Y fueron felices 21

Fic M-preg de lyra. Temporada III

Capítulo 21: Al fin en mis brazos

Los meses pasaron rápidos y el disco ya estaba grabado. Los últimos días hubo que repetir el trabajo, ya que no contaban con un revoltoso niño que no paraba en el vientre de su padre. Ansioso por llegar ya al mundo, Bill se frotaba los riñones cada vez que una patada acertaba en ellos, haciéndole gemir por lo bajo y “estropear” la canción con la que estaba. Pidió perdón de nuevo y se quitó los auriculares, llevándose una mano a su ya muy abultado vientre y pidiendo por lo bajo a su hijo que se estuviera quietecito solo 5 minutos.

Desde el otro lado de la cabina de grabación, Tom observaba a Bill reñir a su hijo y no pudo evitar sonreír. Eran casi las 9 de la noche y llevaba toda la tarde encerrado con la misma canción. Decidió que ya era hora de que lo dejara, estaba visto que esa tarde no iba a hacer ya nada.

Se levantó del sofá en el que estaba recostado y le hizo una señal al técnico de sonido, que bostezaba ya aburrido.

—Vete a casa, lo dejamos para mañana—le dijo suspirando.

Entró en la canina de grabación y le tendió a Bill la botella de agua que llevaba.

—Bill, déjalo por hoy—le pidió con suavidad.

—Si ya casi está, media hora más—dijo Bill suspirando.

—Estamos solos, he mandado al técnico a casa. Vamos, cenamos algo ligero y nos vamos a la cama—dijo Tom tirando con suavidad de él.

Bill se dejó llevar sin quitar una mano de la parte baja de su vientre, tocando allí donde notaba la silueta perfecta de un pie pequeño. Bajaron las escaleras y se encontraron con Gustav, que se preparaba un café con tostadas.

—Os hemos dejado algo de pasta en la nevera—les dijo sonriendo.

—No tengo ganas de nada, me tomo un vaso de leche y me voy a la cama—dijo Bill sentándose en una silla con dificultad.

Tom se lo sirvió de inmediato y se sentó a su lado. Él tampoco tenía ganas de comer nada, se había pasado toda la tarde comiendo patatas fritas mientras observaba desde el sofá como cantaba Bill.

— ¿Ya está acostada Sarah?—preguntó Bill mirando la hora en el reloj de la cocina.

—Sí, Emily la dejó acostada antes de irse a casa—explicó Gustav—Y Georg la acompañó.

—Me da a mí que esos dos está tomando algo por ahí—murmuró Bill.

— ¿Te molesta?—preguntó Tom preocupado.

—La verdad, un poco sí. Está aquí para cuidar de Sarah, no quisiera que Georg la distrajera….

—Georg la estuvo ayudando a darla de cenar y a bañarla—explicó Gustav.

—Le diré a Georg que no la distraiga—dijo seriamente Tom.

—No, déjalo. Estoy cansado y no sé lo que digo—negó Bill resoplando— Emily hace muy bien su trabajo, y me alegro mucho por Georg. Esta noche no puedo pensar en nada más, y solo digo tonterías. Nathan se está portando mal…

Dijo esto último al mismo tiempo que se frotaba el estómago y gemía por lo bajo. Gustav y Tom solo pudieron mirarse y sonreír.

—Ya estás de más de 8 meses, piensa que unos días más y todo se habrá terminado—le trataba de animar Gustav.

—Y le tendremos en nuestros brazos—apuntó Tom.

Bill asintió sonriendo y se terminó la leche de un trago. Se despidió de su compañero y subió a acostarse con la ayuda de Tom. Se metió en la cama tumbándose de costado, colocando un almohadón entre sus rodillas para estar más cómodo, si eso era posible con su abultada tripa.

—Voy a ver qué tal está Sarah—explicó Tom mientras le arropaba.

—Dale un beso de mi parte—bostezó Bill sin poder evitarlo.

Tom asintió y le besó en la frente con suavidad. Se incorporó y fue a la habitación de su hija, hallándola profundamente dormida abrazada a su conejito de peluche con el que todas la noches dormía. Cerró la puerta con cuidado y volvió a la habitación que compartía con Bill. Le encontró dormido también y desnudándose a oscuras, se metió en la cama y se abrazó a su cuerpo, poniendo las manos en su vientre, sintiendo que su hijo se movía acomodándose dentro de Bill.

.

Al día siguiente se levantaron todos temprano. Esa tarde iba a ser su última aparición en público, o al menos la de Bill. De hecho, hacía ya casi un mes que apenas salían en algún programa, pero David se lo había pedido como un favor personal, se lo debía a un productor al que lamentablemente ya habían dejado colgado en más de una ocasión.

Bill aceptó a condición de que no se alargase mucho la entrevista, y que nada de preguntas personales, tipo de quien es el padre de sus hijos. David se lo prometió, solo hablarían del nuevo disco que ya casi estaba terminado.

Dejó que Tom levantara a Sarah y la vistiera. Ese día lo pasaría con Emily, que se la llevaría al parque y luego se quedaría en el apartamento con ella hasta que regresaran de la entrevista. Habían quedado para comer con su padre y luego él mismo les llevaría al programa en el que saldrían. Se levantó con pereza de la cama y entró en el baño para ducharse y comenzar a arreglarse.

Tom se reunió con él cuando dejó que entre Emily y Georg dieran de desayunar a su hija, para que él pudiera subir a vestirse y le ayudara a ducharse.

— ¿Bill?—le llamó asomándose al baño.

Vio su silueta recortada en la cortina de la ducha y escuchó como cortaba ya el agua. Cogió una toalla y espero a que se quitara el exceso de agua del pelo con las manos y corriera la cortina. Le ofreció una mano y le ayudó a salir de la bañera, ajustándole él mismo la toalla a su cadera.

—Hoy llevaré el pelo liso, no estoy para pensar en que me podía hacer—resopló Bill sentándose en el borde de la bañera.

Dejó que Tom le secara el pelo con otra toalla y salió del baño para que él también se duchara, mientras él se vestía con la poca ropa que aún le valía. Eligió unos vaqueros negros y una camisa también oscura, algo que ocultara esos kilos de más que se le notaban.

Cuando Tom salió del baño, ya estaba vestido del todo y entró a secarse el pelo y maquillarse. Cuando estaba terminando escuchó el timbre de la puerta. Su padre venía pronto para poder disfrutar de su nieta. Sonrió al escuchar como Emily abría la puerta llevando a la niña de su mano y se la entregaba a su padre, que reía en voz alta. Se dio prisa en terminar de arreglarse y dejando su neceser guardado en el primer cajón, bajó a reunirse con los demás abajo.

—Hola, papá—saludó ofreciéndole la mejilla.

Jörg besó a su hijo sosteniendo en sus brazos a una sonriente Sarah, que trataba de desenvolver el regalo que le había traído su abuelo. Una muñeca de grandes ojos azules apareció ante su vista y la miró sonriendo ampliamente.

—Es preciosa, papá—dijo Tom sonriendo al ver la reacción de su hija.

Era su primera muñeca, y la miraba de una manera extraña, acostumbrada a osos de peluche y animales similares.

—Que ganas de que nazca ya mi nieto—dijo Jörg guiñándole un ojo a su hijo pequeño—Compré un escalétrix el día que me dijiste que iba ser un niño.

—Papá, aún tiene que crecer para que pueda jugar con él—rio Bill imaginándose a su recién nacido hijo mirando los cochecitos sin entender que eran.

—Mientras podremos jugar Bill y yo con el—apuntó Tom sonriendo.

—Estaréis muy ocupados con el nuevo bebé y Sarah—rio Jörg besando a su nieta—Si no nos damos prisa, perderemos la reserva.

Devolvió a su nieta a la niñera y esperó a que sus hijos se pusieran las cazadoras y se despidieran de su hija. Subieron al coche y les llevó al restaurante mejor de la ciudad, logrando coger un reservado y así no ser molestados.

Durante la comida hablaron de lo poco que faltaba para el nacimiento y lo nervioso que estaba Bill al estar tan cerca ya el día.

Terminaron de comer y Jörg los acercó al plató en donde grabarían la que iba a ser su última aparición pública. Se despidieron de su padre y entraron en el backstage, en donde sus compañeros ya les estaban esperando.

—Tengo que ir al baño—murmuró Bill al oído de Tom.

Tom sonrió como respuesta y le besó en los labios antes de que se fuera.

—Avísame si necesitas algo—le dijo sin soltar su mano.

Bill asintió en silencio y se dio la vuelta suspirando, pero no llegó a entrar en el baño. De repente un dolor intenso le recorrió el cuerpo y apretó con fuerza esa mano que aún le cogía la suya.

—¡Bill!—gritó Tom muy asustado.

Corrió a su lado y le estrechó entre sus brazos, ayudándole a sentarse en la silla que Gustav le acercó en un santiamén.

— ¿El bebé?—susurró Tom sin dejar de frotarle la mano.

Bill asintió de nuevo en silencio, mordiéndose los labios cuando una nueva contracción le hizo cerrar los ojos. Al momento todos se pusieron en marcha. Sabiendo de su estado, en las puertas del plató donde se grababa el programa había una ambulancia, y antes de que diera cuenta se encontraba en la sala de partos de la clínica de Claudia.

—Bill, no has dilatado—le dijo Claudia tras examinarlo—Y las contracciones han parado.

— ¿Qué quiere decir eso?—preguntó Bill entre jadeos.

—Que ha sido una falsa alarma—le tranquilizó Claudia sonriendo—Quiero que te vayas a casa y descanses estas últimas semanas. Nada de grabaciones ni entrevistas. Reposo absoluto, no queremos que el bebé venga antes de la cuenta.

Los hermanos asintieron a la vez. Tom le ayudó a levantarse y le vistió. Salieron a la sala de espera, en donde estaban sus compañeros, su productor y también su padre. Les explicaron que había sido una falsa alarma y regresaron juntos al apartamento.

Emily los recibió asustada, en cuanto le llamó Georg contándole lo ocurrido regresó de inmediato al apartamento y entretuvo a la niña como pudo, tratando de no ponerla a ella también nerviosa.

—Falsa alarma—explicó Tom para calmarla.

— ¿Estás bien, Bill? ¿Te preparo algo de beber?—se ofreció Emily.

Bill negó, solo quería subirse a acostar. Tom le ayudó y una vez metido en la cama pudo respirar, más cuando su padre le llevó a su hija para que se calmase un poco más.

—Tu madre está de viaje, no sé si llamarla y decirle que se venga ya por si acaso…

—No la molestes, el bebé aún tardará en nacer—negó Bill—Volverán en dos días, y para entonces podrá venir y hacerme compañía, encargarse de Sarah cuando vuelva al hospital, y esa vez no por una falsa alarma…que vergüenza…

—Vamos Bill, tómatelo como una prueba. Hemos reaccionado bien y en menos de media hora ya estabas en el hospital—dijo Tom sonriendo.

— ¿Qué ha salido bien? No llevábamos con nosotros la bolsa que preparamos con las cosas del bebé, Sarah estaba en el parque con Emily,…todo ha ido mal…

Vio que estaba a punto de llorar, cansado por las emociones vividas. Jörg también lo notó y se llevó a Sarah para que pudiera descansar, dejando que su hijo mayor se encargase del pequeño.

—Duerme un poco—le pidió Tom a Bill—Recuerda que no debes estresarte.

Bill resopló como respuesta y acomodándose como pudo en la cama, cerró los ojos y dejó que Tom le limpiara la lágrima que se le había escapado. Tenía las hormonas revolucionadas, lloraba por todo y por nada…

Una vez que le vio dormir plácidamente, Tom bajó a la cocina y se despidió de su padre, prometiéndole llamarle si en esa noche se ponía de parto.

— ¿Podemos hacer algo?—preguntó Georg.

—Nada, gracias. Solo hay que esperar—contestó Tom suspirando.

—Llamadme cuando se ponga de parto, sin importar la hora que sea. Vengo y me hago cargo de Sarah—se ofreció Emily.

—Gracias, lo tendremos en cuenta—contestó Tom frotándose la cara con ambas manos— Perdonad, estoy cansado. Subiré a quedarme con Bill

Le vieron salir de la cocina, y entonces Georg y Gustav se pusieron en marcha. Gustav se quedó al cargo de Sarah mientras Georg acompañaba a Emily a su casa para que descansase por si esa misma noche tenían que hacer esa llamada.

.

Entró en la habitación y vio que Bill continuaba dormido. Se sentó en el borde de la cama y le observó frunciendo el ceño. Se le vio muy asustado cuando creyó que era ya el parto, tenía miedo de que algo no fuera bien y perdieran también ese bebé.

Le cogió con suavidad la mano y desabrochó la pulsera que aún llevaba en ella. Se la había regalado él cuando nació la pequeña Sarah, y llevaba su nombre grabado en ella. Pensó ilusionado que dentro de poco tendría que encargar otra pulsera, cuando se pusieran de acuerdo en cómo iban a llamar al bebé.

Abrió el primer cajón de la mesilla de su hermano y rebuscó en el fondo hasta dar con la cajita plateada en la que siempre la guardaba Bill. Pero no fue eso lo único que encontró. Sus manos se toparon con una libreta y la sacó arrugando la frente, mordiéndose los labios al reconocerla.

Era el diario de Hannah, el que Bill empezó a escribir cuando se lo pidió Claudia. Lo abrió y leyó las anotaciones de Bill, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

“Acabamos de acostar a tu hermana, que te manda saludos y te desea dulces sueños. Papá está ahora en el baño, pero cuando salga te dará las buenas noches como siempre hace, besando mi barriga en la que tan cómodamente estás instalada.

Los dos soñamos con verte pronto la cara, y que crezcas sana y feliz al lado de Sarah.

También soñamos con que a la abuela se le pase pronto el enfado, y que conozcas al tío Andreas. Sarah le quiere mucho y le echa de menos….al igual que nosotros….”

Dejó de leer al ver que Bill se movía en sueños. Dejó la libreta donde la había encontrado y cerró el cajón sin hacer ruido. Se quedó observándole dormir, rezando para que su hijo viniera bien al mundo, que curara esas heridas que en Bill aún estaban abiertas…

.

Todo sucedió de madrugada. Dormía abrazado a Bill, como era habitual en ellos, cuando le sintió encogerse entre sus brazos y lanzar un débil gemido. Se despertó de inmediato, sabiendo que el parto estaba cercano no lograba conciliar el sueño.

— ¿Bill? ¿Ocurre algo?—preguntó abrazándole con más fuerza.

—El bebé…ya quiere venir…—logró decir Bill entre dientes.

Se movió con rapidez. Le soltó el tiempo necesario para volverse y dar la luz de su mesilla. Volvió a su lado y le ayudó a incorporarse, mordiéndose los labios al ver como Bill tenía una expresión de dolor que le recorría la cara.

Echó hacia atrás las sábanas y le ayudó a levantarse de la cama, sujetándole por la cintura al mismo tiempo que cogía el móvil y le hacía a Gustav una llamada perdida. Había acordado con sus compañeros hacer turnos, el batería estaría despierto por si esa noche el bebé quería nacer, como estaba ocurriendo.

Sabía que se levantaría y él mismo llamaría a una ambulancia para no poner más nervioso a Bill de lo que ya estaba.

—En 5 minutos estará aquí una ambulancia—le trató de calmar —Tranquilo, esta vez nuestro hijo nacerá en el hospital, y no en medio del baño…. ¿recuerdas?

Sonrió con esfuerzo, ¿cómo olvidar la rápida manera en la que Sarah vino al mundo? Esperaba que con el niño ocurriera lo mismo, que naciera pronto… pero cuando estuviera en el hospital, con los medios necesarios por si surgía algo.

Una nueva contracción le hizo sujetarse a la cintura de Tom con más fuerza. Se agarró a él y se dejó ayudar a sentarse en la cama, en donde se quedó jadeando tratando de recuperar la respiración al mismo tiempo que Tom le frotaba la parte baja de la espalda, como si eso le ayudara en algo…

—Tom, ve a por Sarah—pidió Bill cuando recuperó el habla.

—Tranquilo, los chicos se harán cargo de ella—dijo Tom con suavidad.

Viendo que le podía dejar solo bien sentado en la cama, se volvió y se puso una camiseta y unos vaqueros. Se podía imaginar a sus compañeros, Gustav llamando a la puerta de la habitación de Georg para que se levantase mientras que él iba a ver si la Sarah estaba bien, y minutos después….

— ¿Tom?

Sonrió al escuchar su voz. Terminó de calzarse y corrió a abrir la puerta.

—La ambulancia está de camino—dijo Gustav en voz baja, como si él no lo supiera— ¿Qué tal Bill?

—Resistiendo—le explicó— ¿Sarah?

—Durmiendo como un angelito—explicó Gustav frunciendo la frente al escuchar un gemido de Bill.

El timbre de la puerta los interrumpió, a la vez que escucharon como Georg bajaba corriendo a abrirla. Al minuto subió seguido por dos ATS que se encargaron de Bill.

—Tiene contracciones cada minuto, hay que darse prisa—dijo uno de los enfermeros a su compañero.

Tom vio como le tumbaban con suavidad a Bill en una camilla mientras le pedían que tratara de respirar. Tras asegurarle bien, bajaron las escaleras y le metieron en una ambulancia. Tom corrió tras ellos, llevando en sus manos la bolsa que previamente habían preparado con las cosas de su hijo.

Aceptó la mano que le ofrecía uno de los enfermeros y se subió de un salto a la ambulancia, acercándose a Bill e inclinándose sobre él.

—Estoy a tu lado—susurró Tom a su oído.

Bill asintió y levantando una mano le acarició la mejilla mientras jadeaba con los ojos fuertemente cerrados. La ambulancia se puso en marcha y en menos de 10 minutos ya se encontraba de nuevo en la clínica, donde la asistenta personal de Claudia les recibió en persona.

—Acaba de romper aguas—le informó uno de los enfermeros.

—El quirófano ya está preparado—explicó Jennifer—Tom, deja que se ocupen de tu hermano y acompáñame,

Sin importarle que la gente los mirara, Tom se inclinó sobre Bill y le dio un beso rápido en los labios, prometiéndole en voz baja que solo estarían unos minutos separados.

Vio como se lo llevaban y siguió a la asistenta de Claudia, que le llevó a una sala que había cerca del quirófano para que se pusiera una bata blanca y poder así entrar en el quirófano con Bill. Se cubrió las rastas y también sus manos y entrando en el quirófano, corrió hacia la camilla en la que ya estaba Bill, gimiendo con la respiración entre cortada.

—Aquí me tienes—susurró besándole en la frente.

—Buenas noches—saludó Claudia sonriendo.

Los hermanos le devolvieron la sonrisa con esfuerzo, viendo cómo se acercaba al monitor en el que se reflejaban los latidos de su hijo.

—Todo va perfecto, Bill—tranquilizó a su joven paciente—Las contracciones son cada vez más seguidas, calculo que en una hora podrás descansar con tu hijo en brazos.

Bill solo pudo sonreír como respuesta. Una nueva contracción, más fuerte que las anteriores le hizo cerrar los ojos y apretar los labios. Claudia le vio y ocupó su sitio entre sus alzadas piernas. Se ajustó los guantes de lates que le tendieron y se dispuso a examinarlo.

Frunció el ceño y le dirigió una mirada a su ayudante, que asintió ligeramente con la cabeza y salió del quirófano corriendo.

— ¿Qué…? ¿Claudia, que pasa?—preguntó Bill con miedo.

—Has dilatado lo suficiente, pero me temo que el bebé viene de nalgas y…

— ¡Lo sabía!—rompió a llorar Bill—Sabía que iba a pasar algo….no tendré este hijo en mis brazos…

—Bill…no digas eso—le trataba de calmar Tom.

—Chicos, tranquilos. Vamos a recurrir a una cesárea—explicó Claudia.

— ¡Una cesárea!—exclamó Bill entre lágrimas—Se me había olvidado.

Tom rio con ganas. A él también se le había pasado, con los nervios del parto se les había olvidado que estaban en buenas manos. Claudia no permitiría que ocurriera nada, traería a su hijo al mundo sano y salvo.

—Cálmate y respira hondo— le pidió Claudia a Bill—Tu hijo está bien.

Ayudada por otra enfermera, le bajó las piernas y le acomodó mejor en la camilla. Cogió la sábana que le tendían y la usó a modo de cortina, poniéndola a la altura del pecho de su joven paciente para que no viera lo que iba a pasar tras ella.

—Claudia—llamó Bill con miedo.

—Tranquilo, todo va a ir bien—dijo Claudia sonriendo.

—Todo preparado, doctora—anunció Jennifer entrando en el quirófano de nuevo.

Tras ella iba una enfermera empujando una incubadora para tenerla a mano por si acaso, dejándola lejos de la vista de Bill.

—Bill, voy a aplicarte una anestesia suave—explicó Claudia poniéndole una mano en el hombro—No vas a sentir nada de cintura para abajo. Ahora quiero que te pongas de costado con la ayuda de Tom.

Bill asintió tratando de dejar de llorar. Cogió con fuerza la mano que le tendían y rodó sobre su dolorido cuerpo. Se pudo en posición fetal y alzó las rodillas como Claudia le pidió, cerrando los ojos al sentir una fina aguja que le atravesaba la piel. Contuvo el aliento, que solo soltó cuando Claudia le avisó de que habían terminado. Abrió los ojos y lo primero que vio fue la sonriente cara de Tom.

—Lo estás haciendo muy bien—dijo Tom secándole la lágrima que le bajaba por la mejilla.

Le dedicó con esfuerzo una sonrisa y volvió a tumbarse de espaldas gimiendo por lo bajo. Sentía la necesidad imperiosa de empujar, pero Claudia le había pedido que no lo hiciera y la obedecería por el bien de su hijo. Suspiró procurando no mirar hacia donde estaba la cortina. Tras ella se podía apreciar la silueta de las enfermeras moviéndose con rapidez para tenerlo todo preparado,

—Esto ya está—anunció Claudia tras unos minutos.

Le dedicó a su paciente una cálida sonrisa antes de cubrirse el rostro con una mascarilla, y ocupó su lugar tras la cortina, pidiendo un bisturí con voz firme. Sus ayudantes ya lo habían preparado todo, descubriendo el abultado vientre del paciente y desinfectándolo. Claudia solo tuvo que coger el bisturí que le tendían, apoyar los dedos sobre su piel y hacer un corte transversal,

— ¿Te duele?—preguntó Tom al ver como su hermano arrugaba la frente.

—No, siento que me tocan pero no hay dolor alguno—susurró Bill conteniendo el aliento.

Fijó la mirada en el blanco techo del quirófano, tratando de no mirar esas grandes lámparas que le deslumbraban, hasta que un gesto de Tom le hizo fijar la vista en él. Separó los labios dispuesto a decir algo, pero entonces le vio inclinarse sobre él y besárselos suavemente.

—Se fuerte, mi amor—susurró Tom contra sus labios.

Se miraron fijamente conteniendo ambos el aliento, hasta que minutos después un dulce sonido les hizo sonreír entre lágrimas.

—Aquí le tenemos—oyeron decir a Claudia muy emocionada.

Tras ver asentir a Bill, Tom se incorporó asomándose tras la cortina, viendo como Claudia tenía en sus brazos un sonrosado bebé que lloraba desconsolado. Enseguida fue cubierto por una toalla y dejado en manos de una de las enfermeras, que se lo llevó a parte para asearle.

— ¿Está bien? Quiero verlo…—pidió Bill mirando a Tom.

—Le están lavando, no te preocupes que aún no he terminado contigo—le calmó Claudia.

Volvió a concentrarse en su trabajo, dando los puntos de sutura necesarios y cubriendo con una gasa la pequeña cicatriz que le había quedado. Solo entonces retiró la cortina tras cubrirle de nuevo con la sábana.

—Estarás algo molesto cuando se te pase la anestesia, pero te daremos los calmantes necesarios…—empezó a explicarle Claudia.

—Quiero verlo…tenerlo en mis brazos—pidió Bill de nuevo.

Claudia asintió y ella misma se encargó de cogerlo y dejarlo con suavidad sobre su agitado pecho. El bebé dejó de llorar en cuanto sintió que estaba en los seguros brazos de su padre.

Se calmó y solo emitió un ligero hipo, arrugando la frente cuando se la besaron con suavidad.

—Bienvenido al mundo, pequeño Nathan Christopher Kaulitz—susurró Bill contra la suave piel de su hijo.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!