Notas: Tercera y última parte de la trilogía «Somos tres»
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Fic M-preg de lyra. Temporada III
Capítulo 1: Una sorpresa muy esperada
Desde que se mudaron al apartamento con la hija de ambos, los dos hermanos vivían en una burbuja de felicidad. Todas las noches bañaban a la pequeña Sarah y jugaban con ella tras la cena hasta que caía rendida en los brazos de sus padres. Solo entonces la acostaban en su cuna entre los dos y tras dejarla bien arropada corrían a la habitación de al lado y hacían lentamente el amor.
El primero en levantarse todas las mañanas era Tom. Soltaba con cuidado a Bill sin despertarle de entre sus brazos, en donde cómodamente dormía cada noche, y se ponía el pijama que la noche anterior quedara bajo la almohada. Se recogía las rastas en una coleta alta mientras caminaba bostezando a la habitación de al lado en donde Sarah ya le esperaba despierta haciendo gorgoritos.
En cuanto abría la puerta y le veía, una sonrisa le iluminaba la cara y alzaba los brazos para que le cogiera, lo que hacía encantado comiéndosela a besos con el sonido de su risa de fondo.
Tras cambiarle el pañal la llevaba a la cama en la que aún dormía Bill y dejaba que Sarah le despertara. Entonces se la ponía en su regazo y jugaba con ella mientras él bajaba a la cocina y preparaba el primer biberón de la mañana que él mismo le daba bajo la atenta mirada de Bill.
Esa mañana, mientras jugaban de nuevo con Sarah después de que hubiera desayunado, los dos hermanos intercambiaron una mirada y asintieron con la cabeza. En dos meses su hija cumpliría un año y una gran idea cruzaba por la mente de ambos.
— ¿Otro?—preguntó Tom alzando una ceja.
—Otra—confirmó Bill con una sonrisa.
Rompieron a reír y se besaron por encima de su hija. Tras tomar esa importante decisión se pusieron manos a la obra. Lo primero era concertar una cita médica para que le retiraran a Bill el DIU que se hizo implantar y dejarlo todo en las manos de la sabia naturaleza.
Si una buena mañana Bill se levantaba embarazado, reirían con todas sus ganas. Pero si se levantaba y no lo estaba, nos les quedaría más remedio que seguir intentándolo las veces que hicieran falta.
Mantuvieron sus planes en secreto, no se lo dijeron ni a sus compañeros, los únicos que sabían que Tom era el padre de Sarah. Cada vez que se reunían ya fuera para ensayar o participar en un programa de televisión, en sus caras se reflejaba la felicidad que estaban sintiendo.
Esa noche daban un pequeño concierto en una sala de la ciudad. Sarah estaba con ellos, les esperaban en el backstage al cuidado de la chica que su madre les había recomendado, aunque al final la niña acababa en brazos de Silke o Dunja mientras que la niñera les vitoreaba desde un lateral del escenario.
— ¿Se puede saber que os ha dado?—preguntó Gustav tras abandonar el escenario.
Los hermanos solo pudieron mirarse sin dejar de sonreír. Ese concierto había salido estupendo, habían tocado y cantado como nunca, tan compenetrados que parecía que estaban ellos dos solos en el escenario.
—Has estado magnífico—dijo Bill mirando a Tom.
—Y tú también—susurró Tom cogiéndole de la mano.
Se la llevó a los labios y la besó amparado en el oscuro pasillo en el que estaban, sonriendo cuando sus amigos les silbaron y aplaudieron. Se dejaron de arrumacos, ya tendrían tiempo cuando regresaran al apartamento. Entraron en la pequeña sala del backstage, donde Dunja velaba el sueño de la pequeña Sarah.
—No sé para que tenéis a Vanessa—les dijo en voz baja cuando entraron por la puerta—A saber dónde se ha metido ahora.
—Estaba entre bastidores hace un rato—contestó Tom dejándose caer en el sofá.
—Su trabajo es cuidar de Sarah, no ir gratis a los conciertos que dais—siguió Dunja con su enfado.
— ¿Y qué quieres? Es normal, tiene una oportunidad de estar con nosotros y vernos actuar desde un sitio privilegiado—la defendió Tom—Yo en su lugar, hubiera hecho lo mismo.
—No, Tom, Dunja tiene razón—intervino Bill—Si no cuida de Sarah, no sé para que nos acompaña. Además, seguro que Dunja tiene trabajo que hacer y por nuestra culpa no…
—Sabes que no me importa cuidar de Sarah—cortó enseguida Dunja—Solo os hacía ver que esa chica no hace bien su trabajo.
—Es tarde, lo mejor es irnos ya a casa—dijo Tom levantándose.
—Sí, es verdad—asintió Bill—Mientras me encargo de Sarah, dile a Vanessa que un coche la llevará a casa….y págala antes de que se vaya.
Sin esperar respuesta de Tom, se puso la cazadora y se inclinó para coger con cuidado a su dormida hija. La arropó mejor en la manta de osos azules que David le regalara cuando nació y se encaminó a la salida con ella en brazos, seguido de sus amigos que observaban en silencio cada uno de sus movimientos.
Salieron al vacío parking y le ayudaron a acomodar a la niña en el coche que les llevaría a él y a Tom al apartamento que ambos compartían.
—Bill, ¿va todo bien?—preguntó Gustav extrañado.
Había sentido cierta tirantez entre los hermanos, y se imaginaba que la niñera tenía que ver algo.
—Si, ¿por qué?—preguntó Bill sin volverse.
Estaba recostando a su hija en la sillita para que viajara más cómoda y no se despertara durante el viaje. Se mordía los labios mientras pensaba que había actuado como un tonto, teniendo celos de alguien que no podía conseguir a Tom ni en sueños, pues le había demostrado que solo era para él, que le pertenecía y quería pasar con él el resto de su vida.
Se sentía fatal por haber dejado que sus amigos se dieran cuenta y se preocuparan de sus celos imaginarios…
—Todos estamos cansados—intervino Georg dando la mejor respuesta.
—Es verdad—dijo Bill volviéndose—Vemos cosas que no son, solo necesitamos descansar.
—Mañana iremos a ensayar tras el desayuno, y a planear vuestro cumpleaños—dijo Gustav guiñándole un ojo.
—En eso te puedo dar ya una respuesta. Lo siento, pero no va a haber ningún tipo de fiesta—les anunció Bill muy serio—A los pocos días es el de Sarah y queremos celebrarlos los dos a la vez.
— ¿No habrá ningún tipo de “fiesta”?—preguntó Georg sonriendo y alzando las cejas.
Solo recibió como respuesta un codazo del batería y una fulminante mirada del cantante. Pero no lo pudo evitar y rompió a reír, momento en el que Tom se les acercó intrigado por lo que había pasado.
— ¿Qué pasa?—preguntó no pudiendo evitar sonreír.
—Bill, me dijo que no va a….celebrar contigo vuestro cumpleaños— explicó Georg recibiendo otro codazo.
—Me lo llevo a casa antes de que diga nada más—intervino Gustav tirando del brazo de su compañero—Mañana nos vemos a las 10.
—Venid antes y desayunamos juntos—invitó Bill antes de que se fueran.
Les dijeron que sí con la cabeza y se dirigieron al coche que les llevaría al apartamento que ambos compartían desde que cedieron a los hermanos el viejo.
— ¿Nos vamos?—preguntó Tom inclinándose para ver cómo estaba Sarah.
Bill asintió y entró en el coche, sentándose al lado de su hija mientras que Tom rodeaba el coche y se sentaba al otro lado. Se miraron por encima de la niña, pero no dijeron nada porque en esos momentos entró el chófer y los llevó a casa.
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Tras acostar a la niña, que solo se despertó mientras le cambiaban el pijama y se quedó otra vez dormida cuando su padre la cogió en brazos y la acunó mientras tarareaba por lo bajo, los dos hermanos se prepararon para irse a la cama. Esperando a que Bill terminara de una vez en el baño, Tom le esperaba recostado contra el cabecero de la cama. Se había soltado las rastas y tenía los brazos cruzados sobre su desnudo pecho.
Al minuto la luz del baño se apagó y salió Bill soltándose la coleta que se había hecho para que no se le mojara el pelo mientras se desmaquillaba. Se sentó en la cama mientras quitaba el sonido al móvil, sonriendo cuando Tom se le acercó y comenzó a besarle en el cuello que inclinó para que tuviera mejor acceso.
— ¿Estabas molesto?—preguntó Tom tras dejar un beso.
—Dunja tiene razón, si Vanessa no está al cuidado de Sarah, no sé para que la tenemos—contestó Bill tratando de mantener la calma.
—Porque es muy buena y a Sarah le gusta—explicó Tom de igual manera—Mamá la eligió porque es hija de una amiga de una amiga y además es discreta.
En eso tenía mucha razón. Le daba miedo que la persona encargada del cuidado de su hija se dedicara a airear sus trapos sucios o algo parecido. Con Vanessa no tenían que preocuparse de nada, solo de lo mucho que se emocionaba cuando les tenía que acompañar a una actuación y se le olvidaba que su trabajo era cuidar de un bebé muy especial.
—Estás muy tenso—dijo Tom poniendo las manos en sus hombros.
Comenzó a masajeárselos, sonriendo al escuchar el suspiro que se le escapó por los labios. Suspiró él también y tirando de Bill con suavidad le hizo tumbarse a su lado. Se inclinó sobre él y apagó la lámpara de su mesilla.
Una vez a oscuras no tuvo problemas en encontrar sus labios y apoderarse de ellos mientras que con una mano se deshacía de los bóxer de ambos. Una vez desnudos los dos, se hizo un hueco entre sus piernas y penetró en su cuerpo alzándole con suavidad las caderas.
Le embistió a un ritmo lento sin separar los labios en ningún momento, hasta que la pasión los embargó a los dos y alzándole más las caderas le dio dos fuertes embestidas hasta derramarse en su interior, sintiendo como Bill le imitaba contra su estómago. Salió de su cuerpo y se acomodó sobre su pecho, sobre el que cerró los ojos suspirando y cayó en un profundo sueño.
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Los días pasan y llegó uno muy especial. Sentado en la cama, Bill no podía evitar llorar al recordar que hacía ya un año su hija venía al mundo en el suelo de su baño. A pesar del dolor que sintió en ese momento, nunca se arrepintió de haberla tenido y añoraba el momento de poder estar a solas con Tom para comunicarle una gran noticia.
Pero ese día la casa estaría llena de gente. Sus compañeros ya estaban en el apartamento, más bien en la cocina ayudando con la comida. Sus padres, Gordon y Andreas vendrían en unos minutos.
—Papi…papi…
Sonrió al escuchar la voz de su hija. Hacía poco que había aprendido a hablar, y papá fue su primera palabra, que usaba cada vez que le veía a él o a Tom, como si algo en su interior le dijera que no se estaba equivocando, que ese era también su padre.
—Ya voy, cariño—rio levantándose de la cama.
Corrió hacia su habitación en la que la habían dejado descansando hasta que llegaran los invitados. La cogió en brazos y besó en la mejilla con ternura, riendo cuando su hija se abraza a él con fuerza y le devolvió el beso.
— ¿Ya han venido los abuelos?—preguntó al escuchar la puerta de la calle.
Sonrió al ver que su hija le había entendido y asintió con la cabeza sin dejar de sonreír ella tampoco. Bajó con ella las escaleras y saludó a su emocionada madre, que nada más ver a su nieta la cogió de brazos de su hijo, que se la tendió entusiasmado.
—Mi niña cumple hoy un año—dijo Simone besándola con fuerza.
Bill la escuchó y no pudo evitar dirigir una mirada a Tom, que se encontraba tras su madre. Sonriendo al recordar como ese día tan especial su hija venía al mundo en mitad de su baño, con la única ayuda de un nervioso amigo que lloraba y lloraba sin poder hacer nada, dejando todo el trabajo del difícil parto en manos del otro padre, sin saber que lo era.
— ¿Ya estamos todos?—preguntó Georg saliendo de la cocina—Se va estropear la tarta.
—Si dejaras de mirarla, podría aguantar un minuto más intacta—le riñó Gustav saliendo tras él—Parece un niño pequeño, le he visto meter el dedo al menos tras veces y luego chupárselo con descaro.
—Chivato—le acusó Georg.
—Tragón—se defendió Gustav sacándole la lengua.
Los demás rompieron a reír, preguntándose si alguna vez se iban a llevar bien esos dos, más ahora que compartían apartamento los dos solos.
—Abrid paso—anunció Andreas.
Entre él y el padre de los hermanos, entraron en casa llevando una gran bicicleta rosa que hizo que Sarah gritase al verla emocionada. Con la ayuda de Gordon la metieron en el vestíbulo y Simone montó a su excitada nieta.
—Mamá, te dije que era muy cara—protestó Bill haciéndose escuchar sobre la voz de su hija.
—Es mi nieta, y le compro lo que me da la gana—dijo Simone con firmeza.
Estaba punto de contestarla cuando una mano a su espalda le frenó. Se mordió los labios resoplando y llevando su mano atrás entrelazó los dedos con los de Tom. Sabían que su madre le daría a la hija de ambos todos los caprichos que pidiera, para eso era su única nieta….de momento….
Lograron bajar a Sarah de la bicicleta, prometiéndola que luego podría jugar con ella, pero que antes había una pequeña fiesta. Entraron en la cocina y se sentaron delante de la mesa, en la que Bill se había esmerado poniendo toda clase de dulces y refrescos mientras Tom iba a recoger a sus padres a la estación.
Con Sarah en el regazo, y sentado bien cerca de Tom, Bill se inclinó y entre los tres soplaron y apagaron la vela en forma de osito rosa que estaba encendida en lo alto de una gran tarta. Todo el mundo rompió en aplausos, incluso la homenajeada, que saltando en el regazo de su padre les hacía reír a carcajadas
—Gus…Gus…—llamó Sarah a su tío Gustav.
Gustav se apresuró a cogerla en brazos y la hizo volar por la cocina, mientras que los demás cortaban y repartían la tarta.
Distraídos como estaban, no se dieron cuenta de que los dos hermanos se habían escabullido y una vez a solas en el pasillo se fundieron en un profundo beso mientras se recorrían con las manos el cuerpo.
—Quiero otro—susurró Tom contra los labios de Bill mientras le subía la camiseta y acariciaba con suavidad el estómago.
—Pronto, muy pronto—prometió Bill en otro susurro.
— ¿Pronto?—repitió Tom como si no le hubiera oído bien.
—Muy pronto—susurró Bill asintiendo con la cabeza.
— ¿Me estás diciendo que….?—comenzó a preguntar Tom emocionado.
No pudo terminar la frase, más cuando Bill le cogió una mano y la puso con firmeza en su ya duro estómago.
—Estoy embarazado—le confesó entre lágrimas.
Sabiendo que donde estaban no podían dar rienda suelta a la felicidad que les embargaba, Tom le cogió con firmeza de la mano y subieron corriendo las escaleras, encerrándose en su habitación donde se besaron hambrientos.
—Te quiero….te quiero…—susurró Tom tras cada beso.
Bill rompió a reír entre sus brazos, apoyando la frente en el pecho de Tom.
— ¿Te ha gustado mi regalo de cumpleaños?—preguntó Bill en un susurro.
—Más bien, ese ha sido mi regalo—aclaró Tom riendo.
—Según se mire—contestó Bill alzando la cabeza.
— ¿Te hiciste esta mañana una prueba?—preguntó Tom emocionado.
Bill solo asintió con los labios temblando.
— ¿Y salió positiva a la primera?—insistió Tom.
—Si, como con Sarah—recordó Bill sonriendo.
—De todos modos, mañana iremos al médico y que nos lo confirme. Luego…ya buscaremos tiempo para decírselo a papá y a mamá—planeó Tom.
Esas palabras le hicieron dejar de sonreír. Su madre…si ya se enfadó cuando se quedó embarazado la primera vez…por mucho que ahora quisiera a su nieta….y le hizo mucho daño cuando quiso que viera que él no podía hacerse cargo de ella…
Otro bebé crecía en su vientre, ¿volvería a pasar por lo mismo? ¿Tom soportaría la presión de ser de nuevo padre en la sombra?
Todas las dudas se agolpaban en su cerebro, añadiendo otra más importante… ¿cómo iban a reaccionar sus compañeros? Porque un bebé no molestaba mucho, que digamos pero ya dos… ¿verían que el fin del grupo era ya inevitable?
Continúa…
Un capitulo-introducción muy largo, además de recordar el final del fic anterior. Gracias por la visita.