Y fueron felices 6

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 6: Cruel destino

— ¡Tom! ¿Qué…qué?

Gustav no encontraba las palabras, solo podía mirar a su amigo y verle negar con la cabeza una y otra vez mientras rompía a llorar con más intensidad. Corrió a su lado y le estrechó entre sus brazos, sintiendo que él también rompía a llorar aún sin podérselo creer.

Georg se les unió cuando escuchó sus sollozos y al salir a ver qué pasaba les vio el uno en brazos del otro. En los suyos llevaba a la pequeña Sarah, que miraba con ojos asustado como el cuerpo de su padre se estremecía entre sollozos.

Como si presintiera que algo muy malo había sucedido, rompió a llorar ella también, lo que atrajo todas las miradas.

—Sarah—llamó Tom separándose de su amigo.

Georg se la pasó de inmediato, observando como la cogía y estrechaba en sus brazos, besando su frente mientras murmuraba que no pasaba nada. Pasó entre sus amigos y subió con ella a su habitación, en donde se tumbó en la cama y se la acostó sobre su pecho, que se agitaba de arriba abajo sacudido por un ligero hipo.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Georg aún sin comprender.

—Bill ha perdido a la niña—le explicó Gustav lo poco que sabía.

— ¡Dios! Eso es horrible—dijo Georg cubriéndose la cara con las manos.

Gustav asintió, cerrando la puerta de la calle pero sin atreverse a subir a ver qué tal estaba su compañero caído. Se quedaron los dos abajo esperando, sin saber que hacer o decir.

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Sintió que su hija se quedaba dormida sobre él, cogiendo entre sus manitas una de sus rastas y chupándose el pulgar de la otra. Suspiró al verla tan dormidita, ajena a la tragedia…a la pérdida de su hermanita pequeña… Se levantó con cuidado de no despertarla y la llevó a su habitación, acostándola en su cunita y arropándola con una manta. Tras besarla en la mejilla, bajó a la cocina y se sentó al lado de sus compañeros, que tomaban un café con manos temblorosas.

— ¿Cómo está Bill?—se atrevió a preguntar Gustav.

—Le tuvieron que provocar el parto, mi madre se ha quedado con él y yo he venido porque necesitaba abrazar a Sarah—les explicó por encima.

— ¡El parto! Ha debido ser muy duro para él—murmuró Georg.

Asintió sin saber que decirles, solo había que esperar que con el tiempo lo fuera superando, poco a poco, con su amor y el de su hija a la que necesitaba ahora más que nunca. Solo ella sabría poder tratar de consolarle, y él solo podía esperar….volverlo a intentar si le daba otra oportunidad…

Porque tras lo ocurrido, no sabía si Bill querría tener más hijos…

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Pasados 3 días de la tragedia. Claudia le permitió volver a casa. Físicamente se encontraba bien, pero el verle llorar a todas horas le tenía muy preocupada. Su madre no se separaba de su lado, culpable por haberle dejado solo cuando más la necesitaba y dado la espalda.

Enseguida se puso al mando. En vista de que necesitaría tiempo para recuperarse y viendo lo débil que estaba, se lo llevó a casa de inmediato, nieta incluida. Su otro hijo también fue con ellos, él más que nadie tenía que estar al lado de su hermano consolándole.

Sus cosas seguían tal y como las había dejado. La cuna de su hija bien cerca de su cama, en donde en esos momentos descansaba dándole la espalda. Desde que le dieran el alta apenas la había cogido en sus brazos, algo en su interior se rompía cada vez que pensaba que jamás pudo coger a la otra.

Ni siquiera tuvo las fuerzas para asistir al pequeño funeral que se celebró por ella. Tom tuvo que encargase él solo de escoger un pequeño ataúd blanco donde descansaría para siempre su querida hija, y una lápida donde hizo grabar su nombre junto un angelito de triste semblante. Fue enterrada un día lluvioso que él pasó llorando en la cama, asistieron sus amigos y más allegados, su padre no pudo asistir por estar de viaje y Tom se vio solo al quedarse su madre en casa a cuidarle junto a Sarah.

Se prometió a sí mismo ir a visitar la tumba de su hija en cuanto tuviera las fuerzas necesarias, si es que alguna vez las tendría…

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Sintió que la puerta se abría con sigilo y cerró los ojos con más fuerza. Sabía que era Tom, que entraba a ver qué tal estaba. No habían podido hablar nada desde que llegaron a casa, y aunque lo intentase con todas sus fuerzas, su consuelo sería en vano. Le sintió inclinarse y retirarle un mechón de pelo de la mejilla, para poder besársela con suavidad sin despertarlo. Luego le oyó suspirar e incorporarse, rodear la cama y coger a su hija que hacía gorgoritos en su cuna.

Salió con ella en brazos y le dejó a solas. Entonces fue él quien suspiró sin poder evitar llevarse las manos a su vacío estómago, recordando la primera noche que pasó en la casa tras el nacimiento de Sarah, recordando lo solo que se sentía sin ella en sus entrañas.

Y le pasaba lo mismo con Hannah, aún la sentía dentro de él, moviéndose débilmente…tal vez tratando de avisarle de que algo no iba bien…

Claudia le explicó cómo pudo lo sucedido, que debía haber sido algo genético, no lo entendió muy bien y tampoco quiso hacerlo. Su hija había muerto, nadie le podía dar un porque.

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Dos días después recibió una visita que le dejó de piedra. Se encontraba tumbado en el sofá del salón, Tom se había llevado a Sarah al parque bajo la atenta vigilancia de su madre y él se había quedado al cargo de Gordon.

—Bill, tienes visita—le dijo desde la puerta.

Abrió los ojos dispuesto a negar con la cabeza, no quería ver a nadie en esos momentos, pero al ver quien era asintió con lentitud y se recostó mejor en las almohadas.

—Hola Bill—saludó Andreas en voz baja.

—Tendréis mucho de qué hablar, os dejo a solas—se despidió Gordon.

Salió del salón y entró en la cocina, donde cerró la puerta para darles más intimidad. Había comentado ese tema con su mujer, lo raro que le parecía que el mejor amigo de su hijastro no hubiera dado señales de vida. Si tan unido estaba de los dos hermanos, ¿dónde se había metido cuando más lo necesitaban? ¿Qué había pasado entre ellos para que se distanciaran?

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Una vez a solas, Andreas se acercó y se sentó en una butaca, retorciéndose las manos sobre su regazo.

—Yo…me he enterado—susurró.

— ¿Y?—preguntó Bill poniéndose a la defensiva.

No estaba para sermones en esos momentos, si le venía a echar en cara que se hubiera vuelto a quedar embarazado de su hermano, no pensaba quedarse callado.

—Y lo siento mucho—dijo Andreas con franqueza.

— ¿Lo sientes?—repitió Bill como si no lo hubiera escuchado bien— ¿No te alegras?

— ¡Pues claro que no!—contestó Andreas mirándole firmemente—No me alegraré nunca de la muerte de nadie, y menos si os concierne. Nunca me alegraré de verte tan triste por mucho que estemos enfadados.

Bill se quedó callado. En el fondo, esperaba esa respuesta. Había sido muy cruel al pensar que se iba a alegrar, Tom ya le avisó que con el tiempo lo entendería y volvería a ser el mejor amigo de siempre. Y eso era lo que estaba haciendo en esos momentos. Se levantó de donde estaba sentado y se inclinó para darle ese abrazo que tanto necesitaba, frotándole torpemente la espalda.

—Necesitaba tiempo, entiéndelo—pidió Andreas contra su pelo.

Asintió en silencio, solo agradecía que ya fuera el mejor amigo que jamás pudiera tener. Se puso tenso cuando recibió un beso suyo en la mejilla, muy cerca de la comisura de sus labios, no acostumbrado a tan íntimas muestras de cariño por su parte. Se separó con esfuerzo y sentándose mejor en el sofá le hizo un sitio a su lado, que Andreas ocupó encantado mientras le cogía con firmeza una mano.

— ¿Y dónde está el resto de la familia?—preguntó Andreas tratando de sonar normal.

—Tom se llevó a Sarah a dar un paseo, mi madre le acompañó—explicó Bill poniéndose más tenso.

Sentía como le recorría la palma con la punta de los dedos, pensando si era consciente de ello o solo le trataba de consolar de esa manera.

— ¿Y tú no les has querido acompañar?—preguntó Andreas preocupado— ¿Te duele algo o…?

Dejó la frase sin terminar, maldiciéndose por lo bajo. Claro que le dolía algo, debería estar roto por dentro….

—No, nada de eso—contestó Bill quitándole importancia, sabiendo que se refería a su estado físico—Últimamente no tengo ganas de nada, solo de quedarme bien quieto y sin moverme.

—Bill, sé que suena duro pero tienes que superarlo—dijo Andreas en voz baja—Piensa en Sarah, es muy pequeña y te necesita. Y Tom también, debe estar sufriendo al igual que tú.

Asintió mordiéndose los labios. Sonaba duro por su parte, pero Tom no tenía ni la más remota idea de cómo lo estaba pasando. Él no la había llevado dentro, no tuvo que pasar por un parto para nada. No se encontraba tan vacío en esos momentos….

La puerta de la calle les hizo separarse. Andreas le soltó y se levantó de inmediato carraspeando, sin saber cómo enfrentarse al otro hermano. Les vio aparecer por la puerta y el gesto frío que le recorría la cara al verle tras tanto tiempo y después de lo pasado, pero la risa de Sarah les hizo esbozar una sonrisa a ambos.

—Sarah, te he echado mucho de menos—dijo Andreas dando un paso.

Se acercó y esperó la reacción de Tom, que solo pudo pasarle a su hija, tan cómodamente instalada en sus brazos. Andreas la cogió y abrazó con suavidad, besando su suave mejilla y arrancándole una sonrisa.

—Andreas, cuanto tiempo sin saber nada de ti—dijo Simone, muy observadora siempre.

—Lo sé, estaba…ocupado—contestó Andreas muy cortado.

—Os dejo a solas, dame a la niña y así habláis con más calma—pidió Simone extendiendo los brazos.

—Mamá, Bill tal vez…—comenzó a decir Tom.

—No, que se la lleve—cortó Bill de inmediato—Andreas ha venido a vernos.

Extrañado por su contestación, Tom vio cómo su amigo le pasaba la niña a su madre sin decir nada, quien se la llevó escaleras arriba mientras le contaba a su marido por el camino lo mucho que se habían divertido en el parque.

—Tom, lo siento mucho—repitió Andrea su pésame.

—G-gracias—contestó Tom con torpeza.

Se sentó al lado de Bill, cortado por la presencia de su amigo. No se atrevía a mirarle, y mucho menos tocarle, no sabía si su amigo lo había al fin aceptado o solo estaba allí para darles el pésame.

Pasaron la tarde hablando de todo y de nada, Andreas les preguntó por sus compañeros, evitando tocar tan doloroso tema de nuevo. Tom contestaba sus preguntas, mientras que a su lado Bill permanecía callado con la mirada perdida. Llegada la hora de irse, Andreas se despidió de los hermanos prometiendo volver otro día y tratar de convencer entre los dos al cantante para que saliera con ellos a tomar un poco el aire.

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Tras la cena que tomaron en silencio, sus padres aprovecharon para salir a tomar algo en vista de que al cantante se le veía algo más animado, gracias sin duda a la visita inesperada de su amigo de la infancia.

Aprovechando que tenían un momento a solas para los dos tras tanto tiempo, Tom se coló en la habitación de Bill y como en los viejos tiempos se metió en su cama con su hija sentada en su regazo.

—Tenías que haberla visto esta tarde, Bill—empezó a decir Tom a un medio dormido Bill —Sarah ya anda cada vez con más soltura, el día menos pensado tenemos que correr tras ella para alcanzarla.

Calló esperando una respuesta, pero solo escuchó su silencio. Sabía que no estaba dormido, solo descansaba con los ojos cerrados. Suspiró resignado y comenzó a hacer monerías a su hija, que nada más verle rompió a reír a carcajadas.

—Tom, por favor—pidió Bill frunciendo la frente.

Tom paró y le miró preocupado, nunca antes le había molestado las risas de su hija. Suspiró de nuevo y decidió hacer algo más por él. Acostó a su hija en la cuna que tenía al lado y se recostó contra Bill, besándole en el hombro que descubrió tras bajarle un poco la camiseta.

—Para—protestó Bill de nuevo.

— ¿Qué te pasa?—no pudo evitar preguntar Tom en voz muy alta.

— ¿Y a ti?—preguntó Bill a su vez.

—Quiero ayudarte, pero no me dejas—contestó Tom dolido.

—Nadie me puede ayudar, entiéndelo—dijo Bill a punto de llorar—He perdido una hija, no me pidas que lo supere y siga con mi vida como si nada.

—Yo también la he perdido, y tampoco puedo con mi vida—replicó Tom levantándose de la cama—Pero debo hacerlo, mi otra hija depende de mí, de nosotros.

Bill se incorporó en la cama y le miró con los ojos llenos de lágrimas. Su cuerpo andaba aún revolucionado por las hormonas, Claudia le explicó que aún tardaría unos días en normalizarse, y que sería normal que pasara de la risa al llanto sin poderse explicar.

Miró a Tom con los labios separados, pero no encontraba las palabras necesarias para tratar de explicarle el infierno que estaba viviendo.

—Bill, déjame ayudarte—suplicó Tom.

—Yo….no puedo, lo siento—dijo Bill negando con la cabeza.

Maldiciendo por lo bajo, Tom se volvió llevándose las manos a la cabeza. Solo quería estar a su lado, consolarle cuando más lo necesitaba, pero solo recibía rechazo por su parte. Frustrado por no poder hacer nada, caminó resoplando por la habitación, no pudiéndose contener al ver sobre la cómoda un biberón vacío que cogió y arrojó al suelo con todas sus fuerzas, lo que hizo que su somnolienta hija rompiera a llorar de improvisto.

— ¡Tom!—riñó Bill chasqueando la lengua.

—Lo siento, necesito desahogarme de alguna manera—replicó Tom en voz alta.

Se inclinó y recogió los cristales que había esparcidos por el suelo, dejándolos sobre la cómoda de nuevo mientras que el llanto de su hija era cada vez más intenso.

Viendo que Bill no se movía, ni siquiera la miraba, Tom se acercó a ver si podía calmarla.

—Ya la cojo yo, no te muevas—le dijo a Bill con ironía.

Bill ni siquiera le contestó, se acostó de nuevo en la cama, llevándose las manos a los oídos y tapándoselos con fuerza.

—Así no lograrás que pare—siguió Tom con su ironía.

—Tom….por favor…—pidió Bill con un hilo de voz.

— ¿Qué? ¡Dime que quieres que haga!—gritó Tom sin poderse contener—No puedo abrazarte, no me dejas besarte….no miras a nuestra hija, como si ella fuera la culpable de lo sucedido….

En brazos de su enfadado padre, Sarah lloraba cada vez más alto, haciendo que su otro padre escondiera la cabeza bajo la almohada.

—Haz que pare…que se calle—pidió Bill entre lágrimas.

—Eso intento—dijo Tom sin enterarse de sus lágrimas.

Se sentó en la cama, esperando que Bill le ayudara, pero solo hizo que se levantara y estallara.

—Llévatela de aquí, no quiero escuchar su llanto—pidió Bill retrocediendo unos pasos—Por favor, que se calle de una vez.

Se arrastró hasta un rincón y se dejó caer para asombro de Tom. Su cara estaba bañada en lágrimas, impotente de no haber podido hacer nada para salvar a su otra hija.

Tom lo entendió de inmediato y salió de la habitación con su llorosa hija en brazos. Siempre se repitió una y otra vez que con Sarah Bill volvería a ser el de antes, pero no pudo llegarse a imaginar que la repudiase tras lo pasado, que no pudiera mirarla ni acunarla sin pensar en esa hija que el cruel destino les arrebató de los brazos con un chasquido de los dedos.

Continúa…

los parrafos referidos al funeral los añadi mientras repasaba el fic, en la version original decia que Bill ni siquiera sabia que se hizo con el cuerpo de Hannah, y ahora pensandolo lo suyo es que se hiciera un pequeño funeral por ese angelito. Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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