
Fic M-preg de lyra. Temporada III
Capítulo 23: Y nunca dejaremos de serlo
No podía ser más feliz si se podía. Con los ojos cerrados escuchaba con una sonrisa en los labios como Tom acunaba en sus brazos a su hijo que se había despertado. Ya tenía casi un mes y se encontraban al fin solos en el apartamento. Los primero días contó con la inestimable ayuda de su madre, que cuidaba orgullosa de su nieto mientras él se recuperaba de la cesárea que le practicaron.
Emily también estaba en la casa, cuidando de Sarah sin decir ni una palabra de lo raro que era que ocupando ella la habitación de Georg, los padres de los gemelos la de Gustav y Sarah la suya… ¿dónde dormía el otro hermano?
Eso era lo que más le gustaba de ella. Su discreción y que no se hubiera escandalizado al saber la verdad. No hizo falta que le contaran nada, ella lo aceptó con normalidad y se dedicó a cuidar de Sarah para que no “molestara” mientras su hermanito dormía la siesta o su padre descansaba, contando con la ayuda de Georg.
Entre los dos se llevaban a Sarah a dar un paseo, haciendo planes de cómo sería hacer lo mismo con sus propios hijos…
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Se dio la vuelta en la cama y abrió los ojos sonriendo. Tom el sintió y tras besar con suavidad la frente de su hijo se lo pasó a Bill, acomodándolo contra su pecho.
—Buenos días, amor mío—saludó Tom apoderándose de sus labios.
—Mmmm…—solo pudo contestar Bill.
—Voy a por el desayuno, no os mováis—pidió sonriendo.
—Tráete a Sarah, no quiero que se ponga celosa—pidió Bill desde la cama.
Tom asintió y salió de la habitación. Ya escuchaba a su hija reír en la suya y la fue a levantar. Con ella cogida de su mano bajó a la cocina y mientras se calentaba el biberón del pequeño Nathan le daba el vaso con leche que le pidió su hija. Ya se había hecho muy mayor y a sus casi 3 años decía muchas palabras en su infantil lenguaje y caminaba con mucha soltura. La cogió de nuevo de la mano y llevando en la otra el biberón recién calentado fueron a saludar a Bill.
—Mira a quien traigo—dijo Tom abriendo la puerta.
Bill le sonrió desde la cama. Se había incorporado y acunaba a su hijo en su regazo.
—Mi pequeña Sarah—dijo sonriendo a su hija.
Tom le imitó y pasando el biberón a Bill cogió a su hija en brazos y se sentó con ella en la cama, viendo como su hijo desayunaba en los brazos de Bill.
—¿Ves que pequeño es?—le explicaba a Sarah en voz baja—Cuando tú naciste, papá hacía lo mismo. Te cogía en brazos y tú te tomabas todo el biberón sin rechistar
Bill sonreía al escucharle. A Tom se le daba muy bien los niños, cosa que nunca imaginó hasta que le vio con su hija en brazos nada más nacer, cuando abrió los ojos y les vio a los dos. La acunaba con una amplia sonrisa en los labios y los ojos llenos de lágrimas.
Suspiró resignado. Los bebés crecían tan rápido…
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Ese día tenía hora con Claudia, cuando le quitó los puntos de la cesárea él y Tom hablaron muy serios con ella. Querían tener más hijos, estaba muy claro, pero no era el momento. Ya no por su trabajo, sino porque él necesitaba algo de descanso. Había tenido dos embarazos muy seguidos y realmente su cuerpo estaba rendido.
No querían que les ocurriera de nuevo y les pillara desprevenidos, así como ya hiciera cuando nació Sarah decidió colocarse de nuevo el DIU, esa vez acompañado de Tom, no como la última vez. Dejaron a los niños en casa bajo la atenta vigilancia de Emily. Su madre ya había regresado a su propia casa, aunque ese día prometió ir a comer con ellos, estaba en la ciudad por motivos de trabajo de su padrastro y luego había quedado con ellos.
Se despidieron de sus hijos y decidieron coger un taxi hasta la consulta, dejando el coche que les había regalado su padre para otra ocasión. Regresarían a casa paseando si Bill se encontraba bien y de paso podrían hacer algunas compras necesarias.
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—Tu cuerpo ya se ha recuperado por completo—dijo Claudia tras reconocerle—Ahora relájate y en unos minutos se habrá terminado todo.
Bill asintió desde la camilla en la que estaba tumbado, apretando con fuerza esa mano que no soltaba la suya. Alzó la mirada y la dirigió a Tom, que le sonreía para que se tranquilizara.
Tal y como prometió Claudia, en unos minutos se terminó todo y se visitó de nuevo con la ayuda de Tom. Se despidieron de Claudia hasta su próxima revisión y viendo que se encontraba bien regresaron andando al apartamento y por el camino pasaron por Dior.
Aunque Bill se negó en un principio, Tom tiró de él y nada más pasar la puerta cambió de idea y dejó temblando la tarjeta. Necesitaba ropa nueva, había perdido los pocos kilos ganados con el embarazo pero aun así estaba algo más gordito que antes, solo un par de kilos pero eso era buena excusa para comprarse unos pantalones de los que se enamoró nada más verlo.
Tom lo pagó todo sin decir nada y quedaron con el dependiente en que les mandarían las compras al apartamento al medio día. Salieron muy satisfechos y al pasar por una peluquería esa vez fue Bill quien obligó a Tom a entrar.
—No me digas que te vas a cortar el pelo—dijo Tom mirando con pena la larga melena que llevaba.
Le caía libre por la espalda, y él había esperado pacientemente a que se recuperara para volver a hacerle el amor un día de esos, soñando con cómo sería tenerle en su regazo mientras que Bill se inclinaba sobre él y le hacía cosquillas en el estómago con su pelo largo…
—Solo me retocaré las puntas—explicó Bill chasqueando los dedos ante sus ojos.
De repente Tom le miraba con una extraña expresión en la cara, y sus ojos se dirigían a su entrepierna, lo que le daba una idea de lo que estaba pensando en esos momentos.
Enseguida les hicieron un hueco a los dos. Bill miró a Tom extrañado, primero protestaba porque había sido idea suya entrar allí y al momento él también quería un corte de pelo… ¿o qué era lo que se iba a hacer?
La respuesta le llegó casi dos horas después. Él solo se había cortado un poco las puntas como había prometido, pero al final se decantó por algo más y ahora unas rastas blancas se entremezclaban con su pelo negro. Sonrió satisfecho por el resultado y mientras esperaba a que Tom saliera de la sala en la que le habían metido para que no le viera lo que se hacía, decidió hacerse una limpieza de cutis ya que estaba allí, con su masaje relajante correspondiente.
Le maquillaron de nuevo una vez terminado el trabajo, añadiéndole algo que nunca antes había probado: una raya negra que sobresalía en su párpado superior. Le gustó tanto que decidió añadirla a su nuevo cambio de imagen.
Cuando terminaron con él aún tuvo que esperar un cuarto de hora por Tom, aceptando la chuchería que la joven ayudante del peluquero le ofreció muy nerviosa por haberle atendido. Casi se atraganta con ella al verle salir. Eso sí que era un gran cambio, se había deshecho de sus rastas y cambiado el color del pelo. Ya era moreno como él y unas largas trenzas le caían con soltura por la espalda.
Tom pagó de nuevo la cuenta mientras le guiñaba un ojo a Bill. Metió en una bolsa la gorra que se había puesto ese día y salieron de la peluquería sin poder apartar la mirada de su contrario. Pasearon por la calle como dos desconocidos, hasta que un grupo de chicas les reconoció y gritaron al ver su espectacular cambio. Les dedicaron encantados unos minutos, firmando autógrafos y dejándose fotografiar.
Cuando quisieron volver al apartamento ya se había pasado la hora de comer y su madre les riñó como a dos niños pequeños en cuanto pasaron por la puerta, por llegar tarde y por las abundantes bolsas con sus compras que habían llegado minutos antes. Los hermanos intercambiaron una sonrisa cómplice mientras su madre los castigaba sin postre, pensando ellos ya en cómo solucionarlo.
—Que bonito, llego y me encuentro a Emily sola con los niños mientras que vosotros os fundís el dinero como si fuera…
—Lo necesitaba—se excusó Bill sonriendo—Acabo de traer al niño más guapo al mundo y me merecía un capricho.
—Y el nuevo disco va a ser todo un éxito, ganaremos más dinero y compraremos todo lo que quieran Nathan y Sarah—apuntó Tom también sonriendo.
Simone se dio por vencida. Desde que eran bien pequeños siempre se ponían de acuerdo para sacarla de quicio. Al final acabó ella también sonriendo y tras pasar la tarde con sus nietos, regresó a su casa cuando Gordon fue a buscarla.
Lamentablemente, esa noche no pudieron hacer nada. Bill comenzaba a sentirse algo molesto, añadido la larga mañana de compras que habían tenido, y se tuvo que conformar con dormir en los brazos de Tom.
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A la semana siguiente Tom tuvo que dejarle. El grupo tenía su primera entrevista para promocionar el nuevo disco y a Bill le parecía muy pronto para dejar solo al pequeño Nathan. Se quedó en el apartamento y vio el programa con Sarah sentada encantada en su regazo. Emily le acompañaba, cuando Tom no estaba en casa no quería quedarse solo y así tenía más tiempo para ver como la niñera de sus hijos miraba emocionada a Georg cada vez que salía en la pantalla.
Estaban realmente enamorados, tanto como lo estaban él y su hermano…
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Tres meses después de haber tenido a su hijo, se despedía de él muy emocionado. Tenían su primera actuación en directo y era en otra ciudad. Tendrían que hacer noche allí y luego al día siguiente seguir con la promoción del disco nuevo. Viajaron hasta casa de su madre y dejaron allí a sus dos hijos. Con su vocabulario infantil, Sarah se despidió de sus padres, lo que casi hizo llorar a Bill. Nathan solo pudo emitir algún que otro gorgorito.
Suspirando resignado, Bill entró en el coche y se sentó al lado de Tom que arrancó una vez que se hubo abrochado el cinturón. Dijera lo que dijera, nada iba a consolar a Bill. Separarse de sus hijos era muy duro para los dos, pero tenían un sueño por realizar y no les quedaba más remedio.
Regresaron al apartamento y se reunieron con sus compañeros de grupo. Terminaron de hacer el equipaje y un coche les fue a buscar para llevarlos a la discográfica, en donde les esperaba el autobús. Se subieron a el nerviosos, hacía mucho tiempo que no viajaban los cuatro solos y una vez en marcha ya bromeaban como en los viejos tiempos. David les observaba desde su asiento sonriendo, a pesar de lo ocurrido no dejaban de ser unos niños con ganas de diversión.
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Salieron al escenario y dieron lo mejor de ellos. Tras la actuación vino una pequeña entrevista en la que inevitablemente Bill tuvo que hablar de sus hijos, de lo mucho que estaban creciendo y cuanto los echaba de menos en esos momentos.
No pudo evitar emocionarse y que se le escapara una lágrima. El público lo vio y aplaudió con fuerza para animarle, lo que le hizo emocionarse más. Se despidieron de sus fans y regresaron al hotel bostezando. Estaban cansados por el viaje y las emociones vividas, acababan de presentar su nuevo single y las fans vibraron con ellos.
Una vez a solas en su habitación, los hermanos dejaron atrás todo rastro de cansancio. Se desnudaron con rapidez sin despegar en ningún momento sus labios. Se metieron bajo las sábanas e hicieron el amor de una forma lenta y pausada, a pesar de haber estado tanto tiempo sin hacerlo, querían que esa primera vez fuera muy especial.
Con Bill cómodamente sentado en su regazo, Tom sonreía sin poder evitarlo mientras entraba y salía de su cuerpo. Era tal y como lo había imaginado, más cuando se inclinó y sus rastas blancas le rozaron el pecho.
Contuvo el aliento y llevando las manos a sus caderas, aceleró el ritmo y les hizo acabar a los dos al mismo tiempo.
Dejándose caer exhausto sobre su agitado pecho, Bill suspiró echándole el aliento. Le besó en el cuello sonriendo, gesto que Tom sintió e imitó. Cogió con una mano la esquina de la sábana y les tapó a los dos suspirando. Cerró los ojos y sin dejar de pasar las manos por la desnuda espalda de Bill sonrió de nuevo suspirando.
— ¿En qué piensas?—preguntó Bill al cabo de unos minutos en silencio.
—En lo feliz que soy—contestó Tom abrazándole con fuerza.
—Yo también lo soy—susurró Bill contra su piel—Y todo gracias a ti, por haberme dado estos dos hijos tan maravillosos, y apoyarme cuando más lo necesitaba.
Tom asintió en silencio besándole el pelo. Habían pasado por malos tiempos, y con mucho pesar tenían que dejarlos atrás. Centrarse en el futuro, en criar esos dos hijos y los que vinieran con una amplia sonrisa en los labios.
No podían quejarse de lo felices que eran en esos momentos, y que nunca jamás dejarían de serlo….
F I N
Muchas gracias a todas por leer!