Y fueron felices 19

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 19: Tres deseos

Se despertaron al día siguiente y nada más verse no pudieron evitar echarse a reír recordando lo ocurrido la noche anterior. Terminado el helado que le subió Tom a Bill, se quedaron con ganas de más y le tocó volver a bajar, subiendo todo el helado que compraron. Se lo tomaron ente risas recostados en las almohadas, hasta que una cucharada cayó sobre el desnudo pecho de Tom haciéndole soltar un grito inesperado.

Como inesperado fue que Bill se inclinara y pasara la lengua recogiendo el helado. Conteniendo el aliento, Tom hundió la cuchara en el cuenco y dejó caer un poco más, viendo como Bill repetía la misma operación. No se lo pensaron dos veces y se desnudaron, untándose el cuerpo con helado y lamiéndose el uno al otro hasta que se acabó, momento en que sin dejar de retozar por la cama hicieron el amor de una forma lenta y pausada.

Al día siguiente solo había que ver las sábanas manchadas de helado de vainilla y chocolate para echarse a reír y ponerse rojos como un tomate. Si las viera alguien en ese momento, ¿qué podían iban a decir? No había excusa para lo que habían hecho, retozar desnudos por la cama mientras se extendían helado por sus cuerpos….

—Habrá que comprar más—dijo Bill mientras retiraba las sábanas manchadas.

— ¿Quieres repetir lo de anoche?—preguntó Tom alzando una ceja.

—Para la fiesta, bobo—le riñó Bill sin poder evitar sonreír.

—Iré después del desayuno, me puedo llevar a Sarah mientras tú descansas—dijo Tom acercándose a Bill —Esta noche no has dormido mucho que digamos.

Apoyó la cara en la curva de su cuello, comenzó a besarle suavemente y a mordisquearle hasta que por el interfono les llegó la voz de Sarah.

—Papi…papi…

—Salvado por la niña—masculló Tom suspirando.

—Termina de hacer la cama, yo la levanto y doy el desayuno—dijo Bill levantando una mano.

La puso en la nuca de Tom, se giró y cuando sus caras se encontraron le besó en los labios. Le soltó y caminó hasta la habitación de Sarah mientras se estiraba la camiseta Tom con la que todas las noches dormía. Sonrió nada más verla. Tumbadita en su cama, Sarah alzaba sus manitas y jugaba con ellas emitiendo gorgoritos por lo bajo, parecía que estaba cantando…

La levantó de la cama y la acunó en sus brazos mientras enterraba la cara en su cuello y lo besaba como minutos antes había hecho con él Tom. Se la llevó a la cocina y la estaba sentando en su silla cuando bajó Tom cargado con las sábanas sucias que metió directamente en la lavadora.

— ¿Te vienes conmigo esta mañana de compras, Sarah?—preguntó Tom pellizcando la mejilla de la niña.

Solo obtuvo su risa como respuestas, aunque tampoco se esperaba otra cosa. Se sentó a su lado y le dio el desayuno procurando no mancharla, cosa que siempre ocurría inevitablemente.

—Esta niña no puede comer nada sin meter las manos en el plato—resopló Tom limpiando las manos de Sarah con una servilleta.

—No seas gruñón—riñó Bill a Tom.

Terminaron de desayunar y Tom subió a vestir a Sarah dejando que Bill limpiara la cocina. Una vez terminada de vestirla y peinarla con dos graciosas coletas, Tom bajó con ella fuertemente agarrada a su mano. Bajaron las escaleras con cuidado y entraron en la cocina, donde se despidió de Bill con un beso en los labios, alzándole a la niña para que no se tuviera que inclinar.

—Que no se te olvide el helado—le recordó Bill con una pícara sonrisa.

—Y a ti descansar, esta noche,…quien sabe lo que nos tocará—dijo Tom guiñándole un ojo.

Salió del apartamento con Sarah bien acomodada en sus brazos, donde se giró para decir adiós levantando una manita a su padre.

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Una vez a solas, Bill suspiró pasándose una mano por los riñones. Cogió el móvil que bajó a la cocina y entrando en el salón se tumbó en el sofá poniendo un cojín bajo las rodillas para mantenerlas elevadas. Encendió el teléfono y fue pasando nombres en su agenda, llamaría a todos los invitados para la fiesta que darían en unos días por el segundo cumpleaños de Sarah.

Dunja fue a la primera a la que llamó, quien prometió avisar a Silke y a David, que estaban ambos en la discográfica con ella. El siguiente fue Georg, que también se encargó él mismo de decírselo a Gustav. Los siguientes fueron sus padreas. Con su padre no habría ningún problema, pero su madre…decidió llamarla a ella primera. Marcó el número de su casa, pero no contestaba nadie. Al final la llamó al móvil.

—Bill, hola cariño—le saludó la alegre voz de su madre.

—Hola mamá, esperaba encontrarte en casa a estas horas de la mañana—dijo Bill mirando el reloj que tenía sobre una mesa.

Eran algo más de las 10, y su madre no estaba en casa, que raro, ¿no?

—Oh, vaya Bill…me has pillado—dijo Simone sonriendo—Gordon y yo estamos de compras, para Sarah. Se acerca su cumpleaños y nos gustaría tenerlo todo ya preparado y poder estar unos días en tu casa, hace mucho que no la vemos y la echamos de menos.

—Y ella a vosotros, sabéis que os podéis quedar los días que sean—dijo Bill de todo corazón.

—Así tú podrás descansar un poco, en tu estado y con una niña tan traviesa…

—Tom se encarga de ella, se la ha llevado de compras para que pueda descansar un poco, y comprar lo que se nos ha olvidado para la fiesta—explicó Bill poniéndose colorado.

¿Cómo poder decirle a su madre la manera en la que habían gastado una tarrina de helado en menos de 5 minutos?

—Decidme si necesitáis algo, lo que sea—se ofreció Simone.

—Solo queremos contar contigo, Gordon y papá. Nada más—le dijo Bill.

—Pues ahí estaremos en dos días. Llámame si necesitas algo…o quieres hablar, y saluda a Tom de mi parte—se despidió Simone.

—Lo haré. Gracias, mamá—se despidió Bill también.

Colgó el móvil y llamó a su padre tragando con esfuerzo. No se lo esperaba eso de su madre, hablarle como si las cosas hubieran ido así de bien desde el principio. Marcó el número de su padre, pero debía estar de viaje y no se lo cogía. Le dejó un mensaje en el contestador y se dispuso a llamar al invitado por el que tenía que haber empezado al seguir un orden alfabético.

Marcó el número de Andreas y esperó con los ojos cerrados. Desde que le “echaron” del apartamento, no habían vuelto a saber de él. Con las vacaciones que cogieron, y luego tener que decírselo a su madre y saber los resultados de la amniocentesis…la verdad, se había olvidado de su mejor amigo desde la infancia.

— ¿Andreas?—preguntó al escuchar que habían descolgado pero no decían nada.

—Hola Bill—saludó Andreas al cabo de un minuto— ¿Va todo bien? El bebé….esa prueba….

—Sí, todo bien—respondió Bill incorporándose en el sofá— ¿Y tú?

—Tirando—contestó Andreas la verdad— ¿Cómo te va con Tom?

—Seguimos juntos, si es a eso a lo que te refieres—dijo Bill poniéndose en alerta.

—Dentro de poco va a ser el cumpleaños de Sarah—murmuró Andreas, como si Bill no lo supiera.

—Por eso te llamaba—dijo Bill conteniendo el aliento.

Su amigo estaba raro, ¿qué le pasaba?

— ¿Quieres que vaya?—preguntó Andreas extrañado— ¿Y Tom también quiere?

—Tom no sabe lo que pasó, porque no pasó nada y no hay nada que contar—dejó bien claro Bill—Los dos queremos que vengas, y Sarah también. El miércoles, a las 7.

Colgó antes de que hiciera otra pregunta extraña y se recostó sobre las almohadas. Cerró los ojos suspirando y solo los abrió cuando una voz infantil le llamó al cabo de una hora. Sonrió al ver como Sarah caminaba hacia él, se sentó en el sofá y a ella en su regazo, mientras le contaba a Tom que ya había llamado a todos los invitados, sin mencionarle la extraña conversación con su amigo de la infancia.

—Prepararemos el cuarto de invitados para mamá y Gordon—dijo Tom sentándose a su lado—Esta vez, no hará falta que ocupe la otra habitación.

—Estando ellos en casa no vamos a hacer nada—dejó Bill bien claro.

Tom asintió cogiéndole la mano. Sabía que aún era pronto para esas cosas, a estar a gusto en su propia casa sin pensar que estaba su madre escuchando en la habitación de al lado.

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Dos días después la casa se llenó de risas. Colgaron una hilera de globos en la puerta del salón y sobre una mesa había una gran tarta con dos velas. Vistieron a Sarah con un vestido rosa y cada vez que llamaban a la puerta la abría ella sola para echarse a reír con cada invitado que la cogía en sus brazos.

Su madre y Gordon vinieron la noche anterior y apenas tuvieron tiempo de hablar. Luego, por la mañana Simone ayudó a su hijo pequeño a preparar la comida y los refrescos mientras que Tom le enseñaba a Gordon el coche que les había regalado su padre, enviándoselo con una empresa de transporte con una nota de disculpa porque ese día estaría fuera de la ciudad, prometiendo ir a verles en cuanto pudiera.

Era un coche familiar, con dos sillitas de bebé acoplada en los asientos traseros. Nunca pensaron en tener un coche propio, pero no iban a depender siempre de la discográfica, y ya que Tom se había sacado el carnet, habría que usarlo.

—Todo huele estupendo—dijo Georg entrando en la cocina.

—Te quiero ver a dos metros de la tarta de mi hija—amenazó Bill a su amigo señalándole con una cuchara.

—Tranquilo, que yo le vigilo—se ofreció Gustav guiñando un ojo a Bill.

Le hizo una seña a Georg y salió con él de la cocina, llevando de su mano a la pequeña Sarah que caminaba encantada a su lado. Entraron en el salón y entre los dos entretuvieron a la niña hasta que llegaran el resto de los invitados.

—Son como unos niños—rio Simone cuando se quedó a solas con su hijo.

—Si he podido cuidar de Georg, podré con lo que venga—dijo Bill acariciándose el vientre.

Esas palabras recordaron a su madre otras dichas en el pasado, que calaron muy hondo e hicieron mucho daño.

—Bill, siento mucho haber insinuado que no eras un buen padre—se disculpó Simone mirando fijamente a su hijo.

—Mamá, no pasa nada. Sé porque lo dijiste—se apresuró a decir Bill.

No quería volver a tocar el tema, su madre se había disculpado en más de una ocasión y él ya la había perdonado.

—Lo dije porque eras muy joven, casi un niño cuando tuviste a Sarah—insistió Simone—Y luego te empeñaste en vivir tú solo y cuidar de ella sin ayuda de nadie.

—Tengo a Tom—murmuró Bill,

—Ahora, pero habéis pasado algún tiempo distanciados—recordó Simone con dolor— Debiste acudir a mí y contarme por lo que estabas pasando, no cuidar tú solo de tu hija sintiendo a cada momento la necesidad de llorar.

—Necesitaba estar a solas, concentrarme solo en una persona que dependía de mí las 24 horas del día. Por favor, no hablemos de eso más—pidió Bill a su madre con firmeza—Celebremos el cumpleaños de Sarah y que en unos meses tendrás otro nieto al que mimar.

No podía contarle a su madre que si se distanciaron fue por Vanessa, ni que contó con la ayuda de…

— ¡Andreas!

Escuchar el nombre de su amigo casi le hizo soltar la bandeja que llevaba en las manos. La dejó sobre la mesa y se giró para darle la bienvenida.

—Hola—saludó en voz baja.

—Deja, que ya la llevo yo—dijo Simone cogiendo la bandeja que su hijo soltó.

Salió de la cocina sonriendo por el camino a Andreas, pensando que estarían haciendo los amigos de sus hijos a su dulce nieta.

—Le he traído una cosa a Sarah—dijo Andreas una vez a solas—Unos puzles y un cuento.

—Le encantan los puzles—sonrió Bill cogiendo el regalo que le tendía su amigo.

—Es una niña muy lista, como su padre—murmuró Andreas.

—Por favor, no empieces…

—Saludé a Tom antes de entrar—dijo cambiando Andreas de tema—Menudo coche que os ha regalado vuestro padre.

—Ya lo íbamos necesitando. Espero poder sacarme el carnet yo también, cuando nazca Chris—dijo Bill sonriendo.

— ¿Chris? Me gusta mucho—sonrió Andreas también.

—No se lo digas a Tom, él quiere Nathan, pero ya le tengo casi convencido—explicó Bill guiñándole un ojo.

—No quiero escuchar esa parte—dijo Andreas carraspeando—Vamos al salón con los demás, creo que escucho a Silke y Dunja.

Bill asintió y cogió otra de las bandejas que habían preparado entre su madre y él, pero Andreas se la arrebató de las manos, tocando la punta de sus dedos sin querer.

—Andreas—murmuró Bill poniéndose tenso por su contacto.

—Estoy bien, de veras. Solo necesito tiempo, como la última vez—dijo Andreas con firmeza—Las cosas volverán a ser como antes, seré vuestro mejor amigo y el mejor tío que mis sobrinos puedan tener.

Le guiñó un ojo y salió de la cocina con él pisándole los pies. Dejó la bandeja en la mesa al lado de las demás, escuchando como las chicas saludaban al futuro padre y cogían en brazos a la homenajeada.

Cuando al fin llegó David, excusándose por haberse retrasado, los dos hermanos se sentaron con Sarah en sus regazos y empezaron la fiesta de cumpleaños. Casi todos los regalos recibidos fueron ropa, algún juguete y más puzles. El mejor no se hizo de rogar, y Gordon entró en el apartamento una casa de muñecas que Simone le había comprado a su nieta.

—Sé que es algo pequeña para jugar con ella, pero la vi y no me pude resistir—explicó Simone a sus hijos.

—Y esto es para vosotros—dijeron Georg y Gustav.

El cumpleaños de los hermanos sería también dentro de poco, pero desde que naciera Sarah decidieron celebrarlo los tres juntos. Sonrieron al ver su regalo y lo abrieron muy nerviosos, sonriendo al ver unas camisetas con las fotos de ellos dos sosteniendo en brazos a la pequeña Sarah y una inscripción que decía: “Mis papás me quieren mucho”.

—Es una monada—rio Bill cogiendo la suya.

Se levantó y probó por encima, alisándola sobre su abultado vientre.

—Y ahora la tarta—dijo Georg viendo que no había más regalos.

Simone chasqueó la lengua sonriendo y se levantó a por ella. La puso en el centro de la mesa y encendió las 3 velas que tenía encima, una por cada homenajeado.

—Soplad y pedid un deseo—les dijo Simone a sus hijos.

Los hermanos se miraron y asintieron. Dejaron que su madre cogiera a Sarah y la acercara a las velas para que ella también soplara. Se cogieron fuertemente de las manos y se inclinaron sobre la mesa con los ojos fuertemente cerrados. Formularon su deseo y entre aplausos y risas soplaron las velas apagándolas.

—Felicidades, Sarah—dijo Simone besando a su nieta.

Los hermanos se miraron y no pudieron evitarlo. Se abrazaron y besaron en los labios ante las avergonzadas miradas de los invitados.

—Sirvamos la tarta—dijo Gustav carraspeando.

Había visto la expresión de Simone al ver el beso que se daban sus hijos. No era de enfado, sino de que esas cosas no deberían hacerse delante de la propia madre. Georg ayudó a partir la tarta y la sirvieron entre risas al ver como la pequeña Sarah metía la mano en su ración y se la llevaba a la boca embadurnándose de paso la cara.

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La merienda transcurrió sin prisas y a las 10 de la noche despidieron al último invitado, que era Andreas y se llevó a Tom a un aparte cuando no miraba Bill.

—Tengo algo para ti—le dijo en voz baja.

Tom le miró sin saber que decir. Vio cómo su amigo sacaba del bolsillo de su cazadora un pequeño paquete que le entregaba sin decir anda. Lo abrió y soltó una pequeña carcajada al ver una caja.

—Condones—murmuró sacudiendo al cabeza.

—Cuida mucho de Bill—le dijo Andreas con firmeza—No quiero que le pase nada malo.

Y sin esperar su respuesta salió del apartamento y caminó por la calle con las manos metidas en los bolsillos. Tom esperó con la puerta abierta hasta que le vio desaparecer calle abajo. Entonces la cerró y se reunió con su madre y Bill en la habitación de Sarah, a la que trataban de acostar tras haberla dado un relajante baño.

—Tenía nata hasta detrás de las orejas—explicó Simone resoplando.

—Está un poco alterada, esta tarde ha sido muy larga para ella, ya tenía que estar acostada a las 8 y mira que horas—decía Bill tratando de que si hija se estuviera quieta.

—Cariño, déjame que la calme yo—pidió Simone tocando el brazo de su hijo—Es tarde y estás cansado.

—Venga Bill, haz caso a mamá—intervino Tom—Vámonos a la cama.

Un silencio se apoderó de la habitación, roto solo por la risa incontrolada de la pequeña Sarah.

—Quiero decir….que necesitamos dormir….todos—rectificó Tom poniéndose rojo.

—Buenas noches, cariño—se despidió Simone besando en la mejilla a su hijo.

Bill se lo devolvió e hizo lo mismo con su revoltosa hija. Salió de la habitación y vio cómo Tom se despedía también de su madre y de Sarah. Le esperó en el pasillo y una vez lejos de ojos indiscretos se fundieron en un breve beso.

Tom le pasó un brazo por la cintura y entraron juntos en la habitación que compartían.

— ¿Recuerdas? El cumpleaños anterior, nos escapamos al pasillo cuando no miraba nadie, y te pedí que me dieras otro hijo—recordó Tom con añoranza.

— ¿Qué has pedido cuando soplaste las velas?—preguntó Bill en voz baja.

—Que todo salga bien—contestó Tom suspirando—Quiero tener ya entre mis brazos a Nathan, acunarlo contigo al lado y también Sarah.

—Yo deseé lo mismo—dijo Bill volviéndose entre los brazos de Tom.

— ¿Quieres que baje a por un poco de helado?—sugirió Tom alzando una ceja.

—Esta noche no puedo, me duele todo el cuerpo—negó Bill riendo.

—Vámonos a la cama, mamá levantará a Sarah mañana. Podremos quedarnos hasta bien tarde por un día—dijo Tom bostezando.

Bill asintió y tras besarle en los labios comenzó a desnudarse bajo la atenta mirada de Tom. Se quedó en boxers y cogió la camiseta que le regalaron los muchachos. Se puso la suya para dormir y se metió en la cama esperando a Tom, que no tardó en hacerle compañía.

—Buenas noches, amor mío—se despidió Tom cogiéndole entre sus brazos.

Bill asintió levantando la cara y le besó una vez más en los labios. Se giró en sus brazos y se tumbó de costado suspirando, sonriendo cuando unas manos se metieron bajo su camiseta y le acariciaron la curva de su vientre.

Cerró los ojos y volvió a pensar en el deseo formulado con más fuerza.

Que todo vaya bien….que nazca fuerte y sano mi bebé…que Tom nunca se vaya de mi lado…”

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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