
Fic M-preg de lyra. Temporada III
Capítulo 4: Todo…y nada…
Ya en el apartamento y con su hija en sus brazos, al cantante pudo volver a respirar con normalidad. Sus amigos se quedaron a pasar la tarde con ellos y de paso a cenar, como ya se auto invitara Georg. Además, debían hablar. Tenían que contar con su apoyo cuando saliera a la luz que el cantante estaba otra vez embarazado, y con su paciencia cuando tuvieran que dejar de actuar llegado ya el momento del parto.
—Sabéis que podéis contar con nosotros para lo que sea—les dijo Gustav con firmeza.
—Lo sabemos, solo que sentimos mucho los problemas que vamos a causaros—contestó Tom por él y Bill.
—Vais a traer otra vida al mundo, solo debéis preocuparos de que todo salga bien y cuidarla tan bien como a Sarah—dijo Georg sonriendo.
—Es una suerte poder contar con vosotros en estos momentos, me he llegado a sentir tan solo—murmuró Bill en voz baja.
Tom se apresuró a cogerle una mano. Le dolía que dijera esas palabras, le tenía a él. Estaría a su lado para siempre, pero en el fondo sabía que se refería al no poder contar ya con su mejor amigo y haber perdido el apoyo de su madre cuando más la necesitaba. Se lo contaron pensando que en el fondo y tras el susto inicial se alegraría de ser de nuevo abuela, pero su madre les confesó sus verdaderos sentimientos. No le había perdonado aún a su hijo pequeño que se hubiera quedado embarazado siendo aún tan joven.
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Despidieron a sus amigos tras la cena, explicándoles que al día siguiente tenían revisión con la doctora que Dunja les había buscado. Quedaron en comer juntos y tras su marcha se subieron a acostar. Primero bañaron y durmieron a su hija, ajena al duro día que habían tenido sus padres. Se durmió en brazos de Tom que le cantaba una nana por lo bajo ante la dulce mirada de Bill.
La acostó en la cuna sin despertarla y tapó bien tras besar su frente con una sonrisa. Salieron de su habitación y entraron en la suya para ponerse el pijama y meterse en la cama.
— ¿Qué?—preguntó Tom incómodo ante la mirada de Bill.
—Me gusta como cantas, deberíamos hacer un dúo o algo parecido—le explicó Bill sonriendo.
—Ya te hago los coros, no me pidas más—contestó Tom de la misma manera.
—Tienes una bonita voz, y las fans se volverían locas al escucharte cantar—insistió Bill tratando de convencerle.
—Al único que quiero volver loco es a ti, y tu voz es mil veces más dulce que la mía—dijo Tom dando un paso en su dirección.
Le cogió en sus brazos y haciéndole retroceder se metieron en la cama. Se acomodó entre sus piernas sin dejar de mirarle a los ojos mientras que se frotaban sus entrepiernas.
—No, para—susurró Bill poniendo una mano en la cadera de Tom.
— ¿No?—repitió Tom alzando una ceja.
—Esta noche no, no me encuentro con ánimos—confesó Bill en voz baja.
Tom lo entendió al momento y se bajó de encima, acostándose a su lado y abrazándole por detrás cuando Bill se giró de costado y le dio la espalda.
Suspiró apoyando la cara en la curva de su cuello, que besó tiernamente mientras bajaba una mano y le acariciaba el duro vientre bajo la camiseta.
—Sé que hoy ha sido un día duro. Dale tiempo a los dos, a mamá y Andreas—pidió Tom en voz baja.
—Lo sé, solo espero que mis hijas no sean muy mayores cuando eso ocurra. No quiero que crezcan sin el amor de su abuela, ni las visitas de Andreas—dijo Bill a punto de llorar.
Tom lo sintió y se apresuró a abrazarle con más fuerza. Sentía lo mismo que él. El amor de su madre era muy importante, y también la amistad de Andreas. Habían crecido juntos, como un tercer hermano, y le echaban mucho de menos, que no participara de la felicidad de ambos.
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Pasaron una larga noche sin dormir apenas. A la mañana siguiente Tom llamó a Vanessa mientras Bill trataba de que las náuseas se le pasaran metido en el baño.
—Nessa, ¿te puedes hacer cargo de Sarah esta mañana?—pidió Tom.
—Claro que sí, ¿tenéis trabajo?—preguntó una emocionada Vanessa.
—No, Bill no se encuentra bien y le acompaño al médico—explicó Tom con naturalidad.
—Ya me he fijado que lleva unos días mal, a ver si…
Dejó la frase sin terminar, sonriendo con malicia desde el otro lado de la línea. Así se la imaginaba Tom, que se mordía la lengua por haberlos delatado delante de ella.
—No digas nada todavía, Nessa—suplicó Tom—Bill aún no lo quiere hacer público, y hemos tenido un par de problemas.
—Haré lo que me pidas, Tom. Ya sabes que puedes contar conmigo y que soy muy discreta—aseguró Nessa.
Suspiró algo más aliviado y quedó con ella en verse en una hora. Colgó el móvil pensando en lo que Bill le diría cuando supiera que ya lo sabía la niñera. Puso su mejor cara cuando escuchó que tiraba de la cadena y esperó a que saliera del baño, preparado para ir en su ayuda si le veía en mal estado.
—Esto es cada peor—se quejó Bill saliendo del baño.
Tom solo pudo sonreír. Bill lo decía en broma, una vez pasaran las náuseas disfrutaría como nunca de su nuevo embarazo, con él a su lado. Recogieron a Sarah de su cuna y se la llevaron a darle de desayunar con ellos en la cocina, mientras esperaban a que llegara Vanessa.
A la hora exacta, Bill dejaba a su hija en manos de esa extraña mientras le explicaba que la sacara a dar un paseo bien abrigada, y que si no habían regresado a la hora de la comida en la nevera tenía papilla ya preparada.
—Tranquilo Bill, que la dejas en buenas manos—dijo Vanessa sonriendo a la niña.
Pasó a su lado y se colocó al lado de Tom para que se despidiera de la niña mientras que Bill se ponía la cazadora sin quitarles los ojos de encima. Tom lo sabía y se mostró frío y distante con Vanessa. Besó a su hija en la mejilla y salió del apartamento tras Bill, que ni siquiera se quedó a esperarle.
—Llama a un taxi—dijo Bill cuando se reunió a su lado.
Tom le obedeció sin decir nada y media hora después estaban en la clínica privada.
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Entró en el pequeño despacho con Bill, sonriendo al pensar en la buena elección de Dunja. La doctora Richardson fue muy amable con ellos. Felicitó a Bill por su nuevo embarazo y le hizo muchas preguntas acerca de su otra hija, comentando que ya estaría muy crecida y hecha una señorita.
Bill contestó a sus preguntas con una sonrisa, prometiendo traer a Sarah en la próxima visita para que la conociera.
—Bueno, pasemos ahora a la salita e al lado y veamos cómo está Hannah—dijo la doctora Richardson levantándose—Y llamadme Claudia, por favor.
Los chicos se levantaron y la siguieron. Atravesaron la puerta que había en su despacho y entraron en una sala en donde había una camilla en medio de ella y un ecógrafo a su derecha.
Bill se subió y tumbó en ella tras quitarse la cazadora y levantarse la camiseta. Claudia acercó un taburete y se sentó a su derecha, cogiendo un tubo de gel del que esparció un poco sobre su vientre.
—Lo siento, está muy frío—se disculpó riendo.
Bill la imitó ahogando una maldición. Se acomodó mejor en la camilla si apartar los ojos de la pantalla del ecógrafo, en donde pasados unos minutos apareció la primera imagen de su hija. Apenas se distinguía algo, pero lo suficiente para que los ojos se le llenasen de lágrimas y se cogiera del brazo de Tom.
—Ahí está—logró susurrar.
Tom asintió acercándose todo lo que pudo a la pequeña pantalla. Su hija aparecía en ella, y un débil latido se escuchaba en la sala.
—Estás de unas 20 semanas—explicaba Claudia mientras movía la sonda por su estómago—Aún es pronto para saber su sexo, aunque tú das por hecho que es una niña.
—Sé que lo es—afirmó Bill sonriendo.
—Y… ¿sólo hay una?—preguntó Tom cruzando los dedos.
—Me temo que si—respondió Claudia para su desolación—Se te nota más que el anterior, pero me temo que no hay gemelas.
—Bueno, en parte es un alivio saberlo—murmuró Bill.
Claudia tomó nota mental de su respuesta y tras tomar una foto de la imagen que le mostraba la pantalla, dejó la sonda en su sitio y con una gasa le limpió el estómago antes de que se incorporara.
—Tom, ¿puedes dejarme un momento a solas con tu hermano?—pidió Claudia.
Tom miró a Bill y cuando éste asintió le soltó el brazo que aún acariciaba y salió de la sala cerrando la puerta tras de sí. Regresó al despacho y se sentó a esperarlos.
— ¿Ocurre algo?—preguntó Bill sentándose en la camilla.
—Nada, tranquilo—aseguró Claudia—Me gustaría hablar en privado contigo, eso es todo.
—No tengo secretos con mi hermano—aseguró Bill antes de que empezase.
—Lo sé, os he visto y estáis muy unidos. Bill, sé que dejasteis al otro médico por buenos motivos, pero en algo llevaba razón. ¿Qué hay del padre de tus hijas? ¿No crees que debería ayudarte, no dejarte solo de nuevo?—interrogó Claudia.
—Mi hermano está…—empezó a decir Bill.
—Olvídate un momento de tu hermano—pidió Claudia con suavidad—Céntrate en tu vida, y en la de tus hijas. Eres muy joven todavía y ahora vas a tener el doble de obligaciones. Deberías contar so su apoyo en esta situación, y tus hijas preguntarán por el algún día. ¿Qué le vas a decir?
Se mordió los labios negándose a contestar. ¿Cómo poder decirla que el padre de sus hijas estaba a su lado noche y día? Sentía que los ojos se le llenaban de lágrimas, y que una ya bajaba por su mejilla.
Claudia también la vio y le acercó un pañuelo de papel para que se secase.
—No quiero incomodarte, pero tras lo mal que lo pasaste en los últimos meses de tu embarazo quiero que en este estés lo más cómodo posible—explicó Claudia— No quiero que te estrese por el trabajo y que tengas más disgustos que los necesarios. Me gustaría que contases con alguien que estuviera a tu lado apoyándote, más si esa persona es el futuro padre.
—Él ya lo sabe—logró decir entre lágrimas Bill—Me apoyará en todo lo necesario.
—Me alegra oír eso. Y ahora cambiemos de tema, quiero que sigas las instrucciones que te voy a dar—dijo Claudia sonriéndole—Te voy a dejar que sigas con tu trabajo un par de meses más. Luego, solo pequeñas actuaciones y entrevistas. Y cuando ya estés de 8 meses, reposo absoluto.
— ¿Es necesario? Quiero decir, no me va a pasar nada malo, ¿verdad?—preguntó Bill asustado.
—Es por precaución, la última vez te desmayaste en pleno escenario—le recordó Claudia—Sé que ahora ya te sientes fatigado y te aseguro que tras el primer trimestre te sentirás un poco mejor, pero no quiero que te esfuerces al ver que crees que puedes con todo.
—Lo prometo, me lo tomaré más en serio—dijo Bill esbozando una sonrisa—No quiero que nada malo le pase a mi hija.
—Sé que lo harás—dijo Claudia ayudándole a levantarse—Ahora regresa al lado de tu hermano, y trata de hablar con tu madre. A ella la vas a necesitar mucho más.
Asintió en silencio, absteniéndose de preguntar cómo había adivinado que se llevaban mal. Seguro que Dunja se lo dijo con la mejor intención del mundo, o pudiera que Claudia se lo preguntara extrañara de que recurriera a una extraña antes que a su propia madre, que en esos momentos debería estar a su lado apoyándole.
Se reunieron con Tom en el despacho y tras entregarle una carpeta con la misma información que ya recibiera la primera vez que se quedó embarazado, se despidieron de la doctora.
—Te he anotado le número de la clínica y mi teléfono privado—le explicó Claudia entregándole su tarjeta —Llámame, sobre todo cuando estéis de viaje, por cualquier cosa que te parezca anormal. Quiero que lleves un pequeño diario en el que apuntes todos tus cambios, la primera vez que le sientas moverse, la primera patada que te dé,….esas cosas, ya sabes.
—Y cuando sea mayor se lo enseñaremos, que buena idea—dijo Tom riendo.
—No lo hice con Sarah, la pobre se ha quedado si su diario—se lamentó Bill.
Se despidieron de Claudia y regresaron al apartamento, donde Vanessa acunaba a Sarah para que se durmiera la siesta.
—Llevamos toda la mañana jugando y está muy cansada—les explicó en voz baja.
Tom la recogió de sus brazos y él mismo la acostó mientras que Bill se despedía de Vanessa. Bajaron a la cocina y prepararon la comida para ellos y sus amigos, que llegaron puntuales. Les explicaron lo que les habían dicho en la consulta y le enseñaron la primera ecografía de Hannah.
Pasaron la tarde ensayando hasta que Sarah se despertó y reclamó la presencia de sus padres. Sus amigos se despidieron conscientes de que estorbaban, al ver cómo se miraban con cariño mientras daban de comer a su pequeña.
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Ya por la noche y mientras que Tom se lavaba los dientes en el baño, Bill se recostó en la cama y abrió un cuaderno que compró esa misma mañana. Apuntó el nombre de su futura hija con letras grandes y comenzó a escribir lo que le pasaba por la cabeza en esos momentos.
“Acabamos de acostar a tu hermana, que te manda saludos y te desea dulces sueños. Papá está ahora en el baño, pero cuando salga te dará las buenas noches como siempre hace, besando mi barriga en la que tan cómodamente estás instalada.
Los dos soñamos con verte pronto la cara, y que crezcas sana y feliz al lado de Sarah.
También soñamos con que a la abuela se le pase pronto el enfado, y que conozcas al tío Andreas. Sarah le quiere mucho y le echa de menos….al igual que nosotros….”
Dejó de escribir cuando vio caer sobre el papel una lágrima. La secó con la punta de la sábana y cerró el cuaderno, que guardó en el primer cajón de la mesilla.
Se acomodó en la cama y esperó a Tom con la luz ya apagada. Pero como ya le dijera Claudia, esos días se sentía ya muy fatigado y somnoliento la mayor parte del tiempo. Cayó en un profundo sueño. Ni se enteró de la sonrisa que le dedicó Tom al verle ya dormir plácidamente. Tampoco sintió cuando se acostó a su lado, atrayéndolo a sus brazos y subiéndole la camiseta lo justo para besar su estómago y murmurar “buenas noches, mi niña” contra su suave piel.
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Pasó un mes y su embrazo ya era imposible de esconder. Dieron otra rueda de prensa para contar lo que ya mucha gente sospechaba, volviéndose a sentir bajo el microscopio como la primera vez. Todos querían saber que tal estaba, sacar las codiciadas fotos y más de uno se mordía la lengua sin atreverse a preguntar si el padre era el mismo que el de la otra vez.
Y hablando de padre….el suyo le felicitó de inmediato. Se lo comunicaron un día que regresó de un largo viaje y les hizo una visita, llevando un regalo para su alegre nieta, que le recibió con una sonrisa.
—Ya verás cómo tu madre cambia de opinión—dijo Jörg a su hijo pequeño.
—Llevo casi un mes sin verla, ni siquiera llama preguntando por Sarah—explicó Bill con dolor.
Jörg suspiró, conocía muy bien a su ex mujer, lo testadura que era. Prometió hablar con ella y se despidió de sus hijos hasta la semana siguiente.
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Esa noche actuaban en una pequeña sala. A pesar de que era una corta actuación de 4 canciones y una entrevista, Vanessa estaba con ellos al cargo de la pequeña Sarah, que acabó en los brazos de Dunja nada más empezar la actuación. Terminada esta y mientras los demás se fotografiaban con las fans, Bill se sentó al lado de Dunja observando lo bien que se le daba dormir a su hija.
— ¿Y tú no te animas?—preguntó frotándose la barriga.
Dunja le miró y puso cara de miedo. Negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
—No soy tan valiente como tú—dijo riendo.
— ¿Yo valiente? ¡Si estoy muerto de miedo!—rio Bill también.
—Estás en buenas manos, Claudia es un encanto—dijo Dunja apretando su mano.
—Sí, esta tarde me llamó para ver qué tal estaba antes de la actuación, y le dije que Hannah estaba dormida. Llevo todo el día sin sentirla y ya me quiere ver mañana a primera hora—explicó con una sonrisa—Además, así ya salimos comprobamos que es una niña.
— ¿Os lo confirmará mañana?—preguntó Dunja.
—Sí, aunque no hace falta—contestó Bill con una sonrisa.
Dejaron de hablar cuando regresaron sus compañeros en silencio para no despertar a Sarah. Bill la cogió de brazos de Dunja y tras abrigarla salieron todos al parking y se subieron a los coches que les llevarían a casa.
— ¿Vanessa ya se ha ido, o está por ahí perdida?—preguntó Bill a Tom una vez en marcha.
—La dejé ir hace un buen rato, mientras nos hacíamos las fotos—explicó Tom con paciencia.
—Fijo que mañana me la encuentro en una—murmuró Bill para sus adentros.
Pero Tom le había escuchado alto y claro. Suspiró acomodándose en el asiento, preguntándose cuando iba a dejar de desconfiar de Vanessa.
Llegaron al apartamento y tras acostar a su hija ellos también lo hicieron. Tenían hora para las 11 de la mañana, y como ese día Vanessa estaba ocupada sus amigos se ofrecieron para quedarse con Sarah.
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Se despertaron pronto y se vistieron con calma, mientras jugaban con la pequeña Sarah que ya daba sus primeros pasos sola emocionada. Mientras que Tom hacía la cama, Bill la observaba agarrarse al borde de la misma con sus manitas mientras reía por las muecas que Tom le hacía.
Viendo que daba un traspiés y estuvo a punto de caer, Bill corrió a su lado y la cogió en sus brazos, ahogando un gemido por lo bajo.
—Nada de coger pesos—riñó Tom corriendo a su lado.
—Me ha dado un tirón, no es nada—murmuró Bill.
Bajaron a abrir la puerta cuando oyeron que llamaban. Sus amigos ya habían llegado y enseguida se hicieron cargo de Sarah.
—En la nevera tenéis…—comenzó a decir Bill.
— ¿Comida?—terminó Georg la frase por él.
—Gustav, en la nevera está la comida de Sarah—explicó Bill al más responsable de sus amigos—Procura que Georg no la vea o se la comerá.
— ¡Hey!—protestó Georg fingiéndose ofendido.
—Tranquilo, que no dejaré que ni la huela—rio Gustav.
—Entonces ya nos podemos ir—dijo Tom.
Se despidieron d sus amigos y cogieron un taxi que les dejó en la clínica. Nada más llegar los atendió Claudia. Entraron en la ya conocida sala, nerviosos porque al final iban a ver si volverían a tener una hija.
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Acostado en la camilla, Bill no dejaba de retorcer la sábana que le cubría las rodillas. Sintió como su cuerpo se estremecía cuando Claudia le aplicó gel sobre su barriga y esbozó una sonrisa cuando vio en la pantalla a su hija.
—Está de espaldas—les explicó Claudia—Un momento a ver si….esperad…
Los hermanos la obedecieron en silencio. Por más que miraban la pantalla, no entendían nada. Solo eran sombras que según les explicaba Claudia en ecografías anteriores correspondían a su hija.
—Si es un niño, no nos vamos a llevar una desilusión—comentó Tom al ver que tardaba en decirles algo.
Pero Claudia no les contestaba. Movía la sonda por la barriga de Bill sin dejar de fruncir la frente.
— ¿Claudia?—llamó Bill con un hilo de voz.
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Bajó del taxi y pagó la carrera diciéndole al taxista que se quedase con la vuelta. Caminó los pocos pasos que le separaban del apartamento y entró en el usando su llave tras dos fallidos intentos.
— ¿Ya habéis vuelto?—preguntó Gustav saliendo a su encuentro.
Se paró en seco al ver a su amigo, buscando al otro tras su espalda.
— ¿Y Bill? ¿Qué ha pasado?—preguntó asustado.
—La pequeña Hannah ha muerto—explicó Tom rompiendo a llorar.
Continúa…
Un capitulo cruel y dramático. Gracias por la visita.