Solos los tres 9

Fic M-preg de lyra. Temporada II

Capítulo 9: La solución perfecta

Bajó del coche y tras agradecerle al chófer que hubiera pisado a fondo el acelerador, entró en la casa procurando no hacer ruido. Todos dormían, nadie esperaba que regresara a esas horas de la madrugada.

Corrió escaleras arriba y conteniendo el aliento abrió despacio la puerta de la habitación Bill, asomando la cabeza y llevándose una sorpresa. A través de la luz que se colaba por las cortinas medio echadas, podía ver perfectamente que la cama se encontraba vacía, y también la cuna.

Con el corazón encogido, se dirigió a su habitación, hallándola también vacía, al igual que la de su hija.

Ya sin importarle despertar a sus padres, llamó a Bill en voz alta bajando a la cocina y mirando por cada rincón de la casa.

—Tom, ¿qué pasa? ¿Qué haces aquí?—preguntó Simone abrochándose la bata.

— ¿Dónde están Bill y Sarah?—preguntó Tom ignorándola

—Seguro que despiertos gracias a tus gritos—susurró Simone enfadada.

—No están en casa, la habitación de Bill está vacía—gritó Tom de nuevo.

Simone negaba con la cabeza sin podérselo creer y dando media vuelta echó a correr escaleras arriba llamando a su marido por el camino. Entró en la habitación de su hijo pequeño y dando la luz comprobó que el mayor tenía razón.

No había nadie. Sobre la deshecha cama había ropa tirada de su hijo y su nieta, faltaba también un paquete de pañales y como ya comprobarían más adelante, en la cocina faltaban un par de biberones, además de la leche en polvo.

—Gordon—llamó Simone a su marido desesperada.

—Mamá, ¿qué pasó anoche?—preguntó Tom con firmeza— ¿Qué le dijiste?

—Nada—respondió Simone alterada.

—Algo debió pasar para que Bill huyera de esa manera—insistió Tom.

—Tal vez nos escuchó—dijo Gordon mirando a su mujer.

Tom le miró sin comprender, dirigiendo sus ojos a su madre cuando escuchó su sollozo.

— ¿Mamá?—llamó Tom tratando de no enfadarse.

—Solo comenté que tal vez debería pedir la custodia legal de Sarah—murmuró Simone sin atreverse a mirar a su hijo.

— ¿Cómo?—gritó Tom sin poderse contener.

—Es la mejor solución, o eso creía. Bill es muy joven y no está capacitado para cuidar de su hija—se defendió Simone.

—Bill es el mejor padre que Sarah puede tener—defendió Tom a su hermano—Si se la quitas, le matarás en vida.

Simone rompió a llorar sin poderse contener. Estaba claro que su hijo pequeño solo había escuchado esa parte y salió huyendo, no escuchó como su marido le convencía que Bill era la persona indicada para cuidar de Sarah, que lo estaba haciendo muy bien y necesitaba su incondicional apoyo.

— ¡Tom!—riñó Gordon a su hijastro mayor.

Corrió a abrazar a su mujer y a consolarla.

—Lo siento—se disculpó Tom.

—No, soy yo quien tiene que pedir perdón—intervino Simone secándose las lágrimas—Desde que nació mi nieta me he volcado en ella, olvidándome de mis hijos, y Bill siempre me necesitó desde siempre. En vez de ayudarle como era debido, he intentado alejarle de su propia hija.

—Voy a por él—dijo Tom sin poder esperar más—No puede haber ido lejos.

Salió de la habitación de Bill sin esperar respuesta alguna. Echó a correr escaleras abajo y salió de la casa móvil en mano. Le había sentido vibrar mientras cerraba la puerta y se apresuró a cogerlo por si era Bill…pero no, no era….

—Gustav, ahora no puedo hablar, Bill….

—Está aquí—cortó Gustav.

— ¿Está bien? ¿Y Sarah?—preguntó Tom dejando de correr.

—Sí, los dos están ahora dormidos—calmó Gustav—Me pidió que no llamara a nadie, que necesitaba pasar un tiempo a solas, pero sé que no se refería a ti.

—Gracias, llamo a un taxi y llego lo más pronto posible—prometió Tom.

Colgó la llamada y se apresuró a llamar a un taxi a esas altas horas de la madrugada.

.

–Una hora antes–

— ¿Quién puede ser a estas horas?—preguntó Georg ahogando un bostezo.

Gustav se encogió de hombros y le acompañó escaleras abajo en pijama. Llegaron al vestíbulo y tras mirar por la mirilla abrieron la puerta con rapidez.

— ¡Bill!—exclamaron los dos a la vez.

— ¿Puedo pasar?—preguntó el cantante rompiendo a llorar.

Enseguida se pusieron en movimiento. Gustav cogió a la dormida Sarah de los brazos de su padre y Georg se encargó del escaso equipaje que llevaba, dos maletas, una de ellas con motivos infantiles.

Cerraron la puerta y entraron los tres en la cocina, donde el cantante se Sentó a llorar ante la mesa. Gustav le hizo una señal a su amigo, quien la entendió de inmediato. Deja las maletas en el suelo y calentó agua para hacerle un té a su compañero.

— ¿Ha pasado algo en casa?—preguntó Gustav sentándose a su lado.

Acomodó a la niña sobre su regazo y con una mano frotó con torpeza la espalda de su amigo, dándole tiempo para que se repusiera y le contara lo sucedido.

—No…nada…—contestó Bill entre sollozos.

Alzó la cabeza y se secó las lágrimas que bajaban por su rostro, mirando como su hija dormía plácidamente en los brazos de su compañero. No pensó en ella, solo en salir corriendo de esa casa, no pensó en lo tarde que era y que su hija acababa de salir del hospital hacía apenas una semana. La noche no era muy fría, pero debió pensar en ella, esperar a que Tom regresara y hacer juntos los planes.

Pensar en él le hizo recorrer con los ojos la estancia…¿dónde se encontraba

— ¿Y Tom?—preguntó en voz bajó.

—Él…pues se fue a casa—contestó Georg poniendo delante de él una humeante taza de té—Os debéis haber cruzado por el camino.

Asintió en silencio y soplando un poco tomó un sorbo de ese té que le reconfortó y calentó. No se atrevía a mirar a sus amigos, se debían estar preguntándose porque había huido en plena noche con su hija pequeña en brazos. No podía contarles que había escuchado los planes de su madre, que quería arrebatársela por la absurda idea de que él no era un buen padre.

Un ligero sollozo de su Sarah le sacó de sus pensamientos. Se apresuró a cogerla de los brazos de su compañero y llevándosela contra el pecho la acunó hasta que cayó dormida de nuevo.

—Es tarde, todos deberíamos acostarnos ya—dijo Gustav aprovechando que el cantante no miraba para cruzar una mirada con su compañero y negar con la cabeza.

—Si, es lo mejor—murmuró Georg.

Mientras que Gustav le ayudaba a ponerse en pie, Georg recogió las maletas y se adelantó. Entró en la habitación del cantante y antes de que llegara ya había abierto la maleta de la niña y sacado un pijama.

Se quedaron en la puerta observando como su amigo cambiaba a la niña sin despertarla y acostaba entre las sábanas de su propia cama.

— ¿Quieres que llamamos a alguien?—preguntó Gustav en voz bajó.

—No, por favor—pidió Bill frotándose la frente—Necesito estar a solas para pensar.

—Mañana será otro día—dijo Georg a modo de despedida.

Salieron de la habitación y le dejaron acostarse al lado de su hija. Bajaron a la cocina y mientras que Gustav se apresuraba a llamar al otro hermano, Georg preparó café para los dos. Tenían que hablar de un tema muy delicado, y les llevaría toda la noche.

.

Corrieron a abrir la puerta al sentir que llamaban con suavidad a ella. Dejaron pasar a su amigo, que parecía a punto de desmayar.

—Siguen durmiendo—le tranquilizó Gustav.

Tom logró sonreír agradecido y subió las escaleras con paso firme. Abrió la puerta de la habitación de su hermano y se asomó a ella, sonriendo más ampliamente ante esa tierna escena.

Su hija dormía plácidamente entre los brazos de Bill, con un mechón de su oscuro cabello cogido entre sus pequeños dedos.

Entró del todo y les observó dormir, odiándose por haber estado a punto de perderlos a los dos. Siempre le dio la razón a su madre, diciéndole a Bill que lo hacía por el bien de la hija de ambos. Pero la verdad era otra. Él quería regresar a la vida que llevaban antes de que tuvieran esa preciosidad de hija, seguir jugando como los niños que eran, sin recordar que Bill había tenido que madurar a la fuerza.

Sintió que su hija se despertaba y se apresuró a cogerla. La besó en la frente y dio media vuelta. Sabía que sus compañeros estaban detrás, observando ellos también la escena.

Se acercó a ellos y le entregó la niña a Gustav, quien ya la esperaba con los brazos abiertos.

—Le toca un biberón—explicó en voz bajó.

—Nosotros nos encargamos de Sarah—dijo Gustav de igual manera.

Georg se encargó de nuevo de la maleta y tras cerrar la puerta bajaron a la cocina para dar de comer a esa hambrienta niña.

Tom suspiró aliviado una vez a solas con Bill. Se acercó a la cama y se sentó con cuidado de no despertarle. Pero sabía que lo haría de un momento a otro. Siempre lo hacía cuando le tocaba dar de comer a su hija en mitrad de la noche, era como si durmiera con un solo ojo cerrado.

Le vio moverse y se puso en alerta. Vio como arrugaba la frente al pasar la mano por el colchón y no encontrar rastro de su hija.

—Bill, tranquilo—llamó Tom al verle abrir los ojos de golpe—La están dando de comer abajo.

—Tom, has venido—dijo Bill recostándose contra el cabecero.

Se quedaron mirando en silencio, roto solo cuando Bill rompió a llorar de nuevo.

—Quieren quitarme a Sarah—sollozó sin fuerzas.

Tom se apresuró a abrazarle y besarle con suavidad en la mejilla.

—Hablé con mamá, está muy arrepentida—le explicó.

—No debió decir esas cosas, ni pensarlo siquiera. Es mi hija, no de ella—dijo Bill con firmeza.

—Ya se ha enterado, se lo hemos dejado bien claro—murmuró Tom besándole de nuevo.

Bill logró sonreír entre lágrimas, y secándoselas se separó un poco para mirar a Tom fijamente a los ojos.

— ¿Qué vamos a hacer?—preguntó en un susurro.

— ¿Qué quieres hacer?—preguntó Tom a su vez.

—Vivir solos los tres—respondió Bill sin dudar.

Antes de que Tom pudiera contestar, llamaron a la puerta. Maldijo por lo bajo, pero pensando que a lo mejor había surgido algún problema con su hija abajo (del tipo pañal manchado) se levantó y abrió la puerta a sus compañeros.

—Perdón por interrumpir—dijo Gustav avergonzado.

—No pasa nada—contestó Tom cogiendo a su hija— ¿Ha pasado algo?

—No, se tomó entero el biberón y la hemos cambiado—dijo Georg todo orgulloso.

Bill no pudo evitar reír, más al ver como su hija lo hacía por las carantoñas que su padre le hacía. Se acomodó mejor en la cama cuando Tom se sentó en ella, acariciando la cabeza de su hija y riendo con ella.

— ¿Podemos hablar?—preguntó Gustav interrumpiendo sin querer.

Tom asintió y entregó a su hermano la niña, quien se la acomodó sobre su regazo y la acunó instintivamente, a la espera de lo que sus amigos les querían comentar.

—Hemos estado pensando los dos, que lo mejor sería que os mudaseis al apartamento, los tres—dijo Gustav.

—Chicos, no sé—empezó a decir Bill—Hay poco espacio, Sarah da mucho trabajo y se despierta en mitad de la noche llorando…no queremos molestar.

—No es ninguna molestia, además, sería provisional—intervino Georg.

— ¿Provisional?—repitió Tom sin entender.

—Sí, hasta que Georg y yo busquemos otro sitio—dijo Gustav.

—No os queremos echar—se apresuraron a decir los dos hermanos a la vez.

—Nosotros nos buscaremos algo—continuó diciendo Tom.

—Aquí está todo. El estudio de grabación, la sala de ensayos,…para Bill será más cómodo que ir con la pequeña Sarah de un lado a otro—explicó Gustav.

—Eso es verdad—apuntó Tom.

Miró a Bill, quien solo sonreía asintiendo. Eso era lo que estaban buscando, un buen hogar en el que criar a la niña, y solo estarían los tres.

—De acuerdo, entonces trato hecho—sentenció Georg antes de que se rajase alguien.

—Hasta que encontremos algo, podíamos decorar de nuevo la habitación de Tom—dijo Gustav cambiando el tono.

— ¿Qué le pasa a mi habitación?—preguntó Tom.

—Que no es la adecuada para una niña—siguió diciendo Gustav.

— ¿Y yo donde voy a dormir? ¿En el suelo?—rio Tom sin comprender.

—Con Bill—respondió Gustav muy serio—Ya que tú eres el padre de Sarah.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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