente sin dejar de sonreír al verle.
— ¿Ya hemos llegado?—preguntó Bill bostezando.
—Sí, ¿qué tal te encuentras?—preguntó a su vez Tom preocupado.
—Muy bien estando en tus brazos—contestó Bill riendo.
—Mejor nos levantamos antes de que David suba a buscarnos—dijo Tom con pesar.
Pasó por encima de él y retiró la cortina que les daba intimidad. Se levantó de la cama y le ayudó a incorporarse, esperando a que le asegurase que no se mareaba y podía levantarse.
Le ayudó a calzarse y ponerse una gruesa cazadora para que no cogiera frío, pues era bien entrada la noche y las temperaturas habían descendido.
Bajaron al piso inferior y allí esperaron mientras los botones se encargaban de sus maletas y equipaje.
—Bill, lo siento pero he cancelado el concierto—informó David—Lo primero es vuestra salud.
El cantante asintió en silencio. En esos momentos no estaba para cantar, ni siquiera para discutir. Volvía a sentirse revuelto y deseaba tumbarse en una cama blanda, con Tom al lado abrazándole.
Sus deseos fueron concedidos, y en cuanto recibieron las llaves de sus habitaciones subieron a ellas y entraron despidiéndose hasta el día siguiente.
Con la excusa de no dejarle solo por la noche por si le necesitaba, Tom entró en la habitación de Bill y de nuevo le ayudó a acostarse.
—Si mañana estás con fuerzas, regresamos a casa—explicó mientras le quitaba la camiseta.
—Eso depende de lo que hagamos esta noche—murmuró Bill riendo.
—Para eso no estás mal, ¿verdad?—dijo Tom también riendo.
Le desnudó del todo y le dejó ponerse el pijama cuando llamaron a la puerta. Antes de abrirla comprobó que Bill estaba en condiciones de recibir visitas y dejó pasar al productor seguido del médico del hotel.
Les indicó la cama con una mano y cerró la puerta tras ellos.
—Solo quiero confirmar que no es nada grave—se defendió David al ver el gesto del cantante.
Recostado sobre las almohadas, dejó que el médico le examinase la garganta en busca de alguna infección típica en él. Tras descartarla retira las sábanas y le palpó el vientre.
— ¿Te duele?—preguntó al oírle gemir.
—Es el estómago, lo tengo revuelto—explicó Bill apretando los dientes.
— ¿Cuánto tiempo llevas así?
—Pues….creo que más de 4 días—confesó Bill en voz baja.
— ¿Más de 4 días? ¿Y no me habéis dicho nada hasta hoy?—saltó David enfadado.
—Ha sido culpa mía—contestó Bill saliendo en defensa de Tom—Le pedí a Tom que no dijera nada, pero he empeorado…
—Pensábamos que era una simple indigestión—justificó Tom.
—Ya no se puede hacer nada—puso paz el médico—Ahora solo hay que dejar que descanse y nada de conciertos hasta que se le pase. Te daré unas pastillas para aliviar las náuseas y cuando estéis en casa y si no se te pasa acude a tu médico y que te examine.
Bill asintió agachado la mirada. Avergonzado de no haber dicho antes nada, sintiendo los ojos del productor fijos en él.
Tras dejarle sobre la mesilla un frasco de pastillas, el médico se despidió y salió de la habitación dejando a los tres a solas.
—Sabéis que tengo que estar al corriente de lo que os pasa—riñó David enfadado—Si os sentís bien o mal…vuestros padres confían en mi para que os cuide…
—David, lo sentimos—se disculpó Bill a punto de llorar— No pensábamos que iba a ser tan grave. Yo hablaré con mi madre. Es culpa mía.
—Tranquilo, que ya me calmo—dijo David suspirando—No debo hacerte sentirte mal en estos momentos. No llamaré a vuestra madre hasta saber con exactitud que tienes. Tal vez tengáis razón y es una indigestión, no hay que preocuparla por una cosa así.
Decidió dejares descansar y se despidió de ellos. Tom cerró la puerta tras él y corrió a sentarse en la cama de Bill, quien había roto a llorar en cuanto les dejaron solos.
—Bill, todo va a salir bien—le trató de consolar.
—Lo sé…es que, me han entrado ganas de llorar…de repente…—dijo Bill entre sollozos.
Tom sonrió y se apresuró a abrazarle mientras le retiraba el pelo de la cara para poder besarle en la mejilla.
—Llora lo que quieras, ya sabes cómo me encanta consolarte—susurró Tom sonriendo.
Eso logró arrancarle una carcajada a Bill, quien se abrazó más fuerte a su cuerpo, tirando de él para que se echase a su lado.
Tom se acomodó suspirando. Le hizo apoyar la cabeza en su hombro para que llorase sobre él, sintiendo como su cuerpo se estremecía con suaves sollozos. Le besó la frente y esperó a que se quedase de nuevo dormido en sus brazos, como hacía todas las largas noches desde hacía ya un año…
.
El día siguiente llegó y con el una leve mejoría. Logró desayunar sin sentir náuseas y se levantó de la cama al no sentirse mareado.
— ¿Te ayudo?—preguntó Tom al verle caminar hacia el baño.
—Puedo solo, no es necesario—declinó Bill su ofrecimiento.
Una vez dentro corrió el seguro y se miró al espejo. Suspiró al verse tan demacrado y cogió el neceser que tenía sobre el lavabo. Lo abrió y sacó con cuidado un objeto que compró en la farmacia de la gasolinera sin que nadie se enterara, diciendo que le dolía la cabeza y compraría unos analgésicos.
Se lo llevó a los ojos, leyendo una y otra vez en voz baja lo que ponía en la caja: “prueba de embarazo”. Gimió y cerró los ojos. Eso no podía estar pasando.
Recordó que desde el primer día que se sintió mal un presentimiento no le abandonaba, y en cuanto vio la oportunidad compró lo necesario para salir de dudas, pero por miedo al resultado lo escondió en el fondo de su neceser hasta que ya no pudo más.
Sacó de la caja una especie de varilla fina de plástico envuelta en su bolsa protectora. Cogió las instrucciones y tras leerlas con calma, procedió a hacerse la mayor prueba de su vida.
Sentado en el borde de la bañera, controlaba el tiempo contado las baldosas del baño en el que aún permanecía encerrado. Ya había tenido que asegurar a Tom que no se encontraba mal cuando a los dos minutos se preocupó por él.
En una mano tenía la prueba, sin atreverse a mirarla por si se ponía rosa y le daba una noticia inesperada. Pasado el tiempo recomendado, cogió aire profundamente y cerró los ojos. Se llevó ellos la prueba y tras contar hasta 5,….y seguir hasta 10 abrió los ojos lentamente, ahogando un gemido al ver el resultado.
“Positivo”—leyó asustado.
No pudo evitarlo y rompió a llorar, por más que se llevaba una mano a la boca, sus sollozos son escuchados desde fuera, y a los pocos segundos Tom estaba aporreando la puerta.
— ¡Bill! Abre de inmediato—llamó Tom asustado.
Se levantó despacio y con la prueba aún en la mano abrió la puerta y se quedó parado, mirando a Tom con las mejillas bañadas en lágrimas.
— ¿Qué pasa? ¡Me asustas!—logró decir Tom al verle así.
No pudo hablar. Separó los labios, pero de ellos solo escaparon sollozos. Extendió una mano y le enseñó eso que ha provocado su descontrolado llanto.
Tom cogió lo que le tendía Bill y lo miró sin comprender, hasta que lo giró y sintió como el mundo se caía a sus pies.
Continúa…
Gracias por leer.